Aguardó en silencio, escuchando cada palabra que brotaba de los labios de sus amigas, asintiendo para darles la razón, y negando en unas pocas ocasiones. Desviaba su atención a Mary cada tanto, ¿Quién protegería a quienes asesinaban por su culpa? ¿Ellas? ¿Cómo? Aun y si contaban con el suficiente conocimiento para enfrentar un adversario, ¿Serían capaces? Afuera los esperaba un mundo peor que simplemente detener la malicia de un Slytherin—. Sí, estaremos bien —repitió sus palabras, aferrándose a ese halo de esperanza que aun existía—, pero no lo estaremos sin esfuerzo de nuestra parte —reveló la otra parte de sus pensamientos, y la que venía acompañada de la amistad. Ese vínculo en el que tanto creía, y el cual seguiría defendiendo hasta el final de los tiempos—. Como dijeron, debemos aprender a protegernos, a proteger a los demás, a sobrevivir en cada encuentro donde el seguir vivos sea incierto… pero sobre todo, debemos aprender, escuchar y confiar. Solo así podríamos hacer algo para proteger a aquellos que sean privados de la vida por nuestra culpa, Mary —le respondió a su amiga, efectuando un apretón en la mano que aun sostenía, consciente de cuánto le afectaba esa situación. Por supuesto, ella tampoco estaba del todo bien; de haber alcanzado a mirar los cuerpos, ¿hubiera encontrado a su amable amigo entre ellos?—. No estoy negando la realidad, sé perfectamente lo que pasó esta noche —dirigió sus pupilas hacia la puerta del compartimiento cerrada, escuchando todavía gritos de pánico. Retornó su atención a las leonas, con una postura firme—. Ahora, les pregunto yo, ¿enserio creen que por nuestro linaje de sangre o nuestras decisiones somos inferiores a ellos? ¿Enserio lo creen? ¿Por qué? ¿Solo porque ellos lo dicen? —deslizó su mirada por cada una de sus amigas—. Tal vez ustedes tengan razón, tal vez en un enfrentamiento resultemos las más afectadas, porque mientras ellos se preocupan cada uno por sí mismo, nosotras somos amigas, y obviamente nos preocuparemos por la otra en vez de prestar atención al duelo —reconoció, aun sin tener necesidad de levantar su voz, imaginándose el futuro que estaba por venir—. Tal vez nuestro conocimiento en artes oscuras, en maleficios, en maldiciones, sea nulo. Sí, en eso somos inferiores, porque ellos parecen estar preparados para este horror desde pequeños —la fascinación con la cual hablaban no podría haber surgido de la noche a la mañana, mucho menos el asesinar a alguien solo por una orden emitida por alguien más—, pero no creo que nuestra amistad sea una debilidad. El permanecer juntas, unidas, en definitiva no lo es. Pero me refiero a la confianza. No debe existir secretos entre nosotras, salvo que le pertenezcan a alguien más —se interrumpió, su naturaleza siempre saliendo a flote—, si alguna es amenazada o le han hecho daño, que no se calle, ni tampoco que guarde su identidad. Y si alguna siente que ya no puede más… que lo diga. Somos un equipo, ¿no? —esbozó una pequeña sonrisa cálida, que duró apenas segundos en su rostro. Le asustaba, los rumores de que una guerra por ideales estaba a punto de desatarse le aterraba, pero no por eso huiría—. No sé que es lo que sucederá cuando nos enfrentemos al mundo exterior, Alice. No voy a quedarme de brazos cruzados viendo como arrebatan a los que más quiero de mi lado, pero por lo pronto, estoy con Marlene. Tenemos que estar atentas en Hogwarts y en nuestras salidas al pueblo. Aun nos queda mucho por aprender.