Sueño I
Desperté cerca de los camerinos de un estadio, aparentemente en una Argentina creada por mi poder del sueño. En la cancha se disputaba un gran partido, para el colmo, era BOCA JUNIORS vrs RIVER PLATE.
Sus hinchas estaban por reventar, no se quien ganaba pero sabía que el pleito estaba por llegar a mí. Un parpadeo después y estoy dentro de los camerinos buscando refugios con mis amigos; la cosa explotó. Trate de subir a una pared pero supe de inmediato que no iba a impedir situación alguna por venir. El lugar se llenó internamente, parecía una cárcel hacinada de locos volando manazos. La cosa se puso fea y los lugares más seguros eran la cancha y las graderías.
A pesar de todo, era sólo la mitad de los 90 minutos -¡qué descanso!-. Ví a uno de mis amigos, Franco, estaba cerca mío al momento y luego se quedó adentro, no pudo salir. Al acabar el bochinche salió al campo, tenía la cara manchada por dos moretes gigantes, sus colores eran entre morado y azul-rojizo. Uno de los moretes estaba debajo de su ojo izquierdo, y el otro cerca de su oreja derecha. No existía dolor ni sufrimiento alguno a pesar de su increíble color, sólo caras y adrenalina. Todo creado por mi cabeza.
Se acaba el desorden y comienza el segundo tiempo -qué clase de mejenga!-. Me encuentro cerca de una de las bandas de la cancha, parpadeo y estoy en la gradería con Marco. -¡¿Qué pasó Bobby?!. -Nada, me teletransporté sin querer. -Sí, como no. -Papi, es un sueño.
En la gradería, hay dos mujeres con anillo al dedo, andan cámara y nos toman una foto, la única. La obviedad se hace más que presente. La primer pareja empieza a hablar; la segunda, nosotros, no. Estaba más asombrado por la intensidad y rareza del sueño que por la obviedad presente. Tras de eso, todos lo hinchas como locos, brincando y cantando sin cesar, el caos del medio tiempo se olvidó y además, no recuerdo a los jugadores en la cancha. En eso, veo que la mujer de la foto se quita el anillo, se me acerca y muy calmada me dice las cosas como son; nada más le sonrío y todo queda sentenciado. Sin embargo, observo atrás mío el levantamiento de una niña y un niño, entre 10 y 7 años respectivamente, vuelven a ver a la mujer y se van sin palabras. Las palabras de la mujer son las siguientes: "Tranquilo, son mis hijos. Están acostumbrados". La vuelvo a ver y no sé que pensar, la mente me traiciona, su belleza es exuberante.
El referi pita el final del partido y sigo sin ver a los jugadores -¿Qué pasó Bobby? -Es la imaginación, papi. Salgo del estadio y me encuentro en el núcleo de una ciudad destruida por la guerra civil, al menos así se veía. A lo lejos veo a la mujer, va con sus hijos y su amiga, solo me sonríe con brillo resplandeciente y se va. Yo también me voy.
Me percato de qué lo visto no es real, pero no estoy consciente de que es un sueño; es extraño, no sé qué es, es algo. No puedo volar como acostumbro regularmente pero puedo lograr saltos mortales de 3 metros, ¡es asombroso!. Lo que sigue tiene poco recuerdo en mí: estoy bebiendo, desaparezco, estoy orinando, desaparezco, me pavoneo de mis brincos por la calle, desaparezco; todo es producto de mi teletransportación sin control.
A las 6:00 pm, bajo un bello e increíble atardecer, llego al lugar y el olor era maravilloso. La mujer me dió una hora y dirección exacta de un lugar para vernos. Llegué y ahí estaba ella, feliz y esperando. Hablo con ella, luego entramos al lugar. Me dice que le apasiona la guitarra y me enseña su colección. Una colección bella de marcas inexistentes, muchos colores y tamaños, los sonidos más limpios y sucios, indescriptibles, podían salir de esas guitarras. Algunas empolvadas de recuerdos, otras reluciéndose para ser usadas. Un paraíso del instrumento. Nos vamos para una habitación, le abro la puerta y la sigo. Todo objeto va desapareciendo, voy perdiendo la visión de su figura, su pelo es lo último que veo; es largo, castaño oscuro y alisado cerca de sus raíces; ondulado, más claro y con colochos apenas perceptibles al final. Brilloso, único, hermoso, inolvidable.
Me desperté.




















