durante toda mi vida
he fingido desinterés;
he fingido que no me duele nada,
pero estoy harta,
soy humana
y me duele la vida y el alma.
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durante toda mi vida
he fingido desinterés;
he fingido que no me duele nada,
pero estoy harta,
soy humana
y me duele la vida y el alma.
“Quizas no se note, pero en verdad me estoy esforzando mucho para no rendirme…”
—
Y la verdad, nadie se quedaría con una persona triste, depresiva e insegura como yo.
Lo que soy; Y.
“Tengo miedo de que mi llanto desmesurado te despierte en medio de la madrugada, que me mires y te des cuenta que estoy jodidamente dañado y que no hay nada que pueda repararme. Tengo miedo, miedo de que el miedo se apodere de ti y tan solo quieras salir corriendo, no soportaría que huyeras de mi.”
Segunda parte
Volvió a balancearse contra mí aún con mayor fuerza mientras yo sentía que algo dentro de mí se partía, se desgarraba, pocos minutos después lo vi a mi lado, su mano acariciaba mi cabello y secaba mis lagrimas. “Buena niña, me gustó jugar contigo, estos juegos rudos te hacen ser más fuerte pero recuerda que mamá no le gusta que juegues así, no querrás hacerla enojar”. 16 años, volvió mi primer “amigo” intentó hacer lo mismo que mi tercer “amigo”, sin embargo esta vez intente escapar, su reacción al ver que yo forcejaba fue diferente, su rostro cambió “no llore, tranquila que no le voy hacer daño, todo bien váyase”. Todos los recuerdos aparecieron como una película en mi mente, las lágrimas recorrían mi rostro, mi cuerpo temblaba, mi respiración comenzó a fallar, “ábrame por favor, Pepas oiga ábrame, vea que tengo que contarle algo” cuando reaccione, tenia mi brazo izquierdo goteando sangre y en mi mano derecha un pedazo de espejo del cual también goteaba sangre. 3 tiempos diferentes, 3 personas diferentes un fantasma en común.
¡La confesión que jamás pensé podría hacer!
Nací un 7 de febrero del 1994 en el hospital de uno de los pueblos más importantes de mi país. Nunca he sido capaz de encontrar la respuesta de ¿por qué puedo recordar tantas cosas de cuando era pequeña? Recuerdo que cuando tenia 3 años mi mami todos los domingos me compraba un helado. Ese es un lindo recuerdo, quisiera que este que voy a confesar también lo fuese, pero después de 24 años me sigue atormentado, es como un fantasma que decidió ser mi mejor amigo, incondicional, de nunca irse. Puedo sentir su presencia todas las noches, algunas veces me despierta en las madrugadas pero solo puedo verlo cuando los veo a ellos, los que hicieron posible que él existiera. No puedo recordar la fecha exacta pero si mi edad, tan sólo tenía 4 años, una niña de 4 años que ya sabía leer, escribir y sumar, una niña que amaba el colegio y sailor moon, una niña que no tenia ni idea de lo que pasaba. Amaba tanto a mamá que jamás me hubiese atrevido a herirla, así que decidí guardar el secreto “no le diremos a mamá porque ella se va a poner triste contigo” ¿saben lo que es que a una niña de 4 años le digan algo así? Juego de mentes inocentes lo llamo, ellos siempre saben cómo hacerlo. 5 años, 6 años, 7 años, 8 años, él siempre aprovechaba las madrugadas cuando mamá se levantaba a trabajar, entraba a mi habitación, se acostaba a mi lado, me abrazaba y me decía que venía a protegerme de los monstruos, que debíamos jugar para que ellos se fueran, “quédate quieta, como si fueras una momia que yo soy el guardián que inspecciona” efectivamente siempre me inspeccionaba, pasaba su mano por mi cara, mi cuello, mi pecho, con su otra mano tocaba mis piernas, hasta que sus dos manos se encontraban sobre los huesos de mis caderas, con una tocaba mi ombligo, con la otra acariciaba mi vagina y justo cuando iba a comenzar su juego de dedos me volvía a decir “quédate quieta”. Dejaba de jugar con sus manos y ahora su juego era con su lengua, recorría con su lengua mi cuerpo, mi flaco, pequeño y frágil cuerpo, hasta llegar nuevamente a mi vagina y ahí se quedaba un largo tiempo, según él hasta que el último monstruo se fuera. “No le digas a mamá porque ella se va a poner triste contigo” ¿nunca le pregunté por qué ella se pondría triste conmigo? A mis 9 años él se había ido, ya no tenía quien me defendiera de los monstruos que nunca existieron. 10 años un nuevo amigo decidió protegerme, entro a mi cuarto, me tapo la boca, me pidió que no hiciera ruido que solo quería jugar un rato ¿el mismo juego? No, el no acaricio todo mi cuerpo, el fue directo a mis partes íntimas, jugó con sus manos un buen tiempo, luego con su lengua, después con sus manos una vez más y así hasta que dijo “ya me cansé, después jugamos otro rato. No le digas a mamá ni a papá porque te pegan y no nos dejan jugar” yo seguía sin entender que pasaba pero no quería que mamá se enojara conmigo, nunca me sentía tan triste como cuando eso pasaba, así que sí decidí callar. 11 años, 12 años 13 años “mi amigo” no volvió a visitarme. Pero la vida nunca me dejaba sola y sin amigo así que pocos meses después uno nuevo llegó, entró a mi habitación “jugaremos un rato” me explico las reglas del juego; debía estar callada, si hablaba o gritaba el me mordía, no debía moverme o quejarme porque eso equivalía a una mordida y un pellizco. A diferencia de mis otros dos “amigos” el no jugó con sus manos, solo con su lengua, un rato largo y luego “vamos a ver si en serio eres una niña fuerte” se subió encima de mi, tomo mi mano para que bajara su cremallera, hizo que tomara su pene entre mis mano, mis pensamientos se congelaron, mi cuerpo se estremeció, comencé a temblar cuando de repente uso su otra mano para tapar mi boca, soltó la mia para tomar su pene con su mano y un dolor hizo estremecer a un más mi cuerpo, recuerdo las lágrimas caer por mejillas, y un dolor insoportable en medio de mis piernas, entre mi vientre, por mis caderas.
Volvió a balancearse contra mí aún con mayor fuerza mientras yo sentía que algo dentro de mí se partía, se desgarraba, pocos minutos después lo vi a mi lado, su mano acariciaba mi cabello y secaba mis lagrimas. “Buena niña, me gustó jugar contigo, estos juegos rudos te hacen ser más fuerte pero recuerda que mamá no le gusta que juegues así, no querrás hacerla enojar”. 16 años, volvió mi primer “amigo” intentó hacer lo mismo que mi tercer “amigo”, sin embargo esta vez intente escapar, su reacción al ver que yo forcejaba fue diferente, su rostro cambió “no llore, tranquila que no le voy hacer daño, todo bien váyase”. Todos los recuerdos aparecieron como una película en mi mente, las lágrimas recorrían mi rostro, mi cuerpo temblaba, mi respiración comenzó a fallar, “ábrame por favor, Pepas oiga ábrame, vea que tengo que contarle algo” cuando reaccione, tenia mi brazo izquierdo goteando sangre y en mi mano derecha un pedazo de espejo del cual también goteaba sangre. 3 tiempos diferentes, 3 personas diferentes un fantasma en común.
¡La confesión que jamás pensé podría hacer!
Nací un 7 de febrero del 1994 en el hospital de uno de los pueblos más importantes de mi país. Nunca he sido capaz de encontrar la respuesta de ¿por qué puedo recordar tantas cosas de cuando era pequeña? Recuerdo que cuando tenia 3 años mi mami todos los domingos me compraba un helado. Ese es un lindo recuerdo, quisiera que este que voy a confesar también lo fuese, pero después de 24 años me sigue atormentado, es como un fantasma que decidió ser mi mejor amigo, incondicional, de nunca irse. Puedo sentir su presencia todas las noches, algunas veces me despierta en las madrugadas pero solo puedo verlo cuando los veo a ellos, los que hicieron posible que él existiera. No puedo recordar la fecha exacta pero si mi edad, tan sólo tenía 4 años, una niña de 4 años que ya sabía leer, escribir y sumar, una niña que amaba el colegio y sailor moon, una niña que no tenia ni idea de lo que pasaba. Amaba tanto a mamá que jamás me hubiese atrevido a herirla, así que decidí guardar el secreto “no le diremos a mamá porque ella se va a poner triste contigo” ¿saben lo que es que a una niña de 4 años le digan algo así? Juego de mentes inocentes lo llamo, ellos siempre saben cómo hacerlo. 5 años, 6 años, 7 años, 8 años, él siempre aprovechaba las madrugadas cuando mamá se levantaba a trabajar, entraba a mi habitación, se acostaba a mi lado, me abrazaba y me decía que venía a protegerme de los monstruos, que debíamos jugar para que ellos se fueran, “quédate quieta, como si fueras una momia que yo soy el guardián que inspecciona” efectivamente siempre me inspeccionaba, pasaba su mano por mi cara, mi cuello, mi pecho, con su otra mano tocaba mis piernas, hasta que sus dos manos se encontraban sobre los huesos de mis caderas, con una tocaba mi ombligo, con la otra acariciaba mi vagina y justo cuando iba a comenzar su juego de dedos me volvía a decir “quédate quieta”. Dejaba de jugar con sus manos y ahora su juego era con su lengua, recorría con su lengua mi cuerpo, mi flaco, pequeño y frágil cuerpo, hasta llegar nuevamente a mi vagina y ahí se quedaba un largo tiempo, según él hasta que el último monstruo se fuera. “No le digas a mamá porque ella se va a poner triste contigo” ¿nunca le pregunté por qué ella se pondría triste conmigo? A mis 9 años él se había ido, ya no tenía quien me defendiera de los monstruos que nunca existieron. 10 años un nuevo amigo decidió protegerme, entro a mi cuarto, me tapo la boca, me pidió que no hiciera ruido que solo quería jugar un rato ¿el mismo juego? No, el no acaricio todo mi cuerpo, el fue directo a mis partes íntimas, jugó con sus manos un buen tiempo, luego con su lengua, después con sus manos una vez más y así hasta que dijo “ya me cansé, después jugamos otro rato. No le digas a mamá ni a papá porque te pegan y no nos dejan jugar” yo seguía sin entender que pasaba pero no quería que mamá se enojara conmigo, nunca me sentía tan triste como cuando eso pasaba, así que sí decidí callar. 11 años, 12 años 13 años “mi amigo” no volvió a visitarme. Pero la vida nunca me dejaba sola y sin amigo así que pocos meses después uno nuevo llegó, entró a mi habitación “jugaremos un rato” me explico las reglas del juego; debía estar callada, si hablaba o gritaba el me mordía, no debía moverme o quejarme porque eso equivalía a una mordida y un pellizco. A diferencia de mis otros dos “amigos” el no jugó con sus manos, solo con su lengua, un rato largo y luego “vamos a ver si en serio eres una niña fuerte” se subió encima de mi, tomo mi mano para que bajara su cremallera, hizo que tomara su pene entre mis mano, mis pensamientos se congelaron, mi cuerpo se estremeció, comencé a temblar cuando de repente uso su otra mano para tapar mi boca, soltó la mia para tomar su pene con su mano y un dolor hizo estremecer a un más mi cuerpo, recuerdo las lágrimas caer por mejillas, y un dolor insoportable en medio de mis piernas, entre mi vientre, por mis caderas.
Siempre fue una esperanza falsa.
Siempre he querido tener la capacidad de enamorarme de alguien, pero pensar en todo el dolor que puedo llegar a sentir si me fallan, si las cosas no funcionan. Pensar en volver a mis caminos de depresión me aterra y me aleja.
Vía: lavidaminimal
Yo en la vida soy Leah #Love,Simon
Soy un mar de miedo y temores.