Antes de hablar de Nico, quiero escribir de Ale.
Ale fue la relación más larga que nunca había tenido.
Llena de altos y bajos. Es extraño que siento que debería escribir “más bajos que altos” pero sé que ese detalle es mentira. Es solamente mi yo malo queriendo creer que no eramos lo felices que sí eramos. Es mi yo inconformista olvidando todos los desayunos, esas noches abrazados cuando hacía frío, Es él riéndose de cómo yo sudaba en el verano. Es el último año juntos, donde él me contaba muchas cosas, donde hacía comentarios que yo encontraba bacanes, eramos los dos sin aburrirnos conversando por horas. Eramos él y yo ya no solo siendo pololos, siendo amigos, siendo cómplices. Eramos un extraño recreo que nos pegábamos el fin de semana donde todo iba perfecto y llegaba el lunes y yo lo arruinaba todo.
¿Fui malo?, yo creo que sí. Yo siento que sí.
¿Me perdoné ser malo?, yo creo que no. Yo creo que lo oculté bajo la alfombra, pues quería pedir disculpas y nunca lo hice y creo que a veces la vida es mejor así, guardar mi parte sensible y olvidar mis propias emociones para ponerme una máscara de tranquilidad. De falsa madurez, de falsa elegancia, eso de creer que yo supero las cosas fácilmente.
¿Es realmente malo ponerle una máscara a tus sentimientos y fingir que las cosas no te afectan? Creo que no, después de todo... vivimos la vida poniéndonos máscaras que a veces no nos acomodan del todo pero que aún así nos hacen llevar la vida de forma... no sé ¿cómoda?.
Los últimos dos meses que estuvimos juntos yo estaba siempre con la amenaza de que el fin estaba cerca. De que ya no estábamos funcionando ¿y por qué?, creo que nos agotó la distancia y esa mágica forma que teníamos de vernos y que todo se sintiera bien pero sin hablar las cosas que nos pasaban. Cada vez que él llegaba al departamento yo me sentía lejos de él. Lejos de lo que eramos, lejos de lo que decíamos que eramos pero compartíamos un rato y se me pasaba. ¿Se lo dije alguna vez?, esta demás decir que no. Claramente jamás le dije.
Recuerdo muchas cosas que me hicieron sentir eso.
Recuerdo que me pilló en atrocidades gigantes, me pilló deseando tener cosas con otros.
Recuerdo que nos golpeamos para año nuevo y eso jamás lo hablamos.
Recuerdo que comenzamos a tener grandes silencios producto de mi trabajo.
Recuerdo que pensaba constantemente en él y no siempre de forma positiva, sino como alguien de quien yo me tenía que hacer cargo. Eso siempre fue extraño, cada vez que terminamos yo me sentía... ¿liberado?, era como quitarme una responsabilidad enorme pues siempre sentí que tenía que velar por él y siempre sentí también que no era recíproco. Él me importaba mucho más de lo que yo a él.
Me importaba que estuviera bien, que su integridad estuviera completa y de buen ánimo. Que supiera que en mi podía confiar... pero siempre sentí que no quería. Que le avergonzaban muchas cosas y eso mismo me hacía callar muchas cosas mías.
Esos últimos dos meses empecé a consumir mucha marihuana mientras veía cosas graciosas o compartía con amigos de la U o del trabajo, pero siempre pasaba lo mismo, terminaba la serie, se iban las personas y yo comenzaba a pensar en él. Pensaba en que no nos queríamos de verdad, en que íbamos a terminar y que yo no quería eso. Quería no sé cómo, pero que despertáramos, que estábamos encaminando mal las cosas y que yo necesitaba hablar seriamente con él pero no encontraba las palabras.
¿Qué quería tanto decir?.
Quería pensar que abriendo al máximo mi corazón íbamos a poder estar más unidos, más unidos que nunca y que eso haría que nuestra relación fuese interminable porque él igual iba a sentir que tenía que abrirse conmigo.
Quería decirle que me perdonara por los mensajes que había leído, por comportarme de esa manera pues él no lo merecía. Pues nuestros 3 años no merecían eso.
Quería decirle que me perdonara por obligarlo a ser más conversador, por tener una personalidad que naturalmente no le nacía tener.
Quería decirle que me perdonara por obligarlo a ser menos interesado por temas superficiales, que no tenía por qué estar obligado a querer interiorizarse con temas más profundos, con cosas ñoñas analíticas que solo yo pensaba y que no tenían por qué interesarle a él.
Quería pedirle perdón por... no sé, por mi mala actitud todo el tiempo. Por no saber liderar con ser un hombre adulto y ya no un niño de la universidad.
Quería pedirle perdón por ser tan exigente todo el tiempo, porque la vida me estaba volviendo alguien exigente y cada día más perfeccionista y él con esa forma de ser medio pava, tiernamente pava, me estresaba. Me hacía tener ganas de agarrarlos de los hombros y menearlo con fuerza y decirle: yapo’ Ale, porfa, ayúdame, porque todo lo otro se me esta cayendo a pedazos. Trabajo mal, amistades mal, familia mal, vacaciones nunca y el departamento... peor que todo lo otro.
Quería pedirle perdón por no ser lo suficientemente maduro emocionalmente como para poder pedir ayuda con esa vida que yo estaba armando. Por sentirme poco destacado en el trabajo, por no sentirme validad, por dudar tanto con el camino que había trazado con mi carrera pues no estaba dando los frutos que yo esperaba.
Quería explicarle cómo era trabajar en un lugar heteronormado y ser el gay ahí. Ser la persona diferente donde todos son iguales. Quería explicarle lo que sentí cuando el Director de Entel me retó frente Alejandra y Daniela. Quería contarle que me fui llorando de la agencia temprano. Quería hacerle ver la impotencia que sentí cuando me querían obligar a dejar mi equipo para cambiarme a un lugar donde yo no quería, donde sentía que iban a ser más hostiles aún con mi... imagen. Quería hacerle entender esa impotencia, la de que no te acepten y no por tus conocimientos, no por tus habilidades, sino por cómo te ves y porque simplemente no quieren aceptar que vienes de otros estímulos estéticos, de otros imaginarios. Que no eres como los otros que han conocido porque de partida tienes intereses artísticos y todos los otros no.
Es extraño escribir esto pues es verdad y es tan verdad que llevo casi dos años en esto y siempre me doy cuenta de eso, soy un bicho raro dentro de mi área de la publicidad y siempre seré eso: el bicho raro.
Es loco porque siempre me he sentido bien con mi piel, con mi imagen.
Mido 1.70 y peso... no sé, pero soy flaco. No soy fit y llevo mucho tiempo intentándolo pero aún así no lo soy y siento que luzco bien sin ropa. Me gusta mi cara aunque claro, soy más narigón y papiche de lo que me gustaría o más de lo que haría que mi rostro tenga un mejor balance. Aún así, siempre fui feliz. Pero estando con Alejandro siempre fue difícil eso. Rara vez él me decía que yo lucía bien o que le gustaba mi imagen. A veces me hacía comentarios que me hacían entender que él no me quería de verdad sino que le gustaba mucho la imagen que teníamos juntos. A él le gustaba mucho buscar chicos como yo por instagram, como yo pero siempre más guapos. Siempre más “perfectos” y eso siempre me insegurizó. Me gustaría que hubiese sido más dulce conmigo, pero sé que siempre se vio a si mismo como el femenino y yo el masculino, así que los halagos eran para él y la satisfacción de tenerlo a mi lado... bueno, eso era cosa mía.
Yo debía estar orgulloso de tener alguien guapo y él, ¿se sentía orgulloso de estar conmigo?. Siempre sentí que no, que él lo estaba ahí porque aparecí, porque llegué y le tinqué no por mi personalidad, no porque me preocupaba de él, porque lo cuidaba, porque al inicio siempre buscaba lo mejor para él anteponiéndolo a las cosas que yo quería hacer. Por eso tuve que luchar contra sus celos, contra los prejuicios que tenía acerca de mi, cuando nadie me conocía, cuando nadie podía decir algo malo de mi. Aún así, él quiso poner barreras entre nosotros desde el inicio.
Al mes o algo así nos dijimos “te amo”. Yo si lo amaba, lo amé profundamente y quise hacer con él todas las cosas que imaginaba que quería hacer con alguien que estuviera conmigo.
Si algo aprendí de mi con esta relación y con los múltiples quiebres que tuvimos, es que me encanta el amor. Me gusta amar y me gusta sentirme amado. Y es justo ahí donde nacían nuestros problemas, en que yo no sentía que a él le importara lo suficiente. Yo sabía que su belleza me encandilaba y lo que me pidiera iba a estar bien para mi, pero jamás sentí que fuese de igual manera a la inversa.
Cuando partimos, salíamos mucho y siempre se tomaba fotos con sus amigos, rara vez conmigo. Le hablaba a sus amigos y a mi no. Era extraño, era sentirme un accesorio. Pero lo acepté porque sabía que me ganaría su corazón, que vería en mi las cosas positivas que yo sabía que tenía, esas mismas que si vio Nelson y que yo tenía tantas ganas de que fuesen todas para Alejandro.
Me gustaría creer que tal vez en unos años nos volveremos a cruzar, nos volveremos a querer, nos volveremos a enamorar y que ahí él habrá aprendido cosas de la vida y yo también. Las suficientes como para aún no ser unos apáticos de mierda y no tan pocas como para ser tan tontos aún.
Ojalá algún día me perdones Alejandro y veas que mi amor siempre fue sincero y que solo estaba inseguro y medio loco porque mi vida se volvía estresante de maneras en las que yo no sabía del todo reaccionar. Las cosas me pasaban por encima y yo solo era un niño chico de Arica que no sabía como resolverlas.
No sé terminar una relación.
Soy amigo de casi todos mis exs (o de los que me importaron enserio)
No sé terminar este texto.
Espero que siempre estés bien, que logres tus metas y sueños. Me hubiese gustado estar ahí para apretarte la mano, para decirte que eres el mejor, que solo tienes que confiar en ti y relajarte y sobre todo, lo que siempre te decía: no te rindas.
Suena un cliché tonto, pero en el fondo lo sabes: siempre vas a contar con mi ayuda mientras pueda dártela. Suena cliché y medio tonto, pero sé muy en el fondo de mi que jamás me buscarás como amigo ni como nada más. Serás siempre un hermoso recuerdo y espero que seas infinitamente feliz.