su mentón se eleva hasta los cristales superiores, observando la gama de naranjos que ha penetrado en el horizonte. sus manos, se encuentran presionando el borde de la piscina mientras sus pies se mueven bajo la sustancia acuosa, en un tranquilo y tenue vaivén. ‘ ¿sensaciones? ’ la extrañeza reina, acostumbrada a ser receptora más que portadora de voces y secretos, prefiere descubrir a un tercero que verse expuesta. escucha atenta el mar de percepciones con sus profundidades café enfocadas al otro lado del cristal, sus párrafos se juntan un par de milímetros, entrecerrados, intentando distinguir la maraña de tonalidades propuestas por el príncipe de la nación anfitriona. ‘ no sé si el fin del mundo, pero da la sensación de que las cosas del día están llegando a su fin — que es momento de desconectarse, ¿no crees? que, quizás, las cosas son tan efímeras como lo es el segundo en que el cielo comienza a teñirse de un mar de colores ’ ahora su mentón baja, se posa sobre las facciones masculinas y su dentina se enseña pura e inocente, nunca habría esperado que de un miembro de la realeza pudieran salir vocablos profundos, alejados de toda superficialidad. quizás, solamente era el ego del otro el que hablaba, mas no lo sabía y se negaba a crear imágenes proyectadas de terceros sobre él ( o cualquier otra persona ). ‘ nunca había escuchado que un príncipe pudiese sentirse diminuto. ’ divaga en voz alta, deteniendo el movimiento de sus piernas, bajando su mirada hacia la clara agua. ‘ también está el amanecer, mi abuela solía decir que es el comienzo de una nueva vida, entonces, ¿el atardecer podría ser el fin de una? ’ interroga, tomando el vaso que había abandonado a su lado para obsequiarle un sorbo. ‘ y tiene un poco de sentido, uh, el termino y el inicio de la vida es un segundo — es casi tan efímero como un amanecer o atardecer ’ y allí se encuentra, embriagada más por la verborragia que por el alcohol que recorre su intravenosa.
su mirada se alza, fijándose más allá de quien ahora le acompaña en verborragia, permitiéndose perderse en los distintos tonos que atardecer tenía para ofrecer mientras oye pensamientos de la joven cual música de ambiente. “efímero---” musita en lo que asiente despacio, concordando con aquella calificación. “sirve de recordatorio de que la vida no es más que un parpadeo, que un día más se nos escapa de entre las manos sin que nos demos cuenta, que tal vez todo lo que nos aqueja y nos parece una gran prueba, no es más que un asunto tonto de fácil resolución...” se permite soltar todo aquello sin más, sonrisa decorando sus facciones cuando atención por fin vuelve a posarse sobre asistente. probablemente fuera la hora y oído atento de la muchacha lo que le ha despertado las ganas de reflexionar cuando se suponía estaban en una fiesta. “bueno, o más sencillo: es un buen recordatorio para detenerse y apreciar las cosas simples de la vida, como lo es un atardecer con los ricos colores que nos regala” no puede evitar reír ante lo que siente sorpresa ajena. “no puedo hablar por el resto” aclara, pues no le sorprendería si el ego de alguien que ha crecido con una corona sobre la cabeza es suficiente para creerse el centro del universo por más que ese no sea su caso personal. “pero más allá de título o no que poseamos, al final del día no somos más que simples humanos, con los temores e inseguridades, complejos y cosas que despiertan nuestra curiosidad como cualquier otro. creerse más que eso es pecar de narcisista” se llama a silencio entonces, divagando unos instantes ante pregunta que le ofrece. “hm... esa metáfora tiene sentido. el amanecer es el inicio de una, mientras que el atardecer lo cierra. arrebata la luz y da pase a la oscura noche, donde el alma divaga hasta que rayos del sol naciente la trae de nuevo a la vida... el sol como símbolo de calor, de vida, de alegría (en teoría) --- ¿sabes? cualquiera que nos oiga pensará que nos hemos confundido de ambiente, que esta no era la conferencia de filosofía de las tres” bromea.