Lo que pasa a diario.
Extraño sus ojos verdes, cazándome. Sentir sus brazos rodeándome por las noches, atrayéndome hacia su cuerpo, extraño sentir su barba haciéndome cosquillas, observarlo dormir recargado en mi hombro, verlo caminar o hacer cosas cuando está distraído. Extraño despertar en su casa, encontrar notas entre mis libros (maldito seas, apenas comenzaba a entender tu letra y te fuiste) extraño su voz, su risa. Extraño tanto su risa. Su olor tan familiar, sus manos, besar sus nudillos, acariciar su espalda. Extraño el timbre de sus canciones por la noche, saber de él, de su día. Hablar en la madrugada de todo y nada. Subir mis piernas en el cine, hacer planes, cantar la única canción que sé que le gusta escuchar de mi, compartir una tienda de acampar, extraño ver su figura distorsionada por mis lágrimas cuando su amor me sobrecoge. Extraño tanto de él, tanto. Extraño su risa, tanto su risa. La vida sabe porqué nos mantiene alejados, pero si por mi fuera, ya lo hubiera convencido de estar conmigo, al precio que fuera. Porque sí, la vida sigue y se sabe vivir, pero me parecía que el día brillaba más cuando él estaba, y era un precioso amuleto rubio de la suerte.












