Pequeñas (y grandes) razones para un sí: La nalgada que me faltó
Pequeñas (y grandes) razones para un sí: La nalgada que me faltó
Voy camino a cumplir 32 años y mi mamá y mi papá nunca me pegaron. Nunca. Ni una nalgada ni un zarandeo y menos una bofetada. Jamás. No puedo decir que fuera así con mis amigas de la primaria. A casi todas ellas les pegaban, con la mano o con chancleta. No era un acto privado, lo sé porque muchas veces les pegaban frente a mí. Aquello me producía una desazón muy grande, una vergüenza ajena que…
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