davreum:
“ ¿el segundo príncipe de xifeng? aún no he tenido el gusto ” admite, afilándose las pupilas ante el reflejo del sol descendiendo. parpadea entre expectación y dedica una mirada elocuente, desde donde estudia la expresión ajena y se aventura: “ ¿cierto mochou es un amigo especial? ” y eleva una de sus cejas en medio de un gesto de sorna casi imperceptible, el ápice de su lengua hace hincapié en la pronunciación de últimos vocablos, sugestiva. roza su hombro con el ajeno, y decide que vacilarlo se siente, un poco, como jugar con un cachorro. “ solía tener intereses más diversos hace años, conforme crecía aprendía también a quedarme con los menos…objetables ” en consideración a los reyes de mirinae. “ en esgrima sólo te aceptaré como mi «padawan» mientras prometas no quejarte de cansancio ni echarte para atrás ” entorna los ojos, mintiendo en son de broma — perpetua exageración. “ ¿qué te parece si la próxima ocasión que a alguno de nosotros le apetezca entrar a la piscina, le avisa al otro por mensaje de texto? ” propone y una sonrisa desenfadada va esparciéndose por su rostro. “ es una posibilidad que no descartaría ” coincide, asintiendo con ligereza. “ ¿francamente, mo menor? preferiría cualquier otra locación si así evitase songlagsu ” es de noción común la escarpada relación entre dicho reino y el natal de dareum.
Asiente, su mirada desviada hacia el bonito atardecer, pero las siguientes conjeturas del otro príncipe hacen que se voltee para observarlo con sorpresa. “Espera, eso es- él es—” no sabe por dónde empezar a explicar su relación con Mo, sus mejillas coloreándose de repente, y el empujocito del mayor no hace más que aclarar la broma, pero no por eso el momento se siente menos embarazoso. Termina cubriéndose el rostro y desviando la mirada, hasta que el tema de conversación por fin cambia. “Está bien, está bien... pero solo te llamaré Maestro si de verdad me enseñas cosas útiles,” dice, con la mirada en el cielo y rogando porque su rostro ya se haya deshecho del sonrojo. Se acomoda sobre la banca, los brazos apoyados sobre la misma y los pies libres de moverse hacia arriba y hacia abajo, mientras observa el cielo. Escucha lo que le cuenta el contrario, y asiente ante la sugerencia de textearse en caso de querer hacer algo de esa naturaleza juntos. “Llámame Joonki,” es su turno esta vez de propinarle un leve empujón contra su hombro al mayor. “Songalgsu no está mal... todo es más grande aquí,” revela, Meraki era un territorio considerablemente de menor tamaño, quizás eso lo explicaba. “Pero, según eso... no deberíamos ni estar hablando juntos, ¿No?” las relaciones entre sus naciones tampoco eran de las mejores. “¿Sugieres que Mirinae sería un mejor lugar para esta reunión?”















