No necesito que me digas que me amás. Necesito sentir que lo haces. Porque las palabras son hermosas, pero también son fáciles.
Lo difícil es otra cosa.
Lo difícil es acordarte de mí cuando no estoy. Es elegirme cuando nadie te está mirando. Es demostrarme que te importo cuando la vida te pesa, cuando estás cansado, cuando tenés problemas y aun así encontrás un minuto para hacerme sentir parte de tu mundo.
Porque hay personas que dicen "te amo" y te llenan de dudas.
Y hay personas que nunca lo dicen, pero con una mirada, con una llamada, con una mano en la espalda cuando el mundo se te viene abajo, te hacen sentir la persona más querida del planeta.
Con los años entendí que el amor no se escucha.
Se siente.
Se siente en quién se queda. En quién pregunta. En quién presta atención. En quién recuerda las cosas que para todos son insignificantes, pero para vos son enormes.
Porque sentirse amado no es recibir flores un día.
Es no sentirte solo el resto del año.
Y tal vez por eso ya no me enamoran las promesas.
Me enamoran las presencias.
La gente que cumple. La que cuida. La que está.
Porque después de tantas ausencias disfrazadas de amor, aprendí algo que me hubiese gustado aprender mucho antes:
No hay nada más triste que escuchar todos los días "te amo" de alguien que te hace sentir que podrías desaparecer mañana y no cambiaría nada.
Y no hay nada más hermoso que encontrarte con alguien que, sin decir demasiado, logra que tu corazón descanse.
Porque al final, el amor no es que te lo digan.
El amor es no tener que preguntarte si lo sienten.
Fer
















