...They don't tell you that part
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@yerblues5
...They don't tell you that part
Nunca comprendí demasiado el Jazz; ni siquiera llegué a sentir ese éxtasis que se traslucía en los poemas de mi padre,
pero sé secretamente que él tampoco; sé secretamente que la hipérbole era su figura retórica preferida.
Es, me digo, la matanza del ídolo. El Santo, el Venerado, deviene en hueco. A su lado se halla su asesino: quien verdadera, puramente habita el espacio. Casi con dulzura e ingenuidad.
Coordenadas
Indicaciones bajo un mapa cartografiado: USTED ESTÁ AQUÍ. Y se señala, mediante una flecha, las zonas cerebrales significativamente inflamadas (un 30% aproximadamente) como reflejo fisiológico de lo nombrado “Trastorno Obsesivo Compulsivo”. Yo lo llamé Obsesividad o Protocolo de la pasión.
(La pasión por la vida está inflamando mi masa gris.)
Deseo la desaparición metafísica y retengo, sudorosamente, la desaparición orgánica.
Si quisiera obedecer a la impronta de la extinción orgánica, o situarme en la franja de la desprotección, debiera primeramente abrazar la espiritualidad y creer, en última instancia, en un dogma. Ir a los templos. Encender velas. Pero yo no me siento así; de este modo, el sudor vuelve, siempre vuelve.
Soñé otro mundo- Manu Chao
(”Cada día yo lucho para no decaer/ Cada día yo río para no despreciar”)
*Fotos de Mario Matini, casi contra mi voluntad
Levanto furiosamente la vista hacia el cielo (o por extensión, hacia la vida) para asombrarme (o podríamos decir “sembrarme”, por extensión asimismo fonética),
y juraros, y perjuraros, entre dientes, que mi biografía está incompleta.
Crónicas azules
La noche del 20 de mayo, sobre las 21:15, Lelé Terol comenzó a transfigurarse en un accidente geográfico.
Querida madre:
No me comprendes y sin embargo eres la única que puede perdonarme.
Nunca pasó la guerra
Nadie sangró, pequeño, a nadie le tembló nunca la mano, porque esta se detuvo en el aire. Nadie escuchó voces de auxilio ni la llamada a la capilla de la campana de la iglesia. Nadie sudó nunca por miedo; de nadie, de nadie corrió la sangre. Si siguen encendidos los cirios, pequeño, si siguen encendidos, es solo porque alguien leyó una novela que creyó cierta.
Tu abuelo materno se tropezó, pajarico mío, por las escaleras. Fíjate la torpeza adónde puede llevarnos.
Tu abuelo paterno se mató con la escopeta intentando cazar liebres. ¡Se le encasquetó tontamente el arma!
De modo que no te exaltes, de modo que no sufras. Porque es nadie, es nada, es nunca.
Apropiación (quizá indebida) de un objeto mágico. Parte I
*Fotos de un tal Mario Martini Seco
A propósito del temblor de mi mano.
Me dirás: la pastilla empieza a hacer efecto en una hora. Pero había una reina que tenía un reloj muy caro, ceñidísimo a la muñeca, y cuya aguja, cada vez que se cumplía una hora, le atravesaba levemente la carne. Y esa levedad, tan emplumada, tan sostenida, empezaba a cobrar las propiedades del plomo.
Te cuento esta historia, y persistes, inmutable: aún faltan cincuenta minutos (aproximadamente).
Pero mis temporalidades son inciertas e inmensurables.
La enfermedad no se estremece; sonríe.
“No es verdad que te pese el alma. El alma es aire y humo y seda.”
La tierra sin nosotros. Canción de cuna para un preso.
“No es verdad que seas un hombre.
Eres un niño que no sueña”
José Hierro
Un prodigio funesto. Una amenaza insoportable.