En verano de 1983 fue detenido el grupo punk vasco Eskorbuto acusado de enaltecimiento del terrorismo e injurias a los cuerpos de seguridad del estado por canciones como Maldito país, ETA o Escupe a la bandera. Ellos fueron los primeros. Ni que decir tiene que las letras de Eskorbuto, probablemente el grupo de rock nacional más honesto de la historia con su formación original, no estaban haciendo apología de ninguna forma de violencia cuando se produjo la detención. En ningún caso el punk, de naturaleza inconformista, lo ha hecho jamás sin antes emplear convenientemente la ironía. Es más, Yosu, el bajista y máximo exponente de Eskorbuto, lamentaba la hipocresía y la falta de tacto de los "solidarios" con influencias: <<tenemos de 6 a 12 años y las gestoras asquerosas pro amnistía ni nos hicieron caso (…) Si yo digo que me cago en la madre que parió a Reagan y a esta gente lo único que puedo lograr es que me metan a la cárcel y los demás sigan viviendo mientras yo me pudro>>. y significativamente apostillaba: <<nosotros no somos antisociales, como se afirma por ahí, la que es antisocial es esta sociedad en la que vivimos>>.
Han pasado años, muchos, demasiados, y hasta hoy, casos idénticos y todavía peores, no han dejado de sucederse. Y aunque todos estos casos, por suerte y cierto sentido común en algunos jueces, acaban encontrando la absolución, los valores del antiguo régimen siguen incólumes, han vuelto las leyes de privación de derechos y libertades para ser aplicadas por intereses y arbitrariamente desde los tronos del poder, y también por pura y natural afinidad con la maldad que con ese habitual y terrorífico descaro pretenden hacernos creer que en realidad es por el bien común. ¿Hay algo más antisocial que eso? Pero es el ciudadano humilde, el que haría lo posible para neutralizar esta pandemia de mafias y lobos con piel de cordero quien es bautizado con ese calificativo. Somos antisociales, terroristas, delincuentes y peligrosos. Somos todo aquello que ellos son, defienden y perpetúan. Una perversa estrategia de control opresor que por alguna misteriosa razón les ha funcionado siempre.
De todo esto sabe mucho, más bien todo, el grupo Soziedad Alkoholika (S.A.), otros vascos que inoculan verdad a base de feroz thrashcore, el mejor y el más importante en su estilo a nivel nacional. Con su nuevo disco, Sistema antisocial, te lo explican alto y claro. Desde que en 1993 también les acusaran a ellos de enaltecimiento del terrorismo por temas con clara tendencia a la chanza y al humor negro como Explota zerdo, donde asomaba el nombre de Carrero, que no han parado de prohibirles o intentarlo. En 2006 fueron absueltos, pero ellos aseguran que su carrera sigue viéndose afectada por presiones en cada concierto que dan o intentan dar. Jimmy, guitarrista y fundador del grupo, remarcaba una evidencia en una entrevista hace pocos días: <<no somos más antisistema que mi madre, que se queja de los políticos>>.
Siguiendo la estela de sus dos discos predecesores, los brutales Mala sangre y Cadenas de odio, con mismo sonido y esencia estrictamente metalera y oscura, Sistema antisocial supone un muy emotivo y lúcido llanto de rabia de tres cuartos de hora musicalmente magistrales que consolida la etapa más madura del grupo. A S.A. ya no les hace puta la gracia el asunto (hubo un tiempo en que les caracterizaba el cachondeo y la ironía por encima de todo) y certifican su obra más pesimista y comprometida, algo que queda brillantemente impreso en las melodías, mortuorias la mayoría, preciosas todas. No hay tema en el decimosegundo disco de S.A. en el que no prime el lamento y la indignación por completo, ni siquiera en Alkohol, que alude al pimpe como clásico y temporal método de olvido. Sólo cabe la rabia, la impotencia y la mala sangre. Canciones como Alienado o Resurgir son gritos de auxilio, la primera alucinando con la pasividad de los que asisten a graves injusticias sin inmutarse, la segunda, no resignándose a la “respetabilidad” según los estandartes sociales, a la prefabricación de valores. Todo, lo más importante, con coherencia.
Casi 30 años dando guerra en los escenarios tienen estos clásicos del buen ruido. Ni con la partida de Robert, el mítico batería del grupo, S.A. se ha despeinado; su sustituto, el catalán Alfred Berengena, inmejorable fichaje, hombre de confianza y recomendación del propio Robert, ha entendido tan bien y a lo grande el concepto y el estilo del grupo que no se nota nada el cambio. Discrepo con los que aseveran que en Sistema antisocial no hay sorpresas con respecto a sus dos predecesores; si S.A. viene demostrando algo disco tras disco (y hay para todos los gustos) es una ambición y una evolución que no necesitan cambios de equipo y de procesos de masterización para tomar el máximo protagonismo. Y Sistema antisocial es, hoy por hoy, la prueba más viva de ello. Grata sorpresa, encima, la colaboración de Mark Barney, frontman de Napalm death, en el trallazo Policías en acción… ¡cantando en castellano! Fundamental.













