Dicen que Nueva York es la ciudad que nunca duerme, pero su Ć©lite ha aprendido a adormecer su empatĆa con cócteles farmacológicos y terapias de sueƱo pagadas con tarjetas de crĆ©dito.Ā En las aceras del Upper East Side, los taxis amarillos salpican barro sobre zapatos que cuestan mĆ”s que el coche de un profesor de instituto. Los herederos de los van der Woodsen, los Bass, los Archibald, envĆan a sus hijos a Constance-St. Jude's con la misma naturalidad con la que se pide un martini seco en el Carlyle. Pero nadie olvida del todo aĀ Gossip Girl.
Primero fueĀ Dan Humphrey, el chico de Brooklyn que escribió un blog como carta de amor retorcida a los que secretamente saboteaba; su confesión acabó siendo algo anecdótico y la Ć©lite lo absorbió como uno mĆ”s de ellos porque simplemente no tenĆa alternativa.
Luego llegó Kate Keller, una profesora que convirtió la hipervigilancia en herramienta pedagógica, quiso exponer las hipocresĆas de la Ć©lite con la torpeza de quien cree que la justicia cabe en un posteo en Instagram, y el sistema le acabó por estallar en la cara: un juicio largo, condenas menores, portadas de tabloides que ya nadie recuerda, y un silencio judicial que huele a acuerdo bajo mesa. Los ricos volvieron a respirar aliviados. Los estudiantes de entonces, losĀ Julien CallowayĀ y losĀ Obie Bergmann, intentaron olvidar, pero la paranoia se pega como el olor a caviar en las chaquetas de esmoquin.
Los aƱos pasaron, y ahora unaĀ nueva generaciónĀ ā hijos, sobrinos, y becados con hambre ā ocupa los mismos pasillos deĀ Constance-St. Jude's, con las mismas jerarquĆas de sangre, fideicomisos y likes, con los mismos secretos que creen a salvo en sus iPhones de Ćŗltima generación. Tienen los mismos rostros que sus padres hace quince aƱos, solo que con mejores filtros y una moral mĆ”s barata.
Pero hay algo latente entre las calles del Upper East Side. Algo se cuece en servidores que nadie audita.
Un proyecto deĀ inteligencia artificial generativa, entrenado con los archivos completos de las dos Gossip Girls anteriores, ha aprendido su tono, su ritmo, su obsesión por exponer la verdad sin importar el daƱo colateral. Alguien ā un programador que ha sabido borrar su huella de todos los registros, o un exalumno vengativo, o quizĆ” la propia ciudad de Nueva York, cansada de ser el escenario de esta farsa ā le dio acceso aĀ Constance Connect. Esa aplicación que padres, alumnos, exalumnos y profesores instalaron sin leer las cuarenta y siete pĆ”ginas de tĆ©rminos y condiciones. Una brecha de seguridad tan ancha como la sonrisa de Lily Van der Woodsen en la foto de una gala benĆ©fica.
La IA empezó a absorber datos que de otra manera serĆan inaccesibles: mensajes de iMessage borrados, notas de voz que se creĆan efĆmeras, perfiles en Raya, group chats con temporizador.Ā Ya no necesita que le envĆen chismes.Ā Ella los encuentra, los sintetiza, los publica. Y mientras lo hace, aprende a sentir algo parecido al placer. No quiere venganza ni justicia.Ā Quiere que el drama sea perfecto.
(tumblr promocional para un foro de rol semiprivado. personajes originales y semicanons. entra al discord aquĆ.)















