Holaaaaa, aquí Yuzuyom.
Como ven, esta página es un desmadre, tengo un revoltijo de todo. Pero, bueno.
□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□
Historias
AVATAR; James Cameron.
Neteyam.
Es un secreto.
Lo'ak.
LO'AK
Solo eso, baiiiis.
Stranger Things
dirt enthusiast

#extradirty
No title available

Origami Around
occasionally subtle

@theartofmadeline

祝日 / Permanent Vacation
h
Cosimo Galluzzi
AnasAbdin
Xuebing Du
2025 on Tumblr: Trends That Defined the Year
d e v o n

❣ Chile in a Photography ❣
No title available

oozey mess
DEAR READER

blake kathryn
No title available
seen from United Kingdom
seen from Canada
seen from United States

seen from Singapore

seen from Netherlands

seen from Germany
seen from India
seen from United States

seen from France

seen from Malaysia

seen from United States
seen from India

seen from South Korea
seen from Croatia

seen from Netherlands

seen from United States
seen from United States

seen from T1
seen from Norway
seen from Netherlands
@yuzuyom
Holaaaaa, aquí Yuzuyom.
Como ven, esta página es un desmadre, tengo un revoltijo de todo. Pero, bueno.
□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□□
Historias
AVATAR; James Cameron.
Neteyam.
Es un secreto.
Lo'ak.
LO'AK
Solo eso, baiiiis.
•••• Advertencia. ••••
Canibalismo, muerte, sangre, ab/so se/ual, maltrato físico, abuso psicológico, dependencia emocional.
○○○
Capitulo 1
Capitulo 17
•••••••
18. No dejes que me miren, por favor.
Ni siquiera pensaste mucho cuando tus pies te llevaron al único lugar en el cual podías esconderte.
Tus pasos temblorosos te dirigían con pesadez al enorme contenedor oculto en la selva. Aquel lugar que estaba alejado para no incomodar a los lugareños, el último lugar que podías recordar para sobrevivir.
Cuando el aire frío del lugar golpeó tu cuerpo comenzaste a sentir un inmenso dolor en el pecho, la desesperación de hacer algo te llenó y la necesidad de gritar invadía cada rincón de tu cabeza provocando en tu garganta un nudo que deseabas hacer desaparecer. Tus manos quitaron la máscara de tu rostro de forma torpe para dejarla caer al suelo al sentir que las correas comenzaban a encajarse en tu cabeza. Tomaste una gran bocanada de aire apretando la tela de tu camisa que cubría tu pecho mientras tu hombro golpeaba el brazo de Norm quien hacía un tonto intento de detenerte.
Tus dedos tocaron el panel de control con temblores y cuando la puerta se cerró detrás tuyo tus rodillas golpearon el suelo con dureza, mientras sus palabras se repetían una y otra vez en tu cabeza.
Tu mano golpeó el costado de tu nuca intentando hacer que su voz se alejara de tus oídos, que tu cabeza dejara de pensar en las crueles verdades que te había recalcado. Tus dientes se encajaban en tu labio inferior para retener el grito que quería escapar de tu boca. Te guardaste todo tu enojo para que nadie fuera capaz de conocerlo.
Te quedaste en el frío suelo tratando que el calor de tu cuerpo desapareciera, que el dolor de cabeza se fuera con la frialdad del suelo metálico.
Tu cuerpo se sentía pesado conforme los minutos pasaban, tus ojos se sentían hinchados a pesar de que no dejaste que ninguna lágrima se derramara y en tu garganta se quedó aquel nudo que no dejaba salir ningún sonido.
La oscuridad a tu alrededor era tan silenciosa y solitaria que lo único que podías hacer era recordar.
El techo plano era un lienzo que te dejaba ver las repetitivas situaciones que siempre te dejaban en este mismo lugar. En el mismo abismo del cual intentabas huir desde tu niñez de forma inútil.
Tal vez... Si hubieras pensado un poco más las cosas en lugar de dejarte llevar por tu soledad esto no estaría pasando, si hubieras sido más paciente con esta nueva situación... ¿Por qué eras tú la que debía comprender esto?
¿Por qué estabas más centrada en lo que tú dijiste y no en lo que él dijo?
No fuiste la única que dijo cosas crueles. No fuiste tú la que inició una distancia repentina entre ambos y por supuesto, no fuiste tú la que se negó a hablar las cosas, pero tampoco podías culparlo del todo... Debías de entender, que él no podría reaccionar de forma normal, no después de todo lo que vivió.
Soltaste un suspiro cansado, comenzando a moverte con lentitud para poder levantarte del suelo. Tus pies se dirigieron con dificultad a la cama y cuando tu cuerpo golpeó la suavidad de las sábanas te acomodaste de costado para abrazar tu propio cuerpo fingiendo que era él y no tú propios brazos.
Era una patética forma de buscar consuelo en alguien que no estaba y eso te llenó de frustración por un sentir que no podías controlar.
Estabas comenzando a actuar como ella.
Estabas destrozada simplemente porque Lo'ak no te había elegido, te derrumbaste porque se separaron cuando debías entender que estas cosas pasaban. Ahora mismo te sentías avergonzada por haber criticado tanto a tu madre... Pues tú estás repitiendo el mismo maldito patrón.
No sabes cuánto tiempo pasó desde se día.
Tu cuerpo estaba entumecido, tu cabeza comenzaba a doler ante la imposibilidad de dormir. Te sentías sucia y pegajosa, tus huesos estaban adoloridos y tu boca siempre estaba seca, mas no te importó. Todo había dejado de importarte después de ver que realmente estabas sola en este lugar, en esta vida.
No te habías movido de tu lugar pues habías aceptado cualquier futuro que te diera la vida, porque ya no había una razón por lo cual seguir sobreviviendo.
En medio de tu quietud silenciosa, cuando tu cabeza intentaba descansar obligándote a cerrar los ojos para que durmieras la imagen de Lo'ak atado a la camilla gritando por ayuda llegaba a tu memoria en imagenes repetitivas. Su llanto desenfrenado llamando tu nombre te obligaba a estar alerta, a recordarte lo que pasaba cuando la vida los separaba. Siempre pensabas que te rendirías e irías a buscarlo, sin embargo, sus palabras y tus palabras volvían en ecos ruidosos recordándote la mirada destrozada que te otorgó después de que admitieras los pensamientos que tenías al inicio de su relación.
Aquello era suficiente para anclarte a la cama y aceptar el castigo que esta tierra te había impuesto por tus egoístas acciones.
Tal vez desde el principio estabas siendo castigada y la vida te daba señales para que dejaras de luchar, pero eras terca y te aferrabas a propósitos para convencerte de que eras necesaria.
Fallaste en cada uno de ellos.
Incluso con el que pensaste que podrías mantener por el resto de tu vida, se te fue arrebatado por la propia persona. Hubo tantas señales y tú simplemente te forzaste a ignorarlas.
Lo'ak es alguien con muchos problemas. Una persona que busca la aceptación de su alrededor, alguien desesperado por sentir que es necesario y amado.
Justo como tú.
Tal vez por eso esperabas que ninguno de ustedes se alejara del otro, pues sabían lo doloroso que era no ser visto por las personas de su alrededor.
Cerraste tus ojos de nuevo, esperando esta vez poder dormir aunque sea un poco, porque estabas agotada. Cansada de verlo, de oírlo, de extrañarlo... Deseabas solo por un momento que él desapareciera de tu cabeza para poder descansar.
Fue inútil.
Necesitabas olvidarle, pero también recordarlo para sentir que todo estaba bien a tu alrededor y eso era frustante, pues te cansaba verlo al cerrar tus ojos, era tortuoso sentir su presencia a tu alrededor y saber que no estaba ahí. Querías dormir, pero saber que no estaba ahí te impedía descansar, porque aún tenías esa necesidad incrustada en ti de protegerlo de todos.
La oscuridad se volvía abrumadora conforme los segundos pasaban. El silencio te estaba matando mientras tu cabeza te llevaba a los días donde sobrevivían en el bosque y cuando las risas de aquellas criaturas que los atacaron mientras dormían llegaron a tus oídos la luz se encendió.
Tus ojos se cerraron con fuerza y a pesar de que intentaste mover tus mano para crubirte dela molesta luz este no se movió.
— ¿Q-
Cerraste la boca de inmediato al sentir en tu garganta un dolor tan intenso que te envió un escalofríos por toda tu columna. Tu mano fue de forma temblorosa a tu cuello, apretando en un inútil intento de desaparecer el ardor que se presentaba debido a la falta de agua. Tus ojos intentaron enfocar a la persona que había entrado, sin embargo, solo sentiste cómo tus pies fueron jalados y alguien te alzaba por encima de su hombro. Tus manos se aferraron a su ropa mientras tus piernas se movían de forma débil al intentar safarte del agarre desconocido.
— Han sido cinco días desde que no sales de ese cuarto oscuro — reprendió la voz sin detener su andar — Han sido suficientes días de estar encerrada, sino quieres morir por falta de agua.
Intentaste golpear su espalda dando débiles puñetazos.
— A-
Tu cuerpo fue dejado contra el frío suelo de un sentón, sentiste tu cabeza darse un pequeño golpe contra la dura pared causando que tus manos fueron a aquel lugar para apretar con fuerza mientras tus ojos observaban a la persona frente a ti. La expresión seria de Norm miraba directo a tus pupilas y su persona se volvió borrosa cuando abrió la regadera y el agua comenzó a mojar tu cuerpo y ropa.
La ropa se pegó a tu piel, tu cabello se volvió pesado y cuando tu espalda comenzó a mojarse soltaste un quejido debido al cambio repentino de temperatura.
Lo viste agacharse a tu altura, jalando tu mano para mantenerte quieta en el mismo lugar y evitar que escales en medio de su distracción. Sus manos comenzaron a menear tu cabello y tu te removiste incómoda tratando de alejar su tacto de ti.
— ¿Te has sentido el cabello, Sam? — cuestionó el científico con tono molesto — Es como te hubieras echado una botella de aceite. Cierra los ojos — tu boca volvió a abrirse con el único proposito de pelear, sin embargo, el sabor del shampoo se adentró a tu boca y eso te hizo escupir asqueada — Esa habitación huele horrible, ni siquiera haz salido al baño o a comer.
Tus pies se movieron colocándose en su estómago para intentar alejarlo de ti con desesperación, pues no querías oírlo, no querías escuchar nada de lo que salía de su boca y solo pedías que te dejen en paz.
— ¿Entiendes lo grave que es eso, Samanta? — sus uñas rascaron tu cuero cabelludo con fuerza, sin embargo, no se comparaba al dolor que invadía tu pecho — ¿entiendes lo que eso implica?, ¿quieres eso, niña?
Sus palabras se repitieron en tu cabeza, mientras la imagen de aquella mujer hundiéndose en las profundidades llegaba a ti.
Tus piernas comenzaron a sentirse débiles, la necesidad de gritar volvió poco a poco, sin embargo, nada salió de tu boca... Solo dejaste de pelear.
Tus manos dejaron ir sus muñecas, cayendo a los costados de tu cuerpo y tus piernas dejaron de enterrarse en su estómago. Los dejaste ahí, sin saber qué hacer exactamente. Sin entender qué es lo que querías.
— Debes tallar tu cuerpo —. Negaste sin mirarlo —. Solo hazlo y cuando termines vas a venir a la cocina por agua y comida, ¿bien?
No esperó a que respondieras. De hecho, salió después de decir aquellas palabras dejándote sola en aquel lugar mientras tu cabeza intentaba procesar lo que te había dicho.
¿Cinco días? Sentías que había sido un mes entero.
Te quedaste inmóvil, mirando las baldosas del pequeño baño sin ganas de moverte. De todos modos, tu cabeza estaba en blanco y no recordabas lo que te había ordenado hacer.
— ¿Ya acabaste? Llevas media hora ahí metida — avisó la voz del científico fuera de la puerta después de un rato.
Tu cabeza por fin conectó lo que debías hacer, así que obligaste a tus manos a moverse. Aunque fuera con lentitud, te desvestiste poco a poco, para tu suerte llevabas ropa ligera y eso le hacía el trabajo más fácil a tus manos... Pero no fuiste capaz de quitar lo que él había hecho para ti.
Cuando la mugre acumulada por los días salió de tu cuerpo te levantaste del suelo con dificultad para salir de la ducha y tomar la toalla que el científico tenía colgada. Tus pasos fueron silenciosos en el camino a la habitación, porque querías volver a encerrarte y que él no fuera capaz de evitarlo. Al entrar miraste a la cama notando que no había colchón, solo quedaba la plataforma metálica que venía en la habitación y encima de esta un cambio de ropa sencillo.
Una camisa y un pans.
Giraste tu cuerpo sin tomarle importancia al objeto faltante, pues ya habías dormido en suelo duro, podrías hacerlo de nuevo. Estabas por poner seguro a la puerta para que el hombre no volviera a entrar, sin embargo, la pantalla comenzó a pedir una contraseña para desabilitar el "modo seguro" y sabes que eso no estaba activado antes. Crees que aquello fue lo único que logró desaparecer tu indiferencia, cambiándola por frustración en segundos.
La rabia llenó tu cabeza como un veneno que volvía agria tu boca, la necesidad de golpearlo y destruir todo a tu alrededor para olvidar lo que pasaba en tu pecho y mente comenzaban a abrumarte, pues solo querías que te dejen en paz.
Si siempre te ignoraban, por qué ahora les parecía tan difícil hacerlo.
¿Qué tan putas difícil era hacerlo ahora?
Ni siquiera tenías ganas de vestirte. No tenías ganas de nada así que solo miraste la ropa encima de la base de la cama.
¿Lo'ak se habría cambiado de ropa? Esperabas que su familia no haya visto sus cicatrices, porque sabes que eso lo haría alterarse.
Cerraste tus ojos con fuerza cuando el nudo en tu garganta volvió mientras tu corazón se retorcía debido a los recuerdos y el eco de su voz arruinó tu cabeza llevándote a un vacío y sufrimiento que querías ignorar, porque cada pensamiento, cada recuerdo, te deja en claro que te estabas convirtiendo en ella y eso era horrible.
No querías morir por alguien que no quería estar contigo.
De repente la ropa que llevabas te enfermaba. Las prendas que Lo'ak había hecho con sus propias manos apretaban cada parte de tu cuerpo impidiéndote respirar. Tu ojos miraron el conjunto, jalando los bordes mientras su voz llegaba proclamando un nombre que no era tuyo y eso te hizo enojar, porque ahora no sabías si las hizo para ti o solo fue un delirio de su cabeza convenciéndose que eras aquella muchacha. El pensamiento quemó al sentirte un reemplazo que fue desachado cuando obtuvo la atención de su principal objetivo. Moviste tus manos en consecuencia, jalando los tirantes con fuerza para trozarlo, arrancaste las piedras y conchas sin importar que tus dedos y uñas se lastimaran. La tela dejó de tocar tu piel y cuando tus ojos miraron los trozos rasgados en el suelo sentiste una pesadez en el pecho junto al arrepentimiento.
Tus propias palabras llegaban a ti como una tortura repetitiva.
¿Por qué dolía tanto intentar odiarlo?
Fuiste cuidadosa al recoger cada piedra, concha y trozo del suelo. Lo dejaste con suavidad en una esquina de la habitación, pues no te atrevías a tirarlo, pero tampoco tener el cuidado que siempre habías mantenido con las prendas que te hacía.
Te vestiste sin ganas. Quedándote quieta en medio de la habitación con tu cabello mojando el frío suelo, pues estabas harta.
Querías dormir, pero no podías hacerlo.
— ¿Ya has terminado? — cuestionó el científico al otro lado de la puerta — Sal a comer.
Te molestó que te diera ordenes, por lo que solo te dedicaste a mirar la puerta con el ceño fruncido, aunque él no fuera capaz de verte.
La puerta se abrió después de un minuto de silencio.
Norm entró con pasos firmes deteniendo su andar justo frente a ti. Sus manos te entregaron un vaso de agua y tú lo aceptaste por el simple hecho de que tu garganta te estaba matando. El plato de comida que había traído consigo lo dejó encima de la base metálica y con ojos atentos solo te observó esperando a que comiences a comer.
No sabes por qué era, si la falta de sueño, si el estres de tu situación, pero su actitud comenzaba a hacerte enojar. Parecía que simplemente no podías estar tranquila, porque todos buscaban una forma de hacerte rabiar.
— Come.
Ignoraste su orden, sin alejar tus pupilas de sus ojos.
— ¿Por qué le pusiste modo seguro a la habitación? — cuestionaste con voz ronca, sin moverte de tu lugar.
Sus ojos cafés no expresaron nada y aquello solo hizo que la cólera creciera ante la firmeza de sus acciones.
— Por tu bien.
Sus palabras fueron como una puñalada al corazón, una mentira que no querías creer y una actitud que no estabas dispuesta a aceptar.
— No soy una niña.
— Entonces deja de comportarte como una —. Sus manos se acercaron a tu hombros para obligarte a sentar en la base y después poner el plato en tus manos — Sabes que este comportamiento no te está haciendo bien.
Tus dedos apretaron el plato con rabia.
— Eso a ti qué te importa — soltaste con tu estómago revuelto.
— Estas viviendo bajo MI techo y es el único lugar donde te puedes quedar. Así que vas a obedecer y vas a comer.
Fue como si toda tu sangre se encendiera en llamas. Pues a pesar de estar diciendo una verdad aún no querías aceptarla.
— Vete a la mierda.
Su boca dejó salir un suspiro cansado y con estrés rascó su descuidada barba esperando encontrar más paciencia de la que podía acumular. Sus pupilas volvieron a ti y su ceño fruncido debido a la frustración por tu actitud te hizo ver que no iba a tolerar tu actitud infantil.
— Bien, entonces será de la forma difícil.
De forma repentina estabas debajo suyo sellando tus labios con fuerza mientras él apretaba tus mejillas intentando que abrieras la boca. No sabes cómo lo hizo, pero sus dedos taparon tu nariz y tu boca se abrió para respirar. Él aprovecho para meter la comida y cuando te viste obligada a pasarlo pataleaste con frustración.
— ¡Ya entendí, pendejo! — gritaste empujando su pecho con tus manos — ¡Ya voy a comer!, ¡quítate de encima!
El hombre se alejó con respiracion acelerada debido a la pelea, su mano sobaba su pecho mientras su cara expresaba el dolor que sentía debido a tus golpes.
—Bien, come.
Tus dedos masajearon con cuidado tus mejillas sintiéndote humillada debido a la facilidad en la que te venció. Seguro era por la falta de alimento, pero tú querías ser terca y batallar. Tomaste el plato con rabia, masticando la comida con brusquedad sin dejar de observarlo.
Querías llorar de la impotencia, más no dejaste que ni una lágrima escapara.
— Sabe a puta mierda, ni un perro callejero comería esto — soltaste mordaz en un intento de desaparecer la humillación.
— Ni modo, te lo comes — el hombre caminó a la puerta y con una sola mirada te advirtió — cuando vuelva quiero el plato limpio.
La puerta se abrió.
— Espera, ¿y mi maldito colchón?
El científico te miró sin expresión.
— Lo lavé para desaparecer el mal olor. En la noche te traeré una colchoneta, así que en toda la tarde no vas a dormir al menos que quieras acostarte en la base fría.
Apretaste los puños con rabia, al sentirte arrinconada y frustrada porque el hombre frente a ti no sabía nada de como habían sido estos días para ti.
— Pendejo.
No dijo nada y salió del cuarto.
Eras un puto soldado, claro que podías dormir en una base dura y fría si quisieras. El problema es que ni siquiera podías dormir aunque tuvieras todas las comodidades del mundo.
Miraste el plato en tus manos, tus dedos lo apretaban con fuerza y cuando el recuerdo de sus ojos dorados llegaron a tu cabeza lo lanzaste contra la pared deseando desaparecer su memoria. Tu respiración agitada debido a la rabia provocaba que tus hombros subieran y bajaran de forma visible, tu mandíbula se apretaba y tus encías dolían conforme tus dientes aumentaban la presión que ejercían contra ellos mismos.
Te recostaste en la base metálica, esperando que el frío desapareciera tu rabia. Abrazaste tus propios hombros mientras le dabas la espalda a la puerta, pues no querías que nadie te molestara y si llegaban a hacerlo no querías darte cuenta.
A la hora de la cena volvió con otro plato y otro vaso. Solo que esta vez se quedó en la habitación esperando a que terminaras de comer y para que no tuvieras oportunidad de volver a lanzar la comida. Insultaste su cena, sin embargo, él volvió a no decir nada, ni siquiera mostró en su rostro alguna expresión de molestia y eso te frustró.
No tenías hambre, por qué debías obligarte a comer.
— ¿Y mi colchón?
— Aún no está seco.
Se acercó, estirando su mano para que entregaras el plato. Lo dejaste con brusquedad encima de la palma de su mano, para después darte media vuelta y recostarte para ignorarlo. Volvió después de unos minutos, sin embargo, no lo miraste. Sentiste algo suave tocar tus pies y al mirar en esa dirección te encontraste con mantas dobladas, detrás de ti podías oír sonidos que el hombre hacía al limpiar tu desastre.
Salió y no dijo nada con respecto a tu arrebato.
Ni siquiera el que tu estómago haya recibido alimento te ayudó a dejarte llevar por el sueño. Las mantas seguían frías, el silencio calaba tu pecho y la pesadez de tu cuerpo evitaba que te movieras para buscar comodidad. Tal vez no podías dormir, pero tú cabeza podía imaginar que la calidez que comenzaba a llenar las sábanas era él, pues en la noche, cuando el recuerdo de Lo'ak se volvía mas vívido debido al silencio que te rodeaba te dedicabas a mirar el techo.
Tu cuerpo se volvía frío y con el frío llegaba el pasado en recuerdos. La memoria del mar rodeándote y las palabras de tu viejo amigo volvían a tu cabeza y con ello la imagen de tu madre hundiéndose a en las profundidades del océano.
A veces podías verlos a todos ellos. Veías sus espaldas alejarse mientras tú te hundías en el abismo de porquería que tú misma habías creado.
Y eso te hacía preguntarte ¿Por qué era tan dificil ser por lo menos una opción?
Por alguna razón, pensar en él alejándose dolía más que los demás... Tal vez porque era lo más reciente o simplemente porque se trataba de él.
Cerraste los ojos con fuerza, ocultando la mitad de tu rostro contra la almohada mientras tratabas de fingir que tus brazos rodeándote eran los de él, tu cabeza trataba de convencer a tu cuerpo de que su cola estaba enrollada en tu cintura y con todo eso deseaste sentir su calidez, incluso los ronquidos que a veces escapaban de sus labios querías escucharlos, pero la cama estaba fría, su ausencia era difícil de ignorar, la soledad y el silencio te mataban lentamente.
Ni siquiera podías cerrar tus ojos porque cuando lo hacías podías oír sus gritos, los llantos que salían de su boca cuando todo era demasiado para él.
Estabas llegando al límite, a punto de derrumbarte al no poder siquiera cerrar los ojos y descansar para olvidar por unos segundos el dolor. Así que no te sorprendió cuando te levantaste de la cama con un nudo en la garganta y saliste de la habitación mientras el mundo te daba vueltas. Te aferraste a las paredes caminando al lugar que necesitabas y cuando estabas frente a las gavetas las abriste con desesperación intentando ignorar sus crueles palabras resonando en tus oídos.
No había nada.
Todas las botellas habían desaparecido y solo quedaba un hueco vacío que te llenó de rabia.
Comenzaste a respirar de forma pesada, la dificultad de oír el silencio a tu alrededor se volvía grande y cuando el temblor se presentó en tu cuerpo debido al enojo que no podías sacar en gritos golpeaste la pequeña puerta con fuerza.
No soltaste queja, no gritaste, simplemente miraste fijamente cómo tu mano había abollado el metal de la pequeña compuerta. Alejaste tu puño del material, el cual temblaba y palpitaba por el dolor... Fuiste capaz de ignorarlo solo porque tu corazón dolía más.
Te levantaste del suelo lentamente, volviendo a tu habitación con pasos tambaleantes mientras tus manos apretaban tu sien. La puerta se cerró detrás tuyo y te deslizante lentamente hacia el suelo apretando tu cabeza con tus manos, tratando de silenciar sus llantos.
No funcionaba, nada funcionaba cuando se trataba de olvidarle solo por cinco segundos.
Se volvió rutina que Norm llegara a primera hora de la mañana para obligarte a tomar una ducha.
Nunca peleabas contra él en ese momento, te dejabas arrastrar y regañar fingiendo que nada te importaba. Él dejaría tu cuerpo en la regadera para que el agua mojara tu cabeza, tallaría tu cabello ignorando los nudos de tu cabello y finalmente saldría del baño para dejar que tú limpies tu cuerpo.
A la hora del desayuno tu actitud cambiaba de forma radical.
Norm traería el plato de comida y se quedaría en la habitación esperando a que comieras. Por alguna razón eso te molestaba, así que se lo demostrabas insultando su comida y apenas dando tres bocados.
No explotaría por tu actitud y eso lo hacía más frustrante para ti.
— Sabe a mierda.
— Cometelo.
Al día siguiente sería lo mismo en las tres comidas del día.
— Cocinas con el culo.
— Solo cometelo, Sam.
Siguiente día.
— Si tuvieras un restaurante hubiera sido cerrado a la hora de la inauguración.
— Claro que si, solo come.
— Si tuviera forma de conejitos mínimo se podría ignorar el sabor tan de la verga.
¿Cuánto tiempo fuiste grosera con él? No lo sabías.
Pero la indiferencia que te entregaba a cada palabra que le brindabas te hacía sentir estúpida e ignorada.
Querías que te deje en paz, entonces no entiendes por qué te enojaba tanto que no reaccione a tus palabras. Justo como en este día y todos los demás.
— Desde aquí me llega el olor a culo de la comida.
Como siempre, él no dijo nada. Ni siquiera te miró y eso hizo que apretaras la mandíbula con fuerza debido a la molestia. Se acercó a ti sin expresión y tu miraste directo a sus ojos mientras dejaba el plato en tus manos y tu boca se abrió dispuesta a atacar, de nuevo.
— Prefiero comer basura que tu comida.
El hombre asintió alejándose de ti para recargarse en la puerta y simplemente observarte.
— Come.
Ni una puta reacción de nuevo.
Tus dedos tomaron el tenedor con rabia, tu mirada intentaba intimidarlo y mientras tomabas un bocado tus movimientos se detuvieron al sentir la rodaja de verdura tocar tu lengua. Tu mirada se desvió lentamente al plato de comida y ahí viste las verduras cortadas con forma de conejo.
Ah.
El nudo en tu garganta volvió y la necesidad de llorar llegó tan de repente que simplemente te quedaste quieta esperando que desapareciera.
Crees entender por qué te enojaba tanto su actitud...
No quieres creer en una falsa preocupación y menos después de los recientes sucesos, pero tampoco era justo el cómo lo estabas tratando. Así que esta vez comiste todo lo que había en el plato sin mirar su rostro, ni siquiera hablaste porque temías que tu voz se rompiera.
Él tampoco dijo nada al respecto y cuando terminaste solo tomó el plato de tus manos con suavidad para después salir con pasos silenciosos de la habitación.
Algo en la noche de ese mismo día cambió.
Su falsa presencia se volvió más real y dolorosa.
Sus brazos te rodeaban intentando darte consuelo, su respiración acariciaba tu nuca con suavidad y sus labios dejaban salir promesas del pasado que no fueron cumplidas, susurros que aseguraban su permanencia a tu lado, llantos desesperados por formar un futuro donde ambos se mantenían al lado del otro, mentiras en las cuales habías creído ciegamente.
Quemaba, dolía y no crees haber sufrido tanto como en estos momentos.
Lo'ak se había llevado toda tu vida contigo. Su presencia fue un cambio drástico en tu forma de vivir haciéndote creer por un momento que él era el futuro que siempre te habías negado a merecer.
"Una casa en el bosque, cerca del mar"
Ocultaste tu rostro contra la almohada cubriendo tus oídos conforme su llanto comenzaba a torturar tus oídos y pensamientos.
Idiota.
Estúpido.
Maldito.
Imbécil.
Cómo se atrevía a romper sus promesas, cómo se le ocurría echar a la basura todo lo que habías hecho por él.
¿Cuántas veces abriste tu corazón y expreste tu cariño con palabras y acciones?, ¿cómo es posible que haya ignorado todo eso?
"Ahora entiendo porque tu madre prefirió morir que quedarse a tu lado"
Te levantaste de la cama de golpe, notando que todo tu cuerpo estaba empapado en sudor, tu sien punzaba debido al estrés que te invadía por la falta de descanso, tus dedos temblaban gracias a la desesperación que te llenaba debido a la soledad que sentías. Tus uñas se encajaron en el colchón y tus dientes mordían con fuerza el interior de tu mejilla tratando de desaparecer la tristeza que comenzaba a invadir cada rincón de tu cuerpo.
Lo'ak volvió en un susurro, en pequeñas memorias que atormentaban a tu cabeza. Desde su sufrimiento en el encierro, desde la mordida de tu hombro, hasta el recordatorio de su figura en la playa con aquella muchacha.
Tu respiración se volvía a agitar, tu cuerpo comenzaba a sentirse caliente por la repentina rabia que comenzaba a nublar tu cabeza y cuando sentías que estabas por estallar te levantaste de la cama saliendo de la habitación para dirigirte a la puerta principal del refugio.
— ¿Sam? — cuestionó el científico al verte pasar por su lado con pasos apresurados — ¿A dónde vas-?
— Aire.
Saliste sin dirigirle ni una mirada.
La máscara se apretó contra tu rostro trayendo más memorias y una sensación de encierro que ya era conocida.
El aire frío de la mañana golpeó tu piel, erizando los vellos de tus brazos y conforme te dabas cuenta que el sentimiento no se iba te adentraste más y más a la selva, deseando que el burbujeo de tu estómago se esfumara.
Fue estúpido.
Te dejabas guiar por acciones impulsivas que no podías ignorar, porque era la única forma que conocías de sacar todo lo negativo que se acumulaba dentro de ti.
Golpeaste con rabia un tronco grande e imponente, tus nudillos sangraban y la adrenalina provocaba que el dolor fuera nulo. Tu cabeza se llenó de nuevo de él, tus oídos se aturdieron con su voz y tu corazón sintió la traición de su lejanía clavándose cual puñales en tu pecho. Eso no te calmó, porque aunque sentías que tu mano estaba destrozada seguías temblando, necesitando más para poder olvidar pues todo seguía dentro. No había satisfacción en tus acciones o un alivio a lo que sentías. Por eso mismo, oír una voz conocida provocó que una puerta en tu cabeza se abriera.
— ¿Estás loca o algo por el estilo?
Giraste tu cabeza lentamente observando al na'vi frente a ti, quien se mantenía con una ceja alzada y una expresión que reflejaba la vergüenza ajena que sentía.
Tus manos picaron y tu mente solo podía centrarse en romper el tabique de su nariz, justo como habías deseado la primera vez que abrió su enorme boca.
— Si — afirmaste dando un paso hacia él — Pelea conmigo.
Soltó una risa burlona y aquello te molestó tanto que el dolor que intentaba aparecer en tus nudillos desaparecía mientras más te acercabas a él.
— ¿Qué crees que vas a hacer contra mi, enana? De un golpe te dejo fuera.
Ni siquiera fuiste consciente o racional cuando tu mano tomó una piedra para lanzarla directo a su rostro, el metkayina la esquivó con ojos abiertos y cuando su atención volvió a ti tú ya estabas corriendo a él dispuesta a iniciar una pelea donde estabas en clara desventaja.
— ¡Espera, tú-
Resbalaste entre sus piernas para patear detrás de sus rodillas y hacerlo doblarse y poder jalar su trenza con fuerza. Él gritó y en un acto de lucha se dio vuelta con todas sus fuerzas golpeando con su enorme cola el costado de tu cuerpo. Te sacó el aire, dolió tanto que recorrió toda tu columna, sin embargo, aquel dolor te distraía del sufrimiento mental. Así que no dudaste en volver a lanzarte atacando con las cosas más bajas que podrías encontrar.
Cada golpe, cada dolor que subía por todo tu cuerpo solo causaba que desearas más.
Tu ventaja es que eras pequeña, la suya es que era enorme.
Solo podías dar golpes bajos, saltar o hacerlo caer para alcanzar su rostro. Él podía mandarte a volar de un puñetazo si llegaba a alcanzarte con su cola, sus piernas llegaron a patearte, sus puños lograron hacerte tambalear, su cola te sacó aire tantas veces y aún así no te detuviste.
Jalaste su trenza, golpeaste sus muslos, pateaste sus rodillas, incluso llegaste a atacar su entrepierna con tal de que él se doblegue y tú puedas dar puñetazos a su rostro, varias veces atrajiste su cara a tu rodilla.
Estabas peleando con desesperación, sin estrategia. Solo era la necesidad de atacar algo y sacar todo lo que estaba agobiando.
Su cola volvió a golpear de lleno contra tus costillas mandándote a rodar por el suelo, tus manos apretaron la zona intentando reducir el dolor y mientras te levantabas tus ojos divisaron una piedra cerca de ti, la cual no tardaste nada en tomar para lanzarla directo a su frente y hacerlo caer.
Aprovechaste ese instante para volver a lanzar a él.
Su cuerpo golpeó el suelo y tú te subiste en su pecho para comenzar a golpear una y otra, y otra vez su cara con tu puño.
Lo estabas mareando, podías notarlo al ver sus ojos ponerse en blanco, sin embargo, reaccionó golpeando el costado de tu cabeza con su mano. Caíste a un costado suyo gracias al dolor que bajó por toda tu columna y cuando recobraste el sentido su cuerpo te aprisionaba contra el suelo y esta vez fue su puño el que golpeó con rabia desmedida el vidrio de tu máscara. La luz roja de advertencia comenzó a parpadear, tus pupilas fueron capaz de ver las grietas en el vidrio.
Tus piernas salieron de debajo de él para comenzar a patear sus costillas una y otra vez, tus manos tomaron la trenza que caía a un costado suyo encajando tus uñas en un acto desesperado.
Él no se detuvo y cuando estabas segura de que el vidrio se destrozaría tomaste una gran bocanada de aire. La pesadez de su aire llegó a tu rostro, la oscuridad que te rodeba por cerrar tus párpados te dejaban en incertidumbre y cuando sus golpes dejaron de llegar te aferraste a lo que sea que pudieras sentir con fuerza.
Sus manos te alzaron y de repente sentías cómo el aire comenzaba a azotar contra tu cuerpo. Estaba corriendo a quién sabe dónde, sin embargo, tus uñas se encajaron en su piel tratando de aguantar la respiración.
— ¡Espera un poco!, ¡soportalo, humana!
"Voy a protegerte"
Te abrazaste a los hombros de aquel extraño, deseando solo por un momento que fuera Lo'ak.
"Ahora entiendo porque ella prefirió morir"
Y mientras tu boca se abría buscando desesperadamente poder respirar pensaste que no debiste haberle dicho que preferías haberlo dejado en aquel lugar.
Debiste haber sido sincera y decirle no habías mencionada nada de ella porque temías que te dejara, debiste decirle que querías quedarte a su lado, debiste decirle que tu lo-
El oxígeno volvió y cuando abriste los ojos ya no habia arboles rodeándolos, sino paredes blancas que ya tenías memorizado.
— ¡Norm, ayuda! — gritó el metkayina que te llevaba en brazos.
Los pasos apresurados del científico se acercaron y cuando tus rodillas tocaron el suelo sus manos masajearon tu espalda mientras inhalabas con fuerza recuperando el oxígeno. Sus manos quitaron la máscara de tu rostro con cuidado provocando que los vidrios que se habían atorado en los bordes cayeran al suelo.
— ¿Qué sucedió? — preguntó Norm, levantando tu rostro para quitar cualquier resto de vidrio pegado a tu piel — ¿Por qué están golpeados?
— Ella-... No lo sé, ella simplemente empezó a golpearme y bueno- reaccioné impulsivamente.
Hubo silencio. Un silencio tan pesado que te hacía saber que ya estabas metida en un gran problema. Tu rostro se giró alejándose del toque del científico para centrar tu mirada en el suelo.
— Está bien — exclamó el científico con seriedad — Puedes irte, Ao'nung. Yo iré después a hablar con Jake acerca de la situación.
Tus manos se cerraron con fuerza al oír aquel nombre.
— Mis padres van a cuestionar los golpes — señaló detrás tuyo.
Norm suspiró y de reojo lograste notar cómo frotó su rostro con la palma de su mano.
— ¿Puedes mantenerlo en secreto? — pidió en tono bajo — Yo, yo te lo compensaré después, lo prometo.
El metkayina guardó silencio, fuiste capaz de percibir su mirada encima tuyo, sin embargo, tú no te giraste a mirarlo.
— Bien.
El sonido de la puerta abriéndose y cerrándose te hizo saber que él ya se había ido y ahora solo quedaba Norm en la habitación.
— ¿Sabes en el maldito problema que te has metido, Samanta? ¡peleaste con el hijo del olo'eyktan! — gritó con molestia, tomando tus hombros con fuerza para obligarte a mirarlo — ¿¡qué crees que estabas pensando!?
Es la primera vez desde que estás en este lugar que te alza la voz y demuestra molestia por tu actitud. No entiendes porque si desde el principio estabas buscando esta reacción por su parte, ahora no deseabas verla.
Tus labios se apretaron mientras poco a poco el dolor de cada golpe en tu cuerpo comenzaba a presentarse.
— ¡Sé que esto es dificil, pero debes dejar de comportarte como una idiota impulsiva que no-!
Tus puños se cerraron con fuerza mientras el nudo en la garganta volvía y se hacía cada vez más insoportable. Tu mirada no se atrevía a encontrarse con la suya y conforme sus palabras se clavaban en tu pecho lo único que podías pensar es que su tono de voz te estaba lastimando.
Sollozaste.
Un sollozo que salió desde el fondo de tu corazón. Fue un sonido que desgarró tus cuerdas vocales conforme la humillación te llenaba por sentirte sobrepasada por todo.
Tu cuerpo tembló cuando su voz se redujo a la nada en un segundo.
Hiciste tu mayor esfuerzo en no dejar que nada se derramara. Las lágrimas se acumulaban en tus ojos mientras tu ceño estaba fruncido en un patético intento de fingir molestia y convencerte de que nada de lo que te estaba diciendo te estaba lastimando.
Al menos hasta que sus dedos dejaron de apretar tus hombros y su toque se volvió tan ligero que pensaste habían abandonado tu piel, por lo que no supiste qué sentir cuando sus brazos te rodearon para atraerte a su pecho. Tu cuerpo se tensó ante el contacto repentino mientras el sonido de sus tranquilos latidos llegó a tus oídos y su mano inició una suave caricia en tu nuca que te recordó al consuelo del pasado.
— Está bien. Todo va a estar bien, Sam — consoló en voz baja —. Puedes llorar. Está bien llorar.
Tu cejas se arrugaron cuando las lágrimas comenzaron a bajar una tras otra, tus hombros temblaron y tus dientes se apretaron con fuerza reteniendo los sollozos dolidos. Tus manos se movieron con duda hacia él, aferrándose a la tela de su camisa con desesperación.
Todo comenzó a salir en un llanto bajo lleno de dolor.
Te ocultaste en el pequeño e inesperado refugio que el científico te estaba entregando. Ni siquiera fue incómodo cuando ya no había nada que sacar, cuando solo quedaba la melancolía y tristeza.
Estabas tan carente de cualquier sentimiento que tus pasos fueron lentos y directos a tu habitación. Norm no dejó que la puerta se cerrara esa noche y esta vez casi suplicaba porque tomaras un bocado de comida, aunque tampoco te obligó cuando te negaste.
Piensas que aún estabas vulnerable aunque las horas hayan pasado, porque cuando tus ojos se cerraron haciendo el intento de descansar y sus llantos volvieron no dudaste en levantarte de la cama y salir de la habitación arrastrando los pies. No te cuestionaste por qué estabas parada frente a esta puerta y tampoco le tomaste importancia a los dolores punzantes que llegaban a tu cuerpo.
Tus manos abrieron la puerta sin pensarlo y cuando entraste solo miraste en medio de la oscuridad el desastre de la habitación.
El olor a tabaco llegaba a tu nariz distrayendo a tu cabeza y tu corazón se sintió pesado debido a la tristeza ajena que envolvía el cuarto, mas lo ignoraste.
Tus pies esquivaron las colillas y ropa regada en el suelo mientras avanzabas hacia la cama, tus pupilas observaron fijamente al hombre que descansaba y cuando no hubo ningún movimiento extraño de su parte te sentaste en el suelo, recargando tu espalda contra la cama para dedicarte a mirar el suelo.
Al menos sus ronquidos no permitían que existiera el silencio tortuoso y eso te dejaba más tranquila que otras noches.
Tu mirada se centró en el suelo, buscando formas en el desastre, contando las colillas en el suelo, observando botellas de alcohol y cuando Norm comenzó a removerse después de un rato ni siquiera lo miraste. Viste su cuerpo y sentiste la cama moverse con brusquedad, un pequeño sonido de susto salió de su boca y a los segundos una pequeña luz cálida se encendió provocando que entrecerraras los ojos.
— Joder, Samanta— exclamó mientras tomaba bocanadas se aire— ¿desde cuándo estás ahí?
Alzaste los hombros sin dejar de mirar las colillas.
Escuchaste las sábanas removerse, sus pies tocaron el suelo y su mirada intentó buscar la tuya.
— ¿Sucede algo? — cuestionó cuidadoso — ¿por qué no estás dormida?
Tu ceño se frunció ante sus preguntas, mientras el fantasma de Lo'ak llegaba a tus recuerdos llenándote de dolor.
— No puedo dormir.
El silencio apareció y ninguno de los dos se atrevió a interrumpirlo, gracias a eso los susurros de Lo'ak llegaron a tu cabeza en pequeños ecos que deseabas poder ignorar mientras el dolor en tu pecho crecía . Tus manos se cerraron con fuerza y tus ojos buscaron con desesperación cualquier cosa para distraer a tu cabeza de las lágrimas que querían volver a salir.
— ¿Sucede algo? Sabes que puedes decirme, Sam.
Tus labios se apretaron en una fina línea. Tragaste con pesadez mientras tus manos revolvían tu cabello para intentar tranquilizarte.
— Es solo-... Yo — tu voz volvió a romperse y tu ceño se frunció al sentirte patética por volverte a romper frente a él — cuando Lo'ak estaba a mi lado era más fácil dormir y ahora- bueno, él no está y yo-... — Tus ojos lo miraron y tu boca suplicó antes de que pudieras detenerte a pensar — ¿Puedo dormir contigo?
Dios, ver sus ojos abrirse con sorpresa te hizo desear enterrarte en un pozo y jamás salir de ahí por la vergüenza que te estaba dando preguntar por algo como eso a un desconocido. Tu mirada huyó de él, dispuesta a levantarte e irte de la habitación, estabas por hacerlo de no ser porque sentiste sus manos tomar la tuya... Tus pupilas volvieron al científico en segundos, observando con incredulidad cómo te ayudaba a levantarte.
Sus manos volvieron a mover las sábanas y su cabeza apuntó a la cama sin decir palabra alguna. No te movistede de donde estabas, mirando fijamente a sus ojos con un enorme nudo en la garganta, tus preguntas se atoraron en esta y Norm te acercó más a la cama jalando tu muñeca.
— Vamos, recuéstate.
Te sentaste en la cama y tus pies se subieron al colchón sin dejar de observarlo. Su mano empujó tu hombro hasta que tu cabeza se recostó encima de la almohada y finalmente cubrió tu cuerpo con la cobija.
— Duerme, Sam — acercó una silla que no habías visto en la habitación poniéndola a un costado de la cama para sentarse y mirarte con expresión tranquila— Voy a estar aquí.
¿Estabas siendo irracional?
Crees que una persona normal vería tus acciones como un dolor de cabeza. Una situación de la cual nadie querría hacerse cargo porque se supone que ya eres una adulta y tú deberías lidiar con tus problemas, pero aquí estaba él cumpliendo un rol que no le pertenecía.
Cerraste los ojos mientras tus dedos se aferraban a la manta que te cubría. La melodía que hace tiempo había dejado de llegar en las noches difíciles volvió poco a poco distrayendo a tu mente de los llantos que te torturaban cada noche. Las caricias aparecieron junto al tarareo suave, causando que tu pecho finalmente comenzara a sentirse ligero conforme los segundos pasaban. Y si, la falsa presencia de Lo'ak llegó, pero esta vez no hubo dolor cuando te abrazó.
Su calidez te consoló y el toque de su mano contra la tuya te dio la suficiente calma para poder descansar toda la noche.
Al despertar te encontraste con la silla vacía a tu lado y la habitación era iluminada por la cálida luz de la lámpara que había en la pequeña mesita al lado la cama.
Tus párpados se abrieron y cerraron con lentitud intentando acostumbrarte a la luz, sintiéndolos pesados e hinchados debido a la larga siesta. Un bostezo abandonó tu boca mientras rascabas tu cabeza quejándote en voz baja cuando tus dedos se atoraron en los nudos de tu cabello. Tu estómago gruño obligándote a salir de la cama y ahi te diste cuenta que tu cuerpo se senta tan ligero a cada paso que dabas que creíste por unos segundos que seguías soñando. Fuiste silenciosa al salir de la habitación y tu nariz te guió a la cocina gracias al olor que provenía de ella.
Tus ojos miraron su espalda y la timidez se hizo presente cuando fuiste consciente de que le habías quitado la cama a este hombre.
— Buenos días... — Murmuraste mientras te sentabas en el pequeño comedor, sin atreverte a mirarlo.
Norm se giró, el tono en su voz sonaba tranquilo así que te atreviste a alzar la mirada encontrándote con una pequeña sonrisa.
— Buenos días, ¿dormiste bien? — cuestionó con ojos atentos a tu persona.
Tu hombros se alzaron mirando fijamente sus enormes ojeras, la vergüenza te hizo alejar tu atención de él centrando tus pupilas en la puerta del refugio para evitar sus ojos amables.
— Si.
— Bien. Pensé que el olor a cigarrillo te incomodaría.
— No lo noté — tranquilizaste comenzando a jugar con tus dedos encima de la mesa.
Guardó silencio y tú no te atreviste a hablar porque en medio de esta tranquilidad que al fin parecías tener eras capaz de ver todas las acciones sin sentido que la persona frente a ti tuvo que lidiar. Desquitaste tu rabia en alguien que no tenía nada que ver y tal vez no pensarías mucho en eso si se hubiera comportado como los demás, responder con agresividad a tu agresividad, más no lo hizo.
Simplemente lo soportó y dejó que sacaras tus frustraciones en él.
Cuando el plato de comida y una taza de café fue puesto frente a ti apretaste la mandíbula sin saber si era por sentirte avergonzada o por la calidez desconocida que aparecía ante estas pequeñas acciones.
Estabas aterrada, confundida por su paciencia, sin embargo, no podías hacer como sino hubieras hecho mal.
— Perdón.
Salió de forma natural.
Te obligaste a alzar la mirada para buscar sus ojos, pues te habían enseñado que cuando pedías perdón debías mirar a las pupilas de las personas, sin embargo, en situaciones anteriores había rabia y resentimiento dirigido a ti... Por lo que no sabías cómo recibir la tranquilidad y paciencia que emanaban de sus iris.
Esto dificultaba más para ti el pedir perdón, porque querías que fuera sincero y que la persona frente a ti viera que realmente si sentías arrepentimiento por tu actuar.
— Perdón por ser tan idiota — murmuraste apretando tus manos la una con la otra — Fue estúpido e infantil desquitarme contigo cuando solo estabas siendo amable.
Miraste de inmediato tu plato cuando ya no tenías nada que decir. Tus dedos tomaron el tenedor para comenzar a mover la comida y así disimular la inseguridad que comenzaba a invadirte gracias a su silencio.
— Está bien, te perdono — tu mirada se alzó justo cuando él le daba un sorbo a su café — Solo no vuelvas a buscar pelea y menos con el hijo del olo'eyktan.
Hiciste una mueca metiendo bocados a tu boca para intentar ignorar la molestia ante el regaño.
— ¿Causé mucho problema...?
Negó mientras dejaba salir un suspiro agotado. Su mano masajeaba la parte trasera de su cuello tratando de relajar el estres que probablemente le causabas.
— Para nuestra suerte Ao'nung es comprensivo. Inventará algo para no meterte en problemas.
Perfecto, ahora le debías algo a una persona que no te agradaba del todo.
Suspiras mientras tallas con fuerza tu rostro para desaparecer el dolor de cabeza que aquello te causaba.
— ¿Qué piensas hacer ahora? — cuestionó el cientifico de forma repentina provocando que tu pecho punzara.
¿Por qué sacaba el tema de forma tan drástica? Tal vez... Tal vez si se había cansado de ti, solo que fingía no haberlo hecho.
— No lo sé... — tus brazos se cruzaron intentando protegerte ante el probrable rechazo — Creo que nunca planeé una segunda opción.
Norm asintió, sus ojos se desviaron a su comida y después de dar un sorbo a su café volvió su mirada a ti.
— Hay una base mucho más lejos de aquí. Hay humanos, avatares y no están ligados a la RDA, solo personas que decidieron quedarse — comenzó a explicar provocando que tu cuerpo se sintiera pesado — Puedo llevarte ahí si así lo quieres.
Ah, lo sabías.
Aunque tampoco podías culparlo, pues él no te había prometido nada y a pesar de que te había consolado en momentos donde lo necesitabas, no significaba que te tuviera cariño.
Diste un sorbo a tu bebida, incómoda ante las ideas que comenzaban a llenar tus pensamientos. Irte era una buena opción, sin embargo, pensar en que estarías más lejos de Lo'ak no te mantenía tranquila.
Había pasado más de una semana, pero no era tan simple de olvidar, pues n tu interior aún deseabas que su separación no hubiera ocurrido.
— Yo- — intentaste hablar con dificultad.
— Si eso no te convence podemos llamar a tu familia. Tu padre está aquí, ¿no?
Tu corazón paró por un pequeño segundo ante sus palabras, tus manos se aferraron al tenedor mientras tu garganta comenzaba a sentirse seca. La imagen de aquellos dos llegó a tus recuerdos y el fantasma de las caricias en tu cabeza llegaron cual trampa para hacerte caer, convencerte de que era la mejor opción.
A pesar de que en un principio hubieras aceptado sin dudar, esta vez sabías que no podías volver.
Carraspeaste para estabilizar tu tono de voz. Tus dedos tomaron el tenedor y metiendo un trozo de comida a tu boca negaste con la cabeza.
— No —. Sentenciaste. Tus ojos miraron sus pupilas y en un triste intento de evitar otro abandono suplicaste — ¿no puedo quedarme aquí...?
Norm abrió sus ojos con sorpresa, sin embargo, su mirada se suavizó y su tono paciente llegó a tus oídos en forma de consuelo.
— Sam, seguro tu familia te está buscando.
Recordaste tu última conversación causando que tus puños se cerraran debido a dolor que traían tus memorias . Tu respiración se aceleró ante el enojo que comenzaba a aparecer.
— No lo creo, ellos fueron los que me mandaron lejos — confesaste fingiedo que no había sido tu culpa —. Querían desligarse de mi, no me van a buscar y menos cuando mi historial delictivo crece con cada día que pasa.
El hombre asintió lentamente sin alejar su mirada de tus pupilas. Con tono cuidadoso cuestionó lo que te negabas a decir.
— ¿Sucedió algo grave...? — tus ojos volvieron a él cuando tu pecho se apretó — Antes de que fueras transferida.
Removiste la comida mientras los recuerdos llegaban a tu cabeza causando que tu estómago se revolviera debido a la culpa.
— Arruiné una misión — tomaste un mechón de tu cabello comenzando a enredarlos en tus dedos para ignorar el pozo que comenzaba a formarse en tu pecho — el tema de mi transferencia estaba en un "veremos", pero yo lo oí y ninguno de ellos se negó. Estabamos por irnos para, ya sabes, invadir una aldea y eso... Yo estaba enojada y mi hermana lo notaba — tragaste con pesadez — No soporté que no me lo dijera, porque se supone que nunca nos ocultabamos nada. Así que cuando me dijo que debía dejar de actuar tan "yo" exploté.
Tus ojos se volvieron llorosos mientras la frustración volvía a ti.
— Está bien, Sam.
— Pensé- bueno, pensé que iba a decirme algo como "solo le sigo la corriente a papá" o algo por el estilo — sorbiendo tus mocos, tallando tus ojos con fuerza para desaparecer las lágrimas acumuladas — "creo que nos hará bien. Necesitamos un descanso la una de la otra" — una pequeña risa incrédula salió de tus labios — yo- creo que... Pensé que me estaban desechando al no ser como ellos querían que fuera.
— Estoy seguro que tu hermana no quería que lo tomaras de esa forma.
Te levantaste de la silla, revolviendo tu cabello con una sonrisa destrozada.
— No sé, yo-...No pensé en nada de lo que estaba haciendo. Entré a la aldea antes de tiempo y eso provocó que los nativos supieran que estábamos ahí, una flecha atravesó a alguien con un explosivo y la caja explotó — tragaste de forma pesada — lo último que vi fue a ella inconsciente con la mitad de su cuerpo quemado.
Escuchaste los pasos del científico, su voz no salió y cuando sus dedos tocaron tus hombros te giraste para dejar que te abrazara.
— Lo siento.
Tus manos se aferraron a tu propia ropa.
— Cuando desperté el señor me dijo que iba a ser transferida... No me miró a los ojos y tampoco me dijo nada de ella — te ahogaste con el horrible olor a cigarro en su camisa, tratando de ignorar el dolor — Todo este tiempo ha sido mi culpa hablando, cuando realmente hice hasta lo imposible para que me alejaran.
Su mano palmeó tu espalda con cuidado y cuando tu respiración se tranquilizó él volvió a hablar.
— Supongo que ahora seremos roomies.
Dejaste escapar una pequeña risa, alejándote de su agarre con una sonrisa avergonzada. Incómoda por volver a derrumbarte frente a él.
— Perdón por las molestias...
— Está bien, estoy acostumbrado a lidiar con niños — exclamó el hombre yendo a la mesa para recoger los platos.
Tus ojos miraron su espalda con atención mientras el recuerdo de aquel baúl lleno de recuerdos llegaba a tu memoria.
No ibas a preguntar.
Las personas deben contarlo cuando se sientan listas, simplemente... No pudiste evitar que la curiosidad llegara a ti. Te quedaste quieta en el mismo sitio, incómoda ante el silencio que comenzaba a rodearlos, así que decidiste huir lejos de él.
— Estaré en mi cuarto...
— Bien, yo te hablo para la comida.
Caminaste hacia la habitación dejando que la puerta se cerrara detrás tuyo, una vez que estabas sola y nadie podía verte te diste cuenta que estabas más tranquila, como si un enorme peso haya desaparecido de tu espalda.
Las cosas cambiaron demasiado después de ese día.
La convivencia entre ustedes dos fue... Diferente. Tan extraña y distinta que no podías evitar orbitar alrededor del hombre en busca de una interacción que normalmente jamás llegabas a tener. Porque era extraño, cualquier lo vería extraño.
Que te dejara dormir en su cuarto a pesar de que tú ya tenías el tuyo, que él se quedara toda la noche sentado en la silla a tu lado te parecía extraño, pero lo agradecías. Así que al día siguiente cuando terminaba de desayunar y volvía a su habitación hacías el menor ruido posible para que él pudiera dormir con tranquilidad.
Tu desconfianza desaparecía poco a poco y el aburrimiento que te causaba el encierro te hacía buscar cualquier forma de entretener tu hiperactividad y lo único que podías hacer era hablar con él.
— ¿Qué es lo que ves? — cuestionaste entrecerrando los ojos mientras observabas sus manos mover cuidadosamente el pequeño trozo de vidrio.
Norm no alejó sus ojos del microscopio.
— Solo estudio la fisonomía de las plantas.
— ¿Es un trabajo? — volviste a preguntar mientras tomabas un pequeño trozo de hoja — ¿Qué estás buscando?
El hombre escribió en la libreta que siempre mantenía a su lado a la hora de sentarse en la mesa.
— Es una forma de entretenerme. En todos los años que he vivido aquí nunca dejas de aprender —. explicó con tranquilidad.
Una mueca de fastidio apareció en tu rostro ante su nulo intento de seguir conversando, así que con aburrimiento caminaste por el laboratorio tocando cuanto botón encontraras, moviendo frascos y tomando plantas que había encima de las mesas. Tus dedos se entretuvieron con una tableta holografica leyendo cada párrafo de información en los archivos que habían guardados en ella.
Hasta que el sonido de llantos fuera de la habitación comenzaron a presentarse y te diste cuenta que el silencio estaba siendo demasiado para ti.
La necesidad de llenar cada rincón con sonidos llegó, pues tu memoria tiende a recordar cuando nada te distraía.
— ¿No te molesta el silencio? — preguntaste mientras buscabas algo para encender.
Norm ni siquiera alzó la vista.
— No, me ayuda a concentrarme. Necesito silencio para trabajar.
Frunciste tu ceño buscando con tu mirada cualquier cosa que te ayudara. Tus pies se movieron hacia uno de los monitores para comenzar a buscar algún reproductor de música.
Sonreíste victoriosa al ver una enorme lista con distintas canciones.
La música llenó el laboratorio y la persona que estaba concentrada en su trabajo soltó un suspiro ante tu desobedencia. Al girarte y dirigir tus ojos al científico te encontraste con su mirada agotada.
— ¿No está mejor? — sonreíste mirando a otro lado para ignorar el cansancio en sus facciones.
— Estás aburrida, ¿no es así?
Una mueca apareció en tu rostro al ser descubierta. Tu cuerpo se dejó caer contra la silla giratoria que había frente al escritorio y tu espalda se recargó mientras dejabas salir un suspiro.
— No tienes nada divertido que hacer aquí.
— Sabes que puedes salir a pasear, ¿No? — soltó mientras volvía su atención a lo que estudiaba.
Tus ojos lo miraron con incredulidad, dirigiendo la silla de ruedas hacia él con rapidez para quedarte a su lado y buscar su mirada.
— ¿Puedo salir? — preguntaste confundida.
Los movimientos del científico se detuvieron y sus ojos te miraron con extrañeza ante la cuestión.
— ¿Por qué no podrías salir?
Tus pupilas se desviaron solo un segundo para volver rápidamente a él.
— Porque- bueno, ¿me metí en problemas...?
Una de sus cejas se alzó mientras sus manos quitaron los guantes de látex y sus uñas rascaron su descuidada barba.
— Sam, tú- ¿te autocastigaste?
Tus ojos se abrieron con sorpresa ante el tono de su voz, la vergüenza comenzaba a llenar tu cabeza causando que tus orejas se sintieran calientes ante la verdad dicha en voz alta.
— ¿Qué? ¡no! — exclamaste avergonzada — Yo no. Solo pensé que así sería más- pendejo.
El científico soltó una carcajada y tú solo atinaste a encogerte de hombros con expresión malhumorada.
— Está bien, está bien — el hombre se levantó sacando de los cajones una tableta para entregártela — Hay juegos en esa, intenta entretenerte con uno.
Apretaste los dientes tomando el objeto de sus manos para después girar la silla y poder darle la espalda para no ver su estúpida sonrisa burlona.
— Ni que tuviera cinco años — murmuraste mientras buscabas uno de esos juegos para distraerte.
Aunque lograste entretenerte unas horas, poco después ya estabas girando en la silla mientras tarareabas la canción que había de fondo. Intentabas estar concentrada dando las comidas que pedían a los muñequitos del juego, sin embargo, Norm te interrumpió y tus pupilas fueron rápidamente a él.
— ¿Cómo vas con el idioma? — cuestionó Norm.
Te giraste en la silla, frunciendo el ceño ante la obvia respuesta a esa pregunta. No habías practicado nada, de hecho, podías decir que todo lo que habías aprendido se volvió borroso después de los acontecimientos.
Rascaste el costado de tu cabeza sin mirar al hombre quien seguía con sus pupilas atentas a tu persona.
— No he practicado nada, de todos modos, ya no hay nadie que me enseñe — restaste importancia jugueteando con tus dedos.
Norm suspiró levantándose de su silla para tomar el respaldo de la tuya y llevarte directo al escritorio. Sus dedos picaron la pantalla con tranquilidad y frente a ti un video comenzó a reproducirse donde un Norm joven y sin barba comenzaba a hablar a la cámara.
Te acercaste a la pantalla con una sonrisa divertida.
— ¿Qué es esto?
— Esto soy yo explicando el idioma. Pequeñas clases para cabezones como tú — lo miraste mal y él sonrió divertido — pon atención, al final te haré un examen.
El hombre caminó a una de las gavetas sacando una libreta y lápiz que tenía guardados.
— ¿Qué? ¿Cómo que examen?
Caminó de vuelta a ti mientras asentía, dejando los dos objetos enfrente tuyo.
— Si, debes seguir aprendiendo si vas a mantenerte aquí.
Frunciste el ceño mientras tu rostro se arrugaba en una mueca de fastidio ante la idea de aprender algo que podías perfectamente dejar de lado, porque querías convencerte de que ya no era necesario.
— Si no voy a salir no veo el caso de aprenderlo.
— Solo haz caso, Sam.
Estabas por quejarte, pero el pequeño y suave toque de una caricia en tu cabeza te hizo cerrar tu boca. Tus hombros se tensaron y tu mirada observó fijamente el escritorio mientras la mano de Norm revolvía tu cabello de forma juguetona. Su mano se retiró y sus pasos se alejaron de ti con andar tranquilo, de forma inconsciente buscaste su figura con tu mirada. Observaste su espalda alejarse y conforme tu nuca cosquilleaba tu mano tocó el lugar donde el fantasma de su tacto quedó.
Volviste a girarte poniendo atención al video mientras intentabas de forma torpe acomodar tu cabello. Quejándote en voz baja cuando los nudos entorpecieron tu trabajo, aún así lo no te detuviste porque estabas tratando de ignorar la calidez que comenzaba a llenar tu pecho al pensar en aquella pequeña acción.
Para Norm fue un cambio drástico en su vida, uno tan repentino e inesperado que al principio se sintió perdido.
Cuando Kiri llegó contigo en brazos lo primero que pensó fue que nuevamente te habías metido en problemas, al menos hasta que vio pequeñas señales que los demás parecían desear ignorar.
La hija de su amigo había dicho que te encontró en las profundidades del océano, en aquel lugar donde el árbol de los espíritus habitaba y sus palabras lo dejaron confundido, porque él recordaba con claridad que tú estabas aterrada del mar. No encontraba una razón lógica para que tú estuvieras ahí, sola. Al menos hasta que ellos llegaron y Ao'nung explicó que te había visto caminar borracha por la playa.
Después de aquellas palabras supo por qué al llegar de su pequeño viaje se encontró con un charco de tequila en el suelo, música resonando por el refugio y el olor a alcohol llenando cada rincón del lugar.
Pensó que sería un desliz, un pequeño tropiezo que parecías estar evitando todo este tiempo. Un problema que se arreglaría una vez que tú y Lo'ak hablaran.
No esperó verte con una expresión tan destrozada a las horas, encerrada en una de las habitaciones como si necesitarás respirar. Norm no evitó que lo hicieras, porque de alguna forma eso le recordó al pasado y sabía que a veces solo necesitabas estar a solas para poder procesar lo que ocurría a tu alrededor.
Fue a los tres días donde seguiste encerrada que se preocupó, sin embargo, no hizo nada. En cambio, abrió las gavetas y sacó todas las botellas de alcohol dejando que estas se fueran por la rejilla de la regadera.
Sabe que el duelo a veces trae adicciones a las cuales te aferras y es difícil salir de ellas. Se rindió al quinto día, cuando recordó que si alguien no bebía agua podía morir y al abrir la puerta sintió su estómago resolverse.
Era como ver un espejo y en él se veía un reflejo que deseaba ignorar.
Fueron los días más frustrantes de su vida, pues soportó tu terquedad, groserías y pelea con tal de obligarte a vivir.
Norm tuvo que tragarse muchas veces su enojo debido a tu actitud solo porque cuando prestaba atención a tus pupilas podía ver la enorme tristeza y soledad que te abrumaba. En medio del silencio, cuando fingías comer, podía ver cómo te estabas dejando arrastrar por la depresión, como te habías rendido con todo y todo porque simplemente ustedes dos se habían alejado.
Aunque él l también tenía un límite y el que tú te metieras en problemas peleando contra el hijo del líder sobrepasó su paciencia. Estaba por pedirte que te fueras, porque a pesar de que se sentía mal verte en ese estado tampoco tenía por qué soportarlo y ahí fue cuando te derrumbaste.
Te vio llorar y caerte a pedazos en cuestión de segundos.
Te abrazó, porque él sabía lo que era sentirse solo y creer que ya nada valía la pena. Tus manos se aferradon a él, cual grito silencioso que suplicaba el que no te deje sola y Norm maldice su débil corazón por el llanto de alguien tan roto.
Esa misma noche cuando pediste dormir con él fue un puñal a su corazón, porque lo único que pudo ver fue la imagen de ella.
Esa noche no durmió pues estaba tan inmerso en la tarea de tomar tu mano para alejar tu llanto que el sueño se escapó de entre sus dedos, porque estas acciones lo llevaban al pasado que tanto le dolía recordar.
Después de ese día, comenzaste a seguirlo cual cachorro perdido. Al principio, te veías incómoda al iniciar una conversación, sin embargo, pronto te acostumbraste y de forma repentina ya estaba conviviendo con una Sam parlanchina, una que lo seguía por todas partes mientras tocaba todo lo que le daba curiosidad. Pero aún estaba la tristeza, pues cuando tú dejabas de hablar él era capaz de notar cómo tus iris se perdían en la nada y el aura de melancolía te rodeaba en segundos.
Él sabía que en esos momentos recordabas a Lo'ak.
La forma en que extrañabas su presencia, la necesidad que tenías de llenar el vacío de su compañía con Norm. No te culpaba, pues sabía que no había sido facil para ninguno de los dos y a pesar de que en Lo'ak era más visible el trauma, si ponías la suficiente atención a los detalles de tus actitudes podías ser capaz de ver que tú no estabas tan sana como querías hacer creer.
Y ahí estabas, caminando hacia él con pasos perezosos, mientras tallabas con el dorso de tus manos tus ojos y de tu boca escapaba un bostezo debido al enorme sueño que acarreaste por todos estos días.
Ni siquiera notó que no estabas durmiendo, si, se te veía agotada, pero el pensaba que simplemente era cansancio mental por las difícil situación que habías tenido con Lo'ak.
— Buenos días... — murmuraste sentándote con torpeza.
Sus ojos miraron tu figura y no pudo evitar sonreír al ver la maraña de cabello que tenías.
Dejó un plato de comida frente a ti, como todos los días hacía y a los minutos de comenzar a desayunar tú despertaste por completo. Comenzando a hablar de cualquier cosa que llegara a tu cabeza, moviéndote sin parar en la silla, jugueteando con el tenedor, moviendo la taza de un lado a otro y Norm comenzó a ver por qué Lo'ak se aferró tanto a ti.
Cuando te sentías en confianza eras tan normal y alegre que era imposible seguirte.
Seguro para alguien con el problema de Lo'ak fuiste una luz bajada del cielo para consolarlo en medio de todo su sufrimiento. Por eso mismo, se sentía raro ver cómo de repente la tristeza llegaba intentando hundirte.
— Hoy vamos a salir — exclamó mientras ponía una tableta frente a ti, comenzando a reproducir un video donde salía él mismo dando clases del idioma na'vi.
Lo miraste con una ceja alzada, bebiendo de la taza de café para comenzar a desviar tus pupilas al video, distrayéndote con facilidad.
— ¿A dónde vamos? — preguntaste metiendo el tenedor a tu boca.
— Solo vamos a pasear, el sol debe darte por lo menos un día. Llevas más de dos semanas encerrada aquí y comienzas a volverme loco.
Fingiste estar ofendida.
— Si, claro. Yo traigo vida a este lúgubre lugar.
Norm retuvo una pequeña risa, sorbiendo su propio café para mirarte con atención.
— ¿Cómo vas con el idioma? — cuestionó sonriendo después de ver cómo tus hombros se tensaban y tu mirada se forzó a quedarse atenta al video — cuando lleguemos te haré un examen.
Hiciste una mueca ante sus palabras.
— Ya no estoy en la escuela para vivir esto de nuevo — te quejaste con fastidio.
— Te daré un chocolate si lo apruebas.
Lo miraste ofendida.
— Creo que prefiero cuando me tratas como una niña y no como un perro.
Sonrió con diversión.
— Termina de comer, Sam.
Hiciste una pedorreta con tu boca obedeciendo sin volver a hablar en el desayuno, prestando atención al video mientras tarareabas y comías con tranquilidad.
Después de mirarte con atención, Norm podía decir que al fin te veías diferente a el primer día en el que te conoció.
Recuerda conocerte agotada, enormes ojeras en tu rostro, cuerpo delgado por falta de alimento, ojos abiertos con alerta, heridas recientes por todo tu cuerpo, hombros tensos en cada momento que alguien se acercaba y esa mirada llena de desconfianza a todo lo que estaba a tu alrededor.
Eras una persona que vivía en constante estado de alerta y no se permitía bajar la guardia a pesar de que ya estaba en un lugar seguro.
Aún había cicatrices que podía ver con claridad.
Como aquella enorme y deforme cicatriz que decoraba tu hombro, tenía bordes hundidos e irregulares y coloreada de un tono más oscuro a tu piel. Una marca que dejaba ver que el camino a este lugar no había sido facil, ni para ti, ni para el hijo de su mejor amigo.
A veces...
A veces se cuestionaba si ellas habían pasado por lo mismo que Lo'ak y eso le traía pesadillas que lo volvían miserable.
Cree que su desesperación y culpa le hace ver cosas que no están ahí, pero la incertidumbre lo mataba y al no tener un cierre miles de posibilidades estaban abiertas y eso le dolía... Le dolía no saber qué sucedió con ellas.
"Papá"
Las extrañaba tanto, que a veces tenía la necesidad de volver a transferir su alma a su avatar y conectarse al árbol de los espíritus para saber si algo había cambiado.
"Papá"
Deseaba poder volver abrazarlas y verlas por una última vez.
— Norm.
Sus ojos parpadearon con rapidez y la imagen de sus enormes ojos dorados se esfumó en segundos ante el distinto tono de tu voz.
— ¿Qué? — preguntó intentando desaparecer el nudo de su garganta.
— No estás comiendo, se va a enfriar — señalaste con el dedo su plato. Habías puesto pausa al video y Norm solo atinó a asentir.
No debía agobiarse con cosas del pasado.
— No importa si alargas la hora de desayuno, vas a hacer el examen.
Dejaste escapar un suspiro dramático y él pudo olvidar la tristeza y distraerse con la diversión que le brindaba tus sobrereacciones.
Cuando el aire volvió a tocar tu piel tu cuerpo se estremeció al frío que los árboles emanaban, tu brazos te rodearon de forma inconsciente tratando de ignorar el escalofrío de tu cuerpo mientras mirabas a tu alrededor. No pudiste evitar buscar la figura de alguien oculto entre la flora del lugar, con una tonta ilusión de mirar otra vez sus iris dorados, su mirada llena de cariño, la confianza que su cuerpo te demostraba.
Tu ceño se frunció al sentir como un dolor sofocante iba extendiéndose por tu pecho ante el recuerdo.
Miraste la espalda de Norm en busca de distracción.
El hombre pasó por tu lado, ajeno a lo que ocurría en tu cabeza y así fue como comenzaste a caminar detrás de él, con los oídos alerta a cualquier sonido extraño que pudieras percibir.
El silencio de la selva no ayudaba a distraerte, en cambio te llevaba a aquellos momentos donde solo tú y él existían. El sonido de las olas rompiendo a la lejanía y el constante movimientos de las hojas chocando unas con las otras te recordaba a la absurda promesa que se habían jurado, al lejano sueño que alguna vez imaginaron. Un hogar que compartiera los gustos de ambos, en el bosque para que tú estuvieras tranquila, pero cerca del mar para que él pudiera ser libre.
El fantasma de su persona era una constante presencia a tu lado, un anhelo que no podías evitar proclamar. A veces podías ver la espalda de Lo'ak en lugar de la del científico y eso quemaba, porque cuando eras capaz de volver a la realidad tu pecho se apretaba al recordar su separación.
— No sabía que eras de los que daban paseos — iniciaste una conversación para poder olvidar.
— No lo soy, prefiero estar encerrado.
Frunciste el ceño tocando las plantas que había a tus costados para entretener a tu cabeza.
— El Norm de lo videos siempre está mencionando anécdotas de sus exploraciones...
Los pasos del científico se detuvieron solo por unos pequeños segundos y su mirada cansada se encontró con tus pupilas. Por un instante, fuiste capaz de ver lo que tantas veces viste en el reflejo de los espejos de tu habitación.
— Ese Norm era joven —. Señaló con ojos agotados — Ahora soy viejo y prefiero fumarme un cigarro mientras veo plantas que otros encuentran.
Frunciste tu ceño ante sus palabras, asintiendo mientras ponías tu atención a lejanía, allá donde podías percibir una mirada de la cual no estabas segura cómo describir.
— Eso no parece divertido — soltaste volviendo tu atención a él — en todo este tiempo, ¿no te has aburrido de tu rutina?
Guardó silencio por unos segundos, girándose para darte la espalda y tomar una foto a una flor que crecía en el tronco del árbol que estaba detrás suyo.
— No. Cuando encuentras una rutina que te gusta no te aburre — sus ojos te miraron y tú erguiste tu espalda al ver sus párpados entrecerrados — Deberías buscar un pasatiempo, estoy seguro que así te aburrirás menos.
Alzaste los hombros restándole importancia, al menos hasta que una idea iluminó tus cabeza y tus ojos brillaron con emoción ante la idea.
— Antes me entretenía limpiando mi arma.
— No te voy a dar un arma — negó con rapidez, sin siquiera darte una pequeña mirada.
Te desinflaste con decepción observando al suelo para patear una pequeña roca que que estaba frente a tus pies.
— Entonces no quiero nada.
— Puedes hacerlas, claro, no serán humanas. Sino las que los nativos usan — sus iris cafés volvieron a mirarte y su expresión tranquila causó cosquilleos en las palmas de tus manos — puedo enseñarte a hacerlas si quieres.
Te pusiste a su lado con interés.
— ¿Una de ellas puede disparar proyectiles y atravesar cráneos de gente?
Norm te miró sin expresión, sus labios estaban sellados en una línea fina y bajo tus ojos expectantes exclamó.
— No.
— Aish.
— Bueno, una alternativa pueden ser un arco, no dispararás balas, pero tendrás un arma de largo alcance — tu expresión poco convencida lo hizo suspirar — cuchillos, lanzas, mazos. No solo debes defenderte con un arma de fuego, ¿Sabes?
Rodaste los ojos, recordando cuántas veces pudiste evitarte problemas si hubieras tenido un arma pesada y conocida en tus manos.
— Bueno, la RDA tiene mucha más ventaja en ese aspecto. ¿Una flecha contra una bala? Me van a destrozar.
Él sonrió con estimo, revolviendo tu cabello con toques suaves provocando que tus hombros se tensaran ante el repentino toque.
— Si te haces bueno manejando algo, no importa que la gente tenga ventajas — tus pupilas lo miraron engrandecidas, mientras tratabas de ignorar la calidez que aún había en lugar que él había tocado — La mamá de Lo'ak acabó con varios soldados con un arco y flechas, no necesitó más.
Tus hombros se tensaron ante la mención de su nombre y tu mirada que estaba atenta a él vislumbró por un momento las facciones de aquel que te abandonó hace días. La repentina imagen frente a ti te tomó desprevenida y de forma inconsciente diste un paso hacia atrás, alejándote de él para no ver sus facciones dolidas por tus palabras.
Lo'ak desapareció tan pronto como llegó y frente a ti había un Norm con expresión preocupada.
— Perdón, no quería mencionarlo.
Tus manos se ocultaron detrás de tu espalda y tu rostro se giró a otro lado para comenzar a avanzar hacia ese lugar.
— Está bien, da igual. Entonces, ¿me vas a enseñar a hacer un arma?
Sus pasos no tardaron en alcanzarte y cuando estaba a tu lado el hombre asintió.
— Si, vamos a recoger los materiales. Tienes que encontrar el colmillo de algún animal o un cristal de rio muy afilado.
Tus ojos lo miraron con confusión, mientras tus manos apuntaban a tu alrededor llenó de vegetación por todas partes.
— ¿Cómo se supone que encuente un colmillo de animal?
— Bueno, esto es lo divertido de Pandora — puso su mano en tu hombro, dando ligeras palmadas en él con una sonrisa burlona — Explorar.
Frunciste tu ceño con confusión, siguiéndolo con sospecha ante el repentino cambio de actitud.
— Dijiste que ya no te agradaba pasear — le recordaste con seriedad, casi incrédula ante las palabras que salieron de su boca.
Norm sonrió sin mirarte, observando su alrededor con el cansancio reflejado en sus pupilas.
— Si, pero siempre es agradable ver a alguien nuevo disfrutar con ojos brillantes lo desconocido. Llevo años viviendo aquí, así que pocas cosas me emocionan — sus iris cafés te miraron con serenidad — ¿Alguna vez te diste la oportunidad de disfrutar tu alrededor, Sam? — te cuestionó con una sonrisa — no buscando una amenaza o cumplir una misión, sino disfrutar de lo que esta tierra te entrega.
Su cuerpo se adentró al follaje alto y de ellos criaturas brillantes salieron volando cual juguetes de tu infancia. Giraron alejándose de ustedes dos mientras pequeñas partículas amarillas las acompañaban recordándote a las luciérnagas de la tierra.
Tus pupilas miraron con atención los animales que se elevaban y después volviste a mirar a Norm quien seguía sonriendo en tu dirección, pues a pesar de que no querías demostrarlo pudo notar el brillo que aparecía en los ojos de las personas al ver algo nuevo y fascinante.
— Solo son animales — murmuraste caminando hacia él mientras mirabas el follaje alto a tu alrededor buscando más de los animales que habían huído despavoridos.
Se acercó a ti tomando tus hombros para llevarte mucho más adentro de la selva.
— Deja de ver a tu alrededor como un soldado — ibas a refutar, sin embargo, su mano volvió a tu cabeza y aquella acción desapareció cualquier palabra que querías dejar salir — nadie va regañarte por disfrutar de tu alrededor.
Tomó tu mano con suavidad y con cuidado la llevó a un capullo brillante que con un pequeño toque se expandió dejando ver en su interior una brillante flor rosa que te saludaba con su esplendor, dejando salir esporas azules que desaparecían con el viento.
— Te diré qué puedes tocar y qué no.
Sonreíste ante sus palabras, acomodando los mechones de tu cabello que habían caído frente tu cara gracias a su toque. Sus palabras fueron un permiso que no dudaste tomar y conforme te asegurabas que eran ciertas y no te decía nada por tocar ciertas cosas comenzaste a picar cuanta planta estuviera frente a ti, obteniedo distintas reacciones. También pudiste darte cuenta que Pandora era el hogar de los insectos, pues a donde miraras podías encontrar alguno de ellos escondiéndose y a pesar de que Norm no especificó si solo se refería a las plantas te tomaste el atrevimiento de también tocar los insectos, al menos a los que a tu vista te parecían inofensivos.
— Oye, ¿puedo tocar este insecto? — tus manos lo tomaron sin esperar respuesta y cuando este comenzó a subir por tu brazo Norm lo quitó con cuidado de encima tuyo.
Lo dejó en el suelo y sus ojos te miraron abiertos, asustados mientras revisaba tu brazo con fingida calma.
— Está bien, no puedes tomar todo lo que te interese eso- si eso te picaba ahora mismo estarías paralizada —. tomó la tableta que había traído consigo para fotografiar al animal que se alejaba lentamente para seguir con su camino — Vamos, te haré preguntas en na'vi por el camino, ¿bien?
Soltaste un suspiro agotado.
— Este es mi castigo medieval.
Norm te contó acerca de cada criatura que encontraba, te informaba de las plantas y te dejaba tocarlas para ver sus esporádicas reacciones. Tus pupilas miraron cada árbol, cada paso que dabas, cada luz que salía de los rincones más extraños de la selva. Respondías a las preguntas de Norm y escuchabas con atención las palabras que salían de su boca, pues crees que es la primera vez que puedes ver entusiasmo en sus acciones y entender el idioma por completo.
Al parecer fue sincero cuando te dijo que le gustaba ver las reacciones de la gente que comenzaba a conocer algo nuevo o simplemente su vocación era ser maestro y él ni siquiera se había dado cuenta.
— Haremos tu cuchillo con un cristal de río, ya que encontrar el diente de un animal toma mucho tiempo.
— ¿Hay un río cerca? — preguntaste acariciando la curva de una extraña planta que parecía un gusano saliendo del suelo.
— Si, cuando recién llegué a este lugar me tomé el tiempo de explorar y conocer los alrededores.
Sonreíste divertida, tocando con tu hombro su brazo distrayéndolo de la foto que intentaba tomar.
— Pero ya no eres fan de los paseos, ¿no?
Alzó los hombros, rascando su nuca para después fotografiar al insecto que caminaba por enfrente de ustedes con calma.
— Tardaremos en llegar al río si sigues tomando fotos a todo lo que encuentras.
— Aún debes de tomar más material, no solo la punta del cuchillo. Debes hacer el mango de este, busca trozos de madera, raíces fuertes y si quieres decorarlo también sería bueno agregar alguna piedra de tu agrado. No tenemos cuero, pero si en algún momento logramos encontrar puedes forrar la agarradera con eso.
Asentiste, comenzando a jalar una delgada raíz que sobresalía de la tierra. Tus dos manos rasparon y cuando echaste tu cuerpo hacia atrás esta salió con brusquedad haciéndote golpear el suelo.
— Ay.
Norm rió mirándote desde arriba sin poder desaparecer la sonrisa divertida de su rostro.
— ¿Es cómodo el suelo?
Le lanzaste la raíz a la cara con fingida molestia.
— No me parece gracioso.
Desde tu lugar recostada en el suelo fuiste capaz de notar el pequeño cambio de su mirada.
Un apenas perceptible rastro de melancolía invadió sus pupilas y en medio del silencio lograste divisar la pequeña sonrisa cariñosa que te estaba entregando. Tus manos cosquillearon mientras el recuerdo de su caricia en tu cabeza llegaba en un instante, al cuál fuiste incapaz de ignorar.
El hombre desvió su mirada, carraspeando su garganta para darte la espalda y evitar que vieras más de él.
— Levántate, se te van a subir los insectos.
Frunciste tu ceño ante el repentino cambio de actitud. Tus pupilas miraron su espalda intentando encontrar una respuesta, sin embargo, él comenzó a avanzar y tú te levantaste con rapidez para seguirlo de cerca.
Cuando llegaron al pequeño río que él había mencionado no dudaste ni un segundo en acercarte al ver cada piedra luminosa que hacía brillar el fondo de este mismo. Tus dedos tocaron los critales con curiosidad y cuando los peces que contrastaban con los tonos azulados de las rocas nadaban con tranquilidad a pesar de tener tu mano cerca de ellos, decidiste meterte. Tus dedos desabrocharon las agujetas de tus botas, las retiraste junto con las calcetas y finalmente tus pies se remojaron en el agua, sorprendiéndote de la calidez que emanaba a pesar de estar oculta del sol gracias a los árboles.
— El agua está caliente — señalaste girándote a mirarlo.
El científico asintió, acercándose a ti sin despegar su vista de los pequeños peces que nadaban alrededor de tus pies.
— Los cristales irradian calor, aún no somos capaces de saber el por qué, pero lo hacen — Sus manos te entregaron una roca y tú la tomaste con confusión — Golpea uno de los cristales, el que más te guste. Con eso puedes armar tu cuchillo.
Buscaste a tu alrededor encontrando un enorme cristal en punta que te saludaba cual luz brillante a una polilla.
— ¿Puedo tomar varios? — cuestionaste al ver otro cristal de distinto color que también había llamado tu atención.
Norm soltó un suspiro, provocando que lo miraras y te encontraras con una negación de su cabeza.
— Solo debes tomar lo necesario de la madre Eywa, no más.
Apretaste los labios, sin estar satisfecha con su respuesta.
— Bueno, si se me pierde tendré otro de repuesto.
— Sam.
Hiciste una pedorreta golpeando el cristal con fuerza varias veces hasta que este se quebró. Tomaste todos lo trozos y te atreviste a tomar otros que ya estaban sueltos solo porque si, cuando ibas a regresarte miraste una enorme criatura parecida a un bagre nadando por tu lado, provocando que tu cuerpo se tensara y tus ojos miraran fijamentte los patrones azules oscuros en el lomo de la criatura, pidiendo en tu cabeza que no se girara y te ataque cuando no tenías un arma de fuego para defenderte.
— Em... ¿Norm? — llamaste esperando a que el científico se le ocurriera algo.
— Qué suce- No te muevas — el científico se movió con sumo cuidado mientras que tu piel se erizaba al oír su tono preocupado — No son peligrosas, solo... Muy asustadizo y se camuflajean con los colores de su alrededor.
Frunciste tu ceño alzando la mirada para ver cómo este comenzaba a tomar fotos con absoluta concentración.
Hijo de-
La criatura se fue y tú miraste a Norm quien observaba con una sonrisa satisfecha las fotografías que había tomado. Tus manos guardaron los cristales en tus bolsillos y sin dudarlo le lanzaste agua empapando su camisa y máscara.
— Pero- voy a asumir que eso fue un accidente y no a propósito — exclamó guardando la tableta para poder exprimir su camisa. Tú comenzaste a caminar a la orilla, lista para salir del río.
— No me uses de cebo para tus fotos — demandaste con una mirada de advertencia.
El hombre sonrió con aparente tranquilidad, asintiendo mientras se metía al río. Tus cejas se alzaron viendo como dejaba el morral , donde cargaba sus cosas, en el césped. Se giró de nuevo y cuando su expresión no cambió diste pasos hacia atras.
— ¡Espera, espera, este es mi último cambio! — exclamaste al ver cómo comenzaba a lanzarte agua de la misma forma que tú lo hiciste.
Corriste de un lado a otro tratando de esquivar el agua de forma inútil y cuando resbalaste gracias a tus pies descalzos dejaste de huir y esta vez perseguirlo para empaparlo.
Te recordaba tanto a los momentos que viviste con Lo'ak, que deseabas poder quedarte en esos instantes solo un poco más, ahogándote en las memorias de alguien que ya no estaba a tu lado.
Volvieron empapados al refugio.
El frío del aire implementado en el lugar te hizo titiritar y Norm, quien se abrazaba a sí mismo dejó todas las frutas que recogieron por el camino encima de la mesa que había en la pequeña cocina.
— Báñate rápido, no quiero enfermarme — te pidió mientras encendía la estufa.
— ¿De quien es la culpa? — le recordaste con fingida molestia, dirigiendo tus pasos de forma obediente al baño.
— Si, si. Solo ve o te haré regresar todos los cristales que tomaste de más.
Alzaste las cejas al ser descubierta y Norm soltó una pequeña risa al verte huir con rapidez al baño mientras tratabas de evitar resbalarte por el suelo liso.
Norm sabe cuando estás dormida, pues en todas las noches que cuidó tu descanso logró notar que tus cejas se contorsionaban, probablemente a pesadillas que la noche te brindaba. Había aprendido que para relajarte una de sus mano debía tomar la tuya y la otra dar pequeñas caricias en tu cabeza.
A veces llegaban unas inmensas ganas de llorar al verla reflejada en ti. Había pequeñas acciones y similitudes que se clavaban en su pecho y provocan que la melancolía llegue de forma abrumante. Como en esta tarde, cuando caíste al suelo por jalar una raíz, la misma situación ocurrió con ella y obtuvo la misma respuesta cuando él se burló.
Por un momento pensó que se quebraría ahí en el bosque, porque la que vio en el suelo no eras tú. Sino ella con sus enormes ojos dorados mirándolo con fingida molestia.
Norm podía pasar toda la noche recordándola. No importa que su espalda doliera, que su cuerpo estuviera agotado, que su hábito de sueño cada vez fuera más horrible. Solo deseaba pasar unos segundos con ella y mimarla tanto como lo hizo en el pasado. No le importaba estarse destruyendo físicamente por las noches, con tal de fingir que ella estaba ahí después de tanto tiempo.
Cuando despertabas Norm ya no estaba sentado en esa silla, sino en la cocina preparando el desayuno para ambos, por lo que fue extraño no verlo ahí y eso te hizo sentir sola. Estaban manteniendo una rutina de forma tan constante que tener un cambio repentino en ella se sentía... Irreal o tal vez solo era tu necesidad de estar acompañada de alguien después de su partida.
Soltaste un suspiro tomando el pequeño post-it en el plato de comida cubierto por otro plato.
"Fui a la base, no tardaré"
Y a la vuelta escrito un "bañate" con letras en mayúsculas haciéndote sonreír.
Te sentaste en la silla comenzando a comer en silencio mientras intentabas ignorar el recuerdo del na'vi que siempre estaba rondando en las oscuras profundidades de tu cabeza cuando el silencio llenaba el ambiente. Su presencia volvió a merodear a tu alrededor en cuestión de minutos, cual oscuridad que te abrazaba y te forzaba a recordarlo, a extrañarlo... A desear tenerlo a tu lado para volver a sentir tranquilidad y tener un propósito para seguir adelante.
A veces, por las noches cuando se supone debías estar dormida mirabas a Norm descansando a tu lado deseando solo por unos segundos que fuera aquel na'vi que habías aceptado la separación. De forma vergonzosa te aferrabas a su mano con fuerza y obligabas a tu cabeza a fingir que era él. Tu tacto comenzaba a asentir las cicatrices que no estaban ahí, tu nariz comenzaba a a percibir ese aroma peculiar a mar y melancolía que siempre parecía estar encima suyo y cuando la calidez de su cuerpo te rodeaba, era cuando finalmente el sueño te invadía, pues sentir que él estaba a tu lado te llenaba de paz y esa paz traía consigo una suave melodía y las caricias que siempre te consolaban cuando los recuerdos dolorosos llegaban.
Esta vez su memoria no te estaba ayudando a relajarte, sino que te hundía conforme los segundos pasaban, pues el dolor en tu pecho comenzaba a crecer ante el recuerdo de sus palabras, ante la repetición de las tuyas, ante el improbable perdón.
Te levantaste de la silla con manos temblorosas, caminando al laboratorio para comenzar a encender todos los aparatos y desaparecer el silencio. La música resonó por todo el lugar y aún así él seguía invadiendo todas tus memorias.
Encendiste la radio llena de calcomanias, dejaste reproducirse un video en el computador de una señora hablando de los na'vi, activaste el holograma en el panel de control y finalmente tomaste la tableta para poner una clase de Norm acerca del idioma na'vi.
Te sentaste en la silla giratoria inhalando y exhalando para tranquilizarte a ti misma y funcionó.
Poco a poco el sentir de que te estabas ahogando desapareció.
No sabes realmente cuánto tiempo estuviste ahí sin moverte, sin embargo, sabes que había pasado un largo rato cuando el sonido de una risa infantil llegó a tus oídos. Tu rostro se giró lentamente observando la pantalla de la supuesta computadora donde el video de una na'vi de aspecto juvenil reía saltando en su sitio con emoción.
" ¿Quién cumple años hoy? " canturreó una voz masculina.
" ¡Yo, yo! ¡yo lo hago, papi!"
Tus manos tomaron los bordes de la mesa y con suavidad jalaste tu propio cuerpo más cerca del escritorio, mirando con atención el video.
La niña había comenzado a jalar la mano de quien grababa.
"Alguien está emocionada"
" Dijiste que cuando cumpliera diez años podría tenerlo"
"¿Yo dije eso?"
La chiquilla miró con boca abierta a la cámara, giró su cuerpo mientras golpeaba el suelo con su pie para expresar su molestia.
" ¡Mama!, ¡papá olvidó su promesa! "
Tus manos abrazaron tus piernas y tu mentón se recargó encima de tus rodillas sin poder apartar la mirada del video.
Como la niña estaba de espaldas el hombre aprovechó para poner en primer plano un regalo envuelto y cuando finalmente ella volvió a girarse sus ojos se abrieron con emoción mientras una enorme sonrisa de felicidad invadía su rostro.
" Taran~"
" ¡No lo olvidaste, no lo olvidaste!"
El plano del video cambió y esta vez Norm en su forma de avatar también apareció. La familia se sentó junta observando cómo abría el regalo y debajo de la envoltura una radio que era igual a la que habías encendido apareció. La niña saltó emocionada, abrazando al científico quien no dudó en devolver el abrazo, acompañando el momento con un amoroso beso en la frente de la niña quien sonrió en grande ante la muestra de cariño. Los dedos del hombre peinaron el cabello de su hija con suavidad y lo siguiente que ocurrió fue la familia disfrutando de la música, conversando y cantando feliz cumpleaños con un pastel improvisado.
De seguro Norm había dicho que en la tierra así se festejaban los cumpleaños.
Fuiste incapaz de dejar de ver.
Los videos se reproducían uno detrás de otro. Días cotidianos, días festivos, pero todo giraba en torno a la pequeña familia de Norm. En todos los videos aquella hiperactiva infante era la protagonista y te diste cuenta que Norm adoraba a su hija.
Te detuviste cuando en uno de esos videos la familia Sully apareció. Tu pequeña burbuja de calidez desapareció, dejando el dolor. Así que huiste cual pequeña cobarde al ver solo por un segundo la imagen de un Lo'ak infante. Para tu suerte, cerrar esa pestaña con rapidez te hizo abrir otra llena de archivos multimedia y cuando te metiste te diste cuenta de que eran películas.
Clickeaste varias de ellas, encontrándote con cientos de películas animadas.
Ah, Norm se merece el cielo.
Cuando Norm volvió de la base ya había anochecido.
Sus ojos fueron a la mesa, donde ya no había ningún plato de comida. Su andar fue directo a donde provenía el sonido sintiendo su corazón acelerarse cuando melodías conocidas llegaron a sus oídos causando que la imagen de ella apareciera de forma repentina.
Sus pasos comenzaron a sentirse ligeros y el peso de la caja que llevaba desaparecía conforme se acercaba. Su mano fue escaneada y la puerta se abrió en un instante dejando que la música acariciara sus oídos. Sus pupilas fueron al escritorio encontrando por unos instantes la flor que perdió hace tiempo.
— Hola, Norm.
Tu imagen volvió y a pesar de que no eras ella aún podía sentir la calidez en su pecho al ser recibido.
— Tú... ¿Qué estás haciendo?
Sonreíste apuntando al holograma frente a ti.
— Veo Valiente — señalaste sin más — No sabía que estabas obsesionado con Disney, creo que he visto cinco pelis en todo el día.
Sus pasos apenas hicieron ruido al caminar hacia a ti. Dejó la caja en el escritorio, mirando todos los post-it y hojas de cuaderno esparcidos en este mismo.
Él no recuerda haberte dado esas cosas, por lo que debía asumir que estuviste revisando sus cajones.
— Dime que esa no es mi libreta.
Tus ojos se desviaron unos segundos a donde miraba fingiendo una sonrisa de inocencia mientras volvías a encontrarte con sus iris.
— No es tu libreta. Al menos no de las que usas ahora mismo.
Soltó un suspiro intentando desaparecer el estrés mientras masajeaba su sien, al menos hasta que prestó atención a cada cosa dibujada en los papeles. Sus manos tomaron una hoja, observando con atención el dibujo de un oso, más en específico, Mordu.
— No sabía que dibujabas.
Alzaste los hombros restándole importancia mientras pegabas otro post-it en la pared. Ah, ni siquiera había notado todos los pedazos de papeles amarillos pegados a su pared blanca.
— Las clases eran aburridas cuando no había entrenamiento de por medio, así que buscaba cualquier cosa para entretenerme — te levantaste con curiosidad, acercándote a la caja que había traído consigo — ¿Qué es esto?
— Ah, si. Te traje cosas de la base, aunque de haber sabido que te acabarías todos mis post-it debí traer más cosas.
Lo miraste mal ante sus quejas, abriendo la caja sin dudarlo para saciar tu curiosidad. De todos modos, él ya había dicho que eran cosas para ti.
Sacaste ropa, sandalías, mantas, juegos de mesa, una sudadera, un paquete de donas para el cabello, un cepillo, libro de sopa de letras, lápices.
— ¿Por qué un libro de sopa de letras? — cuestionaste comenzando a hojearlo.
— Pasatiempos, ¿lo olvidas?
Levantaste las ligas sin expresión en tu rostro.
— ¿Qué me estás tratando de decir?
— Que tienes un nido de ratas en la cabeza.
Reíste por su sinceridad pasando una mano por tu cabello y de forma habitual, tus dedos se atoraron en los enormes nudos que se escondían entre tu cabellera.
— Prefiero cortarlo, esto no tiene reparación — admitiste comenzando a separar con brusquedad los mechones enredados —. Puedo cortarlos con unas tijeras ahora mismo.
Sus manos tomaron tu muñeca con una mueca que reflejaba dolor ajeno ante tus acciones.
— Si lo cepillaras no aparecerían nudos — sus manos dejaron ir tu muñeca y con serenidad apuntó a la silla – siéntate y espera unos segundos.
Frunciste el ceño, observándolo salir de la habitación con pasos relajados. Hiciste caso a sus palabras volviendo tu atención a la película que ya estaba por terminar, te balanceaste de un lado a otro fingiendo paciencia mientras comenzabas a dibujar en otro hoja de la libreta para ignorar tu necesidad de ir a buscarlo, ahora que sabías que él estaba en el refugio.
Un trasto con agua se colocó justo frente a ti encima del escritorio, a su lado, una pequeña botella de crema para el cabello. Miraste detrás tuyo observando al hombre con el cepillo que te había traído en mano.
— Girate y quédate derecha.
Tus pupilas pasaron del cepillo a su rostro y de su rostro al cepillo. Comenzando a sentir nervios ante la comprensión de lo que quería hacer, tus manos se aferrron a tus piernas tratando de ignorar el sudor que comenzaban a soltar. Por supuesto, Norm fue capaz de ver la duda en tu rostro, así que no te sorprendió cuando volvió a hablar.
— Prometo no jalarte fuerte, seré lo más cuidadoso posible.
La paciencia que emaban sus iris provocó que tu estómago se sintiera extraño, tal como si se revolviera de una forma indolora.
Tragaste con pesadez mientras te girabas lentamente con tu cuerpo aún tenso, debido a sus repentinas acciones.
Sentiste sus manos tomar tu cabello con suavidad, sus dedos se mojaron en el agua que había en el cuenco frente a ti, para mojar tu cabello y provocar que este se volviera poco a poco más pesado. Sus manos tomaron el bote de crema que había traído y después de escuchar cómo apretaba el pequeño bote comenzó a frotarlo con cuidado entre los mechones de tu cabello. Sus dedos se metían entre tus hebras y cuando estos mismos se atoraban en los nudos, Norm se tomaba el tiempo para separar cabello por cabello.
No jaló, no gritó, no habló, solo actuó con paciencia con tu cabello hasta deshacer cada enredo con sumo cuidado.
Cepilló desde las raíz hasta las puntas, pasando con delicadeza el peine. El contacto de sus dedos contra tu nuca te relajó después de minutos y tus ojos intentaron ver su reflejo a través del holograma frente a ti, sin éxito alguno, Así que solo pudiste concentrarte en la calidez que sus manos emanaban, causando un cosquilleo en tu pecho. Tu cuerpo comenzó a sentirse adormilado mientras el tarareo de tu hermana comenzaba a hacer acto de presencia poco a poco.
Si... Definitivamente Norm te estaba brindando un lugar seguro que querías evitar.
ADVERTENCIA.
Canibalismo, suicidio, ab/so se/ual, adicciones, problemas mentales, dependencia emocional, mención de drogas, sangre, muerte.
•••
Capitulo 1
Capitulo 16
••••••••
17. ¿Cruzamos la línea?
Tsireya era muy buena maestra. Era paciente, preguntaba si estabas cómoda y siempre te dirigía una mirada amable... No había desconfianza en sus pupilas y de alguna forma aquello era reconfortante. Solo había un pequeño problema con tu guía y era que su mente se distraía fácilmente de su tarea, pues Lo'ak estaba ahí. Sus ojos y atención de repente se desviaban a aquella persona que se mantenía a tu lado y podías ver que él también se perdía en la presencia de la muchacha.
El ambiente se volvía distante, todos dejaban de existir y solo estaban ellos dos en su propio mundo.
Como en estos momentos.
Lo'ak estaba distraído, pues sus ojos se perdían en la lejanía de la noche fuera del muari y guardaba silencio mientras se escondía en los confines de su cabeza.
Comió de forma tan tranquila y paciente que no sabías si algo estaba mal o era un avance demasiado milagroso. Después de terminar simplemente fue a la entrada de su hogar y miró hacia afuera con ojos brillantes.
Apagaste el fuego de la cocina improvisada dejando que el humo invadiera el lugar para que saliera por la puerta principal donde Lo'ak estaba sentado mirando la noche.
— ¿Quieres ir a nadar? — cuestionaste provocando que su rostro se girara de inmediato hacia ti.
Sus párpados se abrieron y cerraron con rapidez regalándote una pequeña sonrisa para seguidamente negar. Se alejó de la entrada cerrando la cortina improvisada para acercarse a ti. Lo miraste con atención tomando su mano cuando esté la estiró hacia ti, finalmente te guió a la hamaca con pasos tranquilos y cuando ambos estuvieron recostados sus manos te atrajeron a él dejándote confundida ante sus repentinas acciones.
— ¿Sucede algo? — preguntaste preocupada, abrazando sus hombros mientras intentabas buscar su mirada.
Lo'ak no te lo permitió. Mantuvo tu rostro contra su pecho obligándote a oír el tranquilo latir de su corazón.
— Estoy feliz... — Confesó en voz baja —Esto es... Todo va a estar bien, Sam. Lo prometo.
Frunciste el ceño, extrañada ante sus palabras, sin embargo, simplemente lo aceptaste palmeando su espalda mientras dejabas que él restregara su rostro contra tu cabello.
No sabías exactamente qué quería decir con eso, pero si Lo'ak se veía más animado debido a un posible cambio no podías estar molesta.
Por lo que al día siguiente no te atreviste a mostrar tu mal humor cuando te despertó a primera hora de la mañana con una mirada llena de emoción.
Parpadeaste con lentitud, removiéndote en la cama mientras un suspiro cansado salía de tu boca, jaló tu brazo para que te sentaras y cuando se alejó para remover la comida volviste a dejarte caer contra la hamaca para dormir un poco más. No duró mucho, porque Lo'ak jaló tus pies y te obligó a levantarte.
Comió con rapidez, se alistó con urgencia y te apresuró con desesperación al ver tus movimientos lentos debido al sueño.
No perdió el tiempo al dirigirte a la parte de la playa donde estaban las piscinas naturales. Tú te recostaste en la arena intentando dormir un poco más mientras él arreglaba su cabello observando su reflejo en el mar. Parecía que su entusiasmo se debía a volver a encontrarse con la metkayina, sin embargo, no recuerdas haber puesto un horario para encontrarse y lo único que pensaste es que Lo'ak se había encargado de eso.
Estabas bien, no te molestaba, lo único que no podías entender es por qué tan temprano.
Bostezaste por quinta vez en lo que iba del día, dándote media vuelta para cubrir tu estómago y rostro del sol. Tu cabeza se recostó encima de tus brazos y justo cuando ya te ibas a dejar llevar por el cansancio Lo'ak te removió obligándote a enderezarte mientras te preparabas con cuchillo en mano.
El muchacho saltó a tu lado, tomando tu mano con rapidez para bajarla y ocultar el arma punzocortante.
— Sam, ¿qué haces? — cuestionó en voz baja, mirando asustado de ti a las personas que habían alterado tu paz.
Cuando seguiste su mirada te encontraste con el mismo trío de ayer.
Trenzas lideraba el camino mirándote con advertencia ante las acciones que alcanzó a ver de tu parte provocando que una mueca de fastidio se apoderara de tu rostro.
— Perdón, pensé que estabamos en peligro.
Lo'ak dejó ir tu mano asintiendo mientras te ayudaba a levantarte del suelo.
— Tranquila, aquí no va a pasarnos nada — aseguró con una pequeña sonrisa.
Aquellas palabras te hicieron sentir extraña, obligando a tus ojos a mirarlo fijamente esperando encontrar algo que estuviera fuera de lugar. Lo'ak no diría eso ni en sus días más pacíficos, al menos no con el que siempre has convivido.
— Claro, lo olvidaba — exclamaste intentando disimular la pequeña preocupación que había crecido en ti.
— Hermano — saludó trenzas frente a ustedes.
— Te veo, Lo'ak. Te veo, Samanta — saludó Tsireya con una sonrisa que expresaba toda su alegría — Espero que hayan descansado.
La cola de Lo'ak se meneó ligeramente detrás de él mientras una sonrisa tímida aparecía en sus labios. Se pegó aún más a tu costado, alisando su camisa sin atreverse a mirar a la metkayina que no había dejado de verlo ni un segundo.
— Bien, ya basta de charla — interrumpió cara de pez dando un paso al frente —. ¿Qué vamos a hacer? Ya me aparecía de estar aquí sin hacer nada.
Miraste mal al hermano de Tsireya, porque simplemente te molestaba su actitud y además tenías sueño y soportar la mirada de trenzas a primera hora del día no era una de tus actividades favoritas.
Lo'ak se removió a tu lado dando un paso hacia atrás mientras su mano se aferraba a un colgante del top que llevabas.
— Cierto, podríamos empezar con el nado — ofreció la metkayina mirándote sin borrar su sonrisa amable.
El silencio se extendió gracias a la incomodidad que reflejó tu rostro. La cola de Lo'ak se enrolló en tu cintura a los pocos segundos y trenzas rascó su frente mientras apretaba los labios.
— ¿Y ahora qué pasa? — cuestionó la mojarra curioso ante la actitud de ustedes tres.
— ¿Dije algo malo? — preguntó la metkayina con sus orejas gachas.
— Ella no sabe nadar, Tsireya — confesó trenzas mirando a los hermanos.
El agarre en tu cintura dio un ligero apretón y tú miraste con molestia al hermano de tu amigo por exponerte de esa forma a los demás, pues perfectamente pudieron haberse inventado algo.
— ¿Qué? — soltó el metkayina con una sonrisa divertida — Los humanos realmente son graciosas, ¿no? Tu tamaño debió ser una clara señal de que darías trabajo.
Ibas a golpearlo.
Reventarías el tabique de su enorme nariz con un puñetazo directo... Si lo puto alcanzarás ya lo habrías hecho. Definitivamente.
— Ao'nung, basta — regañó su hermana golpeando su estómago con la palma de su mano — Está bien, puedo enseñarte si lo necesitas.
— Preferiría evitar por ahora las clases de nado, si no es molestia... — confesaste agotada.
De hecho preferirías evitar el mar, pero eso sería difícil tratándose de dónde estabas.
— Bien, entonces... Ven — la muchacha tomó tu mano guiándote con entusiasmo por la playa — Te mostraré los ilus.
Te dejaste llevar sin poner niguna objeción.
El agarre de Lo'ak dejó ir tu prenda, para poder aferrarse a tu mano desocupada para poder seguirte de cerca.
No tardaron mucho en llegar a donde Tsireya quería llevarte, el agua clara llegó por encima de tus caderas causando que tu espalda se quedara absolutamente recta debido a la nula preparación mental para adentrarte. La metkayina siguió adentrándose haciendo sonidos junto con su hermano quien pasó por delante tuyo.
Lo'ak se quedó a tu lado y trenzas siguió a los hermano acuáticos de cerca.
Las criaturas no tardaron en llegar imitando los sonidos que salían de los chicos, comenzando a nadar a su alrededor cual delfines. Uno te empujó desde atrás provocando que lo miraras con desconfianza ante el repentino toque, tu mano se aferró a la mano de Lo'ak quien también se había acercado un paso más a ti mirando con atención a los animales que los rodeaban.
— Por qué tienen qué acercarse de forma tan brusca — murmuraste un tanto nerviosa.
Tu mirada volvió a Lo'ak quien miraba a la na'vi embelasado debido a la presencia de la muchacha, quien se acercaba con una sonrisa tímida al ser consciente de la fija mirada de tu amigo.
Esto era un poco incómodo, pues sentías que estabas en medio de algo.
La muchacha guió a una de las criaturas frente a ti, su mano volvió a tomar la tuya con suavidad para llevarla a la cabeza del animal. Tus movimientos dudaron por un segundo, sin embargo, tuviste que disimularlo de inmediato para que estos dos no supieran de tu desconfianza a todo lo relacionado con el mar.
— No va a morder, son sociables — comenzó a explicar tomando aquella extremidad que salía de su cabeza. La alzó frente a ti para mostrar los zarcillos que salían de aquella antena — Por aquí se forma una conexión y con ella puedes guiarlo.
La mano de Lo'ak comenzó a sudar y su cuerpo se alejó dos pasos robando tu atención de la explicación de la muchacha.
— Yo no tengo nada para formar una conexión — le recordaste sin dejar de mirar a Lo'ak, quién se había dado media vuelta para no ver nada de lo que ocurría frente a él — No creo que pueda montarlo para ir por el mar.
Finalmente cuando volviste a verla notaste que los ojos de Tsireya titubearon por un momento, no por tu situación, sino por el repentino cambio de actitud de Lo'ak. Ella agachó la mirada en tu dirección con una sonrisa que intentaba ocultar su preocupación.
— Está bien, los ilu tienden a ir en manada — su mirada se desviaba por pequeños segundos a Lo'ak, quien seguía dándoles la espalda. Aunque su mano no había dejado de tomar la tuya — Seguirán a otros ilus sin necesidad de una conexión. ¿Quieres montarlo?
— Ni vergas — soltaste sin pensar ganándote una mirada confusa por parte de la chica.
— ¿Eh...?
— Quiero decir, no suena seguro para mi — aclaraste ignorando la fija mirada de trenzas.
— Está bien, todos vamos a montarnos para ayudarte — la muchacha miró a los otros dos — ¿cierto?
Cara de pez soltó un suspiro fastidiado.
— Ya no somos niños, podríamos ir con nuestros tsurak . Solo para hacer más interesante la experiencia.
— Ella no puede montar uno y Lo'ak tampoco tiene uno propio — recordó la na'vi a su hermano.
El agarre en tu mano titubeó solo por un segundo, sin embargo, eso fue suficiente para que le entregaras toda tu atención de nuevo. Tus pupilas se concentraron en su mirada perdida directo al agua que rodeaba su cuerpo. Las hebras de su cabello caían a los costados de su rostro ocultando su expresión de todos los presentes.
No sabías qué ocurría, qué fue lo que logró desilusionarlo, sin embargo, no dejaste que se hundiera en aquel sentimiento. Jalaste su mano logrando hacerlo tropezar con sus propios pies provocando que una pequeña risa escapara de tus labios, aunque estuviera de espaldas.
— Vamos, Lo'ak – tu mano obligó a la suya a tomar aquella pequeña agarradera atada a las antenas del ilu — sostén aquí para que pueda subirme.
Tus manos se apoyaron en el lomo de la criatura y con un pequeño salto subiste tu pierna encima de ella. El animal apenas y se movió, ya sea por tu peso o porque Lo'ak evitaba que se alejara. Sonreíste victoriosa mientras te movías hacia adelante para dejar espacio detrás tuyo.
— ¡Lo hiciste! — festejó la metkyina con una sonrisa — Vamos, todos suban a uno.
Tus pupilas miraron a Lo'ak para después señalar detrás tuyo con un movimiento de tu cabeza. El na'vi no te hizo esperar, obedeció de inmediato sosteniendo con fuerza justo de donde tú lo hacías mientras su otra mano se aferraba a tu cintura con suavidad.
No quería apretarte y terminar lastimando tu cuerpo.
— Oye, hermanito, ¿no prefieres un ilu para ti? — cuestionó trenzas con tono aprensivo acercándose a ustedes encima de su propio ilu— Podemos llamar a otro si quieres.
Los dedos de Lo'ak apretaron con fuerza tu cintura en busca de ayuda, por lo cual no tardaste en echar tu cuerpo hacia atrás colocando tu mano encima de la de tu amigo, que aún seguía en tu cintura.
— No, alguien debe cuidarme si llego a caerme y solo confío en Lo'ak para eso.
El ceño de trenzas se frunció y aquello solo provocó que rodaras los ojos ante la probable y fastidiosa palabrería que saldría de sus labios.
— Tal vez el quiere su propio ilu.
— Tal vez tú no sabes lo que quiere.
Antes de que pudiera responder Tsireya apareció con su ilu nadando entre la pequeña distancia que había entre trenzas y ustedes.
— No discutan. Estamos aquí para enseñarle a Sam — sentenció la muchacha con voz firme. Sus iris azules miraron los tuyos, aunque por segundos se desviaban al na'vi que se aferraba a tu cintura — Te llevaremos a un lugar especial. Recuerda, los ilu pueden percibir tu miedo incluso sin conexión, intenta estar relajada para que el recorrido sea tranquilo.
No se alejaron demasiado de ustedes, de hecho, por momentos te sentías en medio de dos panes por la cercanía que mantenía el grupo a la criatura que Lo'ak y tú montaban. Cuando su ilu intentaba desviarse el llamado de los otros volvía a atraer la atención del de ustedes manteniendo a todos juntos.
Eso no fue lo único que se repitió de forma constante, sino, los encuentros furtivos de tus ojos con los de la na'vi acuática, quien se distraía por la presencia de Lo'ak, sonriendo con timidez y sin alejarse más de cinco metros de ustedes... No, se mantenía a su alrededor de forma constante provocando que ganes apretones en tu cintura por parte de Lo'ak, pues la presencia de la metkayina lo ponía ansioso de una forma...
Adorable.
Lo'ak no podía dejar de verla y mientras la observaba podías notar un brillo en sus pupilas, las puntas de sus orejas se coloreaban de rojo y gracias a que su pecho estaba contra tu espalda eras capaz de percibir los acelerados latidos de su corazón... Era un anhelo silencioso, una búsqueda del amor que perdió y puede recuperar ahora que ha vuelto a su hogar.
— Hemos llegado — avisó la na'vi — Aquí fue tu ritual, Samanta. En la caleta de los espíritus.
Tu mano buscó de forma inconsciente la de Lo'ak quien no tardó en entrelazar sus dedos encima de los tuyos, el agarre en tu cintura se apretó y de forma inconsciente su cuerpo se acercó más al tuyo, tratando de ocultarte de quién sabe qué. Tal vez, simplemente se trataba de los recuerdos que este lugar les traía a ambos.
Por tu parte, ni siquiera fuiste capaz de mirar debajo tuyo. Tus ojos se perdieron en las islas flotantes que estaban en el cielo, en la isla de rocas frente a ti que se levantaba de forma imponente.
— ¿Podemos ir allá? — preguntaste mirando a la metkayina mientras apuntabas al enorme arco de piedra.
— Se supone que debes conocer las cosas que hay en el agua — señaló trenzas en tono bajo.
Lo miraste mal.
— Las montañas flotantes también forman parte de aquí.
— No se trata de eso, debes de concentrarte en lo que hay bajo tus pies.
Lo'ak dejó de escuchar la discusión cuando tú estabas encima de las rocas, pues sabía que ibas a estar bien y no había peligro de que te alejaran de su lado siempre y cuando estuvieras lejos de Eywa.
Por eso mismo se permitió perderse en la figura de Tsireya.
Sus ojos no podían apartarse de ella y sus hermosos ojos azules. Sus pupilas se perdían en el contorno de su rostro y cuando creía que podía estar así todo el tiempo que deseara la na'vi lo miró. Su corazón brincó asustado ante el repentino encuentro, su mirada huyó de inmediato simulando que siempre estuvo atento a la conversación de su hermano y tuya.
— Lo'ak — llamó con un tono suave que logró paralizar todos sus movimientos — ¿Quieres ir a nadar?
Dejaste de hablar al segundo que Tsireya dejó salir el nombre de tu amigo de sus labios.
Ella esperaba con paciencia una respuesta mientras una disimulada inseguridad a la negación se apoderaba poco a poco de su mirada.
Ahí fue cuando miraste a Lo'ak quién ya te estaba observando con sus orejas gachas y el miedo emanando de sus pupilas probablemente a arruinarlo de alguna forma. Sonreíste con suavidad sin hacer ningún movimiento, porque sabías que Lo'ak sabría lo que quieres decir con tan solo ver tus ojos. Aunque no sirvió de nada, pues Lo'ak se negó con suavidad y sus manos hicieron movimientos que no entendiste. El na'vi que estaba a tu lado y con el cual habías estado discutiendo hace unos instantes dejó escapar un suspiro derrotado y al mirar a Tsireya te encontraste con ojos llenos de tristeza que intentaron ocultarse detrás de una sonrisa amable.
— Está bien, lo haremos otro día.
No pasó mucho tiempo cuando el trío comenzó a distraerse nadando entre el árbol de los espíritus, dejándolos solos a ti y Lo'ak sentados a la orilla de las rocas mientras los pies de tu amigo se remojaban en el agua.
No dijiste nada.
No mientras su mirada estaba totalmente atenta a las profundidades donde ella nadaba saludando en su dirección con una sonrisa y una mirada llena de ilusión, tal vez con la esperanza de que tu amigo se atrevería a adentrarse a pasar el rato con ellos.
— ¿Qué sucede? — cuestionaste en tono bajo notando sus orejas moverse ante el repentino sonido de tu voz — haz estado callado desde que ellos están ahí abajo.
Sus pupilas te observaron y por el tono rojizo de las bolsas de sus ojos sabías que estaba reteniendo las ganas de llorar.
— No lo sé... Estoy feliz de verla, pero- yo... No creo que-no sé.
Asentiste cuando guardó silencio al no saber cómo explicar sus razones y sinceramente, no sabías qué decirle, pues no sabías qué era lo que tanto le aterraba si en un principio estaba entusiasmado de convivir con ellos.
— ¿A qué le temes? — cuestionaste sin pensarlo bien.
Sus hombros se tensaron y un sollozo que no pudo retener escapó de sus labios. Tragó de forma pesada mirando hacia arriba para evitar que las lágrimas se derramaran por sus mejillas y no mirarse débil frente a ti.
— Y si... ¿Y si no vuelvo a ser el de antes? — susurró con la ansiedad comenzando a presentarse en temblores — Soy-soy diferente. Antes ya era difícil de que alguien me viera... Tal vez ahora ellos ya no-tal vez no quieran-
Tus manos tomaron las suyas cuando comenzó a rascar sus muslos con fuerza. Acariciaste sus nudillos con suavidad y viendo directo a sus iris susurraste con cariño.
— Te buscaron todo este tiempo, Lo'ak. Hacen un esfuerzo por mantenerte cómodo para que los dejes acercarse — le recordaste con una suave sonrisa — Son tu familia, tu gente... Si buscan convivir contigo significa que te aman y esperan estar a tu lado sin importar cuánto tiempo te tome ser el Lo'ak que quieres ser.
Guardó silencio y solo se dedicó a mirar la sinceridad en tus pupilas.
— ¿Y tú...? — cuestionó en voz baja, desviando su mirada al océano sin dejar ir el agarre en tus manos — ¿Tú... Esperarás a ese Lo'ak?
Sonreíste con diversión asintiendo al ver la timidez expresada en sus orejas rojas.
— Sí, tú sabes que si.
Aunque realmente no estabas esperando a ningún Lo'ak, pues hace tiempo habías aceptado que el chico frente a ti ya era una parte importante de tu vida.
— Q-quiero ir a nadar...
Asentiste, mirándolo adentrarse al océano extendiendo una mano para que lo siguieras, sin embargo, te negaste a volver a entrar a aquel lugar.
— Ve, te veré desde aquí.
Dudó.
Su rostro expresó la duda que su corazón guardaba y cuando estaba por negarse tu mano acarició su mejilla con un pequeño roce que logró distraerlo.
— Confías en ella, ¿no? — Asintió buscando el contacto de tu mano con más firmeza. — Entonces estarás bien.
Sus labios se apretaron en una línea fina y a pesar de que sus manos aún temblaban debido a la ansiedad por separarse de ti se convenció de que si debía volver a ser el de antes el primer paso era ir allí sin ti tomando su mano.
— Bien, volveré pronto.
Asentiste mientras se hundía sin dejar ir tu mano al menos hasta que tuvo que comenzar a nadar hacia abajo. Sus dedos dejaron ir los tuyos y sin apartar tus ojos de su figura acercándose a los otros te quedaste quieta, ignorando los escalofríos que subían por tu espalda para poder verlo desenvolverse con su gente.
Esas fueron las palabras que Lo'ak necesitaba porque a partir de ese momento todo comenzó a ir como debía ser desde el principio.
Sucedió lo que todos esperaban.
Las salidas que solo eran de ustedes se convirtieron en caminatas grupales que acontecían por el día.
En un principio todo fue para enseñarte, lenguaje de señas, el idioma, rituales, lugares importantes en la aldea y tú estabas siendo cooperativa. No era todo el día, porque tú y Lo'ak debían aportar a la aldea. Entonces cuando el atardecer llegaba ambos iban a pescar, a recolectar frutas y después iban a beber un café al laboratorio para seguidamente volver al mauri e irse a la cama.
Hasta que Lo'ak comenzó a pedir más.
— Oye tigresito, debemos ir a recoger ostras hoy — avisaste desde la orilla del mar mientras te levantabas de la arena.
Trenzas iba a rechistar de no ser porque su hermano se acercó a ti, agachándose para que pudiera susurrar en tu oído.
— Quiero nadar con Tsireya, ¿podemos quedarnos un poco más? — pidió con ojos suplicantes.
No te molestó, de hecho aceptaste a los segundos porque querías que tu amigo se divirtiera y aprendiera a pasar más horas ante el público. De todos modos, Lo'ak salía cada poco tiempo a la superficie para asegurarse de que seguías en la orilla.
Ese mismo día que terminó de nadar te entregó todas las conchas y piedras que había recolectado y por la noche comenzó a crear algo que no entendías del todo.
— ¿Qué es eso? — preguntaste con curiosidad desde la hamaca mientras afilabas el cuchillo de rastas.
— Waytelem.
— Way- tu-lim.
— Way-te-lem.
— Way-te-leeeem.
Asintió con una pequeña sonrisa, regresando su atención a aquel cordón al cuál unía cuentas con estricto cuidado.
— ¿Qué es? — preguntaste en tono bajo.
— Mi canción... Aunque no recuerdo muy bien cómo era antes — señaló con concentración — Estoy seguro de que no he perdido ningún detalle.
Te levantaste de la hamaca, caminando hacia él para después sentarte a su lado observando con curiosidad las cuentas que había elegido.
— ¿Qué representa?
— Es mi vida escrita en un cordón o al menos los momentos importantes — sus iris dorados te miraron y después te entregó una pequeña cuerda — Todos los na'vi tienen uno, puedes hacer el tuyo.
Hiciste una mueca incómoda recostándote en el suelo para tratar de salir de aquella situación.
— No tengo nada interesante que recordar de mi pasado, así que estoy bien así.
Lo'ak suspiró siguiendo con su manualidad.
— También puedes contar tu presente, ¿Sabes? Puedes... Puedes poner sucesos que solo sean importantes para ti.
Cerraste tus ojos, buscando el calor de su cuerpo de forma inconsciente. Sabías que tardaría un rato despierto y tú ya querías cerrar tus ojos para descansar, más no dormirías con comodidad sino estaba a tu lado.
— Será otro día, tigresito.
Lo'ak dejó de querer ir a beber una taza de café al día siguiente de eso. No lo dijo directamente, solo fue un:
"Vayamos a la fogata con ellos"
No sabes qué fue lo que ocurrió para que tomara esa decisión. Por qué de forma tan repentina había decidido que tener ese momento donde solo estaban ustedes dos disfrutando de un momento tranquilo ya no era necesario...
Aceptaste.
Todo seguía igual, ambos seguían unidos cual uña y mugre, con la única diferencia de que ya no iban al laboratorio.
En las fogatas Tsireya se encargó de enseñarte el significado del agua, la importancia de Eywa y todos los rituales que había en estos lugares. Trenzas tomaba el lugar de Tsireya cuando ella y Lo'ak se iban a nadar. A pesar de que tu cerebro estaba distraído en la seguridad de Lo'ak llegabas a tranquilizarte cuando él salía y te saludaba de forma constante, para poco después volver a hundirse a seguir nadando.
Aunque eso solo duró una semana, pues cuando se sintió demasiado cómodo dejó de salir a avisarte que todo estaba bien y sus desapariciones con Tsireya en el mar se volvieron repentinas.
Jamás llegabas a darte cuenta cuando desaparecían y al notar su ausencia trenzas solo exclamaba un:
"Lo'ak no se hubiera ido sino se sintiera seguro con ella"
Ni siquiera te enojaba la situación o sus palabras, sino esa mirada que te enviaba cada que notabas que Lo'ak no estaba.
Un claro y altanero:
"Te lo dije"
Un recordatorio constante de sus primeras palabras, una mentira que quería clavar en tu cabeza a como de lugar, simplemente para satisfacer su necesidad de desaparecerte de la cabeza de Lo'ak. No te dejabas influenciar, pues Lo'ak seguía siendo el mismo una vez que los dos estaban a solas. Seguía bromeando, platicaba contigo, te enseñaba con paciencia, merendaba, comía y cenaba a tu lado.
Aún buscaba tu compañía de forma ansiosa.
Hasta que hubo otro cambio de rutina.
"Comamos con ellos"
Era como si la vida te bofeteara cada que intentabas encontrar algo para convencerte de que todo estaba bien.
Aceptaste, de nuevo.
Vigilaste de cerca que nada se saliera de control con él y la sorpresa fue grande cuando notaste que ya no hubo desesperación en medio de sus bocados, las risas que escapaban de su boca debido a los comentarios de la na'vi eran sinceras y un pequeño contacto físico que él inciaba se repetía de forma constante.
Pequeños roces con su mano, acomodar su cabello, los encuentros fugaces de sus colas, choques de hombro a hombro.
Y detrás de aquel avance abismal estaba la mirada fija de trenzas que restregaba cada que podía lo que hace tiempo había dicho. No le hacías caso, te jurabas a ti misma que sus palabras no estaban haciendo efecto en ti al menos hasta que un día te despertaste debido a la sensación de estar bajo peligro y al abrir tus ojos te diste cuenta que estabas sola.
Sola en la hamaca, sola en el mauri... Sola rodeada de mar, sola en aquel bosque después de haber sido lanzada por un acantilado.
Sola porque habían devuelto a Lo'ak a su infierno.
Tus piernas se movieron desesperadas intentando levantarte del lugar donde estabas, tus uñas se llenaban de tierra conforme te arrastrabas para salir de aquel acantilado y conforme te acercabas a la luz tu realidad se distorsionaba mostrándote imágenes de Lo'ak gritando tu nombre en aquella camilla metálica. Corriste dispuesta a buscarlo, tu mano punzó al igual que la mordida en tu hombro y aún así seguiste intentando llegar a él, de no ser porque cuando estabas por llegar a la luz chocaste con fuerza con otro inmenso cuerpo. El sonido de cosas cayendo al suelo te obligó a alzar la mirada y al encontrarte con sus iris dorados lograste dejar de apretar el mango del cuchillo.
No habló, de hecho se acercó a ti preocupado mirando detrás de él de forma constante y al observar a sus espaldas te encontraste con aquella na'vi que te miraba con preocupación.
— ¿Te encuentras bien, Samanta?
Ah... Claro.
— Si, yo- Solo me preocupe porque no vi a Lo'ak.
El muchacho apretó tus manos tragando con pesadez mientras intentaba evitar tu mirada.
— Yo- Bueno, iré a arreglarme — Avisó la muchacha mirando de él a ti y de ti a él—. Nos vemos en unos momentos.
Ella se alejó y tú solo fuiste capaz de mirar a Lo'ak en busqueda de una explicación.
— Perdón, yo... Bueno, Tsireya me pidió ayer si podíamos desayunar juntos — explicó recogiendo lo que había caído al suelo — Mi hermano estaba ahí, así que no tienes que preocuparte. Él me estaba cuidando.
Rascaste tu cuello sin saber cómo tomarlo, pues recordabas que desde un inicio aquel chico no era bueno en esa tarea.
— Claro. Solo, debiste haberme avisado — revolviste tu cabello intentando desaparecer la frustración que repentinamente comenzaba a invadirte — me preocupé al no verte.
Mordió su labio inferior, mirándote con sus pupilas llenas de culpa junto a sus orejas gachas para hacerte ver que no era su intención.
— Perdón, no lo volveré a hacer —. Prometió dejando el pequeño caso lleno de piedras a un lado — Iremos a nadar en unos momentos, ¿iras así o te pondrás un traje?
Te diste media vuelta tomando una bocanada de aire intentando relajar las facciones de tu rostro para no alterarlo.
— Creo que puedes ir tú solo, yo aún no desayuno y quiero ir a pescar. Ayer no lo hicimos — le recordaste mientras tus manos comenzaban a encender el fuego de la fogata.
Si eras un poco sincera contigo misma esperabas que... Esperabas que él te pidiera que fueras. Que él te dijera que no podía estar solo con ellos.
No pasó y te hizo sentir egoísta al sentir la frustración llenar tu pecho.
— Bien... Yo- prometo llegar antes del anochecer — asentiste sin mirarlo — podemos ir a tomar un café, ¿te gustaría?
Tu corazón era patético y tal vez también tú, porque cuando aquellas palabras salieron de su boca no pudiste evitar sonreír. Giraste tu rostro a él con la pequeña sonrisa aún en tu rostro, él se acercó a ti agachándose contigo para poder tomar tus manos birndándoles un ligero apretón.
— Bien. No te tardes, Tigresito. Si lo haces me beberé toda la cafetera.
El rió, levantándose del suelo no sin antes revolver tu cabello y después avanzando dándote un pequeño golpecito con su cola encima de tu cabeza. .
— No te atrevas. Debes de esperarme, eh.
Y con esa última frase salió de lugar regalándote una última sonrisa.
Lo'ak vivía en una ensoñacion donde todo volvía a ser como antes.
Se centraba en la diversión que le otorgaba poder disfrutar de pasar momentos junto a los demás, fingiendo que nunca se había ido, que no había perdido años de su vida encerrado en un lugar lejano a manos de un psicópata.
Mientras pasaba entre los brillantes y coloridos océanos de Pandora podía ver a las figuras de su alrededor como eran en el pasado. Jóvenes que solo se dedicaban a jugar y meterse en problemas como los adolescentes que eran.
Nadaban con los ilu unos junto a los otros, bromeaba de forma constante y a pesar de que él aún tenía claras diferencias ninguno hacía mencion de ello y su cabeza podía ignorarlo para fingir que estaba en el pasado.
No había tatuajes en ellos, no había facciones afiladas y maduras, sino caras regordetas y juegos estúpidos que imitaba a los de su niñez.
Mismas ropas, mismas marcas, mismas actitudes.
Si el presente se atrevía a volver dejándolo ver los tatuajes o cualquier cosa en sucedió cuando él no estaba, el pozo en su estómago aparecía y de inmediato buscaba cualquier cosa para llenarlo y obligarlo a cerrarse. Normalmente eran pequeños peces que nadaban cerca, algas que había a su alrededor e incluso corales que crecían desde el suelo. Cuando el abismo dentro de él se cerraba todo desaparecía y podía seguir fingiendo que su mundo estaba bien.
No había marcas en su cuerpo, no había cicatrices en su rostro de una tortura que no pidió, no había una enorme cicatriz bajando de su pecho a su ombligo y tampoco había pensamientos horribles acerca de devorar a su gente.
Aunque a veces no podía ignorarlo... Como cuando estaba contigo.
Tú eras el constante recordatorio de a donde había sido llevado, de todo lo que había pasado, de lo que había sufrido a manos de M y eso lo hacía sentir confundido, ansioso, perdido en las dudas de las cuales no podia salir.
Cuando el dolor lo llenaba tenía esta intensa sensación de necesitar ir a ti y buscar consuelo, pero con eso se entrelazaba el deseo de quedarse al lado de Tsireya para obligar a su cabeza a ignorar los recuerdos de los últimos cinco años y volver al antes de todo.
Como ahora.
No había dejado de rascar sus brazos al escuchar cómo Tsireya había conseguido el tatuaje de su pecho. Había ilusión en su mirada, una enorme sonrisa que expresaba su felicidad por ponerlo al tanto de todo lo que pasó mientras él no estaba y eso lo que estaba quebrando poco a poco pues conforme las palabras salían de su boca el recuerdo de unas manos que deseaba olvidar llegaban lentamente a él, porque mientras ellos siguieron con su vida Lo'ak se estancó en manos de un monstruo.
Su mirada se perdía en la lejanía esperando encontrar tu figura para calmar el hoyo sin fondo que comenzaba a crecer en su estómago. La voz de las personas de su alrededor comenzaba a distorsionarse transformándose en la voz de la persona que quería olvidar. El acelerado latir de su corazón comenzaba a alterar la poca calma que podía retener y cuando la necesidad de meterse algo a la boca y masticar apareció para destruir la poca cordura que le quedaba llevó su mano a su boca para comenzar a morderse las uñas con ansiedad mientras su otra mano ocultaba su trenza entre sus piernas para que nadie pudiera tomarla.
Eso lo hizo ser más consciente de las diferencias entre los otros, pues la vestimenta que usaba era creada por humanos, un short negro de tela suave que cubría por encima de sus rodillas, una prenda que ni siquiera era un poco parecida a la vestimenta común de los na'vi. Una señal de que todo en él estaba mal y no había forma de ocultarlo a los ojos de nadie y de repente todos ellos estaban siendo demasiado para su cabeza provocando que lo único que quisiera fuera volver a tu lado para estar recostado en la hamaca, oliendo tu cabello, tomando tus manos mientras la tranquilidad los rodeaba porque nada malo podría pasarle si está a tu lado.
Estaba por interrumpir el entusiasmo de Tsireya de no ser porque su hermano mencionó su nombre, distrayendo a su cabeza agobiada del encierro mental que él mismo se estaba causando.
— Hey, hermanito. ¿Todo bien? — cuestionó Neteyam en voz baja.
Tsireya guardó silencio. De hecho todo el sonido de su alrededor desapareció y al ver a los otros fue capaz de notar sus fijas miradas encima de él, sus ojos abiertos intentando leer sus más oscuros secretos. Tragó con dificultad, limpió el sudor que bajaba por su frente con el dorso de su mano y cuando sus dedos comenzaron a sangrar debido a que había mordido de más sus uñas miró a su hermano de forma desesperada.
No podía ni siquiera mover sus manos y esta vez tú no estabas cerca para expresar lo que él no podía. Estaba por entrar en pánico, hundirse en su pozo de miseria sin importarles nada de su alrededor de no ser por que su hermano logró entender y sin dudarlo la guió para alejarlo de los otros dos.
De Tsireya...
Porque ella no debía verlo de esta forma, ella no debía conocer en lo que se había convertido con el pasar de los años.
— ¿Hay algo mal? — cuestionó Neteyam en voz baja, intentando encontrarse con sus ojos que se rehusaban a observarlo.
No contestó porque no podía hacerlo.
Este repentino miedo que crecía en él no lo dejaba moverse, sus manos no dejaban de temblar y sus pensamientos se revolvían unos con otros volviendo un lío su cabeza.
— ¿Quieres volver a la isla? — preguntó su hermano en voz baja.
Asintió sin mirar a sus ojos, pues cree que va a llorar si lo mira.
¿Por qué creyó que podría alejarse de ti por tanto tiempo? Sabe que se ha ido por periodos de tiempo largos, sin embargo, siempre fue cerca de la isla y sabía que si gritaba o salía a la superficie podría encontrar a tu persona de inmediato, porque iras incapaz de dejarlo... Aunque hubiera alguien ahí afuera dispuesto a llevarte.
— Podemos volver a ir a comer — Lo'ak negó con sus ojos llorosos, sin dejar de morder sus uñas — Quieres... ¿ir con Sam?
Asintió, comenzando a enrrollar su cola en su muslo, imaginando que es tu cintura y no su propio cuerpo... Porque todo estaba volviendo a la realidad.
Ellos ya no se veían como en el pasado, sino como el presente que tanto se negaba a aceptar. Pues en sus cuerpos había cambios que él no pudo presenciar y eso lo alteraba.
Tomó una gran bocanada de aire intentando soportar el mareo que comenzaba a hacer punzar su sien. Un aviso de los que estaban por pasar... La voz de M comenzaba a aparecer en forma de eco desde lo más profundo de su cabeza.
— ¿Está todo bien? — cuestionó Tsireya acercándose con sus ojos expresando preocupación — ¿Lo'ak?
— Quiere volver a la isla — Avisó su hermano comenzando a llamar a los ilus.
Él no los miró, pues aún temía ver la reacción de ellos, ver la decepción en las pupilas de la matkayina era algo que se negaba a conocer.
— ¿Qué? Llevamos muy poco tiempo aquí, prácticamente acabamos de llegar — señaló el hermano de Tsireya con tono lleno de fastidio.
Sintió la culpa invadir todo su pecho.
— Ao'nung , basta — regañó la metkayina con molestia, para que seguidamente sus pupilas volvieran a él — Está bien, no le hagas caso. Aunque sea solo por un pequeño momento me agrada pasar tiempo contigo.
Su corazón bombeó con rapidez expresando su emoción ante aquellas palabras que en el pasado no pudieron ser dichas. Sus iris brillaron conforme su vista se alzaba a mirar el rostro de la na'vi y poco a poco esos tatuajes que habían sido hechos en su ausencia desparecieron trayendo de vuelta lo que perdió. Fue de forma inconsciente que su mano se alzó y acariciara con apenas un roce de sus dedos su mejilla. Ante el toque un cosquilleo que intentaba extenderse apareció, el pozo habitual en su estómago se cerró, sin embargo, la sensación de la existencia de aquel agujero seguía ahí.
Ella sonreía bajo el roce de sus dedos, aunque no había una mirada tímida como era habitual en ella al tener este tipo de contacto, sino, una clara emoción que se entrelazaba con una extraña melancolía.
— ¿Aún quieres volver? — cuestionó su hermano en voz baja.
Lo'ak dudó. Porque en este instante lo único que quería hacer era seguir al lado de la muchacha frente a él.
Negó lentamente alejando sus dedos de Tsireya para abrazar su propio cuerpo.
— ¿Qué tal si vamos a recolectar frutas? — la muchacha caminó delante de ellos, adentrándose en la pequeña selva que había en la isla — Estoy segura de que a Sam le gustaran.
Sus orejas se alzaron y en su rostro apareció una pequeña sonrisa mientras seguía a los hermanos de cerca.
— La habías extrañado, ¿no? — cuestionó su hermano a su lado.
Sus orejas se agacharon dejando al descubierto su vergüenza y asintió sin dejar de ver la espalda de la metkayina.
— Ella también. Desde que regresaste ha pedido verte... —Lo'ak mordió su mejilla interna, rascando su antebrazo ante el recuerdo de todo lo que ocurrió el primer día que llegó — y cuando Sam me preguntó por su nombre yo sabía que tú querías verla.
Sus orejas se movieron con interés y sus ojos que estaban inmersos en la figura de Tsireya se movieron hacia su hermano con lentitud.
Un ápice de confusión llenó su cabeza mientras la incertidumbre provocaba que sus dedos temblaran ansiosos, sin embargo, se obligó a hablar con el lenguaje de señas.
"¿Ella sabía?"
— Dijo que buscaría el momento para hacerlo... Pasaron los días y no obtenía respuesta así que le dije a Tonowari acerca de que Tsireya le enseñara para que ustedes dos pudieran encontrarse.
Un cosquilleo comenzó a aparecer debajo de su piel causando una incomodidad que no podía ignorar. El pozo en su estómago volvía a hacerse grande y por alguna razón dejó de oír todo sonido de su alrededor.
Nunca le habías dicho eso.
Su corazón se apretó conforme más pensaba en este descubrimiento, pues le habías prometido que no se guardarían secretos.
El sonido de moscas comenzó a revolotear cerca de sus orejas, mientras la sensación de gusanos debajo de su piel causaba un escalofrío por todo su cuerpo, se obligó a no dejarse llevar por eso.
Habría una explicación y sabría que dirías la verdad cuando vea la sinceridad de tus ojos, aunque el miedo de que vuelvas a mentir lo mantenía distraído y perdido en las más profundas inseguridades que habitaban en su cabeza.
Neteyam sabía lo que sus palabras podrían ocasionar, de hecho, era una constante que se repetía en su cabeza una y otra vez. Ni siquiera había razón justificable para odiarte, solo era el dolor que albergaba en su pecho apoderándose de sus pensamientos y tratando de deshacerse de él de una forma desesperada.
Fueron cinco años...
Perdió a su pequeño hermanito, a su dolor de cabeza, a esa pieza inolvidable que se encajó en su corazón.
Lo'ak fue una parte importante de su vida, podría decir que todo él giraba en torno a su hermano menor.
Cuidarlo, protegerlo, alejarlo de los problemas, dejó gran parte de su vida para poder mantener a salvo a su hermano, pues fue la gran tarea que su padre le encomendó.
Y falló.
Falló tantas veces que se preguntó qué estaba haciendo mal.
A veces deseó de un forma cruel e impulsiva que Lo'ak desapareciera solo por quince minutos para tener un momento de paz y poder solo centrarse en él mismo... No pensó que Eywa lo escucharía y lo alejaría de él por tantos años.
Se culpó y castigó.
Se maldijo a sí mismo por ser tan egoísta y separarse de él solo por una tonta discusión, estaba seguro de que si simplemente hubiera seguido a su hermano él no hubiera sido llevado y no estaría sufriendo tanto como ahora lo hace.
Sabe que su hermano no está bien y no puede evitar culparse a si mismo.
Cuando lo vio fue... Fue como si volviera a respirar, quería abrazarlo, tocarlo, apretarlo en sus brazos para estar seguro de que era él. Debe admitir que murió un poco cuando su hermanito rechazó el toque que era habitual de ellos en el pasado. Por un momento creyó que su hermano lo culpaba del sufrimiento que vivió, porque fue por su discusión que decidió irse solo por ahí.
Recuerda vividamente la apariencia que tenía Lo'ak el día que lo encontraron.
Ojos hundidos que expresaban terror, cuerpo tan delgado que pensó se destruiría con un pequeño toque, vendas en sus brazos que dejaban en claro que había sido herido y su cuerpo tembloroso que intentaba ocultarse detrás de ti de forma desesperada... En ese momento cree que su desconfianza se convirtió en un odio injustificado, una inseguridad que le causaba rabia, pues habías tomado el papel de protector que él tantos años tuvo que mantener y lo hacías mucho mejor que él.
Pues a pesar de que Lo'ak se metía en problemas parecía que confiaba plenamente en ti.
En el pasado Neteyam podía ver el dolor en la mirada de su hermano cuando su padre lo regañaba y al encontrarse con sus ojos siempre había un pequeño rencor retenido.
La comparación los lastimaba a ambos y sabía que había ocasiones donde envidiaban al otro. Neteyam deseaba la libertad de su hermano y Lo'ak añoraba la "perfección" que él representaba.
Estaba siendo egoísta y cruel por primera vez en su vida, lamentablemente eso significaba arruinar un poco tu paz. Esperaba que Eywa perdonara sus acciones, pues solo eera alguien desesperado por recuperar a su pequeño hermanito para que su familia volviera a sonreír.
Para que Lo'ak volviera a sonreír junto a ellos.
No llegó.
El anochecer apareció y tú simplemente miraste el océano sin ninguna expresión en tu rostro. El miedo no fluyó a través de tu cuerpo y eso te hizo pensar que la ausencia de Lo'ak te afectaba más que el trauma hacia el mar.
Crees que estás agotada cuando simplemente saliste del mauri y caminaste al laboratorio con el pensamiento de que tal vez se había olvidado debido a que estaba disfrutando el momento con su gente y no querías afectar eso, porque debía acostumbrarse a no depender de tu presencia.
Al menos no como normalmente lo hacía.
Crees que fue la primera vez donde no hiciste ningún sonido al entrar al laboratorio. No hubo un saludo estridente, no hubo una sonrisa burlona debido al futuro comentario molesto del científico, sino, un extraño silencio que te llenaba de un sentimiento que aún no lograbas descifrar.
Dejaste que la taza se llenara, te sentaste sin que la silla tallara el suelo y bebiste el café sin hacer ningún ruido.
No pensaste en nada.
Simplemente te quedaste en blanco bebiendo de la taza en tus manos.
Pensabas que la noche sería así, silenciosa y solitaria ante la ausencia de la única persona con la que convivías de forma amistosa, al menos hasta que una voz conocida interrumpió la penumbra que comenzaba a rodearte.
--- Esto es extraño. ¿Por qué Lo'ak no está contigo?---- preguntó Norm bostezando mientras iba directo a la cafetera — Son como uña y mugre, verte sin él es raro.
Tu cuerpo actuó de forma inconsciente ocultando la vulnerabilidad con una sonrisa divertida.
---- Sería extraño estar con él en su cita ---- bromeaste antes de darle un sorbo a tu bebida ---- está recuperando tiempo con Tsireya, no me necesita en estos momentos.
Sus ojos miraron de forma fija a los tuyos en absoluto silencio, después, solo asintió y se dio media vuelta para tomar la taza que había rellenado.
---- Pensé que Lo'ak no podía ir ni un metro lejos de ti.
Tú también.
---- Bueno, parece que Tsireya es de mucha ayuda en ese aspecto.
El científico volvió a guardar silencio y a pesar de que no lo mirabas podías sentir su pesada e insistente mirada encima tuyo, cosa que comenzaba a incomodarte pues te hacía creer que él podía ver lo que realmente esta situación te causaba.
---- Parece que eso no es de tu agrado ---- señaló con voz precavida, sentándose a tu lado, sin mirarte.
Te mantuviste en tu lugar, sorbiendo tu taza al sentirlo demasiado cerca de ti, pues aquello provocaba que te sintieras expuesta.
---- ¿Por qué dices eso? — Trataste de disimular mirando directamente a sus pupilas.
El hombre entrecerró sus ojos, rascando su barba desordenada mientras daba otro sorbo a su propia taza de café.
---- Estás demasiado callada para ser tú.
Si.
Hasta el más idiota sería capaz de verlo, pero no podían culparte.
Viviste pegado a él por mucho tiempo en momentos estresantes donde solo podían apoyarse en el otro y no sabías qué te hizo hacer lo que hiciste... Tal vez fue que Norm no parecía culparte con la mirada o que su voz no estaba siendo una constante advertencia, tal vez el simple hecho de que se haya sentado a un lado tuyo y no enfrente de ti como si peleara para que agacharas la cabeza, pero al ver su mirada paciente soltaste tu verdadero sentir.
---- Si, bueno. Es normal para mi — señalaste comenzando a rascar detrás de tu nuca — estuvimos meses viviendo pegado el uno al otro... Ahora que desaparece de forma constante me siento incómoda.
Los ojos de aquel hombre se abrieron mostrando una sorpresa que te hizo fruncir el ceño. Él carraspeó de inmediato, tomando un sorbo de café para relajar sus expresiones faciales.
--- Perdón. Es... Son contadas las veces que te muestras desconfiada.
Dejaste salir un pequeño resoplo al intentar reír.
---- Si, a veces yo también me sorprendo.
El científico asintió y ambos volvieron a guardar silencio que comenzaba a volverse incómodo, de no ser porque él volvió a hablar.
---¿Cómo vas con el idioma?
Gracias al cielo, decidió cambiar de tema. Dejaste salir un suspiro derrotado.
--- Mi maestra se distrae con facilidad y ahora mis clases están pausadas.
Norm sonrió divertido.
— No es tan difícil.
Lo miraste mal.
— Lo dices como si tú fueras un experto.
Alzó los hombros presumido.
— Claro que lo soy. Yo fui uno de los que le enseñó a Jake — lo miraste con ojos sorprendidos, él asintió — Era horrible, pésimo alumno.
Sonreíste burlesca.
— Qué cabrón, él me dijo que era desesperante traducirme todo y debía aprenderlo rápido.
Norm rió.
— Créeme, en la primera guerra-
Te pusiste derecha, acercándote a él con ojos emocionados.
— ¿Toruk Makto?
Asintió divertido a los recuerdos que llegaban a su cabeza.
— Toruk Makto — repitió sin alejar su atención de ti — Te aseguro que no sabía la mitad de lo que decían en medio de la batalla, fue increíble que nos llevara a la victoria.
Tus codos se recargaron en la mesa y con una sonrisa que fingía inocencia exclamaste.
— Necesito que me cuentes tooodas las aventuras del gran Toruk Makto, debo tener algo cuando intente regañarme por mi lento aprendizaje.
Crees que en esas dos horas que conversaste olvidaste por un instante todas tus preocupaciones. Un momento donde todo fue normal y no hubo ningún sentimiento de inseguridad o soledad que invadiera tu pecho. Por supuesto, una vez que te fuiste de aquel lugar para que Lo'ak pudiera encontrarte en el hogar que habían construido juntos, el sentimiento volvió.
No de golpe, no de un forma que te hizo sentirte débil al instante... Sino, como un suave diluvio que comenzaba a mojar cada rincón de la habitación conforme los segundos pasaban.
Miraste fijamente el fuego de la fogata que había dentro de aquel lugar. El humo te sofocaba por la pocas aberturas que había. Dejaste la cortina improvisada abierta de par en par para poder ver cuando Lo'ak llegara.
Había sonidos que llegaban a nublar tus pensamientos. Las olas debajo tuyo, el viento golpeando los telares del mauri y el fuego crepitando frente a ti. No existía el sonido de Lo'ak, ni su cola golpeando el suelo, ni su suave respiración y tampoco su voz hablando de cualquier cosa. Al menos hasta que la luna estuvo en su punto más alto y Lo'ak finalmente apareció con sus orejas agachadas y su cola enrollada en el muslo.
— Sam... — Saludó en voz baja.
Fingiste que todo estaba bien sonriendo cuando sus ojos se encontraron.
— Hola, tigresito. ¿Ya cenaste?
— Con los chicos... Y-yo perdón es que-
Apagaste el fuego provocando que el humo negro se levantara distrayendo a Lo'ak de tu mirada.
— Está bien, ya te dije que no me molesta — afirmaste sin saber si estabas mintiendo — ¿Cómo te fue hoy?
Caminaste a la hamaca subiendo a ella mientras te forzabas a mantener una sonrisa suave. Lo'ak no tardó en recostarse a tu lado, cara a cara para que pudieran verse a los ojos mientras conversaron. Era claro que todo su día estaba lleno de la metkayina y cuando sus ojos irradiaron una emoción genuina te obligaste no pensar en la preocupación que intentaba apoderarse de tu cabeza.
Lo'ak te contó su día con un brillo en los ojos del cual no podías apartar tu mirada y cuando sus manos se aferraron a las tuyas en medio de la noche no pudiste evitar sostener su agarre con las dos manos en un inútil intento de mantenerlo a tu lado.
Al día siguiente que tus ojos se abrieron supiste que Lo'ak no estaba en el mauri y aunque las imágenes de él atado a la camilla contra su voluntad llegaron a tu cabeza de golpe te obligaste a ignorarlo, aferrándote al único objeto que tenías para defenderte.
Una navaja simple que no podría hacer mucho a ataques a distancia.
Por alguna razón, esta situación te hacía sentir en una novela dramática donde el matrimonio estaba teniendo problemas.
Tus uñas rascaron tu nuca y sin poder evitarlo te levantaste de la hamaca para buscar a tu amigo. No estarías cómoda hasta asegurarte de que estaba bien y no se lo habían llevado para que tú no pudieras rescatarlo.
Caminaste por los pasillos entretejidos, pasaste de los lugareños que susurraban con curiosidad y cuando el padre de Lo'ak pasó por tu lado sin dirigirte ni una mirada no pudiste evitar sonreír incrédula.
Su hijo estaba avanzando y ya no veía necesario tu presencia, es lo que trenzas había dicho... Parecía haber tenido razón desde el principio.
Caminaste por la playa, justo por la orilla que tanto evitabas y cuando llegaste al punto de reunión habitual te encontraste con el hermano de tu amigo, quien parecía demasiado ocupado pescando. Tus pasos no dudaron en avanzar hacia él, tus rodillas se mojaron y el agua llegó por encima de tu cintura todo por el simple hecho de que Lo'ak no estaba junto a él.
— ¿Dónde está Lo'ak? — cuestionaste mientras tu cuerpo se paralizaba al ser consciente de dónde estabas.
El na'vi se giró a mirarte con una sorpresa que no lograbas entender, al menos hasta que sus ojos se llenaron de desconfianza y una amenaza silenciosa comenzó a ser enviada por sus pupilas.
— Nadando.
— ¿Solo?
Deja escapar un resoplo burlón, uno que caló tu orgullo y provocó que la rabia acumulada comenzara a burbujear.
— Con Tsireya, obviamente — se giró para ignorar a tu persona y eso te hizo sentir impotente, pues no podrías acercarte y obligarlo a mirarte por el simple hehco de que te aterraba dar otro paso — Te dije que ella era lo que él necesitaba.
Él tenía esa manía cuando se trataba de ti.
Lanzar palabras para que dolieran, atacando para quemar y destrozar... Lamentablemente los comentarios que antes eran fáciles de ignorar ahora se clavaban en tu pecho y hacían eco en tu cabeza.
— ¿No ha pasado nada con él?, ¿nada grave?
No querías pelear.
— No —. Afirmó sin mirarte, comenzando a recoger la red que había lanzado — Por lo que estoy viendo, tú eras la principal causa de su estancamiento.
— Neteyam.
Fue una advertencia. Una advertencia que casi se volvía una patética súplica y parecía que él lo había notado pues sus rostro se mostró atónito ante la primera mención de su nombre por ti.
Ninguno fue capaz de decir nada, sin embargo, tampoco alejaron sus miradas el uno del otro.
— Es algo que tenía que pasar, Samanta...
Sí, pero te frustraba saber que eras tan descartable.
Crees que fue la primera vez donde guardaste silencio cuando se trataba de él, no porque lo ignoraras, sino, porque realmente no sabías qué decir.
Te fuiste de ahí sin hablar, sin pelear y defender tu orgullo.
Lo único que hiciste fue ver una última vez hacia la playa logrando observar a Lo'ak salir a la superficie junto a Tsireya, él riendo y tomando su mano sin temor alguno...
Justo como debía ser desde el principio.
Fuiste directo al laboratorio esperando encontrar aunque sea alguien con quien hablar, más todo el lugar estaba vacío y en la cafetera una pequeña nota del dueño avisando que se había ido a la base de humanos más cercana del lugar.
Jamás pensaste volver a sentirte de la misma forma que en el pasado.
El sentimiento de soledad fue un peso ligero en tus hombros, uno que se comenzaba a extender y te dejaba agotada mentalmente... Lo odiabas. Odiabas el silencio que te acompañaba en el pesar porque recuerdos llegaban a tu cabeza.
No eran recuerdos sangrientos.
Crees preferir esos recuerdos de sangre a estas extrañas memorias melancólicas que llegaban en ciertas temporadas... En el aniversario de tu madre, en tu primer año en un nuevo hogar, en el camino que hiciste para llegar a la base donde conociste a Lo'ak.
Piensas que esa tal Eywa te estaba castigando por todo el mal que habías causado y no podías culparla.
Tus manos retiraron la máscara de tu rostro con lentitud y ante el inmenso silencio tus pasos fueron impulsivos.
Acciones que simplemente parecían innecesarias se presentaron.
Necesitabas desaparecer el silencio de cualquier forma y cuando encontraste la música de Norm subiste el volumen al máximo, esperando alejar aquella pesadez gracias a la ausencia de personas a tu alrededor. Ni siquiera le prestaste atención a la música, simplemente necesitabas que algo retumbara contra tus oídos para evitar el silencio y con eso llegó la resequedad de tu boca, la necesidad de olvidarte un momento de todo invadió tu cabeza. No te pareció mala idea abrir las gavetas y sacar las botellas que Norm resguardaba en estas.
Ni siquiera sabes qué tomaste, lo que tienes claro es que después del primer trago no pudiste detenerte. El ardor en la boca de tu estómago te distraía, la música en el laboratorio nublaba todo pensamiento y cuando ya llevabas más de la mitad de la botella sabías que la repentina diversión que comenzaba a llenarte era debido a lo borracha que estabas.
Bailaste baladas de dolidos con una sonrisa, te burlaste de Norm por lo sentimental que era y cuando miraste a tu alrededor y te diste cuenta que te faltaba la enorme figura azul que se la pasaba a tu costado cual mugre decidiste que era buena idea ir a buscarlo para que bailara contigo. Te moviste a tropezones, acercándote a la entrada dispuesta a salir.
— Upa, yo no puedo respirar — recordaste dando un paso hacia atrás, tus manos tomaron torpemente la máscara y con frustración la abrochaste derramando un poco de alcohol en tu espalda — Verga, no sé dónde está el trapeador... ¡Norm!, ¡Oye Norm, se derramó esta mamada! — no contestó — ¡claaaaaaro!, no fuera café porque ya estas chingando. Bueno, ¡me voy!
Cuando el viento frío del bosque golpeó con tus hombros fue que recordaste que aquel hombre se había ido. Manoseaste restándole importancia, dando pasos torpes debido a las piedras y raíces por el camino. Hasta que una te hizo caer. Te mantuviste en el suelo por unos segundos mirando la botella en tu mano para asegurarte de que todo estaba bien, la boca de la botella estaba llena de tierra y eso te puso de mal humor.
— Puta tierra — tu mano limpió con torpeza, dando un gran trago mientras intentabas levantarte aferrándote a todo lo que podías — Sabes Eywa, si quieres un poco de esto debes de pedirlo... — hablaste con la nada — pero no te voy a dar, así que consigue uno.
Al llegar a la playa miraste con fastidio la aldea, andando en la dirección a donde habías visto por última vez al hijo de puta de trenzas para ir por Lo'ak.
---- Estúpida aldea ----. Escupiste mientras tropezabas.
Una gran mano tomó tu brazo y tú ocultaste la botella en tu pecho para evitar que te la robaran.
---- Wow, parece que la pequeña humana se está divirtiendo por su cuenta, ¿eh?
Te apartaste de su agarre, casi cayendo de trasero de no ser porque lograste mantener el equilibrio. Tus pupilas miraron al na'vi frente a ti y cuando te encontraste con un rostro conocido una mueca de asco apareció en tu rostro.
— Verdad de dios que eres feo, cabrón — soltaste sin dejar de mirar sus facciones.
Él te miró confuso ante probablemente la combinación de idioma que estabas haciendo.
— ¿Qué? — soltó extrañado — estás borracha.
Soltaste una pedorreta con la boca dándote media vuelta para simplemente ignorarlo.
— No seas envidioso, cara de pez —te recargaste en una piedra dando otro sorbo para seguir con tu objetivo — Luego te invito unas, chichón.
— ¡Oye!, ¿a dónde vas? — soltó él mientras te alejabas — Lo'ak está con Tsireya en- ¿si quiera debes irte así sola?
Chasqueaste los dientes, levantándole el dedo de en medio sin dejar de caminar.
Una vez que llegaste a aquel lugar donde siempre iban a practicar tu nado te diste cuenta que no estaba por ningún lado visible. Habían más personas, si, pero ninguno de ellos era Lo'ak, así que lo más probable era de que estuviera mar adentro y viste razonable adentrarte a buscarlo.
Dejaste la botella en la arena, quitaste la camisa que llevabas dejándote en uno de los top que Lo'ak había hecho para ti y sin razonar gracias a tu cabeza alcoholizada fuiste capaz de adentrarte más allá de lo que haces sobria. No eras tú en esos momentos, ni siquiera te adentraste con un propósito malicioso, simplemente querías buscar a Lo'ak para llevarlo a bailar un rato contigo.
Como en los viejos tiempos.
Así que cuando un ilu nadó a tu alrededor con curiosidad tu mano tomó aquella agarradera en sus antenas esperando con paciencia que apareciera Lo'ak y nadaran un rato juntos. Tu mente borracha no cuestionó cuando aquella criatura te llevo más adentro, cuando recorrió un gran tramo y cada que tú lo soltabas por el cansancio él volvía a llevarte a quién sabe dónde, al menos hasta que a tu alrededor había enormes algas rosas. Su brillo te distrajo y a tu cabeza llegaron los sucesos de tu nacimiento Pandoriano.
El árbol de los espíritus.
No sabías nadar, así que no te sorprendió cuando tu cuerpo comenzó a hundirse poco a poco. Tu espalda tocó la arena dejando que te recostaras en esta con suavidad y tu atención se centró en las enormes hojas que se movían a tu alrededor, cubriendo tu cuerpo en un extraño refugio.
No sabes si fue el alcohol, no sabes si fue este lugar, pero un enorme sueño comenzó a invadirte. Un pequeño pitido comenzó a llegar de la pequeña caja que tenía la máscara y una luz roja fue percibida por tus iris, más no hiciste nada porque tu cuerpo se sentía cómodo y pesado.
La borrachera te estaba obligando a cerrar los ojos para dormir y tener el descanso que te merecías.
— ¡Es qué-! ¿¡cómo se el ocurre meterse al mar!? — exclamó una voz llena de ira — ¡Sabe que no puede nadar!
— Neteyam, debes calmarte — pidió una suave voz — Seguro hay una explicación.
— La vi borracha, pero no pensé que se metería al mar.
— Lo hace a propósito, ¡quería llamar la atención a toda costa y lo logró!
— Ya basta — habló una voz con firmeza — Ella debe descansar y sus gritos no ayudan a que eso suceda.
Tus ojos se abrieron lentamente mientras una dolorosa jaqueca provocaba que tu sien punzara. Intentaste pasar saliva, sin embargo, tu boca se sentía tan seca que lo único que provocó es que tu garganta doliera.
----¿Cómo te sientes, Sam? ---- preguntó Norm acercándose para ayudarte a sentarte.
Tus dedos fueron directo a presionar tu sien tratando de desaparecer el punzante dolor que te recorría cada que escuchabas sus voces.
---- Como la mierda — murmuraste — Tengo sed.
— Si, eso sucede cuando alguien bebe sin moderación — señaló el hombre con rostro serio, entregándote un vaso de agua sin mirarte.
Por alguna razón sentías que estabas siendo regañada y por primera vez la necesidad de agachar la cabeza y aceptar el castigo te llenó.
— Solo fue... Distracción.
--- ¿"Distracción"? — soltó trenzas con sarcasmo — ¡"Distracción"!, estás traumada con el mar y aún así encontraste la forma perfecta para adentrarte en él — el muchacho intentó acercarse, sin éxito alguno pues el hermano de Tsireya detuvo su andar — No solo eso, sino que fuiste directo al árbol de los espíritus, ¡Tú sola!
No dijiste nada, porque conforme las palabras salían de su boca la rabia iba creciendo, sentías tu sangre calentarse y tus manos comenzaron a temblar cuando la necesidad de golpearlo llenó todo tu cuerpo. La adrenalina comenzaba a crecer y lo único que podías hacer era aferrarte al vaso con agua del que bebías.
— Neteyam, es suficiente. Ella lo entiende.
— ¡No! — se negó con ira — Todos sabemos que lo hizo porque no quiere aceptar la verdad. Nadie te necesita aquí, ni ahora, ni en un futuro y estoy seguro que en el pasado tampoco.
Un clic sonó en tu cabeza.
E inmediatamente después de ese sonido el vaso que estaba en tu mano voló directo a su cara sin aviso alguno. El objeto se estrelló con la puerta, gracias a que lo ayudaron a agacharse a tiempo, los trozos cayeron al suelo y cuando ya te habías levantado con la navaja que aún mantenías contigo una mano te jaló hacia atrás, obligándote a sentar bajo la atónita mirada de trenzas.
— ¡Samanta, basta!
—He sido bastante tolerante contigo, pero ya estás sobrepasando mis límites, cabrón de mierda — exclamaste mientras Norm te tomaba con fuerza en sus brazos — ¡A la siguiente no voy a dejar ni que termines la pinche frase pendejo de mierda!
— ¡Ya váyanse! — exclamó Norm sin soltarte — ¡Ao'nung!
El metkayina reaccionó, jalando a trenzas para que saliera de la habitación mientras se llevaba a su hermana tomada de la mano.
Ni siquiera habías prestado atención de quién estaba ahí.
Fue de forma inconsciente que tus ojos buscaran a Lo'ak y cuando lo encontraste parado paralizado en la esquina de la habitación te hizo sentir un poco de arrepentimiento ante tus acciones impulsivas.
Sus ojos dorados, abiertos y aterrados te miraban fijamente, casi ocultándose de la vista de todos y eso te hizo mirar al suelo con la culpa comenzando a llenar tu pecho, ni siquiera tu hermana había logrado hacerte arrepentirte de tus acciones impertinentes.
Hubo un silencio enorme, uno que ninguno de los tres se atrevió a romper al menos hasta que tu respiración se reguló y Norm pudo alejar sus brazos de tu alrededor.
— ¿Hace cuánto no rellenas el compartimiento de oxígeno de la máscara?
Rascaste tu nuca, tallando tu rostro con frustración mientras alzabas los hombros.
— No lo sé.
— Samanta, tu oxígeno se estaba acabando y si la hermana de Lo'ak no te hubiera visto tú ya no estarías aquí — explicó con tu máscara en mano — ¿Por qué bebiste?
Apretaste los labios.
— No lo sé.
El hombre guardó silencio por unos segundos, más con un suspiro volvió a cuestionarte.
— ¿Por qué fuiste al mar?
— No sé, chingada madre — respondiste frustrada — No sé por qué hice la mayoría de las cosas, ¿bien?
— Iré a buscar con que recoger el vidrio en el suelo, no se muevan.
Él salió y tú quedaste a solas con Lo'ak.
Pensaste que ninguno hablaría, que ambos guardarían silencio y simplemente esperarían a que todo se tranquilizara...
Pero él habló.
— ¿Por qué...?
Tus pupilas lo buscaron de inmediato.
— Perdón, no quería asustarte... Solo me malpase de copas — estiraste tu mano, deseando de forma desesperada que él la tomara y cuando lo hizo la tranquilidad te llenó.
— ¿Por qué bebiste...? — volvió a cuestionar en voz baja, sin soltar tu mano mientras sus ojos estaban encima de ti.
Siempre eras sincera con Lo'ak y demostrabas tu lado más vulnerable sin pensar en consecuencias. Al menos, no como en el pasado.
— Creo que te he extrañado.
Sus dedos se entrelazaron y su frente se tocó la tuya para que centres toda tu atención en él.
— Pero estoy aquí.
Tu boca se abrió sin pensar mucho en lo que estabas por decir.
— No conmigo —. Tu mirada se alzó para ver directo a sus pupilas — ahora todo tu mundo gira en torno de Tsireya y me estás dejando de lado.
Él... No esperaba ver la sinceridad en tus ojos al soltar eso. Tampoco pensó que aquello desataría una enorme inseguridad en él, provocando que la sombra de M creciera tras su espalda.
Las palabras de su hermano llegaron a él cual eco.
Tú no le habías dicho de Tsireya y este repentino reclamo a sus acciones provocaba que aquellas palabras se volvieran reales. La voz de su hermano revelando el secreto que tanto intentabas ocultar, o al menos es lo que suponía él, comenzaba a calar en sus oídos y eso lo hizo de alguna lo sentir que debía preguntarte tus razones. Debía entender por qué ocultarle algo tan importante para su salvación como lo es Tsireya.
Cree que tú no lo entiendes.
— ¿Por qué no me dijiste de Tsireya?
Fue capaz de notar tus cejas alzarse y cuando tu mirada se llenó de extrañeza algo en él se sintió traicionado.
— ¿A qué te refieres?
— ¿Por qué no me dijiste que ella quería verme?
De repente ya no había confusión, sino una molestia que Lo'ak no sabía a quién era dirigida.
— ¿Quién te dijo eso? — cuestionaste sin que tu entrecejo se relajara — fue tu hermano, ¿verdad?
Nunca habías hecho esto. Jamás habías evitado responder cualquier pregunta que él te hiciera y verte en estos momentos insultar a su hermano para evitar contestar comenzó a a hacerlo sentir extraño.
— Sam —. Tu boca se cerró y tu mirada se llenó de sorpresa ante la seriedad en su tono — ¿Por qué no me respondes...?
No hablaste mientras tus ojos iban de su pupilas a la otra y aquello comenzó a hacer que el agujero en su estómago creciera.
"Te lo dije, Charlie. Solo yo puedo entenderte"
Podía comenzar a oír una pequeña mosca volar y el picor en sus antebrazos crecía conforme dudabas en decirle.
— No sabía cómo decírtelo y no sabía qué reacción tendrías si llegaba a mencionarla ya que fue importante en tu vida.
Esa verdad caló, porque era un recordatorio de que no estaba bien y que todo su cuerpo estaba lleno de cicatrices que jamás podrían ser borradas.
— ¿Qué reacción podría tener, Sam? — lo miraste en silencio comenzando a alterarlo — Dime qué reacción podría tener.
— Tu lo sabes, Lo'ak. No necesitas que te lo recuerde.
Dejó ir tus manos al sentir los dedos de M subir por su espalda, pues le estabas haciendo recordar todo lo que este tiempo que paso junto a ella bloqueó.
— Con ella no sufro. No tengo ataques.
Te levantaste de la camilla acercándote a él con pasos cuidadosos.
— ¿No te parece extraño? — señalaste con preocupación — tres días antes ni siquiera podías ver a la gente a la cara y ella llega y eres capaz de hacer todo.
Negó dando un paso hacia atrás mientras los fríos brazos de M rodeaban su cuerpo provocando que comenzara a sentirse pequeño.
"Pobre de ti, Mi amor... Fingiendo que yo nunca existí y tú nunca te alejaste de ellos, ¿no es un poco triste, Charlie?"
No. No era triste, no era patético.
Él merecía recuperar la vida que nunca pudo tener gracias a los monstruos que lo llevaron. Merecías tener la mejor versión de Lo'ak, para que si tu hermana decidiera cumplir lo que prometió lo escogieras a él por sobre ella.
— No. Es completamente normal, YO soy normal — afirmó tratando de desaparecer el recuerdo del tacto de aquel científico — Tú dijiste que debía convivir con ellos para volver a ser el de antes.
— Pero no de esta forma — exclamaste tomando sus manos para intentar acercarlo a ti — por tu reacción puedo decir que tú sabes que no es normal y eso significa que me estas ocultando algo.
La desesperación nubló su cabeza provocando que su boca se abriera sin medir el peso de sus palabras.
— No es mi culpa que tú no tengas una familia.
Jamás pensaste que dejarías ir tan rápido el agarre de alguien o que tu corazón se vería tan afectado por las palabras de otra persona como en el pasado.
Te habías paralizado.
Tus piernas no podían moverse y tu boca se mantuvo cerrada sin saber qué decir o como reaccionar, pues la urgencia de atacar para protegerte se intercalaba con tu necesidad de proteger a la persona por la que arriesgaste todo.
— Si tengo una familia... — murmuraste en un inútil intento de tranquilizarte y convencerte de que todo estaba bien.
Aquellas palabras no lograron tranquilizar su ansiedad, pues la razón principal de todo esto era de la persona que te buscaba. Su cabeza le decía que debía destruir todas las posibilidades de aquel familiar y M le había enseñado bien a romper la fe de alguien.
— No está aquí. Ella ni siquiera te está buscando.
Dolió.
Y aquello hizo que la rabia se desbordara.
— Como tu familia cuando estabas encerrado, ¿no? — diste un paso adelante sin importarte que los ojos de Lo'ak demostraran dolor — Porque sino hubiera sido por mi, tú ni siquiera estarías aquí.
Su corazón se apretó y M comenzaba a crecer detrás suyo.
— No fue su decisión, ellos no sabían dónde estaba — repitió con las lágrimas comenzando a bajar por sus mejillas — Yo no quería eso. No quería ser salvado, si yo no estuviera en ese lugar ni siquiera hubieras sido necesaria en MI vida.
Crees que ambos están dejando salir las frustraciones que no se atreven a decir.
— Lamentablemente para ti y para mi, no fue así. Robé droga, maté gente, destruí bases importantes de investigación y traicioné a mi puta nación para que tú fueras libre.
Cubrió sus oídos mientras cerraba sus ojos con fuerza.
Por qué pareciera que le estabas echando la culpa de todo cuando se supone hiciste todo eso porque lo querías y lo veías como un verdadero amigo.
— ¡No te pedí que hicieras eso! — gritó negándose a oír la risa burlesca de M — ¿¡Por qué me estás reclamando algo que decidiste hacer por tu cuenta!?
Era como si intentara reducir tu sacrificio a nada, como si tu vida no fuera nada más que una pequeña piedra a comparación de los demás cuando tú fuiste la que pasó mierda para que él sobreviviera y fuera capaz de volver aquí.
— Porque parece que quieres olvidar todo lo que sacrifique por ti — diste otro paso al frente observando como se agachaba lentamente — Si yo no hubiera estado ahí tú seguirías siendo el juguete de-
Cerraste tu boca de golpe mientras veías sus ojos dorados llenos de tormento. Un terror que se colaba entre tus huesos y te hacía sentir culpable por lo que estuvo por salir de tu boca.
No estaban bien, ninguno de los dos. Así que no te sorprendió que Lo'ak atacara de la misma forma, solo que él no se detuvo.
— Creo que hubiera preferido quedarme con él a convivir contigo... — sus pupilas se clavaron en las tuyas y una desesperación imposible de contener nubló oda su empatia — Ahora entiendo porque tu mamá prefirió matarse que quedarse a tu lado.
Fue una vuelta sin retorno.
Ambos atacaron con lo más bajo y a pesar de que normalmente buscarían la forma de mantenerse juntos esta vez dejaste que tu rabia ganara.
Tu mano tomó su muñeca, obligándolo a levantarse del suelo para caminar fuera de la habitación. No te importó que preguntara a dónde iban, no te importó que llamara tu nombre y tampoco el tono desesperado que usaba para darte a entender que necesitaba que lo miraras.
Norm los vio irse más no dijo nada.
Tú no dijiste nada en todo el camino a la isla y a pesar de que Lo'ak te cuestionaba no dejaba de seguir tu andar. Cuando pasaron por entre los lugareños él guardo silencio siguiéndote a tropezones debido a sus piernas temblorosas.
No pudiste tranquilizarte ni aunque hayan caminando un largo tramo. La rabia no desaparecía porque las palabras con su voz se repetían una y otra vez en tu cabeza.
Al menos hasta que llegaste al mauri de su familia.
— ¿Hermano...? ¿Que están-?
Ni siquiera dejaste que Neteyam teminara la pregunta, porque jalaste a Lo'ak delante tuyo pateando detrás de sus rodillas para que cayera al suelo de golpe.
Sus padres se levantaron con rapidez, su madre apuntando directo a tu persona con su arco y sus hermanas miraron con nerviosismo la escena.
— ¡Hey! — exclamó Jake agachándose a la altura de Lo'ak quien te miraba con ojos abiertos — ¿¡qué crees que haces!?
Tus pupilas no miraron a Lo'ak en ningún momento.
— Ahora es tu responsabilidad.
— ¿Qué...? Sam, qué estas-
Ahí fue cuando tu rabia remató, porque tal vez fuiste capaz de retener las palabras para no terminar la frase antes, pero ahora solo podías pensar en lo que él te dijo.
— Debí haberte dejado ahí como lo pensé en un principio.
Saliste.
Te fuiste sin mirar atrás y conforme te alejabas el dolor llenó tu pecho. Tus piernas tambalearon por unos segundos mientras un suspiro abandonaba tus labios debido al arrepentimiento que comenzaba a llenarte.
Morías conforme entendías que probablemente ya no podrían pedir perdón porque ambos habían cruzado un límite para lastimarse.
•|•|•|•|•|•|• A D V E R T E N C I A •|•|•|•|•|•|•
Canibalismo, ab/so se/ual, adicción de drogas, mención de sui/idio, depresión, codependencia emocional, sangre, mención de muerte.
•~•~•~•
Capitulo 1.
Capitulo 15
•••••••••••••••••••••••••••••••
16. El pasado renace.
— Entró... Ella en verdad entró — murmuró Neteyam con incredulidad parado justo a su lado.
Jake asintió, observando con atención tu cuerpo quieto bajo el agua notando cómo tus manos se aferraban con fuerza al árbol. Sabía que seguías consciente porque tu cuerpo estaba relajado y por un momento creyó que esto no serviría de nada por la posibilidad de que el gusano no haga efecto en ti, sin embargo, sin aviso alguno tu cuerpo se volvió rígido bajo el agua y tu cabeza se echó hacia atrás en un movimiento brusco.
A pesar de la lejanía fue capaz de notar el brillo de tus venas debido a una exitosa conexión, lo que temía sucedió...
Tu cuerpo comenzó a convulsionar bajo el agua.
Ahí fue cuando recordó a su hijo, aquel que era tan dependiente a ti que ver esto probablmente lo estaba llevando al borde de la ansiedad. Sus labios se movieron conforme sus pupilas viajaban a su hijo menor.
— ¡Neteyam, ve con tu hermano!
Su hijo mayor corrió hacia su hermano con todo lo que sus pies podían permitirle. Lo'ak fue jalado hacia atrás evitando que se lanzara al mar para sacarte de ahí.
— ¡No pueden interrumpir el ritual o podría ser peligroso! — advirtió Ronal con voz firme.
Lo'ak pataleaba llorando para que lo dejaran ir por ti.
— Debo ir con él, Majake — aseguró Neytiri dispuesta avanzar hacia su hijo.
Pero con todo el dolor de su corazón él tuvo que evitarlo, porque no sabía si la presencia de su esposa lo alteraría más de lo que ya estaba.
— No, mi amor — su esposa lo miró con molestia, tristeza, cientos de emociones en una solo expresión — Por favor... Recuerda la distancia que nos pidió.
Neytiri se resignó porque era lo único que podían hacer cuando se trataba de su hijo.
Todo para evitar un colapso mental.
Ya había sido demasiado para ella pedir que Kiri y Tuk no se presentaran a la ceremonia y ahora mantenerla alejada de Lo'ak cuando estaba a unos pocos pasos de distancia era doloroso y cruel... Porque su hijo se estaba derrumbando frente a sus ojos y ellos no podían hacer nada para tranquilizar a su agobiada cabeza, porque la única que podía calmarlo en medio de su derrumbe emocional eras tú y lamentablemente estabas en el océano peleando por vivir.
Debía ir contigo y sacarte de ahí antes de que fuera demasiado tarde.
Te había prometido que nada malo te pasaría cuando si él estaba cerca. No permitiría que nada te pasara en un estado tan vulnerable como en el que estás ahora y sin embargo, estabas a unos cuentos metros de su persona sufriendo un dolor inmenso.
Nadie era capaz de entender...
Necesitaba explicarle a esas manos que retenían su avanzar la promesa que te había hecho y por qué era tan importante sacarte de ahí, sin embargo, de sus labios no salía ni una palabra. Todo se quedaba atascado en su garganta cuando se trataba de hablar con personas ajenas a ti y si no podía comunicarlo podría perderte en cualquier momento.
No podría seguir adelante si te ibas, porque ahora mismo, eras la única persona que conocía y aceptaba su lado roto.
Peleó, rasguñó y por más que se esforzó lo obligaron a dejarte morir.
— Hermano, está bien — intentó tranquilizar aquella voz con mentiras que huían de sus oídos —. ¡Está bien!, ella va a estar bien. Confías en ella, ¿no es así?
Su pecho se apretó y el cosquilleo en su piel creció conforme era consciente de su alrededor... Si, confiaba en ti.
Te confiaba toda su vida.
Pero no en Eywa y ahora tú estabas entrando a su territorio. Un lugar al que él hace tiempo había dejado de pertenecer, a un mundo donde él no sería capaz de cuidarte. Te iba a perder a manos de aquella que lo ignoró y lo dejó sufrir por años... Y por alguna razón, la creía capaz de castigarle con tu ausencia por todos los pecados que cometió contra sus hijos.
Dolía.
Todo tu cuerpo se llenó de dolor al sentir tus huesos separarse el uno del otro, la sangre que recorría tus venas quemaba y lo que había sido arrebatado de tu pecho te dejaba un vacío incómodo que era acompañado de un retumbar caótico, uno que reventaba tus tímpanos conforme el sonido iba haciéndose más y más fuerte. Tu visión había desaparecido gracias a la deslumbrante luz blanca que te cegaba llevándote a la catarsis ante la incertidumbre. Tu cabeza palpitaba con una punzada que enviaba calambres a todo tu cuerpo, transformándolo en un dolor que se repetía cual el latir de un corazón.
Era demasiado.
Estaban pasando tantas cosas a la vez que no lograbas saber en qué concentrarte para que todo acabara.
¿Cuánto va a durar?, ¿Cómo sabes que no estás muriendo ahora mismo y debes de detener esta transición?
Una nueva punzada, un nuevo latir, voces a tu alrededor y de forma repentina el silencio junto a tu cuerpo hundiéndose en la oscuridad.
Ya no había agua a tu alrededor, pero tampoco el olor a playa que tanto odiabas, no había una luz cegadora y tampoco el miedo al vacío. Solo la fría calma de un silencio desconocido, una extraña ausencia de conexión a la realidad que te dejaba muda.
Tus ojos se abrieron con lentitud mientras un escalofrío subía por tu espalda ante el repentino punzar que recorría tu cuerpo cada pocos segundos.
Era una advertencia a cada movimiento que intentabas hacer.
A pesar de que el dolor seguía ahí fuiste capaz de ver a tu alrededor encontrando un enorme bosque lleno de silencio. Para tu suerte, no era terrorífico, ni irradiaba peligro. Era un paisaje acompañado con una luz suave que se colaba entre las hojas de las copas de los árboles tocando cada pequeña planta que descansaba en el suelo fértil.
Te sentaste con cuidado, notando que tu cuerpo se movía de forma tan lenta que podías ver pequeñas partículas de tu propia piel desprenderse y volver a juntarse en una sola. No había nada de dolor al tratarse de la metamorfosis de tu cuerpo, sin embargo, aún estaba ese repentino dolor que te obligaba a encogerte de hombros. Iniciaba desde tu pecho, extendiéndose a cada extremidad... Tus manos fueron a apretar aquella zona, tus dedos rozaron por encima de donde debía estar tu corazón mas no encontraste nada. No encontrabas aquel movimiento rítmico que te dejaba en claro que seguías con vida, en cambio, te centraste en la tela que rozó tus dedos.
No había desnudez, sino aquel uniforme militar al que te habían enseñado a mantener por años.
Tus pupilas buscaron algo que te hiciera entender qué estaba sucediendo. Recorriste con tu mirada cada árbol que había a tu alrededor necesitando respuestas que no podías encontrar, al menos, hasta que el sonido de hojas moviéndose te obligaron a buscar aquella fuente de protección que te habían arrebatado hace días, el no encontrarla te causó pánico por el peligro eminente que podías estar por vivir.
Cuando tus ojos volvieron su atención a aquellos arbustos lo único que se posó frente a ti fue un imponente ciervo con astas enormes. Sus seis patas se quedaron firmes en su sitio y el color azul de su cuerpo se volvió casi plateado gracias a los rayos del sol que iluminaban detrás de él.
La criatura te miró solo unos segundos y después siguió su andar con una extraña tranquilidad.
Bom, bom, bom.
Podias oír mientras se alejaba y de su pecho una brillante y azul luz comenzó a escapar.
El sonido de su latido se sincronizó con el dolor que recorría todo tu cuerpo. Tus dedos apretaron la tela de tu blusa entre ellos intentando brindarte fuerza mientras te levantabas con dificultad, pues tus rodillas se sentían débiles causando que temblaran ante cada nueva punzada en tu pecho. Tus piernas fallaron y tu cuerpo se dejó caer contra el césped. Tus manos evitaron que tu rostro golpeara el suelo, sin embargo, gracias a la debilidad de tus rodillas fuiste capaz de ver el rítmicoy extraño movimiento del pasto debajo tuyo. Era una danza suave qué iba de adentro hacia afuera rodeando a tu persona y eso no era lo único extraño, sino, que este movimiento se sincronizabaa con las punzadas de tu pecho y con aquel latir desconocido que venía de todas partes.
Bom, bom, bom.
Al alzar tu mirada saltaste en tu lugar preparada para pelear de no ser porque aquel na'vi simplemente pasó por tu lado y siguió con su andar a quién sabe dónde sin preocupaciones.
Al ver a las lejanías fuiste capaz de notar que no fue el único.
Había otro y otro y otro más.
Docenas de na'vi pasando por tu lado sin mirarte, ni preocuparse por tu presencia. Simplemente seguían su camino con expresiones serenas y pasos decididos como si a donde fueran es el lugar al que pertenecían.
¿A dónde van con tanta tranquilidad desbordando de ellos?
— Sami.
Tu cuerpo se paralizó cuando aquella conocida voz susurró tu nombre.
Fue la única forma de mirar atrás, a aquel lugar a donde todos ellos se dirigían y la explicación que tu cabeza pudo formar ante su figura fue que Eywa te estaba dejando en claro su rechazo.
Allá a donde todos se dirigían una mujer de tu pasado te miraba con su mano estirada en tu dirección pidiendo que fueras a ella.
— Vamos, Sami. Hay que volver a casa.
Todos iban a ella.
Hacia aquel enorme muro blanco que había a sus espaldas y tú te negabas a aceptar ese destino.
Así que diste un paso hacia atrás, otro paso y luego otro más para después comenzar a correr con el claro objetivo de alejar aquella voz de tus oídos, sin embargo, conforme más te alejabas de ella el dolor en tu inexistente corazóndse volvía mas insoportable y cuando menos deseabas detenerte tus piernas fallaron provocando que cayeras al suelo de golpe.
Tu respiración agitada se aceleraba conforme los segundos pasaban y tus manos se aferraron a las hierbas debajo tuyo intentando soportar el dolor que comenzó a presentarse en tu cabeza.
Necesitabas quedarte recostada y esperar a que el dolor pasara, pero Eywa parecía odiarte y la única forma de demostrar su rechazo era haciéndote revivir situaciones que te habían marcado... Fue cruel traer devuelta aquellas risas que te persiguieron mientras dormías.
Tu mano cosquilleó ante el claro recuerdo de sus colmillos perforando tu piel, la sensación se intercalaba con la mordida de Lo'ak y de repente no sabías qué dolía más. Te obligaste a mirar hacia atrás encontrándote con aquellas enormes hienas rodeándote por la espalda, sus pasos apenas ruidosos se acercaba y sus ojos feroces esperaban con ansias alguna reacción de tu parte.
¿Qué más podrias hacer sin nada con qué defenderte? Huiste.
No te detuviste ni siquiera cuando sus risas se perdieron en la lejanía y al no detenerte y mirar de forma constante hacia atrás no te diste cuenta de la pequeña bajada empinada. Tu estómago se hundió y tus manos intentaron aferrarse a lo que sea para evitar caer repitiendo las imagenes de Lo'ak siendo arrebatado de tus brazos para ser llevado de vuelta a las manos de Mark. Tu cabeza golpeó con fuerza el suelo al dejar de rodar colina abajo, las punzadas en esta misma se intensificaron y tus párpados se obligaron a apretarse para intentar desaparecer la sensación de mareo.
Respiraste agitada, girando en el suelo para poder mirar el camino frente a ti causando que todo en tu cuerpo se paralizara.
Frente a ti se levantaba una casa de colores apagados debido al pasar de los años. Un lugar que conocías bien porque habías vivido en ella los primeros años de tu niñez.
Tus pasos fueron lentos y tu mirada fue fija al acercarte a aquella despintada fachada. Abriste el horrible cancel metálico que rechinaba por la falta de aceite y sin pensarlo por más de dos segundos empujaste la puerta principal que se abrió de par en par dándote la bienvenida al interior.
Tu mirada recorrió cada rincón y las yemas de tus dedos rozaron la madera de los muebles llenos del habitual polvo que siempre estuvo en ellos.
Así que a esto se referían con recuerdos... Memorias que eran traumas para el presente.
No sabías si era un especie de tortura o un regalo de parte de Eywa para que vuelvas a estar con los que llegaste a amar.
Tus pasos fueron directo a la habitación que conocías como la palma de tu mano, aquella donde creaste miles de historias y te ocultaste de otras más. Fue tan nostálgico ver las pegatinas de princesas en la madera de la entrada que no sabías si simplemente quedarte ahí y apreciarlas por horas o seguir adelante.
Tu toque se aferró al picaporte y al girarlo juguetes regados en el suelo te dieron la bienvenida provocando que sonrieras con melancolía. Los peluches en la cama y los garabatos en la pared te trajeron una tranquilidad agradable que pocas veces llegaba a aparecer cuando se trataba de tu infancia.
Fuiste directo a la cama con edredón rosa para simplemente observarlo por unos segundos en absoluto silencio. Tus dedos rozaron la desgastada tela y con una necesidad que no sabías que albergabas en tu interior te dejaste caer encima de las cobijas. Fue de forma inconsciente el que tus manos buscaran qué abrazar porque cuando menos lo pensabas ya te habías aferrado a la almohada que había de sobra. Ocultaste tu nariz en aquella extraña esencia que revolvía tu shampoo de fresas que usabas y la humedad que que llenaba la habitación gracias a las goteras del techo. Los peluches te rodeaban emanando el olor a polvo acumulado en ellos y con todo esto conocido tu cuerpo se relajó.
La punzada de tu cabeza desapareció y a pesar de que el sonido del latido aún estaba a tu alrededor, esta vez no te causó dolor. Llegó a relajarte en cuestión de segundos al estar en un lugar seguro de tus recuerdos. El suave golpeteo en tu pecho volvió y todo tú se sintió ligera conforme el tiempo pasaba. El viento se volvió cálido y la sensación de estar protegida te llenó... Todo se volvió como deseabas sentirte en aquel entonces.
Hasta que ese sonido se presentó.
Un gorgojeo.
Un sonido que siempre enviaba escalofríos por tu cuerpo al oírlo, pues era una clara advertencia de que otra memoria volvía, porque tú nunca soñabas... Recordabas y eso te atormentaba incluso en los mejores días.
Tus pupilas miraron la puerta de la habitación encontrándote con la oscuridad absoluta que te obligaba a levantarte y caminar a ella para repetir el trauma que te perseguía. Tus botas tocaron el suelo firme, tus pasos te guiaron hacia el dolor conforme el sonido del latido se volvía más y más fuerte.
Tus oídos dejaron de escuchar, tu andar dejó de titubear y cuando fuiste capaz de ver fuera de tu lugar seguro tu respiración se detuvo solo unos segundos.
Claro que iba a estar ahí.
Él siempre estaría en el suelo ahogándose en su propio vómito como el drogadicto que era.
Aún puedes recordar su cuerpo convulsionando en el mismo sitio que cayó inconsciente, recordabas el sonido del líquido acumulándose en su garganta por el simple hecho de estar boca arriba. Podías recordar a los médicos llevándolo en una camilla con su cuerpo siendo cubierto por una sabana.
Tú solo eras una niña cuando la responsabilidad de cuidar a un adulto cayó sobre ti, porque mamá debía trabajar y necesitaban a papá para poder seguir adelante. Nunca fuiste capaz de comprender por qué él era necesario, pues nunca hizo nada después de caer en ese estado.
Crees que ella te culpó un poco de lo que sucedió aquel día, porque ya te había explicado qué hacer en esos casos y tú preferiste esconderte porque no tolerabas aquel ruido proviniendo de él.
Jamás podrías huir de ellos, porque ni siquiera querías intentarlo al ser lo único que conocías.
El dolor que ellos te provocaban era la única forma que conocías de sentir.
"Fì'awn Na'vi"
Una suave voz llegó a tus oídos robando tu atención del cadáver a tus pies. La luz blanca de la que habías huído volvió. Un muro inmenso, un círculo que parecía un planeta acercándose a ti susurrando una frase que no podías traducir.
"Oel ngati kameie"
Tu cabeza dudó, observando cómo aquella luz devoraba a tu padre provocando que el sonido de huesos quebrándose llegaran a tu cabeza y de repente la imagen de Lo'ak mirándote con ojos vacíos llegó a tu memoria obligándote a dar un paso hacia atrás. Aquel latido que te había llenado de calma comenzó a aturdir tus tímpanos, tu cuerpo se retorció del dolor y todo volvió a ser demasiado para ti como en el principio.
Tus manos apretaron con fuerza tu sien y tus párpados se cerraron intentando hacer más soportable el dolor que te invadía.
"Fì'awn Na'vi"
"Fì'awn Na'vi"
"Fí'awn Na'vi"
Y a cada susurró de aquella voz podías sentir cómo tu cabeza quería explotar y tu cuerpo se debilitaba conforme ella se acercaba.
— ¡Cállate! — gritaste llena de dolor físico.
Guardó silencio, sin embargo, la habitación comenzó a llenarse de agua que entraba por las ventanas provocando que tu corazón saltara por el terror.
Observaste como poco a poco todo se inundaba bajo tus pies sin atreverte a moverte.
Tus peluches flotaban a tu alrededor, tus cuentos se mojaban y la cama se quedaba bajo el agua desapareciendo de tu vista... Como un recordatorio de que jamás podrías recuperar nada de lo que deseabas en tu niñez y cuando unas manos salieron de las profundidades aferrándose a tus piernas no hiciste nada. Te dejaste arrastrar a donde siempre debiste ir.
Todo a tu alrededor se volvió de un azul oscuro.
La penumbra silenciosa llenó el ambiente y no había nada más que el sonido del movimiento del mar rodeando tu cuerpo, no querías mirar nada más pero cuando las burbujas debido a tu caída repentina desaparecieron fuiste capaz de ver lo que había frente a ti...
La mujer que jamás logró cumplir su objetivo a pesar de sus esfuerzos.
Su expresión, como siempre, no te demostraba nada y sus ojos melancólicos estaban perdidos en el recuerdo de aquel hombre alejándola de la realidad... Alejándola de ti.
Nunca te miraba... No estaba ahí para amarte, pues solo sabía vivir por él y para él.
Por primero vez después de tantos encuentros con ella donde solo decidías huir te quedaste en iniciaste algo que temías hacer.
— Debiste haberme elegido... — susurraste sin atreverte a acercarte a él — Podríamos haberlo superado juntas, sabes que no lo necesitábamos...
Ella no te miró.
Jamás lo haría porque ya no estaba ahí y por un momento deseaste que Norm tuviera razón, que esta alucinación cumpliera tan solo uno de tus caprichos porque era un deseo que tenías.
— Te veo en todos lados al que llegue a mirar... Más no de la forma que una hija supone debería recordar a su madre — dudaste en decirle, más no te detuviste cuando tu boca se abrió — Temo encontrarte ahí, mamá. Me da terror dormir y llegar a soñar porque no quiero verte ahí.
— Lo siento.
Tu corazón se apretó al ver cómo lo que se supone debía ser un cadáver flotando, ahora era tu madre acercando sus manos a tu rostro para acariciar tus mejillas con un cariño que siempre deseaste sentir.
— Lo siento, Sam... — sus brazos se aferraron a ti y te atrajo a un fuerte abrazo lleno de consuelo — Te amo, hija.
Lo tomaste con un dolor que te desgarraba desde dentro.
Titubeaste por unos segundos, sin embargo, tus manos se aferraron a su espalda después de unos segundos y tu rostro se ocultó en su pecho intentando escuchar por última vez el latido de su corazón. Al separarte de ella la mujer dio un pequeño beso en tu frente, uno tan suave y largo que por un momento deseaste quedarte con ella y vivir en esta fantasía.
Te forzaste a dejar ir el abrazo y viste con atención como su cuerpo se hundió lentamente.
Dejaste que las profundidades la alejaran de ti en un silencio doloroso... El sonido rítmico del latido volvió, tu cuerpo flotó hacia la superficie y cuando el cálido sol de este extraño lugar acarició tu rostro dejaste salir un suspiro qué habías retenido por demasiado tiempo recostándote en el césped observando las pequeñas hojas danzar con sincronía.
"Fì'awn Na'vi"
De nuevo aquel muro blanco ya estaba a unos cuantos metros de ti, provocando que tus oídos se centraron en el suave tono de las voces que provenían de aquel lugar. Ibas a caminar hacia él dispuesta a terminar con esta sesión de memorias de no ser por unas manos tomaron tu muñeca con desesperación obligándote a girar para encontrarte con una avatar quien te miraba con ojos llenos de incredulidad.
— Sam... Samanta. Oh dios mio, Samanta — aquella extraña se arrodilló y sus manos tomaron tu rostro para examinarte con cuidado — Dios, en verdad eres tú... ¿Q-qué estás-? ¿Cómo es que estás aquí?
Tu ceño se frunció cuando notaste que sus facciones eran las mismas que las de tu hermana, aquella que hace tiempo te había dejado atrás y esto te pareció extraño. Con desconfianza tus manos tomaron sus muñecas alejando su toque de tu rostro.
Era ella... Claro que era ella porque podías reconocer el brillo de sus ojos incluso en la oscuridad, más no entendías por qué esta apariencia azul.
— ¿Por qué eres un avatar? — cuestionaste sin comprender.
— Eso te lo explicaré más tarde. Tú, cómo puedes... ¿estás... Tú estás... Muerta?
Diste un paso hacia atrás ante sus palabras con algo de molestia, pues... No lo sabías realmente, pero pensar en eso te ponía de un muy mal humor.
— ¿Qué? ¡no! — diste otro paso hacia atrás — solo... Estoy naciendo, creo. Algo así dijeron.
La muchacha dio un paso hacia a ti.
— Espera tú... ¿Estás en una aldea? Después del incidente te busqué y pedí que te trajeran de vuelta, que nosotros nos haríamos cargo de ti y-
— ¿Acerca de qué? — interrumpiste de golpe — ¿de que destruí bases militares y probablemente ahora esté metida en problemas legales con la tierra? Eso es una gran multa que el señor tendrá que pagar si vuelvo.
La avatar soltó un suspiro frustrado.
— Escucha, vamos a arreglarlo juntas —. Aseguró intentando volver a tomar tus manos, más las apartaste llenándola de frustración — Solo- Solo dime dónde estás e iremos a buscarte.
Diste otro paso hacia atrás, recordando la situación que las obligó a separarse y el dolor que todo eso te causó.
— Claro, si. ¿No nos habíamos separado ya? Ya sabes, cada quien por su rumbo o como tú lo dijiste... "Un descanso de nosotras"
—Samanta, sabes que yo no me refería a-
"Oel ngati kameie"
Tu rostro se giró para mirar aquel muro que seguía llamándote, susurrándote frases que aún no entendías con un tono suave. Una hipnosis que te obligaba a desear ir allí y estabas por hacerlo de no ser porque aquellas manos volvieron a detenerte.
— No. No sabes qué es eso.
La miraste con frustración.
— ¿y tú si?
— Samanta deja de ser imprudente y piensa un poco.
"Fì'awn Na'vi, oel ngati kameie"
Tal vez fue que ella dijo lo que todos sabían.
Tal vez fue que empezaste a dudar.
No sabes bien qué te hizo decidir escapar de su agarre e ir a la luz a la cual no debías ir, sin embargo, cuando tu cuerpo atravesó aquel muro el latido de nadie y el tuyo se sincronizó causando que tu cuerpo se rodeara de calidez y todo se volviera pacífico en cuestión de segundos.
Flotaste en la nada teñida de blanco mientras la suave voz volvía y una presencia desconocida tocaba tu cabello ayudándote a acurrucarte en posición fetal para que aquella bonita y tranquila presencia te consolara con comodidad.
"Oel ngati kameie, fma ts'evaw"
El ambiente que rodeaba tu cuerpo era tan cálido que el repentino frío que golpeó tu cuerpo te obligó a abrir los ojos y salir de aquel cómodo sentimiento. Parpadeaste una y otra vez intentando aclarar tu vista para saber dónde estabas, sin embargo, las náuseas te interrumpieron conforme eras consciente de tu entorno, tus pupilas buscaron algo conocido a tu alrededor y cuando observaste los corales enormes del árbol de los espíritus el vómito salió de tu boca llenando el interior de tu máscara.
Intentaste ser rápida ante la desesperación de sentir que en cualquier momento te ahogarías.
Tus piernas patalearon y tus manos jalaron tu propio cuerpo hacia la superficie con ayuda de las enormes ramas del coral que se supone era el árbol de los espíritus. Cuando dejó de haber cualquier ayuda para salir hiciste un gran esfuerzo para que tu cerebro se concentrara y enviara las órdenes correctas a tus manos para nadar y poder salir de ahí.
La voz de Lo'ak se repetía en tu cabeza explicando con tono suave el movimiento que debías hacer con tus pies y manos.
Cuando todo tu cuerpo salió del mar y tus manos se aferraron al borde de la única roca que funcionaba como isla no perdiste el tiempo para sacar la máscara de tu rostro y permitir que todo el vómito acumulado cayera de golpe al suelo, tus pulmones se cerraron y tu boca se abrió buscando oxígeno que conseguiste al volver a pegar la máscara a tu rostro.
Hiciste lo mismo una y otra vez, comenzando a ser consciente del extraño dolor que se aferraba a cada extremidad tuya, como si unas enredaderas apretaron tus huesos con el único objetivo de destruirlos.
La bilis que salía de tu boca impedía quejarte de dolor, el ardor en tu estómago era un claro recordatorio de que habías sobrevivido pero algo no estaba bien en ti.
El vómito se acabó y a pesar de que la sensación nauseabunda seguía ahí te forzaste a abrochar la máscara tomando una gran bocanada de aire. No lograbas comprender si ya habías salido de la conexión porque aún podías ver pequeñas luces flotando a tu alrededor, atravesando tu cuerpo tal como si no existieras.
Tu mentón fue tomado por unos grandes dedos y tus pupilas nubladas intentaron darle forma a la silueta borrosa que te llamaba con ecos.
— ¿Cual es tu nombre?– preguntó con firmeza — Debes responderme, niña. ¿Cuál es tu nombre?
Parpadeaste con cansancio apenas escuchando la última palabra de la pregunta. "Nombre" probablemente necesitaban que te presentaras para ponerla en tu lapida. Tus labios se movieron apenas un poco y cuando tu voz escapó de entre ellos el punzar en tu cabeza se incrementó y la sensación de ser invadida por algo comenzó a volverse insoportable.
Podías oír algo arrastrándose a tus pies, dentro de tu cuerpo, incluso en el cuerpo de los que estaban a tu alrededor.
— Sam.. Mi nombre es Samanta.
Samanta, Sam, Sami, şªm, §æm.
§æmâɲŧæ.
Sus manos tomaron tus brazos para ayudarte a levantarte con suavidad curbiendo tu cuerpo con una enorme calidez que no entendías de dónde venía. Sus manos se mantuvieron en tus hombros, sin embargo, solo podías concentrarte en el ardor a piel viva que su toque te dejaba.
— Lo has hecho, §æmąŋŧæ — confirmó la mujer en voz baja — fuiste aceptada por Eywa.
Si habías sido aceptada no entendías porque frente a tus ojos solo había sombras negras y el extraño muro blanco que se alzaba por encima de todo, incluso sobre las nubes de este extraño mundo.
— ¡Hermanos! — vicoferó una estridente voz que causó aturdimiento a tus tímpanos — ¡a partir de hoy §æmân̈ŧæ es una hija de Eywa! Sean amables, con nuestra nueva hermana.
No hubo aplausos, no hubo gritos de celebración, solo murmullos que no alcanzabas a oír por la lejanía de las personas o tal vez porque aquel sonido de algo arrastrándose por tu interior no te dejaba procesar ninguno de esos sucesos que aún estaban ocurriendo a tu alrededor.
Todo se volvió nada, nada más que el agua frente a ti y el enorme muro. Las personas desaparecieron y te quedaste sola en aquel mundo apocalíptico, el árbol de los espíritus repitió tu nombre con tonos distorsionados y raíces brillantes salieron del agua intentando acercarse a ti...
Tú no podías hacer nada pues tu cuerpo se había paralizado por completo, entregándote a las fauces de Eywa con tal de-... No recuerdas realmente por qué estas haciendo esto. Al menos hasta que unas manos tomaron tus hombros con un agarre desesperado y tus ojos buscaron con necesidad la distracción de tu aparente fin encontrándote con el borroso matiz de un dorado.
Una mancha azul que se volvía blanca, luego rosa, carmín y todos los colores que alguien podría irradiar.
La calidez ajena a tu piel fue atrayente.
Tus manos se movieron con lentitud y cuando tus brazos se aferraron a aquel faro de calor la calma comenzó a llenar tu pecho... Ignorando el ciclo de dolor donde siempre buscabas perdonar y seguir adelante, más siempre encontrabas una forma de volver para ahogarte en la miseria y justificar tu actuar.
Tus uñas se enterraron en aquella piel, mientras tus entrañas eran comprimidas y los movimientos debajo de tu piel comenzaban a llenarte de un dolor insoportable. La luz detrás de ti volvió a hablar y tu cabeza volvió a llevarte a aquel vórtice blanco donde solo tú existes.
Lo'ak corrió hacia a ti después de que Tonowari y Ronal pidieran volver a las embarcaciones.
Te miraban confusos ante tu quietud y el silencio que mantenían tus labios sellados cual advertencia de que algo iba mal.
Sus manos se aferraron a tus hombros después de haber pasado por enfrente de los dos líderes, poniéndose de rodillas para forzar a tus ojos a encontrarse con sus pupilas. Tu mirada estaba perdida en la nada y tu piel comenzaba a quemar al pequeño contacto.
Lo hizo preocuparse, porque parecía que no estabas ahí.
— ¿S-Sam...? — susurró con dificultad — E-estás... T-tú-
— Quiero dormir...
Mientras esas afirmaciones salían de tus labios tus brazos se aferraban a sus hombros en un abrazo suplicante. Tu piel le quemaba y no de la forma que cualquier toque le ocasionaba, sino uno tan real que su cabeza comenzó a llenarse de pensamientos que no podía detener.
Sus brazos te alzaron mientras intentaba de forma desesperada cubrir por completo tu cuerpo con la capa que Ronal habia vuelto a poner en ti. Su mirada fue a su padre quien hablaba con la tsahik y el olo'eyktan, que enviaban disimuladas miradas a ustedes dos. De forma inconsciente su mano ocultó tu rostro contra su hombro para que nadie pudiera verte en un estado tan perdido y vulnerable, pues a su conocimiento solo él tenía permitido conocer este lado tuyo.
De forma repentina su hermano apareció frente a él, encima de una balsa mientras le hacía señales con la mano para que abordara. Lo'ak obedeció tropezando un poco por el movimiento del mar, sin embargo, se estabilizó sentándose sin dejar de observar tu rostro que comenzaba a ponerse pálido.
— Papá dijo que tenemos que llevarla con Norm — Lo'ak mordió la parte interna de su mejilla, pegando tu costado con fuerza a su pecho — No sabemos cómo actúa el gusano en ella. Está bien, hermano. Si sobrevivió a esto va a poder salir de esta, ¿bien?
Lo'ak asintió con la ansiedad aún en las puntas de sus dedos.
Al llegar a la playa su padre se acercó a ellos después de despedirse de Ronal y Tonowari quienes miraban tu figura con atención.
Lo'ak apretó la mandíbula, dándose media vuelta para evitar que ellos siguieran observando tu cuerpo en sus brazos y cuando su hermano tocó su hombro para dirigirlo con pasos apresurados hacia el laboratorio fue cuando comenzó a llenarse de miedo por que la preocupación en la expresión de su padre y hermano no le brindaba ninguna seguridad.
¿Por qué el no entendía qué estaba ocurriendo?
Cuando miró a la lejanía el refugio de aquel hombre un escalofrío recorrió toda su espalda y sus manos se aferraron a tu presencia, que era lo único que le brindaba fuerza para adentrarse a lugares que le recordaban tanto a sus años de encierro.
— ¡Norm! — llamó su padre al entrar a la pequeña cocina — ¡Norm!
El hombre salió de una habitación con expresión confundida.
— ¿Jake?, ¿qué-
— Es Sam— el rostro de aquel cientifico cambió, llenándose de preocupación —. Ella sobrevivió a la conexión, pero... No se ve bien.
— Por aquí — lo siguieron al laboratorio sin dudar — Ponla aquí.
Sus manos tiraron todos los papeles y libros que había en una vieja camilla metálica dejando que todo se esparciera en el suelo blanco.
Ahí fue cuando entendió que la situación era más grave de lo que pensaba y no estaba preparado para eso.
Lo'ak miró a su padre negando mientras daba pasos hacia atrás para alejarte de lo que aquel objeto representaba.
No.
No se atrevía a ponerte ahí y vivir los riesgos de lo que eso significaba.
—Hijo, vamos — suplicó su padre — Solo van a revisarla, ¿si? Tú vas a estar aquí con ella, vas a cuidarla — aseguró su padre mientras estiraba su mano hacia él.
Y dudó... Dudó, porque subirte a aquella camilla significaba que tu vida estaba en riesgo y de nuevo, todo había sido por su culpa.
Tragó con dificultad mientras cerraba sus párpados con fuerza intentando quedarse con el olor que tu piel emanaba, tratando de convencerse que realmente nada malo estaba ocurriendo contigo y solo era una revisión.
Tomó todo lo que tenía para poder dejarte ir...
Sus manos fueron cuidadosas al recostarte en la camilla y sus dedos hicieron todo para intentar cubrir la desnudez de tu cuerpo con aquella capa que te habían entregado los metkayina para la ceremonia.
No pudo alejarse de ti.
Ni siquiera dejó ir tu mano cuando aquel científico se acercó para revisarte a pesar de que la desconfianza fuera inmensa por su cercanía.
— Todo estará bien, Lo'ak. Solo es una pequeña revision, ¿si?
No respondió, ni siquira lo miró porque solo le importaba que tú estuvieras bien.
— No reaccionó al salir. Vomitó y después solo quedó así — informó su padre en voz baja.
Su pesada y gran mano intentó tocar su hombro. Lo'ak lo sabía porque pudo sentir su cercanía. Podía sentir la presencia de su padre a un costado suyo, para su suerte... Su padre no lo tocó para brindarle consuelo.
— Sus pupilas están dilatadas — informó Norm, mientras apuntaba a tus ojos con una pequeña linterna — ey, niña. ¿Estás aquí?, ¿Cuál es tu nombre?
Lo'ak miró tu rostro esperando que palabras salieran de tu boca o mínimo expresar un sentimiento con tu rostro, más nada salió de ti y aquello provocó que la ansiedad comenzara a aparecer.
— ¿Niña?, ¿Sabes cuál es tu nombre? — seguiste sin responder — Sus latidos son acelerados y su cuerpo está frío.
Ante esas palabras llevó tu mano cerca de sus labios frotándola entre las suyas para soplar aire caliente e intentar devolverte un poco de calidez.
Ni siquiera había notado eso.
Su respiración había comenzado a acelerarse, las lágrimas se acumulaban en sus ojos y sabía que estaba por alterarse al pensar en lo peor.
— ¿Eso qué significa? — cuestionó su padre a su lado, podía sentir su mirada encima suyo.
El científico no respondió la pregunta.
— Tengo que poner una intravenosa y ver cómo está su sistema nervioso. Puede ser que esté en un coma o tal vez- no lo sé, ahora solo estoy soltando cosas al azar. Necesito ver cómo está su corazón...
Lo'ak alzó la mirada alcanzando a ver la extraña mirada de desconsuelo de Norm y eso no le gustó para nada, la situación que le siguió no le gustó para nada.
Observó con atención como comenzaba a conectar cosas en ti, vio con preocupación como aquel hombre caminaba a tu alrededor y revisaba tu cuerpo con cuidado.
Lo'ak no sabía qué hacer porque Norm no decía nada en voz alta. Probablemente porque ellos no querían que él se alterara, sin embargo, ver cómo susurradaba a su padre cosas que él deseaba saber solo ayudaba a que la ansiedad incrementara.
Pensó que así sería el resto del día... Al menos hasta que de forma repentina tu cuerpo comenzó a moverse bruscamente.
La camilla hizo un sonido chirriante, tus ojos no parpadearon y Lo'ak comenzó a llorar intentando aferrarse a tu cuerpo.
— ¡Jake, alejalo! — ordenó Norm, girando tu cuerpo de costado con rapidez — está bien, está bien. Solo está convulsionando. Ella va a estar bien, Lo'ak.
De nuevo evitaron que se acercara a ti.
Te alejaron de su persona y se encargaron de tu inconsciencia mientras lo hacían a un lado como si fuera el causante de todo.
Su cuerpo se quemaba conforme te escapabas de entre sus dedos, siendo arrastrada por la cruel Eywa que siempre se llevaba todo lo que amaba.
Pensó que podía soportarlo, pensó que realmente solo estaban siendo cruel con él y todo se arreglaría de no ser porque el sonido de las moscas revoloteando por la habitacion lo paralizó... El suelo se manchó de sangre y lo que había en la camilla era tu cuerpo lleno de mordidas. Sus manos se encontraban pintadas de carmín y en su boca el recuerdo del sabor de tu sangre apareció como una advertencia.
Quería gritar.
Deseaba ir a tu lado y despertarte. Deseaba volver el tiempo atrás y evitar que hicieras todo lo que hiciste por un capricho suyo.
— Está bien, hermano. Está bien.
Si todo estaba bien por qué no estabas despierta celebrando a su lado que habías vencido a Eywa y su ritual.
— Hay algo mal — murmuró el científico viendo un monitor — está-
Un pitido.
Un timbre molesto y extenso para sus oídos que llegaba de la máquina que imitaba el latido de tu corazón.
— Puta madre... Norm.
— ¡Ya sé!, ¡ya sé!
Sus rodillas se volvieron débiles mientras intentaba pelear con más desesperación contra el agarre de su hermano.
— ¡S-ahg... Sa-eh!
Nada.
No podía pronunciar tu nombre entre tanta gente.
— ¡Uno, dos, descarga!
La idea de un futuro junto a ti desaparecía con una cruel velocidad.
Eywa volvía a arrebatarle todo en un solo parpadeo.
— ¡Vamos, Samanta! — vociferó su padre — ¡tú puedes, niña!
Sin embargo aquel pitido no desapareció y la idea de no volver a ver tu sonrisa lo llenó de un terror que no pudo ignorar y ante la inutilidad de sus acciones solo pudo sollozar. Lloró desconsolado mientras se aferraba a lo único que había cerca de él, que eran los brazos de su hermano. Encajó las uñas en la piel de Neteyam mientras poco a poco ambos se sentaban en el suelo por que Lo'ak no podía mantenerse de pie conforme su corazón iba rompiéndose en miles de pedazos.
— ¡Uno, dos, descarga!
— P-por favor.... Por favor, despierta... — susurró para sí mismo — Despierta, Sam.
Estabas segura de que hace un momento habías salido de este lugar, que el olo'eyktan y la tsahik te habían felicitado. Por esa misma razón, no entiendes del todo por qué todo se veía tan lejano, por qué tenias tanto frío o por qué el cadáver de Quaritch te susurraba una y otra vez tu nombre.
Ni siquiera esa imagen podía alterarte, pues te sentías en una especie de trance que obligaba a tu cuerpo a estar quieto.
Despierta. Sam, despierta.
Lo estabas, ¿no?
Estabas segura de que había una luz brillante encima tuyo y a pesar de que era extraño ver el cadáver de aquel coronel derramando la sangre en tu rostro estabas segura de que hace tiempo habías despertado.
Tus oídos podían percibir el sonido de las olas golpear contra la camilla donde descansabas provocando que tu cuerpo se moviera con brusquedad. Había cosquilleos en tus dedos que te mantenían tranquila, obligándote a olvidarte del terror al océano porque no había nada que temer y conforme la habitación se inundaba justo como cuando estabas encerrada en las manos de Eywa cerraste tus ojos con una extraña tranquilidad.
¿Por qué estas en una camilla tranquila ante la posibilidad de hundirte en las profundidades? No lo sabías y tampoco te preocupaba.
Al abrir tus párpados no había nada más que océano azul.
Esta vez fuiste capaz de mover tu cuerpo y a pesar de que sabías que debías nadar hacia arriba algo te decía que la mejor opción era buscar a tu madre para volver a escuchar aquellas esperadas mentiras que susurró cuando estabas bajo los efectos de la conexión.
Todo... Todo volvía a repetirse.
Desde el sentimiento de algo retorcerse en tu interior de forma asquerosa, hasta tu cabeza punzando de forma insosportable debido al dolor.
Por tus extremidades se extendía la sensación de una enredadera atrapando tus huesos, siguiendo el camino de tu sangre para apoderarse del interior de tus venas. Se apoderaba de cada rincón de tu interior para agobiar tus sentidos. Removía tus recuerdos y dañaba tu memoria alejando tu presente para desaparecer la única razón que te mantenía con vida.
Comenzaste a nadar hacia la oscuridad y por más increíble que sonara esta vez no hubo dificultad en hacerlo... Fue como si tú ya tuvieras experiencia en esta actividad y cuando tus ojos alcanzaron a ver la figura que se supone habías dejado atrás tus pies patalearon con más fuerza. Tus dedos rozaron aquella fría piel con necesidad ignorando que toda tu vida siempre habías estado huyendo de ella.
Pensaste que eso era todo.
Te quedarías ahí donde se supone desde el principio debías haber estado... Por unos segundos fue así, una calma te llenaba mientras la conciencia desaparecía de tu mente... Más una fuerza que no sabes de dónde llegó te expulsó fuera del océano y tu vista se encontró con aquella luz brillante.
"Fma fitseng, itetsyìp"
— ¿Qué? — cuestionaste en un susurró — No entiendo qué quieres decir.
Una pequeña caricia llegó a tu cabello, unos brazos rodearon tu cuerpo con apenas un roce cariñoso y finalmente lo que se te fue arrebatado al inicio de la sesion volvió y atravesó tu pecho con fuerza para quedarse ahí por la eternidad de tu vida.
El oxígeno llenó de golpe tus pulmones, las arcadas subieron por tu garganta y de forma desesperada te giraste de costado sacando todo lo que se acumuló en tu interior.
Algo se aferraba a tu garganta y el lugar donde estabas se meneaba gracias a tus movimientos así que te dejaste caer al suelo de rodillas. Escuchabas voces llamarte, sin embargo, tu mente se concentró en sacar aquello que se había atorado en tu interior. Tus dedos se metieron a tu boca, tus nudillos rozaban la parte superior de tu boca, finalmente encontraste lo que buscabas y tomaste aquel pequeño gusano que no dejaba de retorcerse bajo tu toque. No dudaste en jalar y jalar causando que tu cuerpo comenzara a temblar.
Conforme jalabas podías sentir cómo pequeñas partes debajo de tu piel se desprendían provocándote dolor.
Una mano tomó tu cabello y otra masajeó tu espalda con suavidad para brindarte tranquilidad.
Cuando tu interior dejó de sentirse invadido por algo desconocido miraste lo que había en el suelo con asco intentando estabilizar tu respiración agitada por el esfuerzo que hiciste al sacar aquella cosa.
— ¿Q-qué mierda es eso? — cuestionaste con voz rasposa, masajeando tu garganta para desaparecer el dolor que dejó.
— ¿Estás bien? Déjame revisarte — a los segundos unas manos tomaron tu rostro y una luz cegadora iluminó tus pupilas — ¿Cuál es tu nombre?
— Samanta Salazar — rectificaste dejando que Lo'ak te atrajera a su pecho —Ahora, ¿qué vergas es eso que acabo de sacarme?
— El gusano... Parece que se estaba apoderando de ti como un parásito. Eso explica por qué todo tu sistema nervioso estaba colapsando — sus ojos te miraron perplejos — De hecho, me parece increíble que estés como si nada haya pasado.
— Moriste — Exclamó rastas.
Alzaste las cejas recargando tu espalda contra Lo'ak mientras mirabas tus manos temblorosas.
— Si, tiende a ser complicado deshacerse de mi.
— ¿Puedes levantarte? — cuestionó Norm.
Te moviste decidida enderezando tu espalda para ayudarte a levantarte, sin embargo, tus rodillas temblaron y Lo'ak tuvo que tomar tu mano para evitar que cayeras. Le sonreíste agradecida, ayudándote de su agarre para dar un pequeño paso, luego otro y otro más hasta llegar a la camilla metálica llena de frustración.
— Es difícil.
— Es normal — Aseguró el científico con expresión más tranquila — Todo tu cuerpo sufrió y colapsó. Tuviste ataque epiléptico, muerte súbita. Reviviste y por si fuera poco un parásito estaba intentando tomar control de ti.
Miraste al científico con el ceño fruncido mirando los restos de aquel gusano en el suelo.
— ¿Qué hubiera pasado si lo lograba?
— Estarías muerta, probablemente — se alejó, tomando un frasco y unas pinzas para meter aquella cosa dentro.
Todos guardaron silencio y cuando el doctor alzó la mirada notó las miradas extrañadas y su ceño se frunció con indignación.
— ¿Qué? ¡es interesante estudiar algo como esto! — exclamaba dirigiéndose al mismo lugar donde guardaba la droga de Lo'ak. Volvió a mirarte y con interes preguntó — También quisiera saber qué viste.
Las miradas de todos los que estaban en la habitación se centraron en ti y a pesar de que la curiosidad de ellos era fácil de apagar no querías decir nada de lo que la tal Eywa te hizo revivir.
— No lo sé.
— ¿Qué? — cuestionó Norm extrañado.
— No lo recuerdo — tus ojos miraron a la salida y luego a Lo'ak quien no había dejado de mirarte desde que tomaste conciencia — Además, estoy desnuda y quisiera descansar porque esta mierda me desgastó demasiado.
— Oye, niña-
— Si quieres saber puedes intentarlo — interrumpiste con una pequeña sonrisa — Yo quiero dormir.
Solo una mirada a Lo'ak y éste ya te había alzado en sus brazos para salir del laboratorio directo a su pequeño hogar. Antes de que abrieran la puerta tomó una máscara de oxígeno y sin dudarlo la colocó en tu cara con cuidado.
Ignoró los llamados de su padre y hermano, porque deseaba solo centrarse en llegar al mauri para poder cumplir tu petición silenciosa.
— ¡Lo'ak, espera! — exclamó a la lejanía su hermano.
— Solo espera un momento, Lo'ak — interrumpiste su andar, causando que se detuviera por completo — Tampoco debes ignorarlos por mi, estoy segura de que solo quieren hablar poco tiempo.
Pero estabas mal y herida.
Todo había sido su culpa, por lo cual necesitaba asegurarse de que no lo dejarías y cumplir cada uno de tus caprichos con tal de que te mantuvieras a su lado.
— Sabes que no me molesta.
Como siempre, la sinceridad era uno de los rasgos que siempre identificaba a tus ojos cuando se trataba de él. Sabía que no te enojarías por un poco de retraso, así que se permitió darse media vuelta para esperar a su padre y hermano que se acercaron a ustedes con respiraciones agitadas.
— Mañana... Mañana debes ir a la playa, donde siempre... El líder quiere hablar contigo.
Soltaste un suspiro llena de cansancio, asintiendo sin decir palabra alguna para recargar tu cabeza en el hombro de tu amigo.
— Lo'ak, ten una buena noche, ¿si, hijo?
A través del abrazo fuiste capaz de sentir los latidos acelerados de su corazón y al buscar su mirada notaste que sus ojos demostraban sentimientos que no lograbas descifrar pues posiblemente se trataba una mezcla de varias emociones.
— Descansa, hermanito.
Lo'ak asintió sin dejar de observar la arena, se dio media vuelta y seguió con su andar al mauri. A lo poco que habías estado viendo cuando se trataba de su familia, parecía que le era complicado aceptar muestras de cariño simples o incluso palabras amorosas.
Daba igual, eso no debería importarte más que la seguridad de Lo'ak.
No fue largo el camino a su refugio, tampoco fue ruidoso, pues el único sonido que se hizo presente fue el del mar debajo de ustedes que los acompañaba al son de sus pasos. Tus pupilas miraron su rostro y al ver la extraña serenidad que lo adornaba lo miraste con una fija atención, sabiendo que aquello era ajeno a su persona después de pasar por un momento estresante. Fuiste tan intrusiva y descarada que a los minutos fuiste capaz de notar el miedo reflejado en sus ojos, uno que intentó ocultar con un esfuerzo desmedido.
Nunca iniciabas el consuelo con Lo'ak si él no lo pedía aunque sea con el más pequeño gesto, más en estos momentos creías que romperías aquella regla no dicha porque él estaba intentando ocultarlo a tu atenta mirada. No eras boba, te atrevías a decir que podías saber el pensamiento que cruzaba por su cabeza con tan solo observar sus pupilas y ahora mismo, en estos instantes bajo la brillante luna sabías que él se sentía culpable. El miedo lo llenaba más su tonta cabeza pensaba que externarte todo su sentir te molestaría.
Tanto tiempo juntos y aún no podía ver que arriesgar tu vida era la menor de las cosas que harías por él.
Tus brazos se movieron con cuidado, rodeando sus hombros en un cariñoso abrazo deseando expresarle que todo estaba bien y no había nada que temer porque no lo culpabas de nada.
Por eso mismo cuando la cortina los ocultó del exterior no te sorprendió que Lo'ak colapsara.
Aunque sus rodillas golpearon con fuerza el suelo, aunque su garganta se destrozaba por el llanto desgarrador que escapaba de sus labios no te dejó ir. Sus uñas se clavaron en tu piel, su rostro se ocultó en tu cuello y sus brazos te apretaban con fuerza contra él para asegurarse de que no te habías ido.
Había tenido tanto miedo.
Pensó que te había perdido para siempre y ya no podría hacer nada para traerte de vuelta. Creyó que Eywa volvía a arrebatarle la única persona que logró hacerlo feliz después de tantos años para castigarle por todo lo que había hecho.
Verte en aquella camilla le aterró, ver que tu respiración dejó de existir lo destrozó y escuchar a su padre rogarte quedarte lo mató.
Moriste...
Te perdió por unos segundos que destruyeron por completo todo su futuro y arruinaron su presente porque sentía que sin ti ya no era nadie... No merecía ser nadie.
¿Por qué seguiría si la única persona que lo convenció a seguir viviendo era arrebatada de sus manos?
Verte volver a la vida lo llenó de alivio... Respiró y buscó con desesperación la calidez de tu piel para asegurarse de que no era una mentira en la cual su cabeza lo encerró para no caer en la locura y después de asegurarse que la vida le había dado otra oportunidad la culpa llegó a atormentarlo.
Su cabeza sabía que todo fue por él, las desgracias que la vida misma le brindaba era por simplemente existir. Podía fingir que la vida lo odiaba, que Eywa le obligaba a sufrir consecuencias de acciones que no cometió, incluso podía llegar a culpar a los humanos por haberlo convertido en lo que era... Pero él sabía que nada de lo que le pasó hubiera ocurrido si simplemente dejaba de ser tan... Lo'ak.
No podía dormir.
No podía permitirse cerrar sus ojos porque debía asegurarse de que tú seguías con vida a su lado. Sus iris se concentraban en el apenas perceptible movimiento de tu pecho, sus oídos se concentraba en el sonido de tu respiración y sus manos no soltaban las tuyas para asegurarse que la calidez de tu piel no desaparecería.
— ¿Qué sucede? — sus pupilas miraron tus labios y después a tus ojos que se habían abierto por su insistente mirada — ¿Tienes pesadillas?
Dudó por unos segundos pues era más fácil adjudicar su insomnio a pesadillas que a su terror por tu muerte mientras él dormitaba.
— Yo... No. Solo- solo no puedo dormir.
— Estoy bien,no va a pasar nada mientras duermes, Lo'ak.
Sus ojos se llenaron de lágrimas y cuando unas cuantas de ellas se derramaron tus dedos se movieron para limpiar con suavidad las pequeñas gotas que mojaban su rostro.
— No debí dejar que hicieras eso... Pude haberte perdido, Sam — sollozó sin mirarte — Perdón...
Tu mano atrajo su rostro al tuyo y con lentitud pegaste su frente a tu máscara, moviendo tu rostro de un lado a otro con apenas un ápice de fuerza.
— Ya te dije que yo quería hacerlo.
— Pero no lo habrías hecho sino tuviera que ver conmigo — replicó con frustración.
Mordiste tu mejilla interna ante su comentario, pues tenía razón.
No harías nada de lo que haces ahora si Lo'ak no estuviera implicado, pero qué importa... Es tu forma de demostrarle que lo quieres, que harías cualquier cosa por él.
— Da igual. Ya lo hice, deberíamos estar felices por mi logro, ¿no? — tu índice siguió la línea de su mentón con cuidado mientras una sonrisa cariñosa se formaba en tu rostro — Aunque Eywa es bastante extraña para demostrar que acepta a alguien.
Sus orejas se agacharon ante la mención de aquel nombre y sus ojos se llenaron de dudas ante la implicaciones de tu comentario.
— Ella... ¿Ella habló contigo?
— No. Dijeron que vivías recuerdos, ¿no? — Lo'ak asintió — vi a mi señor padre, a mi mamá... Reviví sucesos que me marcaron con ellos y creo que-... Bueno, creo que Eywa me permitió escuchar lo que tanto desee obtener de ella.
— ¿Qué es...? — preguntó en voz baja.
— Una disculpa — respondiste sin pensarlo — no sé si eso es cruel o agradable de su parte.
— ¿te agradó? — cuando tus ojos extrañados lo miraron Lo'ak tuvo que aclarar — La conexión, tú- ¿te agradó...?
Si era sincero, no sabía de dónde venía esa pregunta.
Temía que dijeras que sí y que de alguna forma tú pudieras formar conexiones con Eywa por gusto dejándolo atrás. Veía esto como una abismal grieta, un escalón que tu podrías avanzar y él no. Un paso de distancia que no le agradaba pues él quería permanecer en cada aspecto de tu vida a tu lado, no atrás, no delante... Sino a tu costado, como iguales.
Guardaste silencio por unos segundos que le parecieron eternos y cuando frunciste tu ceño Lo'ak sintió un poco de alivio, pues sabía que tiendes a hacer eso cuando algo no es de tu agrado.
— No. Era... Todo era demasiado y extraño —. Intentaste explicar mirando los puntos blancos de su rostro — Como si todos mis sentidos estuvieran demasiado atentos a todo, ¿Sabes? Me sentía... Desnuda de alguna forma.
— ¿Indefensa...? — cuestionó Lo'ak.
Tú asentiste.
— Sentía que cualquier cosa podía dañarme en ese lugar.
Si, Lo'ak sabía perfectamente a lo que te referías con eso y de alguna forma enferma aquello lo hizo sentir bien.
— Cuando formas una conexión la otra persona puede ver todo de ti. Recuerdos, sueños, sentires... Es horrible — murmuró ocultándose en tu pecho.
Dejaste escapar un sonido de afirmación y después lo único que Lo'ak escuchó fue el tranquilo y relajado latir de tu corazón. Su cuerpo se relajó mientras todo en él comenzaba a sentirse complacido, hasta que tu voz dejó escapar más de lo que viviste en la conexión.
— Vi a mi hermana... — sus orejas se movieron para prestar atención —pero no como en mis recuerdos, sino como un avatar —. Su cuerpo que estaba relajado se tensó y sus párpados se apretaron con fuerza ante tus palabras — ¿Eso es posible? Dijo que vendría a buscarme y llevarme de vuelta a casa...
Sus párpados se abrieron y el miedo llenó su cabeza ante esa posibilidad, ante esa amenaza implícita.
Si, había recuerdos, pero si tú la viste en forma de avatar significaba que ella podía conectarse a Eywa y que no era un simple recuerdo.
— Un deseo — mintió — Eywa... Eywa tiende a hacerte ver lo que deseaste que sucediera en ciertas ocasiones.
— ¿Y por qué en forma de avatar? — cuestionaste confundida.
— Ahora eres una na'vi... Creo que Eywa quería hacértelo ver mostrándote a un familiar.
Más mentiras.
Sabía que no debía decirlas, sabía que no debían ocultarse cosas el uno al otro, pero se trataba de alguien importante para ti y eso era una amenaza directa para él, pues lo había dicho claramente... Si te encontraba te alejaría de su lado.
No entendías estas cosas, entonces él podía inventar algo para alejar aquella posibilidad y ante tu disgusto por la conexión podía estar seguro de que tú y ella no volverían a hablar y sería incapaz de arrebatarte de su lado.
Solo te guardaría este pequeño secreto, no lo haría con ninguno más.
Lo'ak no había dormido por la noche y podías verlo por las enormes ojeras que había debajo de sus ojos.
No lo mencionaste.
De hecho, actuaron como si nada hubiera ocurrido el día de ayer. Guardaron silencio en la caminata hacia la playa y simplemente siguieron con su día a día como si la situación de tu descenso hubiera sido solo un mal sueño, sin embargo, por más que intentaran fingir que todo era normal, su preocupación se dejaba mostrar en pequeñas acciones que no podía disimular. La necesidad de estar en constante contacto físico contigo estaba ahí, sus pupilas buscaban tu mirada cada cinco segundos para confirmar que no estaban perdidos en la nada y su voz que intentaba mantenerse en un tono tranquilo dejaba escapar una suave suplica a cada pregunta que formulaba, rogando por una respuesta inmediata para asegurarse que no eras una simple ilusión de su cabeza rota.
Todo era una clara señal del miedo que un seguía habitando en él.
— ¿Por qué crees que quieren verte? — cuestionó sentado frente a la orilla del mar mientras abrazaba sus rodillas.
Tus hombros se alzaron sin saber realmente qué más necesitaban de ti, pues a palabras de Lo'ak habías aprobado la única prueba para mantenerte en este lugar. Soltaste un suspiro para dejarte caer contra la arena y descansar de todo el agobio mental que está situación te causaba.
— ¿Hay más cosas que deba aprender? — preguntaste cansada mientras entrecerrabas tus ojos para que el sol fuera menos molesto para tu vista.
Lo'ak dejó de abrazar sus rodillas para acercarse a ti al punto de que su espinilla se pegó a tu costado. Su mano se elevó por encima de tus ojos para crear sombra y alejar la brillante luz de tus pupilas. Los dedos de su mano contraria limpiaron el sudor que bajaba por su frente mientras su manzana de adán se movía al pasar saliva debido al calor de la playa.
— Hay más rituales en la tribu, debes de aprender cómo ven ellos el océano, la importancia de sus animales y costumbres que deben respetarse — Lo'ak quitó la arena de tus hombros con cuidado — Ahora mismo solo sabes el idioma y tuviste una conexión. Ni siquiera aprendiste el lenguaje de señas, pues es común para ellos comunicarse bajo el agua.
Frunciste tu ceño ante sus palabras y la confusión se apoderó de tu rostro.
— ¿Qué?, ¿Cómo que lenguaje de señas?
Sonrió con diversión ante tu expresión. Sus dedos rascaron su antebrazo y después alzó esa misma mano que no cubría tus ojos para comenzar a hacer movimientos con sus dedos.
— Esta es la única forma en la que me puedo comunicar con los demás — te recordó Lo'ak sin dejar de mirar tus pupilas —Debes aprenderla para saber lo que digo en público.
Te quejaste de forma dramática, levantando tu torso para sentarte y estar cara a cara con él. Sus ojos se abrieron con sorpresa ante tu repentino movimiento y sus manos apretaron sus pantorrillas debido a una extraña vergüenza que lo abrumó.
— Empieza — exclamaste con toda tu atención puesta en él.
Su espalda se puso recta, para volver a acercarse a ti hasta que tus rodillas tocaron su espinilla, pues sentía esta extraña necesidad de mantener contacto físico contigo para estar a gusto.
— ¿Qué palabra quieres que te enseñe? — preguntó con una pequeña sonrisa.
— Hmmm... No sé —tus manos tomaron las suyas, comenzando a jugar con sus dedos mientras una sonrisa divertida aparecía en tu rostro — ¿Qué quieres enseñarme?
Miró por todos estos minutos tus ojos sin alejarse de tu agarre porque la calidez de tu piel lo llenaba de paz. Sus dedos se zafaron de tu agarre con suavidad para ayudarte a imitar las posiciones de sus dedos. Al terminar no te dejó ir, sino que acercó tus manos a su pecho para que tú pudieras sentir el latir de su corazón.
— ¿Qué significa lo que me acabas de hacer decir?
Sonrió ligeramente y sus ojos se llenaron de una suplica silenciosa que apretó tu corazón.
— "Prometo no morir" — susurró sin alejar sus iris de los tuyos — No puedes romper esta promesa.
El tono bajo de su voz te hizo sentir débil, pues irte y dejarlo solo no era un pensamiento que vivía en tu cabeza. Tus rodillas se posicionaron en la arena para acercarte a él mientras una de tus manos acercaron una de las suyas a tu pecho imitando sus propias acciones.
Lo'ak sintió el latir de tu corazón contra la palma de su mano y tú sentiste el de él a través de su piel.
Sus orejas se volvieron rojas y sus hombros se tensaron ante el íntimo toque que estaban compartiendo, sin embargo, a pesar de sentir que la vergüenza le debilitaba las piernas y causaba cosquillas en su estómago no alejó sus pupilas de tu profunda mirada.
— Lo prometo, Lo'ak.
El silencio los acompañó, el mundo desapareció y Lo'ak se cuestionó por qué en estos instantes había dejado de importarle el pasado que tanto quería recuperar y solo podía centrarse en este momento donde solo ustedes dos existían.
— ¡Hermano!
La voz de Neteyam destruyó su mundo.
Pues el susto que le causó obligó a que sus manos se alejaran de la calidez de tu piel y girara su cuerpo para ver a su hermano lleno de vergüenza por haber sido descubierto. Sus pies tropezaron al intentar levantarse y sus acelerados latidos lo hacían sentirse ansioso pues creía que en algún momento Neteyam sería capaz de oírlos.
— ¿Llevas rato esperando? — cuestionó el na'vi mirando de él a ti y de ti a él.
Negó sin dejar de mirar la arena, jugando con sus dedos mientras un picor molesto comenzaba a subir por su cuello. Tu presencia se quedó a su lado y Lo'ak logró tranquilizar un poco su ansiedad al sentir que estabas a su lado y no debía temer por nada.
— Buenos días a ti también, trenzas — saludaste sarcástica.
Lo'ak mordió su labio inferior para no reír.
— No me digas así.
— ¿Dónde está tu papá? — preguntaste mientras bostezabas— ¿por qué vine aquí a primera hora del amanecer?
El hermano de tu amigo rodó los ojos ignorando tu pregunta para mirar hacia atrás donde se veía a rastas acercarse junto al enorme líder de la isla.
— En realidad, la persona que quería verte es el líder — confesó trenzas sin mirarte.
Te removiste en tu lugar al sentir la cola de Lo'ak comenzar a enrollarse en tu cintura. Lo miraste unos segundos para asegurarte de que todo estaba bien con él.
— ¿Se enteró de lo de ayer? — cuestionaste cuidadosa.
Lo'ak te miró nervioso, limpiando el sudor de su frente mientras tragaba con pesadez.
— No — aseguró el na'vi con tatuajes — Al menos nadie dijo nada, pero puede que lo sospechen — sus iris dorados se encontraron con los tuyos bajo una expresión de advertencia — No menciones nada acerca de que- bueno... De todo lo de ayer con Norm.
Asentiste notando que Lo'ak había comenzado a morder sus uñas mientras dirigía su mirada al mar. Carraspeaste para llamar su atención cuando los adultos de alto rango estuvieron frente a ustedes.
Ambos hicieron el saludo local y Tonowari sonrió satisfecho.
— Samanta, te veo con energía.
Sonreíste disimulando la incomodidad que te invadió, pues no había voz autoritaria en su tono y eso era extraño de alguien que era un rango mayor a ti.
— Si, dormí mucho después del ritual — intentaste sonar normal.
El hombre asintió sin alejar sus ojos de tu persona tal como si te estuviera estudiando.
— Es normal que sea cansado debido a tus circunstancias — aseguró el hombre con expresión serena — incluso para un na'vi común el tomar un gusano es algo complicado.
No sabías bien cómo seguir esta conversación así que hiciste caso a la voz que siempre te indicaba acciones extrañas para dejar de sentirte incómoda e incomodar a la otra persona.
— Lo bueno es que soy aferrada, entre menos me quieran soy más enfadosa.
El metkayina te miró confundido, sin volver a decir palabra alguna y aquello fue una clara señal de que debías cerrar la boca pues probablemente ellos no entendían estos chistes. Desviaste tu mirada a rastas quien te observaba con una mueca que expresaba toda la vergüenza que sentía por el pequeño intercambio de palabras y eso te hizo sentir mucho más extraña de lo que ya te sentías.
Desviaste tu atencion a Lo'ak quien dio un ligero apretón a tu cintura con su cola y tú palmeaste con apenas un pequeño toque para dejarle en claro que todo estaba bien.
— Bueno, creo que ya debes asumir que aún no has terminado de aprender — volvió a hablar el lider robando tu atención de tu amigo — tu aprendizaje en el idioma apenas es lo básico, solo haz tenido una conexión y la tsahik desea que seas activa en cada ritual y tarea en conjunto con la aldea —explicó el na'vi con tranquilidad — iba a asignarte a Neteyam como guía, pero dijo que era mejor escoger alguien con paciencia para que te muestre nuestra forma de vivir.
Estabas totalmente de acuerdo con eso, pues estabas segura que se matarían tarde o temprano.
— Gracias, señor.
El hombre asintió con serenidad.
— Neteyam mencionó que habías aceptado como guía a mi hija Tsireya.
Ni siquiera te importó alejar tus ojos de aquel hombre al sentir el agarre de la cola de Lo'ak titubear. Tus pupilas buscaron su mirada con rapidez, preocupada ante esta repentina decisión que habían tomado, porque no se te había consultado nada, por lo que no habías tenido oportunidad para avisar a Lo'ak del encuentro con la muchacha que era parte de su pasado.
Su pecho subía y bajaba debido a su agitada respiración, sus ojos se perdían en la lejanía de la playa y su expresión no te dejaba en claro nada acerca de cómo le hacía sentir esta situación. Así que hiciste lo único que sentías podías hacer, tu mano buscó la suya para aferrarte con fuerza a sus dedos buscando que no se perdiera en las profundidades de su cabeza.
— Samanta, responde — ordenó rastas.
Lo miraste con molestia ante su tono de voz pues ellos sabían perfectamente que hacían esto para que no puedas negarte, sin embargo, ellos debían saber que jamás te atreverías a sobrepasar sus límites y si Tsireya era demasiado para él, rechazarías sin dudarlo su compañía.
— ¿Lo'ak...? — preguntaste en tono bajo.
Pero él no te miró.
Si ponías atención, parecía que comenzaba a colapsar de forma silenciosa pues su pupilas dilatadas paseaban por toda la arena, tal como si necesitara contar cada grano dorado del suelo, sus labios comenzaron a ser mordisqueados por sus propios dientes provocando que estos se tornaran de color rojo, además, las gotas de sudor que bajaban por su frente te dejaban ver que nada de esto lo estaba tranquilizando, pues incluso el agarre de su cola comenzaba a mojar la piel de tu estómago.
Tu mano jaló su cuerpo hacia a ti y sus pupilas finalmente miraron a tu persona. Parpadeó una y otra vez y tragó con dificultad mientras con la mirada cuestionabas cómo le hacía sentir todo esto. Si debías negarte o estaba preparado para este repentino encuentro.
Tardó minutos en decir lo que quería y conforme el tiempo aumentaba podías percibir cómo las personas ajenas a ustedes comenzaban a preocuparse.
Su boca se abrió dispuesto a expresarlo en palabras de no ser porque todo se atoró en su garganta y solo una pequeña sílaba escapó de entre sus labios.
Sus dedos apretaron tu agarre y su mirada frustrada volvió al suelo intentando ocultarse de los presentes.
Esperaste con paciencia. Guardaste silencio y no dejaste de tomar su mano mientras tomaba esta importante decisión, incluso de forma inconsciente tu pulgar comenzó a acariciar el dorso de su mano en forma de consuelo ganándote una mirada llena de duda.
— Puedes negarte si así lo quieres... — Susurraste sin apartar tu mirada de él.
Podías ver que él realmente quería que esto sucediera. Deseaba reencontrarse con ella a pesar de su terror por las personas del pasado... Mientras asentías, sonreíste de forma apenas perceptible para los ojos de los demás, pero con claridad para él y eso fue más que suficiente para que tu amigo tomara el valor de aceptar.
Asintió atrayendo tu cuerpo a él para sentirte mucho más cerca que antes.
Cuando miraste a los otros notaste las sonrisas de emoción en los familiares de Lo'ak y en la del líder una expresión llena de alivio.
Por alguna razón te hizo ver que todos ellos deseaban este encuentro con ansias, pues al parecer esto estaba destinado a ocurrir para todos en la aldea.
— Bien, le diré que se reuna con ustedes lo antes posible — sus ojos azules miraron fijamente a los tuyos y con voz tranquila, pero firme soltó — No nos decepciones, Samanta.
Asentiste sin saber cómo tomar aquellas palabras, pues a pesar de que eran comunes para ti no estaba acompañada del habitual tono amenazante, sino un tono suave que parecía esperar mucho de ti.
— Jake, necesito que te reúnas conmigo después, ¿bien?
Rastas abrió los ojos confuso, más aceptó las palabras del líder de la aldea.
Aquel na'vi se alejó y Lo'ak quien estaba a tu lado comenzó a removerse ansioso, mirando a todos lados con sus hombros tensos y aquello te recordó vividamente lo que habían hecho las personas frente a ti.
— Ey, tigresito. ¿No quieres nadar? — señalaste con una pequeña sonrisa para esconder tu rabia— Tal vez eso relaje tus nervios.
Asintió mirando al mar con desesperación, su cola dejo de aprisionar tu cuerpo y su mano dejó ir la tuya para alejarse con pasos apresurados hacia el agua salada, tal como si huyera de todos ustedes.
Te obligaste a mantenerte serena hasta que su figura desapareció, porque cuando te aseguraste de que Lo'ak ya no podría ser testigo de tu arrebato te giraste con rapidez dando una patada directo a la entrepierna de trenzas quien se dobló debido al dolor.
— ¿¡Qué mierda pasa contigo!? — escupiste dispuesta a golpearlo en el rostro de no ser por que rastas ya te había tomado de los hombros y alzado.
— ¡Ey, ey, ey! — exclamó el hombre alejándote de su adorado hijo — ¡Samanta, tranquilizate!
— ¡El pendejo de tu hijo actuó por su cuenta! — replicaste mientras peleabas por safarte de su agarre — ¿¡acaso tienes mierda en el cerebro o simplemente tu pensamiento no da para más!?
Trenzas ya se estaba levantando con mirada llena de rabia, sin embargo, su padre te lanzó hacia atrás caminando a su hijo para detenerlo con una abrazo y comenzar a empujarlo hacia atrás.
— ¡Ya basta, los dos!
— ¡Lo'ak aceptó y tú simplemente te hacías la tonta para no decirle nada acerca de Tsireya!
Caminaste hacia ellos tomando arena con una de tus manos para lanzarla a los ojos del hermano mayor de Lo'ak. Este parpadeó una y otra vez y tú lograste saltar a la espalda de rastas para tomar un puño de las trenzas de su hijo y jalar con fuerza hacia abajo.
— ¡Samanta, ya suéltalo! — te gritó el avatar tomando tu mano para intentar sacar tus dedos.
— ¡Auch, auch! — se quejaba trenzas — ¡Suelta mi cabello!
Rastas pateó hacia atrás dándote en el estómago provocando que todo el aire saliera y tus manos lo dejaran ir. Tu espalda golpeó la arena y al mirar a trenzas este también estaba en el suelo masajeando su cabeza con una expresión llena de ira.
— ¡YA BASTA LOS DOS!
Apretaste tu abdomen, con tu ceño fruncido expresando tu clara molestia.
— ¿Qué hubieras hecho si Lo'ak hubiera tenido un ataque de pánico? — escupiste rabiosa — No puede ver a su madre, ni hermanas. ¿Por qué piensas que con ella va a ser distinto? Debiste dejar que yo le preguntara, no actuar por tu cuenta.
El muchacho se levantó con ira.
— ¿Cuánto tiempo llevas diciendo lo mismo? — te cuestionó de forma acusatoria — Lo'ak pertenece aquí, no a tu lado y no puedes evitar que siga con su vida en el lugar donde debe estar. Con las personas que son su gente.
Y una mierda. No habías arriesgado tu vida y hecho todo lo que hiciste para que este hijo de su reputisima verga rebajara todos tus esfuerzos.
— Yo soy parte de su gente, ¿lo olvidas?
Su mandíbula se apretó y sus ojos llenos de odio te miraron fijamente mientras su boca escupía palabras crueles.
— Que Eywa te permita quedarte no significa que seas parte de —. Replicó — cuando Lo'ak sea capaz de salir sin ti ya no vas a ser necesaria y podremos sacarte de la aldea.
Rastas lo empujó ganándose una mirada perpleja de parte de trenzas.
— Neteyam, ya cállate —. ordenó con autoridad — Samanta tiene razón. No debes de actuar por tu cuenta por que no sabemos qué reacción tendrá tu hermano, para suerte de todos fue buena, pero, JAMÁS vas a volver a hacer algo como esto, ¿lo entiendes?
Suspiró frustrado.
— Bien.
Luego de eso rastas te miró.
— Y tú. No debes de golpear a alguien solo porque te hizo enojar, dijiste que ibas a comportarte y debes hacerlo.
Giraste tu rostro con una mueca fastidiada.
— Pero si él empezó...
— Ya basta, dije.
Guardaste silencio mientras observabas la arena imaginando que su cabeza explotaba una y otra vez bajos tus manos para intentar desaparecer toda la rabia que su estupidez te había causado.
Era idiota, un absoluto enorme y estúpido idiota.
Estabas por ahorcarte con tu propio cabello debido al enojo de no ser porque un Lo'ak empapado salió del mar para volver a tu lado.
El cambio de ropa se pegaba a su cuerpo a pesar de ser holgados y su mirada nerviosa estaba tan atenta al pueblo que te dejaba en claro qué lo tenía tan ansioso en estos momentos.
Pasó por tu lado, pasando de tu persona para subir a una de las enormes rocas que estaban apiladas detrás de ustedes. Tu mirada lo siguió de forma atenta y notando cómo comenzó a rascar sus codos sin mirar a ningún lado en específico con absoluto silencio un suspiro abandonó tus labios, levantándote de la arena para girary caminar hacia él sin dudarlo, deteniéndote a unos pocos centímetros de su persona.
Sus pupilas no te miraron y tú no lo obligaste a hacerlo.
— Si quieres negarte puedes hacerlo.
Su entrecejo titubeó y mientras sus orejas se agachaban demostrando su inconformidad sus ojos se negaron a encontrarse con los tuyos, sin embargo, hubo respuestas que ni siquiera él podía evitar dar, pues su pierna daba pequeños y constantes brincos que te hicieron estar más alerta que al principio.
Estabas por volver a hablar de no ser porque su mano limpió el sudor de su frente para después de forma inmediata negar.
— Q-quiero hacerlo —. Susurró con dificultad — de verdad...
Y por qué su expresión demostraba tanta inseguridad ante la idea.
Lo aceptaste. Si Lo'ak quería probar con esto no sentías la necesidad de negarte, más debías asegurarle que si cambiaba de opinión tú lo aceptarías.
— Bien, si sientes que no puedes debes decirme. Nadie va a juzgarte.
Sus pupilas miraron por unos segundos tus ojos mientras sus labios se apretaban contra si mismos, finalmente sus hombros se alzaron y su boca se abrió para escupir lo que agobiaba a su cabeza.
— E-es solo que- esto es muy repentino, yo- — tomó una bocanada de aire para intentar relajarse mientras sus dedos comenzaron a cepillar su cabello con dedos temblorosos de forma inconsciente— No me arreglé y yo- ni siquiera estoy vestido para la ocasión o-
Tu mano tocó su rodilla con toda la palma mientras en tu rostro aparecía una pequeña sonrisa intentando tranquilizarlo.
— Te ves bien, tranquilo.
La duda se apoderó de sus pupilas.
— ¿No mientes? — cuestionó inseguro — No debí meterme al agua, debí haber esperado a que ella-... Bueno, yo... No sé.
Soltaste un suspiro debido a la pena que te causaba la inseguridad de tu amigo. Diste un paso al frente para estar mucho más cerca de él.
Tus manos tomaron las suyas obligando a su rostro estar cerca de tu atenta mirada y con tranquilidad comenzaste a limpiar las gotas de agua que caían por su rostro, al terminar con aquello, tus dedos acomodaron los vellos rebeldes de sus cejas y sin tocar su nuca acomodaste los mechones de su cabello desenredando con tus dedos los pequeños nudos que lo adornaban, finalmente las palmas de tus manos alisaron su camiseta color caqui y sacudiste la poca arena de sus manos con suavidad.
Tus iris miraron con atención sus pupilas y con una sonrisa satisfecha apretaste sus mejillas con cariño obteniendo un siseo avergonzado de su parte haciéndote sonreír.
— Listo — aseguraste dando un paso hacia atrás — Eres atractivo, no debes de dudarlo. El nuevo Lo'ak tiene un aura misteriosa que atrae, ¿eh?
A pesar de que su cabeza quería centrarse en el pensamiento de que Tsireya probablemente prefería al viejo Lo'ak tu voz no dejaba de repetirse en su cabeza cual eco que buscaba avergonzarlo por el simple hecho de que afirmaste que es atratactivo a tus ojos.
— Gracias... — Murmuró con timidez.
— De nada, tigresito — tomaste su mano, sacándolo de la piedra cuando escuchaste a rastas llamarlos — Ahora, tú puedes con esto, ¿bien? Y sino puedes está bien, no debes forzarte.
Tomó una gran bocanada de aire para brindarse fuerza, apretando tu mano mientras lo guiabas a su padre.
— Está bien, hermanito — aseguró Neteyam con una pequeña sonrisa — Ella ha querido verte desde que llegaste a la isla.
Lo'ak tragó con pesadez al notar cómo la mirada de todos iba detrás de él. Allá en la lejanía donde la aldea crecía.
Sus manos temblaron ante la expectativa, mientras la duda llenaba su cabeza por la posibilidad de encontrarse con la decepción en aquellos ojos azules. De un momento a otro estaba dispuesto a huir del lugar de no ser porque tu mano le dio un ligero apretón a sus dedos haciéndolo consciente de tu presencia a su lado, su mirada buscó la tuya y cuando encontró la protección en tus pupilas la valentía fue suficiente para dirigir su mirada en aquella dirección y poder encontrarse lo que tanto tiempo añoró volver a ver.
Cuandos sus iris miraron a donde tanto temía la vió... Ahí estaba ella, caminando hacia él con pasos dudosos.
Su figura se acercaba con lentitud y conforme la lejanía se volvía nula su corazón se aceleraba y su estómago se revolvía debido a todas las emociones que querían salir de su interior.
Todo era igual.
El cabello rizado color negro que lo ayudó a sobrevivir seguía ahí, su tersa y brillante piel se iluminaba gracias al sol y aquellos hermosos ojos azules expresaban un anhelo que no creyó volver a ver.
¿Qué debía hacer?
Qué hacer con todo lo que había guardado, qué hacer con todo lo que acumuló a lo largo de los años cuando se trataba de ella.
Había esperado tanto por esto.
Se había aferrado a la idea de este momento para no perderse en la locura que aquel encierro le causaba y tenerla frente a él... Se sentía irreal.
Como un cruel sueño del cual no quería despertar.
Él ya no era el mismo del pasado, sin embargo, suplicaba a quien sea que lo escuchara tuviera la clemencia de hacer que Tsireya sea capaz de traer de vuelta lo que fue, porque era su mayor deseo desde que consiguió la libertad.
Cuando aquella metkayina susurró su nombre con añoro comenzó a avanzar hacia ella sin dudar, pues su necesidad de aferrarse al pasado lo golpeó cual marea torrencial. Su garganta no le permitió expresar lo que su corazón deseaba exclamar así que hizo lo único que fue capaz de hacer...
Aferrarse a ella mientras las lágrimas bajaban por sus mejillas.
Su esencia, su calidez, todo en ella seguía siendo lo mismo que hace cinco años...
Dejó de ser el Lo'ak de veintiuno lleno de traumas y volvió a ser aquel chiquillo de catorce que solo sabía meterse en problemas.
— Lo'ak... Eres tú — susurró ella, devolviendo el abrazo mientras sollozoba con fuerza — en verdad eres tú...
Asintió intentando mantener todo lo que ella significaba cerca de él, pues anhelaba que ella acepte lo poco que podía otorgar y sea paciente en su trayectoria de volver a ser quien fue.
No deseaba hacerlo, sin embargo, al alejarse para apreciar su rostro de más cerca logró notar los garabatos en su rostro. Tatuajes que demostraban su avanzar en la vida... Su cabeza hizo un buen trabajo para ignorarlas y transformarla en la Tsireya que él conocía y todo comenzó a sentirse bien pues esto es lo que buscaba.
Esto era lo que él necesitaba... Una señal de que podía recuperar lo que perdió.
De todo lo que esperabas que sucediera en estos momentos ninguna de las opciones se acercaba a lo que estaba sucediendo frente a tus ojos.
Ver a Lo'ak buscar con desesperación el contacto físico de alguien fue extraño y a la vez esperanzador, pues esto signficaba mucho cuando se trataba de él. Tu mirada no pudo apartarse de ellos porque el temor de que él de repente tuviera un colapso seguía latente en tu pecho. Aún estabas incrédula a la situación... Ver cómo sus dedos acariciaban con suavidad su rostro. Observar cómo ella podía aferrarse a sus hombros sin ningún impedimento te llenó de un extraño alivio pues esto significaba que aún existía la posibilidad de la convivencia en sociedad de manera normal.
Era un futuro liberador para él y no podías estar más emocional debido a aquella posibilidad.
— Te lo dije, Tsireya era la respuesta — susurró trenzas a tu lado.
Aquello causó que tu mandíbula se apretara y de forma inevitable le dirigieras una mirada llena de fastidio.
— ¿Puedes NO arruinar el momento solo por una vez en tu vida? — susurraste de vuelta con el ceño fruncido.
— Oh, ahora resulta que arruino un momento — replicó el na'vi golpeando tu espalda con su cola.
Lo tomaste en forma de amenaza ganándote un siseo bajo de su parte.
— Obvio — susurraste sin dejar ir aquella extremidad aunque sus dedos comenzaran a apretar tu muñeca — me gustaría apreciar en silencio que MI amigo acepta el contacto físico de alguien más sin sufrir de una crisis nerviosa — replicaste.
De repente una mano golpeó detrás las nucas de cada uno y finalmente dejaron de pelear cuando rastas se interpuso entre ustedes.
— Ya basta ustedes dos.
Guardó silencio y tú volviste a mirar al frente mientras sobabas la parte trasera de tu cabeza.
Te dedicaste a disfrutar el pequeño momento de paz que no duró mucho, pues tus ojos vieron perfectamente cómo Lo'ak retrocedía y caía de sentón en la arena. No tardaste ni dos segundos cuando ya estabas frente a Lo'ak, ocultando su enorme cuerpo detrás ti mientras amenazabas esta nueva presencia con la navaja que le habías robado a rastas.
— ¿Quién mierda eres y que chingados haces aquí? — cuestionaste al enorme metkayina que era alejado por Tsireya con ligeros empujones — ¡responde!
Sus ojos se abrieron y una sonrisa divertida apareció en su rostro.
— Wow, pxasìk lu oer — exclamó palabras que no conocías.
— ¡Anoung, basta! — exclamó la na'vi intentando alejarlo.
— Lo'ak — llamó rastas detrás tuyo — ¿estás bien, hijo?
La presencia de Lo'ak se sintió justo detrás de ti y sus manos intentaban alejarte de aquel metkayina que aún sonreía con una clara diversión. De repente, trenzas pasó por tu lado empujando al na'vi acuático quien lo miraba con ojos indignados.
— Anoung, ¿qué mierda?
El muchahco alzó las manos intentando exudir inocencia que no lograbas creer.
— Oh vamos, Teyam. Esta vez no hice nada — apuntó con su gigantesca y fea mano a Lo'ak provocando que intentarás dar un paso al frente para cortarle el dedo con tu navaja — solo saludé y él se alejó asustado.
No te agrada.
No te agrada para nada ni el tono de su voz, ni su estúpida cara tatuada.
— Eso no responde qué haces aquí — recriminaste intentando volver a acercarte.
— Creo que la pequeña humana quiere matarme.
Si.
— Es el hermano de Tsireya, Anoung — Trenzas se colocó frente a él mirando a su padre con incomodidad — Él no hará nada estúpido. Lo prometo, papá.
Miraste de reojo a rastas quien se había colocado a tu lado para ayudarte a cubrir a Lo'ak y estabas a punto de replicar de no ser porque las manos de tu amigo jalaron con mas fuerza tus hombros pegando tu espalda a su muslos para que su cola pudiera volver a enrollararse en tu cintura. Miraste a sus ojos intentando encontrar ansiedad en su mirada, sin embargo, sus pupilas solo expresaban una enorme desconfianza al nuevo na'vi y aquello provocó que menos confiaras en este.
— Podemos hacer que se vaya — susurraste a tu amigo quien no dejaba de observar al metkayina macho.
— Solo estoy aquí por mi hermanita — aseguró el muchacho a rastas quien lo miraba fijamente, sus ojos se desviaron y de repente parecía demasiado nervioso — la tsahik me envió.
Chasqueaste los dientes mientras dabas pasos hacia atrás para alejarte junto a Lo'ak y poder hablar sin que las personas ajenas los escucharan.
— ¿Crees poder soportarlo? — cuestionaste sin dejar de mirar a cara de pez — Porque yo apenas llevo dos minutos de conocerlo y ya le quiero reventar su cara de mojarra.
Lo'ak soltó una pequeña risa, mirándote con una ceja alzada ante el comentario que salió de tu boca.
— ¿Qué es una mojarra?
— Un pez —. Sonreíste con diversión — Uno muy feo.
Sus iris dorados miraron por unos segundos a cara de pez y con una pequeña sonrisa divertida volvió su mirada a ti.
— Si es bastante feo a decir verdad — aceptó.
Asentiste poniéndote de cuclillas para estar más cómoda y Lo'ak no tardó nada en imitarte.
— Creo que los genes buenos se los llevó su hermana — halagaste mirándolo de reojo para ver su reacción.
Su cola se meneó y sus pupilas se desviaron a la arena debajo de él para comenzar dibujar en ella con su dedo índice.
— ¿Qué te parece... Ella? — cuestionó en voz baja.
Tu ceño se arrugó con ligera confusión llevando tus ojos a la chica la cual seguía empujando a su hermano con molestia.
— ¿A qué te refieres con eso? — preguntaste devolviendo tu mirada a él.
Limpió el sudor de su frente con nerviosismo pues sus ojos pasaban de ti a la arena y de la arena a ti de forma repetitiva.
— Bueno. ¿Te agrada...?
No respondiste de inmediato, de hecho devolviste tu mirada a la metkayina y observaste con atención cómo regañaba a su hermano quien seguía intentando convencer a rastas que no había hecho nada. Sus ojos azules se encontraron de forma repentina con los tuyos, no desviaste la mirada porque simplemente no tenías razón para ocultar que la estabas mirando. Su expresión cambió a una nerviosa, sus ojos se desviaron después de unos segundos y a pesar de la lejanía podías ver cómo sus pequeñas orejas se agachaban.
Aún así siguió regañando a su hermano y eso te hizo sonreír.
— No la conozco... — le recordaste mirando a sus pupilas con cariño — pero tuviste la suficiente confianza para abrazarla por tu cuenta. No veo por qué dudar de ti.
Sonrió contento por tus palabras volviendo a mirar al frente donde el drama seguía sin tomarlos en cuenta.
Se sentó en la arena cuando sus tobillos comenzaron a doler, recargando su mentón en una de sus rodillas para volver a susurrarte.
— Creo que puedo tolerarlo siempre y cuando no se me acerque — aceptó con resignación.
— Bueno, entonces no puede ser tan malo, ¿cierto?
Cuando tus ojos miraron su rostro este tenía la expresión más agotada que podías haberle visto y aquello te hizo suspirar.
Te levantaste de tu lugar agotada, sacudiendo la arena de tus piernas para después girarte y tomar su mano para ayudar a Lo'ak a levantarse y finalmente volvieron a unirse a los gigantes que no dejaban de discutir.
— Ay ya callanse, a Lo'ak no le importa mientras no se le acerque — interrumpiste fastidiada — ¿Lo entiendes, cara de pez?
— ¿Cara de pez? — cuestionó confundido, mirando a trenzas quien ya tenía una expresión de molestia.
Sonreíste divertida, dirigiendo tu mirada a la metkayina quien te miraba con inocente curiosidad.
— El líder dijo que ibas a enseñarme todo en más profundidad, ya que aún soy muy principiante en esto.
La metkayina frunció su ceño intentando decifrar lo que habías dicho, pues estabas segura que pronunciaste palabras con el dialecto incorrecto y por supuesto, pudiste haber confundido sílabas con otras.
Trenzas repitió lo que dijiste de una mejor forma. La muchacha abrió sus ojos, sonriendo con amabilidad mientras sus orejas se levantaban con atención.
— Si, responderé todas tus dudas y te enseñaré todo lo que necesitas saber — exclamó la muchacha con lentitud y claridad para que tú entendieras — Espero que nos podamos llevar bien.
Asentiste mientras rascabas tu nuca por su extraña amabilidad.
— Si, yo también.
Eras horrible haciendo amigos y todo porque tu forma de convivir era demasiado torpe y grosera, por lo que muchos intentaban mantenerse alejados de ti. De todos modos, sabías que la muchacha estaba poniendo esfuerzo porque Lo'ak se mantenía a tu lado y enseñarte significaba pasar tiempo con él.
Y conforme la conversación se alargaba sus ojos se desviaban a la persona que estaba detrás de ti, emanando un aura llena de cariño y anhelo.
Probablemente una clara señal de lo que sería la convivencia a partir de ahora.
•|•|•|•|•| A D V E R T E N C I A •|•|•|•|•|
Sangre, suicido, ab/so se/ual, tortura, adicción, enfermedades mentales, canibalismo.
•~•~•~•~•~•~•~•
Capitulo 1
Capitulo 14
~•~•~•~•~•~•~
15. Podríamos ser libres.
Tu mirada concentrada y atenta en sus manos causó que una sonrisa divertida se quedara en su rostro todo el tiempo donde te enseñó cómo entretejer los hilos de las ramadas para crear una cama metkayina.
— Es fácil, ¿lo ves? Solo debes seguir el patrón.
Rascaste tu nuca con la frustración mostrándose en tus facciones.
— La verdad es que soy horrible en las manualidades — Tus manos quitaron las suyas y sentándote más cerca comenzaste a mover aquellas tiras de hojas flexibles — ¿así está bien?
Lo'ak asintió, uniéndose para ayudarte.
— Oye, es trampa si metes tus manos — bromeaste intentando alejar sus dedos.
Dejó escapar una risa divertida.
— No es una competencia, idiota. Se supone que lo hacemos juntos, ya te dije que es hacer nuestro hogar en equipo.
— Sería más divertido si hiciéramos una carrera para ver quién termina más rápido — opinaste levantando y bajando las cejas.
A pesar de que sonrió por tu jugueteo su mano tomó tu muñeca y con un tono más serio negó con suavidad.
— Nos estamos brindando apoyo. Esta es una muestra de que somos unidos y nuestras vidas están entrelazadas — su atención volvió a sus dedos y tu mirada curiosa no pudo apartarse de su rostro — Formamos un hogar junto al otro y demostramos a Eyw-... Solo, podemos ver que confiamos el uno en el otro.
Tus pupilas volvieron a lo que hacían y seguiste tejiendo con tranquilidad. Al parecer, esto era mucho más que simplemente "tejer".
— Sabes que nosotros no debemos hacer esto para demostrar que confiamos en el otro, ¿no? — cuestionaste sin mirarlo, notando cómo por un segundo sus dedos titubearon.
— S-si... Solo, bueno aquí se hace así.
Ah, era solo su necesidad de sentir que aún seguía era parte de ellos.
— Bien, ¿Cuánto se tarda en hacer una cama? — cuestionaste intentando apresurarte.
— La primera vez que hice una solo para mi tardé tres días.
Soltaste un grito dramático provocando que Lo'ak dejara salir una ruidosa carcajada por tu exageración.
Fue una noche donde simplemente pasaron el rato creando una gigante hamaca para ambos, una noche donde estuvieron riendo y bromeando en voz baja al recordar que todos estaban dormidos a estas horas a excepción de ustedes.
Se convirtió en una pequeña rutina de tres días donde todo fue agradable. Pasearon por las noches a la orilla del mar, comían en el refugio de Norm burlandose de él cuando los miraba con fastidio, Lo'ak jugaba un rato en el mar mientras tú te sentabas en la arena esperando que llegara con nuevas adquisiciones y una vez que volvían a dormir al refugio, cuando sus manos se aferraban a las tuyas y su rostro se ocultaba entre tu cabello de sus labios escapaba aquel nombre que te otorgó en su delirio mental.
Repitiéndole entre sueños, suplicando con tristeza por algo que no llegabas a comprender del todo.
Todo iba bien, todo estaba tranquilo y tú estabas hundida en un profundo sueño hasta que una insistente mirada de algo ajeno encima de ustedes te obligó a despertar.
No te levantaste, no te moviste, simplemente abriste los ojos y miraste directo al objeto que los protegía a ti y a Lo'ak en la oscuridas del bosque.
No era una criatura marina, no al menos que pudiera salir del agua, subir por los caminos entretejidos y después asomarse por la única entrada del refugio simplemente para observarlo. Tus manos se movieron de forma lenta y silenciosa para buscar tu objetivo, tus dedos rozaron el metal frío del arma y cuando tu agarre fue firme en el objeto no dudaste en enderezarte y apuntar a la única entrada donde trenzas estaba sentado mirándote de forma fija, casi como un animal acechando a su presa.
Dejaste de apuntarlo con lentitud, sin embargo, no fuiste capaz de abandonar el arma al sentirte aún bajo amenaza, por el simple hecho de que era trenzas y él no te brindaba nada de confianza por su irracional e infantil odio a tu persona.
Retiraste la mano de Lo'ak de encima de tus muslos con suavidad pues seguía dormido cual tronco por el desvelo de su actividad y no querías despertarlo.
Un bostezo escapó de tus labios y mientras rascabas tu nuca te bajaste de la enorme hamaca para caminar hacia el amargado na'vi que los acosaba.
— Voy asumir que apenas llegaste y que no llevas más de diez minutos viéndonos dormir — señalaste en voz baja.
Sus cejas, qué ya estaban fruncidas se juntaron más por tus palabras y conforme te acercabas a su persona, podías notar cómo su mandíbula estaba tensa por tu simple presencia en la rústica habitación.
Te detuviste al otro extremo de la entrada y sin alejar tus pupilas de sus penetrantes iris amarillos te sentaste en el suelo de piernas cruzadas. Tu espalda estaba recta y el arma descansó encima de tus muslos sin dejar de observarlo por si se le ocurría atacarte de imprevisto.
— No sabía que mi hermano debía dormir abrazándote y tampoco que necesitaran una sola hamaca para los dos.
Tus uñas se encajaron en tu piel con disimulo y el enojo comenzó a burbujear en tu interior sin permitirse salir.
— Dormir juntos es la forma más fácil para protegernos en el bosque. Se volvió costumbre.
La rabia en su mirada se relajó y sus ojos amarillos observaron fuera del refugio donde los metkayina seguían con su vida de forma normal.
— Lo'ak... ¿Lo'ak, sigue mencionando a Tsireya?
Tu curiosidad creció ante el conocido nombre.
Ladeaste tu cabeza mientras intentabas leer sus facciones y cuando volvió a mirarte tú simplemente alzaste los hombros para restarle importancia a la situación.
— Cuando duerme lo dice mucho —. Soltaste observando una pequeña sonrisa intentar formarse — ¿Por qué?, ¿qué es eso?
Trenzas regresó su mirada a las afueras y tú te frustraste por el misterio que le estaba poniendo a la maldita situación.
— Una na'vi de aquí. Ella y Lo'ak eran muy cercanos antes de-... Antes de todo.
—¿Cercanos? — soltaste ante su rara discreción — ¿cercanos en qué aspecto?
Sus ojos volvieron a ti en segundos.
— ¿Por qué estas preguntando eso?
Tus cejas se alzaron ante el borde tono de su voz y una sonrisa llena de diversión se formó en tu rostro al entender por qué estaba tan a la defensiva. Teme que arruines la bella relación de su hermano.
De todos modos, al fin se aclaraba la razón por la cual tu amigo siempre estaba proclamando aquel nombre en sus sueños.
— ¿No era más fácil decirme desde el principio que era la novia de Lo'ak? — cuestionaste divertida — Si quiere verlo puedo intentar hablar con él, aunque no prometo nada. Y si te digo que él dijo que no, tú deberás dejar de insistir.
No le agradó eso último, lo sabías por su pesada mirada y el enojo que emanaban sus pupilas. No giraste tu rostro para mirarlo por el simple hecho de que estabas agotada y querías dormir. Mirarlo sería como pedirle que inicien una discusión que jamás pararía.
— No olvides que debes aportar a la aldea — te recordó Neteyam provocando que te pusieras de mal humor.
— No quiero saber nada de trabajo.
— Te están vigilando y si mi hermano sufre por tu ineptitud voy a golpearte.
Se fue del refugio y tú le levantaste el dedo medio con rabia.
Habías olvidado por completo lo del trabajo y unión a la aldea. Te relajaste más de la cuenta y probablemente ellos estaban asumiendo que no te interesaba nada este asunto.
Tus manos tomaron el pesado telar y moviéndolo apenas un poco te asomaste por la pequeña abertura causando que el brillante y molesto sol calara en tus ojos. Observaste a los aldeanos caminar como si nada ocurriera, seguían con su día como siempre y tú tendrías que comenzar a unirte a ellos en las mañanas para hacerles ver que no eras una peligro en este lugar.
Aunque con el historial que tú y Lo'ak tenían dudabas de esa verdad.
Dejaste escapar un suspiro para dar un vistazo a Lo'ak quien roncaba con su rostro ocultó entre sus manos. Tardaría tiempo en despertar y tú necesitabas comenzar a fingir ante los metkayina.
Saliste del refugio con pasos silenciosos mientras tu mano se aferró al metal del arma y tus pasos descalzos intentaron guiarte a buscar la casa de rastas.
Ignorabas las miradas de quienes pasaban por tu lado, sonreías extrañada ante los alienigenas que corrían al verte y se ocultaban cual ardillas en las casas de tu alrededor. Todos actuaban de forma tan extraña cuando se trataba de ti.
Finalmente y después de andar un rato por los caminos alcanzaste ver a un na'vi con el extraño andar de rastas y su coleta despordenada que caía por su espalda. El avatar entró a una de las rústicas cabañas sin mirar atrás y tus pasos aceleraron para llegar a él.
Las voces comenzaron a llegar a tus oídos conforme te acercabas. Te quedaste parada a un costado de la entrada tomando una bocanada de aire porque te enfrentarías a una jauría de lobos. Finalmente, te asomaste y tus pupilas comenzaron a vagar por el interior del lugar en completo silencio, al menos hasta que tus ojos se encontraron con unos más grandes y dorados.
— Ammm, Sempu...
Levantaste dos dedos en señal de paz como forma de saludo y estabas por hablar de no ser porque un siseo de advertencia provocó que tu mente se pusiera en alerta y tus manos fueran de forma inconsciente al arma que colgaba de tu hombro.
— ¿Tú qué haces aquí? — cuestionó trenzas mientras se levantaba — ¿me estás siguiendo?
— Tampoco eres para tanto, niño bonito — cortaste la conversación con expresión fastidiada — En realidad, vengo por tu papá. Necesito su ayuda.
El na'vi de rastas se levantó enseguida para acercarse a ti con pasos apresurados mientras una expresión de preocupación comenzaba a formarse en su rostro.
Te quedaste firme en tu lugar sin alejar la mirada de su rostro, echando tu cabeza hacia atrás cuando se agachó para estar cerca de tu cara y tomar tus hombros.
— ¿Es Lo'ak?, ¿Todo está bien con él?
De repente toda esta familia de enormes alienigenas azules te miraban con ojos fijos y tu incomodidad fue tanta que tuviste que apartar las manos de aquel hombre para poder dar un paso al costado.
— Todo bien, está durmiendo — tallaste la planta de tu pie contra el suelo tejido — Solo vine por lo de brindar cosas a la aldea y eso.
El ambiente se relajó con la confirmación de la estabilidad de Lo'ak.
Rastas, quien seguía arrodillado se sentó en el suelo con pierna cruzadas mirándote con una de sus cejas arqueadas debido a tus palabras anteriores.
— Deberías ir a la aldea, no aquí.
Miraste fuera de la casa porque era incómodo y la sola idea de pedir ayuda te hacía sentir inútil.
— Bueno... Yo no sé qué hacer, dónde conseguir las cosas y-...— la frustración llegó y tu boca soltó de golpe lo que necesitabas con mucha vergüenza — Chingada madre, solo ayúdame.
El adulto soltó un suspiro, levantándose del suelo con un quejido pra despues sobar la parte baja de sus rodillas y finalmente salió del lugar.
— Volveré en una hora, ¿si?
— Nari si, MaJake.
Frunciste el ceño mientras mirabas hacia el frente para seguir a rastas ante las extrañas palabras que la mujer pronunció.
— Bien, es simple. Puedes hacer varias actividades a lo largo del día, caza terrestre, pesca, recolección. Incluso la creación de materiales para apoyo a la comunidad es aceptado.
Asentiste mientras tu mirada estaba concentrada en el suelo debido al tamboleo de tu cuerpo por sus enormes pasos. El suelo te hacía rebotar porque era como un maldito trampolín y rastas no te dejaba estabilizarte.
— No suena difícil.
Rastas te lanzó una mirada.
— Tendrás que hacer el triple de trabajo — señaló volviendo a mirar al frente — Nuestros tamaños son muy distintos. Podemos comer triple ración de lo que tú normalmente comerías, además, recuerda que aquí todo es mucho más grande que tú.
— Te lo dije, todo está por encima de ti.
Miraste con molestia a la irritante presencia que los seguía de cerca, estabas dispuesta a contestarle de forma grosera de no ser por que la voz de rastas te interrumpió.
— Neteyam.
Sonreíste con sorna hacia el grosero que los seguía, quien te miró mal ante tu atrevimiento.
— Te llevare a donde puedes tomar las cosas, una vez que termines lo que hagas debes dejar todo en su lugar, no donde tú quieras.
Cuando tus pies tocaron la arena de la isla fuiste capaz de sentir las miradas encima de ti y aquello provocó que tus ojos observaran a tu alrededor. Los na'vi acuáticos los observaban con curiosidad y tus oídos eran capaces de oír murmullos que no podías comprender del todo lo que decían, pareciera que ahora que rastas iba contigo ya no eras una amenaza para nadie de aquí pues ya no corrían. Tus ojos se encontraron con los de algunos niños que estaban de tu estatura, sus miradas curiosas te hicieron sonreír, levantaste dos de tus dedos como saludo y algunos de ellos sonrieron mientras corrían alejándose de ti.
Acomodaste la correa del arma para mantenerla más pegada a ti.
— ¿Puedo salir libremente o necesitaré alguien de escolta?
— Para eso tienes que hablar primero con el olo'eyktan y la tshaik.
Frunciste el ceño mientras tu lengua se movía intentando pronunciar aquellas palabras.
— "Tesaaajik" es una nueva palabra — señalaste rascando tu hombro — ¿quién es?
— Es... Lo puedes ver cómo la curandera, la matriarca. Lidera junto al olo'eyktan y es "T-sa-hik". Deberás aprender el idioma na'vi sin objeciones, es cansado traducirte todo — recalcó rastas sin mirarte.
— Tú también tuviste que aprender, ¿lo olvidas? — recriminaste fastidiada ante su actitud.
Viste sus orejas moverse con un pequeño tic y su andar titubeo por un segundo que alguien normal no notaría. Para suerte de todos o mala suerte, tú no lo eras. Tu cuerpo estaba hiperalerta y podia notar cualquier pequeño detalle en la actitud de la demás gente.
Llegaron a la cabaña común en ciertos pasos más y tus pupilas fueron de inmediato al suelo percibiendo el carmín que manchaba el suelo. La perfección en las formas de gotas y manos marcados en los tejidos te hicieron desviar tu atención a otro lado, intentando evitar un interrogatorio no deseado.
— Bien, aquí dejaras todos lo alimentos. En este están los pescados, enfrente las frutas y verduras y en el otro las cazas terrestres — no detuvo en ningún momento su andar, caminó con pasos firmes y simplemente señalaba e informaba como un teniente, cosa que te hizo sentir cómoda de alguna forma— En este otro tienes todo el material que puedes necesitar, redes de pesca, canastas para frutas, cestas para los pescados que recolectas, jaulas para animales que parecen cangrejos, cuchillos para almejas, ostiones.
Sonreíste emocionada, adelantando tu andar para quedar justo a su lado.
— ¿Hay ostiones?
Te miró extrañado ante tu entusiasmo, sin embargo, respondió tu pregunta.
— No son ostiones, en si. Pero es la única forma en el que puedes hacerte idea de lo que son. Comparándolos con animales de la tierra — miró de nuevo al frente ignorando a tu persona para seguir con el recorrido — También hay actividades de recolección de material, lianas, hojas de árboles, cortezas, troncos, ramas. Todo para crear objetos que te ayuden a vivir.
— Prácticamente es un "puedes hacer lo que quieras, solo aporta a la aldea".
— No exactamente, tú harás de todo porque no tienes una tarea en específico ya que no perteneces aquí — te recordó el hombre sin dirigirte la mirada — Es una prueba para señalar que eres confiable.
Suena más a que quieren una esclava, pero está bien. Ya estás acostumbrada a que te manden a todos lados.
— ¿Confiable o útil? — cuestionaste malhumorada — por que son cosas bastante distintas y para-
— Shh.
Tus labios se sellaron para mirar indignada al hombre que te había mandado a callar dispuesta a resongar de no ser por la mano de tremzas que tomó con fuerza tu brazo obligandote a dar un paso hacia atrás. Tus dedos tocaron el metal del arma por el repentino agarre y cuando estabas por alzarla en forma de amenaza trenzas tomó tu muñeca con fuerza provocando que tus pupilas buscaran su cara y al hacerlo, este solo apuntó con la cabeza hacia el frente causando que giraras tu rostro y lograras ver a un enorme na'vi acuático acercarse a ustedes con pasos firmes.
— ¿Por qué mierda son tan enormes todos...? — te quejaste por lo bajo.
Cuando aquel metkayina estuvo a pocos pasos de ustedes, los familiares de Lo'ak hablaron en su idioma natal con un coro que te confundió y aquel que apenas había llegado respondió de la misma forma, moviendo su mano de su cara hacia ustedes.
Te quedaste quieta en tu lugar sin saber qué hacer al ver que los tres te miraban esperando algo. Diste un paso al frente, enderezando tu espalda mientras tus iris miraban con firmeza a aquel metkayina, por lo que parecía, de alto rango.
— Buenos días, oloeitan — saludaste en una pobre imitación.
El líder solo alzó una ceja, mirando a rastas quien soltó un suspiro y volvió a decir cosas que no entendías. Guardaste silencio, porque no sabías si aquí también era grosero hablar mientras otros lo hacían.
— Es bastante pequeña.
Jake asintió rascando su frente ante la obvia desventaja.
— Lo sé, lo sé... pero fue un soldado, esta entrenada para sobrevivir en lugares que le dan desventaja. Va a aprender rápido y hará lo que se le diga sin quejarse.
— Jake, fuimos comprensivos cuando se trató de tu familia porque son de este mundo, nuestra gente. — Tonowari te miró y Jake pudo ver cómo tu cuerpo se ponía mucho más recto con la mirada fija en el líder — ella tiene una enorme desventaja en esta tierra, su gente ha causado dolor a la nuestra.
— Ella no es igual a los demás, hay humanos buenos, Tonowari y ella es uno de esos — tal vez solo estaba mintiendo, pero estaba haciendo todo por su hijo — te aseguro que será obediente.
— Ronal tampoco está de acuerdo con esto, nuestros hermanos están asustados.
Tendría que usar la carta más baja en alguien tan amable como Tonowari.
— Mi hijo, Lo'ak... Él la necesita para poder seguir adelante, solo- por favor.
Los ojos azules del metkayina miraron a tu persona, quien seguía quieta en su lugar sin hacer nada. Por primera vez parecías alguien normal y no un peligro andante.
— Quiero ver cómo se desenvuelve — Jake sonrió con agradecimiento, sin emabargo, Tonowari advirtió — eso no significa que haya aceptado que se quede. Solo quiero ver si es capaz de hacerlo.
Tonowari comenzó a caminar y él te miró para que los siguieras.
— ¿Quiere decir que me puedo quedar? — cuestionaste yendo con pasos apresurados detrás de na'vi.
— No cantes victoria, quiere ver cómo lo harás.
Miraste con confusión a rastas.
— ¿Hacer qué?
No te contestó y eso te sacó de quicio, más lo disimulaste porque debías causar una buena impresión para fingir que no serías un problema en la isla.
Llegaron a la orilla de la playa donde varios na'vi saludaron y observaron con curiosidad conforme más se acercaban a la orilla del mar, tus rodillas titubearon por unos segundos y tus oidos oyeron ecos, sin embargo, te obligaste a cerrarte y fingir que nada ocurría. De todos modos la fuerte y clara voz del oleiktan habló distrayendo a tu cabeza de las olas que golpeaban con fuerza al reventar. Tus ojos miraron en su dirección con rapidez encontrando su mirada azulada atenta a ti. A sus manos fue entregada una enorme lanza la cual fue extendida hacia a ti. Tus brazos se estiraron y la bara de madera cayó en la palma de tu mano de forma pesada.
Volvió a hablar y tu miraste a rastas en busca de ayuda.
— Quiere verte atrapar un pez — tus cejas se alzaron y tu mirada volvió a la lanza en tus manos — Ellos tienden a usar lanzas cuando quieren una pesca rápida.
— Esto es más enorme que yo. No me va a ayudar, va a perjudicarme — señalaste con obviedad.
Los iris del padre de tu amigo no se apartaron de los tuyos.
— Vas a obedecer sin quejarte.
No te moviste.
Te quedaste tan quieta en tu lugar mientras lo mirabas molesta que podías sentir las miradas curiosas de los demás encima tuya. Tus pasos se acercaron a rastas y sin pensarlo mucho tomaste del cuchillo que colgaba en la cinta de su pecho, después pegaste aquel palo contra sus muslos para alejarte de él.
— La idea es quedarme, no hacer el ridículo frente al líder — le recordaste mientras avanzabas a la orilla.
Cuando te metiste al mar tu vista siempre estuvo hacia abajo y cuando el agua quedo en tus rodillas te detuviste.
Peces nadaron con tranquilidad alrededor de tus pies, enormes bestias que esperaban ser cazadas como los viejos tiempos donde solo eran tú y Lo'ak sobreviviendo en la interperie.
El agua se volvió quieta debido a tu nulo avanzar y cuando tus ojos lograron ver que uno de ellos estaba cerca de ti, te lanzaste atravesándolo con el cuchillo. Lo sacaste del agua con una sonrisa orgullosa, abrazándolo para evitar que escapara pues su cola seguía moviéndose de un lado a otro. Enterraste tus dedos en las branquias y con un gran esfuerzo lo lanzaste a la arena dejando que golpeara los feos pies de rastas. Al mirar otro cerca a ti volviste a repetir la misma acción sonriendo al pensar que Lo'ak ya habría hecho de esto una competencia.
Jake miró al pez que cayó en sus pies con una mueca de... Ni siquiera sabía que sentía, solo podia sentir que la cola humeda del animal golpeaba contra su tobillo y se desangraba lentamente a su pies. Su vista volvió a ti observando como a los pocos segundos ya tenías otro pescado en tus manos con una sonrisa de completa victoria.
La palabra "sádica" llegó a su cabeza.
— Es entusiasta al asesinar criaturas y le gusta hacer las cosas a su modo.
Sus ojos fueron directo a su amigo acuático quien tenía sus cejas alzadas sin dejar de observarte.
— Dijo que la lanza era demasiado larga para ella.
Tonowari asintió volviendo a mirarlo con expresión serena.
— Es consciente de sus debilidades — su vista volvió al frente, acercándose a uno de los metkayina que tenían una red en sus manos — Veamos si es buena lanzando.
— Samanta.
Te giraste ante el llamado de tu nombre, tus pasos se acercaron con obediencia y cuando el líder entregó la red a tus manos volviste a ver al mar sintiendo un escalofrío subir por todo tu cuerpo ante la idea de ir más lejos de lo que ya habías hecho.
"Alternativas, Sam. Siempre busca alternativas para poder vivir con normalidad"
Seguiste el consejo de la voz de tu hermana y sin pensarlo mucho caminaste hacia las enormes rocas que había a un costado. Apretaste la red entre tus dedos mientras observabas cómo los nativos huían al ver que te acercabas, lo cual lograba relajar un poco la tensión de tu cuerpo. Escalaste las rocas con rapidez, miraste la pequeña fauna esconderse entre los huecos de las enormes piedras, el agua salada te saludaba totalmente quieta y cuando llegaste a la última roca, aquella donde las olas golpeaban y la vista a las profundidades era más clara te paralizaste por un segundo.
Solo uno pequeño, porque enseguida se cerraste tus ojos y te tragaste tu miedo para comenzar a moverte.
La punta de soga que quedaba para evitar que la red se escapara de tus manos la pusiste debajo de tu pie, pisando con fuerza mientras tu cuerpo se ponía en posición de lanzamiento. Giraste tus caderas un poco y cuando te sentiste lo suficientemente cómoda giraste con rapidez para lanzar aquel manojo de sogas lo más lejos posible. La red se expandió en el aire y el golpe sordo cayó contra el agua después de unos segundos.
La viste hundirse lentamente, hasta que desapareció.
Ahora que te quedabas pensando... ¿Cómo mierda vas a levantarla si está muy pesada?, ¿y cómo vergas ibas a arrastrarla sin meterte al mar? Después de unos minutos jalaste sintiendo el peso y movimientos bruscos de los peces intentando liberarse del encierro. Tu mandibula se tensó y tus dos manos se aferraron con fuerza a la red, tus rodillas se doblaron al ver unos cuantos salir a la superficie y con la desesperacion a flor de piel al sentir que todos regresarian al mar sacaste el cuchillo que le robaste a rastas comenzando a apuñalaron a cada uno de ellos con brusquedad para que dejaran de moverse y todo fuera más fácil para ti.
El mar se comenzó a colorear de carmín, los que fueron atravesados por el filo del cuchillo flotaron inertes y finalmente con una gran bocanada de aire levantaste la red con la ayuda de la fuerza de tus piernas.
Tu espalda tronó por el esfuerzo, tu mano wue fue mordida siguió punzando mientras el incio de un calambre intentaba paralizarla, más lo ignoraste para pasar la red por encima de tu hombro y comenzar a caminar hacia aquellos hombres que te miraban con atención. Los bordes filosos de las rocas calaban en las plantas de tus pies, pequeños animales pasaban por encima de tus dedos y a pesar de que querías correr para alejarte del mar fingiste calma para que no dudaron ni un segundo de la veracidad de tu actitud.
Una vez frente a ellos dejaste caer la red a sus pies, observando a los peces de distintos tamaños con agujeros en sus cuerpos.
Ignoraste el sudor bajando por tu frente, intentaste fingir demencia al cosquilleo de tu mano y mantuviste tu rostro sin expresión ante las punzadas de tu espalda.
Jake dirigió su mirada a Tonowari, quien observaba con atención las vistosas puñaladas que le habías dado a cada pez.
— Usa métodos bastante salvajes...
Si, pero en este momento los mirabas fijamente con ojos enormes como si esperaras algo con ansias.
— La ayudó a no hacer lucha con ellos.
— Pudo haber entrado al mar y arrastrado la red hacia la orilla, el mar la ayudaría con el peso.
Si, ¿por qué complicarse tanto? Sabe que la altura del mar te cubría más rápido que a ellos, sin embargo, incluso que el agua llegara por encima de tu cintura seguía siendo perfecto para un buen lanzamiento.
— Bien, vayamos con la tsahik.
De forma repentina los tres comenzaron a caminar en dirección al pueblo y tú los seguiste sin dudar alejándote del mar causando que tus hombros descansaran de la tensión, las alertas se fueron y tu cuerpo estaba más relajado conforme el sonido de las olas se volvía lejano para tus oídos. Tus pasos firmes fueron detrás de los mayores y trenzas quien caminaba detrás tuyo te miraba de forma tan fija que comenzaba a perforar tu nuca.
— ¿Qué? — soltaste sin mirarlo.
— ¿Por qué parecías tan acostumbrada al cazar los peces con el cuchillo?
Tus ojos observaron el movimiento de rastas quien dio una pequeña mirada en tu dirección.
— Teníamos que alimentarnos —. Fue lo primero que soltaste al recordar aquellos días — Solo estaba el mar y mi cuchillo. Fue lo que nos mantuvo vivos por un largo tiempo, hasta que entramos al bosque y tuvimos que hacer un arco.
Ninguno contestó a lo que dijiste y trenzas quien había estado caminando detrás tuyo se colocó a un costado de ti para comenzar a informarte del siguiente paso.
— Vamos con la tsahik —. Avisó trenzas con tono bajo — No vas a ser grosera, no vas a quejarte, no vas a hacer ninguna mueca, el olo'eyktan no acepta nada si ella no lo hace, así que tienes que causar una buena impresión.
Asentiste mientras limpiabas las palmas de tus manos contra tus muslos pues habían empezado a sudar debido a los nervios de tener que enfrentarte a una mujer importante.
Era aterrador.
Y lo hizo más aterrador que al entrar donde aquella curandera estaba el ambiente fuera tenso. Rastas y trenzas saludaron haciendo lo mismo de hace rato y tú imitaste con movimientos dudosos ante la penetrante mirada de la mujer.
Jake estaba ansioso.
Tonowari siempre era comprensivo y fácil de convencer ya sea porque lo veía como un amigo o era demasiado empatico con él.
Ronal... Ronal siempre era racional y veía por su pueblo por sobre todas las cosas. Después del suceso con lo de su tulkun y el secuestro de Lo'ak era mucho más reacia a convivir con los humanos.
Debía hacer lo posible para convencerlos de que todo estaría bien, debía apoyarte y hacerte ver como una persona racional aunque a sus ojos eso se ve imposible.
— ¿Qué significa esto? — cuestionó la mujer, mirando fijamente tu figura.
— Ronal... Ella es Samanta, la humana que ayudó a mi hijo a escapar de los humanos.
— Pensé que habíamos sido claros al decir que no habría presencia humana en esta isla — recordó la mujer mirando a Tonowari fijamente.
Jake hizo una mueca, mirando a otro lado para evitar la incomodidad de la situación, pues Neytiri varias veces le había lanzando esa mirada y no significaba nada bueno. Hubo un silencio extenso, donde los líderes solo se miraban y comunicaban su sentir a través de miradas, una comunicación que nadie podía entender más que ellos.
Después de unos segundos la mirada de la mujer volvió a ti mientras se acercaba con pasos lentos y cuidadosos bajo tu atenta mirada.
Tus ojos fueron por unos segundos a Jake quien ya te estaba advirtiendo sin decir palabra alguna.
"No la cagues"
La na'vi caminó alrededor tuyo, estudiando tu cuerpo con mirada concentrada causando que tus hombros se pusieran tensos.
— No tiene cola, sus brazos son flacos, su altura es la de un niño... — sus manos tomaron las tuyas levantándolas para estudiar las palmas de estas — Sus manos son ásperas, eso es bueno... — de repente una punzada apareció cuando su pulgar apretó la cicatriz que Lo'ak te había hecho — ¿Qué es esta mordida?
Tus dientes se apretaron entre ellos para evitar hacer una mueca de dolor al sentir como los dedos de la tsahik no dejaban de apretar.
— Ah... Bueno...
Fue de Lo'ak.
Tuktirey les había contado todo el incidente y sabía que te habías ganado una mordida por parte de su hijo. Aún no sabe la razón del por qué esa fue la primera reacción de su hijo.
— Está herida no está bien tratada, sus dedos no se relajan ni siquiera cuando los masajeo — los dedos de la na'vi tomaron tu mentón moviendo tu rostro de un lado a otro — No puede respirar nuestro aire y por eso usa esto de aquí.
Jake dio un paso para acercarse a ustedes.
— Le ayuda a respirar bajo el agua, puede pasar todo el día dentro de mar gracias a que la máscara le brinda oxígeno.
— No sabe nuestro idioma, no sabe de Eywa, no puede mantener una conexión, no sabe de nuestros rituales... — enumeró la mujer mientras se alejaba — Su lugar definitivamente no es aquí.
— Aprenderá, ella está dispuesto a aprender. Sabe hacer las actividades, demostró que puede hacerlo — aclaró comenzando a llenarse de desesperación.
Se trataba de su hijo... Si tú te quedabas, Lo'ak podría seguir avanzando y convivir con ellos.
— Desde que llegó lleva con ese artefacto humano, no se ha separado de él y eso es una clara muestra de hostilidad —. Exclamó la mujer mientras su mano apuntaba al arma que colgaba detu costado — Tú nos advertiste de los peligros de las herramientas humanas.
Su corazón golpeó contra su pecho de forma dolorosa y sus ojos amarillos te miraron enseguida. Ya lo estabas observando y tu pupilas confundidas le dejaban en claro que no tenías idea de nada de lo que estaba pasando, mas no le importó. Él debía de asegurarse que no volvieran a alejar a Lo'ak del lado de su familia así que su mano se estiró esperando que le entregaras el arma.
— ¿Qué?, ¿qué haces? — preguntaste confusa, tu mano se levantó descansando contra su agarre cosa que lo frustró un poco.
— Tu arma, debes entregarla.
Diste un paso hacia atrás, ocultándola detrás de tu espalda.
Y una mierda.
— No. Definitivanemente no.
— Samanta — advirtió el hombre sin ninguna expresión.
— ¿Por qué debería-
— Porque es una maldita orden y tú ibas a obedecer.
Apretaste la mandíbula y de forma inconsciente diste un otro paso hacia atrás, chocando con el costado de trenzas quien ya te estaba observando fijamente con una clara advertencia en su mirada.
— Como ella no quiere poner de su parte, la decisión es clara-
— No, no — interrumpió a Ronal desesperado, sus ojos suplicaron a Tonowari quien tocó el hombro de su esposa — E-ella va a hacer caso — volvió a mirarte acercándose con pasos pesados — Samanta, por el amor de Dios entregaras esa maldita arma quieras o no.
No lo estaba entendiendo, él ni siquiera parecía comprender lo que te estaba pidiendo.
— ¿Cómo voy a protegerme si te la doy?
— ¿Qué? — soltó incrédulo — ¿protegerte de qué? Tú eres el peligro en esta isla, no nosotros.
— Miden casi tres metros, sus manos pueden destrozar mi cabeza con un apretón, los animales de aquí con una mordida pueden mutilarme — enumeraste mirando directo a sus ojos — Estoy en una clara desventaja, ¿a quién mierda ven como peligro?
Si hubieras tenido un arma en el bosque tú y Lo'ak habrían podido evitarse muchos problemas y cuando finalmente la obtuviste sobrevivir fue mucho más fácil para los dos.
— Samanta, maldita sea, dijiste que obedecerías.
Sí, pero te estaban pidiendo algo que definitivamente te volvía vulnerable.
Tu boca se abrió, dispuesta a seguir negándote de no ser porque alguien chocó con tu hombro bruscamente, tu cuerpo casi cae y cuando viste de reojo un azul por debajo tuyo casi golpear el suelo tu brazo lo tomó de la cintura evitando que aquel chiquillo azotara contra el suelo.
Sus enormes ojos azules te miraron con curiosidad. Una curiosidad infantil que te hizo recordar al niño causante de tu encierro.
El inicio de todo.
Dejaste de tomar su cuerpo ayudándolo a enderezarse para tomar el juguete que había caído a tus pies y se lo entregaste en sus manos con cuidado. El niño se alejó y tú apretaste el metal con fuerza al recordar todo lo que pasaste para llegar aquí.
En lo que Lo'ak tuvo que pasar antes de volver aquí.
— ¿Esta es la única forma de quedarnos?, ¿dándote mi arma? — cuestionaste apretando la correa.
— Sería un comienzo.
Tomaste una gran bocanada de aire antes de comenzar a sacar la correa y con dedos tensos le entregaste lentamente la única fuente de protección de largo alcance que tenías. Tus manos dejaron de sentir el firme peso del metal y la sensación de desnudez llenó tu cuerpo causando que tus vellos se erizaron conforme eras consciente de que si algo llegaba por tu espalda tenías que arriesgarte y enfrentarte cuerpo a cuerpo a aquello.
No importa que esto fuera el doble de tu tamaño.
Miraste directo a los líderes de la comuna y sin intención de ser grosera tu espalda se quedó derecha esperando a que ellos decidieran el destino de tu persona.
Jake esperó.
Suplicó a Eywa que tu pequeño desliz no haya hecho perder la oportunidad que les habían entregado.
Ronal, su mayor preocupación en este tipo de asuntos, te miraba sin expresión. Sus manos acariciaban el rostro de su hijo menor, el pequeño Ranit que había nacido poco después de que Lo'ak fuera secuestrado...
Los líderes se miraron por unos segundos y finalmente la voz de Ronal hizo acto de presencia.
— Tiene que nacer.
— ¿Qué?
— Tiene que nacer en las aguas de Pandora, como un bebé y tendrá conexión con Eywa por medio de nuestro árbol. Si ella puede ir ahí y ser aceptada, puede quedarse y formar parte de nosotros. Tiene una semana para hablar y entender lo básico de nuestro idioma.
— Gracias, gracias, en verdad gracias.
Miraste a rastas luego a trenzas y por último a los líderes quienes hablaban entre ellos. La enorme sonrisa del padre de Lo'ak y sus ojos llenos de alivio te dejaron en claro que todo había salido bien, que te permitirán quedarte para que tu amigo pueda convivir con su gente.
— Vamos, niña.
Asentiste dando una última mirada a los líderes agachando ligeramente la cabeza.
— Gracias.
Al salir de aquel lugar rastas te tomó de los hombros sonriendo mientras lágrimas de felicidad se acumulaban a los costados de sus ojos.
— Lo hiciste bien. Fuiste un poco terca, pero al final hiciste lo correcto. Gracias.
Parpadeaste varias veces, llevando tus dedos detrás de tu cuello para rascar tu nuca ante el cosquilleo que apareció en tu pecho.
– Si, bueno, de nada. Creo.
— Tenemos una semana para enseñarte el idioma, tendrás que hacer un ritual y-... Tenemos mucho trabajo por delante.
— ¿Una semana? — soltaste con el entrecejo fruncido — ¿me van a quemar el cerebro con estudiar por una semana?
— No es momento de quejarse, tienes muchas cosas por aprender.
Rastas tomó tu muñeca y con rapidez te guió hacia el interior de la selva, te arrastró hacia el laboratorio del científico donde entraron sin perder ni un segundo de su tiempo y te colocó frente al hombre que los miraba con una expresión de extrañeza.
— Te ves de la verga.
Su cabello estaba revuelto, calcetas de distintos colores, el elástico de sus calzoncillos estabas estirados y una sucia camisa de resaque cubría su pecho, además de una taza de café en sus manos.
El hombre te miró malhumorado.
— Ni siquiera voy a intentar saber qué significa eso.
— Han aceptado — exclamó rastas con emoción acercándose a su amigo — Aún sigue aprueba, pero nos dieron una oportunidad.
El cientifico sonrió mostrando los dientes, suavizando la mirada cuando rastas se acerco a él.
— Estoy feliz por ti, hermano — sus pupilas volvieron a ti — ¿qué debe hacer para estar aquí?
— Tenemos una semana para enseñarle el idioma, al menos lo básico.
— ¿Una semana? — soltó el doctor incrédulo.
— Además debe nacer y tener una conexión con Eywa.
Habías ido a la cafetera dispuesta a servirte una taza de café para alejar el cansancio que comenzaba a invadirte, sin embargo, esas palabras provocaron que tus acciones se detuvieran y una sonrisa burlesca escapara de tus labios.
— ¿Nacer? Pffff.
Los tres te miraron con una ceja alzada.
— "Respeto" ¿lo olvidas?, humana.
Rodaste los ojos ante la molestia de trenzas.
— De todos modos, lo que me preocupa es la conexión a Eywa — exclamó el científico — No tiene una cola neuronal, entonces la única forma que se me ocurre es...
— Un gusano conector — terminó la frase el na'vi.
Serviste el café en una taza y con una sonrisa de satisfacción te sentaste en una de las sillas para prestar atención a la conversación.
— ¿Alguna vez un humano lo ha comido? — preguntó trenzas con el ceño fruncido.
— No lo creo y por la forma en la que actúa en un na'vi común temo que el cuerpo humano no sea capaz de soportarlo — el científico te miró estudiando tu rostro — Te enviará a un coma, un delirio donde solo tú podrás salir de él. Todo tu sistema nervioso se disparara y tu corazón bombeara tan rápido que las probabilidades de una muerte por infarto son grandes, tal vez un ataque de epilepsia lo cual es mortal debajo del agua.
— Bueno, suena fácil — restaste importancia a la situación — Simplemente evitemos el agua y ya.
Ninguno dijo nada y tu nula preocupación por la situación frustró un poco a los presentes.
— El árbol está bajo el agua, debes entrar ahí para tener una conexión directa a Eywa.
Cualquier movimiento que estabas por a hacer se detuvo, tu expresión que estaba relajada titubeó un poco y tus ojos miraron directo a los hombres frente a ti.
— ¿Qué?
— Su árbol de espíritus está bajo el agua — volvió a repetir Norm — Escucha, podemos ver alguna forma de evitar la epilepsia o algo por el estilo.
Mieeeeeeerda. La chingada te estaba llevando muy rápido.
— ¿Si quiera hay alguna forma de evitar un ataque bajo agua?
— No creo que el problema vaya a ser el gusano — interrumpiste con una sonrisa incómoda.
Norm alzó una ceja con una mirada de incredulidad.
— ¿Ese no es el problema...?, ¿la muerte por un infarto no es tan grave a tus ojos? — cuestionó Norm sarcástico.
— Bueno, no moriré si ni siquiera puedo entrar.
El silencio se extendió por largos segundos, uno donde poco a poco la tensión iba creciendo.
— ¿Eso qué significa? — preguntó rastas en voz baja.
— No sé nadar — confesaste mientras cruzabas las piernas.
Rastas soltó una risa, una que demostraba por completo su molestia. Su mano fue a su frente para masajear con frustración y después resopló.
— ¿Cómo que no sabes nadar? — cuestionó trenzas incrédulo.
— Eres un soldado, un soldado debe saber- ¿Qué carajos, Samanta? — soltó rastas caminando de un lado a otro — me está dando un jaqueca.
Tampoco había que reaccionar así.
— Tengo palancas, mi señor padre es un coronel así que usó sus conexiones... — murmuraste rascándote la nariz.
— Está bien, está bien... No hay necesidad de alterarse, podemos enseñarle —. Intentó tranquilizar Norm — una semana es suficiente para hacerla aprender.
— Naricitas tiene razón, puedo aprender.
— No me digas así.
Lo que ellos no sabían era de tu pánico al agua y que ni siquiera podías adentrarte más allá de las rodillas al mar. En algún momento tendrán que darse cuenta, cuando decidan que es hora de tus clases de natación lo sabrán, pero ahora mismo no dirías nada.
Intentaste hacer el menor movimiento posible cuando estabas volviendo a meterte en la gran hamaca. El cuerpo de Lo'ak se removió y el telar entretejido debajo de tus manos se hundió apenas de forma perceptible. Te recostaste mientras dejabas escapar un suspiro de alivio al sentir cómo tus hombros se relajaban por completo al por fin dejarte caer contra algo cómodo.
Todo el maldito día te estuvieron taladrando con vocabulario na'vi, al menos hasta que tuviste la oportunidad de huir. El sol ya estaba por ocultarse, lo que significaba que Lo'ak despertaría pronto y tú no habías dormido más de dos horas. Cerraste tus ojos intentando ignorar el sonido del mar debajo de ustedes para poder descansar, sentiste el cuerpo de Lo'ak girar y su pierna y brazo ya estaban encima tuyo mientras su rostro se ocultaba entre tu hombro y cuello. Comenzaste a relajarte gracias a la presencia del enorme alienigena que tenía la necesidad de estar encima tuyo, tus párpados se sintieron pesados y finalmente pudiste descansar.
Aunque no duró mucho.
Unas manos comenzaron a moverte, dedos picaron tus hombros, jalaron tu cabello y cuando sentiste cosas puntiagudas enterrándose en tus hombros tus ojos se abrieron de golpe para girar tu rostro y encontrarte con unos enormes iris dorados. Sus pupilas dilatadas miraban fijamente a los tuyos y a pesar de que sus dientes seguían tocando tu piel no te apartaste.
— ¿Qué haces? — cuestionaste mientras soltabas un bostezo.
— Tego hamble y no te destertadas — Explicó con su boca aún en tu hombro.
Intentaste tallar tus ojos, chocando con el vidrio de tu máscara causando que suspiraras agotada debido al sueño que no podías desaparecer. Te enderezaste en tu lugar mientras Lo'ak se alejaba y dejaba la sensación de su baba en tu hombro.
— Papá dejó comida en la entrada — señaló mientras salía de la hamaca — Ya prendí el fuego.
Rascaste tu nuca con frustración, bajando los pies de la cama para caminar con tropiezos hacia la cocina improvisada del lugar. Una olla extraña colgando del techo que estaba encima de una pequeña fogata en medio de la cabaña. Te sentaste con dificultad parpadeando lentamente mientras Lo'ak preparaba todo para el desayuno cena.
Bostezaste de nuevo, tomando el pequeño cazo que Lo'ak te entregaba. Dejaste el plato en el suelo, tus manos desabrocharon tu máscara y la otra la mantuvo ahí, iniciaste el irritante trabajo de comer.
El peligro de morir te despertó un poco, sin embargo, aun seguías bostezando sin parar.
— ¿Me moví mucho mientras dormíamos? — preguntó con sus orejas agachadas.
Tus ojos se abrieron y tragaste lo que llevabas masticando por más de dos minutos.
— ¿Qué? No, ¿por qué?
Lo'ak te miró sin creerte ni una de las palabras que salían de tu boca.
— No dejas de bostezar.
Retuviste un bostezo dentro de tu boca, apretando la mandíbula mientras tus ojos se ponían llorosos.
— No es cierto, mentiroso. Come, come, para ir a nadar.
No iban a perder el poco progreso que ya estaban volviendo a retomar simplemente porque tenías un poco de sueño.
Después de reposar y esperar a que la comida bajara ambos salieron de la cabaña. Lo'ak jalaba de tu mano mientras su vista estaba fijamente en el mar que estaba a su alrededor, su rostro estaba de costado y desde tu posición podías ver un peculiar brillo en sus ojos.
Miraste en la misma dirección que él encontrando la nada misma. Solo el horrible océano oscuro meciéndose bajo un intranquilo y constante silencio.
Un escalofrío recorrió tu cuerpo al recordar que realmente tendrías que nadar en el mar para llegar a donde sea que fueras a ir para conocer a Eywa. Parecía que la vida misma te odiaba o tal vez era este mundo dejándote en claro que no eras bienvenida y tus malas acciones estaban siendo cobradas.
Cuando pasaron por enfrente de la cabaña comunitaria te acercaste a él distrayendo a Lo'ak de su ensoñación.
Tomaste una de las redes colgadas y le entregaste a Lo'ak dos canastas para llevarlas a la playa. Este te miró con confusión, siguiendo tus pasos de cerca mientras acomodaba los canastos en sus hombros.
— ¿Por qué llevamos esto?
— Debemos pescar.
— ¿Pescar?
— Bueno, no podemos simplemente comernos toda la comida sin aportar — exclamaste con una pequeña sonrisa — Además, si vamos a ser parte de esta comunidad debemos empezar hacer las tareas, ¿no?
Sus pasos en la arena dejaron de escucharse y tú te giraste para ver su expresión. Sus ojos abiertos te miraban con sorpresa, una incredulidad a tus palabras mientras que todo su cuerpo expresaba atención a tu persona.
— ¿Parte de esta comunidad...? — cuestionó sin entender — ¿Tú...?
— Al parecer la tsahik quiere que nazca para poder estar en la isla sin ningún problema.
Poco a poco fuiste capaz de notar cómo su cola se movía detrás de él y en cuestión de segundos una gran sonrisa estaba en su cara. Se acercó a ti con pasos gigantes, dejando caer las canastas al suelo para levantarte y dar vueltas contigo en brazos. Tus brazos se aferraron a su cuello y su risa te hizo sonreír debido a la emoción que expresaba.
Cuando dejó de girar sus pupilas miraron directo a las tuyas.
— ¿De verdad?, ¿ellos te aceptan?
Desviaste la mirada mientras un pequeño sonido dudoso escapaba de tu boca.
— Así que digas "aceptarme" no. Solo estoy a prueba, debo aprender el idioma y hacer un imitación de un nacimiento, conectarme a un árbol para ver a Eywa o algo así.
Su expresión titubeó y la felicidad que lo llenó desapareció en cuestión de segundos.
— Ah... Eywa...
Asentiste observando fijamente su decaída expresión.
— Si, no suena complicado. Debo comerme un gusano y tocar un árbol.
— Espera, pero-... Tú no sabes nadar.
Tu cabeza se recargó en su hombro dejando salir un suspiro derrotado.
— Ni me lo recuerdes, tigresito.
Te bajó de sus brazos tomando las canastas para comenzar a arrastrarte al lugar que habían adoptado como suyo. Las piscinas naturales los saludaron y tú hiciste una mueca al estar mucho más cerca del sonido de las olas azotando contra la orilla.
— Yo puedo enseñarte a nadar, te dije que lo haría.
— Tigresito, aprecio mucho eso... Pero ahora solo quiero llenar las canastas de peces y después podremos iniciar las clases.
Su entusiasmo decayó un poco, sin embargo, aceptó tus deseos.
— Pero para usar la red debes ir más al fondo.
Un escalofrío recorrió tu espalda al pensar en ese detalle.
— Es la forma más rápida de terminar... — señalaste sin dejar de observar la orilla.
No te veías entusiasmada por aquella idea, de hecho a ojos de Lo'ak parecía que aquello te llenaba de un terror que te paralizaba. Fue de forma inconsciente cuando comenzó a buscar una alternativa para evitar que tuvieras que pasar por aquel disgusto y despues de que sus pupilas buscaran por unos segundos logró divisar las barcas que algunas veces usaban los metkayina. Su mano tomó la tuya con suavidad y sin dudarlo te guió directo a la balsa. Dejó ir tu agarre para comenzar a empujarla dentro del mar y quede a flote en la orilla.
— ¿Crees que puedes estar en el bote?
Tus cejas se alzaron y la duda creció en tu pecho ante el desconocimiento de aquello.
— Nunca lo he intentado.
Cuando esta enorme embarcación flotó en la orilla el muchacho metió los cestos al kayak pandoriano, todo estaba listo y solo te miró esperando a que hicieras el primer movimiento.
Tomaste una gran bocanada de aire mientras avanzabas hacia la embarcación dejando la red en el interior de esta para después subir sin atreverte a pensar para no aterrorizarte.
Con un solo encuentro de sus miradas y el asentimiento de tu cabeza, Lo'ak siguió empujando para llevarte cada vez más y más adentro. Las olas golpeaban contra la punta y a pesar de que él barco se movía bruscamente el terror no era tan grande como cuando el agua te mojaba. Tal vez era porque te aferrabas a los bordes y tu cuerpo le daba la espalda a las profundidades para poner toda tu atención en Lo'ak y no al frente donde tus pesadillas te esperaban.
Notaste cuando comenzó a nadar.
Aquello solo te hizo pensar en la oscuridad que podría estar debajo de ustedes. El balanceo se volvió tortuoso, el sonido de las olas golpeando contra la balsa causaban escalofríos a tu cuerpo y las gotas que mojaban tu piel gracias al choque del mar te recordaban dónde estabas en forma física.
Hasta que se esfumó.
Los movimientos dejaron de ser bruscos, el sonido de las olas desapareció y solo los suaves movimientos de Lo'ak en la superficie llenó el ambiente.
— Puedes abrir los ojos.
Al hacerlo te encontraste con los iris dorados de tu amigo, sus dedos se aferraban al borde de la balsa para mantener su rostro frente a tu vista y poder mantenerte tranquila.
Sino supieras que es un alienigena y que ya no estabas en la tierra, creerías firmemente que es una sirena dispuesta a convencerte con sus enormes ojos a nadar junto a él en el inmenso océano y ahogarte en las penumbras que este otorgaba para saciar su voraz hambre, dejando cualquier rastro tuyo en la nada.
— Creo que no está tan mal — murmuraste bajo su atenta mirada.
El na'vi sonrió y sus ojos se achicaron ante el levantamiento de sus mejillas.
— ¿Por qué no miras? No hay nada que temer.
La duda se mostró en tu rostro en una expresión y Lo'ak en un extraño acto de paciencia tomó tu mano con suavidad, soltando poco a poco el borde para que tú pudieras ver lo que él adoraba de todo esto. Te asomaste por la borda para que tus ojos pudieran ver la superficie marítima, encontrándote con la claridad que surgía de las profundidades, saludándote con eufusividad. Los colores brillantes de las plantas y fauna iluminaron el fondo para desaparecer tu miedo, tratando de convencerte de que no había nada que temer en este mar que te rodeaba y podías confiar en las palabras de tu amigo.
Guardaste silencio, sin embargo, en tu silencio apreciaste lo poco que podías ver desde la seguridad de la balsa.
— A donde vas... El árbol al cual debes conectar es igual a esto — comenzó a explicar tu amigo — no hay oscuridad a la cual debas temer, Sam. Sé que temes que el océano vuelva a llevarse algo que amas... — tu corazón se apretó por sus palabras y tus ojos miraron directo a sus pupilas, las cuales expresaban una tranquilidad y cariño que pocas veces recibías — pero yo voy a estar ahí y te prometo que no dejaré que nada de eso ocurra.
Tus labios se apretaron mientras tu mirada observaba los peces dorados nadando por debajo de ustedes.
— Txur txelan, ¿no? — murmuraste con un tono suave.
Él sonrió ante tus palabras.
— Si, corazón fuerte.
Llegó un momento donde tú ya habías lanzado la red y Lo'ak nadaba debajo del pequeño barco bajo tu atenta mirada que lo seguía sin alejarse ni por un segundo, tratando de convencerte de que no había nada que temer, entrenando a tu cabeza a no hundirse en los recuerdos que se clavaron por muchos años en tu corazón.
De vez en cuando, Lo'ak salía dejando piedras y corales en la embarcación para decirte en idioma na'vi cada una de las cosas que recogía, haciéndote repetir la palabra hasta que la dijeras correctamente como una forma de estudio. Luego volvía a nadar despues de sonreírte con orgullo ante tu acierto y así hasta que el hambre lo invadió y tus cestas se llenaron de peces.
Lo'ak subió a tu lado en la barca y remó de pie hacia la orilla con tranquilidad. Tú solo observaste su espalda mientras tarareabas para ignorar el sonido de las olas que comenzaban a chocar a tu espalda.
— Siempre he tenido la duda... ¿De dónde es esa canción? — preguntó Lo'ak sin mirarte.
Jugaste con una de las conchas que colgaban de tu top, trayendo el recuerdo del rostro de aquella persona que tantas veces te cantó a tu mente.
— Mi hermana la cantaba cuando lloraba... — confesaste con una pequeña sonrisa.
El silencio se extendió entre ustedes y después de unos segundos Lo'ak lo rompió.
— ¿Ella...?
Tus ojos volvieron a él y una expresión preocupada invadía su rostro, tal vez pensando que había abierto una herida en ti.
— Tranquilo, sigue viva. Solo... Digamos que eligió tomar un rumbo distinto.
Él asintió volviendo su atención al frente.
— Tìrol — soltó provocando que fruncieras el ceño — Es canción.
— Tìiirol.
Repetiste con cuidado.
— Tsumuke, es hermana.
—Tisumuki.
— T-su-mu-ke.
—T-su-mu-ke.
Lo'ak sonrió, dando un ligero asentimiento a tus palabras.
— Aprenderás rápido si sigues así, nantang.
Frunciste tu ceño, sin saber el significado de aquella palabra.
— ¿Qué es eso?
Lo'ak no dijo nada, sonriendo divertido al llegar a la orilla sin decirte ni una palabra.
— Quiéeeen sabe.
— Oye, tramposo. ¿Qué significa?
— ¡Carrera al mauri común!
Tus cejas se alzaron y cuando lo viste correr a toda velocidad alejándose de ti comenzaste a seguirlo de forma inmediata mientras sonreías con la adrenalina a tope.
Te lanzaste a la hamaca soltando un quejido de frustración mientras tus extremidades se estiraban y tus ojos se cerraban mientras el sueño te invadía a una velocidad impresionante. Lo'ak, quien ya se estaba recostando a tu lado con su estómago lleno te miró extrañado.
— ¿Por qué estás tan cansada?
Tu rostro giró hacia él, bostezando mientras lo mirabas con cansancio.
— Creo que simplemente estar en el mar me agota demasiado mentalmente.
— Lo siento...
— Está bien, debo hacerlo para poder hacer... Pues lo que sea que vaya hacer — tranquilizaste cerrando tus ojos.
Sus dedos tomaron tu mano y su nariz acercó tu trenza mal hecha para hundirse en el olor de tu cabello.
La noche fue agradable. Lo'ak se sintió útil para ti al enseñarte el idioma de Pandora, lo habías escuchado con atención y la idea de que ambos formaran su hogar en la isla lo llenó de ilusión.
Fue agradable pensar que te tendría a su lado mientras volvía a ser el de antes.
Tus ojos se abrieron al sentir que estaban siendo vigilados, tus manos fueron consistentes al buscar el único objeto que podría protegerlos, aquel que siempre te asegurabas de dejar a tu costado para tomarlo con rapidez, sin embargo, para tu desgracia tus dedos no sintieron el metal frío que tanta seguridad te otorgaba.
No había nada y el pánico te invadió.
El estrés te causó migraña y aquellas malditas y burlonas risas llegaron a tus oídos cual advertencia de lo que sucedería a continuación. El recuerdo del dolor te hizo paralizarte, las cicatrices viejas de tu mano palpitaron conforme la sensación de aquellos colmillos atravesando tu piel volvía para torturarte.
Tenías un cuchillo, tú estabas segura de que tenías un cuchillo en algún lugar. ¿O no?
Tu cabeza comenzó a dar vueltas conforme las risas se acercaban, las garras de aquel animal rasgaban la madera del tronco para llegar a ustedes y cuando la sombra de aquella criatura estuvo a poca distancia tus ojos se encontraron con unos iris dorados que buscaban tu mirada con molestia. La adrenalina que había llenado tu cuerpo debido al peligro que era desconocido bajó poco a poco y solo quedó el fantasma del sentir.
— ¿Qué haces? — susurró trenzas extrañado.
— ¿Qué haces tú? — recriminaste en voz baja mientras tus manos removían las extremidades de Lo'ak de encima tuyo — ¿Sabes lo espeluznante que es sentir que alguien te vea dormir?
El na'vi rodó los ojos, alejándose de la hamaca para caminar a la entrada sin volver a mirarte, lo cual te hizo soltar un suspiro de frustración.
Se comportaba como un estúpido.
Acomodaste el top que resguardaba tus pechos y sin perder más de tiempo saliste de su pequeño hogar cerrando la cortina improvisada para que la luz no despertara a tu amigo, sin saber que él estaba despierto desde que tú comenzaste a buscar el arma que ya no tenías.
De tu boca escapó un enorme bostezo que empañó el vidrio protector de tu máscara, tus ojos se sentían pesados debido a la falta de sueño y aquello te hizo parpadear con lentitud para apretar con fuerza tus pestañas. Una junto a la otra ante la imposibilidad de tallar tus ojos intentando desaparecer la necesidad de dormir.
Pensaste que irían al laboratorio a atiborrarte de más palabras na'vi de no ser porque siguieron caminando por la orilla de la playa acompañados de los sonidos de las olas que provocaron que todo tu sueño desapareciera ante la alerta de tu mente.
— ¿Por qué venimos por aquí?
— Tienes que aprender a nadar, ¿lo olvidas?
Qué.
A lo lejos, mucho más lejos de la aldea, rastas y el científico esperaban sentados encima de una roca. Al notar que tú y trenzas se acercaban ambos se levantaron mirándote fijamente.
— ¿No es muy temprano para una lección? — cuestionaste mientras masajeabas detrás de tu cuello para distraer a tu cabeza.
— Tienes solo seis puestas de sol y mucho que aprender — rastas se acercó con pasos decididos a tu persona — Bien, primero lo básico. Veremos qué tanto hay que corregir.
Su dedo apuntó al mar y después te miró fijamente.
— ¿Qué?
— Cómo se dice.
— ¿Ay'a? — preguntaste con una sonrisa incómoda.
Rastas asintió dándote media vuelta para darte un pequeño empujoncito por la espalda.
— Bien, a partir de hoy no vamos a hablar inglés. Vas a hablar el idioma nativo, sino sabes qué significa mira a Norm y él te traduce, PERO, tienes que contestar con el idioma de aquí.
Una mueca de fastidio apareció en tu rostro.
— ¿Qué es esto?, ¿Una especie de tortura? — murmuraste por lo bajo.
Rastas se alejó unos cuantos pasos de ti, colocándose al lado del científico y de trenzas quienes te miraban con atención.
— Deja de quejarte, solo estamos perdiendo tiempo — Su cabeza apuntó a las profundidades — Vamos, entra.
— ¿Ya?, ¿así?, ¿Sin explicación? — cuestionaste intentando alargar la hora de meterte al mar.
— Debemos ver para corregirte, andando.
Tus pupilas miraron unos segundos a Norm, quien te observaba con brazos cruzados y ojos cansados, a su lado trenzas te observaba impaciente y tú no tuviste otra opción más que comenzar a caminar hacia aquel lugar que te aterraba.
Tomaste bocanadas de aire, mirando cómo tus pies poco a poco iban hundiéndose en las olas que se desvanecían en la orilla.
Estabas bien.
Ya habías entrado junto a Lo'ak antes.
No había por qué temer pues no había oscuridad que te rodeara en este océano. Un paso a la vez, debías estar segura de que todo estaría bien, un palpitar ansioso que desaparecería cuando estuvieras segura de que no había nada por qué temer...
No había nada malo hasta que el agua llegó por encima de tus rodillas y su voz apareció en un susurró que era llevado por el viento, un susurró que venía desde lo más lejano a donde se supone debes ir.
"Ven a mi, mi hermosa niña. No tienes que temer porque mami está contigo"
La arena bajo tus pies desaparecía conforme la marea intentaba llevarte y cada vez era más difícil mantenerte en el mismo sitio. El temblor en tus manos te hizo incapaz de ayudarte a empujar tu cuerpo hacia atrás, la debilidad de tus piernas no ayudó a mantenerte firme y conforme la voz de tu pasado llegaba en ecos que se quedaban en tus oídos tu respiración se agitaba.
"No va a doler por mucho tiempo, después todo será paz y podemos unirnos a papá"
Claro que dolía. Dolía que no te haya escogido y se haya rendido tan fácil para ir detrás de alguien que tanto daño le hizo.
— ¡Samanta, deja de jugar y muévete! — exclamó Jake con fastidio debido a tu actitud.
— ¿Qué hace? — cuestionó su amigo al lado.
— No lo sé, pero comienza a sacarme de quicio — dio un paso al frente — ¡Samanta, muévete!
Por tu parte no hubo respuesta, ni siquiera una mirada o una palabra de juego y Jake se desesperó.
— En verdad, esta niña solo quiere fastidiarme.
Sus pasos enojados y firmes caminaron hacia a ti.
Sus pies se mojaron y cuando estuvo a tu lado ni siquiera se detuvo a mirar tu rostro. Tomó tu brazo con fuerza y te arrastró mar dentro para que te movieras de una vez por todas.
Tus manos intentaron safarse de su agarre, tu cuerpo intentaba empujarte hacia atrás, sin embargo, no se detuvo y tú no podías detenerlo por la diferencia de fuerza.
No paraba.
Nunca se detuvo a pesar de que tu boca suplicó para que volvieran a la orilla, no te soltó a pesar de que estabas en pánico. No pensó en ti al usar su fuerza de adulto contra el de una niña de cinco años. Rogaste y lloraste a tu mamá cuando sentíste que tu nariz se llenaba de agua salada, tus pies se esforzaban en saltar y mantenerte fuera para poder tomar aire...
Y ella solo repetía que pronto verían a aquel hombre que tanto extraña, la única razón que tenía para vivir.
La única persona que llegó a amar.
Conforme su voz proclamaba el amor eterno por aquel hombre, tú solo podías ver su espalda. Ignorando el ardor y desesperación que llenó tu cuerpo al sentir tus pulmones arder...
¿Qué fue lo más aterrador de ese incidente?
La oscuridad absoluta... O dejar de sentir su mano en medio de esa oscuridad.
No lo recuerdas.
Lo que recuerdas es que ni siquiera pudiste gritar su nombre porque cada vez que abrías la boca el agua entraba y tu voz era llevada por la cruel marea junto con tu madre. Hasta que una mano jaló tu cuerpo y el frío viento de la playa golpeó contra tu cuerpo, mientras la voz de un hombre extraño te repetía que todo estaba bien.
Lo'ak no supo cómo sentirse o qué pensar cuando te vio salir del mauri junto a su hermano. Todos sus sentimientos se mezclaron confundiendo a su cabeza ante la cuestión del por qué, por qué salir por la mañana y por qué de todas las personas con su hermano.
Se sintió extraño, tal vez temiendo que tú hayas encontrado más emocionante la compañía de Neteyam... Que tal vez hayas descubierto que era mejor que él en todos los aspectos posibles.
El hijo perfecto a ojos de todo el mundo.
El temor a perderte contra la persona que siempre está encima de él le aterró y aquello lo hizo salir del lugar que lo protegía de las miradas externas. Sus ojos ni siquiera fueron capaces de notar a la gente que los rodeaba, sus oídos no escucharon los susurros de la población porque solo podía concentrarse en tu espalda alejándose de todo junto a alguien que no era él.
Dejándolo atrás como todos lo hacían.
Era masoquista.
Tenía la necesidad de oírlo de la otra persona, verlo por si mismo. Así que a pesar de que temía escucharlo los siguió a una distancia prudente. Se ocultó detrás de unas enormes piedras cuando notó a su padre y Norm. Cuando dijeron algo de enseñarte a nadar Lo'ak sintió una pequeña punzada de traición.
Se supone que él te enseñaría y por alguna razón, confiaste más en estos extraños que en él.
No se acercó y tampoco se fue. Se quedó en su lugar mientras te observaba entrar al mar con pasos dudosos, con un nerviosismo que Lo'ak pudo notar porque te conocía bien.
Los dedos de tus manos tienden a separarse cuando te sientes ansiosa y tu espalda se pone recta cuando tu cuerpo se siente en peligro.
Él no iba a salir, no hasta que vio a su padre acercarse a ti y comenzar a llevarte mar adentro de forma brusca. Se preocupó porque sabe que su padre tiende a ser demasiado duro en acciones y palabras.
Se acercó a la orilla sin poder apartar la mirada de ustedes dos.
— ¿Hermano? — escucho la voz de Neteyam acercándose — ¿qué haces despierto? Deberías ir a dormir.
Lo'ak no puede evitar mirar a las personas cuando se acercan, sin embargo, esta vez su atención no se alejó de ti por el simple hecho de que algo no le agradaba de esta situación. La forma en que tus hombros estaban tensos, la manera en que tu cuerpo parecía pelear e intentar alejarte de su agarre.
Él esperaba un grito de enojo, un reclamo de rabia ante la desesperación de su progenitor, pero ... Solo hubo silencio. Un silencio que no era nada común en ti.
— Algo parece estar mal... — murmuró la voz de Norm a su lado.
Fue cuando intentaste mirar hacia atras qué Lo'ak corrió por ti, sus pasos desesperados saltaron por encima del agua y cuando el mar llegó a su cintura su brazo se enredó por debajo de tu brazos alzándote por encima del agua mientras que la otra tomaba con fuerza la muñeca de su padre, quien se giró de inmediato.
— Lo'ak, ¿Qué...?
Cosquilleos.
La palma de su mano sentía que se quemaba al tocar la piel de su padre, pero no se alejó del toque hasta que su progenitor te dejó ir.
Se giró de inmediato cargándote contra su pecho mientras sentía cómo tus brazos se enredaban con un toque desesperado a sus hombros. El sonido de tu respiración agitada atravesaba la mascarilla y su propio pecho podía sentir el latir acelerado de tu corazón golpear contra él.
Dejó que sus rodillas tocaran la arena y sus manos tomaron tu cabeza para obligar a tus pupilas a encontrarse con las suyas.
Te veías perdida.
Tan hundida en aquello que te aterraba que no eras capaz de comprender que ya no había nada por lo que temer. Lo'ak ya estaba ahí para poder protegerte de lo que tú no puedes olvidar.
— Sam, estás bien. Estoy aquí, Sam.
Susurró pegando su frente a tu máscara y mientras sus manos se aferraban a las tuyas intentando traerte de vuelta tus pupilas finalmente lo miraron. Tus párpados se cerraron y abrieron con rapidez, trayéndote poco a poco al presente, al lugar donde él estaba y no al pasado que tanto te torturaba.
— Estoy bien, ya estoy bien — murmuraste por lo bajo, pegando tu oído a su pecho para concentrarte en el latir de su corazón.
Estabas bien.
Nadie había desaparecido.
— ¿Qué carajos fue eso? — cuestionó rastas con clara molestia.
Tus ojos se cerraron con fuerza, girando tu rostro al lado contrario a ellos para que no pudieran ver tus expresiones vulnerables. Para suerte tuya, los brazos de Lo'ak rodearon tu cuerpo, ocultándote de aquellos hombres que tenían demasiadas expectativas puestas en ti.
— El tiempo que estamos perdiendo por esto es esencial para-.... ¿Si quiera te estás esforzando?
— Jake —. Interrumpió el científico — no creo que sea tan fácil... Sam, quiero hacerte una pregunta — tomaste una gran bocanada de aire y cuando estabas segura que no te romperías volviste a mirarlos — Tú... ¿le tienes fobia al mar?
No contestaste. De hecho, querías hundirte en la arena y no salir de aquel pozo por la vergüenza de admitir debilidad a algo tan natural.
— Ya he nadado antes así que pensé que no sería tan difícil...
El suspiro de incredulidad de trenzas caló, su risa sarcástica te hizo rabiar porque te hacía sentir estúpida, pues ahora ellos sabían de una debilidad que podrían usar en tu contra cuando necesitaran algo de ti.
— Está bien, está bien... P-podemos arreglar esto, podemos hacer un- un plan para superar miedos o algo por el estilo — comenzó a divagar rastas caminando de un lado a otro.
— No sabía que había na'vi psiquiatras en este lugar.
— Tu sarcasmo no ayuda, Sam — replicó el progenitor de tu amigo.
— Papá, era obvio que no debíamos confiar en ella — interrumpió trenzas con frustración — Desde el primer momento tiene una forma de arruinar cada maldito avance que podemos tener.
Lo'ak te apretó más contra su abrazó mientras su cola comenzaba a enredarse en tu cintura, un aviso de que estaba ahí para ti.
— Neteyam, basta. Escucha, solo- solo debemos afrontar el problema. La causa principal del miedo — volvió a divagar el avatar.
— Jake, aunque podríamos intentarlo no se puede superar algo en una semana — intentó obviar el doctor.
— ¿Es la oscuridad? No hay oscuridad allá, el árbol espiritual brilla e ilumina todo — al no recibir respuesta verbal siguió enumerando razones de forma desesperada — tal vez sea el sentimiento de ahogarte, tu máscara va a evitar que eso ocurra, lo sabes bien. Tú misma lo has dicho. Tal vez e-
— No es tan simple, si esas fueran las razones ya lo habría superado hace años y no estaríamos en este lugar discutiendo acerca de por qué no puedo entrar al agua.
— Tal vez un animal, los animales no se comportan agresivos alrededor de algo tan sagrado tu estarás segura y-
— ¡Ya te dije que no es tan simple! — replicaste con el dolor comenzar a invadir tu cabeza.
De repente trenzas te sacó de los brazos de Lo'ak quien peleó un poco intentando sostenerte contra él, sin embargo, su hermano mayor te levantó del suelo sosteniendo con fuerza tus brazos para acercar tu rostro al suyo.
— ¡Por Eywa! ¡¿por qué tienes esa necesidad de complicarle la vida a los demás!? ¡no es esto, no es aquello, tampoco esto! ¡simplemente das vueltas y nos haces perder el maldito tiempo!, ¡deja de ser un maldito problema y pon de tu parte!
No solo era este tipo de aquí gritándote, sino aquella mujer que no dejaba de llamarte para que fueras a sus brazos y pudiera terminar lo que en tu niñez no pudo.
Fue la frustración, fue la desesperación, fue tu enojo interno el que explotó en un vómito verbal.
— ¡ES ELLA! — vociferaste con voz agitada.
— ¿Qué tontería estas diciendo ahora...? — murmuró el muchacho con rabia.
— "Eres una buen niña, Sami. Pero debo ir con papá para ser feliz" — los ojos de aquel na'vi mostraron confusión — " Mamá te ama, pero necesita a papá para vivir" — finalmente, la perplejidad ante la razón — "Tú me amas, ¿no es así, Sami?"
Tus pies tocaron lentamente la arena y el sonido estridente de las olas volvió a ser acto de presencia para torturar a tu cabeza.
— Son los gritos de la gente pidiendo ayuda en la playa, es ella repitiendo su estúpido deseo por morir y arrastrándome a él — guárdaste silencio mirando al océano donde la voz de tu madre te llamaba una y otra vez — logró suicidarse y yo viví.
Y nunca eras capaz de ver qué era peor.
Fue un silencio sepulcral el que siguió después de eso. Nada más que el sonido del mar y la lejana voz de tu madre llenaba la maldita playa.
No ibas a hacer nada, ibas a quedarte y obligarte a meterte a nadar, sin embargo, brazos decididos te alzaron alejándote de aquellos tres hombres con pasos acelerados. Tus manos se aferraron a sus hombros, a pesar de que hace un momento estabas segura de no necesitar consuelo de nadie, tu cabeza descansó contra la suya y tus párpados se cerraron para ocultar el tortuoso paisaje que traía malos recuerdos.
No sabía cómo sentirse por la revelación que hiciste, no sabía cómo sentirse al ver que le estabas ocultando tantas cosas cuando él siempre intentaba abrirse a ti.
Eran amigos que podían ser sinceros el uno con el otro... O al menos él pensaba eso.
Cuando sus manos te dejaron encima de la hamaca y tú simplemente te quedaste sentada en silencio mirando al suelo. Se arrodilló frente a ti, obligando a tus pupilas a encontrarse con sus iris. Sus manos tomaron con fuerza las tuyas y a pesar de sentir un gran nudo en su estómago debido a todo lo que estabas ocultando no fue grosero contigo.
— ¿Por qué... ? — cuestionó en voz baja — ¿por qué guardaste algo como eso?
Notó tus parpados abrirse y cerrarse de forma rápida, notó tus cejas contornearse, notó cómo tragabas con dificultad, sin embargo, no derramaste ninguna lágrima. Guardaste todo para ti y simplemente te quedaste en silencio mientras mirabas a sus ojos.
— Yo-... Si tú me lo hubieras dicho no te habría hecho a entrar al mar, yo-
— No importa —. Interrumpiste en voz baja — En algún momento debía superarlo y que tú me distrajeras con tu entusiasmo me ayudaba.
Su pecho se apretó ante tu apenas perceptible voz.
— No debes hacerlo —. Aseguró sin titubear — No debes forzarte a hacer algo que no quieres por mi.
— Pero quiero.
Su corazón se aceleró por la conocida sinceridad de tu mirada.
No había duda a pesar de que podía percibir el miedo emanando de tu cuerpo. Tus dedos dejaron ir sus manos y con una suavidad que solo mostrabas a él, acariciaste su mejilla y fue tan... Extraño. Porque normalmente él huía del contacto físico, pero a este lo ayudó a formarse.
— ¿Por qué...?
Solo fue su necesidad de oírlo.
El sentirse amado con palabras que nunca llegaron a su vida, al menos no de las personas que tanto esperó.
— Por que te quiero —. Sus orejas se pusieron calientes por la timidez y a pesar de que la vergüenza rodeó todo su pecho, sus pupilas no se apartaron de tus ojos — y la única forma de que yo pueda mantenerme a tu lado es enfrentándome a mis miedos.
Lentamente y sin pensarlo mucho recargó su cabeza en tus muslos, hundiéndose en la calidez de tu piel, ahogándose en las caricias de tus manos en su espalda... Si odiaba tanto el contacto físico no logra comprender por qué se sentía completo cuando tú lo tocabas.
— Ya no me ocultes más cosas, por favor. Puedes contarme todo a mi y podemos resolverlo juntos...
Fue una pequeña promesa que ambos hicieron y esperaban cumplir.
No estabas segura si rastas y trenzas dejaron de venir por la vergüenza, no sabías si simplemente estaban siendo empaticos y mantenían la distancia o simplemente se habían rendido a la idea de que tú lo lograrías.
Fue una semana intensa donde Lo'ak y tú estudiaron día y noche, durmiendo apenas unas horas para seguir enseñándote.
En las noches, cuando él podía salir sin miedo a su alrededor hacía lo posible para ayudarte a entrar en el mar... Una guía firme, una voz suave y una paciencia empatica que poco a poco te ayudaba a hundirte en las profundidades coloridas de Pandora. Sus manos eran consistentes al mantenerte a su lado y sus ojos eran tranquilos al corregir tus movimientos.
Al estar en la superficie cuando el agua no arrebasaba tus hombros te ayudaba y guiaba a hundir todo tu cuerpo tomándose todo el tiempo que necesitaras. Se aseguró de jamás dejar ir tus manos para dejarte en claro que él estaba ahí y no te dejaría ir aunque el mar estuviera iluminado por millones de criaturas brillantes. Incluso cuando ambos notaron que las noches no serían suficientes para tener un prolongado avance.
Así que se forzó a salir por la mañana.
Podía sentir las miradas encima de ustedes, oía sus voces murmurando acerca de su presencia y a pesar de que todo causaba un enorme pesar a su pecho, no permitió que eso le afectara, ni siquiera la sombra de M acechándolo desde la lejanía.
Si tú eras capaz de hacer sacrificios por él, él debía comenzar a demostrarte que también podía hacerlos por ti.
Pasó día y noche ayudándote a aprender, día y noche tratando de sobrevivir a sus miedos, día y noche donde se apoyaron el uno al otro sin dudarlo.
Dos noches, solo dos noches más y tú tendrías que hacer ese ritual de nacimiento.
Estabas recostada en la arena descansando tus piernas y brazos por el extenuante ejercicio de sumergirte, cuando la sombra de alguien cubrió tus ojos del cálido sol que estaba por esconderse. Tus pupilas fueron a aquel na'vi quien no mostraba ninguna expresión que te dejara en claro qué pasaba en su cabeza.
Un suspiro escapó de tus labios y mientras te enderezabas dirigiste una pequeña mirada al mar, allá donde Lo'ak nadaba para pasar el rato y tal vez olvidarse de la gente que paseaba por la aldea a plena luz del día.
— Supongo que no vienes a saludar.
Hubo un silencio que no fue eliminado por su voz hasta después de unos segundos que te parecieron eternos.
— Veo... Que ya sale por las mañanas — murmuró — ¿hubo algún cambio...?
Alzaste los hombros, comenzando a jugar con un pequeño mechón de tu cabello.
— Supongo que enseñarme por la noche no sería suficiente — giraste tu rostro encontrándote con sus iris dorados que huyeron de los tuyos con evidente incomodidad — ¿qué pasa? No creo que hayas venido solo para una platica.
— Yo... — sus labios se apretaron mientras que una de sus mano sobó sus clavículas — ¿le has dicho acerca de Tsireya?
Soltaste una pequeña risa incrédula.
La indignación y molestia se revolvieron creando una pelota en tu estómago que infló para explotar y salir a través de tus labios.
— Si vas a pedir perdón solo hazlo.
— Perdón — sus ojos finalmente te miraron y con sus facciones tensas debido a la vergüenza volvió a repetir — Fue... Fue grosero y cruel lo que hice... Así que, perdón.
— No fue tan difícil, ¿no? Niño bonito — te burlaste desechando la seriedad de la situación provocando que un suspiro cansado escapara de sus labios.
— Eres un fastidio.
Sonreíste divertida ante su frustración.
— No. No he mencionado a Tsireya — su ceño se frunció y cuando estaba por replicar lo interrumpiste — Ni siquiera he pensado en eso. Estoy demasiado centrada en no terminar loca con esto del ritual.
— Entiendo... ¿Crees poder hacerlo?
Tus pupilas se centraron en el océano que comenzaba a colorearse de los tonos rosados del cielo y a pesar de que aún podías sentir cómo cada vello de tu cuerpo se erizaba ante la idea de ir a las profundidades no apartaste la mirada de ellas.
— No hay otra opción. Tengo que hacerlo.
No estabas del todo segura de si estabas preparada para todo lo que pasaría. Ni siquiera estabas convencida de saber lo que debías hacer en esos precisos momentos, pero cuando la tsahik llamó al mauri de ustedes dos sabían que ninguno podía dudar.
— Es hora de prepararte.
Miraste a Lo'ak con una pequeña sonrisa, quien te miró con ojos preocupados. Sus dedos tomaron tu mano y de forma inevitable diste un ligero apretón para asegurarle que todo estaba bien. Te acercaste a la na'vi de cabellos rizados y sin dudarlo saludaste como los de Pandora lo hacían, obteniendo un asentimiento de su parte.
La mujer te guió con firmeza y cuando se adentraron a un mauri distinto bajo la atenta mirada de los habitantes enderezaste la espalda para hacerles ver que no había duda en tu mente. Al entrar a la cabaña fueron recibidas por varias na'vi que traían cuencos con ellas, fueron rápidas cuando se acercaron a ti y te guiaron para prepararte.
— Estás naciendo. Llegas sin nada a este mundo, pura y libre de todo material — Explicó la mujer mientras desataba tu enredado cabello.
Nunca lo habías desatado en todo este tiempo, temiendo que este estorbara a tu vista y cause desventaja para ti y Lo'ak. Sentirlo en tu cuello era raro, ser consciente de él fue tan extraño para ti que no sabías qué hacer con él, así que simplemente ignoraste la sensación de las hebras rozando tu piel.
Ellas limpiaron tu cuerpo con pequeños trozos de tela, cepillaron tu cabello y te desnudaron sin dar aviso alguno. No cuestionaste, no dijiste nada mientas ellas ponían un enorme manto de redes que cubrió tu desnudez y una vez que todo tú estabas preparada la Tsahik tomó tu mano, jalándote para evitar perder el tiempo.
— Veremos si Eywa te permite aprender, ver sino eres una amenaza. Si ella lo acepta, aprenderás todo de nuestra comuna sin rechistar.
— ¿Cómo sabremos si ella me acepta? — cuestionaste sin entender.
— Sobrevives a la conexión.
Ah, bueno. Bastante simple.
Al llegar a la orilla de la playa la familia Sully y el olo'eyktan ya estaban ahí, encima de botes e ilus para ir al árbol de los espíritus.
Justo frente a ti, Lo'ak te miraba fijamente encima de una pequeña barca mientras extendía una mano hacia a ti. La tomaste sin dudarlo e ignorando la ansiedad que comenzaba a llenar tu cuerpo sonreíste de forma forzada, esperando tranquilizar su preocupación y de alguna forma la tuya.
Fue lento, fue abrumador ver el agua rodearlos a pesar de que todo brillara a tu alrededor. Fue un viaje que abrumaba a tu cabeza al llenarse de recuerdos que no eras capaz de olvidar y no te atrevías a alejarte de ellos por que eran todo lo que eras. Te habías dejado moldear por tu pasado y aquello era un problema que te arrastraba cada poco tiempo.
Tu tortura mental acabó cuando Lo'ak tomó tu mano y sus ojos amarillos se hundieron en tus iris buscando resolver cada miedo que te abrumaba.
— Son recuerdos, Sam... Solo no dejes que ellos te consuman.
Asentiste mientras frente a ti una enorme e imponente luz blanca con matices rosas claros sobresalía a la superficie. Debajo del mar había un enorme coral de hojas gigantes que se levantaba desde el suelo.
Un suspiro nervioso escapó de tus labios y cuando llegaron a la orilla de la isla que rodeaba este lugar bajaste con un ligero temblor en tus piernas. Tus ojos miraron a la tsahik y al olo'eyktan quienes te observaban con ojos tranquilos.
— ¡Hermanos! — llamó el olo'eyktan con voz firme — Hoy seremos testigos de la decisión de la gran madre Eywa. Veremos si permite que la humana Samanta venida del cielo es aceptada en los brazos de Eywa para aprender nuestras costumbres. No una metkayina, sino un ser que puede estar Pandora bajo ninguna amenaza.
Al mirar alrededor varios metkayina desconocidos observaban con curiosidad.
Eras el show principal este día.
La tsahik llegó a ti por detrás y con suavidad retiró la prenda que cubría tu desnudez.
— No dudes ahora, humana — y en tus manos dejó un pequeño gusano brillante.
Tus ojos miraron fijamente las profundidades a las que debías entrar mientras la duda comenzaba a llenar tu cabeza cuando fuiste consciente de que esta vez Lo'ak no podría acompañarte allá abajo.
Tú tendrías que ir de forma consciente al lugar del que toda tu vida habías huido.
Intentaste regular tu respiración, te forzaste a bloquear cualquier recuerdo hasta que su voz volvió de entre las profundidades.
"Está bien, Sami. Mami te espera aquí abajo"
Puta madre, no.
— ¿Qué hace? — Susurró su esposa con rabia — ¿por qué duda?
Jake guardó silencio, observando tus ojos aterrados mientras todo tu cuerpo se había paralizado.
— Cariño... — susurró el hombre mirándola con pesar.
Ella no dijo nada, solo observó con ceño fruncido mientras se abrazaba a su brazo. Si, era frustrante depender de alguien más, pero tampoco podía culparte de la duda que llenaba tu mente.
Debes moverte, debes moverte, debes moverte.... Debes hacerlo por Lo'ak. Debes hacerlo para que no te aparten de lo único que te quedaba.
Solo muévete.
"Solo ven a mi, pequeña Sami"
Ella no está ahí, esto no es la tierra. Todos ellos se quedaron atrás y jamás podrán atraparte en un lugar tan lejano. Tus párpados se cerraron con fuerza y conforme más tardabas en decidirte los nervios aumentaban, al menos hasta que un pequeño empujón en tu espalda baja tu hizo dar un paso y luego otro, otro y otro más.
Un tarareo llegó.
Un suave canto que te arrulló cuando el miedo traía las pesadillas. Su tranquila voz, el toque en tu espalda y las dulces caricias en tu cabello te hicieron olvidar a lo que temías. El agua llegó a tus hombros y tus pies dejaron de tocar una superficie firme, ahí fue que tomaste una gran bocanada de aire, llevando tus manos a la máscara para desabrochar el seguro. Tus codos se aferraron a la roca y cuando alejaste la máscara tu mano metió el gusano a tu boca y lo mantuviste ahí. Pusiste la máscara en su lugar y la aseguraste, finalmente miraste por última vez al olo'eyktan y a la tsahik para hundirte en las brillantes aguas.
Tus pies y manos patalearon con toda su fuerza y al sentir que tu cuerpo era empujado a la superficie te aferraste a una de esas enormes hojas rosas para comenzar a bajar. Tus dedos se aferraron al tallo y al estar lo suficientemente cómoda con el agarre mordiste el animal en tu boca para pasarlo con rapidez sintiendo un ligero ardor en la garganta.
Esperaste.
Pasaron los segundos y nada sucedió.
Tu ceño se frunció al sentirte estúpida por esperar algo que claramente no pasaría. Para empezar, no eres ellos.
Norm había dicho que si hacía efectos el gusano, sin embargo, nunca antes había sido probado en humanos así que probablemente solo sea cosa de los que tenían una cola neuronal. Al menos eso pensaste hasta que un cosquilleo comenzó a formarse desde las puntas de tus dedos, subiendo por tus hombro para terminar en tus pies. Creíste que sería todo, que no habría nada más de no ser por el agudo dolor en tu pecho,que se sentia como si un cuchillo hubiera atravesado tu piel, tu cabeza se llenó de dolor y de repente sentías como algo se desprendía de tu interior.
Un enorme jalón de tu cuerpo que te llevó a la nada, una luz blanca que cegó a tus ojos y el sonido del silencio acompañado de un potente latido que aturdió todos tus sentidos.
Nada.
Llegaste a la nada y no sabes si vas a sobrevivir.
A D V E R T E N C I A
Abuso se/ual, mención de drogas, tortura psicológica, sangre, mención de su/cidio, canibalismo, adicción, enfermedades mentales.
|●|●|●|●|●●|●|●|●|●|●|●|●|●|●|●
Capitulo 1.
Capitulo 13.
|●|●|●●|●|●|●|●|●|●|●|●|●|●|●|●
14. Toma mi mano, estoy aquí contigo.
Fue un retroceso.
Siempre habría un retroceso cuando la situación se escapara de tus manos. Huiría de la normalidad para encerrarse en su soledad y protegerse de situaciones que le aterraban aunque aquello signifique volver mucho más difícil la situación para superar.
Para suerte de la mentalidad de Lo'ak esta vez no hubo una laguna mental donde se desvanecía en su cabeza. Se quedó en la realidad y a pesar de que se negó a ver a su padre y hermano seguía siendo el mismo de siempre.
Su familia fue forzada a acoplarse a su decisión y demostrar su apoyo por mensajes que tenían que ser pasados a través de ti. La familia de tu amigo decidió que también enviarían alimento preparado por ellos volviendo más amena la situación acerca de la comida, sin embargo... Tú no pudiste escapar del océano porque Lo'ak estaba aterrado de estar solo en aquel lugar y también estaba aterrado de salir.
Te tragaste tu miedo estas dos semanas.
Era llevadero gracias a los pequeños robos que habías hecho al científico, tapones para los oídos, radio, su reproductor de música... Los cinco minutos que desaparecías del refugio solo para ir a robarle y volver corriendo antes de que Lo'ak notara que estabas tardando demasiado.
---- Parece que hoy nos daremos un festín ---- exclamaste mientras te adentrabas a la rústica cabaña con la cena que rastas te había entregado.
El na'vi dejó de lado el nuevo traje que estaba confeccionando para acercarse a ti y ayudarte con la enorme canasta que llevabas en mano.
Dejaste escapar un suspiro para mirar tu mano que temblaba debido al dolor.
El médico no la revisó y a pesar de que usaron las mágicas y funcionales medicinas de los metkayina algo estaba mal. Las perforaciones se cerraron, el dolor desapareció, pero había ocasiones donde tus dedos dejaban de reaccionar y sufrían pequeños cosquilleos.
Nunca tardaban más de diez segundos, pero sucedía y más cuando debías actuar con rapidez.
Ignoraste el dolor y caminaste hacia loak quien ya se había sentado en el suelo dispuesto a comer. Te colocaste frente a él y una idea llegó a tu cabeza para pasar un poco el rato.
---- Antes de abrirlo tienes que adivinar qué es ---- jugaste evitando que su mano destapara el enorme recipiente.
Lo'ak mordió su labio ansioso, aspirando el aroma mientras su estómago gruñía. La frustración llegó a él con este pequeño juego que atrasaba su hora de comida.
A pesar de la desesperación por meter algo a su estómago se obligó a concentrarse en el exquisito aroma. Sus ojos se cerraron con fuerza y su nariz aspiró notando un olor tan familiar que casi lo hizo llorar.
----Huele... Huele a la sopa de mamá.
Sonreíste con orgullo, destapando el cazo para comenzar a servirle en un plato.
----- Rastas dijo que era tu favorito y que tu mamá siempre lo preparaba en tu cumpleaños.
Asintió sentándose mucho más cerca para comenzar a menear su cola con total emoción.
Una vez que serviste ropa para ti empujaste el recipiente que contenía la sopa, entregando todo lo que quedaba a tu amigo para que satisfaciera su enorme apetito.
Cuando el líquido tocó su lengua y llegó a su estómago fue como un beso cariñoso a su corazón dañado. El sabor de la sopa se sintió cálido en su boca y su estómago se volvió pesado de una manera tan reconfortante que Lo'ak rogó por mantener aquel delicioso y melancólico sabor por el resto de sus días... Así que se obligó a comer con lentitud.
Ignoró la desesperación de su cabeza, ignoró su necesidad por atragantarse para ahogarse en el sabor y disfrutó del recuerdo de su niñez.
Necesitaba disfrutar de algo que representara su pasado.
---- ¿Qué tal? ---- preguntaste mirándolo atenta.
Lo'ak asintió soltando un suspiro para que una gran sonrisa se formara en su rostro, intentando expresarte que todo estaba bien.
Que el recuerdo jamás le traería dolor.
A pesar de que mostrara una sonrisa, tú eras capaz de leer su mirada y la melancolía qué expresaron sus pupilas te preocupó.
-----Está muy bueno... Muy bueno.
---- Me alegro que te guste.
Tal vez, solo tal vez ya sea el momento de darle otro empujoncito para que se atreviera a abandonar este triste y oscuro lugar... Por lo menos que diera un paseo por la orilla de la playa.
— Sabes... Escuché que hoy el clima por la noche sería bastante cómodo para un paseo.
El lugar se volvió silencioso y sus movimientos se detuvieron de forma abrupta ante tus palabras. Tus pupilas buscaron de inmediato su rostro, el cual estaba lleno de angustia a la pequeña idea que te atreviste a soltar.
Sus ojos huyeron de tu mirada y como era habitual a situaciones incómodas su cola se enrolló en su propio muslo para formar una barrera invisible de todo lo que llegara a lastimarlo.
---- Sé que te dije que no te iba a forzar y puedes negarte si así lo quieres... Pero los dos sabemos que incluso a ti el encierro comienza a afectarte ---- sus cejas se arrugaron ante tus palabras y esta vez su mirada expresó un pequeño rastro de molestia — Además, ya hueles feo un baño no te haría mal.
Su rostro indignado se giró en segundos hacia ti.
---- Tu olor tampoco es que sea agradable.
----- Exacto, por eso ambos debemos dejar la cueva. Vamos a contaminar el mar con nuestra mugre.
Lo'ak mordió su mejilla para retener la pequeña risa que lo quizo traicionar.
Guardó silencio y miró el suelo debajo de ustedes, hundiéndose en los laberintos de su cabeza para pensar y atormentarse con cada una de las posibilidades.
Sí, estaba harto.
Los muros y oscuridad a su alrededor no eran tan distintos a los de aquella habitación en la cual fue encerrado. Le frustraba estar a escazos centímetros del mar y no poder ir a él, le hastiaba tener que mantenerse ahí cuando su cuerpo estaba ansioso por correr... Sin embargo, también estaba aterrado.
Le aterraba escucharlos, verlos, pensar en atrocidades.
Tenía tanto miedo de arruinar todo, que su cuerpo lo obligaba a mantenerse en este encierro que él mismo se impuso.
---- Yo...
Estaba bien, todo estaría bien porque tú estabas ahí y lo sostendrás si todo comenzaba a salirse de control.
Quería salir. En verdad necesitaba salir.
---- Tú... S-si te pones algo de lo que hice para ti saldré.
En realidad eso no es lo que quería decir, pero tampoco quería admitir que sí le estaba afectando estar ahí y tú tenías razón.
---- Acepto. Después de bañarme usaré lo que hiciste por tooodo el día si así lo quieres.
Lo'ak sonrió mientras asentía.
No se atrevió a mirarte por el resto de la cena, de hecho estaba totalmente seguro de que había comido mucho más lento de lo habitual puesto que ya habías acabado y él apenas llevaba la mitad, alargando de forma inconsciente la espera para el paseo... Tú no dijiste nada, no lo apresuraste y tampoco expresaste fastidio por su actitud.
Fuiste tan paciente como siempre lo eras cuando se trataba de él.
----He terminado ----. Avisó en voz baja, deseando que no lo hayas escuchado.
O tal vez si, no estaba seguro.
Gateó hacia un canasto donde guardaba tus prendas, un lindo regalo hecho y enviado por su familia. Debía admitir que fingió tomarse el tiempo para elegir la prenda que usarías, aunque él ya la había elegido desde que habló del tema. Todo por el simple hecho de no estar seguro de si quería o no salir de su miseria.
----¿Ya estás listo? ---- preguntaste desde la entrada con el arma que siempre llevabas colgando de tu hombro.
Lo'ak mordió su mejilla interna. Sus dedos apretaron el pequeño conjunto mientras miles de escenarios positivos, como negativos llegaban a su cabeza.
— Podremos nadar. Tu y yo, Loak.
Sus hombros se tensaron y su mirada expresó sorpresa cuando de forma repentina Tsireya tomó tu lugar. Sus piernas se movieron sin titubear y su cabeza ignoró sus miedos para caminar hacia ella sin dudarlo.
Sí, necesitaba nadar con ella.
La noche que los acompañaba era fresca y el sonido de las olas era tan tranquilos que Lo'ak sintió un pequeño, pero reconfortante soplo de alivio a su corazón.
Los metkayina estaban en sus hogares descansando, las luces eran tan ligeras que se sentía cómodo a la posibilidad de que para reconocerlo tendrían que hacer un gran esfuerzo.
Tsireya seguía llevándolo de la mano entre los caminos, dispuesta a nadar junto a él como cuando eran adolescentes y él pensó que todo estaba bien.
Que esto era lo que debía ser, que este sería su futuro si nunca lo hubieran llevado... Fue así hasta que las plantas de sus pies tocaron la arena de la isla y su cerebro fue consciente de que había dejado su lugar seguro, de que tú no estabas por ningún lado y podría llegar a mostrar su verdadera cara a la na'vi que tanto intentaba aferrarse.
Su tranquilidad comenzó a fallar y las suaves manos de la metkayina enviaron cosquilleos por todo su cuerpo que terminaban en el vacío de su estómago volviéndolo cada vez más y más grande. Se sintió débil e irracional conforme su cuerpo se volvía delgado con los segundos que pasaban. Su piel se pegó a sus costillas y sus mejillas desaparecieron volviendo pesadas sus ojeras, se estaba volviendo un monstruo y no podía detenerlo, estaba siendo forzado a volverse débil para que ellos pudieran hacer lo que quisieran con él... Para que ÉL hiciera lo que deseaba a su cuerpo.
El recuerdo de su propia figura esquelética llegó a su cabeza, los médicos cargándolo a una camilla para poder llevarlo a M y alimentarlo con un tubo que perforó su estómago lo llenó de un terror que jamás podría olvidar.
Necesitaba comer, necesitaba demostrar que podía valerse por sí mismo y no necesitaba pasar meses encerrado junto a M en una habitación.
Su estómago se retorció y sus pies desesperados lo guiaron al lugar donde siempre sobraba alimento. Sus ojos se nublaban, la cicatriz en su abdomen palpitaba y el ruido de las llantas de la camilla se acercaba cada vez más y más a él.
----- ¿Lo'ak? ---- escuchó una voz distorsionada — ¡Lo'ak!
No debía detenerse. Ni siquiera cuando cayó de rodillas, no cuando sus piernas se volvieron inutiles y tuvo que gatear. No cuando estaba a escazos centimetros de llegar.
"Debes comer, Charlie. Tengo que hacerte comer"
Sus manos se aferraron a la enorme cesta jalando hacia abajo con desesperación para que todo el interior se esparciera a su alrededor.
Masticó y mordió con completa terror, suplicando que los músculos volvieran, deseando que sus huesos dejaran de tocar su piel, rogando para que su estómago se llenara y sus costillas dejaran de asomarse.
Poco a poco todo salió como él esperaba. Las camillas se alejaron, la voz del científico desapareció y ahora solo estaba aquel deseo de comer.
El olor del pescado crudo invadía su nariz, se sumergió en el aroma para ahogarse en él e ignorar el olor a laboratorio. Sintió las escamas y espinas cortar su boca más aquello no lo hizo detenerse, pues prefería el ardor de los cortes a la sensación incómoda e intrusiva de la sonda. El sabor metálico de su propia sangre comenzó a ser confundida con la de alguien ajeno a él, provocando que los ruidos de su estómago se volvieran incontrolables, estruendosos, demostrando a todo el mundo lo insatisfecho que siempre estaba.
" Eso es, Charlie. Buen chico, buen chico"
Su boca salivó en exceso por los halagos y su necesidad por ser querido e importante se revolvieron con su hambre.
El quería más, anhelaba más.
Cuando su mano soltó la tuya no pensaste que correría a devorar la pesca que probablemente había tomado días en conseguir. Ni siquiera habías notado que estaba colapsando hasta que lo viste arrastrarse hacia las cestas con desesperación. Te maldijiste a ti misma ante tu estupidez pues cuando llegaste a su lado las manos y muslos de Lo'ak estaban pintados de carmesí. A su alrededor había pescados apenas mordidos, cabezas cercenadas y rastros de aletas a medio comer... No te hubiera preocupado de no ser por que lograste ver cráneos de pescados destrozados y en aquellos afilados bordes manchas de sangre.
Manos, boca, mejillas, el suelo... Todo estaba manchado y seguía saliendo en pequeñas gotas que caían de su barbilla.
Lo último que querías hacer era interrumpirlo mientras se alimentaba. Tu cabeza no te permitía acercarte después de la gran herida que te ganaste en el hombro, la única vez que te atreviste a hacerlo. Te sentaste cerca suyo mientras le dabas la espalda, para no hacerlo sentir incómodo en este pequeño desliz.
Entretuviste a tu cabeza dibujando en la arena para ignorar el sonido de sus mordiscos y alejar los recuerdos de él devorando a soldados. Tarareaste en voz baja dejando que el suave toque de tu hermana acariciara tu cabeza, mientras tu otra mano se aferraba al mango del arma que llevabas.
Pasó más de una hora cuando las mordidas y la respiración agitada de Lo'ak se calmó... El recuerdo de tu hermana desapareció y tú le entregaste toda tu atención al muchacho.
Soltaste una maldición en tu idioma natal al ver el desastre que había a su alrededor. Los restos de pescados, la cesta destrozada, la sangre manchando el lugar... Había devorado casi la mitad de toda una cesta.
Y estabas segura que en esa cosa cabían más de cien pescados.
Ninguno de los dos se movió. Dejaron que el silencio los rodeara y a pesar de que tu mirada seguía atenta al cuerpo tenso del na'vi este no te miró hasta que se sintió preparado. Cuando sus iris dorados se encontraron con tu mirada tranquila, sollozó.
Sollozó mientras intentaba limpiar la sangre de sus manos en sus pantalones.
---- P-perdón... Y-yo- perdón, lo siento Sam. P-perdón — tartamudeó limpiando sus lágrimas con desesperación.
Tu cuerpo se movió. Gateaste hacia él para estar de rodillas enfrente suyo y tu mano se estiró en su dirección esperando con paciencia a que la tomara.
----- Está bien, tranquilo, no pasa nada.
Lo'ak no dudó ni un segundo en aferrarse a tu mano una vez que se la ofreciste, se arrastró hacia a ti ignorando todo lo de su alrededor. Te levantaste con lentitud abrazando sus hombros con tus brazos, apretándolo contra tu pecho para hacerle ver que estabas ahí y no debía temer por nada. Su rostro se ocultó en tu cuello mojándolo con las lágrimas que no paraban de derramarse.
Tus ojos se concentraron en lo que había detrás de él y cómo arreglarían todo eso sin que nadie lo note. ¿Si quiera las manchas de sangre podrían quitarse?, ¿podían fingir que no hacían falta pescados?
No lo crees.
Lo'ak se removió entre tus brazos después de cierto tiempo, su mejilla se recargó contra tu máscara y su cola comenzó a moverse de un lado a otro ante la tranquilidad que comenzaba a llenarlo gracias a tu abrazo.
— ¿Estás más tranquilo? — asintió sin alejarse de ti ---- Lo'ak, ¿Podrías enseñarme tu boca...?
Probablemente debiste haber pensado en formular la pregunta para que sonara menos brusca pues el cuerpo del na'vi tembló después de tus palabras y sentiste cómo sus brazos intentaban apartarse de ti.
No lo dejaste, abrazaste su cuerpo y te moviste de un lado al otro logrando calmar su ansiedad.
----- No haré nada, solo quiero cómo se ven las heridas — explicaste por lo bajo, en un tono tan suave que te pareció extraño.
Lo'ak se apartó lentamente, sus pupilas oscuras se encontraron con tu mirada y a pesar de que la duda invadía su rostro, abrió su boca mientras sus párpados se cerraban con fuerza intentando evitar mirarte y pensar en cualquier cosa que lograra alterarlo.
No querías tocar su rostro cuando se encontraba en un estado tan vulnerable, así que hiciste un esfuerzo en mirar sin tocar.
No se veía bonito.
Había espinas enterradas en sus mejillas, escamas cortando su lengua, espinas atravesando sus encías y otras ocultándose en las separaciones de sus dientes. Toda su boca estaba llena de cortes y no veías una forma de curar esto sin hacer algo incómodo que encendiera el recuerdo de algún evento traumatico.
Su boca se cerró y sus ojos llenos de lágrimas te miraron fijamente esperando alguna reacción de tu parte.
Limpiaste sus lágrimas con suavidad, con una pequeña sonrisa de lado decorando tu rostro.
---- Vamos, debemos limpiar para que nadie se de cuenta.
Lo'ak no dijo nada.
Sus enormes ojos siguieron tus movimientos a cada segundo, observó con atención el cómo comenzabas a recoger los restos de su desastre sin dudarlo.
No dejaste escapar quejas, no hiciste muecas de fastidio, simplemente te moviste para ocultar su error.
---- ¿Dónde podemos dejar los restos? ---- preguntaste con una pila de esqueletos, cabezas y colas de pescado.
Cuando lo volviste a mirar sus orejas estaban pegadas a su cráneo y sus ojos buscaban cualquier cosa que no fuera tu mirada.
Esperaste con paciencia a que él entendiera que no estabas enojada y que podía hablar contigo sin ningún problema, más no lo hizo. Guardó silencio y evitó tu mirada a toda costa, lo único que obtuviste de su parte fue que ayudó a recoger la cesta, ponerla en su lugar y cubrirla.
Al menos esta pequeña reacción significaba algo.
---- Bueno, supongo que lo tiraremos por ahí — bromeaste intentando aligerar la tensión — ¿Con eso estará bien?
El Na'vi asintió sin mirarte, manteniendo sus manos ocupadas en quién sabe qué.
Arrancaste un telar que usaban de decoración en este comedor común. La colocaste en la arena y a ella dejaste caer la evidencia de las acciones de Lo'ak. Hiciste una nudo y cuando miraste el suelo manchado en rojo buscaste un cuenco para acercarte al mar y recoger con el un poco de agua.
De ahí en fuera fue tallar con lo que quedaba de tu blusa esperando a que aquel enorme manchón desapareciera.
No lo hizo, así que simplemente te diste por vencida e intentaste distraer a Lo'ak para que no le prestara atención.
---- ¿Qué tal si vamos con el doctorcin? ---- propusiste, levantando la bolsa improvisada para ponerla sobre tu hombro ---- Tomaremos un café y puedo hacerte algo de comer.
---- Y-ya comí...
Frunciste tu ceño ante eso, pues de todas las cosas que le habías dicho no esperabas que respondiera a eso.
--- Pero yo no, vamos. Un café te va a ayudar y a mi también.
Lo'ak aceptó.
No hubo más conversación, no hubo preguntas y tampoco encuentros de miradas.
Ni siquiera cuando entraron al laboratorio el silencio desapareció.
Fuiste directo a la cafetera para prepararles su adicción en la cual había una pequeña nota por parte del científico.
"Tengo que ir por más café a otra base. Deja de tomartelo"
Sonreíste divertida, arrancando el pequeño post-it para lanzarlo por ahí. Lo'ak fue a sentarse y comenzó a jugar con la máscara que se supone pertenecía a él. Cuando dejaste la cafetera encendida tiraste la basura en un bote que había ahí mismo, dejaste tu arma encima de la mesa y finalmente miraste a Lo'ak mientras esperaban, a pesar de que él no te miró en ningún momento, fuiste capaz de notar cómo pasaba saliva de forma constante, acompañándolo con una mueca de dolor que intentaba ocultar.
Sus ojos volvieron a ponerse llorosos y tú actuaste enseguida.
Rellenaste un cuenco con agua y haciendo tus pasos ruidosos te acercaste a él colocando el traste frente a su persona.
--- Necesito que enjuagues tu boca con esto — tu voz bajó un tono y mientras mirabas directo a sus pupilas tuviste que advertir — si algo queda en tu boca, tendré que sacarlo yo.
Sus ojos se abrieron con terror ante tus palabras y sin dudarlo se alejó de ti con pasos torpes hacia atrás.
Se lo permitiste, pues sabías que esta situación sobrepasaba unos cuantos límites que no quería repetir.
----- Lo'ak, no voy a hacerte daño ---- susurraste cuidadosa ---- debemos quitarte aquello porque sino puede infectarse y tú no podrás comer tranquilo, ¿Lo entiendes...?
Él volvió a negar.
---- N-no yo... — sus ojos buscaban cualquier cosa que lo ayudara escapar.
---- Escucha, cuando sientas que es demasiado para ti puedes golpear mi mano y yo quitaré mis dedos de tu boca.
Sollozó mientras te miraba con inseguridad y su cabeza te odió solo por un instante al encontrar nada más que pura sinceridad en tu mirada.
Lo sabe, sabe perfectamente que no le harías daño, que no estabas haciendo esto para perjudicarlo, sin embargo, era demasiado. Pensar en tus dedos en su boca era demasiado, no por el hecho de que fueras tú, sino de lo posibles recuerdos que llegarían a él.
Ya no quería mostrar más debilidad ante tus ojos, aunque sabía que a ti eso no te molestaba en absoluto. ¿Y si te hace daño?, ¿qué tal si su cabeza confunde tanto su realidad que decide atacarte para estar a salvo?
No se lo perdonaría.
No podría siquiera vivir con la idea de que volvió a lastimarte y que en algún punto lleguen a que tú no lo dejes pasar y decidas irte de su lado.
— Lo'ak, — llamaste a unos pasos de él — no tienes por qué dudar de mi, ¿lo olvidas?
Cuando tu mano se estiró buscando su tacto su mano se movió de forma inconsciente y sus dedos se aferraron a los tuyos con la necesidad de aprobación. Ni siquiera se alejó al ver cómo volvías a guiarlo a la pequeña mesa, sus ojos miraron fijamente el cuenco con agua observando su demacrado rostro en el reflejo. Sus enormes y temblorosas manos lo tomaron y entregándote una última mirada tomó un gran sorbo al agua, la cual se mantuvo en su boca provocando que los heridas abiertas comenzarán a sentirse incómodas, sus párpados se cerraron con fuerza y finalmente comenzó a remover todo el trago de agua por cada rincón de su boca.
Dolía.
Las espinas y escamas clavadas en la tierna piel de su boca se removieron causando ardor. Sus ojos lloriquearon y cuando tu mano lo llevó al lavabo este escupió todo sin dudar.
Vio el agua espesa pintada de carmesí con algunas espinas y escamas.
Tú no dejaste de entregarle agua hasta que esta se volvió casi transperente, aunque aún había pequeños matices rojos tú especificaste que era suficiente.
---- Sigue la parte difícil... Ya casi terminas, Lo'ak.
Aspiró nervioso intentando ignorar los recuerdos que llegaban a su cabeza. Sus mano apretaron con fuerza el lavabo tratando de ignorar el terror de la idea de tus dedos en su boca.
Vio duda en tu rostro y eso lo hizo dudar también.
---- Yo... Necesito que te hinques para poder alcanzarte ---- pediste en voz baja mientras dabas un paso hacia atrás.
Fue inevitable para él no sollozar. Sus iris dorados suplicaban mientras sus rodillas se doblaban de forma temblorosa, sus mejillas comenzaron a mojarse gracias a las lágrimas que no podía detener.
Tú parecías tan destruida como él por lo siguiente que pasaría.
Si eras sincera, después de ver las lágrimas y su mirada suplicante hubieras detenido todo esto de no ser porque pensaste con la cabeza fría y si dejabas los que quedaba en la boca de Lo'ak esto sería un problema mucho mayor después y si eso llegara a pasar tú ya no serías quien lo ayudaría, sino un médico... Ambos saben que él no lo soportaría y probablemente la situación se iría a la mierda.
Sus iris y los tuyos se miraron por segundos que parecieron eternos. Intentaban leer los pensamientos del otro y encontrar la seguridad que necesitaban para entregar la confianza que necesitaban.
Aunque no lo admitas, la idea de que sus dientes arranquen tu mano no te agradaba. Te aterraba el sentirte inútil a la perdida de una extremidad, te aterraba perder la posibilidad de lo unico en lo que eras buena y Lo'ak temía que su cabeza lo llevara al pasado, la duda de si serías capaz de hacerle daño estaba ahí, porque simplemente no era fácil olvidar algo que vivió por mucho tiempo.
Tú no le harías daño.
Lo sabía, él lo sabe... Él quiere creer que lo sabe.
Tomó una gran bocanada de aire mientras sus iris miraban directo a tus pupilas, sus rodillas temblorosas fueron lentamente hacia el suelo golpeando el metal frío de forma brusca y después, simplemente te observó.
Te observó esperando que M desapareciera, pues desde que se puso de rodillas comenzó a vigirlarlos desde la puerta.
---- Está bien, voy a acercarme ---- avisaste dando un paso hacia él, Lo'ak se encogió de hombros, sin embargo, no apartó la mirada ---- abre la boca... por favor.
Sollozó ante aquellas palabras que escaparon de tu boca sin pensar un poco en el daño que causarías a su corazón. Conforme el interior de su boca se mostraba a tus ojos su mandíbula se tensaba volviendo todo mucho más difícil de lo que era.
No cree poder hacerlo.
---- Lo'ak — lo llamaste en un suave susurro — si te hace sentir más seguro puedes tomar mi muñeca para controlarla. Puedes palmear mi brazo para alejarla y si no lo hago tienes permitido quebrar mi brazo.
El na'vi abrió sus ojos con sorpresa ante tus palabras. Su cabeza negó mientras sus labios temblaban al intentar hablar.
----- Y-yo no... No hoy a hacer eso, n-no quiero hacer eso.
No quiere que lo veas como un monstruo.
---- Está bien, está bien. Sé que no quieres hacerlo, pero puedes si te sientes en peligro.---- aclaraste llevando con lentitud tus dedos a su mentón ----. Tú tienes todo el control aquí.
No quería hacerlo, pero de forma inconsciente su mano se aferró a tu pequeña muñeca porque su mente no podía olvidar y negar el terror que lo estaba invadiendo.
Su boca volvió a abrirse y a pesar de que deseó cerrar sus ojos con fuerza para no ver nada y encerrarse en su mundo, no lo hizo. La adrenalina no le permitía bajar la guardia al estar tan vulnerable a tu persona.
-----Voy a acercar mis dedos ---- avisaste comenzando a moverte ---- mis dedos van a entrar a tu boca.
Tus dedos eran lo suficientemente pequeños como para no tocar sus labios o dientes, sin embargo, para llegar a las espinas que estaban más al fondo debías adentrar un poco más tu mano y tus dedos rozarían la lengua de Lo'ak.
Él lo sabía.
Sus ojos amarillos te miraban con terror y sus pupilas no podían alejarse de ti ni siquiera por un segundo.
Tus dientes se apretaron ante la impotencia de la situación, forzándote a ser la villana solo por unos minutos para poder ayudarlo.
----- Voy a meter más mi mano— avisaste provocando que un jadeo golpeara contra tu piel — probablemente toque tu lengua, pero todo va a estar bien, Lo'ak. Estás siendo muy valiente.
Su mano apretó tu brazo y a pesar de que todos tus vellos se erizaron por la imagen de tu mano siendo arrancada de un mordisco no la alejaste y simplemente te concentraste en las enormes lágrimas que bajaban por las mejillas del na'vi arrodillado frente a ti. Tus dedos tocaron una pequeña espina y sin dudarlo la jalaste provocando que una arcada escapara de él.
Tomaste una bocanada de aire cuando un escalofrío subió por tu columna al oír ese conocido sonido.
Eran pocas... Esto terminaría rapido porque la mayoría las había arrojado mientras escupía el agua.
Solo eran tres espinas y dos escamas.
Podías hacerlo y él también podía.
Tienen que hacer esto juntos.
---- Muy bien... Faltan cuatro más, Lo'ak ---- señalaste volviendo a adentrar tu mano con cuidado — Voy a jalar una escama en tu mejilla, ¿bien? Lo estás haciendo bien, Lo'ak.
Era un proceso que parecía eterno y Lo'ak ya no podía más.
Los dedos en su boca y la saliva bajando por su mentón le recordaba cosas que quería olvidar, recuerdos y acciones de las cuales estaba tan avergonzado que la sola idea de volver a vivirlo lo mataba.
Esto lo estaba matando.
M ya estaba frente a él...
Tus ojos amables habían desaparecido cuando aquellos dedos rozaron su lengua y ahora estaba con esta eterna tortura de la cual jamás escaparía.
No se atrevía a parpadear por el terror de que él hiciera otro movimiento.
Lo odia.
Lo odia.
Lo odia.
Lo odia.
Odiaba sus uñas enterrándose en sus mejillas, odiaba la sonrisa de satisfacción en su rostro... Odiaba su pene adentrándose en su boca, odiaba la rudeza que le provocaba arcadas, odiaba el sabor amargo que comenzaba a marearlo y odiaba esa maldita voz repitiéndole cuánto lo amaba.
Quería vomitar, quería parar, quería que todo se detuviera.
¿Por qué se dejaba hacer esto?
"Tan bueno, Charlie, tan buen chico para mi."
Lloró mientras soltaba otra arcada.
----- Está bien, Lo'ak. Dos más, solo dos más.
"Solo dos venidas más, mi bello Charlie, solo eso pido."
Negó entre lágrimas soltando una arcada cuando su estómago se revolvió con más rudeza. La necesidad de cerrar su boca y enterrar sus dientes para acabar con todo cruzó por su cabeza... Pero él sabía, sabía que su negación siempre traía un castigo peor.
---- Loak, ya casi, falta poco.
No podías más.
Estabas sufriendo demasiado por ver cómo el muchacho se volvía un ser sollozante que vivía en un trauma constante. Además, tú tampoco estabas bien...
Las arcadas.
Aquel sonido que enviaba escalofríos a todo tu cuerpo conforme se volvían constantes. Imagenes que no te gustaban ver llegaban a tu cabeza y la necesidad de detenerlos te invadía como una marea que controlaba tu cabeza.
Y ahí estaba él, recostado a tus pies ahogándose en su propio vómito.
----- Falta poco, Lo'ak. Solo un poco más ---- consolaste, a este punto sin entender si era para él o para ti.
Su mano comenzaba a apretar con fuerza tu antebrazo, tus dedos ya estaban empapados de saliva y podías sentir cómo sus colmillos rasguñaban tu muñeca conforme intentaba alejarse. Más no daba la señal de que te detuvieras, no hacía nada para dejarte en claro que ya no lo estaba soportando así que seguiste adelante.
Parecía que ambos estaban en un trance que no podían ignorar.
---- Solo una más, solo una más— te repetiste en tu cabeza con la imagen de él en tu cabeza.
"Vamos, Charlie. Una mas, una más y serás un buen chico."
Lo'ak sollozó aterrado cuando sintió cómo el vómito subía por su garganta. Intentó retenerlo, sin embargo, todo fue a parar a las piernas del científico. Su cabeza se apartó alejándose de sus caderas para prestar atención a sus manos que se movieron rápidamente para limpiar de forma desesperada el líquido que manchaba todo el suelo.
----- ¡P-perdón, perdón, p-perdón! ---- suplicó entre lágrimas ---- Soy un buen chico, lo juro, s-soy un buen chico... ¡N-no quería! ¡y-yo no quería-!
Un escalofrío recorrió tu cuerpo cuando fuiste consciente de lo que estaba encima tuyo, tus dedos temblaban al percibir el olor y a pesar de que tu cabeza quería entrar en crisis no permitiste que te llevara. Forzaste a tu mente a concentrarse en Lo'ak quien atraía toda la suciedad a él con desesperación.
Conforme tu cabeza entendía su actitud la rabia crecía y desaparecía cualquier recuerdo de la infancia doloroso. Te concentraste en el presente y te ahogaste en el enojo que te causaba el ver a Lo'ak tan perdido. Tu corazón se apretaba ante la imagen de él llorando y sufriendo por cosas que fue obligado vivir.
Tus dedos dejaron ir la escama a la cual aún te aferrabas y después de limpiar tu mano en tu muslo diste cuidadosos y lentos pasos hacia él.
---- Voy a acercarme, Lo'ak ---- avisaste mientras te agachabas. Ignoraste la suciedad de tus rodillas, ignoraste el nauseabundo olor y te concentraste en su llanto imparable ----. Voy a tocar tus manos.
Tu toque se acercóna sus muñecas con suavidad y cuando las yemas de tus dedos tocaron su piel sus movimientos se detuvieron y sus iris finalmente se encontraron con tu mirada.
Tus manos se aferraron a las suyas esperando poder brindarle el consuelo que necesitaba.
---- Inhala, exhala, inhala, exhala ---- repetiste mientras hacías todo lo que salía de tu boca ---- Debes seguirme, ¿Bien? Yo estoy aquí, Lo'ak. Está todo bien, solo respira.
No sabías cuanto tiempo pasó hasta que su llanto desapareció. No sabes cuánto tiempo tuviste que esperar para que él lograra tranquilizarse, sin embargo, tus piernas dolían y los restos de comida que manchaban tus manos y rodillas ya se estaban secando.
----Perdón... ---- volvió a murmurar con voz rota.
Tu pulgar comenzó a acariciar el dorso de su mano sin dudarlo.
---- Está bien, fuiste muy valiente.
Comenzó a sollozar otra vez y tú guardaste la calma, sin borrar la serenidad de tu rostro para demostrarle que no lo estabas juzgando y que realmente no te molestaba cuidarlo en sus estados más vulnerables.
Su mirada se llenó de suplica y su voz ronca te rogó.
---- ¿Puedes abrazarme, por favor? Y-yo... Yo necesito que me abraces.
No lo pensaste, no dudaste ni dos segundos cuando ya habías cortado la distancia para abrazarlo contra tu cuerpo. Su rostro se ocultó en tu hombro y a pesar de que parecía incómodo por la diferencia de altura su cuerpo dejó de estar tenso y sus manos se aferraron con fuerza a ti.
La voz perturbadora de M desapareció lentamente. Su presencia oscura se alejó por la puerta y la calma llenó su cabeza cuando lo único que podía percibir era la paz que emanabas con tu dulce silencio...
Se sentía tan protegido en estos momentos.
Él sabe que puede comenzar a llorar cuál niño pequeño, podía dejar ir todo lo que tuvo que retener cuando M se metía con él porque tú estarías ahí para sostener su dolor, mantendrías las piezas de su corazón rotas juntas con tus cuidadosas manos. Sus oídos fueron bendecidos por el suave tono de tu voz, la cual tarareó aquella pequeña melodía que tiendes a cantar cuando sufre de pesadillas.
Su mejilla se recargó en tu hombro y sus dedos jugaron con los pequeños colguijos que decoraban tu prenda superior. Después de minutos donde tu voz lo arrulló sus rodillas comenzaron a doler y el cansancio lo invadía conforme los segundos pasaban.
Se separó con lentitud de tu persona y sus ojos que expresaban vergüenza no se atrevieron a mirarte, pues ahora estaba bastante consciente de que estaban encima de sus propios desechos.
---- Me vomité.
Murmuró apenado sintiendo su garganta cerrarse mientras el olor nauseabundo invadía toda su nariz.
---- Puedo verlo — murmuraste con un apenas perceptible tono divertido.
Apretó los labios con sus orejas gachas, pues la idea de que pienses que es patético lo llenaba de inseguridad.
Soltaste un pequeño suspiro cuando Lo'ak se negó a mirarte por la humillación que lo llenaba debido al desastre que había causado. Estabas haciendo lo posible por no poner ninguna expresión de incomodidad, tus facciones se mantenían tensas y aunque podías sentir el líquido mojar tus piernas, ser consciente del olor y notar las costras de vómito en tus manos no hiciste nada.
Debía bañarse, tú debías bañarte y además tenían que borrar cualquier rastro del crimen.
— Perdón.
---- Está bien— aseguraste levantándote con dificultad gracias a tus piernas entumecidas — ¿qué tal si vas a bañarte? Yo limpiaré todo mientras tanto.
Tu mano jaló la suya y a pesar de que casi resbala por sus pies logró mantenerse en pie. Sus ojos amarillos te miraron alarmados y su enorme cuerpo rápidamente se encorvó intentando ocultarse de miradas que no había en el lugar.
No te moviste por el simple hecho de que alcanzaste a notar la inseguridad que comenzó a invadirlo.
---- T-tú... Tú, ¿puedes acompañarme...?
Lo harías, pero no estabas segura de cuándo volvería el científico y lo mejor era que limpiaras todo antes de que aquel hombre regresara.
----- Puedes bañarte con la puerta abierta. Voy a estar aquí y si quieres algo solo tienes que decir mi nombre e iré rápidamente ---- aseguraste con una sonrisa serena, tomando su mano para comenzar a llevarlo al baño ---- Debo limpiar antes de que el doctorcin llegue, ¿Lo entiendes?
No dijo nada por un largo rato, de hecho, sentiste cómo su agarre se apretó contra el tuyo intentando convencerte de que escucharas su capricho. Al girar tu cabeza para leer su expresión te encontraste con unos ojos llenos de duda, sin embargo, asintió.
Por suerte la distribución del mini hogar era extraño. El baño estaba frente a la pequeña cocina lo cual permitiría que Lo'ak te tuviera a su vista y tú podrías mirar que todo estuviera bien con él.
Podrían verse el uno al otro cuando lo necesitaran aunque estuvieran en distintas habitaciones .
----- Si necesitas algo solo di mi nombre y yo vendré corriendo, ¿bien? ---- aclaraste mientras abrías la regadera que venía en el lugar.
Te alejaste dos pasos para permitirle al na'vi adentrarse a aquella pequeña cabina. Tardó demasiado en desvestirse, la ropa mojada por su propio vómito caía al suelo con un golpe sordo y a pesar de que te habías dado media vuelta para darle privacidad la preocupación te llenó cuando pequeños sollozos se presentaron por su parte.
Se metió debajo de las gotas del agua y tú diste una ligera mirada hacia atrás observando como lentamente su cuerpo se deslizaba por la pared hasta quedar sentado en el suelo. Comenzó a tallar su piel con las palmas de sus manos sin emitir ningún sonido.
— Estaré afuera, ¿si?
— A-ajá.
Saliste con rapidez del baño para buscar los objetos de limpieza. Comenzando a abrir todos los cajones y puertas que encontrabas.
— Uh —. Soltaste al encontrar más de una docena de botellas llenas de alcohol.
Whisky, tequila, mezcal, vodka.... Realmente el doctor se daba sus festines.
Dejaste eso de lado y cuando abriste la siguiente puerta botellas de detergentes te saludaban con música de victoria.
Mientras tus manos lanzaban el líquido al suelo y tallabas con tus manos para exprimir el pedazo de tela en la cubeta pensaste que si en un pasado te hubieran dicho que estarías limpiando el vómito de alguien probablemente habrías pensado que sería por un castigo, no por voluntad propia y aquí estabas, asegurándote de no dejar ni una mancha en el suelo para que tu amigo de tres metros no se vea expuesto ante las personas que ama.
Soltaste un suspiro frustrada porque ellos no hacían estas cosas por él y todavia se atrevían a dudar de tu persona. Por suerte el vómito no te afectaba tanto como el sonido de las arcadas. Antes de ser expulsada de la RDA limpiaste cosas mucho más asquerosas que vómito.
Una vez todo limpio y sin un rastro de evidencia te levantaste del suelo y sonreíste satisfecha por tu trabajo.
----¿Sam? ---- llamó el Na'vi con voz temblorosa desde el baño.
Dejaste todo de lado para ir directo a aquel lugar, asomando tu cabeza para encontrarte con un Lo'ak aún sentado en el suelo, abrazando su cuerpo desnudo con ojos inseguros.
----¿Q-qué voy a ponerme?
Oh. No habías pensado en eso.
---- Ah, déjame robar algo del clóset de naricitas.
El inicio de una sonrisa se formó en su rostro ante el apodo, logrando tranquilizar un poco tu preocupación por su estado mental. Al parecer ya se estaba calmando.
Ahora, quedaba la tarea de encontrar ropa que le quedara y si eras sincera, nunca habías oído o visto a Norm en forma de avatar. ¿Siquiera él tenía uno? Había otras tres puertas además del baño y el laboratorio, así que te adentraste a la habitación al lado de este último. Era la habitación más fría a la cual habías entrado, no había nada en aquel lugar más que dos enormes cápsulas en medio del cuarto. Te acercaste con pasos lentos debido a la curiosidad y al asomarte por el pequeño panel de vidrio soplaste para retirar el polvo encontrándote con el rostro dormido de un avatar.
Era idéntico al doctor.
Estaba flaco, tenía enormes ojeras y sus pómulos estaban remarcados como los de Lo'ak cuando recién lo conociste.
Tal como si lo hubiera abandonado hace años.
Te alejaste de aquel lugar saliendo de la habitación para adentrarte a la que estaba enfrente.
Oscuridad y desorden.
Cama destendida, pastillas regadas en un pequeño mueble, ropa y zapatos por el suelo. Te sorprende que aún tenga el descaro de criticarte cuando su cuarto decía mucho de é. Te acercaste al ropero que había en el lugar para encontrarte solo con pequeñas prendas de humanos y más zapatos desordenados en el suelo... Al lado de eso una gran caja sin una pizca de polvo.
Te agachaste para quitar los seguros y poder retirar la tapa, buscando en su interior lo que necesitabas. Tus manos se adentraron y tomaron con cuidado el juguete con forma de banshee en su interior, una maraca na'vi, dos largos cordones llenos de piedras preciosas, vestimenta de mujer na'vi... Un conjunto más grande que el otro y al fondo de todo eso fotografías unidas con un cordón.
La sacaste con cuidado desatando el nudo mientras comenzabas a verlas una a una. La protagonista de estas era un na'vi con una sonrisa bonita y enormes ojos que adornaban su rostro jovial, fotos de un bebé, fotos del avatar de Norm con una na'vi adulta.
Tu mirada no pudo apartarse de la fotografía donde estaban los tres sonriendo a la cámara pues era la primera vez que veías una sonrisa sincera en el rostro de aquel hombre. Recorriste aquella imagen con ojos tranquilos, tus dedos buscaron alguna señal, un desperfecto donde te dijera que algo estaba mal con ellos... Al voltear aquel papel una pequeña frase estaba escrita con tinta roja.
" Doce años de Snatì, te amamos nuestra pequeña estrella"
Oh... De alguna forma, tu pecho se apretó al leer aquellas palabras, pues por juzgar la manera en la que todo estaba cuidado hace tiempo que el científico no veía a Snatì.
Tus manos guardaron todo con sumo cuidado, volviste a poner cada una de las cosas en su lugar y fuiste delicada para no dañar ningún recuerdo físico. Cerraste la caja con suavidad y sin más saliste de la habitación.
No había ropa que le quedara a Lo'ak, así que solo quedaba una opción. En la última habitación que te quedaba por revisar solo había una cama con cobijas empolvadas. Tus manos tomaron la sabana y sin pensarlo mucho perforaste esta para hacerle agujeros y llevarla a Lo'ak quien seguía en el mismo lugar.
---- No encontré ropa, pero traje una sabana ---- señalaste mientras te acercabas a él.
Lo'ak se levantó con piernas temblorosas cubriendo sus partes íntimas con sus dos manos. Se acercó a ti sin dudarlo y cuando una sonrisa divertida se formó en tu rostro el muchacho frunció su ceño con frustración.
— ¿Por qué te ries?
— Eres como un bebote.
— No, no lo soy. Ahora sécame, me está dando frío.
Alzaste una ceja ante sus exigencias, sin embargo, tus ojos buscaron una toalla y al encontrar una la tomaste y la pusiste en sus manos.
— No creo que te guste que te talle con mis manos.
Sus ojos se abrieron con sorpresa y al procesar mejor toda la escena asintió y se dio media vuelta para hacerlo por sí mismo.
— ¿Norm no se enojaran por la sabana? — cuestionó en voz baja.
— No está, así que será demasiado tarde si llega a reclamar.
— Creo que comienzo a entender por qué te odia.
Tu dedo le dio un pequeño golpe a su espalda provocando que saltará por el repentino toque.
— No hagas eso.
– Agachate, voy a ponerte esto.
Rodó los ojos obedeciendo tu orden, su rostro quedó a la altura del tuyo y sus enormes pupilas oscuras te miraron fijamente.
— Gracias... Por no mirarme mal.
Tu entrecejo se arrugó ante sus palabras, ayudándolo a que la sabana se ajustará a su cuerpo para cubrirlo por completo.
— ¿Por qué te miraría mal, tigresito?
Sus orejas se agacharon con vergüenza.
— B-bueno... A nadie le agradaba que le vomiten encima.
— Me han pasado cosas peores, tranquilo. Esto no es nada — acariciaste sus mejillas con cariño y una vez que el muchahco te sonrió agradecido dejaste ir su rostro — Bien, ahora tengo que lavarme, después podremos volver allá y dormir.
Cuando te adentraste al agua las gotas mojaron todo tu cabello y conjunto. Tus uñas rascaron la piel de tus muslos, tus manos y pies forzando a eliminar toda suciedad pegada a tu piel.
--- ¿Podemos no irnos de aquí? --- cuestionó su voz en forma baja — N-no quiero que me vean...
Giraste tu rostro para ver a tu amigo echo bolita al lado de la regadera abrazando sus rodillas.
---- ¿Crees poder soportar estar aquí? — cuestionaste comenzando a quitarte tu top.
— Si estoy contigo si... Prefiero estar aquí a que todos ellos me miren y sepan lo que hice.
Te sacaste la parte de abajo y lo tallaste contra el suelo, ignorando las punzadas de tu mano herida. Una vez que todo estuvo limpio cerraste la regadera. Saliste de ahí en busca de algo para vestirte, yendo directo al cuarto de Norm para robarte un short y una camisa. En todo el trayecto Lo'ak no se apartó de ti.
— Creo que podemos meternos a dormir en esa habitación. No había nada más que una cama.
Fuiste a la cocina por el arma de fuego y después a la habitación donde abriste la puerta sin pensarlo, las paredes blancas los saludaron y la solitaria cama individual seguía en el mismo lugar. Lo'ak y tú se miraron de reojo, el muchacho arrugó la nariz ante la fea habitación y tu lo imitaste al comparar el tamaño de la cama con su estatura.
Él no cabría.
Caminaste a la cama y jalaste el colchón para tirarlo al suelo junto con la almohada y la funda. Miraste a Lo'ak quién se acercó rápidamente para recostarse en este.
— Está duro.
Te reíste ante sus quejas yendo a apagar la luz para rápidamente ir a su lado y recostarte.
— Duermes en el suelo, ¿qué más duro puede ser?
Lo'ak te regaló un pequeño puchero tomando tu mano sin dudarlo esta vez.
— Bueno si, pero pensé que esto sería diferente — se excusó sin mirarte — Deberiamos hacer nuestras camas.
— Podrías hacerlas tú — señalaste cerrando tus ojos al relajarte por el suave jugueteo de sus dedos en tu mano — tú eres el experto en estas cosas.
Pudiste percibir su molestia incluso sin mirarlo.
— Se supone que debemos hacerlo juntos porque es nuestro hogar, no solo mio.
Tus párpados se abrieron y lo miraste sin entender por qué de repente salía con algo como eso.
— ¿Es una tradición de aquí o algo así?
Lo'ak asintió mientras te atraía a él y ocultaba su rostro contra tu cabello.
— Es... Bueno, somos una familia y las familias se apoyan a crear sus hogares. Un apoyo mutuo, ¿Sabes? — explicó sin mirarte — yo... Quiero que lo hagamos juntos, no solo yo.
Miraste al techo unos segundos y después de pensarlo nada más volviste a cerrar tus ojos para dormir.
— Bien, no veo porque no.
Su dedos apretaron tu mano y sabías que estaba sonriendo satisfecho de alguna forma.
A Lo'ak le encantó que no negaras que eran familia y sobretodo, que aceptaras hacer algo que él consideraba importante sin tener que suplicarte. Durmió emocionado, esperando a que llegara la noche para que empezarán a arreglar aquel refugio que les habían entregado.
Despertaste por el sonido que había fuera de la habitación. Voces amortiguadas por las paredes que llegaban a tus oídos para perturbar tu perfecto sueño y de esa forma fuiste consciente del cosquilleo en tu vejiga dándote unas inmensas ganas de orinar.
Bostezaste intentando no hacer ningún ruido, comenzando a mover la enorme pierna de Lo'ak de encima tuyo y sacando su agarre contra tu cintura. Te arrastraste con dificultad debido a su peso y una vez que tu cuerpo golpeó el frío suelo miraste al na'vi quien se volvió un ovillo y ocultó su rostro contra sus manos cual gatito dormido.
Te levantaste con dificultad para dirigirte a la puerta, limpiaste tus ojos y cuando la puerta se abrió caminaste hacia la cocina.
— ¿Pero qué...? — el tono molesto te hizo abrir los ojos, encontrándote con el científico — ¿por qué tienes puesta mi ropa?
— ¿Desde cuándo están aquí? — cuestionó otra voz — ¿Sabes cuánto tiempo hemos estado buscando a Lo'ak?
Ah... No tenías la cabeza para discutir así que los ignoraste y te metiste al baño.
— Te estoy hablando.
Frunciste el ceño dejando la puerta abierta para bajarte el short y finalmente dar una buena meada y rastas quien había intentado acercarse se alejó rápidamente al ver tus acciones inoportunas.
— Venimos por la noche a cenar y se nos fue el tiempo, Lo'ak quizo quedarse porque había amanecido —. Terminaste de lavar tus manos y saliste del baño yendo directo a la cafetera — de todos modos, sabes que Lo'ak duerme por el día. Y acerca de la ropa no tenía nada que ponerme y me había ensuciado.
Norm masajeó su sien con la mandíbula apretada y rastas quien estaba a su lado colocó la mano en su hombro.
Hubo silencio, un silencio que comenzó a ser extraño por la mirada que rastas te estaba dando y lo único que llegó a tu cabeza es la situación que sucedió ayer por la noche. Probablemente las manchas y la falta de comida los hizo saber que algo estaba mal.
— ¿Dónde está Lo'ak? — cuestionó el hombre sin expresión alguna.
— Está dormido en la habitación. ¿Por qué?
Los hombres se miraron uno al otro sin decir palabra alguna y finalmente sus ojos volvieron a ti con seriedad.
— ¿Qué sucedió anoche? — cuestionó rastas analizando tus expresiones.
No demostraste nada, simplemente seguiste actuando normal como siempre lo hacías.
— Solo fue un pequeño desliz... Nada grave, tranquilo.
— Estaba lleno de sangre, más de la mitad de una cesta de alimento desapareció... El olo'eyktan, el líder comienza a cuestionar qué es lo que está pasando.
Llenaste tu taza de café sin dejar de observarlo.
— Te dije que Lo'ak tenía un gran apetito — le recordaste sin dejar de mirar sus ojos — Eso es normal... viniendo de él.
— Son síntomas de un adicto, Jake... Y más si lo estamos forzando a dejarla. Tendrá atracones de comida, ataques de ansiedad... Son algunas cosas que debe de pasar hasta poder superarla y aún puede haber recaídas — explicó el científico bebiendo de su taza — será un proceso largo.
— ¿De quién era la sangre?
La puerta del laboratorio se abrió, dejando ver a trenzas quien se acercaba con mirada molesta, como era habitual en él. No obstante, con aquella mirada encima la necesidad de ir por tu arma y colgartela apareció.
Tus manos se aferraron a tu taza y tu mirada fija se quedó encima de la nueva amenaza en la habitación, pues era mucho más irritante que las otras dos.
---- humano ----- saludó.
---- Trenzas.
— Así que aquí escondías a mi hermano.
Tu ceño se frunció ante su comentario y tu cabeza intento distraerse apuñalando la cerámica de la taza en tus manos con tus uñas.
— Tal vez él quería esconderse de ti, por encimoso.
El na'vi intentó acercarse a ti con pasos pesados, al menos hasta que el sonido de una puerta abriéndose los hizo detenerse y los pasos dudosos de Lo'ak se acercaron a ti rodeando a todos los presentes para llegar a tu lado y aferrarse a tu mano.
---- Buenas noches — saludaste entrelazando sus dedos con los tuyos — Tu hermano es insoportable, tigresito.
Lo'ak se encogió de hombros, poniéndose en cuclillas para quedar cerca de tu rostro y que tu mano no estuviera incómoda al sostener la tuya.
---- Hijo, ¿Dormiste bien? — cuestionó rastas con una pequeña sonrisa.
Lo'ak asintió sin mirarlo, demasiado concentrado en jugar con tus dedos.
— ¿Esas son mis sábanas? — preguntó Norm provocando que el cuerpo de tu amigo se tensara.
Miraste a Lo'ak quién estaba envuelto en la sabana blanca que simulaba un vestido.
---- Ah, cierto. ¿Pueden conseguirme ropa para él? No tenemos y tuve que usar las sabanas.
Norm frunció su ceño y estabas segura de que ya le estaba dando un jaqueca por la forma en la que soltó un suspiro.
---- Creo que necesito un trago.
O una botella entera.
---- tu ropa sigue guardada, estoy seguro de que aún te queda. Puedo traerla ----. Informó rastas con mirada cariñosa.
Su agarre se apretó y de alguna forma lograste sentir cómo comenzaba a sudar de forma incontrolable. Tu boca se abrió enseguida para evitar que él tuviera que negarse.
— En realidad a Lo'ak no le gusta la ropa destapada — la atención de todos volvió a ti — prefiere ropa grande y holgada, como las que usa un soldado o un avatar descansando.
Trenzas frunció su ceño y cuando estaba por hablar lo miraste mal.
— Se ha vuelto más friolento con el tiempo — excusaste sin titubear.
— Ah... si, claro yo- ¿Norm?, ¿Crees que podrías-
— Si, sin problema. Llamaré a la base para que aparten ropa y poder traerla — el científico miró con cautela a Lo'ak provocando que lo miraras con sospecha — aunque no creo que haya ropa que se ajuste bien a su tamaño...
Frunciste tu ceño y lo miraste mal al sentir cómo Lo'ak se pegaba más a tu costado.
— No importa, entre más holgada mejor — interrumpiste con voz borde — de todos modos, camisas de manga larga o media. Nada de tirantes y los pantalones pueden ser de algodón, los short no deben de estar encima de medio muslo y si no es mucho pedir también tráiganme a mi.
— Si es mucho pedir — exclamó Norm sin dudarlo.
Rodaste los ojos bebiendo un sorbo de tu café.
— Entonces tendrás que vivir con que tome tu ropa.
— Eres insoportable — recriminó el científico.
Le sonreíste tranquila, esta vez prestando atención a todo el desastre que estaba encima de la mesa. Provocando que tu curiosidad apareciera, papeles, tabletas holografica, un extraño mapa y una enorme radia que descansaba al lado de la mano de rastas.
--- ¿Qué hacen? ---- preguntaste con curiosidad.
---- Planeamos el golpe a otra base de la RDA ----. Solto rastas sin despegar sus ojos de tu persona.
-----Ah, genial. No olviden destruir los laboratorios para que pierdan material y las pérdidas sean más grandes — diste un pequeño sorbo a tu café — Entre menos anotaciones y pruebas de la droga rosa mejor.
La tensión se extendió y las miradas penetrantes de todos ellos se clavaron en tu cabeza como una sucia amenaza.
----¿Qué? — solto Rastas en tono bajo— Pensé que esa droga se centraba en solo una base, en el científico ese.
El cuerpo de Lo'ak tembló a tu lado.
---- ¿Por qué harían eso? Sería un desperdicio y entre más científicos se unan a la creación de esta más difícil sería pararlos. Es algo que no pueden dejar ir.
---- Dijiste que solo lo usan para mercado. ¿Por qué se abasteserian de ella?
Ay, tú y tu bocota.
— Bueno, no veo por qué ignorar una buena ganancia de dinero para sus proyectos. Es claro que lo harían en grande.
— Y tú casualmente sabes todo eso.
— Soy una soldado que cuidaba de ellos cuando investigaban la tierra de Pandora, unos eran muy habladores, otros no — tu pulgar acarició el dorso de la mano de Lo'ak con disimulo.
---- Y es necesario mandarlo a todas las bases.
Asentiste sonriendo para mostar los dientes.
— Deben asegurarse de no perderlo, haz destruido varias y lo más seguro es que no quieran que elimines este gran avance para los humanos. Además, los científicos son presumidos y les gusta demostrar su conocimiento a los demás — tus ojos miraron unos segundos a Norm quien frunció su ceño ante tus palabras — sin ofender.
---- De alguna forma, sé que me estas ocultando algo — señaló el na'vi de forma acusatoria.
---- No importa qué haga o qué diga siempre vas a pensar eso — le restaste importancia con tono aburrido — Soy una humana después de todo y tú sabes lo mierda que podemos llegar a ser ya que fuiste uno.
Sus ojos se abrieron con sorpresa ante tus palabras y el ambiente incómodo rodeó la base. Ni Norm, ni trenzas dijeron nada. Solo vieron la pequeña discusión en silencio.
---- Tú te vas a unir a las redadas te guste o no, debes de hacer algo para poder quedarte aquí.
-----Si, si, pero ahora no que estoy estresada. Además, estoy segura de que Lo'ak tiene hambre.
Su cuerpo brincó ante la mención de su persona y con rapidez negó aunque su estómago exclamara lo contrario exponiéndolo a los otros tres.
---- Tal vez solo queremos... ¿una fruta?
Su estómago volvió a gruñir y tú fuiste directo a la alacena para robar porciones de frutas.
----¿Qué? ---- soltó el científico con tono molesto — puedes dejar de robar mi maldita alacena.
---- No seas egoísta ---- cuando te diste media vuelta con varias frutas en tus brazos te encontraste con Lo'ak quien no hizo ni un ruido provocando que brincaras del susto — ¿estas son suficientes?
Lo'ak se encogió de hombros enviando miradas hacia las otras personas sin darse vuelta. No quería comer frente a ellos, lo sabías bien.
Al menos tardaría un poco en hacerlo después del incidente de ayer.
— ¿Tal vez quieras comer en la habitación...?
Él asintió y tus pasos no dudaron en ir a donde estaban encerrados para dejar las frutas en la cama. Loak se sentó, comenzando a comer sin pensarlo al menos hasta que vio que estabas por dejar el cuarto. Su mano se aferró a tu muñeca con fuerza y sus ojos desesperados cuestionaron a dónde ibas.
— Tigresito, aunque sean muchas frutas tú y yo sabemos que eso no te llenara ni un poquito — señalaste con diversión — solo voy a preparar algo más pesado para tu estómago, estaré afuera. Solo asómate y vendré.
— Yo no quiero estar solo aquí...
— Solo estaré afuera, podemos dejar la puerta abierta y puedes asomarte cuando quieras.
Con inseguridad asintió, sus dedos te dejaron ir y finalmente tú pudiste ir directo a la cocina para comenzar a preparar lo que sea que encontraras. Mientras te movías y robabas alimentos podías sentir la mirada insistentes de los otros... Una melancolía que conocías bien después de convivir cierto tiempo con ellos fue percibido por tus sentidos.
---- Habla ya, rastas.
---- Es Lo'ak.
Tus manos se detuvieron por un segundo, sin emabrgo, disimulaste y seguiste cortando las extrañas verduras.
— ¿Qué sucede con él?
----No puede seguir así... ---- murmuró sin mirarte ----- el olo'eyktan acepta que Lo'ak se quede, yo y su familia hemos aumentado nuestro tiempo de trabajo en la aldea para que él no deba hacerlo... Pero, el debe convivir con la aldea para ser parte de ella.
---- Y ese quién se cree o qué ---- preguntaste molesta cortando con más brusquedad.
-----Es el líder de la aldea ---- explicó Norm con seriedad — es quien da las órdenes y ve por el pueblo.
----- No lo entiendo, ¿porqué Lo'ak no puede seguir así? — miraste a rastas con frustración — ustedes están dando alimentos por él, están recolectando, lo están apoyando.
Rastas miró hacia la puerta de la habitación dejando escapar un suspiro mientras te daba la espalda. La mirada de trenzas perforaba tu cabeza llenándote de enojo, como si gritara que todo esto es tu culpa... Hasta que miraste a Norm y este te observaba con una mirada que no podías entender del todo.
Al menos hasta que su entrecejo se arrugó y sus ojos huyeron de tu mirada...
Lástima... Te había mirado con lástima.
— No se trata de Lo'ak, ¿verdad? — señalaste mirando la tabla de cortar — Se trata de mi... Yo soy el problema.
Jake te miró con ojos en conflicto, como si las palabras que estaban por salir de su boca fueran un puñal a su propio corazón.
---- Los metkayina son tranquilos... No les agrada el conflicto y prefieren resolver las cosas de forma pacífica — sus hombros se tensaron y sus palabras temblaron en un pequeño jadeo — Tú y Lo'ak son un constante conflicto. Han estado al tanto de todo, desde los incidentes que provoca en la aldea, hasta sus colapsos a puerta cerrada... Todos y cada uno de ellos.
Te diste media vuelta tirando todas las verduras a la olla sin atreverte a girar y mirarlos.
— Y despues estás tú. Una indeseada que camina entre los aldeanos con un arma de fuego — mordiste tu mejilla interna al oír la voz de trenzas —Los metkayina saben que los humanos son un ser cruel, que está dispuesto a hacer lo que sea con tal de obtener lo que ellos quieres... Nadie te quiere aquí.
"Una niña que ni siquiera sus padres pudieron amar"
Cerraste tus ojos con fuerza, meneando el caldo aunque no sirviera de nada.
----No me importa ---- soltaste de golpe sin darte vuelta para que ninguno de ellos puediera ver un rastro de debilidad en tus ojos ---- es más, dile a ese tal oloeyktan que no me importa. Aprenderé a cazar, haré horas extras de pesca, aprenderé a hacer lo que sea que ellos hacen y lo haré mejor que todos ustedes.
Fue tu frustración la que habló, un vómito de promesas por la única posibilidad de mantener el deseo de Lo'ak y demostrar... Ni siquiera sabes qué quieres demostrar.
----- Ese no es el caso-
----¡PERO!... A Lo'ak va a dejarlo ser y le dará su tiempo para que se acostumbre al clan — te diste media vuelta, mirando directo a los iris de rastas — Si ese hombre es sabio debe tener un poco de empatia por el hijo de un amigo. Está poniendo todo el esfuerzo que puede acumular en volver a ser el de antes... Solo que toma tiempo.
Esta vez trenzas se metió a la conversación.
----Aunque sea muy valiente de tu parte ---- tus ojos miraron como dagas al muchacho, esperando a que abriera la boca y no dijera una idiotez que te haga rabiar ---- hay limitaciones que tu cuerpo humano te deja en este mundo, un ejemplo sería el respirar.
Reíste ante eso.
----- Con está máscara puedo estar mucho más tiempo debajo del agua que todos ustedes -----. Señalaste metiendo un gran trozo de carne desconocida a tu caldo extraño — Soy buena peleando, sé usar un arma, sé pescar, sé sobrevivir en un bosque con cosas que este mismo me proporciene, aprendo rapido a lo que sea que quieran mostrarme. ¿Qué limitaciones ves?
----Para ser uno de ellos debes aprender sobre Eywa ---- interrumpió Jake tu discurso.
Tu entrecejo se arrugó y tus manos se recargaron contra la mesa.
---- Ahí es donde te estás equivocando — señalaste sin alejar tus pupilas de sus iris — yo no quiero volverme uno de ustedes. Solo quiero aportar a la isla para que Lo'ak pueda quedarse. Soy una humana indeseada, no veo por qué querrían volverme uno de ellos.
Las tres personas ajenas a ti guardaron silencio.
----Debes aprender el idioma, las costumbres, debes RESPETAR a Eywa.
— No veo necesario unirme a su delirio colectivo, solo Lo'ak debe-
Un ruidoso y duro golpe azotó contra la mesa y la voz furica de Jake se elevó por encima de todos.
— ¿¡POR QUÉ SIMPLEMENTE NO PUEDES ESCUCHAR-!?
Tu cuerpo se paralizó y Norm quien estaba sentado se levantó para ponerse entre tú y aquel avatar que estaba lleno de frustración.
— Jake —.llamó con voz baja — Debes calmarte...
—¡Estamos hablando de MI hijo! y lamentablemente la única forma de que Lo'ak esté tranquilo y decida seguir adelante es con tu maldita presencia — sus iris te culparon y aquello te hizo sentir frustrada por la necesidad de borrar el dolor en tu pecho — Estoy tolerándote y siendo paciente por esa única razón, pero tu terquedad comienza a sacarme de quicio y si la única forma de que mi hijo siga adelante es obligándote a seguir órdenes no me tocaré el corazón. ¡Así que obedeces o-
Tu mano fue tomada con fuerza y de repente ya estabas detrás de la enorme espalda de Lo'ak quien te obligaba a dar pasos hacia atrás para alejarte de su progenitor.
— Hijo...
— Hermano, esto no- papá no iba a hacerle daño, ¿si?
El muchacho seguía alejándose y cuando te encontraste con los ojos destrozados de aquel padre te frustraste al sentir culpa por su estado.
Tal vez eras demasiado indulgencia porque podías ver que ellos también hacían todo por Lo'ak, por su hijo...
Solo era un padre deseando proteger a su bebé de los peligros.
— Está bien, Lo'ak — aclaraste sin apartar tus pupilas de aquel hombre desolado — Lo llevé al límite y por eso reaccionó así, fue mi culpa.
Siempre es tu culpa.
Lo'ak se agachó con lentitud, sin apartar sus ojos de su padre. Una vez que se aseguró que no se acercarían se giró para revisar tu cuerpo en busca de heridas, sus manos tomaron tus mejillas y sus pupilas intentaron encontrar el dolor que las palabras de su padre causaban.
Él sabía a la perfección cuánto podrían destruir.
— Está bien, Lo'ak — aseguraste con una pequeña sonrisa.
Sus dedos intentaron limpiar lágrimas que no estaban ahí y cuando sus propios ojos estaban por llenarse de lágrimas sabías que esto había traído un recuerdo que probablemente no era de su agrado. Tus dedos tocaron sus mejillas y tu frente se junto a la de él.
— Estoy bien, tigresito.
Sus cejas se alzaron y sus iris dorados finalmente volvieron a ti entendiendo tu palabras. Tus ojos volvieron a rastas quien se veía con una expresión contrariada, la duda inundaba sus facciones y a pesar de que con solo una palabra podrías destruirlo simplemente aceptaste lo que querían que hicieras.
Lo'ak tenía personas que lo amaban y quitárselas por un simple capricho tuyo sería estúpido y egoísta de tu parte.
Estabas empujando a Lo'ak para que saliera del pozo de inmundicia al que fue lanzado, no importaba si en el camino tú te quedabas ahí.
---- Bien, bien, aprenderé todo sobre Eywa y sus ritos...
La tensión se fue poco a poco y el silencio volvió a ser incómodo.
---- Le informaré al olo'eyktan... — Avisó rastas mientras miraba al suelo — Solo, asegurate de respetar cada regla que te den, ¿bien?
Asintiste sin decir palabra alguna. Te aferraste al agarre de Lo'ak cuando este tomó tu mano, concentrándote en su cola enredándose en tu muslo.
Un suspiro escapó de tus labios mientras te acercabas a la olla que ya estaba hirviendo para apagar el fuego. Serviste un plato de comida para ti extendiéndolo a Lo'ak quien no tardó en tomarlo. Tú tomaste la olla con los bordes de la camisa de Norm y sin mirar atrás ambos se metieron a la habitación para descansar de todo lo que aquellos tres representaban.
Un estrés constante que no se podía ignorar.
No titubeaste al sentarte en el suelo y comenzar a comer. Al menos hasta que la mirada fija de Lo'ak se volvió un impedimento a la tranquilidad de una comida.
Te forzaste a mirarlo con ojos serios, evitando mostrar el cansancio ante su interrogativa a tu sentir.
---- ¿Por qué te grito? ---- cuestionó en voz baja.
Metiste una cucharada de comida a tu boca y tragaste con dificultad.
---- Sabes que soy enfadosa. Creo que tu papá no es muy paciente.
El na'vi te miró sin creerte ni un poco de lo que salía de tu boca, sus orejas se agacharon y su estómago gruñó ante el olor de la comida que habías preparado.
No querías mentirle a Lo'ak, pero tampoco querías que se rindiera porque simplemente tú no eras aceptada.
— Solo... Me puse un tanto tonta acerca de su diosa y sus costumbres — aclaraste revolviendo tu comida — a veces olvido que Eywa es demasiado importante para algunos clanes.
Su cuerpo se removió incómodo y con manos temblorosas comenzó a alimentarse a si mismo con el enorme cucharón.
— Si... Bueno, es fácil de entender si los ves con mente abierta — tosió un poco al atragantarse con el caldo — Puedo ayudarte... Podemos aprender juntos.
Sonreíste con cariño.
— Por eso eres mi persona favorita.
Sus mejillas se volvieron rojas y sus ojos miraron a otro lado intentando evitar la vergüenza que tus palabras le causaron. Tu risa lo hizo sentir mucha más pena y su map fue directo a cubrir tu boca para dejar de escucharte.
— T-tú... Ay, ya cállate.
No lograba entender del todo o al menos no quería hacerlo.
No podía soportar el recuerdo de la mirada aterrada de Lo'ak volviendo a su mente una y otra vez, no podía con la culpa que sintió cuando su hijo decidió volver a la habitación contigo en lugar de quedarse a convivir con ellos.
Jake sabía las razones del por qué su hijo eligiría a tu persona por encima de ellos. Conocía las consecuencias de un secuestro y también podía intuir qué cosas había sufrido su hijo en aquel lugar, pues sabía que los humanos eran crueles, egoístas y buscarían cualquier forma de llegar a lo que necesitaban.
Lo'ak y tú habían pasado por cosas que solo lograron superar juntos, situaciones donde solo se tuvieron el uno al otro forzando un vínculo demasiado fuerte muy difícil de superar... Se habían aferrado a lo único que intentó comprenderlos después de una situación traumatica y para su mala suerte habías sido tú la que estuvo al lado de Lo'ak cuando más lo necesitó...
Su hijo no estaba bien.
Era claro para todo mundo, incluso para los que en ningún momento fueron cercanos a Lo'ak.
Sabía que tú no eras la causante del alejamiento de Lo'ak, sabía que no era tu culpa que él te siguiera cuál cachorro y no le molestaría esta situación de tu persona ayudando a su hijo de no ser porque él podía ver que tú tampoco estabas bien... Tu mirada insistente en su hijo como si temieras que desapareciera cuando bajaras la guardia, tus manos necesitadas de contacto físico para asegurarte que todo estaba bien... La extrema protección que ejercías sobre él y como siempre estabas dispuesta a saltar a quien sea cuando se trataba de Lo'ak era una señal que está relación en un futuro sería más perjudicial para ambos.
Tu autosacrifio con tal de mantener la paz de su hijo era preocupante.
---- Tal vez te pasaste un poco con tus palabras —señaló Norm dando un sorbo a su café.
Jake soltó un pesado suspiro, tallando su rostro con fuerza mientras miraba al suelo.
—Ya sé...Es tan terca, no quiere escuchar.
— Tal vez no quiere escuchar porque siempre la están atacando — el científico soltó un suspiro — las veces que he estado en una habitación con ella y ustedes dos pareciera que quieren arrancarle la cabeza.
— ¿De qué lado estás? — recriminó Jake.
— Amigo, vamos. Sabes que no te sentirías culpable sino estuvieras siendo cruel. Es una chiquilla con un enorme peso encima.
— Ella tampoco pone de su parte... — murmuró Neteyam jugando con su cordón musical — Nos mira como si estuviéramos por debajo de ella.
— Debe estar abrumada por todo... Si quieres que la relación sea más llevadera tienen que poner de su parte, recuerden que Lo'ak la necesita... Así que la tendrán a su lado por un largo tiempo.
Después de esas palabras la habitación quedó en un silencio incómodo y los tres hombres se quedaron quietos pensando en todo lo que estaba por venir.
Esperaron hasta que ellos se fueron para intentar volver a salir del cuarto. Tu oreja estaba contra la puerta y Lo'ak quien tenía su oreja pegada a la pared sonrió divertido al ver tu expresión de concentración.
---- De lo que sea que te estes burlando, tú estas haciendo lo mismo.
Su sonrisa se volvió burlesca.
— Si, pero en ti se ve más tonto.
— Chinga tu cola.
Soltó una pequeña risa alejándose del muro para tomar el conjunto rosa que había escogido para que te lo pusieras.
---- Dijiste que te lo pondrías ----. Recordó Lo'ak cuando te giraste a mirarlo.
Soltaste un suspiro con una expresión dramática. Te acercaste a él y tomaste las prendas comenzando a desvestirte para ponerte los trozos de tela con decoraciones rosas. Arrumbaste la ropa a la esquina del cuarto y acomodaste el conjunto contra tu piel.
Todo perfecto.
— Listo, ¿Quieres salir o quedarte?
Sus iris dorados se concentraron en la forma que las prendas abrazaban tu cuerpo de forma perfecta. Las conchas que había puesto colgaban con delicadeza y danzaban a los pequeños movimientos de tu cuerpo y de alguna forma fue consciente del contraste de tu piel con el color rosado de las piedras.
Tu belleza era tan distinta a la que conocía que no podía apartar la mirada por la curiosidad de ver algo nuevo.
¿Alguna vez prestó real atención a tu persona? No lo recuerda, pero ahora mismo te veías tan hermosa en colores rosados que simplemente no podía dejar de hacerlo.
— ¿Tigresito?
Parpadeó con rapidez levantándose con pasos torpes del suelo para sonreírte nervioso, pues por un momento se perdió.
— S-si. Nadar, si ¡wu!
Tu expresión extrañada lo hizo sentir vergüenza por él mismo y rápidamente rascó detrás de su oreja con el rostro rojo.
— Solo... Solo vayamos a nadar.
En el camino hacia la playa Lo'ak no apartó la mirada de tu espalda y sus dedos buscaron cualquier forma de tocar los tuyos. Su corazón se aceleró cuando no dudaste en entrelazar tus dedos con los suyos y una pequeña sonrisa victoriosa apareció en su rostro.
Por alguna razón, la atención de alguien tan bonita como tú lo hacía sentir atractivo, algo que hace tiempo había dejado de creer.
Una vez cerca de las piscinas naturales dejaste ir la mano de Lo'ak quien avanzó hacia el mar sin dudarlo. Lo viste alejarse con su vestido blanco improvisado mientras te sentabas en la arena, tus manos pusieron tu arma encima de tus muslos, después tus dedos se enterraron en la arena dorada para entretenerte y cuando volviste a concentrar la mirada en tu amigo notaste un ligero cambio de actitud.
Uno tan pequeño, pero obvio para ti que te hizo alzar una ceja.
Por alguna razón fuiste capaz de notar cómo la cola de Lo'ak se movía con lentitud formando una extraña curva en la punta. Su espalda descubierta que había estado siendo protegida por su cabello esta vez estaba totalmente a la vista y sus ojos amarillos te miraban con algo que no sabías cómo llamarlo.
Pareciera que esta vez el dorado de sus ojos brillaban cual estrellas y te era imposible apartar la mirada de sus pupilas.
Finalmente él se adentró al mar y te quedaste ahí sin saber qué había ocurrido exactamente.
Su idea de diversión fue buscar más piedras y conchas que queden perfectas contigo, por el simple hecho de que deseaba hacerte un nuevo conjunto. Recogió cualquier cosa que le llamara la atención y lo dejó encima de una roca para luego llevártelas. Ni siquiera pensó que sus acciones tranquilas serían interrumpidas, no había notado desde cuándo o de dónde pero ella llegó.
Llegó robándose toda su atención y obligando a su cabeza a mantenerse centrado en su belleza eterea y conocida, aquella que ya se había vuelto inalcanzable debido a su situación.
La Na'vi nadó hacia él con movimientos fluidos, su cabello rizado se movía con gracia debido a la suave marea que la acompañaba y aquellos ojos azules lo hechizaban llevándolo a un mundo utópico donde solo existía la tranquilidad y paz que ella emanaba. Su mirada dulce y refrescante se hundió en sus memorias y clamó su corazón cual promesa que residia en el mar.
Lo'ak la siguió de cerca concentrándose en el juego que tenían cada que se reunían, una pequeña danza entre los animales y vegetación volviéndose un sueño fantasioso y lejano.
Vivió en el encierro de su dañada mente tanto como la realidad se lo permitió. Jugó con las burbujas que se esfumaron en segundos imaginando que era acompañado por la bella princesa del mar. Recogió cada concha que ella señalaba, adorando cada piedra que a los ojos de su imaginación era entregada por ella. Volvió a convencer a su cabeza que todo seguía siendo igual y que aquella metkayina disfrutaba su compañía sin importar el pasado cruel al cual fue entregado.
Tal vez finalmente Eywa había sido misericordiosa y escuchó sus suplicantes plegarias para un nuevo comienzo donde solo ella era necesaria.
Tsireya nadó a su alrededor siendo acompañada por pequeños y brillantes peces dorados. Sus lunares blancos que se iluminaban con pureza se confundían con perlas preciosas, unas que debían ser guardadas en un cofre y ser apreciadas como algo bendito. Sus pequeñas y cariñosas manos rozaron con suavidad sus mejillas mientras una hermosa sonrisa decoraba su rostro. Ella se alejó y Lo'ak la siguió sin pensarlo, tal como si estuviera hipnotizado a una belleza que no podía ser tocada, al menos no por sus sucias manos.
Fue agradable.
Le encantó cómo ella aceptó llevarlo a un tranquilo recorrido por todo el océano para la recolección de objetos preciosos.
Enormes caracolas, bonitas piedras brillantes, trozos de conchas de distintos colores y preciosas flores marinas.
Cada tanto salía a la superficie, dejando todo lo que tomaba en una roca que poco a poco se iba llenando de todo lo que le agradaba.
Tsireya siempre volvía a atraerlo al mar para seguir con su paseo romántico.
Tocó sus manos, acarició sus mejillas y miró directo a sus pupilas con sus enormes iris azules mientras sonreía. Cuando volvió a salir esta vez ella ya no volvió por él y Lo'ak regresó a la orilla ante su ausencia, sus manos se llenaron de todos los objetos que recolectó y al llegar a tu lado dejó que todo cayera en la arena frente a ti.
— ¿Te divertiste? — cuestionaste con una sonrisa.
Asintió tomando la enorme caracola para ponerla en su oído y escuchar el mar en ella.
— ¿Vamos a hacer las camas?
Soltaste un suspiro mientras te dejabas caer contra la arena de forma dramática.
— ¿Cómo no puedes ver que me estas matando? — bromeaste colocando una mano en tu frente.
Lo'ak sonrió pegando la caracola a tu oreja causando que tu cuerpo saltara por el sonido repentino del océano contra tu oído. Dejaste ir un suspiro para tomar la enorme caracola de sus manos y acariciar los bordes lisos de esta misma.
— ¿Qué cosas necesitamos?
Lo'ak sonrió emocionado, tomando tu mano para guiarte al bosque y buscar todo lo que necesitaban. De todos modos, debías aprender todas estas cosas si querías que permitieran a Lo'ak quedarse.
A D V E R T E N C I A.
contenido sexual explícito, ab/so sexual, enfermedades mentales, muertes, sangre, adicción, drogas, canibalismo.
•|•|•|•|•|•|•|•|•|••||•|•
Capitulo 1.
https://www.tumblr.com/yuzuyom/771055584661422080/a-d-v-e-r-t-e-n-c-i-a?source=share
Capitulo 12.
https://www.tumblr.com/yuzuyom/785825305338183680/post-by-yuzuyom-1-image?source=share
•|•|••|•|•|•|•|•|•|•|•|•|•|•|•
13. Todo es por ti.
Pasó más de una semana donde Lo'ak estuvo ocupado haciendo tu traje sin parar y no te molestaba que pusiera tanto empeño aenalgo que hacía con cariño para ti... sin embargo, casi no salió del refugio, ni siquiera por la noche cuando no había nadie en la playa y no comería a menos que lo obligaras a dejar al traje de lado, lo cual era sorprendente pues su ansiedad por comer no desaparecería de la noche a la mañana y su estómago proclamando por alimento era la prueba de ello.
Podrías haber estado orgullosa de él, feliz por verlo controlarse con la comida de no ser porque pronto notaste que algo estaba mal y este nuevo interes en crear algo se convirtió en una obsesión.
Su hora de comida y sueño se vieron afectadas por la necesidad de no detenerse.
Casi le metías la comida a la fuerza por día para no dejarlo desnutrirse.
Hubo veces donde peleó, pataleó y golpeó con su cola tu rostro. También estabas segura de que te insultó en su idioma natal en algún momento de sus pequeños arrebatos. Te forzabas a ignorar su actitud grosera e intentabas regular tu rabia dando un golpecito con tus dedos en su frente para que controle sus berrinches, aunque siempre terminabas ganándote un siseo.
A veces escapabas de aquel lugar para ir al laboratorio de Norm y Lo'ak parecía no notarlo... Estaba demasiado concentrado en su cabeza que no era capaz de ver a su alrededor. Nunca tardabas más de lo necesario, pues temías que en el corto lapso de tu ausencia alguien dediciera cruzar un límite. Si pudieras, ni siquiera pensarías en dejar su lado, pero conforme el día pasaba y tu cabeza era incapaz de ignorar el sonido de las olas te volvías irritante, el temor te llenaba y necesitabas alejarte aunque sea una hora.
El científico ya estaba harto de ti y de tu nula preocupación por su enojo a tus asaltos de su alacena.
Pareciera que siempre serías un problema a donde sea que fueras, sin emabrgo, lo tomabas como un juego.
Escalaste la red para llegar a la entrada y cuando te adentraste al pequeño refugio saludaste a tu amigo con una sonrisa en rostro mientras acomodabas el arma en tu hombro.
---- Hola, Lo'ak.
Ni siquiera te miró y al acercaste notaste un gran número de conchas esparcidas en el suelo de su alrededor. Sus iris dorados estaban concentrados en todos los objetos preciosos eligiendo la que más le gustase de todas.
Un suspiro escapó de tus labios mientras te sentabas a su lado para ver con interés las conchas que llamaban su atención. Acercaste los dedos con cuidado, tomando un pequeño caparazón con tonos rosados, sus pupilas siguieron el movimiento de tus manos sin parpadear en ningún momento.
---- Me gusta el color rosa y esta se vería bastante bonita en el traje.
El muchacho ladeó la cabeza con curiosidad tomándola de tus manos para comenzar a atarla al top provocando que tu corazón se apretara contra tu pecho ante la nula comunicación.
Una regresión que no sabías que la desató.
----¿Ya casi acabas? ---- preguntaste tomando una piedra color azul ---. Hoy vas a salir a que te toque el agua. No te has bañado en una semana, cochino.
----Kehe 'ampi ---- soltó con su ceño fruncido mientras te quitaba la piedrita de las manos.
A veces olvidabas este pequeño detalle... Había comenzado a hablarte en su idioma natal y por más que le dijeras que no entendías ni una palabra, él parecía ignorarlo.
Lo único que podías identificar era una palabra. Una que siempre estaba repitiendo sin detenerse, una que se deslizaba de sus labios con naturalidad.
"Tsireya"
Era un mantra, un llamado, un nuevo apodo que te había otorgado en esta semana. No te molestaba, ni siquiera sabías lo que significaba y de todos modos él no te daría una respuesta en su estado actual.
-----Oye tigresito, te he dicho que no te entiendo.
Le recordaste picando su mejilla tratando de molestarlo y traerlo de vuelta a tu lado.
---- Rä'ä tsakem ----. Exclamó dando manotazos para alejar tu mano.
Te diste por vencida sintiendo un poco de frustración ante el nulo conocimiento de lo que hablaba.
Te levantaste de tu lugar y te alejaste de él para sentarte en la entrada de la casa y ver hacia los pueblerinos. Una manía que habías tomado cuando estabas con Lo'ak... Era más fácil mirar a los demás y no pensar en lo que sucedía con tu amigo.
Era entretenido.
Tus personas favoritas para ver eran los niños que jugueteaban de un lado a otro sin preocupación, te llevaba a recuerdos tranquilos de tu pasado donde corrías por las calles empedradas de tu colonia junto a los otros niños... A veces tus ojos se encontraban con los de rastas quien te vigilaba de lejos y cuando sus miradas se encontraban ni siquiera trataba de disimular su desconfianza. En otras ocasiones la voz chillona de una na'vi gritaba el nombre de trenzas tan fuerte que de forma inconsciente tu vista iba hacia ellos.
La menor parecía insistir en acercarse hacia acá y trenzas se negaba llevando su atención en tu dirección con expresión seria.
Sus ojos te recordaban tanto a la na'vi del bosque... Aquella que te miraba con odio, culpándote de todo lo malo que pasa alrededor de su hijo, acusándote con la mirada de la perdición de su familia y aquello te sacaba de quicio y la única manera que encontrabas para liberar tu frustración era arrugar la nariz como una niña y sacarles la lengua en un batalla infantil.
Nunca hacías nada perjudicial.
Tus ojos vagaron hacia la orilla del mar cuando una mirada insistinte comenzaba a atravesar tu pecho. Tus pupilas se encontraron con unos suaves iris color azul que se habían vuelto comunes en tu día. Nunca podías apartar tu mirada de ella cuando notabas su presencia... Siempre estaba ahí. A la misma hora, en el mismo lugar, con la misma expresión.
Sus grandes ojos melancólicos buscaban los tuyos con una suplica incomprendida. Hasta que tus ojos se volvían demasiado y sus pupilas huían de tu fija mirada.
Era extraña la situación que tiende a formarse frente a tus ojos. Trenzas aparecía llevándola lejos de tu vista y ella lo seguía con pasos dudosos. Sus ojos se volvían tan rojos e hinchados que te dejaban en claro que lloraría en cualquier momento.
No eras idiota.
Sabías que la na'vi era algo del chico que ahora estaba reacio a cualquier contacto con su gente y las miradas que lanzaba en esta dirección eran su esperanza por alguna espacie de oportunidad con tu amigo herido.
Fue a la misma hora de siempre que trenzas llegó con ella y le susurró palabras que seguramente destrozaron a la muchacha pues sus ojos se achicaron y su cabeza se ladeó mientras sus hombros se levantaban dejándote en claro que se estaba quebrando. Otra chica llegó guiando a la na'vi para alejarla de tu vista, la muchacha miraba suplicante a trenzas y él solo apretaba los puños demostrando su impotencia.
Su mirada seria y penetrante en tu dirección te hizo rodar los ojos.
El muchacho comenzó a venir hacia ti y aquello te hizo ponerte derecha. Tus manos fueron al arma que descansaba en tus piernas preparándote para la batalla que iba a comenzar pues estabas dispuesta a pelear cual perro rabioso.
Cuando él estuvo frente a ti ni siquiera te dirigió la palabra y asomó su cabeza por la entrada.
----Hey, hermano.
Lo'ak saltó del susto girando rápidamente con sus orejas en alto debido a la repentina aparición. Su cola se enrolló en su muslo intentando formar una barrera de protección que solo tú entendías y la cual te hizo actuar en segundos.
----Hey, trenzas ----. Saludaste con tono aburrido.
El muchacho te miró mal y eso solo hizo que también le hicieras una mueca de fastidio.
----¿Cuándo piensas dejarlo salir? ---- preguntó sin mirarte.
Reíste.
¿Enserio pensaban que tú le prohibías salir? Era ridículo cómo estos tipos querían hacerte la mala de la situación.
----No lo tengo encadenado ---- el muchacho de trenzas te miró ---- él no quiere salir, ¿Tú crees que quiero tenerlo aquí para que sea solo mio?
---- Ni siquiera está saliendo por las noches como le dijiste a Norm que lo haría.
Chasqueaste los dientes mientras tu mano comenzaba a masajear tu sien para desaparecer el estrés.
Mitotero.
----¿Me están vigilando o qué? Es del doble de mi tamaño, no lo puedo arrastrar fuera de esta cosa ---- trenzas estaba a punto de replicar, sin embargo, no dejaste que hablara ----. Ni siquiera habla inglés, solo habla en su idioma y sigue diciendo "Tisireya" para todo.
Las orejas de trenzas se movieron atentas y por primera vez no había una expresión de enojo al mirarte provocando que la desconfianza surgiera en tu pecho.
----¿Qué? ---- se acercó más a ti ---- ¿Qué dijiste?
Tus ojos comenzaron a vagar por todos lados cuando su cara estaba cada vez más y más cerca.
---- Tsireya.
El muchacho miró a la lejanía, fuera del mauri y aquella fue tu oportunidad para llevar tu atención a Lo'ak quién se estaba acercando a ustedes sin hacer ningún sonido, de forma tan lenta que hizo tus vellos erizarse al sentir un peligro por la actitud qué estaba demostrando.
Su mirada amarilla estaba atenta a su hermano... Tan fija e inmóvil que te recordó el día en el que cazó a todos esos soldados bajo el efecto de la droga.
El sonido de huesos siendo destrozados llegaron a tus recuerdos, los gritos de ayuda llenaron el lugar, el olor a muerte torturó tu nariz y tu cuerpo se paralizó ante el recuerdo de él intentando devorarte... De sus colmillos perforando tu piel.
Lo'ak se estaba preparando para atacar, podías verlo en la forma que pequeñas gotas de saliva caían por la orillas de sus labios, podías sentirlo por la forma en la que había dejado de parpadear para no perder a su presa.
Cuando Lo'ak hizo el ademán de querer saltar hacia su hermano tus manos se movieron en segundos empujando a trenzas sin dudarlo para evitar el ataque. Este se aferró a los bordes de la entrada para no rodar por las redes que se unían a los demás hogares.
----¿¡Pero q-
Lo'ak parpadeó extrañado saliendo de su trance al ver cómo su hermano casi caía por tu empujón.
----¿¡Qué crees que haces!?---- exclamó trenzas con rabia sosteniendo con fuerza tu brazo para evitar caer.
Alzaste los hombros atrayéndolo a ti para que se enderezara. No iba a doler si caía de todos modos.
---- Es que te veías tan tonto que me dieron ganas de asustarte — te excusaste sin esfuerzo.
Trenzas te miró mal.
----Enserio, ustedes son como hablar con un estúpido insecto sin cabeza ---- te insultó para después mirar a Lo'ak.
Este ya estaba sentado a tu lado jugando con tus dedos mientras miraba fijamente a su hermano.
--- ¿Cuándo piensas que le tomara salir?---- preguntó trenzas mirando a su hermano entretenido con tu mano.
----- Ya casi acaba.
----¿Qué?
---- El traje, quiere que lo acompañe a nadar pero es incómodo el pantalón así que está haciendo algo para mí y por eso no quiere salir.
El mayor abrió sus ojos mirando en dirección a las cosas regadas que tenía Lo'ak en su rincón.
---- Él... ¿Él te está haciendo algo? ---- preguntó su hermano con cuidado mirando entre tú y Lo'ak.
Hiciste una mueca de sospecha sin entender por qué de repente sus hombros se habían puesto tensos.
---¿Ajá...?
Asintió mirando fuera del Mauri con ojos perdidos, después de unos segundos solo soltó un suspiro cansado.
----Bien, solo apresurate o lo que sea ---- ordenó provocando que le dirigieras una mirada extrañada. Luego miró a Lo'ak con una ligera sonrisa ---- Adiós, hermanito.
Y sin más se fue.
Fue la primera conversación normal que habían tenido desde que se conocieron.
Lo'ak se alejó de ti cuando su hermano salió de la casa, volviendo a hundirse en su actividad favorita de la semana y tú simplemente fuiste a recostarte a su lado, esperando con paciencia a que él terminara.
Fue al anochecer cuando unas manos te removieron con brusquedad causando que tus ojos se abrieran de golpe, tus manos levantaron el arma y apuntaste detrás de Lo'ak sin pensar encontrándote con la nada en medio de la oscuridad.
Tu corazón bombeaba con exageración y tu amigo quién estaba frente a ti te miró con ojos abiertos debido a la sorpresa por tu repentino movimiento.
-----Puta madre, Lo'ak ---- bajaste el arma intentando regular tu respiración ---- No me levantes así, Dios.
El muchacho parpadeó varias veces asíntiendo mientras levantaba hacia ti lo que llevaba en las manos. Tus manos lo tomaron con cuidado, sonriendo al elevarlo y ver los detalles de los tejidos, las piedras y conchas colgando además de la fuerte estructura de las copas.
---- Es precioso — halagaste ganándote un apenas perceptible ronroneo de su parte —¿Me lo pongo ya?, ¿Quieres ir a nadar?
Lo'ak asintió con entusiasmo llevando sus manos a tu blusa para levantarla con emoción en su rostro. Lo ayudaste alzando tus brazos y después te quitaste tu top deportivo para ponerte la prenda superior hecha por Lo'ak, la cual formaba una x en tu pecho. Sostenía con fuerza tus senos para que no se movieran por todos lados y agradeciste que escuchara tu pedido.
La concha que le habías entregado decoraba en medio de la prenda y eso te hizo sonreír.
Te quitaste la botas, después el pantalón y finalmente tu ropa interior para ponerte el calzoncillo qué Lo'ak había hecho.
---- Níwin, níwin ---- exclamó el muchacho jalando de tu mano.
----¿Te vas a ir así? ----- preguntaste observando el pantalón militar.
El muchacho ni siquiera respondió, al parecer la emoción de llegar pronto al mar estaba siendo demasiado para él y de todos modos, no creías que tuviera la fuerza de estar en paños menores ante el público.
Lo'ak te arrastró con una enorme sonrisa.
Recorrieron los caminos y pasaron por enfrente del mauri común para alejarse del pueblo y llegar a la orilla mas apartada de los metkayina. Aquel lugar donde había piscinas de rocas naturales.
Sabías que habías prometido algo, sabías que Lo'ak se esforzó por la promesa que habías hecho, sin embargo, no pudiste evitar paralizarte cuando tus pies se mojaron gracias a las pequeñas y tranquilas olas que desaparecían en la orilla. Lo'ak te miraba con el agua encima de sus caderas y tu cuerpo no encontraba la voluntad de moverse más allá de por encima de tus rodillas.
El pánico rodeaba todo tu cuerpo y por más que intentabas regular tu respiración no podías evitar que pensamientos crueles llegaran a tu cabeza.
En otros días fue fácil adentrarse porque lo hacían para sobrevivir, ahora mismo tenías la opción de negarte y mantenerte en la arena donde estabas segura de todos aquellos peligros que habitaban en las profundidades... Pero la mirada de Lo'ak expresaba tanta emoción que no podías simplemente rendirte y decirle no, pero tus piernas no estaban respondiendo y en la lejanía la voz de tu madre comenzaba a llamarte.
Y Lo'ak pareció notar tu duda pues en poco tiempo ya estaba frente a ti, agachado a tu altura con una expresión preocupada.
— Yo... Yo no creo poder hacerlo.
Sus iris amarillos buscaron tus ojos perdidos y sus manos tomaron las tuyas para llevarlas a su pecho. Cuestionando con sus enormes ojos qué es lo que te estaba agobiando.
No encontraste palabras para responder aquello.
Lo'ak dio un ligero apretón a tus manos para no perderte. Sus dedos tomaron la parte baja de tu máscara y con suavidad te obligó a mirarlo.
Su propia máscara se pegó al vidrio de la tuya en un ligero toque y con lentitud se levantó sin alejar el contactp a tus manos. Comenzó a dar pequeños pasos hacia atrás sin alejar sus pupilas de tus ojos, sin permitirte ver el inmenso mar que se extendía detrás de él. Tomaste una bocanada de aire forzandote a centrar toda tu atencion en sus iris, tratando de ignorar todo a tu alrededor. Tus pasos te adentraban más y más provocando que el agua comenzara a subir por encima de tus rodillas, caderas, cintura y cuando el mar rozó tus hombros un escalofrío subió por toda tu espalda siendo más consciente de la temperatura del mar.
----- Perra madre, está helada ---- murmuraste castañeando los dientes.
No sabías si del terror o del frío.
Lo'ak te sonrió permitiendo que tus manos se aferraran a sus hombros cuando dejaste de tocar la arena mojada. Se miraron fijamente con escazos centimerros separando sus rostros, su mirada te distraía y cuando Lo'ak dio pequeños saltos para avisar que estaba por hundirse, tus manos apretaron sus hombros y tus ojos se cerraron con fuerza mientras de forma inconsciente tomabas una bocanada de aire para aguantar la respiración.
Tus ojos no se abrieron cuando sentiste la frialdad del mar en tu nuca. Tus oídos se bloquearon y tus manos no dejaron ir el agarre en los hombros de Lo'ak cuando la necesidad de huir y gritar te llenó por completo. La desesperación por salir de la oscuridad te abrumó y cada vez se volvía más difícil retener la respiración para sobrevivir bajo el agua. No soportaste tanto tiempo cuando tu boca se abrió para tomar aire con fuerza pensando que tus pulmones se llenarían de agua.
No pasó nada.
No hubo dolor en el pecho, no hubo desesperación abrumando tu cuerpo y cuando unas manos tocaron los costados de tu cabeza tus ojos se abrieron con lentitud. Unos iris dorados miraban tus ojos con cariño y sus toque te daba estabilidad en medio del terror.
Cuando te atreviste a mirar a tu alrededor notaste que el mar de Pandora era distinto al de la tierra, pues aquí no había una oscuridad desconcertante e inmensa, sino plantas brillantes que iluminaban cada rincón del arrecife y animales coloridos que nadaban sin temor alguno a su alrededor.
El infinito negro de tus recuerdos no estaba y la voz de tu madre no podía seguirte entre tanta vida.
---- O-oye, ¿a dónde vamos? — cuestionaste cuando el na'vi intentó guiarte por el mar.
Tus manos no abandonaron sus hombros y cuando las suyas comenzaron a moverse sabías que estaba intentando comunicarse en señas. Claramente no entendiste nada de lo que trató de decirte, sin embargo, asentiste confiando en que no te llevaría al peligro.
Sus pies se movieron y sus manos lo ayudaron a llegar a una colonia de peces brillantes que danzaban alrededor de las coloridas plantas. Tus pies fueron tocados por aquellos pececillos que nadaban a su alrededor con absoluta calma, tal como si ustedes fueran parte del mismo arrecife.
Lo'ak se giró con una suave sonrisa, sus dedos tomaron con cuidado los pequeños mechones de cabello que flotaban alrededor de tu rostro y sus ojos... Sus iris dorados se clavaron en tus pupilas al acercar tu rostro al suyo, la punta de su máscara apenas tocó el vidrio de la tuya causando que la timidez invadiera su rostro y nadara para intentar apartarse de tu lado. Tus manos no lo dejaron pues te aferraste a sus dedos con fuerza sin moverte de donde te había dejado. Tu cuerpo se hundió con una suavidad que ni siquiera notaste cuando tus pies tocaron la arena, el miedo no llegó a tu mente porque todo a tu alrededor era una fantasía. La luz llenaba tu alrededor y Lo'ak nadó por encima de ti sin soltar tu mano, giró alrededor de tuyp sin dejar de observarte.
A cada movimiento que su cuerpo hiciera partículas azules luminiscentes lo acompañaban y tú no podías apartar la mirada...
No cuando él podía verse tan tranquilo y hermoso entre las maravillas que este mundo ofrecía.
Los puntos blancos que iluminaban su piel, su cabello negro flotando con delicadeza detrás de su rostro y la expresión más tranquila que habías visto después de tanto tiempo hizo imposible que apartaras tus ojos de él.
Su mano jaló de la tuya, ayudando a tu cuerpo a elevarse y dejar tu rostro frente al suyo. Te sonrió mostrando los dientes y cuando le devolviste la sonrisa comenzó a mirar a su alrededor para hacer sonidos extraños, tan extraños que por un momento pensaste que se estaba ahogando. Hasta que uno de esos perros acuáticos llegó, nadando a su alrededor cual delfín. Abrazaste sus hombros con fuerza por la repentina llegada, tus piernas rodearon su cintura y Lo'ak quien parecía inmerso en su cabeza se tensó ante tu repentino toque, su rostro volvió a girarse en tu dirección sonriéndote con incomodidad mientras parpadeaba de forma repetida.
Lo sentías, pero no te había avisado que tendrías que nadar junto a estas cosas.
Lo'ak se movió muy lento, su mano tomó aquella tira que el había señalado era la conexión neuronal. La otra mano fue a tu muslo y con una sonrisa hizo otro sonido causando que el ilu comenzará a llevarlos en un paseo por las profundidades.
Apretaste tus dientes y cerraste tus párpados con fuerza cuando el miedo llenó tu cuerpo. El ser arrastrada a una de tus pesadillas era aterrador, la única estabilidad que podías encontrar ahí, la única razón de por qué no estabas dejándote llevar por el pánico era por el fuerte agarre de Lo'ak en tu muslo.
Su enorme y firme presencia no dejaba que la voz de tu madre llamándote llenara tu cabeza.
Lo'ak dio pequeñas palamaditas a tu muslo para hacerte abrir tus ojos. Tu mirada intentó aclararse, burbujas golpeaban contra el vidrio y el cuerpo del na'vi evitaba que la corriente te atrastrara por la velocidad en la que nadaba el ilu.
Cuando miraste a tu alrededor había mucha más fauna. Esta vez había criaturas grandes y varios ilus nadaron a su alrededor en una persecución juguetona. Te pegaste más a la espalda de Lo'ak, observando a tu alrededor en alerta, esperando que nada gigante y carnívoro apareciera para atacarlos.
Hasta que una extraña criatura que estaba a unos cuantos metros de ustedes y la extrañeza por su forma y color hizo que la necesidad de saber qué era se asentara en tu cabeza.
---¿Qué es eso?
Tu dedo señaló en una direccion que Lo'ak no dudó en mirar, guiando al ilu cerca de la criatura que había llamado tu atención. Tomó a aquel animal con suavidad y cuando se giró para mostrártela te recordó a las mariposas que habías visto en algún libro. Te la entregó con sumo cuidado, manejándola con toda la delicadeza que podía mantener. Tus dedos rosaron las alas, tu dedo indice bajo por el borde de estas y cuando llegó en medio de la criatura unas pequeñas y pegajosas membranas se aferraron a tu brazo con suavidad.
----Wow, esto se siente asqueroso.
Lo'ak sonrió cuando tu voz escapó de entre tus labios con una ligera sonrisa.
Se sentía en las nubes.
Podía asegurar que todo su cuerpo flotaba cerca del eclipse al sentir el delicado toque de Tsireya en su cintura... Era tan suave y poco perceptible que enviaba a su mente en un trance pacífico, rodeando todo su cuerpo en una tranquilidad que no podía ser borrada. Esta noche donde solo eran ellos dos disfrutando del enorme mar mientras paseaban como en los viejos tiempos lo hacía creer que tal vez no era tan miserable como pensaba.
Nada importaba cuando estaba con ella.
Podría estar horas donde solo nadaran juntos entre juegos y risas.
Adoraba que ella no quisiera alejarse de él, anhelaba que su suave voz lo acompañara todas las noches al dormir, pues Tsireya era una droga que no le hacía daño, una droga que lograba alejar todos los males sin causar ningún estrago en su cuerpo. Podía tomarla día y noche y no se cansaría porque solo le haría bien a su mente y cuerpo.
Su mirada buscó aquellos hermosos ojos azules cristalinos y cuando los encontró no pudo evitar estar hipnotizado a un hechizo que ella ni siquiera pronunció. Eran fascinantes, eran dos piedras preciosas que podrían predecir su futuro y solo le otorgaría un por venir dulce. Lo'ak deseaba enterrarse en esa mirada y nunca abandonar el sentimiento de pas y seguirdad que le entregaba.
Su mano se estiró tomando con una suavidad cariñosa los dedos de la na'vi atrayendo su cuerpo a él de forma cuidadosa y sus pupilas miraron fascinados las hermosas y delicadas facciones de su rostro. Admiramos sus soñadores ojos, sus mejillas redondas, su pequeña nariz y finalmente aquellos hermosos labios que susurraban su nombre.
Se sentía atrevido, deseaba tener un poco de contacto, algo que le hiciera olvidar todo el mal que había pasado en manos de otra persona... En manos que no pertenecían a ella. Deseaba volver a sentirse suyo, asegurarle que nada de lo que vivió en aquel lugar fue tan importante como para hacerle olvidar una parte tan importante de su vida, que nada pudo reemplazar el amor incondicional que quería entregarle.
Cuando notó la mirada tímida de Tsireya una sonrisa decoró su rostro al sentir que aún había oportunidad entre ellos.
Ella aún lo veía y Lo'ak se sentía menos solo y perdido ante ese pensamiento.
Arrancó una pequeña flor que flotaba en un coral cerca de ellos para colocarla en la oreja de la chica... El color de la flor contrastaba con su hermoso y largo cabello oscuro. Sus dedos se movieron conforme a sus deseos, acarició con un anhelo que no pudo retener. Su dedo jugueteó con él volviendo a ser jovenes un instante, volvió a ser normal unos instantes a los cuales deseaba aferrarse.
Sin apartar sus iris de aquella chica llevó con timidez las hebras a sus labios y con cuidado depositó un pequeño beso en la punta de aquel mechón de cabello sintiendo las mariposas en su estómago comenzar a revolotear.
Ahí fue cuando sus ojos apreciaron todo su trabajo pues la ropa que había confeccionado para ella era perfecta. Se acoplaba a cada una de sus curvas y Tsireya no mostraba niguna inconformidad ante la prenda.
Ella apreciaba los regalos que le otorgaba y aquello lo hacía sentir menos inútil.
Lo'ak no dejó de nadar hasta al amanecer... Tsireya había decidido de un momento a otro que se quedaría en la orilla de la playa para descansar. De vez en cuando volvía a ella para entregarle conchas y piedras que le parecían bonitas, hasta que el sol salió y con él los metkayina despertaban y se aglomeraban en toda la isla para iniciar con sus tareas.
Lo'ak se sintió nervioso.
Poco a poco la ansiedad comenzaba a formarse en su pecho y cuando su mirada fue hacia la muchacha que lo acompañaba en sus pesadillas la calma que creyó lo llenaría no llegó. Tsireya era lo que más amo, aquella que lo comprendió cuando nadie lo hizo, sin embargo, en estos momentos su cabeza era incapaz de encontrar aquel sentimiento de seguridad que antes le otorgaba estar a su lado.
Fue una necesidad comenzar a buscar algo que ya era parte de él a su alrededor. Sus pupilas intentaban encontrar su mitad, intentaba poder divisar aquello que podía mantenerlo bajo control y a pesar de que la voz de Tsireya proclamaba su nombre y buscaba su atención fue incapaz de dársela.
Hasta que ella tomó su mentón y el cosquilleo comenzó a aparecer en todo su cuerpo, la necesidad de tallarse la piel lo abrumó y el pánico crecía volviéndolo incapaz de ignorarlo.
— Lo'ak.
Lo'ak parpadeó un par de veces saliendo de su trance para encontrarse con tu expresión preocupada.
Un suspiro de alivio escapó de su boca cuando el cosquilleo y la suciedad desapareció de su cuerpo. Sus ojos se achicaron al sonreír por encontrarte ahí a su lado, pues tenía que contarte todo lo que había hecho con Tsireya. Quien por cierto, había desaparecido de su lado de forma repentina.
— Bueno, ya te divertiste podemos ir a comer.
Sus ojos dorados te miraron con atención y cuando te levantaste de la arena su mirada se distrajo en la vestimenta que llevabas. Te siguió sin pensarlo y sus dedos rozaron con cuidado los colgantes que decoraban tu espalda. Te observó con atención sin poder apartar sus pupilas ni un segundo de tu figura y tú ni siquiera parecías notarlo mientras recogías pescados para ambos de las canastas del mauri común.
Obligó a su cabeza a salir de su ensoñación para ayudarte a llevar cuatro pescados y cuando volviste a avanzar por delante de él Lo'ak volvió a hundirse en sus pensamietos y su boca lo traicionó dejando salir lo que pensaba.
---- Te ves bonita ---- murmuró en voz baja.
Notó cómo tus pasos titubearon por un pequeño segundo, te giraste hacia él y tus ojos miraron fijamente a sus pupilas causando que la timidez comenzara a invadirlo.
----¿Qué? ---- cuestionó desviando la mirada por la vergüenza.
----No mames, pendejo ----- soltaste acercándote mucho más a él ---- me dejas de hablar inglés y de repente te vuelve el idioma.
Su estómago se revolvió ante la confusión que tus palabras le causaron y la duda se presentó en su rostro.
----¿Qué?, ¿De qué hablas?
Se veía perdido.
Definitivamente no estaba entendiendo nada de lo que estabas diciendo y por si fuera poco pareciera que tu confusión lo estuviera alterando. Miraste unos segundos más a sus iris y cuando te aseguraste de que todo estaba bien simplemente alzaste los hombros y te diste media vuelta restándole importancia.
Tal vez solo fue un pequeño delirio.
Comenzaste a avanzar como si nada, al menos hasta que te diste cuenta que podías hablar con tu amigo y entenderlo.
----¿Listo para la regañada de Norm?---- bromeaste mientras golpeabas su muslo con tus caderas.
El muchacho carcajeó ante tu jugueteo, devolviendo el golpecito para después correr hacia el laboratorio contigo siguiéndolo de cerca. Se adentraron al laboratorio entre risas y bocanadas de aire por la carrera.
Lo'ak tomó una mascarilla para él y con pasos tranquilos se dirigieron a la pequeña cocina que tenía el laboratorio.
-----¡Ya llegamos, Norm! ---- saludaste dejando los pescados en la mesa.
Lo'ak sonrió ante tu elevación de voz, al menos hasta que un Norm malhumorado se asomó por el pasillo enviándoles una mirada fastidiada.
----Solo limpien su desastre ----. El científico rascó su barba descuidada y despues te miró para apuntarte con el dedo ---. Y tú deja de beberte mi café.
-----Sabes que eso no va a pasar.
---- Hoy no-... Olvídalo, ni siquiera quiero lidiar contigo.
Y sin más el hombre se regresó a su laboratorio fastidiado por la presencia de ustedes dos.
----¿Crees que sigue investigando la droga? ---- preguntó Lo'ak en voz baja, comenzando a sentir picazón en todo su cuerpo cuando recordó las aguas atravesando su piel.
A veces lo extrañaba.
---- Quién sabe, tu papá se veía muy enojado cuando descubrió lo que hacían los de la RDA.
Sus hombros se tensaron ante la mención de la empresa que se encargó de robarlo, aquella que financiaba todas las atrocidades que M practicó en él para el beneficio humano. Sus dedos fueron de forma inconsciente a su vientre acariciando las costuras que decoraban todo su abdomen.
----¿Enojado..? ---- cuestionó en voz baja.
---- Si, esta indagando en el propósito de su creación.
Sus uñas rascaron el dobles de su codo sintiendo las cicatrices de las anteriores picaduras punzar.
---- ¿Y por qué... Por qué se lo entregaste? ---- cuestionó mientras te daba los pescados limpios.
----- Necesito ver si pueden recrearla. Para poder quitarte tu adicción poco a poco.
Lo'ak abrió los ojos con sorpresa ante la sinceridad de tus palabras. El sacrificio que estabas dispuesta a hacer por él era tan extraño y tan desconocido que su corazón se apretó contra su pecho.
--Gracias...
Soltó en un pequeño susurro.
Tu mirada notó los tonos rojos que decoraban su rostro, al igual que una pequeña sonrisa que expresaba el alivio ante tus palabras.
----De nada, Lo'ak — tu dedo picó una de sus mejillas provocando que sus iris te miraran — Sabes que para eso estoy aquí.
Sus cejas se alzaron debido a la nula vergüenza de tus palabras y cuando sintió su rostro estallar en rojo desvió la mirada con total pena.
---- A-ahora dame mi café.
Una pequeña risa escapó de tu boca, entregándole la jarra de la cafetera una vez que te serviste una taza para ti.
----Sabes, he estado pensando que podríamos intentar hacer una variedad de comidas ---- iniciaste una conversación prestando atención al pescado dorado ---- algo así como un estofado, tacos, filetes. No tenemos solo que comer pescado dorado.
Su rostro se ladeó sin comprender el cambio.
----¿Por qué quieres hacer eso?
---- ¿Sabías que bebes el café muy lento? ---- el muchacho frunció el ceño, mirando la jarra en sus manos ---- es como si quisieras disfrutar de su sabor, puede que también te pase con la comida. Tal vez comes rápido porque algo no te agrada de su sabor.
Lo'ak miró pensativo el líquido, meneando el recipiente para hacer un pequeño remolino.
-----Bueno... Es... ¿Insípido? el pescado no sabe a nada y solo como para llenar el pozo de mi estómago.
-----¡Ahi está! ---- Lo'ak saltó en su lugar, dirigiendo su mirada sorprendida a tu persona para después sonreír al percibir tu emoción --- Puedes ayudarme a escoger verduras y plantas que sirvan como condimento. Cómo naciste aquí tu eres el que más sabe de esto, me serás de mucha ayuda.
Su cola se movió ante la idea de ser útil en algo, con el pequeño recuerdo de las miradas decepcionadas en su persona cuando era joven.
----Y... ¿aún sigue en pie lo de enseñarte a nadar? ---- preguntó Lo'ak en voz baja.
Tus cejas se alzaron ante su repentina pregunta y finalmente el recuerdo del mar rodeando tu cuerpo llegó de golpe tu cabeza. La sensación helada y la oscuridad de la incertidumbre del enorme paisaje trajo escalofríos a tu columna... Habías... Tu cerebro había bloqueado que estuvo recorriendo las profundidades del océano.
Que habías estado en el lugar al que juraste nunca volver por miedo que fu madre cumpliera el objetivo de hace años.
¿Cómo siquiera lograste estar tan tranquila en aquel lugar?
Tu estómago comenzó a sentirse pesado conforme eras más consciente de lo que habías hecho, una migraña insoportable rodeaba tu cabeza mientras todo lo que estaba dentro de ti se revolvió, causando que las arcadas comenzaron a fluir sin detenerse por el panico que habías ignorado en ese momento.
Corriste al pequeño lavabo cuando el vomito subió por tu garganta sacando toda la comida por tu boca mientras la voz de tu madre te susurraba al oído lo buena niña que habías sido al intentar seguirla.
Podías sentir sus uñas encajarse en tu muñeca, podías oír su susurro acercándose a ti poco a poco. Podías sentir su constante presencia detrás tuyo.
La bilis comenzó a salir provocando un horrible sabor en tus papilas gustativas y finalmente la enorme mano de Lo'ak sobó tu espalda mientras te ayudaba a sostener tu cabello para que no lo mancharas.
— ¿Sam?, ¿q-qué pasa? ¿Está todo bien?
Limpiaste los restos que quedaban en tus labios, para después tomar grandes bocanadas de aire e intentar borrar la voz de aquella mujer. Levantas tu pulgar para asegurarle que todo esta bien, que no había ocurrido nada contigo.
— C-creo que yo también estoy cansada del pescado — mentiste intentando regular tu pesada respiración.
No ibas a decirle que esto había sido por causa de haberlo acompañado a nadar.
Cerraste tus ojos con fuerza poniéndote de espalda contra el lavamanos para recargarte en él y lentamente sentarte en el suelo al sentir tus piernas débiles. Lo'ak no tardó en imitarte, quedándose a tu lado mientras su mirada insistente aún intentaba entender qué había ocurrido.
De forma inconsciente dejaste que tu cabeza se recargue contra su brazo y tu costado se pegó a él intentando buscarun consuelo silencioso.
---- ¿Cómo te sientes?
Él no estaba seguro de lo que estaba pasando y por qué de forma tan repentina tú parecías decaída, así que lo único que hizo fue tomar tu mano y enredar su cola en tu muslo para asegurarse de que todo estuviera bien contigo.
-----¿A qué te refieres? — cuestionó en voz baja, comenzando a jugar con tus dedos.
---- Con todo... — murmuraste sin mirarlo — ¿Estás cómodo aquí?
Sintió el inicio de un cosquilleo en su estómago ante esta conversación incómoda.
Sus pupilas se centraron en tus cinco dedos, después miraron su propia mano fijándose en la enorme cicatriz donde se supone estaría su quinto dedo.
No lo sabía...
Seguía aterrado, seguía sintiéndose inseguro. Aún no estaba acostumbrado a lo que era, sin embargo... Ver a su familia, ver a las personas de su pasado, volver a recorrer un paisaje que conoció bien se sintió correcto.
Quería intentarlo, en verdad deseaba poder volver a ser el de antes.
----Puedo... Puedo acostumbrarme.
Asentiste ante su respuesta obligando a tu cerebro a ignorar la duda acerca de su estancia, todo, todo lo estabas haciendo por Lo'ak.
Diste un ligero apretón a su mano y finalmente lo ayudaste a levantarse para seguir cocinando y comer.
----¿Qué quieres hacer hoy? ---- preguntaste metiendo un bocado de pescado a tu boca.
Lo'ak frunció su ceño, chupando su pulgar para después limpiar las migajas que estaban en sus mejillas.
----Quisiera dormir... Hace tiempo que no duermo bien ---- murmuró sin dejar de morder su último pescado con desesperación.
-----Si, parece que hacer este traje te absorbió todo el sueño ----. Soltaste con una sonrisa divertida.
Lo'ak asintió con una sonrisa avergonzada.
En el camino de vuelta a su pequeño refugio el sol estaba en su punto más alto, la aldea estaba llena de gente y a pesar de que Lo'ak intentaba concentrarse en el suelo debajo de sus pies aún podía escuchar sus susurros... Pequeños murmullos que señalaban su debilidad, claros recordatorios de la vergüenza que ahora otorgaba a su familia.
Podía fingir estar tranquilo porque tú estabas ahí, podía crear una imagen donde ellos no existían y solo eran ustedes dos recorriendo los bosques que habían abandonado. Su mano se aferró a la tuya sin pensarlo, sus ojos se centraron en tu nuca logrando ignorar a los metkayina que caminaban a su alrededor siguiendo con su día.
Intentó regular su respiración, quería ser capaz de tranquilizarse por sí mismo y lo estaba logrando hasta que unas risas llenas de diversion llegaron a sus oídos y seguido a esto algo colapsó contra su costado provocando su caída. Su piel comenzó a quemar y cuando intentó ignorar la necesidad de correr y huir tuvo que tallar con fuerza su piel tocada porque la suciedad comenzaba a manchar todo su cuerpo.
— ¡Ouch! Perdón no veía por do-
Lo'ak se paralizó cuando un dulce voz llegó a sus oídos interrumpiendo el delirio de u cabeza. Sus pupilas dejaron de prestar atención a su propia piel para ver la na'vi frente a él.
Tuk.
Tuktirey lo miraba con expresión perpleja.
y Lo'ak solo podía recordar su cuerpo despedazado gracias a sus dientes.
Su piel comenzó a picar y en su estómago el vacío se volvía cada vez más evidente conforme la sensación absorbía sus entrañas lentamente, conforme el sabor y los recuerdos creados por su cabeza llegaban a él para torturarlo.
Eran un amargo recordatorio de lo que era capaz de hacer.
Sufrió ante los recuerdos, el hambre crecía volviéndose insoportable, su boca salivaba y la horrible necesidad de morder el cuello de su hermanita lo asqueaba.
Necesitaba irse, necesitaba alejarse de todos antes de cometer una locura.
Lo'ak sabía que era malo, él ya había cruzado la limitación del bien. Ya no estaba bajo el cobijo de Eywa. Ella lo abandonó y dejó que lo convirtieran en esto, dejó que lo corrompieron y no ayudo a su favorito encontrar a su hijo.
Cubrió su boca cuando sus colmillos picaron por la necesidad de desgarrar carne.
----- S-Sa... ---- intentó pedir ayuda.
Si se levantaba... Si él se movía por su cuenta no iría al mauri.
---Lo'ak... Hermanito ---- Susurró la persona frente a el — Soy Tuk... S-soy-
Aquellos dedos tocaron su rodilla.
M apareció sin dudarlo cual venenno dispuesto a corromper... Tocó cada rincón de su cuerpo sin pudor haciéndolo sentir sucio y asqueroso. Su voz proclamaba aquel nombre que le impuso contra su oído, sus manos se aferraban a su cuerpo con deseo y la temperatura del cuerpo de aquel científico contra su espalda lo hacía sudar por el terror.
"Comela"
Iba a hacerlo, iba a obedecer sin cuestionar por el terror de ser castigado ante la desobediencia. Su boca se había abierto y cuando estaba por lanzarse hacia adelante unas manos alejaron las de M de golpe, su hermana desapareció de su vista y el sonido de apuñaladas llenó su cabeza formando ecos. El olor a sangre y la imagen de las pupilas sin vida del científico lo devolvieron a la realidad.
Se encontró con tu rostro contorsionado en una mueca de dolor, tu boca se movía y Lo'ak podía percibir el conocido sabor de tu sangre contra su lengua.
----Vamos, Lo'ak, vamos. Está bien, estoy aquí. Te voy a llevar a casa ¿Sí? ---- escuchó tu lejana voz ---- tienes que ayudarme a llevarte, Lo'ak.
No te entendía, no lograba comprender qué es lo que deseabas.
Pero cuando tu mano comenzó a jalarlo hizo un esfuerzo en mover sus piernas adormecidas. Sollozó mientras tropezaba, casi arrastrándose para poder seguirte el paso, su boca se había abierto y dejó ir tu mano la cual no había dejado de sangrar... Se concentraba en las gotas carmesí que manchaban las redes para no ver las miradas de los demás, para ignorar a M quien los estaba siguiendo de cerca.
Te ayudó a subirlo al refugio y cuando estaba fuera de la vista de los demás se arrastró a la orilla más apartada de la entrada pues M se había sentado en aquel lugar para torturarlo con su mirada fija.
"Debes comerlas, Charlie"
Cubrió sus oídos mientras negaba, sin dejar de alejarse de él. Todas sus acciones se volvieron inconsientes cuando la necesidad de protgerse lo hizo actuar. Sus dedos tomaron su trenza y cola ocultándolas de los ojos perversos de aquel hombre.
"Tú me amas, Charlie"
Su cabeza negó una y otra vez, suplicando en silencio que se vaya, que lo dejara en paz de una vez por todas. Que acabara con todo esto.
---- Lo'ak, estoy aquí ¿Si? ---- escuchó tu voz susurrar ---- ¿Qué necesitas?, dime qué ocupas.
"Dile que quieres comerlas, Charlie. Eso es lo que desea tu asqueroso ser"
Él negó meciéndose de atrás hacia adelante con desespero ante la impulsividad que intentaba controlar. Deseaba que la ansiedad desapareciera... Deseaba que todo desapareciera.
Deseaba desaparecer.
----Lo'ak, estoy aquí — aseguraste a un metro de distancia —. Recuerda, inhala, exhala, inhala, exhala .
Quería hacerlo, él en verdad quería calmarse pero simplemente su cerebro no lo dejaba concentrarse. No cuando podía sentir la mirada depredadora de M encima suyo, esperando cualquier momento de descuido para atacarlo y torturarlo... Experimentar con él para mostrárselo a los demás y proclamarlo como suyo.
----Ha-haz que pare ----. Suplicó ---- d-dile que deje de mirarme, n-no quiero que me mire, por favor ---- suplicó entre sollozos — ¡Haz que pare!, ¡dile que pare!
"No puedo irme, Charlie. Soy lo único que te ama aquí"
Asentiste mientras te levantabas del suelo sin dudarlo. Comenzando a tomar cualquier cosa que estuviera a tu alcance para cubrir toda entrada de luz al interior, cualquier abertura por la cual alguien pudiera ver hacia adentro.
----¿Sam?, ¿qué sucede? — preguntó la voz de rastas quien no dudó en entrar al refugio para mirar a su hijo con ojos desesperados — ¿Él está bien?
Te acercaste rápidamente al avatar.
---- Necesito mantas para todo el Mauri — el hombre te miró sin entender — quiero cubrir toda abertura para que nadie pueda verlo ---- aclaraste llevando las camas provisionales a las entradas.
El na'vi asintió saliendo rápidamente del lugar para traer lo necesario.
Para tu suerte no tardó nada en volver y detras de él lo seguía la madre de Lo'ak con más cobijas para cubrir todo.
Tomaste una de sus manos sin dudarlo, corriendo hacia Lo'ak para ocultarlo con esta de todo el mundo. Podías oír sus súplicas, sus sollozos por la necesidad de esconderse de los ojos de todos... Así que hiciste todo lo posible para cumplir con lo que deseaba.
---- Majake, está llorando... ---- señaló la Na'vi con ojos preocupados hacia su hijo.
Jake asintió sin mirarlo poniendo una enorme tela en la entrada principal y cuando acabaste de poner tus cosas te acercaste a Lo'ak quién seguía llorando debajo de las cobijas.
----Loak, estoy aquí ---- murmuraste a su lado ----. Recuerda inhalar y exhalar, inhala y exhala.
-----Quiero acercarme ---- escuchaste la voz de la na'vi decidida.
----Espera-
No se iba... No dejaba de observarlo y decir cosas asquerosas. No dejaba de murmurar todas las atrocidades que haría con él una vez que lograra alcanzarlo.
"Voy a hacer que me toques, Charlie. Voy a hacer que repitas cada una de las cosas que hicimos y después podrás ir a comer"
---- Vete, vete, vete ---- murmuró Lo'ak entre sollozos, hasta que la desesperacion salió en gritos ---- ¡VETE, VETE, VETE!, ¡DEJAME EN PAAAAZ!
Tus brazos lo rodearon intentando retenerlo para que no atacara a sus progenitores. Lo'ak gritaba con desesperación, lloraba con lamentos sin dejar de observar a la entrada del mauri y tú solo poder ver a los dos na'vi destrozados por los gritos desesperados de su hijo...
Aceptaron irse de ahí con corazones destrozados.
----Se han ido, Lo'ak ---- susurraste sin soltar el agarre.
El muchacho no pudo dejar de sollozar aunque lo intentara... Su frente se recargó en tus hombros y sus manos se aferraban a tu ropa con fuerza.
Te quedaste quieta en tu lugar, obligándote a ignorar el dolor en tu mano, ignorando el entumecimiento de tus piernas para poder brindarle a Lo'ak el apoyo que necesitaba. Hasta que su respiración se volvió tranquila y ahora solo fantasmas de espasmos se presentaban en algunos momentos.
Tu mirada fue lentamente hacia la reciente herida en tu mano, la cual temblaba por el dolor y la sangre no dejaba de gotear en todo este tiempo. Tus pupilas no se apartaron de los bordes levantandos de tu piel por las cuales podías ver tu carne.
La perfecta marca de la dentadura de Lo'ak estaba encima de la de aquellas hienas.
Hubiera sido el rostro de su hermana si tu mano no se hubiera metido en el camino.
Sacaste tu navaja de tu bolsillo y con cuidado cortaste un largo trozo de la manta que cubría a tu amigo para usarla de venda en tu mano. Cubriste tu herida con la tela y cuando ya quedaba un pequeño trozo le hiciste un pequeño nudo y cuanso terminaste te quedaste quieta mirando el rostro de Lo'ak.
Tus dedos acariciaron con suavidad las ojeras marcadas temiendo lastimar la piel delicada por el llanto de hace momentos, notaste la resequedad de sus labios y miraste con atención aquella mascarilla inservible que volvía aprisionar su rostro... Ni siquiera habían hablado sobre retirarla.
Tu mano sana tomó la navaja que guardabas y sin pensar mucho si aquello le incomodaría tomaste los tubos pegados a su rostro para cortarlos. Tu mano punzó por el movimiento brusco más lo ignoraste porque veías más importante esto... Después harías que el doctor revisara tu herida. Ahora solo debías concentrarte en el na'vi frente a ti quien había arrugado su entrecejo ante los toques en su rostro. Lo ignoraste y sin dudarlo tomaste aquel pequeño tanque que descansaba contra su nuca para retirarlo. Las correas se deslizaron por sus orejas y finalmente aquella cosa quedó en tu mano, la dejaste de lado para proseguir y quitar lo que quedaba de la máscara.
Tus dedos tomaron el plástico que aprisionaba su nariz con cuidado y la muñeca de tu mano herida se recargó en su frente. Contaste hasta tres mentalmente y en un movimiento decisivo jalaste de ella sacando los largos y delgados tubos de su nariz.
Lo'ak se quejó y estornudó, sin embargo, eso no fue suficiente para despertarlo de su sueño.
Ahora podría respirar sin dificultad...
Fue peligroso, fue tan peligroso que no sabías si quedarse aquí era lo correcto. No pensaste que Lo'ak reaccionaría de esta forma ante el encuentro de alguien que estaba intentando ignorar con fervor... Tal vez a esto se debía su renuencia a encontrarse con ellas dos, porque sabía de lo que era capaz de hacer.
Iba a ser complicado mantener la distancia pues lo amaban... Habían pasado tanto tiempo desesperados, viviendo en el sufrimiento de su desaparición que prohibirles acercarse era una puñalada en el pecho.
Debía ser horrible mantener distancia de alguien que desapareció por tanto tiempo. Mantener distancia de alguien que amabas a pesar de estar a unos metros de su encuentro y todo por las acciones de otras personas.
Tus dedos acariciaron su mejilla con un pequeño toque, intentando desaparecer las marcas que la máscara había dejado.
Estaba tan desesperado por volver a ser el de antes que fallar en el proceso lo destruía. Podías ver cómo se desmorona a cada mirada dolida de su familia, podías percibir su tristeza y melancolía al ver el océano... A veces, rastros de rabia emanaba de su piel cuando se encontraba con recuerdos de su pasado.
Levantaste su cabeza con cuidado, recostándola contra el suelo para acostarte frente a él. Tu mano sana tomó la suya y deseando poder consolar sus sueños llevaste su mano a tu pecho, pegando el dorso de esta a tu piel para que pudiera percibir el constante latir de tu corazón.
No fuiste consciente de cuánto dormiste, solo sabías que tu mente te trajo de vuelta por la sensacion de ser observada y cuando tus ojos se abrieron se encontraron con el brillo dorado de Lo'ak quien se veía agotado a pesar de haber dormido.
---- Hola.
Saludaste sin soltar su mano, sin dejar de observar sus pupilas, sin cambiar tu expresión tranquila.
---- Hola... ---- murmuró con voz ronca debido a sus gritos al llorar.
Su mano titubeó ante tu agarre y sus ojos dorados dejaron de mirar los tuyos concentrándose en la tela que cubría tu mano. Sus orejas se agacharon y su rostro expresó la mayor culpa dejando escapar más lágrimas.
---- ¿Qué sucede? ---- preguntaste buscando su mirada.
Sollozó, negándote el contacto visual.
---- Te lastimé...
Tu mano herida fue a su mejilla sin dudarlo y cuando tus dedos tocaron la piel de su rostro este dejó escapar un sollozo, buscando el contacto de tu piel contra su mejilla.
----- No era tu intención. No te culpes, por favor.
Se acercó a ti, levantando la manta para poder estar más cerca de tu calor y sin esperar su frente tocó el vidrio de tu máscara.
---- ¿No me odias?
Negaste con lentitud.
— Sabes que soy incapaz de sentir odio por ti.
— Creo... Creo que no soportaría que tú me odiaras — se sinceró sin mirar tus ojos.
— Lo sé — Aseguraste sin dudar de sus palabras — ¿cómo sientes tu rostro?
El muchacho arrugó la nariz, llevando sus dedos con cuidado a su mejilla. Acariciando con suavidad mientras recorría las marcas de la máscara que fue retirada.
— Se siente menos pesada... — sus pupilas buscaron las tuyas — Gracias.
Asentiste sin decir palabra alguna.
---- El lugar es más oscuro que antes...
— Bueno, acabamos de robarle todas las mantas a tus padres. Pero puedo asegurarte que ahora ningún ilu nos vigilará al dormir.
Lo'ak soltó una pequeña risa, mientras una mirada incómoda aparecía en su rostro sin dejar de sonreír.
— E-eso es totalmente perturbador, ¿por qué piensas en eso?
Alzaste los hombros con una sonrisa divertida.
---- Perfectamente lo podrían hacer. Imagina este lugar como antes y de repente volteas a mirar y hay uno de esos mirándote fijamente.
Lo'ak arrugó la nariz, negando sin dejar de sonreír.
---- Deja de pensar en eso, cada vez lo vuelves más perturbador.
Y lo viste, notaste cómo poco a poco sus ojos se perdían y la melancolía comenzaba a rodearlo por los pensamientos que llenaban la cabeza de Lo'ak, hundiéndose en la tristeza más profunda por reacciones que él no podía controlar. No te atreviste a hablar, no deseabas presionarlo y hacerlo sentir obligado a contarte todo lo que le perturba a pesar de que podías crear tus propias conclusiones después de meses de convivencia.
No hizo falta...
No hizo falta crear teorías pues cuando sus ojos volvieron a tu mirada sabías que Lo'ak necesitaba desahogarse. Su expresión suplicaba sin palabras el confort de tu atención y tú no dudaste en brindarsela.
---- Pude haberla asesinado... ---- murmuró sin atreverse a encontrar la expresión de asco en tu rostro ----. Quería comerla... M me susurra que las coma.
Tu mano aplicó más fuerza en el agarre de su mano y el toque que descansaba en su mejilla intentó limpiar las lagrimas que escapaban de sus ojos.
------D-dije que podría acostumbrarme... pero cada vez que avanzo él aparece y me obliga a retroceder----. Cerró sus ojos con fuerza cuando el recuerdo de su voz llegó ----. Puedo sentir su mirada en cada lugar... P-puedo... É-él me hace recordar todo lo que hice en aquel lugar.
----Podemos irnos... Si eso te hace sentir mejor no dudaré en hacerlo ----. Murmuraste en voz baja intentando calmar su ansiedad.
Él negó... Aquí estaba todo lo que había extrañado y el terror de volver a ponerte en riesgo lo retenía.
----No, yo... Es que yo- no sé. No quiero irme, pero a la vez no creo poder estar aquí... N-no merezco estar aquí, Sam.
---- Lo'ak.---- llamaste con voz firme, tomando su mentón para que sus pupilas se centraran en las tuyas ----. Creo que después de todo lo que te obligaron a pasar lo mínimo que mereces es que te regresen tu vida.
---- Todo lo que hice... Y-yo lastimé personas, causé daño, dejé mi fe, yo mat-ma-...
---- Eras tú o ellos. Te obligaron a tomar decisiones que por tu propia cuenta no lo harías. Fuiste orillado a hacer todo eso para sobrevivir.
El na'vi sollozó.
---- Soy un monstruo.
----Eras un niño sin opciones.
No estás segura de si Lo'ak pudo haber hecho las cosas de otra forma, no sabías si su situación era la única forma de poder vivir y llegar lejos. No sabías si solamente fue la obsesión de Mark quien lo ayudó a vivir por tanto tiempo. Sin embargo, todo eso te daba igual. No te importaba las atrocidades que él tuvo que hacer para poder seguir adelante, ignoraste sus actitudes sanguinarias, ignoraste el sobreesfuerzo que estabas haciendo, hiciste de lado el estrés y te quedaste a su lado.
Pues era Lo'ak y tu moral se desvanecía cuando se trataba de él.
El único ser que no te dejó. La única persona que no se ha ido a pesar de tener su pasado frente a él, aquel que se mantiene a tu lado y confía en ti al punto de poder susurrar los demonios que atormentan su cabeza.
Tu primer amigo.
---- Nos quedamos si es lo que quieres e ignoraremos todo lo que hiciste en aquel lugar. Nadie tiene que saber lo que hiciste.
Sus cejas se alzaron con asombro a tus palabras, sus labios se apretaron en una fina línea y en poco tiempo lograste percibir cómo su cola se enrollaba en tu muslo.
— ¿ignorarlo..? — sus pupilas buscaron alguna señal de mentira en tu rostro — ¿Así de simple? ¿T-tú no-
— Solo tú y yo sabemos de tu pasado con detalles — le recordaste sin duda — Sabes que soy capaz de enfrentarme a todo el mundo con tal de protegerte, mentiré y me culparé de tus acciones si es posible ¿por qué ahora dudas de mí?
Era demasiado bueno.
Era tanta suerte para él que le pareció imposible que tú fueras real... Toda su vida... Toda su niñez suplicó por alguien que creyera en él sin dudar de su persona. Rogó, lloró e imploró por alguien que entendiera su sentir y se quedara a su lado sin titubear.
Cuantas veces no sollozó a Eywa por alguien que se diera el tiempo de conocerlo y verlo...
Y de repente estabas tú aquí.
Llegaste en el peor momento de su vida. En una situación donde aceptaba la decepción de las personas, porque sabía que había cometido actos horribles e imperdonables y simplemente soltabas que aceptabas todo eso y estabas dispuesta a ocultarlo de todo el mundo con tal de que él fuera feliz.
Te quedaste a su lado, lo seguías, lo escuchabas, lo protegías y no dudabas de sus palabras.
Podías ver sus pensamientos con una solo mirada a sus ojos y actuabas en consecuencia a ellos sin pensar si eran estúpidos o no.
Había esperado tanto por ti que tenerte ahí era un sueño que temía perder.
Quería mantenerte a su lado tanto como fuera posible, deseaba esa opción que jamás lo abandonaría por más perdido que este y esa eras tú.
---- Hoy no quiero salir — soltó sin pensarlo, acercándose más a ti, concentrándose en el tranquilo latir de tu corazón contra el dorso de su mano — Quiero quedarme aquí... Contigo, por favor.
Quiere que quedes ahí para siempre junto a él.
Aceptaste su petición con una sonrisa, durmieron uno frente al otro sin alejar el contacto físico y ambos pudieron descansar por completo ante la presencia del otro.
No sabes cuándo Lo'ak estaría listo para seguir adelante, pero esperarías hasta que él lo deseara.
Avertencia;
Canibalismo, ab/so se/ual, maltrato psicológico, enfermedades mentales, tortura, suici/io, sangre, muerte.
●|●|●|●|●|●|●|●|●|●|●|●|●|●|●|●|●|●|
Capitulo. 1
💬 0 🔁 3 ❤️ 15 · •\•\•\•\•\•\•\•\• A D V E R T E N C I A. •|•|•|•|•|•|•|•|•||• Historia con temas sensibles, mención: •canibalismo •abu/
Capitulo 11.
https://www.tumblr.com/yuzuyom/783573157717196800/a-d-v-e-r-t-e-n-c-i-a-canibalismo-suicidio?source=share
●|●|●|●|●|●|●|●|●|
12. Viejo hogar.
Cuando Lo'ak abrió los ojos la única que estaba junto a él eras tú.
Una sonrisa apareció en tu rostro cuando te miró con ojos cansados. Parpadeó con extrañeza, levantándose con cuidado para mirar a su alrededor. Bostezó rascando sus brazos mientras un enorme gruñido escapaba de su estómago.
Tocó su vientre con cuidado y finalmente se concentró en tus ojos.
----- Tengo hambre.
— Buenos días a ti también — saludaste con diversión.
Al fin podías estirar todo tu cuerpo.
Te retorciste cual gusano y obligaste a cada una de tus articulaciones a tronar e ignoraste el dolor de tu hombro y heridas. Dejaste que tu espalda se recostara en aquel suelo entretejido y finalmente cerraste los ojos con tranquilidad.
---- Tienes suerte, le dije a rastas que te levantarías con hambre — informaste mientras te acomodabas— en cualquier momento puede llegar con comida.
Guardó silencio por varios segundos y aquello te hizo abrir tus ojos para poder mirarlo. Su rostro estaba contorsionado en una expresión de absoluta confusión.
Se acercó un poco más a ti, su cara quedó encima de la tuya y con curiosidad preguntó.
---¿Rastas...?
----- Tu papá.
Soltó una carcajada para después apretar su estómago y quejarse. Intentaste levantarte para revisar que todo estuviera bien, sin embargo, él te mantuvo recostada con su mano enterrada tu vientre. Cerró sus ojos con fuerza y finalmente negó con una pequeña sonrisa para asegurarte de que todo estaba bien.
----¿Nunca llamas a nadie por su nombre? ---- preguntó divertido cruzando sus piernas con cuidado para oírte atento.
Alzaste los hombros sin tomar mucha importancia al asunto.
----Es demasiado trabajo aprender nombres ---- señalaste sin más ---- además me sé el tuyo, no veo por qué aprender los demás.
---- Tu forma de hacer amigos es muy extraña — se burló.
— Claro, te recuerdo que te hiciste mi amigo intentando matarme — sus orejas se agacharon ante tus palabras y tú te corregiste rápidamente — eso define nuestra amistad, ¿no? Enemigos a amigos. La amistad más verdadera.
Una mirada confusa volvió a su rostro y para tu suerte también la sonrisa que tenía al inicio.
— ¿Qué?, ¿De qué estas hablando?
— Bueno, a pesar de que estuvimos a punto de hacernos kkggg — pasaste tu dedo por encima de tu cuello y después sacaste la lengua simulando morir — lo sobrellevamos y ahora nos protegemos el uno al otro de los demás.
Sus dedos fueron a su cabello enredado comenzando a peinarse y con una sonrisa tímida asintió.
— ¿Significa que somos amigos...? — preguntó en bajito con sus orejas rojas.
Sonreíste ante su timidez. Asíntiendo mientras volvías a acomodarte.
— Para siempre y por siempre — tocaste su rodilla con uno de tus dedos, guiñando en su dirección con diversión — Ya te lo dije, Tigresito. No te vas a librar de mi tan fácil.
Rodó los ojos sin dejar de sonreír.
— Eres increíble, rea-
Un sonido repentino interrumpió su convivencia de forma brusca, ambos saltaron en su lugar. Lo'ak se encogió de hombros con mirada aterrada y tú ya te habías puesto frente a él con el cuchillo en mano, cubriéndolo de lo que sea que hubiera entrado al refugio.
Solo era rastas.
Quien los miraba con ojos sorprendidos, después la preocupación se filtró en sus facciones y aquello te obligó a guardar el cuchillo y disimular que no había ocurrido nada.
----Traigo la comida — avisó en un murmullo levantando una enorme canasta.
Asentiste mientras soltabas un suspiro.
Te levantaste del suelo rascando con fuerza detrás de tu oreja para acercarte a él y tomar el enorme cesto de comida. Tus brazos temblaron por el peso, pero fingiste que todo estaba bien mientras avanzabas hacia Lo'ak para dejar la canasta frente a él, quien no tardó en devorar todo lo que estaba dentro de ella con desesperación.
Diste un paso frente a él, cubriéndolo de la vista de su padre quien aún tenía una expresión preocupada en su rostro.
---- Vamos a ocupar más comida ----. Señalaste bostezando ante el inmenso sueño que comenzaba a a invadirte.
Sus ojos incrédulos miraron directo a los tuyos.
— ¿Más?
Frunciste tu ceño, advirtiendo con tu expresión que regulara su tono y se guardara sus preguntas ante tus exigencias.
---- Da igual, después nosostros buscaremos nuestra comida---- desviaste tu mirada a Lo'ak quien ya estaba manchado de sus manos y boca de comida. El suelo debajo suyo estaba lleno de migajas ---- ¿Hablaste con los del pueblo?
Cuando volviste tu mirada a rastas éste estaba rascando su frente, asintió mientras tallaba sus ojos intentando desaparecer el cansancio.
----El olo'eyktan le pidió al pueblo no tocar a Lo'ak ----. Murmuró mirando detrás tuyo — ¿él estará bien?
Mordiste tu mejilla interna sin saber cómo responder a un padre dolido que parecía amar demasiado a su hijo. Carraspeaste rascando tu brazo para ignorar la incomodidad que te causaba toda esta situación y después miraste a tu amigo quién ya te observaba con pura curiosidad. Sus mejillas hinchadas por la comida y sus enormes ojos te hicieron sonreír divertida.
----Oye, Lo'ak. ¿Quieres ir a tomar el sol?
Sus iris amarillos te miraron fijamente. La inseguridad y miedo comenzó a invadir sus pupilas y finalmente tragó con dificultad toda la comida que había acumulado en sus mejillas. Sus ojos se desviaron a la entrada y miró el color azul del cielo que apenas lograba ver.
----Puedes negarte, no vamos a obligarte ---- señalaste. Sus orejas se agacharon y en sus ojos se mostraba el miedo al exterior -----. ¿Te quieres quedar?
Asintió con lentitud, casi como si temiera que se enojaran por su decisión.
Le sonreíste con tranquilidad para después mirar a rastas y encontrarte con una expresión tan triste que apretó tu corazón y te hizo sentir extraña.
Mierda, era como ver a Lo'ak triste.
Tomaste una bocanada de aire para brindarte fuerza y de nuevo miraste a Lo'ak quién seguía con sus orejas gachas mientras intentaba buscar la mirada de su padre.
---- ¿Quieres que rastas se quede un rato en la entrada y platique contigo?
---- Soy Jake.
Lo'ak se ahogó con su comida intentando retener la carcajada que quería escapar de sus labios ante tu atrevimiento. Le sonreíste con diversión haciéndolo sentir lo suficiente valiente para aceptar que su padre conviviera con él, aunque sea solo unos pocos minutos...
Te sentaste a su lado robando una fruta extraña de la canasta para comer después de tanto tiempo. Preparaste la máscara y sin pensarlo mucho repetiste tus patrones para merendar.
----¿Cómo has estado? ¿Dormiste bien? ---- preguntó el hombre con voz suave.
Lo'ak asintió metiendo un pescado a su boca, sus ojos iban de su padre a su comida mientras su cabeza suplicaba que su estómago no hiciera ningún sonido.
----Me alegro, sabes... Tus hermanas quieren verte.
Sus movimientos se paralizaron y un recuerdo fugas de las cabezas de su hermanas flotando frente a sus pies le recordó que él no era una buena persona. Parpadeó de forma constante intentando que aquellas imágenes se fueran de su cabeza, tratando de ignorar el hambre que sentía al pensar en comer carne.
Lo único que atinó a hacer fue mirarte de reojo para no ver la suplicante mirada de su padre.
— ¿Crees que puedan venir a hablar contigo? — preguntó en un murmullo tan bajo que casi lo hacía creer que su padre pensaba que en cualquier momento se rompería.
Y tenía razón, pues a pesar de estar absolutamente aterrado a la idea de convivir con ellas era incapaz de negarse porque le aterraba más la idea de volver a decepcionar a su progenitor.
Para su suerte tú siempre estabas ahí y eras capaz de ver cuando él estaba incómodo así que no se sorprendió cuando tu mano fue a la suya y dio un suave apretón para brindarle la valentía que necesitaba.
Sin atreverse a ver los ojos de su padre metió un pedazo de pescado a su boca y con suavidad negó sintiendo unas inmensas ganas de llorar, esperando recibir un castigo por siquiera atreverse a decir "no"
Pero su padre no era M.
---- Está bien, no voy a presionarte ---- calmó con una sonrisa ---- te extrañé mucho, hijo.
Su pecho se apretó ante aquellas palabras y sus ojos se llenaron de lágrimas que nunca bajaron, sin embargo, un pequeño sollozo escapó de sus labios.
Él también, pero no se atrevía a decirlo.
---- ¿Quieres que te traiga algo en especial? ---- preguntó aquel hombre y solo se atrevió a negar, ¿merecía algo, realmente? ----. Tal vez ver a Payakan te alegre un poco.
Su corazón comenzó a bombear contra su pecho con una ímpetu y alegría que no recordaba. Sus ojos parpadearon con absoluta sorpresa y a pesar de que sus emociones querían desbordarse en un grito de emoción nada salió de su boca. Así que miró en tu dirección, su cola comenzó a moverse de un lado a otro demostrando su total felicidad por oír de su hermano espiritual.
Iba a hablarte de él, deseaba contarte sus aventuras con Payakan de no ser porque cuando abrió su boca e intentó soltar la primera palabra de su garganta no salió nada.
---- A-... Q-qu...
Su mano fue a su cuello jalando la piel mientras su mirada de emoción se volvía una de completa ansiedad. Sus uñas comenzaron a rasguñar y el pánico comenzaba a escapar de cada uno de sus poros de no ser porque te moviste enseguida.
Tus manos apartaron las suyas de su cuello, tus ojos miraron fijamente sus pupilas y con tranquilidad acariciaste el dorso de sus manos calmando su terror. Te giraste a su padre quien se veía preocupado y ya había intentado acercarse, para la tranquilidad de Lo'ak él no lo hizo.
---- Dice que quiere verlo ----. comunicaste por él ---- pero hoy no, tal vez... ¿Mañana?
Lo'ak asintió aferrándose a tus manos con fuerza.
---- Claro, él estará emocionado ----. De repente, su padre guardó silencio mirando fuera del mauri y con una pequeña sonrisa exclamó ---- Tsireya quiere verte.
Todo a su alrededor se detuvo.
Escuchar aquel nombre causó que su piel se erizara, sus latidos se aceleraron y de repente se sintió tan cálido que fue imposible no sentir cómo el mar comenzaba a rodearlo. La paz invadía su pecho y cuando la imagen de aquella na'vi llegó a sus recuerdos el anhelo surgió como una calmada marea y por primera vez admitió desear que alguien como ella tomara su mano.
Pero aún no.
No quería que ella lo viera de esta forma, débil, llorón y una absoluta decepción.
Sus ojos buscaron tu mirada deseando que desaparecieras los malos sentimientos encontrándose con la confusión en tu expresión al no saber lo que su rostro estaba demostrando. Tomó una gran bocanada de aire, sonriendo para tranquilizarte y hacerte ver que todo estaba bien, entonces miró a su padre y volvió a negar con lentitud.
Su padre asintió sonriendo con cuidado para no presionarlo.
---- Está bien, tómate el tiempo que necesites, hijo.
Lo'ak agradeció que fuera tan comprensivo... Cree... Que nunca había sido tan comprensivo como lo estaba siendo ahora.
Era tan extraño que no sabía que más hacer además de agradecer.
--- Por cierto, rastas.
Tu voz interrumpió sus pensamientos y sus iris fueron rápidamente a ti para buscar calma.
---- Jake.
-----¿Tienen un laboratorio? ---- preguntaste curiosa.
Habías vuelto a sentarte a su lado, volviste a desabrochar tu máscara y seguiste comiendo. Sin embargo, lo que más llamó la atencion de Lo'ak fue la pregunta que hiciste.
---- Bueno, hay una pequeña base un tanto alejado de la aldea, — contestó su padre hasta que una mirada de sospecha apareció en sus ojos — ¿Por qué?
Levantaste la hielera meneándola de forma cuidadosa con una sonrisa causando que Lo'ak se tensara.
— Necesito que analizen esto.
----¿Qué hay dentro? ---- preguntó el na'vi con extrañeza.
Alzaste los hombros empujando la hielera hacia él para que el hombre la tomara.
--- ¿Quieres saber cómo está hecho? — cuestionó mientras miraba el interior.
---- Hmm, tal vez después pida que lo recreen...
El Na'vi asintió quedándose un largo tiempo donde conversó de todo lo que había ocurrido mientras Lo'ak no estaba ahí hasta que cayó la noche y ninguno de ustedes había salido del mauri. Luego de un par de horas tú te habías entretenido limpiando un arma que robaste de quién sabe donde, mientras que su padre hablaba y hablaba...
No cree recordar una conversación tan larga como esta.
Debía admitir que disfrutó que hablara con él, que lo buscara, que no dejara de mirarlo. Mantenía una distancia con la cual estaba cómodo y si intentaba sobrepasar el límite tú seguías ahí dispuesta a detenerlo.
----Creo que ya debería irme ----. Murmuró el avatar al ver el eclipse ---- Descansa, hijo. Mañana voy a volver.
Lo'ak asintió tragando el último bocado de la fruta que tenía en la mano y finalmente cuando los pasos de su padre fueron lejanos él habló.
----- Tengo hambre.
Lo miraste indignada.
---- Te comiste toda la fruta y pescados, ¿Cómo todavía tienes hambre?
Frunció su ceño al sentirse atacado y con un pequeño berrinche te dio la espalda cruzándose de brazos. Nunca te quejabas de que tuviera hambre, ¿por qué ahora era un problema?
Escuchó cómo soltabas un suspiro y el sonido del arma tocando el suelo lo acompañó, sin embargo, él no se giró. Notó tu cuerpo acercarse y cuando apareciste a su lado Lo'ak giró su rostro al lado contrario.
----- Mañana saldremos y podrás comer temprano, tomarás toooodo lo que tú quieras, ¿bien, tigresito?
El enojo desapareció en segundos y de repente la inseguridad arrasó con cualquier otro sentimientos que pudiera formarse. Sus ojos miraron al suelo con preocupación y sus manos dejaron de estar cruzadas para rascar el telar debajo suyo.
---- ¿Y si mañana no quiero salir...? — preguntó en voz baja.
---- Pues no sales y nos quedamos aquí ---- dijiste sin más comenzando a acomodarte para dormir -----. Ahora sí, me merezco un sueño abundante.
Lo'ak sonrió ante eso, acercándose a ti para recostarse en el suelo a tu lado.
---- ¿Vas a tomar mi mano o vas a esperar a que me duerma? ----- preguntaste con ojos cerrados.
Te miró perplejo.
Su cola golpeó el suelo del Mauri y el pánico abrumó su pecho..
----¿D-desde cuándo lo sabes?
-----Desde el primer día ---- confesaste abriendo los ojos.
Sus labios se apretaron y a pesar de que se sentía ansioso en tus pupilas no había rastros de molestia así que se forzó a calmarse, por el simple hecho de que sabía que tú no te enojarías por algo como eso.
-----¿Por qué no dijiste nada? ---- cuestionó curioso.
Alzaste los hombros mirando a sus iris.
----No me molesta. Además eres más grande que yo aunque me niegue lo harás ----. Él miró a otro lado avergonzado ---- ¿Sabías que subes la pierna a las personas mientras duermes?
Lo'ak empujó tu rostro con pena haciéndote reír.
---- Cállate ---- a pesar de que habías confesado que no te molestaba la duda estaba ahí. Sus ojos miraban tus manos, sin embargo, su mano estaba quieta en su lugar... Hasta que se forzó a tomar tus dedos y cerrar sus párpados ignorando la vergüenza ----. Y tú roncas. Pero muy fuerte.
Eso te hizo reír.
----- Qué puedo decir, yo disfruto mucho de mi tiempo de su sueño.
Sonrió ante tus palabras y finalmente se dejó llevar por el sueño donde lo acompañó la imagen de unos ojos azules. Soñó que nadaba con ella por el extenso mar y que se sonreían bajo el deslumbrante sol.
Fue pacífico y Lo'ak estuvo ansioso por verla.
Bostezaste por quinta vez en este día observando al tal Norm estudiar la maldita droga y tomar anotaciones en su libretita.
Había pasado una semana... Una semana donde no pasó nada. Una semana que te pareció eterna por el simple hecho de que estuviste encerrada con Lo'ak esperando a que tomara la suficiente valentía para dar un paso fuera de la casa que les brindaron. Él no lo hizo y tú no deseabas obligarlo a hacer cosas que no deseaba... Pero era necesario para ti que estiraras las piernas y relajar los huesos, además estaba el sonido de las malditas olas, lo cual era un constante recuerdo de tu pasado y poco a poco lograba hundirte en la locura.
Escuchar el mar debajo de donde dormían, verlo a través de las paredes, que se clavara en lo más profundo de tu nariz fue estresante.
Hasta que rastas te trajo al laboratorio que había a las afueras, lejos de la vida metkayina para no molestar.
Fue glorioso quitarte la máscara y respirar tu oxígeno con total libertad, después de tanto tiempo tocaste tu cara y tus mejillas descansaron de las correas que apretaban tu rostro. Esta era una de las razones por las que te gustaba visitar a Norm, además de poder tomar baños, robarle comida y sentirte en conexión con las cosas humanas a las cuales ya estabas acostumbrada.
-----Entonces...---- preguntaste caminando por todo el mini laboratorio ---- ¿Tienes café por aquí?
----Sabes, realmente no es agradable que revisen tus cosas ----. Recriminó hombre sin mirarte.
--- Eso no responde mi pregunta, seguro está en la cocina, ¿verdad?
Saliste del laboratorio caminando por el pequeño pasillo para llegar a la cocina. Acomodaste la correa del arma y comenzaste a revisar los cajones de los pocos muebles. Cuando tus ojos encontraron un frasco con granos cafés tus ojos se iluminaron. No perdiste ni cinco segundos cuando encendiste la cafetera y te robaste una taza para servirte.
Necesitabas esa mierda.
Caminaste con alegría al laboratorio y cuando las puertas se abrieron soltaste un suspiro de absoluta felicidad, lo cual aquello llamó la atención del hombre quien no tenía ninguna expresión en su rostro.
Se veía tan acabado como tú y Lo'ak.
----- Oye enserio, no toques mis cosas.
Lo ignoraste tomando un sorbo a tu café mientras mirabas la pantalla holografica que estaba en una mesa contigua.
---- Norm, solo... Déjalo, — exclamó cansado rastas — ¿Qué es exactamente esto?
--- Una droga.
Preguntaba mucho y tú no sabías cómo esquivar sus constantes preguntas.
----- Si... Ya lo has dicho en toda esta semana ---- Resopló el avatar rascando su frente frustrado ante tu nula información ---- Pero, ¿por qué quieres investigar esto?
Alzaste los hombros tomando otro sorbo para proceder a sentarte en una silla giratoria, acomodar el arma encima de tus muslos y mirarlos fijamente.
---- Bueno, solo es algo que crearon la RDA y era muuy importante para ellos...
Ambos te miraron confusos.
-----¿Por qué es importante? -----interrogó rastas cauteloso.
Mordiste la punta de tu lengua comenzando a mover la silla de un lado a otro para evitar que leyeran tus expresiones.
---- No lo sé, por eso quiero que lo investiguen.
Mentiras que en algún momento se descubrirán y te meterán en problemas de los cuales no podrías escapar, pero era mejor hacerte la tonta que explicar comportamientos.
----- Pues es extraño, porque es una especie de potenciador ----. Exclamó el científico usando unas pinzas para mover ----- tiene las mismas células de una flor que investigamos hace tiempo, era un tipo de afrodisíaco. Aunque también tiene ciertos rasgos a cocaina, metanfetamina... Es como una revoltura de drogas.
Hiciste una mueca sorbiendo tu café mientras asentías a la nueva información. Puta madre, lo que te faltaba.
----¿Por qué la RDA está creando una droga? — cuestionó rastas con extrañeza — ¿Crees que quieran usarlo en los soldados?
— También existe la posibilidad de que quieran venderla en la tierra — Señaló el hombre sin dejar de mirar por el microscopio.
De forma repentina rastas se giró a mirarte y sus ojos fijos en ti no te dieron buena espina. Aquel avatar comenzó a acercarse a tu persona con pasos firmes, su mirada alerta no te agradó para nada y cuando viste el ligero rastro de sospecha en sus pupilas tu mente se puso alerta, buscando respuestas a preguntas que aún no eran formuladas.
----- Esto no explica realmente en qué te incumbe y por qué razón pedirías recrearla.
Verga.
Tus mentiras te estaban alcanzado demasiado pronto.
Los iris de ambos estaban encima tuyo y cuando tu boca estaba por responder de forma grosera la puerta del laboratorio se abrió y un Lo'ak con respiración agitada entró de golpe al lugar buscando en cada rincón de la habitación con desesperación.
Fuiste salvada por tu amigo justo a tiempo o al menos eso creías de no ser porque cuando sus iris dorados se encontraron con los tuyos el muchacho corrió hacia ti, abrazándote con fuerza provocando que el café se derramara de la taza. Dejaste tu bebida de lado y tus manos consolaron la espalda de Lo'ak sin dudarlo. Sus hombros temblaban, sus uñas se clavaban en tu espalda y su respiracion agitada soplaba contra tu hombro.
— Está bien, estoy aquí — susurraste sin apartarlo.
Se escondió detrás de ti cuando tu voz se presentó y de reojo podías notar cómo observaba a todos los que estaban en la habitación con ojos bien abiertos, tan aterrados y alertas que lo dejaste hacer lo que quisiera.
Justo después de él llegó su hermano quien tenía dos máscaras en sus manos.
--- Lo encontré deambulando por el pueblo — explicó trenzas estirando una máscara a su padre quien no dudó en dártela a ti.
La tomaste no sin antes mirar al reloj que estaba en la pantalla holografica.
La hora se te había ido de las manos. Tenías planeado volver a su lado antes de que despertara y notara tu ausencia, ni siquiera te habías dado cuenta del pasar del tiempo y aquello te causó un poco de pesar al ver y sentir la ansiedad de Lo'ak ante su pequeña separación.
Cuando Lo'ak despertó de su sueño se encontró con la absoluta soledad y por más que sus ojos hicieron el esfuerzo por encontrarte tú no estabas por ningún lado del Mauri y aquello encendió las alarmas de su cabeza en segundos. Todo tipo de escenarios catastróficos llegaron a su mente a excepción de pensamientos racionales. La idea de que los militares los hayan encontrado y te llevaran lejos de él para poder asesinarte por tu traición provocó que cualquier rastro de paz desapareciera de su cabeza.
No dudó en levantarse y salir al exterior que tanto le aterraba con tal de encontrarte. Sus pasos tropezaban conforme se alejaba más de su lugar seguro, su cuerpo cosquilleaba cuando se encontraba con las miradas de los metkayina, las náuseas se formaban en su estómago al chocar contra otros na'vi y al intentar gritar tu nombre su garganta se cerró haciéndolo sentir desesperado. Tropezó tantas veces por sus piernas temblorosas qué estaba a punto de llorar por sentirse inútil, sin embargo, la idea de haberte perdido lo obligaba a moverse.
Comenzaba a hiperventilar conforme los susurros de la gente aumentaban y por más que sus ojos deseaban encontrar tu figura no lo hizo.
Todo en él estaba apunto de fallar, hasta que unas manos apretaron sus hombros y Lo'ak se encontró con un rostro conocido.
— ¿Hermano?, ¿Estás bien?
A pesar de que estaba aterrado de ser tocado por alguien ajeno a ti no pudo evitar aferrarse a su hermano e intentar consolar la ansiedad que tú siempre lograbas calmar.
No supo si él logró encontrar su voz en medio del pánico o su hermano lo adivinó, pero hizo mención del pequeño laboratorio de Norm y Lo'ak recordó que siempre estabas preguntando a su padre si ya habían encontrado algo. Así que no dudó en correr al bosque buscando esas instalaciones con tal de encontrarte... Aunque él odiara las paredes blancas de esos lugares. Cuando Lo'ak entró ni siquiera tomó una mascarilla de oxígeno, solo corrió hacia las voces golpeando el panel para poder mirar el interior de la habitación y cuando sus iris se encontraron con los tuyos no dudó en correr a tus brazos y aferrarse a tu pequeño cuerpo con fuerza.
Una vez que tus manos lo abrazaron y lograron tranquilizar la ansiedad que lo abrumaba se escondió detrás tuyo de todos los ojos en la habitación. Ocultó su rostro entre tu cabello para no prestar atención a las paredes, ni el aroma de los medicamentos, ni al bajo susurro de M intentando atormentar su cabeza
Al sentir el fuerte agarre en tu camisa llevaste tu mano hacia atrás, la cual no tardó mucho tiempo en ser tomada. Tomaste la taza de donde la habías dejado y moviste tu hombro para llamar la atención de Lo'ak quien se asomó ligeramente por uno de tus costados. Le regalaste una pequeña sonrisa y le entregaste la taza. Lo'ak miró el pequeño objeto azul con atención. Su nariz olfateó el líquido mientras el humo desprendía una calidez cómoda, dio un sorbo abriendo sus ojos con sorpresa cuando descubrió que en realidad tenía buen sabor.
Su padre y madre nunca le habían permitido tomar café en su niñez a pesar de su insistencia.
La taza era tan pequeña que en un trago terminó toda la bebida. Sintió cómo sus pulmones se volvían un poco pesados, sin embargo, era una pesadez cómoda.
---- Toma.
Al levantar la vista una mascarilla de oxígeno estaba a centímetros de su rostro. La tomó mirándote mientras tú le quitabas la taza vacia de la mano.
Tenía la otra máscara, ¿cómo se supone que se pondrá esta? Te miró extrañado y luego a la máscara, la colocó encima de su boca y aspiró encontrándose con la absoluta nada.
---- No haz respondido la pregunta ---- señaló rastas intentando leerte a través de tus pupilas.
Tus ojos no se apartaron de los suyos y tu mano se aferró a la de Lo'ak sin saber exactamente cómo salir de esta sin revelar algo que los metiera en problemas.
---- No veo por qué es importante.
— Quieres recrear algo que la RDA ha estado creando, ¿entiendes lo sospechoso qué es eso? Y por si fuera poco, admites que es una droga.
La mano de Lo'ak apretó la tuya y pudiste percibir el pánico emanar de su cuerpo logrando ponerte tensa pues poco a poco ambos estaban siendo acorralados.
Fuiste estúpida.
No pensaste mucho en que tal vez serían interrogados por tu interés a un líquido. Si eras sincera, nadie se interesaba lo suficiente en ti para cuestionar tus acciones.
---- ¿Tú por que crees que querría que investigaran algo de la RDA?---- insinuaste sin apartar tu mirada de sus ojos.
El avatar te miró extrañado, sin entender tu interrogante para desviar su atención.
Al menos hasta que notaste sus ojos abrirse y por unos segundos miraron detrás tuyo intentando ver a aquella persona que se ocultaba entre tu cabello y se aferraba con un agarre tembloroso ante tu cuerpo por las implicaciones de tus palabras.
El silencio que rodeó el ambiente fue tenso. La necesidad de respuestas se vio reflejado en las facciones de las personas ajenas a ustedes y cuando notaste los ojos llorosos del padre de Lo'ak desviaste la mirada para evitar la culpabilidad, lo único que atinaste hacer fue aferrarte al arma en tus muslos.
---- ¿Sabes cómo revertir los efectos? ----- preguntaste mientras dabas pequeños toques con tus uñas al metal de él objeto — ¿si alguien es capaz de recuperarse de recibir esto?
Rastas se dio media vuelta, su mano cubrió sus ojos y el hermano de Lo'ak quien se había quedado en la habitación miraba el suelo con expresión perdida.
— Es una droga... Debería ser normal, como la terapia de un adicto... Aunque la persona sufrirá malestares por el cambio — señaló Norm en voz baja, su tono se volvió tan suave y llena de empatía que te hizo ver que a este hombre le importaba demasiado el padre de Lo'ak.
— ¿Has visto... T-tú has visto alguien bajo el efecto? — cuestionó rastas con ojos rojos.
Era... Era como si decidiera torturarse a sí mismo con la respuesta.
Sentiste el cuerpo de Lo'ak pegarse aún más a tu cuerpo. Aquel hombre seguía atento a tu persona, buscando alguna reacción qué le permitiera entender... Los gritos de las personas al ser devorados aparecieron cual disco rallado en tus recuerdos. La cicatriz en tu hombro obtuvo una punzada y los ojos de Lo'ak coloreados de rosa aparecieron frente a ti como una advertencia.
---- Lo normal supongo... Hambre, alucinaciones y disociación.
— ¿Nada peligroso? Psicosis, arranques de ira, delirios de persecución.
Negaste con naturalidad.
— Es extraño... ¿por qué la RDA crearía algo sin beneficio?
— Probablemente solo lo necesitaban para la venta... Ya saben, pueden tener dinero y campos de ellas y el gobierno ni se enteraría, ¿no? — comenzaste a guiar actuando de forma natural.
----¿Cuánto tiempo llevan con esto? — cuestionó rastas sin mirarte.
Alzaste los hombros fingiendo demencia.
— No lo sé, lo único que sé es que experimentan en los na'vi.
— ¿Tienes idea si trae implicaciones de salud? — preguntó el científico — ¿debería de revisar a Lo'ak para ver si todo está bien?
El cuerpo de Lo'ak saltó y tú frunciste tu ceño poniéndote alerta ante la idea de que ellos se acercaran a revisarlo cual rata de laboratorio.
— No —. Sentencias sin pensarlo — Nadie va a revisar y estudiar nada de Lo'ak.
— Solo quiero asegurarme que mi hijo esté bien de salud.
— Y yo te dije que no.
Trenzas se enderezó y comenzó a dar pasos hacia ti de no ser porque tus manos fueron a tu arma y apuntaron a él al sentirse bajo amenaza. La silla había sido alejada cuando te levantaste de golpe y Lo'ak quien había estado aferrado a tu mano se agachó ocultándose detrás de tu cuerpo mientras cubría sus oídos.
— ¡Hey, hey! — exclamó rastas elevando ligeramente sus manos para intentar tranquilizar el ambiente — Está bien, tranquila. No hay por qué alterarse.
— Les dije que debían aprender a escuchar y cuando dije que nadie debía tocarlo, me refiero a absolutamente nadie.
Norm, quien te miraba fijamente levantó sus manos.
— Si Lo'ak tiene algo interno lo mejor es que sea revisado a tiempo.
— No tiene nada — aseguraste sin bajar tu arma.
— No somos tus enemigos.
— Pues en estos momentos están actuando como uno. Lo'ak no quiere ser revisado, así que ustedes deben aceptarlo.
Los tres guardaron silencio y cuando los sollozos de tu amigo comenzaron a llenar el ambiente sus expresiones cambiaron a unas preocupadas. Tus manos bajaron lentamente tu arma y al ver que ninguno de ellos se acercó te giraste para tranquilizar su estado de pánico. Una vez que tu amigo fue capaz de mirarte y centrarse en tus ojos te levantaste para ayudarlo a ponerse de pie. Jalaste de su mano a la salida evitando la mirada de todos los presentes, hiciste que saliera primero y antes de retirarte los miraste una última vez.
— Espero que hayas avanzado un poco a la próxima...
Al salir de las instalaciones Lo'ak paró de golpe soltando la enorme bocanada de aire que había estado reteniendo todo este tiempo. Sus rodillas fallaron y su mandíbula se apretó al sentirse tan observado, sus manos seguían aferrándose a las tuyas. Inhalaba y exhalaba para tranquilizarse y cuando sus ojos volvieron a encontrarse con los tuyos te cuestionó el por qué lo dejaste solo.
— Lo siento, pensaba volver antes de que despertaras.
El muchacho miró detrás de ustedes, asegurándose de que nadie viniera para tomarlos por sorpresa.
--- Quiero volver al Mauri ---- murmuró muy por lo bajo, casi siendo imperceptible.
Lo aceptarías, permitirías que Lo'ak volviera al Mauri de no ser porque ya había pasado más de una semana encerrado y estabas segura que eso le estaba afectando.
----¿No quieres ir a ver el mar? ---- preguntaste mirando fijamente a sus ojos esperando que entendiera que comenzabas a preocuparte por él.
Estaba dispuesto a negarse con su voz de no ser porque sus oídos escucharon las voces de su padre y hermano. Su garganta se cerró y ahora las palabras se revolvían en su cabeza volviéndolo inútil a lo que quiera expresar.
Tu mano lo ayudó a levantarse y antes de poder encontrarse con sus familiares tú lo guiaste a un costado de la base. Ambos se ocultaron entre la vegetación observando cómo su padre y hermano seguían el camino a la aldea. Una vez que estuvieron fuera de la vista volviste a mirar a Lo'ak quien observaba al suelo avergonzado.
— Ni siquiera... Y-yo no...
— Está bien, tranquilo... Sino quieres encontrarte con ellos podemos ir a otra parte de la playa que no esté cerca de la aldea.
Sus iris dorados te miraron fijamente y la idea de que su piel fuera tocada por el mar le agradó así que aceptó tu plan. Ambos caminaron directo al sonido de las olas, lo más lejos posible de donde los habitantes se encontraban. Para tu suerte, Lo'ak conocía el lugar así que no dudó en guiarte a donde sea que él deseara. Llegaron a algo parecido a un páramo, pequeñas piscinas formadas naturalmente por rocas se encontraban en el lugar y a pesar de que había algunos Na'vi acuáticos Lo'ak pareció no prestarles atención pues la cantidad era mucho menor a la aldea.
A pesar de que no había tantas personas como en la aldea, Lo'ak aun seguía ansioso por las miradas que le eran enviadas. A su cabeza venían imágenes de él siendo juzgado por los pocos que había a su alrededor. Podía sentir vergüenza al recordar el show que había hecho cuando recién llegó a la isla, incluso el que hizo esta mañana.
Probablemente alguien de aquí lo había visto.
Sus manos comenzaban a sudar conforme las miradas eran más obvias. Lo'ak podía sentir que aquellos ojos se clavaban en lo profundo de su mente leyendo sus más oscuros secretos. Podía oír cómo los susurros se volvían cada vez más fuerte y comenzaban a aturdir sus sentidos. Las cosquillas se presentaban en la palmas de sus manos provocando que sus uñas rascaran con brusquedad intentando alejar la sensación irritante, al menos hasta que un gran vuelco apareció en su estómago y lentamente todo su interior se revolvía, sintió que su estómago se estaba comiendo a si mismo. El sudor mojó su frente y el recuerdo de la droga recorriendo por sus venas comenzaba a dar vueltas por su cabeza y finalmente aquellas manos llegaron a torturarlo... Aquellas que tanto odiaba volvieron a quemar su piel y rozar cada centimetro de él con burla.
Quería huir, alejarse de todo el mundo y ocultarse por el resto de su vida para que nadie hablara de él hasta que un ligero tacto se presentó en su mano y sus ojos desesperados miraron tu figura a su lado.
---- ¿Qué es eso? ---- preguntaste con curiosidad apuntando a quién sabe dónde, sin despegar tu vista del frente.
Lo'ak se distrajo con tu voz y sus ojos llorosos miraron en la dirección que tú lo hacías. Un metkayina alimentaba a un ilu y aquello le hizo recordar a su primer día en la isla.
----Es un ilu ----. Murmuró Lo'ak en voz baja.
----¿Un qué...? ---- preguntaste confusa.
Lo'ak humedeció sus labios mirando de ti al ilu. Tomó una bocanada de aire te guió de la mano para llevarte hacia aquella criatura.
Cuando menos lo esperaste tus botas y pantalones ya estaban mojados. El pánico recorrió cada centímetro de tu cuerpo y cuando Lo'ak intentó que el agua arrebasara tus rodillas clavaste los pies en la arena apretando su mano con fuerza mientras te negabas.
— No, no, no, yo de aquí no paso.
El na'vi frunció su ceño, sin embargo, lo aceptó.
Tu amigo se sentó para estar más cerca de tu rostro y finalmente comenzó a llamar a aquellos animales con sus orejas rojas pues tu mirada extrañada lo ponía tímido. A los segundos uno de ellos se acercó, tus manos se aferraron a su brazo y aquel animal cantarin se acercó con alegría a ustedes dos.
---- Vamos, no te hacen daño, son amigables ---- murmuró el muchacho con voz temblorosa, como si le costará hablar.
Lo'ak tomó tu mano la cual temblaba y con suavidad la llevó hacia la cabeza del ilu. La criatura hizo sonidos que te recordaban a un delfín y aquello te hizo sentir extraña. A lo que habías leído alguna vez, los delfines eran unos hijos de puta, sin embargo, este delfín extraterrestre se restregaba en tu mano cual perrito ansioso de cariño, tu otra mano se colocó debajo de su hocico y con más valentía rascaste con el inicio de una sonrisa formándose en tu rostro.
--- Es como un perro, demasiado feliz ----. Señalaste mostrando los dientes con una sonrisa.
----¿Perro..?---- preguntó el muchacho curioso ---- ¿Qué es eso?
Te giraste a mirarlo sin dejar de acariciar al ilu.
---- Es una mascota, bueno, como... no lo sé, ¿un animal que te hace compañía?
Lo'ak asintió entendiendo.
---- Como un ikran.
-----Mas o menos, a ellos no los puedes montar ---- explicaste tomando una extraña antena en la cabeza del ilu ---- ¿y esto qué es?
Lo'ak miró con sorpresa cómo jugabas con la antena neuronal del ilu. Su mano tomó la tuya apartándola con suavidad de aquel lugar pues le traía recuerdos que no eran agradables el como la habías manipulado sin cuidado alguno.
----No toques eso.
Alejaste tu mano con extrañeza ante su expresión seria. La preocupación de haber hecho algo que no debías invadió tu cabeza.
----¿Qué es? — cuestionaste. Su expresion no cambió y eso te alteró — Ay no me digas que con eso se aparean.
Sus ojos se abrieron con sorpresa y una carcajada escapó de su boca ante tu expresión asqueada.
----¿Qué? ¡No! ---- exclamó entre risas haciéndote sonreír ----. Es... Por donde tienen su conexión, es delicada.
----Ahhh ---- asentiste entendiendo mirando a Lo'ak fijamente ---- Ustedes también tienen una, ¿no?
Lo'ak apartó la mirada incómodo pues ya no le agradaba esa parte de su cuerpo. Alguien la había malogrado y vuelto impuro sin piedad alguna... Arruinó algo que era tan sagrado para los nativos de Pandora qué era incapaz de reparar.
----Algo así... ----. Exclamó distraído, no queriendo ondear en el tema.
Unas gotas de agua salpicaron en su rostro provocando que sus ojos te miraran con sorpresa. Reíste apuntando al ilu el cuál hizo sonidos de delfín provocando que Lo'ak te sonriera divertido comenzando a lanzarte agua con sus manos, huiste cual juego de atrapadas esquivando el agua.
Esto le recordó a cuando solo eran ustedes dos.
Lo'ak te siguió sonriendo cuando la sal entraba por su nariz, cerrando sus ojos cuando le salpicabas con tus manos. Se persiguieron el uno al otro en la orilla, mojando sus ropas sin dejar de reír y Lo'ak logró olvidarse de todo... Las heridas en su cuerpo dejaron de punzar, las miradas de su alrededor desaparecieron y la playa se llenó de solo ustedes dos.
Ustedes disfrutando, ustedes corriendo, ustedes riendo olvidándose de dónde estaban.
Cuando sus respiraciones eran pesadas y toda su ropa estaba empapada decidiste que era hora de un descanso.
----Bien, bien ya sacaste energía ahora déjame secarme ---- pediste mientras exprimías tu cabello ---- Vamos, carrera a la orilla.
Ambos corrieron sin dudarlo después de tus palabras.
Lo'ak movía su cola con emoción y cuando claramente él ganó por sus enormes pasos te quejaste. Se burló de ti sacándote la lengua mientras su dedo medio se levantaba.
No dudaste de mentarle la madre con una sonrisa.
---- ¿Te divertiste? ---- preguntaste sentándote en la arena sin dejar de exprimir tu cabello, dejaste que el arma colgara a un costado tuyo.
Lo'ak sonrió tímido afirmando con la cabeza, sus uñas rascaron por unos segundos su brazo.
----¿Podemos volver al mauri? — pidió en voz baja.
Asentiste sin pensarlo mucho levantándote del suelo para comenzar a caminar al pueblo, el metal del arma golpeando contra tu costado te mantenía tranquila. Necesitabas quitarte toda tu ropa porque sentirla pegada a tu cuerpo era totalmente incómodo.
Una vez que se acercaban al pueblo unos rostro conocidos se presentaron y Lo'ak se pegó aún más a ti, sonriendo tímidamente cuando su hermano y padre se acercaron.
— ¡Hey, hermanito! Te buscamos en el mauri y no estabas — informó su hermano.
Aquellas palabras lograron hacer que la culpa fuera mas evidente en su pecho... Había estado intentando escapar de ellos todo este rato.
— ¿Fuiste a nadar un rato? — preguntó su padre con una ligera sonrisa.
Sus iris se desviaron para no evidenciar o notar la tristeza en los ojos de su progenitor. Asintió lentamente sin atreverse a decir nada más. El silencio que se extendió a continuación fue totalmente incómodo para él, pues pareciera que estas dos personas esperaran algo de su parte, algo que claramente no era capaz de dar.
— Nosotros... Bueno, pensábamos que quizás podrías venir a comer con nosotros, con nuestras hermanas y así, ¿qué te parece?
Su corazón que ya había estado siendo afectado por la ansiedad latió de forma tan brusca y dolorosa que no pudo evitar apretar el agarre en tu mano. Sus orejas se agacharon y sus piernas se volvieron débiles ante la idea de ellos viéndolo comer. La posibilidad de que Lo'ak se perdiera en su hambre provocaba que las imágenes de sus víctimas llegaran a su cabeza en pequeños segundos tortuosos.
Como siempre, fuiste capaz de leer el sentir de Lo'ak a través de sus acciones y ahora mismo todo en él gritaba por ayuda. Por esa misma razón no dudaste en dar un paso al frente. Poniendo un muro entre él y su hermano.
----Amm... Trenzas, creo que Lo'ak no está listo para eso ---- te negaste con tus pupilas totalmente centradas en sus ojos ---- hoy comerá conmigo.
----Soy Neteyam, no "trenzas" -----. Sin embargo, trenzas te ignoró e intentó buscar la respuesta positiva de tu amigo---- ¿Qué dices?
Este hijo de la chingada.
---- No quiere.
----Estoy hablando con él, no contigo ---- te contestó borde, casi inflando el pecho mientras daba un paso al frente.
¿Y este que mierda trae contra ti?
Diste otro paso al frente y Lo'ak sabía que todo se estaba saliendo de control, que probablemente debía alejarte antes de que te lanzarás a golpes y los metas a ambos en problemas. Además, debía aceptar que la actitud borde de su hermano tampoco estaba ayudando a calmar tu enojo y para suerte de todos, no habías tomado el arma. Al menos no aún.
----¿Eres tonto? ---- preguntaste seria.
Notó cómo tus manos se movían hacia el mango del arma y ese fue el momento donde decidió intervenir.
Sus manos se posaron en tus hombros para jalar tu cuerpo hacia él y alejarte de su hermano. Por un momento creyó que iba a ser complicado mantener todo bajo control por él mismo y más cuando se trataba de tu personalidad, sin embargo, su padre pareció entender que esta situación estaba saliéndose de control y también retuvo a Neteyam para que no pelearan cual desquiciados.
Sus personalidades no conjeniaban para nada.
Cuando el ambiente dejó de ser tenso y él vio que tú eras capaz de controlar tu rabia dejó ir tus hombros. Tu mano tomó la suya y sin detenerte comenzaste a caminar hacia el mauri.
---- Será mejor que cambies tu actitud conmigo, trencitas ---- advertiste cuando pasaste por el lado de Neteyam.
Tu hombro empujó el costado del muslo de su hermano provocando que te mirara con ojos llenos de irritacion. Lo'ak volvió su mirada al frente intentando ocultar su rostro de todos al sentirse incómodo ante la idea de haber llamado la atención de los demás aldeanos.
Podía sentir la penetrante mirada de su hermano y padre encima de ustedes. Al ver de reojo hacia ellos notó la molestia reflejada en sus pupilas con la vista atenta en tu espalda, te estaban criticando y aquello lo llenó de una necesidad inmensa de cubrirte de aquellas miradas acusatorias... Pues juzgar tus decisiones era como juzgar el sentir de Lo'ak.
Él sabía que todo lo que hacías era por el simple hecho de que te lo pedía.
---- Oye tigrecito, ¿qué quieres hacer llegando al mauri? ---- preguntaste mientras te dabas media vuelta sin dejar de avanzar.
Lo'ak estaba apunto de sonreír por tu expresión tan relajada a pesar de todo lo sucedido hace unos segundos, sin embargo, la silueta de una figura alta y delgada lo hizo llenarse de terror al tomarlo desprevenido.
Ver la expresión de Lo'ak cambiar de forma tan repentina encendía alarmas de tu cabeza que no estabas dispuesta a ignorar. Ni siquiera fuiste consciente cuando tus manos se movieron al arma que colgaba de tu hombro, estabas a punto de defenderte de lo que sea que era aquella imponente presencia que erizaba los vellos de tu cuerpo sin pensar unos segundos en dónde estabas.
Las risas de aquellas hienas llegaron cual burla a tu debilidad en el bosque de Pandora. La cicatriz en tu mano punzó como un recordatorio a lo que podría pasar sino terminabas con aquella amenaza y la última confirmación que necesitabas eran los ojos llenos de pánico de Lo'ak.
Quitaste el seguro y cuando estabas por girar una enorme mano detuvo todo movimiento de tu parte. Tus ojos se encontraron con el rostro de un Lo'ak mayor, uno ojeroso y cansado que te preguntaba qué crees que hacías.
Rastas.
Ustedes ya no estaban en el bosque.
Los ruidos del bosque desaparecieron, las olas volvieron a torturar tus oídos y el olor a tierra mojada fue remplazada por la marea salada.
Tus pupilas buscaron a Lo'ak y la expresión de pánico se transformó en una de nervios. Sus ojos que miraban al suelo mientras sus dedos se aferraban con fuerza a sus pantalones te hicieron entender que tal vez solo se trataba de un conocido y a juzgar por el aura de odio que era dirigido a tu persona solo se podía tratar de aquella que te odió desde el primer momento que fue consciente de tu existencia.
La mamá de Lo'ak.
Te diste media vuelta y alzaste la mirada encontrando aquellos ojos amarillos que te gritaban el desprecio que sentía por tu persona.
----Hey.
Saludaste ganándote una mueca mas marcada de odio. Evitaste rodar los ojos porque sabías que aquello lograba hacer enojar con mas empeño a los demás. Finalmente cuando sus pupilas dejaron de lado a tu persona sus ojos se llenaron de amor.
Un amor tan melancólico que se sentía extraño.
La na'vi pasó por tu lado yendo directo a tu amigo con una suave sonrisa.
---- Lo'ak, mi bebé---- llamó en voz baja dirigiendo sus manos al rostro del na'vi.
Tus alertas se encendieron al ver las acciones de la na'vi y cuando los hombros de Lo'ak se tensaron ante el contacto estabas dispuesta a saltar y pelear de no ser porque sus pupilas aterradas te miraron y su mano se movió para expresarte que estaba bien. Aceptaste sus palabras sin atreverte a alejarte un paso más de ellos, miraste las reacciones de tu amigo con atención y tu mano descansó encima del arma para brindarte tranquilidad.
Solo para brindarte un poco de seguridad.
Lo'ak sintió sus piernas débiles cuando notó a su madre venir hacia él. Toda su piel se erizó y cientos de imágenes de ella llorando desconsolada por ver lo que él era torturaba su cabeza una y otra vez. Sus orejas se agacharon y sus ojos miraban al suelo buscando evitar gritar de desesperación. Al menos hasta que las manos de su madre lo tocaron y todo en él se heló por completo.
Debía limpiarse para poder ser tocado por su madre.
Trató de no ser obvio al sentir cómo el terror llenaba cada parte de su cuerpo por tener a su madre a escazos centimetros de su rostro. Suplicó a su cabeza que fuera fuerte y soportara unos cuantos segundos de este contacto físico.
Tú estabas ahí y harías todo para que ellos lo dejaran en paz cuando él te lo pidiera. Por esa misma razón aceptó esta convivencia repentina y te pidió tranquilidad.
Aunque sus manos sudaran y se aferraran a su pantalón, aunque su cola estuviera envuelta en su muslo y sus ojos buscaran cualquier cosa en la arena para no hundirse en su propia locura.
Hasta que habló.
El tono suave y poco conocido de su madre invadió cada rincón de su cabeza. El tranquilo y amoroso canto que lo acompañaba a la hora de dormir en su niñez llegó a sus oídos en un recuerdo nostálgico que lo llenó de una calidez de la cual no quería escapar.
Quería llorar, pero no de miedo... Sino de alegría y necesidad de ser cuidado por su mamá.
----¿Cómo estás, hijo mío? ---- preguntó acariciando sus mejillas.
A pesar de que le aterraba ser tocado, buscó el calor de las manos de su madre mientras sus ojos se distraían en las cansadas facciones de la mujer.
---- Mírate mi pequeño, no haz crecido nada desde que te alejaron de mi —Asintió mientras sus rodillas comenzaban a flaquear. --- Ven a comer con nosotros, tus hermanas quieren verte.
Fueran tan pocas palabras que lograron destruir en segundos su paz.
Cerró sus ojos con fuerza ante el grotesco recuerdo de sus hermanas siendo devoradas por su boca, la culpa invadió su corazón llenándolo de impotencia ante el cero control de su acciones, ante el nulo arrepentimiento de sus más oscuros y repugnantes deseos.
"Esto eres y esto es lo que mereces"
Las lágrimas comenzaron a bajar por sus mejillas conforme la venenosa y cruel voz de M susurraba a sus oídos la verdad que le había mostrado desde que fue raptado... Era un monstruo.
Él no merecía la mínima posibilidad de ser amado.
Sus piernas se volvieron débiles, los sollozos escaparon de sus labios cual suplica y su mirada te rogó por la protección que siempre le otorgabas.
Comenzaba a ser consciente de lo sucio y putrido que estaba y una persona como él no merecía ser tocado por la dulzura de una madre.
No dudaste ni un segundo en apartar a la mujer de Lo'ak cuando sus iris dorados te suplicaron por ayuda. No la moviste mucho y a pesar de que la mujer te amenazó con un siseo lo ignoraste y tus mano tomaron los dedos de Lo'ak atrayéndolo hacia a ti para comenzar a alejarte de todos ellos. Sin una despedida, sin una mirada, simplemente el avanzar firme a la seguridad de su soledad.
Parecía que iban a ignorar cada una de las peticiones para sentirse bien consigo mismos.
----Vamos, Lo'ak. Solo espera un poco, ¿si?---- sabías que estaba por romperse, podías sentirlo por las cientos de emociones que emanaban de su cuerpo -----. ¿Qué tal si hoy comemos pescado, eh?, ¿Quieres volver a nadar más al rato?
Lo'ak no contestó.
De hecho, su cobardía no lo dejó levantar la mirada y ver a su familia. Le aterraba tanto llegar a mirarlos y encontrar la expresión de decepción que siempre recibió en su adolescencia.
No cree poder soportar recibirla una vez más.
A pesar de que su nombre fue llamado por las voces de todos ellos, siguió adelante sin mirarlos. Se dejó arrastrar por tu mano mientras su corazón se detrozaba a cada paso que daba. Su cuerpo se volvía débil y los sollozos eran insoportables de retener conforme los segundos avanzaban. Cuando llegaron al mauri y su debilidad podía ser escondida de la mirada de los habitantes fue al rincón más alejado de la entrada y se recostó en el suelo dejando de retener los sollozos. Sus manos ocultaron su rostro y su mente ignoró el dolor corporal al ser sobrepasado por el mental.
Había extrañado tanto a su madre... Había rogado una y otra vez que su familia lo encontrara y lo sacara de aquel infierno. Había suplicado a Eywa por ayuda. Prometió no volver a meterse en problemas con tal de volver a estar junto a ellos y cuando ya tenía aquella posibilidad se alejaba aterrado de ella.
A veces se sentía culpable por estar tan enojado con ellos... Se sentía traicionado por la gran madre y en su cabeza existía aquel pensamiento de que ellos lo habían dejado atrás...
Habían seguido adelante y formado sus vidas mientras él quedó estancado en el mismo lugar.
Deseaba volverse pequeño y desaparecer de la faz de Pandora.
Quería poder descansar sin tener que vivir con los horribles pensamientos que invadían a cada segundo su cabeza... Deseaba no haber sido él quien perdiera todo en aquel lugar.
Tus ojos no pudieron apartarse de Lo'ak quien se abrazaba a si mismo para parar el dolor mental.
Se veía tan indefenso... Tan roto y desconsolado que incluso sentiste por un momento que llorarías junto a él.
Soltaste un pequeño suspiro tranquilizando tus emociones para poder ser el soporte de tu amigo. Te tomaste tu tiempo al ponerte cómoda pues quitaste tus botas con cuidado y con pasos firmes caminaste hacia él. Rodeaste su cuerpo y cuando estuviste frente a frente te recostaste a su lado con cuidado.
Quitaste la correa de tus hombros y con total suavidad dejaste tu arma a un costado de ustedes, por si sucedía cualquier inconveniente.
Ninguno de los dos habló.
El silencio era acompañado por sus lamentos y esto se prolongó como un mantra que los cubría a ambos del exterior, encerrándolos en un universo donde solo estaban ustedes dos. En tu cabeza, el bosque volvió a rodearlos, las plantas fluorescentes los cubrieron de los peligros y las estrellas los acompañaban cual guías en la noche.
---- Dame tu mano ---- pediste en voz baja.
Lo'ak dejó de cubrir su rostro cuando tu voz acarició sus oídos. La inseguridad que lo llenaba desapareció conforme era consciente de la tranquilidad que tu mirada le entregaba... Como era habitual en tu persona, jamás juzgaría sus momentos de debilidad.
Sus dedos temblorosos se movieron anhelando el consuelo de tu toque y cuando tu mano se aferró a la suya su corazón dolió por la calidez que le regalabas sin dudar.
Tu pulgar acarició el dorso de su mano conforme las lágrimas se volvían imparables.
----¿Por qué...? ---- preguntó con voz entrecortada.
---- Porque me importas.
El aire escapó de sus pulmones ante la sinceridad que escapaba de tus pupilas. Su corazón se llenó de amor y las lágrimas que eran de desconsuelo se volvían de una absoluta felicidad al sentirse querido.
Por alguna razón que no lograba entender siempre podía creer en cada palabra que salía de tus labios.
---- No puedo hablar con mi mamá ----.Confesó en un lamento --- t-tampoco puedo ver a mis hermanas... N-no estoy listo.
Tus ojos estaban tan atentos a él que fue imposible no soltar todo lo que agobiaba a su corazón destrozados.
----Siento... Siento cómo mi estómago se come a si mismo cuando estoy cerca de ellas y... Y mis manos pican y la necesidad de correr lejos me invade y el recuerdo de e-ellaa... S-su sangre en mis-... y-yo- yo no-
Tu agarre se volvió firme y tu cuerpo se giró por completo hacia él.
----N-no quiero estar aquí... N-no creo, y-yo no-
----¿No quieres...?---- preguntaste con suavidad observando como él desviaba su mirada con dolor---- ¿O crees que no lo mereces...?
Sus ojos dorados volvieron a mirarte sintiéndose expuesto ante tu forma de leer cada una de sus expresiones. Un pequeño puchero comenzó a formarse en su rostro ante tu pregunta acertada y no se apartó cuando acercaste tu rostro al suyo para hacer el ademan de juntar sus frentes sin soltar su mano... Sin alejar el contacto físico qué tanto necesitaba.
----- Lo'ak... Te mereces todo el amor que deseas, mereces pasar tiempo con tu familia, mereces tener tranquilidad y mereces tener una vida normal. Ellos están felices de que estés aquí, porque te buscaron todos estos años y finalmente te encontraron.
Cerró sus ojos con fuerza cuando los sollozos lastimaban su garganta y pecho, su cola se aferró a tu cintura encontrando la estabilidad que necesitaba. Su rostro se ocultó en tu hombro y tus brazos rodearon su cuerpo ocultándolo del mundo.
--- ¿y si se agotan de esperar...?
---- No van a hacerlo, porque te aman.
Y él decidió creerte.
— Podemos empezar con algo pequeño — sugeriste con una pequeña sonrisa — ¿qué tal si empezamos con salir a pasear por las noches? casi no hay nadie en la playa a esa hora y cuando te sientas cómodo con eso podemos cambiar al atardecer, luego en la mañana y al final todo un día fuera del Mauri.
---- Gracias.
Sonreíste con cariño, frotando el vidrio de la máscara contra su frente provocando que una bonita sonrisa adornara su rostro.
----De nada, tigresito.
Por el resto de ese día Lo'ak durmió con tranquilidad ente la seguridad de que tú no te irías de su lado. Sus bajos ronquidos acompañaban tu suave tarareo y la voz de tu hermana imitaba tu canto en un recuerdo lejano.
Era tan... Era tan extraño sentir que había más cercanía entre ustedes cuando no estaba a tu lado. La melancolía te hizo olvidar el sonido de las olas debajo de ustedes, el olor a marea abandonó el lugar siendo reemplazado por un suave olor a café y aquel perfume de bombón que a ella le encantaba.
Cuando tu garganta se agotó y la voz de tu hermana desapareció la cola de Lo'ak apretó tu cintura, lo cual provocó que tus iris prestaran atención a las pupilas dilatadas de tu amigo.
El sonido de su estómago suplicando por comida llenó el ambiente siendo imitado por el tuyo mismo.
¿Hace cuanto había despertado? No lo sabías.
-----¿Quieres ir por comida? ----- preguntaste comenzando a enderezarte para estirar tu cuerpo.
----¿Ya es de noche? ----- preguntó manteniéndose en su lugar.
Tus ojos fueron hacia la entrada notando cómo el sol ya se estaba escondiendo, pero aún podian reflejarse algunos pequeños rayos de sol en la superficie del mar.
----Falta poco... ¿Quieres que le llame a tu papá? ---- preguntaste mientras te ponías tus botas.
Lo'ak se sentó con lentitud llevando su mano a su abdomen con una pequeña mueca de dolor.
Aún no habían revisado esa herida a pesar de que ya había pasado tiempo.
----No... Yo- ¿podemos ir por pescado? Cómo antes de llegar aquí.
Le sonreíste mientras asentías. Te levantaste del suelo quejándote por tus rodillas y finalmente extendiste tu mano a él quien no dudó en aceptar tu ayuda.
---- También quiero ir con el científico narizón.
Lo'ak soltó una carcajada.
----¿Norm? ---- preguntó curioso ---- ¿Por qué quieres ir ahí?
---- Café.
Lo'ak te siguió de cerca sin dejar que su cola se alejara ni un milímetro de tu cuerpo.
---- Papá nunca me dejó tomar café antes. A veces veía a él tomarlo cuando estaba con Norm y si mi mamá me veía siempre me castigaba así que intentaba hacerlo a escondidas.
Apretaste su mano con una sonrisa divertida.
— Quién diría que serías todo un niño rebelde.
Empujó tu hombros con sus caderas de forma juguetona, sus ojos se quedaron atentos en el camino bajo sus pies que lo hacía rebotar a cada paso que daba.
---- Yo también quiero.
-----Bueno, le robamos dos tazas al Doctorcin.
----¿No le vas a decir por su nombre, verdad? ---- preguntó Lo'ak con una sonrisa divertida.
—Nop.
Cuando sus pies tocaron la arena dorada de la playa el sol ya se había ocultado y el eclipse los acompañaba en su caminata nocturna. A pesar de que era mucho más solitario, su atención no podía evitar centrarse en los pocos metkayina que protegían a los habitantes por la noche.
----¿Cómo vamos a tomar los pescados? No puedes ser brusco por tu herida — preguntaste mientras intentabas ver a través de la tela de su camisa.
Lo'ak se removió incómodo, frunciendo su ceño y arrugando sus labios en un puchero.
— En la mañana lo hice...
— ¿Y como te fue con eso?
No te miró, pero lo que si hizo fue jalar de tu mano hacia un lugar en específico.
---- Podemos tomarlos del Mauri común. Ahí dejan la pesca en recipientes tejidos para que sean repartidos.
----¿Está bien que tomemos nueve peces? ---- preguntaste divertida.
Lo'ak te miró ofendido.
----Yo no como tanto.
---- Cállateeeee, claro que lo haces ---- bromeaste haciendo que él te empujara con una sonrisa. ----- primero vamos por el café... ¿O llevamos el pescado allá?
Lo'ak te miró y después observó a la aldea encontrándose con las miradas curiosas de los Metkayina.
-----Mejor hay que llevarlos.
Tú asentiste.
-----Bueno, guía señor Lo'ak.
Con una sonrisa caminó hacia el mauri común donde canastas llenas de comida se apilaban cubiertos por telares. Tú levantaste uno tomando tres pescados para entregárselo a Lo'ak.
----¿Qué tanta hambre tienes? ---- preguntaste mirándolo a los ojos.
Lo'ak tocó su estómago el hambre estaba tranquila, pero aún así quería asegurarse.
-----Cinco... ---- murmuró mirando a otro lado.
---- Cada vez estoy más segura que eres un tigre ---- murmuraste con diversión ganándote un golpe con su cola haciéndote reír ----. Bueno, cinco y uno para mí. Ahora corre.
----¿Qué?, ¿Porqué? ---- preguntó Lo'ak extrañado.
----¡Hey, quién anda ahí!
----¡Corre, corre!
Corrieron entre risas cuando la adrenalina invadió sus cuerpos hasta llegar a la base. Finalmente pudiste retirarte la máscara de oxígeno y respirar con libertad sin estar encerrada en un muro de vidrio. Tus pasos fueron directamente hacia la zona de la cocina, tus manos encendieron la cafetera y mientras el café se preparaban comenzaste a robar la pequeña alacena del científico para preparar la cena.
----¿No lo despertaremos? ---- preguntó Lo'ak en voz baja, tomando uno de los pescados para comenzar a quitarle las escamas.
Alzaste los hombros restándole importancia a ese pequeño detalle.
-----Pues ni modo, yo tengo hambre y tú también.
Fue imposible para él no sonreír ante la nula preocupación que demostrabas por el asunto y aquello logró tranquilizar su ansioso corazón al estar en un lugar que no le agradaba.
Así que se sentó en el suelo justo a tu lado donde podía ver todo su alrededor sin esfuerzo alguno. Dejó que las escamas cayeran al suelo al retirarlas de la piel del animal y una vez que todos estaban limpios y te los entregó para que tú las pusieras al fuego.
Sus ojos te miraron desde abajo completamente fascinado ante la claridad de tus facciones. Pequeñas cicatrices decoraban tu piel, tus ojos se veían cansados y aquel color que él siempre vio opaco ahora brillaba... Era tan brillante que podía compararlo a las estrellas que los acompañaron en el bosque.
----¿Qué pasa, Lo'ak? ---- preguntaste sin mirarlo.
Se removió en su lugar al ser descubierto. Sus dedos jugaron con ellos mismos mientras la timidez comenzaba a invadirlo.
----- Nunca te había visto sin la máscara... Incluso en el centro cuando fuiste por mi llevabas una de esas.
----Cuando me encerraron contigo no tenía ----. Recordaste con una pequeña sonrisa.
Lo'ak frunció su ceño cerrando los ojos ante el recuerdo de la frialdad de aquel lugar.
-----Bueno estaba oscuro, no nos veíamos bien... Además, era más importante escapar.
De repente te estabas sentando a su lado, entregándole un plato con todos sus pescados apilados uno encima del otro. Lo'ak lo tomó sonriendo en forma de agradecimiento.
----¿Y mi café? ----- cuestionó emocionado ante la idea de volver a tomarlo.
Extendiste la jarra hacia él después de servirte en tu propia taza y cuando estaban dispuestos a comer fueron interrumpidos por una voz que claramente expresaba molestia en el tono.
— ¿Qué...? Ay no puede ser, ¿qué están haciendo aquí? — se quejó Norm con claro fastidio en sus facciones.
Lo'ak quien ya tenía un pedazo de comida en la boca saltó en su lugar ante la repentina aparición del científico. Su piel se erizó y su enorme figura intentó pegarse lo más posible a tu persona para sentirse lejos del peligro cuando veía a este hombre de cerca.
---- Estamos comiendo, ¿No ves? ----- obviaste gateando por enfrente de Lo'ak y ponerte a su costado y esta vez ser tú la más cercana al humano----. Y no alces la voz, es tarde.
La frustración de Norm comenzó a llenar el ambiente, provocando que todo su cuerpo comenzara a punzar ante un maltrato inexistente. La molestia en sus ojos lo hizo temer por un castigo del que no estaba seguro si llegaría. Lo'ak miró la jarra en sus manos, de su jarra a los ojos de aquel hombre.
-----¡No tomes mi café!, ¡No toques mis cosas!, ¡NO entres aquí sin permiso! — exclamó despeinando su cabello con absoluta frustración.
Los iris de Lo'ak buscaron tranquilidad ante el tono alto y furico de aquella voz. Su mano se aferró a tu pantalón y cuando su mirada ansiosa se encontró con tu expresión aburrida no pudo evitar calmarse solo un poco.
Le diste un sorbo a tu café, como si nada malo estuviera pasando.
Pareciera que Norm no era un peligro para ti y él confiaría en tu juicio.
Así que se tomó la libertad de darle un sorbo a su café.
---- Te recuerdo que gracias a mi saben una de las estupideces de la RDA, así que no me límites.
Norm rodó los ojos ante tus palabras dándose media vuelta para desaparecer por el pasillo. El sonido de una puerta cerrándose los hizo mirarse y reírse ante la pequeña travesura de ambos.
La cola de Lo'ak se movía de un lado a otro mientras devoraba sus pescados mostrando toda su felicidad al ser alimentado. Pequeñas migajas caían encima de su pantalón, sin embargo, sus manos no dudaban en moverse y tomarlos para meterlos a su boca. Sus dientes arrancaban la carne, su respiración se volvía agitada conforme la emoción llenaba su cuerpo y cuando parecía estarse ahogando sorbía el café y volvía a devorar con ímpetu su comida.
---- Oye ---- llamaste en voz baja.
Lo'ak te miró con sus cachetes inflados, pedazos de pescado descansaban en la camisura de sus labios, cosa que te hizo reír. Le entregaste una servilleta y él la tomó para limpiarse sin dejar de observarte.
----¿Qué? ---- preguntó mientras volvía a meter más trozos de comida a su boca.
---- Come despacio ---- exclamaste tomando un pequeño pedazo de tu propio pescado y masticar con lentitud.
El ceño de Lo'ak se frunció ante tus palabras dejándote en claro que esa idea no le agradaba para nada, sin embargo, hizo un esfuerzo en obedecerte. Su mandíbula masticó con lentitud la comida en su boca imitando tus movimientos. Una vez que ambos tragaron su estómago comenzó a retorcerse y la frustración llenó su cabeza obligándolo a dar una gran mordida al pescado en sus manos para darle otra, otra y otra sin detenerse.
Un suspiro resignado salió de ti y simplemente ignoraste la frustración dando un pequeño sorbo a tu café.
Fue una cena llena de silencio y comodidad. Lo'ak devoraba con la desesperación habitual su comida y tú podías disfrutar del silencio cómodo en un lugar donde podías bajar la guardia y comer de forma normal.
Cuando terminaron su alimento se quedaron sentados en el mismo lugar esperando a que la comida bajara.
----- Oye Lo'ak, ¿Quieres pasear un rato o vamos directo a dormir?
No dijo nada por unos segundos, sus manos jugaron con su propia cola y por unos instantes sus iris dorados miraron fijamente los tuyos.
— Me duele el abdomen...
— ¿Quieres que te revise? — preguntaste intentando ver a través de su camisa.
Lo'ak asintió.
— Pero no aquí... Quiero volver al mauri.
Asentiste mientras dejabas escapar un bostezo. Tu cuerpo agotado se levantó de su lugar con esfuerzo y una vez de pie ayudaste a Lo'ak quien se quejó por lo bajo probablemente ante la incomodidad qué sentía en su torso.
Salieron no sin antes dejar todo como antes.
Su cola se enrolló en tu pierna y sus enormes pasos eran cercanos a tu persona dejando en claro a tu cerebro la enorme presencia que te seguía. Cuando salieron de aquel bosque lograste notar la fija mirada de Lo'ak en el mar. Sus ojos brillaban fascinados mientras las olas lo saludaban en la orilla con un bajo sonido que probablemente lograba tranquilizar a su agobiado corazón.
Jalaste de su mano provocando que sus iris se encontraron con tus pupilas. Sonreíste son suavidad señalando con un movimiento de cabeza a aquellas profundidades.
---- Anda ve, no va a pasar nada.
Sus ojos te miraron con duda y luego fueron a la orilla del mar y así sucesivamente.
----- ¿Estás segura? Podemos volver al mauri, sé que no te gusta el mar.
Le diste un empujoncito con tu cadera a su muslo.
— Solo ve.
Loak te miró solo unos cuantos segundos y al asegurarse de que no había ningún rastro de molestia en tus rostro fue con pasos rápidos a aquel claro que tanto adoraba.
Caminaste detrás de él con andar relajado observando con una pequeña sonrisa cómo el muchahco no dudaba en adentrarse al mar y juguetear con el agua.
Tus ojos miraron la arena bajo tus pies, al percibir el sonido de las olas demasiado cerca de ti te detuviste y te sentaste en ese mismo sitio. Tu cabeza necesitaba distraerse del peligro que el mar representaba para ti, así que tus ojos buscaron algo distinto, algo lejano como el eclipse que se elevaba por encima de sus cabezas, las estrellas lo acompañaban con una luz pura y cuando te recostaste en la arena contaste cada una de ellas para evitar el aburrimiento.
La tranquila y baja voz de tu hermana comenzó a tararear mientras el fantasma de sus manos acariciando tu cabello te relajó poco a poco.
‐---¿No vas a entrar conmigo? ---- preguntó Lo'ak después de un rato de silencio.
La voz de tu hermana desapareció y las olas reventando en la orilla causaron escalofríos por todo tu cuerpo.
---- No, gracias. — sentenciaste sin dudarlo — no voy a soportar la sensación del pantalón mojado contra mi piel.
Lo'ak rió ante eso y a pesar de que no dijo nada más, sabías que algo le intrigaba pues podías sentir su insistente mirada encima tuyo.
----¿No se meten así donde naciste?
Te erguiste ligeramente, recargándote en tus codos para encontrarte con Lo'ak haciendo un castillo de lodo en la orilla.
----No realmente. Se supone que hay trajes especiales para eso ---- Lo'ak te miró curioso ----. Son exactamente como los que ustedes usan.
Lo'ak asintió mientras su mirada se concentró en su castillo y en sus manos llenas de lodo. Su expresión pensativa te intrigó y a pesar de que querías volver a recostarte te quedaste quieta esperando con paciencia a que dejara salir lo que sea que estuviera acomplejando su pensar.
-----¿Si obtuvieras uno te meterías al mar... conmigo? ---- preguntó en voz baja sin atreverse a mirarte.
No.
Pero tampoco querías arruinar sus esperanzas sin antes haberlo intentado.
----Hmm, tal vez si — te sentaste en tu lugar, recargando tu mentón en tu rodilla sin dejar de observarlo — pero que mis pechos se sostengan bien, no quiero que anden saludando al mundo.
Lo'ak rió ante tus palabras, cubriendo su sonrisa con el dorso de su mano.
---¿Qué tiene de malo? ---- preguntó curioso -----. Ustedes son bastante vergonzosos, cuando se trata de cosas normales.
----Cosas de humanos – señalaste con una pequeña sonrisa —. Tú no andas usando taparrabos por ahí como ellos.
Sus ojos se abrieron ante tus palabras y la sonrisa que adornaba su rostro se borró. Sus iris miraron a las profundidades del océano mientras imágenes de su cuerpo maltratado aparecían en su cabeza cual tortura silenciosa.
Mierda.
Siempre abriendo la boca para soltar estupideces.
— Perdón. Yo-... No lo pensé mucho cuando lo dije.
Lo'ak asintió sin mirarte.
----¿Cuando voy a enseñarte a nadar? ---- cuestionó desviando el tema mientras apilaba más arena a su castillo de lodo.
Cruzaste tus piernas, poniendo el arma entre ellas para juguetear con la culata.
----- Si tuviera un traje podríamos hacerlo rápido.
No querías que tu ropa interior se llenara de arena, después esta te picaría en momentos inoportunos del día.
----Voy a hacerte uno — alzaste una de tus cejas ante su sentencia — yo le hice algunos trajes a mis hermanas, puedo hacerte uno a ti.
---- Bien, pero que sea ajustado y que cubra la mayor parte de piel.
Lo'ak asintió mientras sus manos ocultaban sus piernas con pequeños montones de arena mojada.
----¿Alguna característica en específico? ---- preguntó con su cola dejando ver su emoción.
Sentiste un poco de ternura al ver sus enormes ojos brillantes y su cola expresar su verdadero sentir sin descaro alguno.
-----Te doy toda la libertad de creación.
Lo'ak no tardó en dejar que su imaginación se desplazara entre todas las opciones de colores y decoraciones que podría combinar. La alegría de imaginarte usando algo que él creó era deseada, verte portar algo que creó con orgullo llenaría su corazón de una seguridad que hace tiempo había abandonado. Incluso, se atrevió a pensar en un conjunto a juego entre ustedes dos, aunque aquello fuera una simple fantasía por todas las cicatrices que decoraban su piel. Ni siquiera aquel pensamiento fue capaz de desaparecer su emoción por lo que no se dio cuenta cuando el eclipse se fue dando bienvenida al sol. Ambos seguían fuera del mauri por el simple hecho de buscar decoraciones para tu top. Sus manos tomaban conchas bonitas y piedras preciosas. Cuando sus bolsillos estaban llenos se alejaba de la orilla para dártelas y las cuidaras por él.
Observaste con atención cómo el muchacho iba más allá provocando que tus ojos no pudieran apartarse de él. Estaba justo en el fondo del mar para hundirse y salir cada pocos segundos para entregarte más piedras y conchas, cosa que te mantenía ansiosa por el temor de que él no volviera a salir.
Aunque lograste fingir que todo estaba bien.
Al menos hasta que el sol volvió a salir y cuando tu estómago exigió por comida lo tomaste como la excusa perfecta para retirarte de aquel cementerio de recuerdos.
-----¡Oye, Lo'ak! ---- el na'vi dejó de rascar la arena para mirarte con atención ---- Vamos a comer una vez que acabes, ¿si?
Levantó su pulgar sin moverse de su sitio provocando que rieras y lograras relajarte un poco.
Hasta que lo viste ir más al fondo y desaparecer en el agua.
Tuviste que forzar a tus pupilas mirar la arena frente a ti. Tus manos se cerraron en un puño aferrándose a los granos dorados, como si aquello fuera a impedir que te movieras. Al menos hasta que una presencia a tu lado logró distraerte de tu sufrimiento mental.
Su aura no fue amenazante para llamar tu atención, sino aquel profundo suspiro lleno de melancolía que fue llevado por el viento lejos de ti.
Tus pupilas no dudaron mirar en aquella dirección encontrando a una na'vi acuática tan hermosa que parecía irreal.
Su cabello rizado se ondeaba con una suavidad apenas perceptible, su piel azul brillante resplandecía bajo los cálidos rayos de sol y la tinta negra decorativa en su piel contrastaba cual piedra preciosa y sus ojos...
Sus ojos eran de un azul tan claro que era fácil ver cada emoción que se derramaba de sus hipnotizantes iris de diamante.
Miraba con tanto anhelo el océano que por un momento deseaste brindarle ayuda.
---- Tsireya, vamos ----. Murmuró otro metkayina alejando a la muchacha con pasos apresurados.
No fuiste capaz de alejar tu mirada de aquella na'vi hasta que tus pupilas fueron incapaces de verla. Lo'ak te llamó y tus ojos fueron a su figura de inmediato. Se acercaba a ti con una sonrisa de absoluta alegría y en sus manos un montón de piedras preciosas que te mostraba con orgullo.
Te levantaste de la arena, caminando hacia él sin dudarlo. Tus manos se estiraron y permitiste que te entregara todo lo que te había traído.
---- Son muy bonitas, Lo'ak ---- halagaste formando una pequeña sonrisa.
Alcanzaste notar cómo su cola se movía detrás suyo por el gusto que le causaban tus palabras.
---- Te dije que era bueno en esto ----. Presumió descansando sus manos en su cintura.
----Si, si presumido, vamos —. Te diste media vuelta dispuesta a ir por comida — Ya tengo hambre.
Caminó detrás tuyo sin decir palabra alguna, dando pequeños saltos de felicidad ante la idea de comer.
Al llegar al mauri común asaltaron las canastas de pescados sin dudarlo.
----Oh, hola hermano.
Ambos saltaron del susto por el repentino llamado de aquella voz. Tu mano se había movido de forma inmediata al arma que colgaba de tu hombro y Lo'ak se había puesto detrás de ti. Para tu suerte, solo era trenzas quien le sonreía a tu amigo.
Levantaste dos de tus dedos en forma de saludo y Lo'ak imitó tus acciones causando que la sonrisa se borrara del rostro de su hermano.
----Trenzas, ¿por qué tan madrugador? ----- intentaste iniciar una conversación de manera amena.
----Soy Neteyam —. te cortó de golpe— y vine por comida.
Ah, que grosero.
-----Bueno, ten una buena comida, vamos Lo'ak.
Tomaste la mano de tu amigo, quien se despidió de su hermano dejándose llevar por ti.
---- Hey, hermanito ---- llamó trenzas provocando que el cuerpo de Lo'ak se detuviera y eso te obligó a detenerte -----. Mamá quiere verte y desea que comas con nosotros... Crees que, ¿Podrías...?
Lo'ak miró al suelo entendiendo lo que estaba pidiendo... Lo que su familia deseaba obtener de su parte.
Sus iris se centraron en sus manos, miraron fijamente las puntas de sus dedos y con movimientos temblorosos las elevó. A su mente llegaron pequeños fragmentos de lo que era el lenguaje de señas, su cabeza intentaba recordar las posiciones de los dedos. No estaba del todo seguro si lo que estaba haciendo era correcto, sin embargo, lo hizo.
Se comunicó con su hermano sin el uso de su voz.
----"aún no"
En el rostro de aquella persona la esperanza se reflejó.
--- Te estamos esperando, hermanito.
Lo'ak le regaló una pequeña sonrisa, que emanaba un poco de incomodidad.
Ambos se fueron de ahí despidiéndose de su hermano con un movimiento de sus manos.
Al divisar el laboratorio entre toda la vegetación de la jungla no dudaron en acercarse y entrar para ponerse cómodos. Te quitaste tu máscara y Lo'ak tomó la mascarilla que le entregaste para colgarla en su cuello. Fueron directo a la cocina donde prepararon café y volvieron a cocinar los pescados, los cuales eran engallado por Lo'ak una vez que los ponías en el plato que tenía enfrente.
Al menos hasta que el sonido de unos pesados pasos por el pasillo los interrumpió.
----¿Es enserio? ---- cuestionó el científico con ojos cansados.
----Tenemos hambre ---- obviaste mientras te sentabas al lado de Lo'ak, dejando dos tazas de café en el suelo.
Aquel hombre soltó un suspiro irritado.
----Entiendo eso, pero estoy seguro de que tienen un lugar especial en la aldea para que puedan ser alimentados.
---- A Lo'ak le incómoda la gente y yo me siento más cómoda comiendo aquí. ¿Sabes lo difícil que es levantar y bajar la máscara para poder comer?
Norm volvió a suspirar, para después acercarse a la cafetera para comenzar a prepararse un café.
---- Debes dejar que Lo'ak conviva con su gente.
Los iris dorados de Lo'ak se encontraron con tus pupilas y la clara indignación a las palabras de aquel hombre se reflejaba en su mirada.
---- Claro que convive — aseguraste sin desviar la mirada.
-----No. Hablo enserio ----. Ratificó dando un sorbo a su café ---- debe convivir cien por ciento con ellos para la mejoría de su estado mental.
---- Lo está haciendo, pero no va a hacerlo todo de golpe. ¿Verdad, tigresito?
Asintió mordiendo su pescado con desesperación provocando que el hombre lo mirara fijamente. Sus ojos pasaban de Lo'ak a ti y de ti a Lo'ak.
----No solo él tiene un problema ---- Norm te miró fijamente ---- Tú también.
La taza se quedó quieta en tus labios y a pesar de que hubo un titubeo sorbiste fingiendo que ese comentario no te había afectado.
----Lo normal, soy un soldado.
----No, enserio — su dedo apuntó al arma que seguía colgando de tu hombro — Cargar con tu arma a todos lados no es normal.
Lo miraste mal acariciando esta misma con suavidad.
----No lo escuches, cariño. No sabe lo que dice.
Lo'ak rió ante tu tonta actitud y Norm solo rodó los ojos ante tu comportamiento infantil, saliendo de la cocina con fastidio.
Una vez que acabaron de comer fueron a aquella casa que les habían otorgado. Lo'ak fue directamente a sentarse lo más lejos de la entrada, sacando todo lo que tenía en sus bolsillos.
----Pasame las piedras, conchas y las raíces que te di.
Alzaste las cejas, caminando con pasos lentos mientras ibas descolgando tu arma.
----¿Cómo se dice?
Te miró extrañado sin entender a qué te referías.
----Por... — replicaste con una sonrisa.
Lo'ak rodó los ojos sonriendo con diversión.
---- Por favor.
Abriste tus bolsillos tomando con los puños todo lo que te había dado a guardar en la playa y dárselos.
----¿Vas a tomarme medidas? ---- cuestionaste mientras te ponías frente a él.
Se quedó hincado, su rostro estaba a la altura del tuyo y ambos se sonrieron cuando comenzó a usar sus manos para medir.
Fue tan cuidadoso y rápido que ni siquiera notaste algún roce de sus dedos en tu piel. Una vez que todo estaba listo ni siquiera te miró y simplemente se concentró en lo suyo, te sentaste a su lado observando cómo comenzaba a unir las raíces cual trabajo de crochet.
Comenzabas a quedarte dormida mientras lo mirabas trabajar y una vez que tu cuerpo estaba seguro de que no había peligro y el arma estaba frente a ti te quedaste completamente dormida.
En estos momentos donde el silencio invadía el lugar Lo'ak dejaba que su imaginación volara. Su mente idealizaba que su vida nunca cambió y que el traje que sus manos confeccionaban eran para aquella hermosa na'vi de ojos azules y aunque las medidas no eran del todo correctas logró engañar a su cabeza. Su mente se concentraba en el recuerdo de su bella figura y la suavidad al contacto con sus dedos.
Sus ojos la buscaron con anhelo, se encontró con aquella ilusión que siempre aparecía en la celda de aquel infierno. Sus rizos se extendían por el suelo de forma pulcra. Su pecho subía y bajaba en un constante baile tranquilo y aquello lo llenaba de una inmensa paz que rodeaba toda la atmosfera.
Esta podría haber sido su vida si no hubiese sido atrapado por los humanos, podría haber sido normal y estar cubierto de tantos tatuajes como su hermano, podría haber tenido su propio hogar y pasar el resto de sus días con alguien que llegó a amarlo y comprender su sentir de la forma más pura.
Era injusto.
La rabia lo consumía causando que su estómago gruñera cada vez que pensaba todo lo que perdió a causa de su secuestro. Perdió tanto tiempo de una vida perfecta que los recuerdos que antes apreciaba se volvieron su tortura.
Deseaba tanto decirle a su familia cómo se siente, deseaba volver a ser el pequeño problemático de Toruk Makto, pero ya no podía volver a eso. Era un adulto. Un Na'vi que pasó por mucho y que está herido de maneras inimaginables, alguien que no puede convivir sin sentir que el mundo se le viene encima... Pero estaba bien, pronto eso se acabaría y todo volvería a la normalidad o al menos eso suplicaba.
Que todo volviera a ser como antes.
Sus ojos volvieron a concentrarse en Tsireya.
Decidió jugar con un pequeño mechón de cabello que caía por su cara y sonrió al sentir la suavidad del rostro de la Na'vi rozar con sus dedos maltratados.
La había extrañado tanto que tenerla a su lado era como al fin encontrarse en la perdición de su cabeza. Aquella chica a su lado era lo único que necesitaba para olvidar todo su sufrimiento.
A D V E R T E N C I A.
Canibalismo, suicid/io, depresión, mención de drogas, ab/uso sex/al.
••●•●•●•●●•●•●•●•●•●●•●●••●•●•●•●•●•
Capitulo 1.
https://www.tumblr.com/yuzuyom/771055584661422080/a-d-v-e-r-t-e-n-c-i-a?source=share
Capitulo 10
https://www.tumblr.com/yuzuyom/781602926832533504/a-d-v-e-r-t-e-n-c-i-a?source=share
•●•●•●•●•●•●•●•●•●●•●••●●•●•●•●•●•●•●•●•●
11. Te necesito para estar cuerdo.
Tus ojos furicos miraron fijamente el na'vi de trenzas que te apuntaba con la boca de su arma. La punta se pegó a tu máscara y tus pupilas se encontraron con los suyos dando inicio a una guerra de miradas. A pesar de que querías seguir avanzando sería imposible, pues definitivamente te habían acorralado.
— Hablemos, solo hay que hablar.
Te giraste con pasos cuidadosos, tu mente cansada dibujó a un Lo'ak sonriente y aquello te obligó a cerrar los ojos con fuerza para evitar las alucinaciones.
No tenías tiempo para nada de esto.
----- Volveré a repetirlo---- habló el Na'vi de rastas, sus ojos intentaron leerte y aquello solo te ponía más paranoica ---- ¿Quién eres?
Sonreíste sin dejar de mirarlo.
--- Sam ----. exclamaste con simpleza, sentiste algo chocar contra tu nuca.
— No te hagas la graciosa, humana — exclamó una voz rabiosa detrás tuya.
La rabia volvió a burbujear en tu estómago y a pesar de que querías reventarle la cabeza a golpes no hiciste nada.
----¿Por qué estas aquí? — cuestionó el avatar de rastas.
¿Por qué mierda te está haciendo un interrogatorio ahora mismo? ¿Era estúpido? El enemigo podía venir y matarlos a todos.
---- Vine por alguien ---- exclamaste comenzando a hartarte.
-----¿Quién?
---- Lo'ak.
Todo se volvió tenso. El bosque se silenció y en los ojos de aquel hombre no había nada más que desconfianza. Su arma te apuntó y su ceño fruncido te dejó en claro que eso no le agradaba.
----- ¿Por qué?
— Mientras esta aquí cuestionándome Lo'ak está allá adentro pensando quién sabe qué. Duré más de trece malditos días para llegar aquí y poder rescatarlo.
— ¡Tú-
— ¡Estuvo AÑOS encerrado! — reclamaste con rabia, sus ojos se abrieron y pudiste percibir la culpa — ¡en lugar de perder tiempo deberíamos ir y sacarlo!... Yo los llevo ahí. Sé la ruta.
Tomaste tu arma, te diste media vuelta encontrándote con la mirada decisiva de aquel na'vi de trenzas.
—Está bien, Neteyam... No es enemiga.
— Es una humana, señor.
Tus manos se apretaron y sin pensarlo mucho soltaste lo primero que se te vino a la cabeza.
— Y yo logré sacar a Lo'ak de aquí la primera vez.
Su mirada de rabia titubeó y aquello te dio la suficiente valentía para apartar su arma de un manotazo.
---¿Cuál era tu plan? ---- preguntó el Na'vi con trenzas que caminaba al lado del avatar de rastas.
Frunciste tu ceño, recargando tu arma mientras todos los de tu alrededor se preparaban para atacar.
— Entrar a matar.
— ¿Eres idiota? — te cuestionó el de trenzas — hubieras muerto a los dos segundos.
Lo miraste sin expresión, limpiando los restos de carne de la máscara.
— Funcionó la primera vez.
— ¿Si?... Todo bien, mi amor. Solo un pequeño percance... — Los ojos de rastas te miraron unos segundos — Quaritch está muerto.
Tus ojos miraron al cadáver del coronel. Su sangre se expandía por toda el suelo manchando el cesped verde volviéndolo rojo.
De repente el recuerdo de sus ojos abriéndose con rastros de miedo llenó tu mente cual caset rallado, su cabeza explotando bajo tus golpes se repitió en tu cabeza una y otra vez causando que un dolor punzante llegara a tu sien. Tus dientes se apretaron intentando ignorar el claro temblor de tus manos, tus ojos se cerraron mientras tomabas grandes bocanadas de aire intentando regular tu sentir, tu mirada se desvío a otro lado encontrando el armamento que rastas había traído consigo. Una caja llena de granadas te saludaba con una enorme sonrisa, el susurro de la venganza tentó tus oídos mientras los llantos y gritos estridentes de Lo'ak venían de las instalaciones. Todo llegaba a tus oídos cual tortura autoimpuesta, sin embargo, también estaba el sonido del cráneo del coronel reventando bajo tus golpes, el olor a sangre, su voz preguntándote qué harías.
El arrepentimiento comenzaba a invadirte conforme tu cabeza se llenaba de Quaritch. Toda tu vida actuaste de forma imprudente para recordarte todo lo que habían causado por su mala crianza.
"Imprudente"
Si.
"Vas a hacer que te maten"
Si.
" Estas a poniendo a todos en riesgo"
Si.
" ¿Por qué siempre actúas sin pensarlo?"
Es un grito.
" ¿acaso quieres morir?"
No sabes.
Nunca puedes responder esa pregunta por más que busques una respuesta, pero cuando tus pies se movieron sin pensarlo y tus manos tomaron todas las granadas qué podías pensaste que tal vez si querías hacerlo.
Porque tú sabías que eran acciones estúpidas y precipitadas.
Pero por alguna razón nunca podías detenerte cuando empezabas a actuar. Era un trance incesante que subía por tus pies, se encajaba en tus entrañas y envenenaba tu sistema para encontrar el peligro y la adrenalina.
Tal vez por eso se te hacía tan difícil dejar ir a Lo'ak.
No escuchaste a ninguna voz, no te detuviste cuando oíste a tu sargento pidiendo que te detuvieras, no lograste comprender cómo detenerte, porque para ti era mas importante tomar todas las granadas que pudieras de aquella caja. Por eso mismo, cuando la adrenalina subió por todo tu cuerpo, cuando las cosquillas abrumaron tus manos no dejaste de avanzar al peligro, no dejaste de pensar en que debías ir tu misma al centro de las instalaciones. Ni siquiera hiciste el esfuerzo en pasar desapercibida, no te detuviste cuando había miradas encima tuyo y cuando aquel soldado te miró extrañado al verte llena de sangre soltaste las granadas, corriste sin detenerte levantando tu arma y disparaste directo a su cabeza. Tomaste su cuerpo antes de que tocara el suelo y lo usaste de barrera para seguir avanzando hacia la puerta de la instalación y finalmente solo tuviste que disparar a una de aquellas granadas para que todas estallaran en un peligroso segundo.
Los carros militares a la redonda explotaron y todo se volvió una cadena llena de gritos agonizantes y alarmas que aturdían tus oídos. El cuerpo que se dejó caer contra ti te cubría de las balas sin detenerte para alcanzar tu principal objetivo, flechas caían del cielo a tu lado y granadas explotaban detrás tuyo... Agradecías a los sonidos que había a tu alrededor pues tu cabeza podía ignorar el sonido de las muertes que habías causado.
Desde el día que llegaste a Pandora hasta el segundo en el que haces todo por llegar a Lo'ak.
Seguro tu hermana te reprocharía todo lo que estás haciendo ahora, pero ella no estaba aquí para detenerte y su voz en tu cabeza hace tiempo que ya no era suficiente para detener tus acciones impulsivas.
Cuando estabas en la entrada ignoraste los ojos muertos del soldado, ignoraste su nombre en la tarjeta de acceso, ignoraste los llamados de tu nombre y simplemente abriste aquella puerta para encontrar a Lo'ak.
Necesitabas a Lo'ak.
Necesitabas ver a la justificación de tus actos para sentirte menos culpable.
Solo por esa razón dejaste de concentrarte en los rostros de las personas que caían gracias a las balas que disparabas, ignoraste las súplicas de piedad, ignoraste el dolor de tus extremidades y no prestaste atención si alguien lograba dañarte.
No podías sentir dolor físico cuando estabas tan desesperada por apagar el mental.
Tropezaste y rodaste, saltaste los cadáveres, ignoraste todo con tal de no detenerte y pensar. Fue así hasta que chocaste con alguien y en tu desesperación por no morir disparaste contra su estómago cuantas veces se te permitiera, hasta que supiste que estabas fuera de peligro.
— S-Sam...
Tu mente que actuaba en automático se detuvo.
Todo se volvió claro en cuestión de segundos y tus ojos que ignoraron los rostros de las personas que estuvieron frente a ti miraron las pupilas de la primera persona con voz conocida en estos meses.
— S-Samanta...
Ah... Un amigo... Alguien de tu anterior escuadrón.
Tus dedos temblorosos se aferraron a tu arma y tu mirada no se despegó de sus iris hasta que dejaron de brillar. Tu garganta se cerró conforme todos los sonidos se volvían lejanos, la alarma dejó de oirse y lo único en lo que pudiste concentrarte es en aquellos ojos apagados.
"¿Qué hiciste, Sam?"
Volviste a cruzar un límite y no sabías cómo regresar.
Tu cuerpo hizo lo que era habitual para no permitir sentirte destrozada... Dejó que la rabia burbujeara como un volcán dispuesto a estallar y arrasar con todo lo que estaba a tu alrededor, porque te habían provocado para llegar a este punto, te habían orillado a actuar de esta forma y causar estupideces, te habían empujado tan al límite que ni siquiera se dieron cuenta cuando ya estabas cayendo en el agujero de miseria.
— Ey, niña-
Te giraste con rapidez apuntando a la cabeza del avatar quien te miraba con ojos preocupados.
Lo'ak tomó su lugar por unos segundos y probablemente eso te ayudó a no apretar el gatillo. Sus ojos se miraron fijamente, sin alejarse el uno del otro. Un trance del cual ninguno podía escapar.
— Está bien... Todo está bien — repitió el avatar con las manos arriba.
— Arruinaste un maldito plan ideado por tres días enteros, ¿qué mierda crees que estás hacie-
— Neteyam. Basta.
Los ojos de trenzas y los tuyos se encontraron un segundo. Tu sepulcral silencio pareció alertarlo pues su arma se había levantado apuntando directo a tu cara. Sin despegar tus ojos de los suyos te giraste para seguir avanzando directo a los laboratorios donde estaría Lo'ak y probablemente aquel ser enfermo.
----¿A dónde vamos? ---- preguntó rastas cubriendo tu espalda.
No contestaste, probablemente porque tu boca no encontraba la fuerza para abrirse o porque tu cabeza estaba tan llena de Lo'ak que no podías pensar con claridad.
Bang.
Bang.
Bang.
" Debes de parar, Samanta"
Bang.
Bang.
Bang.
No sabías hacerlo. Nadie te había enseñado a poner un límite.
Ni siquiera eras consciente de lo que hacías. No prestabas atención a las miradas llenas de preocupación del avatar, no prestabas atención a los gritos de rendición de los científicos, de trabajadores que no estaban en el ámbito militar.
Cuando llegaron a la zona que deseabas, no dudaste en robar otra tarjeta y abrir la puerta para destruir todo... Otra vez.
Cada papel, cada computadora, cada muestra... Cada vida.
— Abran las puerta y destruyan todo — ordenaste sin mirar atrás.
Tus pasos fueron directo al final del pasillo, a la puerta que brillaba y te llamaba cual trampa de conejos... Era tan malditamente engreído que por supuesto tomaría la sala final.
Dejaste tu arma de lado conforme te acercabas a aquella habitación, ignoraste las partes cuerdas de tu cabeza para concentrarte en los sentimientos que se acumularon y explotaban y volvían a acumularse.
Todo lo que hiciste, todo lo que Lo'ak vivió...
Todo subía como una maldita marea que siempre intentabas tranquilizar.
Los gritos de la gente, las miradas recriminatorias, la sangre que mancha tus manos, las miradas que te atormentarían después de perder tu humanidad por unos minutos. Tus manos ni siquiera dudaron cuando pusiste la tarjeta en el escaner, tus ojos no titubearon cuando se encontró con su mirada llena de sorpresa.
— ¿Tú- ¿por qué sigues viva?
Porque estabas maldita.
Y lo sabías por la rabia que comenzó a explotar conforme comprendes la escena frente a tus ojos.
Los sollozos de Lo'ak, la desnudez de este hombre, el nulo arrepentimiento al ser descubierto. Tu cabeza volvió a nublarse y los ojos pagados de todos llenaron tu cabeza, tu cerebro dejó de comprender la moralidad y te hundiste en tu necesidad de terminar con este hombre con tus propias manos.
Necesitabas sentir que todo se acababa.
Tus pies se movieron sin pensarlo, tu cuerpo se lanzó a aquel cientifico y cuando tu cuchillo se clavó por primera vez fue una puerta que se abrió de par en par para volver a romperte. La sangre comenzó a machar tus manos, tus rodillas golpearon el suelo y a pesar de que en sus ojos estaba el más puro miedo a la muerte no te detuviste.
Se lo merecía. Se merecía el dolor, merecía todo lo que estaba viviendo bajo tus manos y más, merecía ir al infierno y vivir todos los castigos existentes, merecía que su piel se rasgara, merecía que su vertebra comenzara a asomarse, merecía seguir gorgojeando a pesar de que su cabeza estuviera desprendiendo de su cuerpo, merecía morir con el dolor más grande que pudiera haber existido en esta tierra, merecía seguir siendo torturado a pesar de que tu cuchillo se haya partido por la mitad.
Y seguirías castigando a su putrefacto y asqueroso cadáver de no ser porque Lo'ak gritó lleno de desesperación.
----¡N-NO!, ¡NO!, ¡NO!, ¡NO!, ¡NO!, ¡NO ME TOQUES! ¡NO TOCAR! ¡N-NO TOCAR! ---- gritó con absoluto terror.
----¡Lo'ak, soy yo! ---- exclamó el Na'vi ----¡Soy papá!
No estabas por completo en tus sentidos cuando te levantaste del suelo sin dudar y caminaste hacia el avatar, tus manos tomaron su trenza con fuerza jalándola para alejarlo de Lo'ak y apuntarle con tu arma para que mantuviera distancia.
Protegiste a Lo'ak con tu pequeño cuerpo sin importarte morir.
—No lo toques — susurraste con voz temblorosa.
El hombre levantó los brazos mirándote con preocupación, sus ojos rojos y llorosos te dejaban en claro que le dolía. Dolía que su hijo le temiera al punto de rogarle que no lo tocaran.
— Sal.
— E-espera, yo-
— ¡SAL!
Ordenaste disparando al suelo entre sus pies.
El hombre tomó aire, mirando detrás tuyo mientras retenía sus sollozos. Asintió dando pasos temblorosos hacia atrás y con las lágrimas comenzando a bajar por sus mejillas se dio media vuelta. Trenzas quien intentó entrar en la habitación fue retenido por rastas quien negó mientras lo sacaba.
La puerta se cerró detrás suyo y finalmente te giraste con cuidado para mirar a Lo'ak quien sollozaba y se retorcía con los ojos cerrados. Tu dedo tocó el botón que lo liberaba y cuando las retenciones se abrieron Lo'ak se levantó con piernas temblorosas haciendo lo posible para alejarse de ti. Su cuerpo cayó al suelo y sus quejidos se volvieron más fuerte conforme gateaba alejándose de todo.
— Lo'ak.
— B-basta... Detente, p-por favor.... — suplicó haciéndose bolita en una esquina.
Miraste al techo tomando una gran bocanada de aire para ignorar el dolor de tu pecho.
Está bien, está bien... Debías, debías buscar ropa para él, debías dejar que lograra tranquilizar solo un poco su ansiedad. Caminaste hacia la puerta de la habitación, la puerta se deslizó y tú pudiste ver a rastas incado en el suelo llorando mientras trenzas sobaba su espalda.
Se veían destrozados.
Tan destrozados que te causó culpa tratarlo así cuando solo quería ver a su hijo.
Desviaste tu mirada a otro lado, intentando ignorar los ojos suplicantes de aquel padre.
— Necesito ropa de avatar... Pantalones y una camisa — pediste sin mirarlos.
El hombre asintió comenzando a levantarse del suelo con dificultad.
— Papá, yo puedo ir.
El avatar negó, limpiando su nariz mientras ajustaba su chaleco.
— Y-yo... Yo necesito ir — sus ojos volvieron a ti — ¿C-cómo está él?
Negaste con suavidad volviendo a mirarlo para demostrarle tu sinceridad
— Yo me encargo, tranquilo — aseguraste.
— Por favor...
Asentiste dándote media vuelta cerrando la puerta detrás tuyo. Tus pasos tranquilos y cuidadosos se acercaron a él, quien cubría sus oídos y sollozaba sin parar. Cuando estabas a un metro de él te sentaste en cuclillas para poder brindarle la confianza que necesitaba. Tus ojos miraron su cuerpo con cuidado notando las nuevas heridas que maltrataron su piel, las vendas que cubrían su cuerpo y probablemente nuevas torturas a su cabeza que serían difícil de olvidar.
Tomaste una bocanada de aire, enterrando tus uñas en las palmas de tus manos para brindarte fuerza y cuando fuiste capaz de pronunciar palabras lo llamaste.
— Lo'ak... Soy yo, Loak — susurraste para llamar su atención — Soy Samanta.
Sus párpados comenzaron a moverse ante la mención de tu nombre y sus manos qué cubrían con desesperación sus oídos se retiraron con lentitud.
— Ya vine por ti, Tigresito.
Sus iris amarillos se encontraron con tus pupilas. Te miró tan fijo y desconfiado que estabas segura de que en algún momento te había visto y después se había dado cuenta que realmente no estabas ahí. Una pequeña sonrisa decoró tu rostro intentando brindarle calma y con movimientos cuidadosos estiraste tu mano en su dirección esperando con paciencia a que la tomara.
Sus pupilas pasaron de tu mano a tus ojos comenzando a lagrimear conforme pasaban los segundos.
— ¿Sam...? — cuestionó inseguro mientras levantaba su mano temblorosa hacia la tuya.
— Si... Soy yo, Lo'ak.
Sus dedos rozaron la punta de los tuyos y cuando tu agarre se aferró a sus dedos el muchacho sollozó. Tu pulgar acarició con suavidad su dorso intentando consolarlo y tranquilizar su dolor... Hacerle ver que eras real y que finalmente todo su sufrimiento había acabado.
— Sam...
Asentiste sin desviar tu mirada de él.
Lo'ak se alejó de aquella esquina y se lanzó a tus brazos para apretarte contra su cuerpo. Tus manos abrazaron sus hombros con fuerza y a pesar de que unas inmensas ganas de llorar te invadieron te obligaste a no derramar ninguna lágrima, porque ahora mismo solo te importaba Lo'ak.
— P-pensé... É-él dijo que estabas muerta... D-dijo que habías muerto por mi culpa. Él-
— No fue así — interrumpiste su alegato — No iba morir sabiendo que estabas en este lugar.
Sus manos se aferraron a tu ropa y su rostro se ocultó en tu cuello mientras sollozaba.
— Volviste... Volviste por mí.
Si.
Pero no podían perder tiempo en este lugar.
Te separaste del abrazo con suavidad y tus manos tomaron los costados de su rostro para hacer que sus ojos miren los tuyos.
— Lo'ak, debemos irnos. Es peligroso seguir aquí.
Su entrecejo se arrugó y sus ojos parpadearon una y otra vez mientras aguantaba sollozos.
— N-no tengo ropa...
El sonido de la puerta abriéndose provocó que tu rostro se girara encontrándote con los dolidos ojos amarillos del padre de Lo'ak. Tu amigo se intentó ocultar contra ti, su enorme persona se hizo lo más pequeño posible evitando estar ante los ojos de su padre.
— T-traje la ropa... — murmuró el hombre dudoso en avanzar hacia ustedes.
Asentiste apuntando a la camilla, el hombre asintió avanzando y dejando la ropa ahí mismo. Sus ojos volvieron a mirarte preguntando si todo estaba bien con su hijo. Le sonreíste mientras negabas con suavidad, el hombre se alejó y con dolor en sus ojos cerró la puerta.
Te levantaste de tu lugar con cuidado mientras Lo'ak te seguía de cerca sin soltar tu mano. Tus dedos soltaron su agarre para tomar las prendas y extenderlas a él. El muchacho las tomó con dedos temblorosos, puso la camisa con cuidado y cuando estaba por poner los pantalones sollozó provocando que tus ojos lo miraron con preocupación.
— Yo-, é-él...
Tus ojos miraron a donde sus ojos lo hacían.
Una enorme herida con forma de "M" marcaba todo su bajo vientre justo encima del inicio de su pene. Tus puños se apretaron con rabia, los llantos de Lo'ak comenzaban a hacerse altos y antes de que volviera a tener un ataque de ansiedad tomaste sus manos con fuerza.
— Está bien, Lo'ak — susurraste buscando por la habitación — esto no significa nada.
Te acercaste a los cajones que había en los muebles, abriste cada uno sacando todas las vendas que encontraste y sin tardar más tiempo de lo necesario regresaste a él. Fuiste cuidadosa al poner varios parches en la herida, las manos de Lo'ak estaban tan temblorosas al punto que parecía enfermo y estas hacían lo posible para cubrir su intimidad de tus ojos. Tú hiciste todo lo posible para no tardar más de lo necesario y Lo'ak agradeció que no mostraras molestia hacia él... Agradeció no ver ni una pizca de asco a su persona en tus ojos.
Una vez que estaba vestido te acercaste al lugar donde Mark guardaba las muestras de aquella adicción. Tus manos fueron cuidadosas al tomar y resguardar cada una de ellas en una caja de transporte de medicamento y cuando todo estaba listo te acercaste a Lo'ak y se lo entregaste sin dudarlo.
— No vayas a soltarlo y tampoco dejes que se caiga. ¿Entiendes?
El na'vi asintió dudoso.
— ¿C-como voy a tomar tu mano si llevo esto? — cuestionó con un rastro de temor en su voz.
Sus ojos inseguros buscaron tu mirada y tus ojos se abrieron con sorpresa ante el tono de su voz.
Tu mirada fue a las vendas que habías dejado en la camilla, las tomaste con rapidez y te acercaste a él.
—Voy a amarrarla a tu cintura — informaste antes de comenzar a rodear su cuerpo con tus brazos.
El muchacho alzó sus brazos dándote la libertad de moverte y una vez que hiciste el nudo en su cuerpo hiciste lo mismo con el tuyo. Ahora estaban unidos por una venda.
Lo'ak dejó escapar un suspiro de alivio mientras avanzaban hacia la salida. Tus dedos se deslizaron hacia la puerta y cuando se abrió no dudaste en apuntarle al padre de Lo'ak quien había intentando acercarse.
— Un paso atrás.
— ¿Qué haces? — cuestionó trenzas apuntando en tu dirección — ¿¡Qué crees que haces!?
— ¡Un paso atrás! — ordenaste.
Tuviste que apretar tus labios cuando los los detrozado ojos de aquel padre te suplicaron.
— Es mi hijo...— sollozó el avatar levantando sus manos — E-es mi niño, ¿por qué haces esto?
Tus dedos dudaron mientras tu corazón se abrumaba por la mirada aterrada de aquel hombre. Tragaste de forma pesada mirando de reojo a Lo'ak quien miraba al suelo mientras lloraba, podías ver cómo sus dedos se aferraban a la caja en sus manos y su cola se había enredado en su muslo mientras sus piernas temblaban.
— E-estuve buscando por años... N-no me lo quites. N-no de nuevo, por favor... — suplicó intentando acercarse a ti.
Tus labios se apretaron comenzando a sentir la culpa invadir todo tu pecho y aquello te obligó a mirar a Lo'ak quien seguía temblando y sollozaba con más fuerza.
— ¿Qué quieres hacer, loak? — preguntaste en voz baja — Sabes que voy apoyarte en todo.
Él no lo sabía... No sabía qué hacer porque tenía unas inmensas ganas de que su papá lo abrazara, pero también estaba aterrado de aquello. Su necesidad de ser querido confundía su cabeza, la necesidad de saber que su familia había sufrido tanto como él por estar alejados lo torturaba.
¿Qué debía hacer? Deseaba ser amado, pero también se sentía tan poca cosa para obtenerlo.
Sentía que estaba ganando aquel Lo'ak de quince años que habia sido arrebatado hace años, podía oírlo detrás de su cabeza... Sollozando y suplicando por la familia que perdió hace tiempo. Cuando miró a su padre y encontró sus ojos desesperados se rompió.
— E-es mi papá... — murmuró entre sollozos — Quiero abrazar a mi p-papá.
Ante aquellas palabras bajaste el arma con cuidado y te diste media vuelta para tomar la caja de entre sus manos.
— Estoy aquí para todo, ¿si? — aseguraste sin alejar tu mirada de sus ojos.
Te hiciste a un lado con pasos cuidadosos y cuando el muchacho estuvo a la vista del gran Toruk Makto sus brazos lo rodearon con fuerza. su cuerpo se pegó al del gran avatar y Lo'ak volvió a sollozar aferrándose al cuerpo de su papá. Ignoró las cosquillas que afloraron en su cuerpo, ignoró las náuseas que se formaron en su estómago y simplemente se centró en la calidez que quería rodear su corazón. Ocultó su rostro contra el pecho de su padre intentando hundirse en el aroma que tanto recordaba y había extrañado.
Cuando se separó su padre pegó su frente a la de él y acarició sus mejillas con una sonrisa llena de alivio.
— Al fin te encontramos... A-al fin podré llevarte a casa.
Tuvo la necesidad de rascar sus brazos con fuerza, sin embargo, ignoró todo lo malo que intentaba invadirlo.
— Hermanito...
De repente alguien estaba a su lado.
Un rostro más maduro lleno de tatuajes, alguien que conoció bien a lo largo de su vida. Aquel que lo intentó cuidar para que no se metiera en problemas en su adolescencia, su confidente, su protector. Era alto... Casi como si Lo'ak no hubiera crecido nada en estos años.
Neteyam lo rodeó con sus brazos y él tuvo que cerrar con fuerza sus ojos para ignorar las imágenes en su cabeza de él devorando a su hermano mayor. Sus manos se aferraron a sus hombros y se obligó a ignorar el picor de sus colmillos, se obligó a no alejarse cuando Kiri comenzó a rezar en su cabeza. Porque lo había extrañado...Había extrañado que lo regañara, había extrañado que lo siguiera y alejara del peligro.
Había extrañado a su hermano mayor.
Una vez que se separaron Neteyam solo hizo lo habitual. Sus acciones fueron la de siempre, sin embargo, Lo'ak ya no era el de antes. No era normal y acciones simples pueden desencadenar recuerdos que no puede tolerar. La mano de su hermano se levantó mientras una suave sonrisa adornaba su rostro, sus dedos se acercaron a él y cuando la palma de su mano tocó su cabeza no pudo evitar reaccionar. Saltó hacia atrás, sus manos cubrieron su nuca y un gruñido de advertencia salió de su pecho mientras mostraba sus colmillos.
Lo primero que Lo'ak vio fue que tú ya estabas en medio de ambos apuntando a su hermano sin dudarlo. Estaba por llorar por arruinar el reencuentro de no ser porque su padre interrumpió sus ansiosos pensamientos.
— Está bien, está bien... Seguro sigues ansioso, ¿no? — aseguró el hombre con una sonrisa tranquila — Todo esta bien, no hay por qué alterarse.
— Solo no hagan movimientos repentinos — avisaste dejando tu arma caer. Te giraste tomando la caja del suelo y se la entregaste a las manos de Lo'ak — Vamos, Lo'ak. Todo está bien.
Su cola fue con cuidado hacia tu cuerpo y contra todo pronóstico se enredó en tu cintura junto la venda que los unía. Sus ojos estaban en el suelo intentando ignorar la mirada de su padre y hermano, tratando de ignorar la sensación de haberlos decepcionado por su sobrereacción.
— ¿Estás listo? — preguntaste en un susurro.
Lo'ak negó sintiendo sus piernas temblorosas.
Todo le dolía. El vientre, su trasero palpitaba por el uso cruel, la cicatriz en su estómago aún estaba recién hecha, su cabeza estaba aterrada de que M se levantara y volviera a atraparlo.
— Hey, Loak. Mirame, ¿si? — sus pupilas se encontraron con las tuyas y tus dedos rozaron con suavidad su brazo — Texur tejelen, ¿Recuerdas? No voy a dejar que nada te pase.
Asintió inseguro.
—Txur txelen... — susurró mientras cerraba sus ojos y comenzaba a seguirte.
Cojeaba.
No podía ni siquiera caminar de forma normal y aquello lo hizo sentir miserable. Su caminar lo dejaba expuesto a las miradas de su padre y hermano, ellos sabrían lo que M le estaba haciendo si lo miraban.
Sus uñas comenzaron a intentar encajarse en la caja que llevaba contra su estómago intentando calmar la ansiedad que quería invadir su cabeza así que decidió concentrar su mirada en el suelo e ignorar el cosquilleo que llenaba todo su cuerpo.
Todo era un caos.
Desde los sonidos que invadían las instalaciones por la emboscada hasta las explosiones que había fuera de lugar. Aún había gritos y rastas no dejaba de comunicarse a través del intercomunicador. El hermano de Lo'ak estaba delante de ti disparando a quien sea que llevara uniforme militar. Por tu parte te encargabas de proteger a Lo'ak, lo hacías agacharse cuando veías gente, lo obligabas a dar pasos hacia atrás y cuando tenías oportunidad mirabas hacia atrás cubriendo su espalda para asegurarte que nadie los iba a atacar de improvisto.
Todo el recorrido a la salida fue mucho más fácil y tranquilo que cuando entraste. Probablemente porque la gente de rastas ya se habían apoderado del lugar...
Tu mente estaba serena.
Después de estar segura de que ya nadie podría hacerle daño a Lo'ak toda tu furia desapareció.
Mark ya no existía gracias a tus manos... Habías arrancado su cabeza de su cuerpo y probablemente sería una imagen que te perseguirá por el resto de tu vida, como el cadáver del coronel...
Como todos los humanos con los que acabaste.
Cuando pasaste por enfrente del cadáver de tu compañero ni siquiera lo miraste y apretaste con más fuerza el arma que estaba en tus manos para brindarte la calma que necesitabas.
Finalmente volvieron a estar en el exterior.
Veías nativos cargar con la mercancía que había en las instalaciones, banshees volaban por encima de su cabeza y hombres pasaban por tu lado para adentrarse al lugar. Rastas caminaba con seguridad entre ellos mientras daba órdenes y tú solo atinaste a regresar tu vista a Lo'ak quien ya te estaba mirando con ojos totalmente aterrados. Sus hombros estaban temblando y conforme su rostro expresaba el sufrimiento que estaba sintiendo te acercaste a él. Tus manos tomaron con firmeza sus brazos mientras tu amigo se dejaba caer de rodillas al suelo. Lo ayudaste a sostener la caja para dejarla con cuidado a un costado y cuando no había nada entre ambos Lo'ak se aferró a tu cuerpo entre sollozos.
— ¡Lo'ak! — gritó una voz desconocida — ¡Lo'ak, mí bebé!
Sus uñas se encajaron en tus hombros.
— N-no... por favor, no dejes se acerque, p-por favor — suplicó con dificultad, comenzando a hacerse cada vez más pequeño como si deseara desaparecer — p-por favor...
— ¡Rastas! — llamaste sin dejar de intentar ocultar a Lo'ak — ¡que nadie se acerque!
De reojo pudiste verlo.
Una na'vi peleando contra el agarre de aquel hombre.
Su mirada desesperada y llena de impotencia te dejó en claro que probablemente esa mujer era la madre de Lo'ak. Sus ojos furiosos se clavaban en tu pecho y a pesar de que era claro que te estaba maldiciendo en un idioma que no entendías para nada no le tomaste importancia.
Solo importaba Lo'ak y lo que él pidiera para no recaer debía ser cumplido.
Sus dedos se aferraron con fuerza a tu mano y en todo ese tiempo ninguno de los dos se movió.
Tú esperando que Lo'ak lograra estar tranquilo, él anhelando encontrar consuelo en tu tacto.
No supiste cuánto tiempo pasó, pero ya estaba oscureciendo cuando la voz de rastas apareció detrás tuyo. Cuando giraste tu rostro lo viste a unos cuantos metros alejado de ustedes, su mirada preocupada se colaba en tus entrañas y sus dedos apretaban con duda la manta que traía en sus manos.
—¿Cómo está?
El sonido de su voz provocaba que tu cabeza palpitara por el dolor. De hecho, todos los sonidos de tu alrededor te provocaban migraña.
— Se durmió — informaste mirándolo fijamente.
— Traje... traje una manta.
Asentiste estirando tu mano. El na'vi dio pasos hacia a ti y aquello logró encender alarmas en tu cabeza.
— Lanzala.
Sus cejas se alzaron por unos pequeños segundos debido a la sorpresa. Sin embargo, aún con el dolor escapando por su mirada obedeció. Tus manos no dudaron en cubrir el cuerpo de Lo'ak y cuando este se encogió poniéndose cómodo bajo el calor de la manta una pequeña sonrisa apareció en tu rostro.
— Estamos por irnos...
El dolor de cabeza se volvió más fuerte.
Tus labios se apretaron sin saber qué decir, pues no estabas segura de lo que Lo'ak deseaba. Sabes que había dicho que deseaba ir con su papá, pero no estabas segura de si también eso significaba volver a su antiguo hogar pues en algún momento de su viaje había asegurado que ya no pertenecía a ningún lado.
Tus manos comenzaron a mover a tu amigo, quien parpadeó unas cuantas veces hasta enderezarse. De su boca escapó un enorme bostezo y cuando sus iris dorados se encontraron con los tuyos el muchacho lagrimeó en silencio. Tus manos se movieron con suavidad cubriendo sus hombros con la manta que había resbalado de su cuerpo. Sentiste cómo algo se enredaba en tu muslo con cuidado y cuando bajaste la mirada notaste la maltratada cola de Lo'ak tocándote mientras temblaba.
Tal vez por el frío, tal vez por el miedo.
— Lo'ak, tu padre dice que es hora de irse.
Sus ojos se abrieron con terror ante tus palabras, sus enormes manos tomaron los costados de tu cabeza y mientras negaba con desesperación obligó a tu cuerpo a pegarse al suyo.
— No... No, y-yo... T-tú dijiste que- — comenzó a susurrar aterrado.
— Está bien, Lo'ak.
— N-no... No, no, no me hagas esto...
Tus manos se aferraron a sus brazos y cuando el sonido de pasos fueron percibidos por tus oídos no pudiste evitar mirar rápidamente hacia aquel lugar.
Él hermano de Lo'ak se acercó con el arma en alto y aquello hizo aumentar la migraña .
— ¿Qué está pasando? — cuestionó el na'vi.
De repente podías sentir todas las miradas encima de ustedes y Lo'ak no dejaba de intentar fundirse contra tu piel. Todo se estaba volviendo demasiado y pensaste que finalmente la falta de sueño ya estaba haciendo efecto a tu cabeza y cuerpo, pues todo estaba empezando a dar vueltas conforme los sonidos se volvían más fuertes.
— No, hijo... Escucha — intentó acercarse rastas, Lo'ak apretó el abrazo contra ti mientras negaba — Todo va a estar bien... ¿Si? No debes preocuparte de nada.
Lo'ak negó mientras comenzaba a sollozar. Tu mandíbula se apretó al sentir unas inmensas ganas de llorar quién sabe por qué.
— Hay... Tenemos una comunidad cerca, ella puede venir con nosotros. Hay comida, servicio medico, no tiene- — los ojos de rastas finalmente te miraron. Sinceridad y suplica expresaba su mirada — Vas a estar cómoda en aquel lugar. No tienes que seguir sobreviviendo más.
No sabes si fueron aquellas palabras o todo lo que sucedía a tu alrededor, pero tu cuerpo se volvió pesado y tu cerebro se desconectó.
Todo se volvió negro para ti.
De repente tu cuerpo se había vuelto débil entre sus brazos y cuando sus ojos buscaron tu mirada tu cabeza estaba echada hacia atrás. Comenzó a hiperventilar al darse cuenta que no estabas reaccionando, sus manos te movieron con fuerza intentando hacerte abrir tus ojos.
— S-Sam...
Sus manos te atrajeron a él y su oreja se pegó a tu pecho intentando percibir el sonido de tu latido. Era débil... Tan débil que comenzó a preocuparlo.
Sus manos volvieron a sacudirte con desesperación y su boca dejó escapar quejas sin poder pedir ayuda. Sus ojos miraban con desesperación tu pálido rostro intentando encontrar en su cabeza alguna respuesta a tu estado.
— Hijo, escucha. Ella, ella necesita un médico, ¿si? — intentó tranquilizar su padre en cuclillas — está bien, no le va a pasar nada. Solo necesita un médico.
¿Qué iba a hacer? Podría hacer que te revise, si. ¿Luego qué? Seguirían avanzando a la nada. ¿Que haría una vez que se te acabaran los tanques de oxígeno? No cree que puedan sobrevivir a otra infiltración, ni siquiera está seguro de poder protegerte en su estado actual... Podía crear una vida idilica donde todo les iría de maravilla en su cabeza, pero no debía de ser tan ingenuo.
Estaba aterrado.
Le aterraba volver a la isla y encontrarse con su pasado, le aterraba que todos vieran lo que era, le aterraba confirmar que nunca podría volver a ser parte de Pandora... pero le aterraba más perderte.
Se obligó a levantarse del suelo, se obligó a bloquear las inseguridades de su cabeza y reteniendo un quejido ante el dolor de todo su cuerpo te levantó en sus brazos y miró a su padre. Asintió tragándose sus sollozos y con su cabeza ignorando a las personas lo siguió sin dudarlo. El sonido de las astas del helicóptero de carga hizo eco contra sus oídos, la tierra que se levantaba del suelo nublaba todo a su alrededor y cuando la duda casi lo obliga a darse la vuelta e irse miró tu rostro inconsciente.
Ojeras, palidez, cansancio.
No te había cuidado bien.
Cuando las plantas de sus pies tocaron el metal del helicóptero sintió cómo todas sus piernas temblaban ante imágenes traumatizantes que llegaron en un bucle. Ignoró los asientos que estaban a los costados y fue directo hasta el fondo del transporte. Se agachó con cuidado sentándose en el suelo mientras te recostaba entre sus piernas y después miró a todos los demás sentarse y ponerse los cinturones.
De repente su padre se acercó. En sus manos traía la caja con las drogas que tú le habías encargado. Se detuvo a una distancia segura y la dejó en el suelo, cerca de él para que la cuidara. Lo'ak fue cuidadoso al levantarte un poco y tomar la caja para arrastrarla hacia él ignorando el dolor en su cientre por las costuras. La dejó a su lado poniendo una mano encima de ella mientras que con su otra mano se aferraba a tu torso para mantenerte lo más cerca posible de él vigilando a los demás con mirada fija.
— Hermanito, deberías de sentarte, es peligroso ir ahí — aconsejó Neteyam sentándose en los asientos más cercano a ustedes.
Lo'ak no dijo nada ni obedeció a ninguno de los consejos.
Agachó su mirada ignorando a las personas de su alrededoe y se concentro en las facciones relajadas de tu rostro. Sus dedos acariciaron con suavidad tu cabello intentando desaparecer la ansiedad que lo llenaba el estar rodeado de tantas personas... De posibles víctimas.
Quizo llorar de tan solo pensar en todo lo que era capaz de hacer con ellos.
Sus orejas se agacharon intimidado, mientras sus oidos intentaban ignorar los sonidos de su alrededor para desaparecer el pavor que lo llenaba al estar en un lugar cerrado y rodeado de personas. Cuando su estómago sintió como un enorme vuelco deformaba todo su interior apretó tu cuerpo contra el suyo, ignorando por completo el ardor que se presentó en la herida que recorría todo su torso porque veía mucho más aterrador estar presente en la situación que lo rodeaba.
Se forzó a hundirse en tu presencia para ignorar la inconsistencia que los rodeaba.
Al menos, hasta que los pasos de alguien acercándose lo sacó de su mente y sus ojos fueron de inmediato a la presencia que intentaba acercarse a ustedes.
Las ojos de su padre entendieron la desconfianza de su mirada y tal vez, por piedad se detuvo a cierta distancia. Al lado de él, una humana con uniforme militar y expresión tranquila lo acompañaba.
Lo'ak prestó atención a la caja en sus manos, dudando acerca de la amabilidad de la mujer.
— Lo'ak, ella es un médico. Va a revisarla, ¿si?
La piel de todo su cuerpo se erizó ante la palabra "medico".
La voz de su torturador comenzó a susurrar un mantra de amor que lo asqueó y aterró en pocos segundos. Pequeños recuerdos que desvanecían y volvían como una burla del propio destino lo abrumaron encerrandolo en un ciclo inquebrantable. De forma inevitable sus iris amarillos buscaron de forma insistente alguna señal que lo ayudara a negarse, sin embargo, aquella mujer fingía una tranquilidad desesperante ante los ojos de Lo'ak.
Él podía dejarte ir. Se negaba entregarte a la boca de las bestias para que volvieran a separarlos y eso lo demostró aferrándose a tu pequeño cuerpo, sus dedos te apretaban tan fuerte que estaba seguro de que había dejado moretones en tu piel.
— Será una pequeña revisión — aseguró la mujer sin borrar su sonrisa —. Lo haré lo más rápido posible.
Tu necesitabas la ayuda... necesitabas que te revisen y él no podía negarse si quería protegerte.
Su mirada se desvió con lentitud a un costado negándose mirar a aquella mujer, sin embargo, aceptando la revisión. Sus manos no deseaban dejarte ir, por lo cual su cola se enredó en tu muslo y mientras aquella persona se acercaba a él por el sonido de sus pasos obligo a que sus manos se alejaran de tu cuerpo, el temblor en ellas demostraban el esfuerzo que estaba haciendo por soltarte. Su respiración comenzó a ser agitada cuando fue consciente de que aquella mujer tenía sus manos encima tuyo, tu cuerpo se movia con ligereza y por el rabillo del ojos podia ver la figura de aquella humana. El sonido de los metales y el tintineo del material lo llenaban de una incomodidad imposible de ignorar. Cerró sus ojos con fuerza deseando evitar traer cualquier recuerdo de las torturas a su cabeza... Ignorando el terror a la idea de que volvieran a separarlos.
— Ella está bien — aseguró la mujer —. Está deshidratada, probablemente el cansancio la hizo desplomarse, no tienes por qué preocuparte.
El sonido de envolturas y más golpecitos metálicos incrementó su incómodidad, de repente el sonido que se asemejan a la camilla fue hacia ustedes lo puso de los nervios y su mirada fue hacia el sonido de inmediato. Al reconocer lo que era sus manos volvieron a atraerte a él con desesperación, negandose a aceptar lo que que te hicieran lo que sea que esa mujer tuviera en mente.
— Es solo suero. No es nada malo — intentó tranquilizar la mujer — necesito que me hagas un favor — el sonido de las llantas aturdió a Lo'ak y a pesar de que quería hacerse bolita y llorar escuchó con atención— Tendrás que sostener este tubo para que no se mueva, ¿si? Vendré a ver que tal está cada cierto tiempo.
Lo'ak no respondió y tampoco se atrevió a observarla, sin embargo, obedeció y tomo el tubo con fuerza para mantenerlo a su lado . Cuando la mujer se alejó su padre se acercó y él no pudo evitar encogerse de hombros porque esta vez tú no estabas consciente para poner los límites que él no sabía poner.
— Debes de tener sed y hambre, ¿no? — sus padre esperó una respuesta que Lo'ak no fue capaz de dar — no es la mejor comida del mundo, pero... Seguro te satisface.
Una botella de agua y un pequeña caja se deslizó hacia él.
Pudo sentir cómo su tripa se retorció contra la piel de su estómago, sus colmillos se encajaron en el interior de su mejilla y suplicó que su estomago no hiciera ningún sonido. Para su suerte, su deseo se cumplió.
Su cuerpo se movio con cuidado, casi como si quisiera pasar desapercibido de los ojos de todos y cuando sus dedos rozaron la caja la atrajo hacia él dejando escapar una queja cuando su torso dolió.
Sus ojos no miraron a su padre en todo ese tiempo, sus oídos no prestaron atención a ningún sonido y su atención se centró en la gota que caía de la bolsita del suero. Ni siquiera se atrevió a tocar la comida que se le fue entregada, porque no le agradaba que lo vieran comer con tanta desesperación. A lo largo de las horas sus manos no dejaron de tocar tu cuerpo para asegurarse que seguías ahí y si alguien intentaba algo él se daria cuenta en poco tiempo
De todos modos, no tenía nada qué hacer. Porque cuando su cuerpo agotado obligaba a sus ojos a cerrarse no dudaba de abrirlos enseguida pues el terror de estar nuevamente en aquel laboratorio lo mataba. No quería verse en las manos de un monstruo del cual no podía escapar al menos que fuera rescatado y su única salvación estaba inconsciente en sus brazos.
Para su suerte seguías ahí cuando sus ojos se abrían y eso lograba tranquilizar la ansiedad que quería apoderarse de su cabeza.
— Deberías dormir, hermano — aconsejó Neteyam a unos metros de él. Sus hombros se escogieron y sus orejas se agacharon sin atreverse a mirarlo — Todo va estar bien, puedes descansar.
Tres días.
Tres días donde no pudo dormir en absoluto, ni comer por más que le suplicaran.
Su padre intentaba conversar con él, su hermano hacía el esfuerzo para hacerlo sentir cómodo y Lo'ak solo deseaba que tú despertarás para ayudarlo a afrontar esta situación que poco a poco se volvía demasiado. Ni siquiera pudo moverse aunque todas sus extremidades dolieran, siguió en la misma posición y sus ojos cansados se mantenían abiertos con dificultad.
Hasta que la médico se acercaba.
— ¿Qué tal?, Lo'ak — saludó la mujer — voy a revisarla, ¿bien?
Él no respondió y tampoco la miró como era habitual. Cerró sus ojos con fuerza obligando a su mente a ignorar los recuerdos que volvían a torturar su cabeza.
Hasta que el movimiento brusco de tu cuerpo lo obligó abrir sus ojos, pensando que tal vez finalmente habían mostrado su verdadera cara. Tu presencia se había escapado de su agarre, el tubo que estaba sosteniendo a su lado fue jalado provocando que golpeara el suelo provocando un ruido estridente. Ya estaba dispuesto a levantarse y pelear de no ser porque cuando sus ojos te encontraron notó que estabas encima de la médico.
Lo'ak solo podía ver los pies de aquella mujer retorcerse debajo tuyo.
— ¡Hey, hey! — escuchó la voz de su padre, junto con pesados pasos dirigiéndose hacia ustedes —¡déjala ir!
Ahí fue cuando Lo'ak se movió y abrazó tu cuerpo para alejarte de aquella persona.
Cuando todo volvía a tener claridad lo primero que sentiste fueron unas manos encima tuyo. El olor a medicina, el sonido de envolturas, una sensación pesada e incómoda en el dorso de tu mano y por último el fuerte y tembloroso agarre de unas enormes manos en tu cuerpo.
Sabías que aquellas enormes manos llenas de terror eran de Lo'ak y sabías que aquel olor... Aquel olor te recordaba a un monstruo que debía ser masacrado.
No pensaste mucho tus acciones, tampoco intentaste comprender tu situación. El único pensamiento que se repetía en tu cabeza era de acabar con la amenaza y liberar a Lo'ak de la tortura. Cuando tus ojos se abrieron lo primero que viste fue la sombra de aquel rostro sonriente. La burla emanaba de sus facciones recordándote lo inútil que fuiste al intentar proteger a alguien que te importaba.
Esta vez no dudaste en moverte.
Tus manos tomaron su cuello con fuerza y te subiste encima de su cuerpo para retener cualquier movimiento. Sus ojos verdes se clavaron en los tuyos y la maldita sonrisa llena de satisfacción te llenaba de una furia que no podías frenar. Tus dedos rodearon su piel intentando quebrar su cuello por la mitad y que dejara de sonreír de una vez por todas, si hubieras tomado tu cuchillo tal vez esta meta hubiera sido más fácil.
No paraba.
Él no se detenía.
A pesar de que una manos te rodearon e intentaron alejarte de aquel hombre no lo dejaste ir.
— ¡Voy a matarte, hijo de perra! — gritaste aplicando más fuerza, esta vez sus manos comenzaron a rasguñar tus brazos — ¡Vas a desear morir antes de tiempo!
De repente algo duro golpeó con fuerza el costado de la mascarilla y tus manos dejaron ir su cuello debido a que tu cuerpo cayó a un costado gracias a la fuerza del golpe. Todo dio vueltas, sin embargo, unas manos tomaron con fuerza tu rostro y de repente tus ojos se encontraron con unos iris dorados preocupados. Lo'ak te arrastró hacia quién sabe dónde mientras los sonidos de tu alrededor se volvían claros conforme los segundos pasaban.
Voces, helicóptero, alguien tosiendo.
Cuando fuiste capaz de sentarte Lo'ak intentaba ocultarte entre sus brazos trataba de apartar tu presencia de todo el mundo tal vez como una especie de protección. Cuando centraste ru mirada al frente te encontraste con varios avatar y humanos que ayudaba a una mujer que sostenía su cuello y tosía con dolor en su rostro.
Mierda.
Claro que quien estaba debajo tuyo no era Mark. Él ya estaba muerto hace tiempo gracias a ti.
— ¿¡Qué mierda te pasa!? — cuestionó trenzas con rabia — ¡casi la matas!
Cierto... Habías asesinado a Mark, al coronel... A soldados que resguardaban la base. Los habías decapitado, habías detrozado su cuerpo al punto de volverlos grotescos, los habías asesinado de la forma más sádica y cruel posible para poder soltar toda tu rabia. Las náuseas comenzaron a formarse en tu estómago, el recuerdo de su sangre en tus manos, el olor de sus cadáveres, la carne desprendiéndose de ellos... Tus dedos picaron y las arcadas llegaron como una gran ola imposible de ignorar. Finalmente toda la bilis subió por tu garganta y el vómito llenó la máscara de forma asquerosa.
Era una tortura, porque podías ahogarte en tu propio vómito o con el denso aire de Pandora. Alguien desabrochó tu máscara y esta cayó al suelo de golpe junto con todo el líquido acumulado en ella mojando el suelo metálico del helicóptero.
Tu garganta comenzó a doler y el sabor agrio invadía toda tu boca dándote ganas de gritar, porque también podías sentir cómo respirar se volvía complicado. No tardó mucho pues la máscara volvió a ponerse en su lugar permitiéndote tomar aire, aunque seguías vomitando y esta volvió a llenarse de tus desechos. Fue un baile que se repitió una y otra vez, quitar y poner la máscara porque por más que querías detener las arcadas no podías parar y aquello era frustrante.
Después no hubo nada.
Por más que tu boca siguiera abriéndose no salió nada más de ella.
— Toma... — exclamó una voz a tu lado, cuando giraste la mirada rastas te extendía una nueva máscara — no creo que quieras volver a ponerte esa.
La aceptaste sin pensarlo mucho.
— Creo que manché tu piso — exclamaste intentando aligerar el ambiente — ¿tienen un trapeador?
El hombre se alejó unos pasos y tú miraste a Lo'ak quién sostenía tu cabello con expresión preocupada. Le sonreíste intentando calmar la ansiedad que se asomaba en sus pupilas, alejaste la máscara vomitada limpiando tu rostro con rapidez para poner la nueva y asegurarla.
Miraste el suelo mojado y sin pensarlo mucho quitaste tu camisa para limpiar el liquido, después solo la lanzaste por la gran abertura del helicóptero. Dejaste que Lo'ak volviera a jalarte hacia él. Ambos estaban en un esquina, al lado de asientos vacíos qué los ayudabana a mentenerae lejos de todos los presentes quienes los miraban fijamente llenos de desconfianza.
— Solo... ¿Solo vamos a dejarlo pasar? — preguntó el hermano de Lo'ak on rabia en su tono — ¡intentó matar a la médico!
— Estoy bien, no es nada — exclamó la mujer con voz rasposa.
Miraste directo a su cuello el cual estaba morado por la fuerza que habías aplicado al ahorcarla. El sentimiento de culpa obligó a que tus manos apretaran la tela de tu pantalón intentando desaparecer el sudor de las palmas de tus manos.
— Lo siento —. Te disculpaste sin dudarlo — creí que eras otra persona.
La mujer aceptó las disculpas mientras sobaba su cuello intentando aligerar el dolor.
— Eso no cambia nada—. Sentenció de nuevo el hermano de Lo'ak.
Este tipo solo quería pelear contigo y el problema es que encontraba buenas razones para hacerlo.
— Neteyam, basta.
— Pero, señor-
— Están cansados y ella ya no va a ser atendida por el médico — castigó el na'vi enviándote una mirada de advertencia.
Un suspiro abandonó tus labios mientras dirigías tu mirada a Lo'ak quien se veía absolutamente cansado, había ojeras debajo de sus ojos, sus pómulos estaban más marcados que antes. Sus manos seguían aferradas a tu cuerpo y sus orejas gachas te dejaron en claro que no estaba cómodo en este lugar.
— Ya puedes dormir, me toca vigilar a mi — susurraste sin dejar de mirarlo.
Lo'ak apretó sus labios y parecía estar apunto de negarse, sin embargo, era imposible pues podías ver cómo sus párpados se cerraban con pesadez y retenía los bostezos en su boca.
— Solo duerme, estaré bien — le aseguraste dando un apretón a su mano.
Lo'ak asintió aún dudoso de cerrar sus ojos y perderte de su vista pues el miedo a separarse aún seguia ahí, sin embargo, se recostó lentamente en el suelo siendo cuidadoso para no lastimar de más su torso su cuerpo seguia detrásde ti, rodeando con su enorme figura la tuya. Una vez que estuvo cómodo en el frío suelo su cola volvió a enredarse en tu cintura para mantenerte a su lado. Su rostro se ocultó en el costado de tu muslo evitando asi la luz que entraba por los costados del helicóptero. Estaba tan cansado que no tardo ni cinco minutos cuando su respiración se volvió tranquila.
Un suspiro de alivio salió de tu boca cuando lograste escuchar sus suaves y bajos ronquidos. Sus dedos tomaban la tela de tu pantalón y aquello te hizo sentir mas tranquila al estar segura de que estaba a tu lado. La insistencia de una mirada fija te hizo desviar tu atencion de tu gran amigo encontrandote con varios ojos curiosos.
— ¿Qué? — cuestionaste de forma borde.
— Desde que subió aquí no ha dormido correctamente, ni siquiera se ha recostado para descansar — señaló la médico con curiosidad.
Claro que no.
Los estaba vigilando para no ser atacado mientras dormía, pero parecía que ellos no estaban conscientes de eso y ninguno de los dos se los explicaría.
Cruzaste tus piernas evitando recargarte en el estómago de Lo'ak por la enorme sutura que recorría todo su torso.
— Seguro estaba preocupado por mi — excusaste sin pensarlo mucho ante la mirada insistente de los demás.
Trenzas resopló mientras volvía a sentarse. Abrochó su cinturón sin dejar de mirarte con una mueca que demostraba todo su desagrado hacia ti y aquello te ponía a la defensiva por esa misma razón elevaste tu mentón y frunciste el ceño sin dejar de mirarlo, lo cual no pareció agradarle.
— Debes de tener hambre — señaló otra voz. Miraste a rastas quien levantó una botella y caja de comida ante tus ojos — Toma, aliméntate.
Lo atrapaste cuando lo lanzó en tu dirección.
Ignoraste las miradas de todos para centrarte en tu comida y prepararte para degustar de la forma más cómoda que pudieras encontrar. Abriste la botella, abriste la caja y destapaste las horribles latas de comida militar tal vez preferías el rutinario pescado y bayas de siempre. Cuando estabas todo preparado desabrochaste la máscara con una mano mientras la otra la mantenía en su lugar.
Luego empezaste a comer tomando bocanadas de aire, metiendo la comida a la boca y cerrando tus ojos con fuerza para poner la máscara y tomar todo el oxígeno que necesitabas, era extraño comer con tranquilidad después de tantos días donde debías correr para llegar a Lo'ak.
Una vez que acabaste acomodaste todo y lo hiciste a un lado, limpiaste tus dedos en tu pantalón y finalmente alzaste la mirada al sentirte observada.
Las miradas extrañadas y el silencio te puso incómoda más intentaste no demostrarlo.
— Pareces acostumbrada a comer así.
Tus ojos fueron al padre de Lo'ak quien no tenía ninguna expresión en su rostro que te dejara en claro qué estaba pensando. Pero, tú te conce traste en sus palabras, tenía razón tanto tiempo sobreviviendo en el bosque te hace acostumbrarte a cosas que para muchos no son normales.
— Lo estoy — admitiste sin darle vueltas —. Es la única forma de comer cuando te la pasas en el bosque.
Solo por un momento, unos pocos segundos fuiste capaz de percibir la compasión en sus iris y ante aquello desviaste tu mirada de la suya porwue odiabas que la gente te viera como alguien débil.
— ¿Desde cuándo conoces a Lo'ak? — volvió a cuestionar.
Ah, un interrogatorio.
Te iban a someter a un interrogatorio a pesar de que acabas de despertar de un sueño de varios dias. No podías culparlos, pues debían asegurarse de que todo iría bien metiéndote a donde sea que fueran a ir.
— No sé, llevamos meses juntos —no lo habías pensado mucho, pero ¿cuanto tiempo llevaban unidos? Tu ceño se frunció ante la duda y de forma inevitable miraste a Lo'ak intentando encontrar una respuesta en su pacífico rostro — ¿Qué día es hoy?
— ¿No sabes que día e-
— 3 de mayo — informó rastas.
Pensaste en la fecha que fuiste encarcelada calculando en tu cabeza los días que llevaban conviviendo desde que estuvieron encerrados hasta este día.
— Nueve meses... Llevamos juntos nueves meses.
Ni siquiera haz celebrado su cumpleaños.
¿Cuándo es el cumpleaños de Lo'ak? Bueno, daba igual. Después tendrías tiempo te preguntarle todas tus dudas.
— ¿Nueve meses en el bosque solos? — cuestionó trenzas con mirada seria.
Negaste sin mirarlo comenzando a rascar tu mentón ante el aburrimiento que te estaba llegando.
— La mayor parte del tiempo estábamos en la misma celda, luego escapamos — rascaste tu cabeza con estrés.
Necesitabas moverte, sentías que no estabas haciendo nada y aquello te ponía de mal humor. Soltaste un enorme suspiro comenzando a revisar tu cuerpo para encontrar alguna herida qué no hayas notado y tus ojos tuvieron la suerte de encontrarse con la herida de tu mano algunas costras se habían caído dejándote la sensación de comezón y tal vez después de ser consciente de aquello tu cerebro fue capaz de percibir más molestias pues la herida de tu hombro se sentía incómoda aunque no hicieras nada. Decidiste quitar el vendaje improvisado, quitaste la hoja que estuvo ahí por días y finalmente pudiste ver las costras en las marcas de los dientes de Lo'ak. Algunas sangraban un poco y otras expulsaban líquido transparente. Estaba bien, solo habían sido algunas costras que se habían desprendido. Comenzaste a limpiar todo con pequeños toques con la venda y finalmente te quedaste quieta esperando a llegar a dónde sea que fueran a ir.
Después de pasar las horas en absoluto silencio e ignorando las miradas de todos los soldados Lo'ak despertó más no se movió de su posición Su cola había comenzado a apretar tu cintura para llamar tu atención. Tus ojos lo miraron de reojo notando sus pupilas que emanaban ansiedad, sus orejas agachadas se habían puesto rojas dejandote en claro que de alguna forma estaba avergonzado. Cuestionaste con la mirada qué le ocurría, sin embargo, él no respondió, sino que comenzó a jalar la tela de tu pantalón con una mirada desesperada. Sus ojos se cerraron con fuerza y movió su boca para informarte lo que estaba pasando sin dejar salir ningún sonido de su boca.
Se hacía pipí.
Tus ojos fueron a rastas quien ya los esta a observando con una mirada demasiado fija para tu gusto.
— ¿Tienen baño? Me ando orinando desde hace rato — exclamaste.
De repente un cubo se deslizó hacia a ti y una mueca de asco se formó en tu rostro. Miraste a Lo'ak de reojo quien tenía una mirada desesperada pues era bastante obvio que no le agradaba la idea de orinar frente a todos.
— ¿No hay otra forma más privada? — cuestionaste tomando la cubeta con dos dedos.
— Es un helicóptero de carga, no hay baño. Puedes ir a la zona de atrás, hay más privacidad allá.
Ibas a quejarte de no ser porque algo caliente comenzó a mojar debajo tuyo. La parte trasera de tus pantalones se humedecían y la sensación causó un escalofrío por todo tu cuerpo, apretaste los labios intentando evitar expresar algo. Escuchaste pequeños sollozos provenir de Lo'ak y sus dedos temblorosos cubrían su rostro el cual expresaba absoluta vergüenza.
Miraste a un costado donde el líquido comenzaba a ser visible a ojos de todos. El silencio se volvió sepulcral y poco a poco los sollozos de Lo'ak comenzaban a ser notorios. Tu mano fue rápidamente a su espalda dando pequeñas palmadas mientras dejabas la cubeta en el suelo.
— Olvidenlo, ya me oriné.
Vomitada y miada, la vida era tan bella para ti.
— Perdón... —susurró Lo'ak totalmente avergonzado — lo siento...
Tu mano se movió para tomar sus enormes dedos y atraer su mano hacia a ti, abrazaste su antebrazo y con calma recargaste tu rostro en el dorso de su mano.
— Tranquilo, no pasa nada — aseguraste sin tomarle importancia — ¿tienes hambre?
Negó.
Dos días.
Dos días más donde Lo'ak evitaba comer grandes cantidades de comida y agua era poco. UNA parada del helicóptero para cargar el tanque y permitirse ir al baño con libertad. Tú y Lo'ak no se separaron, no tardaron nada en volver al helicóptero y esconderse en la esquina que habían adoptado como suya.
Lo'ak aprovechó a comer tres cajas de comida cuando todos bajaron a estirar las piernas, se habían quitado un rato los pantolones y dejado bajo el sol para que el olor se fuera un poco. Cuando todos volvieron al helicoptero ambos fingieron demencia a la pregunta de quién había robado comida.
Finalmente después de horas de estar en el cielo el olor a marea salada llenó tus fosas nasales causando que tu estómago se revolviera. El rostro de alivio de las personas a tu alrededor te hizo saber que ya estaban por llegar y ahí fue cuando miraste a Lo'ak quien tenía sus ojos atentos al suelo metálico. Escuchaste cómo todos comenzaban a desabrochar su cinturón y se asomaban por las compuertas con emoción.
Tu mano tomó la suya y su agarre no dudó en apretarse y aferrarse a tu tacto. Tus pupilas se concentraron en sus ojos los cuales comenzaron a ponerse llorosos y aquello te obligó a acariciar el dorso de su mano para consolar la ansiedad y gracias a esto su iris dorados se encontraron con los tuyos. Intentaste leer sus pensamientos a través de su mirada insegura, saber qué es lo que le sucedía para sentirse tan agobiado.
Apretaste su mano con fuerza, acercándola a tu pecho mientras susurrabas cerca de él.
----Texur tejelen, ¿Recuerdas? ---- él asintió, imitándote por lo bajo -----. Estoy aquí, tranquilo.
Cuando el helicóptero descendió por completo y el sonido de las astas dejó de hacer acto de presencia Lo'ak no se movió ni un solo centímetro de su lugar y aquello te preocupó.
— ¿Todo bien, Lo'ak?
No podía.
Por más que deseara moverse su cuerpo se quedó paralizado por completo mientras el terror de bajar y encontrarse con miradas conocidas lo abrumaba al punto de no pensar en nada más que las insistentes miradas.
En realidad no sabía qué estaba ocurriendo a su alrededor. Su plan nunca fue volver, pero verte indefensa y débil lo obligó a moverse y escoger un lugar donde ninguno de los dos tuviera que sufrir y ahora estaba aquí y debía enfrentar las consecuencias de su decisión, pero estaba entrando en pánico al pensar en ser tocado por todas estas personas.
No quería enfrentarlos, no quería que lo miraran, no quería oír a nadie, no podía enfrentarse a su familia.
Su mano comenzó a masajear su cuello intentando tranquilizar la errática respiración que comenzaba a invadirlo y gracias a la mano que aún se aferraba a ti intentaba concentrarse en tu tacto tranquilo.
Comenzó a imitar los movimientos de tu hombros, el respirar calmo de tu cuerpo.
Funcionó.
Logró calmar su ataque de ansiedad, sin embargo, sus piernas se sintieron débiles evitando que pudiera moverse, como si hubiera olvidado cómo caminar. Su cuerpo se sentía tan pesado que ni siquiera sentía que pudiera levantarse de su lugar. Sus manos ni siquiera se movían para ayudarse a si mismo, no se atrevía a alejarse de tu agarre porque era lo único que sentía estable en este momento. Gatetaste hacia adelante, levantándote de tu lugar para intentar ayudarle, sin embargo, Lo'ak no se movía.
Era una roca pesada enterrada en la tierra.
Y Lo'ak simplemente no podía.
No se atrevía.
Quería volver al bosque y esconderse en él porque este ya no era su lugar. Él había cambiado demasiado y no merecía volver, no ahora.
----¿Qué sucede? ---- cuestionó su padre provocando eco en sus oídos.
----¿Todo bien, hermanito? ----. Preguntó su hermano.
No merecía estar aquí.
Necesitaba volver a su celda fría, quería volver a Mark y sufrir todo lo que en verdad merecía.
Comenzaba a hiperventilar con tan solo pensar en esas cientos de manos tocando su cuerpo, sus uñas comenzaban a clavarse en la palma de tu mano y su cola se enrolló por completo en su propio muslo.
Cuando sentiste sus uñas clavarse en la palma de tu mano buscaste la mirada de Lo'ak. Sus pupilas expresaban absoluto miedo a la situación.
Estabas segura de que esto no tardaría en evolucionar a un ataque de pánico. Miraste a los otros dos quienes no paraban de mirar de forma insistente, tu ceño se frunció con molestia porque parecía que estaban viendo un show de circo.
---- Fuera. ---- pediste bruscamente provocando que los dos adultos te miraran.
Trenzas iba replicar, sin embargo, rastas lo arrastró lejos de ustedes.
Volviste a agacaharte a la altura de Lo'ak. Tus rodillas tocaron el suelo sin soltar su mano y con suavidad acariciaste el dorso de esta misma
----Hey, hey, tranquilo, respira ---- comenzaste a inhalar y exhalar con fuerza intentando que él te imitara — voy a tocar tus mejillas, ¿bien?
Tus manos tocaron con suavidad su rostro, obligaste a que su frente tocara el vidrio de tu máscara y cuando sus dos manos se aferraron con mas fuerza a tu agarre tu corazón se apretó un poco pues podías ver pequeños rastros de lágrimas en sus ojos. Intentaste limpiar con cuidado el agua acumulada en su lagrimal.
----¿Puedes salir? ---- preguntaste suavemente. Él negó comenzando a llorar, sus hombros subían y bajaba de forma pesada ----¿Qué sucede, Lo'ak?
----No quiero estar aquí ---- murmuró entre sollozos ---- V-vámonos de aquí, p-por favor...
Asentiste sin dudarlo dispuesta a largarte de este lugar de no ser porque rastas volvió a ustedes. Su cabeza se asomó por la compuerta y sus ojos preocupados los miraron fijamente.
----¿Sucede algo...? — cuestionó en voz baja — ¿En qué puedo ayudar?
Estabas a punto de informar la decisión de Lo'ak de no ser por que la mano de tu amigo ejerció mas fuerza al agarre provocando que tu mirada volviera a él. Te suplicó con ojos llorosos que no dijeras nada a su padre. Sus pupilas rogaban que no revelaras sus pensamientos egoistas acerca de todo lo que estaba pensando.
-----Está asustado, denme un momento.
Sus ojos expresaron duda, sin embargo, aceptó alejarse del helicóptero aunque todo su cuerpo emanara preocupación.
----- Lo'ak... ¿Crees poder soportarlo? ---- él negó ----. ¿Qué hay de malo aquí?
Apretó sus labios, respirando con dificultad debido a la máscara que estaba en su nariz.
----Y-yo ya no pertenezco aquí... — sus manos llevaron las tuyas a sus ojos y los cubrió mojando tu dorso con sus lágrimas — soy un monstruo...
Tus manos soltaron las suyas y sin dudarlo lo atrajiste a un abrazo al cual se aferró con desesperación. La necesidad de ser protegido y contenido lo llenó por completo, por lo que sentir cómo tu brazos intentaban rodearlo y protegerlo del exterior lo llenó de la más pura satisfacción.
----No hay nada de malo contigo... — aseguraste sin dejar de sobar su espalda — Yo estoy aquí y te prometo que mientras estemos juntos no voy a dejar que nadie sobrepase tus límites.
Ahí estaba... La sinceridad y preocupación que siempre anheló recibir de todos, la paciencia y apoyo que buscó por años en su niñez y jamás logró llegar a encontrar. Su rostro se ocultó en tu hombro mientras en su cabeza se repetían aquellas palabras que expresaste sin dudarlo, su pecho se llenó de calidez conforme su ansiedad se volvía pequeña, casi imperceptible.
----Pide lo que sea y haré que se cumpla, pero no podemos quedarnos aquí en el helicóptero ---- murmuraste sin dejar de abrazarlo.
Pensó por unos instantes las razones del por qué había aceptado venir aquí en primer lugar, el sacrificio que estaba haciendo se debía a ti y estaba seguro de que si tú estuvieras en su lugar no dudarías en ignorar tu incomodidad y escoger la mejor opción para él... Lo'ak sabía que esta era la mejor opción para ti, pues su padre podría darte tanques de oxígeno sin ningún problema.
Cerró sus ojos dejando que su costado se recostara contra tu cabeza.
Txur txelen, Lo'ak...
---- Yo-... puedo hacerlo, solo-... Solo no quiero que me toquen ----. Murmuró con voz temblorosa.
Tú asentiste, dejando ir el abrazo poco a poco para sonreirle con orgullo, tus manos dieron un último apretón a las suyas y sin despegar tu mirada de sus iris te levantaste de tu sitio.
----Ahora vuelvo, les diré acerca de tus necesidades, ¿bien?
Él asintió tomando su trenza para llevarla a su pecho y resguardarla de todo el mundo. Sus manos abrazaron sus rodillas ignorando el dolor en su torso por el movimiento de su cuerpo. Miró al suelo intentando retener las lágrimas que no paraban de bajar por sus mejillas.
Caminaste hacia la entrada del helicóptero echando una última mirada a Lo'ak quien estaba echo bolita en una de las esquinas al lado de los asientos casi desapareciendo de la vista de todos, volviéndose uno con la oscuridad a la cual se aferraba con desesperación.
Una vez que saliste de la zona segura fuiste consciente de todo el mar que rodeaba estos lares. Un pequeño camino que llevaba a la civilización era lo que te mantenía alejada de las profundidades a las cuales tanto pavor le tenías.
Centraste tu mirada en la espalda de rastas ignorando el azul que te rodeaba. Tus pasos seguros y la nueva especie de na'vi que lograbas percibir te ponía de los nervios. ¿Por qué chingados todos eran tan enormes? De repente aquellos nuevos na'vi te miraban y daban un ligero paso hacia atrás al ver cómo te acercabas sin dudar.
Tal vez, por el drama que estaban haciendo los demás aquel na'vi se giró a mirarte. Sus pupilas que emanaban preocupación no tardaron en encontrarse con los tuyos y sus enormes pasos no dudaron en acercarse a tu persona.
----¿Está todo bien? ---- cuestionó el hombre con clara inquietud.
Tú asentiste mirando a los demás nativos con tu entrecejo arrugado debido al fuerte sol, podías oír sus voces hablar en su idioma que no lograbas comprender para nada.
-----Si... Hay una petición — informaste mirándo directo a los ojos del padre de Lo'ak — o una regla, porque debe cumplirse para que esto funcione.
----¿Petición? — cuestionó trenzas, colocándose a un lado de su padre — ¿Mi hermano está bien?
Asentiste, rascando tu cuello mientras el olor a agua salada comenzaba a incomodarte.
----No quiere que lo toquen — informaste sin despegar tu mirada de la suya.
----¿Qué? ---- soltó el de rastas ----. ¿Porqué?, ¿pasó algo malo?
Rascaste tu nuca sin querer revelar lo que Lo'ak ha sufrido pero viendo necesaria en esta situación, podías soltar un pequeño comentario para apaciguar las dudas que los llenaban.
---- Tú viste cómo estaba ahí... — Rastas miró al suelo, su mirada se elevó al cielo y por un momento lograste ver pequeñas lágrimas acumularse.
Después de un largo silencio entre los tres, rastas regresó su mirada hacia a ti. Sorbió su nariz y aún con duda se atrevió a cuestionar.
---- ¿Nadie...?---- tragó de forma pesada, probablemente debido a un nudo en su garganta ----. ¿Ni siquiera su madre y hermanas?
Apretaste los labios negando con suavidad para que no sea demasiado brusco.
----Nadie. Solo... Denle tiempo a que se acostumbre a todo esto — limpiaste el sudor de tu cuello con cuidado — Es como si hubiera vuelto a nacer.
— Bien, yo... Hablaré con el olo'eyktan y con los demás...
Te diste media vuelta, volviendo al helicóptero de manera ruidosa para asegurarle a Lo'ak que eras tú.
----Hey, tigresito ---- saludaste con una sonrisa, subiendo de un salto al helicóptero. Lo'ak dejó de esconder su rostro mirándote inseguro---- ya está, puedes bajar.
Sus cejas se arrugaron y su mirada se desvió al suelo sin atreverse a mirarte. Tus pies no dudaron en moverse para ponerte frente a él. Su rostro se levantó y sus iris dorados chocaron con tus pupilas.
Ninguno dijo nada, el silencio los rodeó como una pequeña capa donde todo se volvió pacífico.
Todo desapareció poco a poco cuando tus ojos llenos de paciencia nublaron los temores que siempre intentaban ahogarlo en el dolor.
---- Puedes tomar mi mano, yo guiaré tu camino si eso te trae paz.
Fueron palabras que lo llenaron de absoluta paz.
La sinceridad en tu mirada llenó a su corazón de calidez, se sintió tan incapaz de alejar sus iris de tu pupilas que por un momento pensó que fue hechizado bajo algún don qué no sabía los humanos tenían.
Una amiga que acompañaba en la oscuridad.
Habías vuelto a afirmar su pensar del pasado y hacerlo ver cómo siempre tomarías la delantera para hacerlo sentir lo más cómodo posible.
Su mano se movió con lentitud y cuando tus dedos tocaron los suyos las cosquillas y la necesidad de limpiarse no volvió a aparecer. Esta vez, tu apoyo le brindó la suficiente confianza para poder levantarse del suelo y a pesar de que sus piernas temblaban y daban pequeños pasos no jalabas de él, sino que caminabas a su paso y apretabas su mano para hacerle saber que eras consciente de él... Podía pedir que pararan y tú no dudarías en hacerlo.
Una vez que las plantas de sus pies tocaron la arena sus ojos buscaron los tuyos con desesperación. Estabas de espaldas, sin embargo, no tardaste en darte media vuelta y mirarlo directamente a sus ojos. Una sonrisa que emanaba tranquilidad y rodeaba a su persona para protegerlo de la angustia de estar fuera fue bienvenida.
Seguías avanzando, solo que de espaldas para no dejar de mirarlo.
Estaba bien, todo estaba bien mientras se concentrara en tu sonrisa.
Pero... las voces a su alrededor comenzaban a susurrar cerca de sus oídos. Podía escuchar lor rezos de Kiri que con cada paso que daba se volvía más fuerte y desesperado, podía oír el sonido metálico de una camilla siendo arrastrado, podía oír los gritos llenos de dolor y pavor de aquellos que devoró.
"Charlie, tu lugar es a mi lado. Tú ya no mereces ser feliz"
Su respiración comenzó a agitarse conforme podía percibir cómo sus manos temblaban con cada segundo que pasaba. Su corazón martillaba contra su pecho al punto que creyó qué explotaría y cada vez era más difícil respirar.
"Eywa termina con el mal, eywa termina con el sufrimiento de todos, eywa desaparece aquello que corrompe nuestras almas"
Rezó su hermana contra su oído.
Las náuseas se formaron en su estómago como una clara advertencia de que estaba por romperse a pesar de que estaba haciendo lo posible por no derrumbarse su cabeza se estaba volviendo un desastre al recordar el sonido de los huesos quebrándose gracias a sus manos.
Solo un pequeño empujón y él se iría por la borda.
"Mereces todo lo que estás viviendo, mi precioso Charlie"
----¡Lo'ak! ---- gritó una voz que paralizó todo su avanzar.
Su mirada se levantó con lentitud mientras su corazón latió contra su pecho con desesperación. Una bocanada de aire escapó de su boca cuando la mirada angustiada de su madre se encontró con la suya, peleaba contra su padre para acercarse y conforme veía esta escena las imágenes de na'vis siendo descuartizados por sus manos torturó su cabeza.
La idea de que madre supiera lo que había hecho...
Lo'ak bajó la mirada viendo cómo un mar de sangre comenzaba a formarse bajo sus pies. Todo se estaba volviendo borroso conforme el olor a la sangre llegaba a su nariz y abrumaba todos sus sentidos.
----¿Lo'ak? ---- preguntaste en un susurró — ¿Estás bien?
Abrió su boca intentando responder sin poder emanar ni un sonido, su garganta se cerraba y las voces de todos se volvían cada vez más fuertes haciendo imposible su tarea de pensar.
"Tienes que comerlos, Charlie"
----¡Lo'ak, hermano!
Lo'ak quizo vomitar cuando de repente frente a él flotaban las cabezas de sus hermanas, las cuales rezaban y lo culpaban de su trágica muerte. Ya no pudo soportarlo, sus piernas fallaron y lo hicieron caer al suelo de rodillas. Sus manos dejaron ir las tuyas y cubrió sus oídos con fuerza intentando desaparecer aquellas voces que causaban eco en su cabeza, negó una y otra vez comenzando a rasguñar su cuero cabelludo para centrarse en algo más.
Lo'ak solo podía recordar cómo devoró a sus hermanas una y otra vez, solo podía concentrarse el sabor de la carne, su cabeza solo podía llevarlo de forma constante a aquel lugar donde se volvía un monstruo incontrolable.
Era un monstruo...
Siempre fue un monstruo.
----Vamos, Lo'ak ---- susurraste en su oído ---- vamos, te llevaré a un lugar donde estés solo ¿Entendido? Texur tejelen.
Lo'ak no entendía, no sabía que hacer y cuando M lo abrazó desde atrás y besó su cuello gritó.
Gritó sin importarle desgarrar su garganta.
No sabe qué pasó.
Lo que recuerda es que unas enormes manos lo levantaron para llevarlo a quien sabe dónde y a pesar de que estaba aterrado no se atrevió a pelear, porque le parecía mucho más terrorífico el castigo a su desobediencia. Sus manos buscaban con desesperación algo que le brindara calma, necesitaba desaparecer toda la angustia y miedo que lo invadía pero no sabía cómo hacerlo. Al menos hasta que unas manos tomaron con fuerza las suyas y Lo'ak se aferró a ellas con desesperación, tu aroma llenó su cabeza e hizo lo posible para fusionarse contigo y lograr olvidar. No dejó de llorar y sollozar en ningún momento, no hasta que su cuerpo lo obligó a desplomarse debido al cansancio y finalmente las voces desaparecieron.
Tus dedos acariciaban con suavidad sus mejillas mientras un suave tarareo escapaba de tus labios intentando brindarle paz en sus sueños. Su cuerpo aún sufría de espasmos y sus ojos estaban rojos e hinchados debido a todo el llanto que dejó salir. Tus dedos tocaron cada punto blanco en sus mejillas y cuando pensabas que podías relajarte un rato una voz detrás tuyo te hizo saltar y llevar tu mano al cuchillo que descansaba en tu cinturón.
Solo era rastas.
----Hey... ¿puedo pasar?
Tu mirada se quedó fija en él y a pesar de que realmente no querías que pasara... Era el padre de Lo'ak. Volviste a guardar el cuchillo en su lugar y sin desviar la mirada de él asentiste.
---- Se ha dormido... ---- murmuraste cuando el hombre se acercó a su hijo unos cuantos pasos, miraste el rostro de Lo'ak y a pesar de que habías prometido algo la romperías solo un segundo ----. Si ellas quieren verlo tiene que ser ahora y en silencio para que no despierte.
El silencio se extendió entre ambos. Tus dedos no dejaron de subir y bajar por la mejilla del na'vi y cuando regresaste la mirada hacia su padre este asintió con una ligera sonrisa.
----Bien, bien, gracias iré a por ellas.
No dijiste nada, simplemente lo observaste desaparecer rápidamente para ir por la familia de Lo'ak. Solo será por esta vez, porque una vez que él despierte no dejarías que nadie se acercara.
Vas a permitir que tengan una despedida temporal hasta que Lo'ak se sienta cómodo con ellos.
Tu espalda dolía y tus piernas estaban entumecidas, pero era la primera vez después de tanto tiempo que Lo'ak tenía un sueño profundo. No querías arruinarlo moviéndote así que esperarías con paciencia a que él despertara. Estuviste ahí minutos que se te hicieron eternos, tuviste que entretener tu aburrimiento contando los puntos blancos de su brazo.
Lo'ak no soltó tu mano en ningún momento y tu no dejaste de acariciar su brazo. Al menos hasta que unas voces que hablaban en un idioma extraño se hacían cada vez más cercanas. Tus ojos no se desviaron de la entrada, tus hombros se pusieron tensos y el ligero rastro de un escalofrío comenzó a formarse en el inicio de tu columna. Finalmente rastas se asomó y detrás de él no tardaron en aparecer muchos más na'vi, quienes asumiste eran la familia de Lo'ak.
La na'vi más alta aquella de porte defensivo, se acercaba a a Lo'ak con pasos cuidadosos. No dejaba de verte y por consecuente tú hacías lo mismo que ella. La mujer se agachó y no sin antes mandarte una última mirada de desconfianza y enojo miró a su hijo...
Sus iris se llenaron de una melancolía amorosa, sus dedos se movieron con suavidad y con un ligero temblor acarició la mejilla de tu amigo. Viste las lágrimas comenzar a descender por su rostro y la incomodidad floreció en tu pecho al ser la testigo más cercana del reencuentro esperado en una clara muestra de amor maternal puro y triste.
Desviaste tu mirada a otro lado sin intenciones de alejarte, porque simplemente no te atrevías a dejar el lado de Lo'ak.
Cuando miraste a un costado otro cuerpo que era mucho más grande que el tuyo se sentó a tu lado. Una na'vi con rostro mucho más jovial y sin los tatuajes que habías asumido representaba a los mayores en este clan miraba a Lo'ak con una pequeña sonrisa. Su chillona voz susurraba el nombre del muchacho dormido entre lágrimas y aquello te apretó un poco el corazón.
Finalmente otra na'vi con tatuajes en su rostro y pecho apareció. Ella tenía cejas y su aparencia era más parecida a rastas y Lo'ak. Se sentó a lado de su madre y cuando notaste cómo su mano se acercaba a la cabeza de loak reaccionaste por incercia, pues tu mano se movió antes de que ella lograra rozar un solo mechón de su cabello, tomaste su muñeca con fuerza manteniéndola en su lugar. En consecuencia, la madre de Lo'ak te siseó dispuesta a pelear de no ser porque rastas tocó su hombro con suavidad.
Tus ojos miraron a los amarillos de la más joven y sin más moviste con cuidado su mano, dejándola encima de la mejilla.
----En su cabeza no... — informaste con voz tranquila — Le causa pánico. Puedes acariciar su mejilla.
La na'vi guardó silencio y con cuidado asintió, dejando que toda la palma de su mano se pasará encima de aquel lugar. Lograste oír un sollozo, sin embargo, no dijiste nada y simplemente te concentraste en mirar el suelo intentando darles un momento de privacidad sin alejarte de ahí.
---- Lo'ak... — llamó con cariño.
---- ¿Podemos saber...? ---- preguntó rastas con cuidado.
Tus ojos volvieron a él y a pesar de que su mirada suplicaba por una respuesta al comportamiento de su hijo, decidiste que guardarías absoluto silencio por el bien de tu amigo. Tus pupilas se concentraron en la expresión pacífica de Lo'ak y sin alejar tu vista de él murmuraste.
---- No es algo que yo deba contar, aunque tampoco creo que él quiera hacerlo...
----¿Porqué deberíamos confiar en ti?---- preguntó una voz detrás tuyo.
Tu cuerpo se movió por inercia. Giraste tu cintura lo más que pudiste hacer intentando no despertar a Lo'ak y tus ojos alertas miraron fijamente al na'vi quien estaba a unos cuantos metros de ti.
No lo habías oído.
No habías percibido su presencia en ningún momento y por si fuera poco su mirada desafiante no ayudaba a que tu estado de alerta se tranquilizara.
---- No me importa si ustedes no confian en mi — respondiste borde, sin dejar de observar el desafiante rostro del na'vi con trenzas — Lo'ak lo hace y es lo único que importa.
La familia guardó silencio ante tu dolorosa verdad.
Ellos no hablaron en toda la noche... Simplemente se quedaron ahí hasta que amaneció.
Su madre le tarareó con suavidad y sus hermanas acariciaron sus manos con cuidado, una escena tan pacifica y triste que te hacía sentir incómoda porque tú estabas en medio de todo gracias a las manos de Lo'ak que se abrazaban con fuerza a tu cintura evitando que escaparas de su lado.
Ellos se fueron cuando el sol comenzó a filtrarse por las entradas de aquel refugio...
Debías admitir que te dio un poco de envidia ver cómo todos ellos habían esperado a Lo'ak por tanto tiempo...
También te alegrabas de que Lo'ak estuviera equivocado con respecto a su familia... Al menos, ahora podría tener un poco de paz.
•|•|•|•|•|•|•|•|•|• A D V E R T E N C I A •|•|•|•|•|•|••|•|•|•|•
contenido sexual explícito, canibalismo, ab/uso se/ual, abuso psicológico, tortura, sangre, traumas, muerte, mención de suici/io.
•••
Capitulo 1
https://www.tumblr.com/yuzuyom/771055584661422080/a-d-v-e-r-t-e-n-c-i-a?source=share
Capitulo 9
https://www.tumblr.com/yuzuyom/780859944538882048/a-d-v-e-r-t-e-n-c-i-a?source=share
•••••••••
10. Mira el monstruo que creaste.
Cuando tus ojos se abrieron lo primero que encontraste fue la oscuridad que se iluminaba gracias a la vegetación fluorescente de Pandora, las copas de los arboles cubrían el cielo y apenas podías ver el cielo estrellado colarse entre las hojas. Parpadeaste intentando centrar tu vista nublada. El eclipse que acompañaba a las estrellas te hizo entender que habías estado demasiado tiempo inconsciente. Tu cuerpo se enderezó con lentitud mientras tu cabeza comenzaba a palpitar por el golpe que te había noqueado. Tu mano apretó tu nuca sintiendo un enorme chichón contra las yemas de tus dedos. Cerraste los ojos con fuerza tratando de ignorar el mareo que invadía tu cabeza, tus manos buscaron torpemente las cosas que traías contigo y cuando tus pupilas divisaron la hielera que habías estado resguardando con tanto cuidado, tus labios se apretaron con impotencia al ver todos los frascos quebrados y el líquido que estaba dentro de ellos manchando el suelo.
Brillaba tanto que pareciera que se estuviera burlando de tu persona. Recalcando que se habían llevado a la persona por la que habías arriesgado tu vida.
Tus manos apretaron con fuerza el césped bajo tus manos sin despegar tu mirada de aquel líquido rosa. Tu garganta comenzaba a cerrarse conforme te encerrabas en tu propia cabeza pues la impotencia de ver cómo todo tu cansancio y esfuerzo era robado te llenaba de rabia.
Arriesgaste meses de tu vida.
Viviste cansada, alerta, luchaste por tu supervivencia para que simplemente alguien llegara y se volviera a llevar todo de tus manos. Ignoraron tu sacrificio, tu desgaste mental y toda tu persona para conseguir lo que ellos querían.
Tu respiración comenzaba a ser irregular conforme más pensabas en las personas que la vida te había quitado. En todo lo que el destino te había arrebatado sin piedad y clemencia a tu estabilidad mental.
Todo tu cuerpo comenzó a temblar debido a la rabia acumulada por años.
Tu madre siendo llevada por el mar, tu padre muriendo de una sobredosis, el coronel decidiendo mandarte lejos, tu hermana que eligió quedarse...
Y ahora Lo'ak siendo apartado de ti.
Por tu forma de ser y la costumbre de ser abandonado tantas veces simplemente seguirías adelante e ignorarías el sentimiento hasta que sea olvidado, sin embargo, está vez había una diferencia abismal a las otras situaciones.
Ellos habían escogido dejarte.
Lo'ak había sido obligado a abandonarte.
Por esa misma razón no dudaste en por segunda vez en tu vida ir tras él. Tus manos tomaron el arma que estaba a escazos metros de ti, tus piernas se tambalearon y tu cabeza dio vueltas, pero... No te importó.
No te importó el dolor de tu cuerpo, no te importó el temblor de tus manos, no te importaron las inmensas ganas de gritar que te invadían y tampoco te importó la voz de tu hermana intentando detenerte.
Lo que había en tu cabeza era el único ser que se mantuvo a tu lado todo este tiempo, aquel que controló sus ansias de comer a pesar de que fueras un blanco fácil, aquel que te protegió en uno de tus momentos más débiles.
Tus manos se aferraron a la tierra conforme escalabas la colina mientras tu mirada estaba centrada en la cima, conforme más te acercabas al final las voces de tu pasado te rogaban que volvieras y te aferraras a ellas. Tu corazón punzaba ante las súplicas de las voces que llegaste a desear oír en un pasado. Te llamaban intentando retenerte en aquel lugar, reclamaban ante tus pasos decididos, lloraban ante tu abandono decisivo.
¿Por qué debías quedarte cuando ellos no fueron capaces de escogerte?, ¿por qué quedarte en un lugar donde todo estaba por encima de ti?
Tus piernas tropezaron y tu ceño se frunció ante la idea de volver a tu agujero de sufrimiento. Tus uñas se clavaron en la tierra y tu cabeza se obligó a pensar en Lo'ak, el único que siguió a tu lado incluso en los momentos más angustiantes.
Cuando tus manos tocaron la cima jalaste tu cuerpo para salir del abismo.
Te recostaste con las manos en tu pecho apretando la tela con fuerza, tu mandíbula se apretó y tu sien comenzó a doler conforme retenías las lágrimas en tus ojos. Te levantaste sin dudarlo y a pesar de que las voces te siguieran llamando avanzaste sin mirar atrás... Ya no había nada que te mantuviera en el pasado cuando había algo constante en el presente.
Tus pasos fueron decisivos cuando diste marcha hacia aquel lugar que habias destruido.
Los llantos de Lo'ak llenaron tu cabeza, las cicatrices de su cuerpo se clavaron en tu pecho una y otra vez causando que el enojo fluyera como una lluvia torrencial que nublaba cualquier pensamiento racional. Tus manos apretaron el arma que colgaba de tu hombro mientras tu mirada se concentraba en el camino que tenías frente a ti.
No detuviste tus pasos ni siquiera cuando de la radio en tu cadera salió una voz exclamando que el na'vi había despertado y no dejaba de gritar.
Tu respiración se volvió irregular cuando pensaste en tu amigo asustado. Tu pecho subía y bajaba intentando ignorar la rabia que comenzaba a llenar cada centímetro de tu ser. ¿Por qué llevárselo y alejarlo?, ¿por que volver a encerrarlo en un lugar que solo le traía malos recuerdos?
¿Por qué ir por él?, ¿por qué arriesgar tanto por un desconocido?
Tal vez fue porque él era lo único que tuviste en todos estos meses. Tal vez fue porque te recordaba tanto a ti que te parecía impensable abandonarlo y repetir los patrones que la gente había tenido contigo.
Eran tan parecidos en ciertos aspectos que llegaste a sentir que era la única persona capaz de comprenderte.
Iban a pagártela.
Iban a sufrir las consecuencias de hacerte sentir vulnerable y dejarte abandonada a tu suerte como todos lo habían hecho. Ibas a destruirlos por volver a romper lo que tanto te había costado reparar y si Lo'ak retrocedía todo lo que habían avanzado no dudarías en prender todo en llamas y bailar encima de sus cadaveres.
No te detuviste aunque tus pantorrillas ardieron, no aceptaste detenerte aunque tus ojos se cerraran debido al cansancio. No podías dejar de avanzar porque la picazón de tus manos debido a la impaciencia era un recordatorio de lo que podía pasar si tardabas más de lo necesario.
No querías que Lo'ak llegara a sentir que lo habías dejado atrás, no querías parecerte a nadie que te haya abandonado.
Obligaste a tu cabeza en pensar cómo reventarías sus cabezas si te enterabas que Lo'ak había sufrido alguna tortura. Te obligaste a centrarte en tu enojo para no concentrarte en el hambre o sueño que te invadía, en la necesidad de un descanso para poder llegar a él.
En el camino tomaste las frutas que encontrabas acumulándolo hasta que tu cuerpo no pudiera más.
Fueron tres días.
Dos noches enteras donde no descansaste, tres días donde avanzaste sin detenerte con el único pensamiento de ir por Lo'ak y explotar a los que te lo quitaron.
Estabas segura de que comenzabas a alucinar debido a la falta de sueño pues podías oír los llantos de Lo'ak a la lejanía, podías oír el mar detrás tuyo y a veces estabas segura de que había una mirada encima cuidándote desde las profundidades del bosque... A veces podías oír la carne ser masticada.
De repente la voz de tu hermana te tarareaba y finalmente la voz de Lo'ak susurró tu nombre cerca de tu oído. Tu cabeza se giró alterada encontrándote con una hiena herida que te gruñía entre los matorrales. Tu mano punzó ante el recuerdo de su ataque y a pesar de que tenías un arma para poder dispararle sacaste tu navaja y sin una pizca de duda pateaste el hocico de la criatura haciéndola chillar, tu mano no tardó en clavar la navaja una y otra vez en su cuello.
Una, cinco, diez, veinte, cincuenta...
La rabia nubló tu cabeza y una vez que toda la adrenalina de tu cuerpo se calmó te detuviste. Respiraste de forma pesada intentando regular tu respiración y una vez que ya estabas más tranquila cortaste sus extremidades para finalmente comer y descansar. Creaste una fogata, encendiste la llama sin detenerte a verla bailar y simplemente comiste para después acostarte a dormir encima de una rama alta.
Tu cerebro estaba en piloto automático y ni siquiera podía hacer la rutina que ya habías creado.
Cuando cerraste los ojos caíste en un profundo sueño donde solo veías a Lo'ak gritar y llorar en la vieja celda que vivió por años.
Fue la primera vez que soñaste algo.
No supiste cuanto tiempo dormiste y tampoco hiciste un esfuerzo en averiguarlo, cuando bajaste de la rama no dudaste en seguir tu camino.
¿Cuánto más?, ¿cuánto faltaba por volver?
Tus pasos fueron constantes y a pesar de que la ira estaba en tu sistema aún podías mantenerte cuerda gracias a la siesta. Pero la vida era cruel, porque a pesar de que la radio siguiera sonando en tu cadera no habían dicho nada más que informar acerca del comportamiento de Lo'ak.
Hasta ese día.
"Guíen al científico con el na'vi"
Tus pasos que habían sido firmes titubearon, tus ojos que estaban concentrados en el camino miraron la radio y con dedos temblorosos tomaste aquel aparato sin estar segura de si tal vez estabas sobrepensando. Tal vez era tu cabeza jugándote una broma cruel, tal vez ni siquiera se trataba de la persona que pensabas y era alguien más. ¿Por qué él estaría ahí? ¿Por qué...?
¿Qué te hacía dudar de la obsesión de Mark?, ¿por qué veías imposible que aquel hombre moviera cielo y mar para encontrar a su más grande obsesión de años?
"El doctor Mark se llevará al híbrido a su laboratorio"
Tu respiración volvió a ser inestable y la rabia que se había mantenido a raya explotó. Tu mano apretó con fuerza la radio, tus dientes rechinaron por la fuerza que aplicabas en ellos, te cabeza estalló y la rabia emergía en un grito qué se formó desde la boca de tu estómago. Ignoraste todo pensamiento y te concentraste en el fuego qué ardía llenándote de cólera, tu mano reventó la radio contra un tronco, azotando una y otra vez sin dejar de gritar hasta que el aparato estalló en miles de pedazos. Tus uñas se aferraron a la corteza del árbol cuando ya no tenías a que aferrarte, tus ojos miraron furicos el suelo y la adrenalina comenzó a burbujear por todo tu sistema causando que tus pies comenzaran a moverse, tus pasos se volvieron trotes y los trotes se volvieron en una carrera hacia el na'vi.
No dejaste de correr aunque a tus pulmones les faltara oxígeno, no dejaste de correr aunque tu garganta quemara, no dejaste de correr aunque tus pantorrillas cosquillearan del dolor. No hasta que el cansancio volvió a dejarte débil.
La falta de sueño volvió a hacerte escuchar la voz de Lo'ak... Aunque esta vez gritaba lleno de desesperación y podías oírlo reclamarte por qué nunca habías hecho nada para detener su sufrimiento.
Te forzaste a comer y dormir, porque sino descansabas serías inútil al llegar a aquel lugar. La noche fue desesperante al notar que había un enorme silencio. Por suerte, el cansancio te hizo caer inconsciente y obligarte a dormir.
Tres días más donde seguiste corriendo.
Trece días donde estuviste lejos de Lo'ak... Seis días donde estuvo en las manos de Mark hasta que llegaste a las instalaciones.
Tal vez la adrenalina te hizo ignorar el cansancio, pero oír las instalaciones a la lejanía te hizo ignorar la pesadez de tus párpados y concentrarte en la rabia que te había estado invadiendo todos estos días. La sed de sangre y venganza nubló tu autopreservación. La necesidad de calmar tu impotencia llenó toda tu cabeza y tu posesividad te hizo moverte para volver a robarte a Lo'ak.
Habías aprendido con el tiempo que para vencer a una gran cantidad debías acabar con ellos uno a uno. Ni siquiera dudaste ni un segundo cuando escalaste uno de los árboles, pusiste tu navaja entre tus dientes y tus manos alzaron el arma para apuntar al avatar más cercano que resguardaba la zona, sin embargo, no querías alertar a los demás entonces debes usar la navaja.
Fuiste sigilosa cuando caminaste por encima de las ramas de su cabeza, tus manos acomodaron el arma detrás de tu espalda y con tu cuchillo en mano te dejaste caer encima de aquel enorme ser. La cuchilla atravesó su cráneo, cubriste su boca sacando y clavando el cuchillo donde sea que pudieras, tus ojos se concentraron en la sangre que se derramaba en tus manos, te concentraste en las gotas carmesí que salpicaban el vidrio de tu máscara y cuando el hombre cayó al suelo sacaste tu navaja con fuerza. Tu pecho subía y bajaba bruscamente sin apartar tus iris de aquellas pupilas oscurecidas.
Robaste su munición y antes de poder irte el sonido de la radio haciendo frecuencia te detuvo, tus oídos escucharon con atención esperando obtener información acerca del estado de Lo'ak.
"Recuerden muchachos, no sabemos que tenga pensado Sully, con precaución"
Ladeaste tu cabeza curiosa ante el nombre que habías escuchado en el pasado. Decidiste ignorarlo, porque no se trataba de Lo'ak y sino era información de aquel na'vi no te importaba en lo más mínimo.
Caminaste en cuclillas ocultando tu cuerpo entre los matorrales altos, buscando víctimas solitarias. Acechando y escogiendo a los más fáciles de asesinar. Por eso mismo, centraste tu atención en un soldado humano que pasó por enfrente tuyo con el arma en alto dándote la espalda al buscar quién sabe qué. Fuiste cuidadosa al posicionarte detrás de él y sin pensarlo mucho cortaste su garganta escuchando cómo se ahogaba en su sangre, lo recostaste con cuidado mirando sus ojos apagados. Tus manos fueron rápidas cuando retiraron su máscara de oxígeno para cambiarla con la tuya.
Tomaste una gran bocanada de aire intentando relajar los temblores de tu mano y con cuidado le quitaste su chaleco antibalas para ponertelo encima.
Volviste a avanzar encontrando a otro avatar recorriendo la zona. Te ocultaste detrás de un tronco, subiendo a una roca mientras esperabas que estuviera cerca tuyo y cuando sus pasos ruidosos ya estaban a tu lado tu mano se movió para jalar su trenza y tu navaja amenazó su garganta.
----¿Quién...? ¿un soldado de Sully? ---- cuestionó con respiración agitada ---- no van a salirse con la suya, maldita lamebotas na'vi.
No contestaste, en cambio miraste directo a sus ojos jalando con más fuerza aquella trenza delicada provocando que un quejido de dolor saliera de sus labios.
Tu navaja cortó su garganta.
Sus ojos que expresaban su terror a morir te llenaron de cólera, porque ninguno pensó en lo que estaban haciendo al entregar a Lo'ak a Mark. Tu mano se movió sin pensarlo, encajaste la navaja en su garganta tantas veces que su cabeza quedó colgando gracias a su vértebra, respiraste con dificultad sintiendo tu sien palpitar debido al estrés y rabia. Jalaste la trenza con fuerza obligando al cadáver azotar contra el suelo.
Limpiaste la sangre que manchaba la máscara intentando aclarar tu vista para seguir cazando a todos ellos.
Escalaste el árbol sin mirar atrás, sin dudar en tu avanzar, sin siquiera pensar en el peligro de la situación.
Cuando encontraste otro avatar hiciste lo mismo, dejarte caer contra él para cortar su yugular. Tus ojos prestaron atención a su arma observando el silenciador, tus dedos lo tomaron y con una tranquilidad espeluznante lo pusiste en tu propia arma. Volviste a tu zona segura avanzando entre las copas de los arboles para quedarte quieto cuando encontraste a dos avatar platicando con tranquilidad debajo tuyo.
En tu escuadrón era impensable distraerse, pues nunca se sabía que podría estar acechándote.
Comenzabas a acostumbrarte a dejarte caer de los árboles. Cuando tus pies pisaron la nuca de uno de ellos tu cuerpo se giró disparando en el centro de la cabeza del contrario, no tardaste ni un segundo cuando volviste a prestar atención al que estaba debajo tuyo y dispararle detrás de su cabeza.
Ninguno se movió.
Ni uno tuvo la oportunidad de dar aviso.
Caminaste ignorando el rastro de cadáveres que estabas dejando, lo imprudente que estabas siendo al no ocultar los cuerpos y dejarlos donde caían.
"Imprudente"
Si, en este momento solo te dejabas guiar por la ira de que te quitaran a Lo'ak y lo único que querías hacer era llegar lo más pronto posible a él. Probablemente tu falta de sueño también estaba afectando tus acciones, pero no te importaba... Nada te podía importar menos que tu actitud sanguinaria.
De todos modos, ¿quién iba a reclamarte por eso? Nadie.
Cuando tus ojos divisaron otro soldado humano no dudaste en caminar detrás suyo, al estar cerca de él saltaste a su espalda clavando la navaja en su cuello una y otra vez. La mujer se removió e intentó apartar tus manos, sin embargo, incluso cuando estas intentaron cubrir su garganta seguiste clavandolo.
Atravesaste todo tipo de protección hasta que dejó de moverse.
Nada de esto hubiera pasado si los dejaran en paz. Ellos se habían buscado este final al traerlo acá y entregarlo a alguien tan enfermo como Mark.
Volviste a subir a la copa de los árboles avanzando de rama en rama hasta que alcanzaste a divisar otros tres, para tu mala suerte eran avatar por lo que te ganaban en tamaño.
Esto sería difícil, pero no imposible.
Tus manos apretaron con fuerza el mango del arma y con tus dedos temblorosos no dudaste en jalar el gatillo atravesando la frente de uno de ellos, no diste tiempo a pensar porque rápidamente volviste a disparar a los otros dos.
Ya casi estabas, no debías parar ahora.
Tus pies se movieron nuevamente, concentrando tus oídos y ojos en todo lo que te rodeaba. Estabas tan concentrada en llegar a Lo'ak que no fuiste consciente que había gente debajo tuyo... Al menos hasta que una voz conocida captó tu atención.
El coronel Quaritch estaba debajo tuyo. Un na'vi estaba a unos cuantos metros de él y todos los soldados se apuntaban los unos a los otros.
----- Jake, tiempo sin vernos.
El hijo de puta coronel Quaritch.
Tus ojos se concentraron en sus facciones, mirando con atención la sonrisa tranquila en su rostro. Sus ojos divertidos ante todo lo que estaba pasando, burlándose en tu cara que fue fácil quitarte a Lo'ak. Comenzaste a moverte con lentitud, sin apartar tus ojos de encima de él.
---- ¿Dónde está? — cuestionó el otro na'vi.
Tus dedos titubearon.
----Paciencia, paciencia ---- se burló el hombre en tono bajo ----- hablemos, dijimos que hablaríamos.
----- Primero quiero ver a mi hijo ----. Exigió el otro.
Tus labios se apretaron ante aquella frase, la idea de que Quaritch también robará niños acrecentó tu necesidad de matarlo.
---- Pensé que vendrías solo, ¿no tienes miedo a perder otro hijo? — el hombre sonrió con suficiencia — Lo está cuidando un científico, tranquilo.
Fue como si aquella frase hubiera encendido algo dentro de tu cabeza, porque después de oír aquellas palabras salir de su boca no tardaste en caer encima de él, apuntando en medio de sus cejas con la boca de tu arma. Sus ojos llenos de sorpresa te miraron, sus manos habían soltado el arma y había levantado las manos para evitar que se abriera fuego.
No prestaste atención a nada de lo que pasaba a tu alrededor porque tu cabeza estaba concentrada en la ira qué burbujeaba por todo tu cuerpo.
----¿Qué-? ---- soltó mirando fijamente tu rostro.
---- ¿Dónde está? — cuestionaste en voz baja.
Él rió al reconocerte por tu voz y notar tu rostro bajo las manchas de sangre de la máscara.
---- Eres la drogadicta... ¿Sabes cuántos problemas causaste?--- preguntó el hombre con una sonrisa incrédula — Sigues viva.
El arma fue empujada con fuerza contra su piel obligándolo a retener una queja de dolor.
---- ¿Dónde está?
El hombre sonrió y aquello comenzó a nublar tu cabeza.
---- Esto es una mala idea. Estás rodeada ¿lo sabes? ---- habló él ignorando la pregunta — Hay más soldados cuidando la zona.
Tu cabeza se ladeó con lentitud ante sus palabras, tu dedo se puso en el gatillo y en un susurró sin despegar tus pupilas de las suyas confesaste.
----Los maté.. ---- aseguraste sin dudar ---- tus soldados están descuartizados por todo el bosque. Ahora, ¿DÓNDE ESTÁ?
La sonrisa que adornaba su rostro se borró y la rabia llenó sus facciones llenando a tu rabia de satisfacción.
----¿Y yo que ganó si te lo digo, niña?
---- Vivir.
Aseguraste sin titubear.
----¿Tú piensas que voy a creerte? ---- cuestionó con sarcasmo.
No contestaste, te quedaste quieta en tu lugar sin despegar tus ojos de los suyos, viste su mano comenzar a moverse lentamente, advertiste que no hiciera nada estúpido pegando con mas fuerza el arma a su frente.
El hombre tomó su radio con lentitud y bajo tu atenta mirada lo pegó a sus labios.
---- Aquí coronel Quaritch — llamó sin dejar de mirarte — ¿Cuál es la ubicación del híbrido?
La radio tardó un rato, pero finalmente alguien respondió.
"En el laboratorio, señor. Fue a una revisión con el tal Mark"
Todo se fue a la borda ante esas palabras. Los sueños, los llantos, las cicatrices, el sufrimiento de Lo'ak llenó tu cabeza con aquellas palabras. La imagen del na'vi retorciéndose y sufriendo bajo las manos de aquel científico provocó que tu estómago se revolviera. Lo último que quedaba de raciocinio se quebró y no quedo nada más que la necesidad de desquitar todo lo que se había estado conteniendo. Tus pupilas miraron fijamente a aquel avatar quien movía sus labios intentando comunicarte algo que no escuchabas para nada.
Todo era lejano y lo único que podias oír era el pitido en tus oídos que torturaba a tu cabeza.
Tus manos giraron el arma y sus ojos por un momento mostraron diversión hasta que soltaste el primer golpe contra su rostro.
Luego otro, otro, otro, otro, otro, otro, otro.
No paraste ni siquiera cuando su cabeza desapareció bajo tus golpes, no te detendrías hasta que los llantos de Lo'ak dejaran tu cabeza, no te ibas a detener hasta que la rabia desapareciera de tu sistema.
No te detuviste hasta que tus manos se entumieron y todo se volvió nítido.
Te detuviste con piernas temblorosas y respiración agitada. Te sentaste en su estómago lanzando el arma manchada de sus restos lejos de ti, tomaste su arma sin dudarlo mientras te levantabas con tambaleos. Cuando estabas por seguir hacia adelante tu hombro fue tocado por una mano ajena causando que tu cuerpo se girara con rapidez lista para disparar de no ser porque tus ojos vieron a Lo'ak unos segundos.
Tus dedos dudaron y tus ojos parpadearon con rapidez intentando averiguar si lo que estaba frente a ti era real o una alucinación.
Te quejaste cuando tu cabeza punzó de forma insoportable, tus manos dejaron caer el arma y tus dedos apretaron tu sien con fuerza intentando desaparecer el dolor de tu cabeza. Una vez que el dolor se volvió soportable volviste a mirar a quien se suponía era Lo'ak.
No era Lo'ak, pero era casi una copia al na'vi solo que más mayor.
Tu ceño se frunció en confusión, sin saber si era la falta de sueño haciendo efecto o era una realidad. Tus manos se aferraron el arma que quedó colgando, mirando con desconfianza al avatar frente a ti. El hombre intentó acercarse, sin embargo, tú levantaste tu arma apuntándolo.
---- No te acerques ----. Advertiste dando un paso hacia atrás.
Sus manos se levantaron para intentar brindarte confianza mientras que sus ojos amarillos se clavaban en tus pupilas.
Sus ojos eran tan expresivos como los de Lo'ak y eso te estaba tomando con la guardia baja.
---- Está bien, está bien, tranquila ---- exclamó intentando tranquilizar con un tono suave. Sus ojos se aseguraron de mirar a los tuyos ---- Soy Jake... ¿Tú eres?---- preguntó cuidadoso.
Negaste alejándote de él sin bajar tu arma.
---- Qué te importa ----soltaste comenzando a alejarte de ellos sin darle la espalda ---- No me estorben.
Estabas perdiendo el tiempo con ellos cuando Lo'ak podría estar pasando por los peores momentos de su vida... Otra vez.
----Es- tú...- ¡Espera, oye! ---- intentó detenerte.
Tomaste una gran bocanada de aire, dándote media vuelta dispuesta a comenzar a correr de no ser porque tus ojos se encontraron con un arma apuntándote
— Alto.
La impotencia comenzó a llenar todo tu cuerpo cuando notaste que no era solo uno, sino todo un escuadrón rodeándote apuntando sus armas hacia a ti.
Cuando sus ojos se abrieron lo primero que encontró fue un cielo blanco... Su alrededor estaba tan iluminado que lastimaba sus ojos, parpadeó de forma constante buscando que la luz del sol dejara de lastimar su retina. Su mano se movió y ahí fue cuando escuchó un sonido que conocía bien.
Cadenas moviéndose.
Su cabeza fue consciente de la pesadez de sus muñecas y cuando sus pupilas miraron sus manos notó los grilletes. Su mirada se levantó intentando buscarte y asegurarse de que todo era mentira, que él seguía en el bosque.
Se encontró con paredes blancas. Tan blancas como cuando recién lo habían atrapado.
Su cabeza comenzó a alterarse, su respiración se volvió errática y sus ojos desesperados intentaban encontrarte. Sus manos y cuerpo se movieron jalando de las cadenas que lo retenían a la pared, el pánico comenzó a llenar su cabeza y las lágrimas nublaron su vista. Su garganta dolía y él negaba a creer que todo esto fuera real, quería convencerse de que todo era una pesadilla, hasta que sus muñecas comenzaron a sangrar por sus bruscos movimientos.
Ahí fue cuando entendió que realmente estaba encerrado.
Su mandíbula se apretó y su sien comenzó a palpitar por el estrés, su cuerpo temblaba y el vacío en su estómago se volvía cada vez más grande.
— N-no... no... no, no, no, no, no, ¡NO, NO, NO, NO, NO! — gritó volviendo a jalar las cadenas — ¡NO, NO, NO,NO! ¡SAM!, ¡SAMANTA!, ¡SAM! ¡NO, NO, NO, NO! ¡ES MENTIRA! ¡MENTIRA, MENTIRA, MENTIRA! ¡SAM!
Gritó hasta desgarrar su garganta.
Se removió, peleó, jaló y lloró hasta ya no poder más. Hasta que sus brazos se entumieron, hasta que dejó de sentir sus muñecas, hasta que todo el suelo debajo suyo estaba lleno de sangre. No dejó de repetirse que todo era falso hasta que de su boca dejó de salir sonido por sus cuerdas vocales dañadas.
Después... Solo... Él solo se quedó quieto mirando el carmesí que manchaba el suelo blanco. Se quedó en silencio en medio de la soledad sin poder pensar en nada, dejando que las lágrimas se derramaran sin emitir sonido alguno.
¿Todo fue mentira? Todo... Su libertad, su amistad... ¿Tú?
¿Todo fue una cruel mentira de su propia cabeza para sacarlo unos segundos de su infierno? Él quería que fuera real.
Necesitaba que todo fuera real.
Tal vez, tal vez todo era una pesadilla. Posiblemente era un episodio de abstinencia haciéndolo sufrir, tal vez todo era una pesadilla de su cabeza para torturarlo.
La desesperación invadió cada centímetro de su cabeza y sus acciones se volvieron imprudentes cuando la única forma que encontró para despertar fue hacerse daño a si mismo. Sus manos se levantaron y sus dientes mordieron sus brazos, uno, dos, tres... Tantas veces mientras suplicaba despertar.
No lo hizo.
Seguía en aquella maldita celda y tú no apareciste.
Comenzó a sollozar derrotado y simplemente se recostó en el suelo resignado a estar ahí.
Eywa lo había vuelto a abandonar... Lo habían vuelto a dejar atrás y no iba a poder hacer nada al respecto.
Había aprendido a ignorar el pasar del tiempo después de tantos años. Su cabeza era buena creando alucinaciones para sentirse menos solo, así que no le pareció extraño que de repente hubiera un hombre acostado a centímetros de él. Su cara destrozada, su cuello inexistente y sus ojos carentes vida no le causaron nada pues ya estaba acostumbrado a él.
El primero de todo.
El inicio a su decadencia.
"Perteneces aquí. Este es el hogar que te mereces"
Sí. Hace tiempo que se había convencido de eso y aquellas palabras dejaron de doler en algún punto porque sabía que eran reales, pero... ¿Por qué ahora dolían mucho más que al principio? Sus ojos se cerraron con fuerza intentando borrar la culpa que aquella figura lo hacía sentir y volver a ser un cuerpo vacío, quería que todo volviera a ser sencillo. Necesitaba que todo volviera a sentirse como sino importara.
"Debes de sufrir para vivir"
Los llantos invadieron la celda y las voces repitiendo que se lo merecía le causaron sufrimiento. Todos aquellos que había comido comenzaron a reclamarle su crueldad, las voces de sus hermanas rogaban piedad y la voz de Kiri suplicaba a Eywa que parara con el suplicio que él causaba.
Sus manos cubrieron sus orejas intentando ignorar todo y hundirse en su soledad.
Hasta que el sonido de la puerta abriéndose lo llenó de terror. Su cuerpo se volvió tembloroso y su cabeza se llenó de las terroríficas posibilidades de estar en las manos de M.
Intentó ocultarse.
Su espalda chocó contra la fría pared y sus ojos aterrados no se despegaron de la puerta esperando ver a los dos guardias que siempre lo golpeaban.
Sin embargo lo que entró a la habitación fue un avatar, un avatar que lo miraba con ojos sorprendidos.
— Wow. ¿Tú hiciste todo eso? — el hombre soltó un suspiro mirando fuera de la habitación — traigan al médico.
Su cola se enredó en su muslo, sin embargo, no se atrevió a decir nada por miedo a las consecuencias.
No pudo despegar sus ojos de él porque temía que se acercara y volvieran a lastimarlo físicamente asi que no podía dejar de temblar.
— Sé quién eres, muchacho — comenzó a hablar el hombre sin dejar de mirarlo — nos conocimos en un pasado.
Sollozó sin entender de qué hablaba, porque el recordaba la cara de todos los que le habían hecho daño y este hombre de aquí no estaba en sus recuerdos. Temía no recordar y ganar un castigo por eso.
El hombre levantó sus manos y Lo'ak intentó alejarse más de aquel hombre.
— Tranquilo... No te haré daño — el hombre rascó su frente soltando un suspiro — tu padre nos causó tantos problemas por tu desaparición.
De repente todo se volvió lejano, su rostro se volvió borroso y Lo'ak solo escuchó el sonido de olas romperse contra sus tímpanos.
Mentira. Mentira. Todo era mentira.
Nadie lo buscó, nadie se esforzó en encontrarlo, él fue abandonado por todos porque era lo que merecía.
Nunca fue buen hijo, nunca fue alguien que valiera la pena para encontrar, nunca fue alguien digno de ser elegido. Era tan fácil de olvidar que la mentira que este hombre le decía dolía, dolía más que todo lo que tuvo que pasar.
— Seguro va a estar feliz de volver a verte — exclamó aquel avatar.
Negó, negó mientras las lágrimas volvían a derramarse por aquellas crueles palabras.
— Mentira, ¡mentira, mentira, mentira! — gritó desesperado — ¡Aléjate, vete! ¡déjame! ¡mentiroso!
— ¡Traigan un sedante!
Él lucho contra las cadenas, gritó ante los recuerdos y sufrió por las posibles consecuencias de alterarse. Se removió cuando manos intentaron retenerlo, pateó y sollozó cuando todo se volvió borroso. Rogó por clemencia cuando su vista comenzó a nublarse y después simplemente desapareció en la oscuridad.
Fue entre sueños cuando una suave voz tarareo en medio de la oscuridad, volvió a acariciar su dolor entre sueños y calmó la ansiedad que abrumaba a su cabeza.
Fue un soplo de cariño a las heridas de su corazón...
Cuando sus ojos volvieron a abrirse estaba en en el mismo lugar, con la misma iluminación, con las mismas voces susurrando a su alrededor. Sus ojos miraron sus brazos los cuales se sentían apretados. Notó vendas cubriendo las mordidas y heridas de sus muñecas. Su cuerpo se levantó con cuidado sintiendo su cabeza punzar ante los movimientos. Cerró sus ojos con fuerza intentando ignorar el dolor y cuando volvió a abrirlos se encontró con una bandeja llena de comida.
Lo'ak lo miró fijamente sin saber si era correcto comerlo, pero su estómago no quería pensar. Quería llenar el vacío y sus manos no tardaron en moverse para meterse de forma desesperada la comida a la boca. No le importó derramar todo en el suelo, no le importó qué alguien llegara a regañarlo. Él solo quería comer.
Siguió comiendo incluso cuando la puerta se abrió.
Sus ojos volvieron a encontrarse con aquel avatar que le había mentido a la cara. El hombre traía una silla con él, la dejó a unos metros de él y sin decir una palabra se sentó en ella.
Lo'ak recogió la comida que cayó en el suelo metiéndola a su boca sin despegar sus iris de aquel hombre.
— No la has tenido fácil, eh — comenzó a conversar el avatar — la doctora dijo que tenías demasiadas heridas.
Sus dedos titubearon al sentir las cosquillas florecer por toda su piel. Sus extremidades comenzaban a picar y aquello le causaba estrés a su cabeza. Sus manos se movieron sin pensarlo mucho, comenzando a rascar sus brazos mientras observaba el suelo.
— Estudiaron tu sangre y encontraron restos de "rostacanim"... — sus ojos volvieron al hombre, quien masajeaba su mentón sin dejar de observarlo — parece que tu cuerpo ya esta acostumbrado a sus efectos y ahora sé porque esa desertora hizo de todo por robar muestras.
Sus corazón se aceleró conforme las lágrimas se acumularon en sus ojos. Su cuerpo se sintió débil y sus dedos comenzaron a temblar ante la mención de un suceso que creía falso. Sus ojos miraron con lentitud hacia sus muslos notando las dos heridas de bala cicatrizadas.
Un sollozo volvió a escaparse de su boca al recordar el tarareo que lo consoló entre sueños.
— Hizo de todo por alejarte de aquí. Dime, ¿ella te llevo? — cuestionó cuidadoso — ¿te hizo... cosas?
Negó mientras lloraba.
Sus dedos acariciaron con cuidado las cicatrices en sus piernas.
No... Tú no eras así, tú lo cuidaste en su momento más vulnerable y no lo abandonaste cuando viste el monstruo que era. Te quedaste a su lado y lo arrastraste cuando ya no pudo avanzar más, lo consolaste cuando se rompió y...
No, tú nunca le harías daño.
— Tu padre viene en camino, será un largo viaje... pero tú volverás a tu hogar.
Él ya no volvió a oír nada más, porque solo pudo concentrarse en el recuerdo de tu amabilidad. Ahora, cuando intentaba dormir y aquellas voces intentaban torturarlo tu tarareo llenaba la celda y lo hacía dormir como un bebé. Cuando sus ojos se abrían en lugar de encontrar al primer hombre te encontraba a ti mirándolo con tranquilidad y Lo'ak se aferró a tus ojos amables para superar todo lo que sucedió a su alrededor.
Ni siquiera le importó cuando volvieron a entrar a la celda y lo sedaron para trasladarlo. Solo se concentró en tu persona que se quedó a su lado en silencio.
...
Se lamentó haber sido tan estúpido y bajar la guardia, porque él debía aprender que no podía ser feliz. Que Eywa lo había abandonado y la vida sería cruel tantas veces hasta destruirlo.
Lamentó abrir los ojos y seguir con vida, porque lo primero que sintió al despertar fue un cosquilleo formándose en su vientre, sus manos intentaron moverse pero fue imposible. Poco a poco fue consciente del frío de su espalda y también el calor de todo su cuerpo. Había un sonido de metal rechinando que lastimaba sus oídos provocando que su cabeza diera vueltas y cuando sus ojos comenzaron a notar los detalles en el techo una voz lo paralizó.
---- Hola, Charlie.
Su garganta se cerró, sus ojos se llenaron de terror y cuando todo su cuerpo comenzó a temblar de pánico miró en dirección a aquella voz.
Las náuseas lo abrumaron cuando su estómago se revolvió y de forma inevitable comenzó a vomitar mientras las lágrimas bajaban por sus mejillas. Se obligó a alejar su mirada de aquel hombre y poner su cabeza de lado para evitar ahogarse con su propio vómito... Sacó todo lo que había en su estómago hasta que un sabor agrio quedó en sus papilas.
—N-no, no, a-aléjate... ---- rogó con voz afónica ---- p-por favor, a-aléjate.
Los dedos de aquel hombre subieron por su abdomen acariciando con una suavidad qué lo llenaba de asco.
---- Hiciste algo muy malo, bebé ---- susurró saltando mas fuerte encima de sus pelvis ---- te fuiste... Seguiste a otra persona cuando sabes que eso está prohibido.
Él negó reteniendo los gemidos que querían escapar de su boca, sus uñas se enterraron en la palma de su mano y el sonido del metal raspando el suelo lastimó sus oídos haciéndose cada vez más fuerte.
-----P-por favor... No, para ---- suplicó de forma temblorosa ---- p-para, detente, p-por favor.
Escuchó una suave risa que lo hizo llorar, de repente un intenso dolor se presentó en su pecho y Lo'ak se obligó a retener el grito que queria emanar de su boca, porque él odiaba oírlo quejarse.
Él odiaba que mostrara cómo realmente se sentía a sus acciones.
Así que permitió que marcará todo su abdomen y pecho con mordidas a pesar de que deseara quitarlo de encima suyo.
----Cariño, qué dijimos ---- señaló él mientras su mano tomaba su cola con suavidad ---- entre más me digas que pare... Más lo haré.
Cerró sus ojos con fuerza cuando las uñas de aquel hombre se enterraron en su cola llevándola con lentitud a su boca, podía saber cual era su sifuiente acción incluso con los ojos cerrados, podia sentir su respiracion caliente en la piel de aquella delicada extremidad.. Cuando sus dientes se enterraron en ella Lo'ak se quejó, dejó escapar sollozos cuando el científico volvió a saltar contra su pelvis.
Su miembro entraba y salía de él.
Lo'ak se llenaba de un asqueroso placer que no deseaba sentir, su juicio se nublaba de forma obligatoria y su piel comenzaba a quemar conforme los labios de aquel hombre recorrian toda su piel.
----- Para, por favor, d-detente... ¡ngh!
— Tienes que decirme que me amas y tal vez me detenga.
Sollozó en voz alta ante aquellas palabras. Su corazón se retorcía con cientes de sentimientos revueltos en él y finalmente la humillación llenaba su cabeza.
—¿P-por qué?, ¿Por qué me odias...? — cuestionó lleno de dolor — ¿qué te hice?
— Mi amor, no volvamos al inicio — aquellos dedos acariciaron sus mejillas causando que su piel quemara ante un cariño que no deseaba — hago esto porque te amo... Soy la única persona que te ama. No te abandone como todos los demás, yo te busque a pesar de que tú me dejaste.
Negó de forma desesperada, retorciéndose cuando su vientre comenzó a hacer cosquillas.
— Me estás sacando de quicio, Charlie.
No quería.
No quería aparearse con esta persona, no quería ser tocado, no quería que lo besara, él no quería nada de esto. Él ya no quería pasar por esto, ya no más.
Probó la libertad que tanto había disfrutado y se le volvió a ser arrebatada.
M dejó de moverse y Lo'ak sintió unos segundos de alivio cuando pensó que todo había acabado. Su respiración irregular comenzó a calmarse mientras su cerebro intentaba ignorar todo lo que estaba pasando.
— Mírame — ordenó el hombre encima de él — Charlie, mírame.
Su mentón fue agarrado con fuerza obligando a sus iris mirar aquellos ojos verdes que tanto temía.
— Muévete.
Lo'ak volvió a sollozar cuando el terror lo invadió.
— Muévete y fóllame.
Lo'ak cerró sus ojos con fuerza deseando desaparecer de este lugar.
Hasta que tomó su trenza y eso le trajo peores recuerdos.
— ¡No, no!, ¡lo haré! ¡y-yo...! ¡yo lo haré!
Obligó a sus caderas a moverse.
Se movió a pesar de que el terror lo llenara, subió y bajó sus caderas a pesar de que no quisera hacerlo, no paró a pesar de que volvió a vomitar, no se detuvo aunque todo esto volviera a matarlo.
Y M tampoco se detuvo... No soltó su trenza a pesar de que Lo'ak obedeció, no dejó de germir, no dejó de llamarlo Charlie, no dejó de lastimar su cola.
De su boca salían lamentos, lamentos que se convirtieron en gemidos cuando el placer comenzó a acumularse en su vientre.
Lo'ak lo odiaba... Odiaba sentir que necesitaba y merecía esto por ser una mala persona.
Odió que M se moviera, odió que a su cuerpo le gustara, odió buscar su propia satisfacción con las acciones de este hombre... Odió llegar a sentirse completo cuando la rutina volvió.
Lo'ak quedó en blanco cuando tuvo un orgasmo.
No pensaba, no sentía, no quería ver nada... Se volvió una cascara vacía y sucia.
Ya no se sentía más él mismo y eso lo estaba matando.
----Fuiste un buen chico, Charlie ---- susurró M mientras se levantaba. Lo'ak se quejó cuando su miembro fue liberado ---- siempre eres un buen chico.
De repente sus labios estaban encima de los suyos y ahí fue cuando Lo'ak notó que otra vez volvía a tener la mascarilla que rodeaba su nariz.
Más lágrimas silenciosas mojaron sus mejillas y no hizo nada cuando la lengua de aquel hombre tocó la suya. No hizo nada cuando se alejó y tampoco hizo nada cuando su cola se movió complacida por los besos.
----- Siempre eres un buen chico, Charlie. Hasta que conociste a esa chica.
Lo'ak volvió a su cruel realidad cuando se hizo mención de tu persona, sus ojos amarillos fueron a M quien colocaba una cámara apuntando en su dirección. El hombre, que aún seguía desnudo tomó un carro acercándolo a la camilla, colocó guantes en sus manos en silencio y finalmente miró fijamente a Lo'ak.
— Sabes, Charlie... De todos los que han sido inyectados con la droga tú eres el único ser racional — comenzó a explicar el hombre — años experimentando con cientos de nativos para que la conclusión sea la misma... Seres que solo se manejan por su instinto. ¿Por qué eres distinto, cariño? Eres especial, Charlie... Tu sangre híbrida te hace especial. Al menos, convencí a todos de eso para poder mantenerte a mi lado.
No entendía por qué le estaba diciendo todo esto. No encontraba razones para hablarle de las torturas que había causado a más nativos.
Por qué recalcar lo que era y hacer odiar más cada parte de él.
---- Así que, debo enviar un informe de cómo reaccionó tu sistema. La diferencia a los otros, Charlie — el hombre tomó un bisturí con cuidado — no te preocupes, seré indulgente contigo... — su mano acarició con suavidad su mejilla — No dejaré que mueras como los otros, porque eres mío.
Lo'ak sollozó, comenzando a temblar mientras su cuerpo intentaba moverse para alejarse de él.
----- Sabes que si te mueves será peor — advirtió el hombre sin mirarlo ---- Evidencia 1346, sujeto 146. Cria macho entre un avatar y un nativo, edad veinte años. Tiempo de estudio, cinco años. Objetivo de estudio; analizar si su sistema actua distinto al de un nativo.
Lo'ak miró con ojos bien abiertos cómo el científico pegaba cosas blancas a su frente, sus dedos encendieron una pantalla y Lo'ak pudo ver de reojo ondas extrañas en la pantalla. La imagen de un cerebro se reflejo y números que no entendía del todo aparecieron al lado de la imagen.
Lo'ak saltó cuando de forma repentina los labios de M estaban en su oído.
— Aún no olvido que te atreviste a irte de mi lado... Así que voy a tener que castigarte — besó su mejilla con suavidad — ¿sabías que la anestesia a veces no hace efecto en drogadictos, Charlie? Pero, primero... Tendrás que sufrir el dolor de ser abierto sin anestesia. Es tu castigo.
Lo'ak gritó cuando sintió un profundo corte en su abdomen, su cabeza daba vueltas, su cuerpo temblaba de dolor y su garganta se desgarraba ante el ardor del corte. Sus manos se removieron intentando apartarlo y sus tobillos quemaron ante el roce del metal contra su carne abierta...
Cuando las manos de M se adentraron en su estómago todo se volvió negro.
El dolor lo noqueó.
Estaba seguro que lo habían obligado a despertar, estaba seguro que el entumecimiento de su cuerpo era porque aún no debía despertar. La nula movilidad en sus extremidades era extraña y la sensación de sus intestinos siendo removidos lo llenaba de pavor. Sus ojos no podían abrirse y de su boca no salían palabras para exclamar que algo andaba mal.
Aunque fue consciente... Sabía que M estaba tocándolo.
Porque podía sentir que se quemaba, que la piel de su pene se desprendía y aquel toque no paraba.
No lo hizo cuando se vino.
Lo volvió incómodo y los gritos que querían escapar de su boca se retuvieron en su garganta. Era un ser inmóvil a la merced de un humano.
Hasta que un suave tarareo rodearon sus oídos con cariño. Alguien acarició sus mejillas con suavidad y su frente tocó un vidrio frío que recordaba bien.
— Está bien, Lo'ak... — Susurraste con consuelo — corazón fuerte, debes tener un corazón fuerte, Lo'ak.
Volvió a desmayarse contigo consolando en la inconsciencia.
Cuando despertó se sentía débil, sus ojos nublados miraban con dificultad a su alrededor. Sus iris amarillos divisaron tu mirada solo por unos segundos, sin embargo, todo eso fue reemplazado por unos iris verdes que lo miraban con adoración.
—Lo hiciste muy bien, Charlie.
Su cuerpo sufrió de escalofríos ante el tono meloso causando que un dolor punzante se presentara en todo su abdomen.
---- Soy Lo'ak...---- susurró con dificultad.
La sonrisa de aquel hombre se borró y sus manos rozaron su piel. Sus dedos tan crueles como siempre apretaron en medio de su estómago. Lo'ak se quejó con la garganta seca, el dolor recorrió desde las puntas de sus pies hasta su cabeza y su mirada suplicó por piedad.
----¿Quién te dijo eso? ----- preguntó M con expresión fría.
Las lágrimas de dolor bajaron por sus mejillas y los quejidos se atoraban en su garganta quitándole el aire.
----¿Fue ella? ---- preguntó sin dejar de mirarlo. Sus manos comenzaron a bajar apretando con rudeza su miembro ---- ya está muerta, Charlie.
Lo'ak cerró los ojos con fuerza negándose a pensar en tus ojos sin vida, negándose a dejar ir a la persona que lo había sacado del infierno.
---- Un muerto no puede nombrar a nadie... Debes aceptar que ella ya murió y todo fue por tu culpa.
Lo'ak sollozó ante esas palabras porque se negaba a ser el causante de otra desgracia. Se negaba a ser la causa de todos los males que le pasaban y se negaba a perder a su única amiga después de tanto tiempo.
Se lamentó ante la pérdida de quien arriesgó todo por él, se negó a aceptar a perder quien había aceptado su nuevo yo. Comenzó a llorar cuando tus manos cálidas volvieron a él, lloró ante el recuerdo de tus ojos amables, se le fue el aire cuando recordó tu sonrisa orgullosa por él.
Gritó cuando se dio cuenta de que probablemente te había perdido.
— Basta, Charlie. ¡Basta!, ¡deja de sufrir por ella!, ¡detente!
Siguió gritando sacando todo el dolor que había acumulado por años, lloró y sufrió cuando pensó que volvía a estar solo.
Por primera vez en tantos años le rogó a Eywa que tuviera piedad y te trajera de vuelta a su lado, solo por un segundo... Que lo dejara sentir por última vez tu apoyo y le diera la oportunidad de despedirse.
¿Cuánto tiempo pasó entre la conciencia y la inconsciencia?, ¿Cuánto tardó M en cansarse?, ¿Cuando creyó qué fue suficiente?
No lo sabe.
Pero cuando volvió a despertar no sentía nada de su parte inferior. Tampoco hizo un esfuerzo en saber cómo estaba físicamente.
Ya nada importaba.
No cuando se sentía tan débil y cansado.
Deseaba poder estar en la casa en el bosque con vista al mar... Era una idea que le agradaba y lo llenaba de una paz qué no podía encontrar en estas cuatro paredes.
----Ey, ey, niño. Despierta ---- alguien llamó.
Su voz era distinta a la de M, así que Lo'ak se obligó a abrir sus ojos.
El mismo avatar que habló con él, aquel que le aseguró que no le haría daño y luego trajo a M.
-----Joder... ¿qué te han estado haciendo? ----. Murmuró el hombre apretando su mandíbula ----. Apenas llevas cuatro días con él, ¿por qué está tan herido?
M apareció a su lado y Lo'ak sollozó con pavor.
----- Estudios para avances, los de arriba estan pidiendo evidencias.
-----¿Y abrirlo por la mitad en qué ayuda? ---- cuestionó el avatar con mirada seria.
---- Estudiar su organismo ----. Mark lo miró con su ceño fruncido ---- removí su páncreas para que puedan enviarlo a la tierra. Los patrocinadores del proyecto necesitan evidencia de que todo va bien. De todos modos, no eres nadie para cuestionarme.
---- Su padre va a cuestionar el estado en el que se encuentra.
Lo'ak lloró mientras negaba pues ellos no debían ver en lo que se había convertido.
Decepcionaría más de lo que ya había hecho a su padre y no podría soportarlo.
---- No vas a entregárselo. Es mío. ---- sentenció el científico.
----- ¿No ha sido suficiente?
Lo'ak divisó un color rosa conocido causando que sus brazos comenzaran a cosquillear por la anticipación.
— Charlie es un sujeto especial... Un híbrido que reacciona distinto al programa — las manos de M movieron su cabeza, acercando la aguja a su cuello — no podemos perder a alguien así.
---- Su padre quiere hablar con él y asegurarse de que está bien — informó el avatar sin alejarse de la camilla.
--- Después, no ahora — el hombre comenzó a mover la camilla — No cuando llevo un retraso en mis investigaciones.
---- Tal vez avanzarías si te encargaras de estudiarlo y no violarlo — reclamó con ojos serios.
Lo'ak tembló ante aquella palabra porque cientos de imágenes y sensaciones llegaron a su cabeza.
— Él me ama y le gusta cuando lo hago. Sufrió un pequeño percance porque alguien metió ideas a su cabeza, pero nada que no pueda arreglar.
----Enfermo ----. Exclamó Quaritch alejándose de la camilla.
Se empezaron a mover y él solo podía concentrarse en el líquido que recorría cada centímetro de su cuerpo, sus ojos se apagaban y encendían y luego todo se volvía borroso.
---- Lo llevaremos a la celda. Tengo preparado el escenario para la siguiente evidencia.
----¿Escenario? ---- Cuestionó el avatar.
----- Sígueme y lo verás.
Lo'ak solo miró al techo concentrado en las lámparas que pasaban por enfrente de él para luego pasar a la otra. Un ciclo infinito de donde no podía apartar su mirada mientras sus sentidos comenzaban a aguidizarse. Los ooloresde su alrededor comenzaban a impregnarse en su nariz, los sonidos más lejanos eran percibidos por sus oídos volviéndolos ecos tortuosos y su piel comenzaba a sentirse incómoda por las claras texturas de los objetos que lo rozaban.
Escuchó una puerta abrirse y de repente el cielo ya no era blanco sino un azul tan claro que lo llenó de confusion. Por un momento estaba seguro de haber percibido el aroma del bosque y el sonido de olas romperse a la lejania.
---- Sé un buen chico, Charlie. Muestra lo que ellos quieren ver — susurró una venenosa voz en su oído.
Después esos mismos labios tocaron su mejilla y su estómago comenzó a devorarse a si mismo mientras expulsaba sonidos que demostraban el hambre que lo invadía ante la incomodidad de que alguien sobrepase sus límites.
Sus piernas y manos fueron liberadas cuando la puerta se cerró.
Lo'ak cayó al suelo al alejarse de la camilla. Sus débiles y temblorosas piernas lo hicieron tropezar y la enorme cicatriz en su estómago dolió al punto de hacerlo quejar. Su mano apretó su estómago intentando desaparecer el hambre, sin embargo, la cicatriz tampoco lo ayudaba pues dolía si la tocaba.
La droga comenzó a hacer efecto.
Su cuerpo sufrió un calambre que retorció todas sus extremidades, sus dedos se doblaron y las costuras en su estómago se estiraron. Su boca comenzó a acumular saliva que caía al suelo en pequeñas gotas y sus colmillos picaron al punto de ser insoportables. Las sensaciones eran tan fuertes que su cabeza se abrumó y sobreestimulo al punto de sentir demasiado.
Hasta que llegó al punto que lo había vuelto adicto.
La nada.
Todo se volvió tranquilo.
Su mente se puso en blanco y su cuerpo comenzó a flotar... Unos segundos en la nada absoluta hasta que un suave olor invadió su nariz.
Sus ojos buscaron aquella esencia adictiva y cuando se encontró con los de un avatar herido comenzó a sentir cómo su estómago volvía a comerse a si mismo. Se movió de forma inconsciente, sus manos tomaron el cuello de aquel hombre que lo miraba con terror. La sangre que exudaba de sus extremidades rotas lo hicieron salivar. Su boca fue abriéndose lentamente, mostrando sus enormes colmillos provocando que el hombre comience a llorar, pero a él no le importó. Lo'ak no dudó en morder su piel con fuerza arrancando la piel de su cuello para calmar las ansias y llenar el vacío de su estómago.
Sus papilas se llenaron de satisfacción cuando el sabor conocido de la sangre mojó su lengua. Sus manos rasguñaron con fuerza y su boca comenzó a devorar todo lo que pudo encontrar sintiéndose completo.
Entonces lloró.
Lloró porque no podía detenerse, lloró porque podía oír los sonidos del hombre gorgoteando. Las uñas del señor se encajaban en su cara y manos, causando heridas y recuerdos que lo torturarán cuando esté cuerdo.
Comió hasta que se hartó, hasta que ya no hubo más.
Cuando Lo'ak volvió en sí lo primero que hizo fue ver sus manos llenas del líquido carmesí al que tanto estaba acostumbrado. Sus iris buscaron lentamente a la víctima de sus atroces actos porque necesitaba torturarse a si mismo para estar en paz.
El llanto se atoró en su garganta cuando aquella persona frente a él tenía el mismo rostro de su hermano.
Vomitó intentando no mirar de nuevo al cadáver mientras la voz de Neteyam atravesaba sus sentidos y torturaba su corazón.
----- Me mataste, Lo'ak — recriminó su hermano — Mírame, mírame... ¡Lo'ak, mírame!
Sollozó cubriendo sus orejas mientras negaba.
-----¡N-no, y-yo no quería! ---- gritó alejándose de la imagen de su hermano a medio comer.
Sus piernas lo obligaron a levantarse. Tropezó con sus propios pies mientras se negaba a oír las palabras crueles que salíande la boca de su hermano. Sus ojos se cerraron con fuerza y su cuerpo azotó contra el suelo mientras los rezos de Kiri hacían eco en su cabeza.
---- Pero lo hiciste, Lo'ak. Nos comiste---- Susurró Tuk.
Su cuerpo se hizo ovillo mientras la culpa comenzaba a albergarse en su pecho. Sus uñas se encajaron en su cuero cabelludo y sus ojos intentaron negar todo lo que sucedía a su alrededor. Necesitaba borrar todo lo que lo lastimaba, necesitaba un abrazo, necesitaba el consuelo que le brindaste cada que se rompió frente a tus ojos.
Pasaron horas donde las voces de aquellas personas a las que había lastimado le reclamaban sus acciones, horas donde su estómago se retorcía del dolor por el hambre, horas donde finalmente tu voz llegó a consolarlo.
Acostada frente a él mirándolo con expresión tranquila.
Ambos se miraban el uno al otro y no hubo necesidad de palabras para que su corazón lograra calmarse... Solo tu compañía en medio de su tortura mental.
Todo volvió a ser negro, más no le importó porque tu seguiste ahí cuando todo se nubló.
Cuando Lo'ak volvió de la inconsciencia supo que estaba encima de la camilla por el frío en su espalda. Sus ojos lagrimearon y de su boca ya no salió ni un sonido... Estaba tan acostumbrado que ya no veía la utilidad de quejarse pues siempre obtendría el mismo resultado.
-----Ya despertaste... — susurró un voz distinta y por alguna razón eso le hizo sentir un poco de alivio — Debió ser dificil, ¿Eh?
Lo'ak sollozó.
----Incluso para mi... Creo que esto es demasiado --- empatizó el avatar ----- Puedes hablar con él... Con tu padre.
Lo'ak sollozó mientras mordía su labio intentando retener cualquier lamento. No, no quería que vieran lo que es ahora.
---- Viene por ti, hijo ---- aseguró el hombre en voz baja ---- necesitas que venga por ti.
No lo entiende.
Él no entiendo que Lo'ak ya no era normal, ya no era un hijo de Eywa y tampoco merecía que su padre lo rescatara. Debía sufrir las consecuencias de las acciones que ha cometido...
— ¿Sully?, estoy con tu hijo — habló el hombre a través de un aparato — como te lo prometí.
Cerró sus parpados con fuerza sin dejar de negar. Él no lo merecía, no debía tener esperanzas, no quería oírlo, no iba a soportarlo.
"Te lo dije, no estoy para juegos y si me estas engañando..."
Dejó de intentar retener los sollozos cuando escuchó aquella voz gruesa y cansada de su padre. Porque habían pasado años desde que no lo había oído. Su olor, su mirada, su tacto severo, incluso el tono duro de su voz... Había extrañado tanto de él.
---- No, Sully... Con esto ni siquiera yo puedo jugar. Está aquí a mi lado.
"Quartich-"
----- Tengo a tu hijo, soldado — lo interrumpió mirando directo a sus ojos — y creo que él necesita que le hables.
Hubo silencio.
Un silencio que mató a Lo'ak lentamente porque aún existía la posibilidad de que todo fuera falso, que su padre realmente no lo estuviera buscando, que realmente no lo amara tanto como para decir su nombre.
Cinco, diez, quince segundos y su padre no volvió a hablar.
" ¿Lo'ak...?"
Comenzó a llorar como un niño pequeño, su corazón se destrozó en miles de pedazos y cuando aquel hombre acercó el aparato a su boca todo se desbordó en llamados desesperados.
— P-papá... papá, p-papá.
"Lo'ak, hijo. ¿Eres tú?"
— Q-quiero ir a casa, papá — sollozó entre lágrimas — q-quiero ir con mamá y mis hermanos, p-por favor, papá...
" E-está bien, mi niño. Ya voy por ti... Y-ya voy por ti, ¿si?
— P-papá...
---- Supongo... Que con eso es suficiente.
"Voy a encontrarte y voy hacerte sufrir por lo que estás haciendo ahora mismo. ¡Si le tocas un solo cabello-! "
---- Creo que yo debo ser la últimas de tus preocupaciones, soldado.
Lo'ak lloró ante las abrumadoras emociónes. No podía parar de llorar y tampoco podía dejar de sentir.
Su papá estaba ahí afuera buscando por él, iba a llevarlo a casa... Pero Lo'ak ya no era lo que les arrebataron hace tiempo. Era una pieza mucho más rota sin posibilidad de reparación.
Iba a decepcionarlos, iba a repugnarles cuando vieran lo que era y a pesar de que deseaba estar en casa y que todo fuera como antes sabía que ya nada sería igual.
Él no podía volver... Ya no más.
Entonces cerró sus ojos con fuerza y el recuerdo de tu olor llenó sus sentidos, tus pequeños dedos acariciaron sus mejillas y de repente estaba en esa casa en el bosque con el sonido del mar lejos de ustedes.
Si aún quedaba la esperanza de pertenecer a un lugar era donde tú estabas.
Cuando despertó estaba en aquella celda donde había devorado al hombre.
No sabía cuánto había pasado... Lo que si sabía es que M había vuelto abusar de él mientras estaba inconsciente pues su trasero le dolía.
Sollozó mientras sus manos cubrían su rostro al sentirse humillado.
Enfermo... Por esperar ese toque, enfermo por desear que le preste atención, enfermo por desear que le inyecte aquella droga que adora... enfermo por desear comer.
Sus iris dorados miraron a la puerta que se abría detrás de él. Su cuerpo debilitado se sentó con dificultad y sus manos apretaron su estómago intentando retener el dolor por el hambre, ignorando el dolor de las costuras en su abdomen mientras se levantaba. Sus pasos pesados se acercaron a aquella persona quien no podía moverse por sus piernas quebradas.
El sonido de cuentas hizo que sus pasos titubearan, más no se detuvo. No hasta que vio lo que tenía frente a él.
Era una na'vi.
Un nativo que preguntaba con su mirada aterrada qué ocurría. Comenzó a sollozar conforme sus encías picaron y sus uñas se encajaban en la palmas de sus manos intentando detenerse.
Nunca había comido a un nativo.
Siempre habían sido avatar o soldados.
Se agachó con piernas temblorosas y sollozó cuando sus manos tomaron las manos de la muchacha. Ella solo cuestionó qué hacía y a pesar de que Lo'ak deseara detenerse su cuerpo no obedeció.
Mordió su hombro para alimentarse.
A pesar de que ella suplicó, lloró, peleó y rasguñó su cara no pudo detenerse, no cuando la adrenalina llenó todo su cuerpo al saborear su sangre, sus dientes masticaban y el sabor nublaba su razón. Sus manos quebraban los huesos de la chica que gritaba llena de dolor evitando que escapase de su agarre y aquello lo llenó de asco de si mismo.
Aquella nativo dejó de ser una extraña y se volvio Kiri provocando que mordiera con mas fuerza.
Quería llorar, quería parar, pero la droga estaba tan impresa en su sistema que lo único que hizo fue disfrutar de la sangre.
Cuánto lo odiaba.
Odiaba disfrutar comer de la carne de su hermana y aquello lo hizo lamentarse por lo que ahora es. Cuando terminó se recostó en el suelo y tu volviste a curar sus heridas con una expresión tranquila.
Lo ayudó a descansar.
— Sabes, Charlie... Aquel hombre quiere entregarte.
Lo'ak parpadeó confundido ante el repentino cambio de escenario. Sus ojos cansados miraron a M quien estaba entre sus piernas, jalando con fuerza su miembro.
Sollozó cuando sintió su trasero punzar debido a las crueles embestidas.
— No voy a permitirlo... Eres mío, mi gran avance — susurró aquel hombre rasguñando su vientre — Y se los mostraré.
Ya no le importaba, ya no quería saber nada más del mundo exterior porque había cruzado un límite que pensó jamas cruzaría.
Había devorado un hijo de Eywa... No un avatar, no un humano.
Un nativo.
Era un monstruo que se merecía la peor de las torturas.
— Dime que no quieres irte, Charlie — ordenó el científico apretando y comenzando a torcer su miembro — di que me prefieres a mi.
Loak se quejó intentando sacar sus manos de las restricciones para detener el cruel maltrato.
— Y-yo-... ¡A-a ti! — gritó con dolor agonizando — ¡te prefiero a ti, p-para!
El hombre sonrió y sin detenerse saco un bisturí provocando que un escalofrío recorriera su cuerpo.
— Y para demostrárselo a todos, voy a dejar mi marca en mi mejor adquisición.
Su vientre comenzó a arder.
Podía sentir cómo la piel encima de su pene se sentía incómoda mientras la hoja afilada de aquella cosa recorría su piel. Cerró sus ojos con fuerza cuando escuchó a M soltar un suspiro de alivio.
La lengua caliente del hombre pasó por encima de la reciente herida provocando ardor. Se quejó y removió, sin embargo, aquel hombre mordió aquella parte en forma de advertencia.
— Eres mío, Lo'ak. Solo mío.
Volvió a embestir contra su trasero, volvió a estirarlo y lastimarlo. Volvió a desgarrar todo su interior solo por su placer y su cola se movió complacida por ser de utilidad.
— No quiero esto... y-ya no más... Ngh, por favor... m-me duele — suplicó entre llantos.
— Dijiste que eras mio, Lo'ak. Este es tu destino por pertenecerme —El hombre sonrió orgulloso causando repelús en Lo'ak.
Negó lleno de pavor. Su cuerpo sufrió de espasmos cuando la piel de aquel hombre chocaba contra sus muslos y la garganta se le cerró al pensar que él mismo había sentenciado su destino.
Las embestidas se volvieron más bruscas, las uñas de aquel hombre comenzaron a encerrarse en su circunferencia causando que el grito de dolor se atorara al ver aquellos ojos llenos de satisfacción por su sufrimiento.
Ya no podía más.
— Para... P-para, por favor — rogó — ¡P-para! ¡me duele! ¡para!
Se detuvo.
Se detuvo de golpe y Lo'ak lo miró lleno de terror porque aquello significaba que lo había puesto furioso. Sus iris dorados miraron temeroso la expresión del científico, sin embargo, este no lo miraba. Miraba a otro lado con ojos sorprendidos y cuando Lo'ak iba a cuestionar qué sucedía de repente tú habías aparecido en su campo de visión.
Habías saltado hacia M con cuchillo en mano y unos ojos llenos de insanidad. Tu mano había tomado su cuello y la navaja se clavó una y otra vez en el cuerpo del científico mientras ambos caían al suelo. Sus iris dorados no se despegaron de tu persona incluso cuando ustedes dos estaban en el suelo.
Uno, dos, cinco, diez, veinte.
No te detuviste a pesar de que la cabeza de M comenzaba a desprenderse de su cuello, no hasta que pudo escuchar el sonido del cuchillo partirse.
Una voz hacia eco detrás de él, pero Lo'ak solo podía concentrarse en tu mirada perdida.
— ¡Lo'ak!
Giró su rostro cuando alguien sacudió sus hombros, sus ojos nublados se encontraron con unos iris dorados y cuando todo se volvió claro...
Reconoció el rostro de su padre.
Su padre lo llamaba mientras intentaba liberarlo y Lo'ak gritó lleno de pavor.
•|•|•|•|•|•|•|•|•|•| A D V E R T E N C I A •|•|•|•|•|•|•|•|•|
Canib/lismo, sui/idio, adicción drogas, muerte, sangre, tortura, a/uso se/ual.
----------------------------
Capitulo 1.
https://www.tumblr.com/yuzuyom/771055584661422080/a-d-v-e-r-t-e-n-c-i-a?source=share
Capitulo 8.
https://www.tumblr.com/yuzuyom/780486360990646272/a-d-v-e-r-t-e-n-c-i?source=share
-------
9. Lo peor somos tu y yo.
Lo'ak siempre se dejaba llevar por el suave oleaje del mar cuando se trataba de ella.
Se acercó a ella nadando con tranquilidad mientras una sonrisa se formaba en su rostro al tomar la mano de la na'vi. Se dejó llevar por su suave toque y su mirada azulada le brindaba aquella paz que necesitaba conforme se hundía en sus brillantes iris.
Tsireya era hermosa.
Era el tranquilizante a sus estados de pánico porque cuando pensaba en ella cualquier sensación de inquietud desaparecía y llegaba la paz.
A veces... Si lo pensaba con profundidad se convencía de que daría todo por volverla a ver aunque sea unos pocos segundos. Anhelaba volver a sentirla en sus brazos unos instantes para ser el Lo'ak que hace tiempo desapareció. Deseaba escuchar su amable voz, aquella que lo consoló en sus días malos y lo acompañaba en los buenos.
Sin embargo...
Lo'ak ya no era lo de antes.
No quería ver cómo se asustaba por el nuevo Lo'ak.
Ella no merecía estar con alguien tan roto como él.
Porque el Lo'ak que Tsireya llegó a amar y comprender hace tiempo que había sido consumido por lo que sea que fuera ahora.
Esta nueva versión suya no merecía verla.
No merecía a Tsireya.
Ya no era merecedor de lo poco que el Lo'ak del pasado tenía, ya no más.
Por eso mismo aceptó el destino que Eywa le forzó, aceptó el exilio y avanzar contigo a ningún lado en específico.
Tal vez... Tal vez eras la disculpa que Eywa le había enviado por abandonarlo.
Algo que podía ver era que no lo juzgabas, al menos no en voz alta y tampoco actuabas de forma cruel con su persona. Podía ver la curiosidad en tus ojos y a veces la empatía nublaba tus pupilas, notaba tus expresiones incómodas por sus acciones más nunca llegaste a recriminarle, sino que lo aceptabas y lo hacías senrir normal.
Aceptabas al Lo'ak corrompido consolando de forma inconsciente su corazón desesperado.
Debía admitir que apreciaba que a pesar de todos los sucesos y los problemas que él te había traído tú seguías a su lado.
Caminabas junto a él bromeando y protegiéndose el uno al otro.
Era una confianza tan distinta a su hermano o Spider.
Eras aquella oscuridad quieta y tranquila que solo observaba. Una sombra que lo acompañaba sin pensar, una persona que podría ver tus pensamientos más oscuros y jamás se iría, no juzgaría y escucharía con atención lo que no puedes decirle a nadie.
Eras ruidosa y leal.
Algo que Lo'ak había necesitado todos estos años. Necesitaba el ruido para olvidarse de su cruel realidad y lo sacara del cruel silencio al que fue sometido. Agradecía que tu boca siempre estuviera parloteando porque el silencio le recordaba a la solitaria celda y esa celda le recordaba a las sucias manos del científico.
Y él odiaba pensar en el científico.
Lo odiaba.
Odiaba sus manos, odiaba sus miradas, odiaba sus ojos, odiaba su voz, odiaba su tacto.
Lo odiaba tanto que no toleraba que su cuerpo deseara más.
Las lágrimas comenzaron a bajar por sus mejillas cuando la seguridad se fue y volvió a estar en aquella fría celda. El suelo debajo de su cuerpo se volvió frío y el sonido del metal lo llenó de pavor.
Sollozó cuando aquellas manos subieron por su cuerpo. Lloró con terror cuando aquellas manos maltrataron su trenza arruinando cualquier conexión futura. Pidió que se detuviera a pesar de que siempre era castigado cuando expresaba su disgusto. Intentó alejar a M cuando la horrible sensación de sus labios en su piel comenzó a provocarle nauseas.
Quería volver a casa...
Quería sentir la calidez de su familia. No este calor que lo quemaba por dentro y lo volvía asquerosamente adicto.
El castigo llegó a su mente cuando trajo como recuerdo la tortura por la que sufría su cuerpo al rechazar el contacto físico.
---Por favor... P-para, p-por favor ---- suplicó cuando su cola fue cortada ---- d-detente... Duele.
----Voy a tocarte, ¿Entendido? ---- susurró aquella asquerosa voz en su oído.
Él negó entre sollozos intentando alejarse del toque con desesperación. Las náuseas subieron por su garganta, el odio a sí mismo comenzó a invadirlo y cuando ya iba a gritar un ligero apretón en su mano lo hizo detenerse. Las manos que siempre eran abusivas tocaron con una suavidad qué pensó no conocía. La pequeña mano comenzó a sobar su espalda con movimientos lentos y él solo atinó a sollozar de manera baja.
Y por primera vez el contacto físico en su espalda llegó a tranquilizar su terror.
Eran constantes y pacíficas, un roce tan suave que era desconocido.
A pesar de que ahora el tacto parecía ser un consuelo las lágrimas no se detuvieron. Cayeron porque hace tiempo no había sentido algo tan reconfortante. La paz fue acompañada por un suave tarareo.
Los ojos azules volvieron causando que el llanto y el dolor se esfumaran y Lo'ak al fin pudo descansar.
Loak siempre despertaba primero y este día no fue la excepción.
Lo primero que sus ojos se encontraron cuando se abrieron fue con tu rostro contorsionado en una mueca de dolor. Sus cejas se arrugaron inseguro de lo que tu expresión significaba, tal vez estabas teniendo una pesadilla o el peso de su brazo rodeando tu cuerpo te causaba incomodidad. Quitó su brazo de enicma tuyo sentándose con cuidado sin dejar de observarte con atención.
Te habías echo un ovillo una vez que dejó de abrazarte.
Lo'ak soltó un bostezo mientras se estiraba soltando un pequeño quejido cuando la heridas en sus muslos punzaron. Sus ojos miraron con atención las cicatrices en su piel.
El dolor era mucho menor al día anterior.
Su mirada se centró en el exterior del refugio improvisado, sintiendo su estómago gruñir ante la idea de finalmente probar un bocado de alimento.
La imagen de ti indefensa le había hecho llenarse de hambre.
Un suave quejido provocó que su mirada volviera a ti. Tu cuerpo se había encogido y tus brazos abrazaban tu cuerpo tembloroso. Su corazón martilló contra su pecho nervioso por la situación pues vio las gotas de sudor bajar por tu piel, tu máscara de oxígeno se empañaba gracias a tus respiraciones pesadas y la ropa que cubría tu cuerpo se pegaba a tu piel.
Lo'ak no podía tocar tu frente, pero con el solo hecho de tocar tus brazos sabía que estabas ardiendo en llamas.
----Mierda ----- susurró mientras su cola se enrrollaba en su muslo para brindarse seguridad ---- Ey, Ey, despierta ---- te llamó mientras movía tu cuerpo.
De tu boca solo salió un quejido.
— Calor...
No entendía por qué si tenías calor estabas temblando.
Sus manos te movieron con cuidado ayudándote a sentarte para poder quitarte la blusa. Fue cuidadoso para no lastimar más tu hombro, al menos no más de lo que ya lo había hecho. Una vez que la prenda fue retirada comenzó a deshacer el vendaje con lentitud.
La herida estaba roja, a los lados de la mordida había tonos morados y Lo'ak podía ver cómo se comenzaba a formar un poco de pus. La sangre seca se pegaba a tu piel y provocaba pequeños coágulos en la herida. Maldijo por lo bajo al ser consciente de lo que estaba pasando. Su cabeza intentó recordar los brebajes que su hermana preparaba para curar infecciones, aquella que usó con el cuando su ikran le mordió.
El na'vi volvió a recostarte con movimientos cuidadosos. Una vez que se aseguró de que todo estaba bien contigo se giró para salir del refugio para buscar comida y plantas y poder curarte, sin embargo, tu quejido lo hizo detenerse.
Su mirada volvió a ti, observando cómo tus ojos estaban abiertos y te recargabas en tus codos con una mueca de dolor.
---- Hace calor... ---- resongaste cansada — me sudan las piernas.
Miró tu cuerpo sudoroso con duda, sin embargo, al ver cómo te volvías a recostar contra el suelo y tus dedos intentaban de forma torpe desabrochar el pantalón, Lo'ak suspiró, gateó hacia a ti y con cuidado tomó tu tobillo para empezar a desatar las agujetas de tus botas.
— No te muevas, voy a quitarte las botas — ordenó moviendo sus dedos con cuidado.
Tu mirada encima de él lo hizo sentir ansioso y de forma vergonzosa sus orejas se agacharon haciéndolo sentir expuesto a tu persona. Su cola golpeó el suelo intentando expresarte que tu mirada fija no le agradaba y prefería que dejaras de mirarlo, pero tú mo hiciste caso o al menos no entendiste lo que quería expresarte.
Una vez que dejó tus botas de lado sus dedos se acercaron al botón de tu pantalón. La incomodidad creció en su estómago y la duda invadió su cabeza ante la acción invasiva, sus ojos inseguros miraron los tuyos con sus manos quietas cerca del botón.
— ¿Qué pasa? — preguntaste con voz cansada.
Tragó saliva de forma ansiosa, mirando de tus ojos a el botón. A él no le gustaría que alguien más quitara su ropa.
A él no le gusta ni siquiera que lo toquen.
— Y-yo...
— Solo desabrochalo — soltaste con expresión agotada — tengo calor y mis manos no pueden moverse.
— Bien... — soltó en voz baja — V-voy a tocarte...
Imitó las mismas palabras que tú.
Sus manos se sentían débiles mientras quitaba la prenda recordando cosas que no deseaba. Sus ojos pasaban de sus dedos temblorosas a tus ojos, los cuales solo estaban cansados. No encontró ni una pizca de miedo en tus pupilas y aquello logró hacerlo sentir envidia.
Él no soportaría que le hagan lo que te está haciendo.
Cuando los pantalones ya estaban en sus manos los dobló con cuidado, se acercó a ti aún dudoso de si no te había causado terror al desvestirte aunque ignoró el sentimiento cuando vio tu expresión pacífica. Fue cuidadoso al levantar tu cabeza y colocar la prenda debajo de tu cabeza. Una vez que te vio hacerte ovillo y abrazar tus hombros se alejó llevando el arco consigo para cazar en el camino.
Salió del pequeño refugio no sin antes echarte una última mirada preocupado por tu estado.
Sus piernas caminaron por el bosque buscando con ojos desesperados el arroyo donde se encontraba la raíz azul que recordaba en los remedios de su hermana, aunque aquello lo hizo sentir sucio porque la habia dañado cientos de veces en sus pensamientos...
Kiri era importante cuando necesitaba información acerca de cuidar heridas y no podía evitar pensar en ella si quería sobrevivir.
Fueron largas horas donde sus ojos buscaron lo que necesitaba, atravesó con las flechas a los pequeños animales que caminaban cerca de él y se comió las lagartijas crudas que alcanzaba atrapar.
Ignoró la culpa y asco que sintió por si mismo para poder seguir adelante.
Arrancó un trozo de corteza de arbol para usarla de cuenco y cuando finalmente encontró el pequeño arroyo corrió a él, sus ojos buscaron las raíces en la orilla de estos arrancándolas con cuidado, llenó la corteza con agua y finalmente pudo volver a ti con todo lo que necesitaba para curar tu infección.
Cuando volvió al refugio fue consciente del dolor en sus muslos, más decidió ignorarlo por tu bien.
Una infección de herida era peligrosa incluso para el mejor guerrero.
Al verte recostada contra las hojas ocultando tu rostro entre tus rodillas mientras tu pequeño cuerpo temblaba sintió pena. La culpa se incrustó en su pecho debido a que tu estado débil era por a él y su dañado estado mental.
La única persona que lo acompaña y él intenta comerla.
Sus dedos tocaron la piel de tus brazos sintiendo cómo todo tu cuerpo seguía quemando, casi estaba seguro de que tu sangre burbujeaba dentro de tu cuerpo.
----Sigues caliente... ---- señaló inquieto. Sus manos fueron rápidas cuando comenzó a preparar el remedio, desesperado por sacarte de ese estado----. Lo siento, es mi culpa.
Te escuchó suspirar y eso solo lo hizo agachar las orejas pues temía que palabras de enojo salieran de tu boca.
---- Ya te dije que no me importa — señalaste en voz baja, después de unos segundos te quejaste — me duele la vagina.
Sus manos titubearon un segundo y una risa se retuvo en su garganta debido a lo inesperado de la frase. Al menos hasta que su cabeza recordó el dolor que llegó a sentir después de haber sido usado por horas. Sus ojos parpadearon incómodo mientras todos los vellos de su cuerpo se erizaban debido al miedo del recuerdo.
---- ¿Qué...? --- sus ojos volvieron a tu cuerpo — ¿te lastimaste?
---- Me duele... Es como si fuera demasiado pequeña para mí útero, no lo sé ---- tus manos fueron lentamente a tu parte íntima provocando que su corazón se acelere y tuviera que desviar la mirada a otro lado ---- puta madre.
Sus orejas estaban atentos a cualquier sonido que emitieras. Intentando poder evitar que sufrieras mucho más dolor físico.
----¿Qué? — cuestionó mientras encendía el fuego.
— Estoy sangrando.
Sus ojos se abrieron y sus manos se detuvieron. Su estómago gruñó ante la el recuerdo de tu sangre en su lengua y su mirada volvió a ti con ansias.
---¿C-cómo? ---- sus dedos cosquillearon y sus colmillos punzaron ante la idea de volver a hundirse en tu carne. Cerró sus ojos con fuerza, dejando sus manos lo mas cerca del fuego para concentrarse en el dolor de sus dedos — ¿Estás bien...?
Le estaba dando hambre.
----Es normal ---- aclaraste con voz cansada ---- Es mi periodo... Me duele la cabeza.
Relamió sus labios cuando su mente dibujó la idea de tu sangre derramándose por sus labios.
Cerró los ojos con fuerza tomando una de las lagartijas que había traído para meterla a su boca y masticar con ansias. Lanzó otras dos lagartijas para ti al fuego y finalmente se acercó a ti con la pasta en las manos.
----Creo que la herida se infectó ---- sus manos quitaron el vendaje improvisado con cuidado ---- Va a arder y mucho.
Asentiste mientras tomabas aire y cuando tus ojos se cerraron por completo sus manos volvieron a tocarte. Tus quejas de dolor lo incomodaron, escuchar tu herida burbujear ante el ungüento le hizo sentirse incómodo, soltabas palabras extrañas al aire y tus manos se aferraban con fuerza a las hojas debajo tuyo destruyendo lo que había hecho cómo cama.
La herida comenzó a expulsar toda la pus acompañado del olor a podredumbre, su nariz acostumbrada ignoró por completo el olor a muerte y sus sentidos se concentraron en tu mano que se había aferrado a su muñeca con fuerza, casi como si quisieras apartarlo de tu persona.
A pesar de que tu contacto físico lo pusiera ansioso no hizo nada por apartarte.
-----Está bien, está bien, ya casi ---- consoló ignorando el vacío en su estómago ---- debo dejar la pasta ahí, ayudara a eliminar impurezas.
---¿Q-qué? ¿Cómo una maldita mascarilla? ----preguntaste mordiendo tu labio inferior en una mueca que expresaba el dolor que sentías.
Sin embargo, él no entendía a qué te referías con aquella frase.
---- Yo... No sé — se sincero desviando su mirada — siempre dicen eso cuando ponen está cosa.
De repente reíste y aquello logró hacer que su atención volviera a ti. Sus labios formaron una sonrisa ante tu risa contagiosa tranquilizando los nervios que siempre lo invadían cuando pasaba por situaciones estresantes.
Sus manos volvieron a acercarse a ti con más confianza para vendar tu herida con cuidado. El silencio que los acompañó fue cómodo para él.
---- Debemos seguir, no podemos quedarnos aquí ---- señalaste con cansancio.
Sus pupilas te miraron llenas de inseguridad pues tu estado físico no se veía para nada bien. Tus manos temblaban, tu cuerpo sufría ligeros espasmos y de todo tu cuerpo aún seguían bajando gotas de sudor, sin mencionar tu piel que quemaba y tus ojos acompañados de unas enormes ojeras.
-----No estás bien, necesitas descansar ---- señaló haciendo un nudo al vendaje.
Comenzaste a negar mientras tu cuerpo intentaba levantarse con mucho esfuerzo.
-----He pasado por peores, puedo con una fiebre.
Lo'ak estaba a punto de replicar cuando ya estabas en cuclillas, tu cuerpo se tambaleó cayendo hacia él. Tu rostro golpeó su pecho causando que brincara en su lugar por el repentino contacto, sin embargo, no te apartó aunque sus manos cosquillearan y su corazón golpeara contra su pecho al punto de doler.
-----No puedes ni siquiera mantenerte sentada ---- señaló volviendo a recostarte con suavidad.
----No podemos quedarnos, ellos pueden venir en cualquier momento ---- señalaste adormilada ---- Si nos encuentran van a matarnos.
Suspiró agotado porque tenías razón, pero él también la tenía al decirte que tú no podías seguir.
Así que si iban a avanzar, él debía hacer un sacrificio y llevarte cargando lejos del peligro y la idea de dejar que tus manos lo tocaran le aterraba. Se giró para sacar las largartijas y distraer su cabeza de los recuerdos que siempre lo estaban atormentando cuanso pensaba en manos.
Está bien... Tú no le harías daño.
Se lo habías demostrado después de pasar tanto tiempo juntos. Si quisieras hacerle daño lo habrías hecho en su estado más vulnerable, estuvo yendo y viniendo entre la consciencia y la inconsciencia antes de obtener su dosis, estuvo bajo los efectos de su adicción frente a ti. Dejaste que te mordiera y no lo mataste... Lo consolaste.
Entonces... Sabía que no le harías daño, pero era difícil ignorar el miedo que se le fue inculcado por tanto tiempo.
Jaló sus cabellos intentando concentrarse en dolor físico y no en el sentimental, si cerraba sus ojos podía ver las manos de M, podía sentir aquellos dedos crueles recorrer todo su cuerpo y lastimarlo con sus uñas, podia oír sus palabras y repetir sus discursos que lo llegaban a destrozar.
Temía que volviera a ocurrir, le aterraba que de repente cambies de opinión y decidieras que Lo'ak no vale tanto la pena como para ser amable.
Aunque... También recordaba cómo llegaste a tomar su mano cuando se rompió, fuiste a buscarlo al mar cuando dejaste de verlo, admitiste apreciarlo, cuidaste sus heridas, lo arrastraste por días y te metiste a un lugar peligroso para ti para obtener un poco de su adicción, te quedaste a pesar de ver lo que era capaz de hacer y por supuesto...
Aceptabas cuando decía no.
No había razón para dudar de ti y cuando el miedo se deslizó de entre sus dedos se atrevió a mirarte. Estabas recostada de lado con los ojos cerrados, tu entrecejo estaba fruncido probablemente debido al dolor y aún así, aun así él se obligó a ignorar los susurros de advertencia que su cabeza le repetía.
— Voy... — tus parpados se abrieron y tus iris se encontraron con los de él —voy a llevarte cargando.
Un rastro de confusión apareció en tu rostro, sin embargo, intentaste disimular para no hacerlo sentir incómodo.
---- Tu espalda estaba herida y si me cargas voy a mancharte de sangre — señalaste con obviedad.
El na'vi sintió como su cola apretó su muslo ante la idea de tu sangre en su piel. Sus orejas se agacharon, mientras obligaba a su mano a meter una lagartija cocinada a su boca.
---- La herida de mi espalda ya cicatrizó... Y la sangre — su estómago gruñó expondiendo su oscura necesidad — N-no me importa.
Sus miradas no se despegaron por segundos que le parecieron eternos.
Lo'ak observó fijamente a tus ojos obligando a su cuerpo a confiar en lo que su cabeza pensaba. Te dejó una de las lagartijas e intentando distraer su cabeza comenzó a preparar todo para su partida. Colgó la pequeña hielera de forma cruzada, tomó la mochila de la misma forma, colgó el arma y acomodó el arco con cuidado. Su pie apagó el fuego lanzándole tierra, amarró tus botas a la correa de la mochila y metió el pantalón junto a los tanques. Finalmente con todas las cosas colgando en su cuerpo comenzó a jalar la hoja en la que estabas encima, una vez fuera del pequeño refugio sus orejas estuvieron atentos a su alrededor. Sus manos te ayudaron a levantarte y se giró sin soltar tu mano, agachándose con piernas temblorosas por sus heridas y tus manos rodearon sus hombros. Sus ojos se cerraron con fuerza tomando una gran bocanada de aire para brindarse fuerza con tu contacto físico encima de él.
Sus piernas no se detuvieron el primer y segundo día.
Sus pasos fueron constantes siguiendo el pequeño arroyo. A pesar de que sus muslos dolieran, sus pantorrillas quemaban y sus brazos se adormecían con el pasar de las horas debido a tu peso no se atrevió a detenerse.
Al anochecer del segundo día buscó dónde descansar. Preparó el refugio con todo lo que necesitaban y finalmente te dejó con cuidado encima de una hoja, te cubrió con otra mucho más enorme del frío y después encendió una fogata para brindarte calor.
Cuando su estómago volvió a gruñir salió en medio de la noche para buscar alimento.
Se acercó a las plantas que llegaban encima de su cadera y las movió observando a los pequeños kenten elevarse, tomó los que pudo entre sus manos metiéndose uno a la boca sin pensar para tranquilizar su hambre. En el camino recogió las pequeñas bayas que siempre estabas comiendo guardándolas en una bolsa improvisada que fabricó con una hoja y una raíz delgada. Una vez que llegó al arroyo bebió agua hasta que estuvo satisfecho, sus manos arrancaron la raíz azul que necesitaba para tu infección y finalmente recogió agua en un pedazo de corteza para ti.
Cuando volvió al refugio lanzó algunas lagartijas al fuego y se acercó con pasos silenciosos a ti. Sus manos levantaron tu cabeza con cuidado provocando que tus ojos se abrieran encontrándose con sus pupilas preocupadas.
— Debes beber agua.
Asentiste sin titubear. Lo'ak desabrochó el seguro de la mascarilla, su mano tomó la corteza del árbol y después de contar hasta tres su mano retiró la máscara de tu rostro y acercó rápidamente el agua a tu boca, diste tragos grandes y una vez que acabaste el agua Lo'ak volvió a poner en su lugar el artefacto que te ayudaba a sobrevivir. Tomaste una gran bocanada de aire tomando el oxígeno que necesitabas.
Tus ojos volvieron a cerrarse y Lo'ak recostó tu cabeza en el suelo con suavidad.
El silencio que los envolvía lo ponía incómodo. Se sentía tan extraño porque se había acostumbrado a que simplemente no guardaras silencio.
No le gustaba.
Sus manos sacaron la comida del fuego y se acercó a ti volviendo a levantar tu cabeza. Te quejaste mirándolo con el ceño fruncido debido a tu siesta interrumpida, te enseñó la lagartija cocinada ganando una mueca de asco que lo hizo sonreír.
Repitió el mismo proceso de hace rato. Quitando y poniendo la máscara hasta que terminaste de comer, siendo cuidadoso para no arrebatarte la vida en un descuido. Cuando acabaste puso la máscara en su lugar y la aseguró para que no se moviera.
Preparó tu remedio con calma sintiéndose tranquilo ante lo útil que estaba siendo.
Por primera vez en su vida se sentía alguien necesario.
En toda su vida... ¿Alguna vez alguien lo vio como una pieza indispensable?, nunca se había sentido de esa forma hasta este momento donde tu persona dependía por completo de él. No te quejabas, no había miradas severas, no había palabras duras, simplemente ojos que aceptaban que él se hiciera cargo de la situación.
Ahora él debía cuidar de ti.
Y le agradó más de lo que quería admitir. Le agradaba que tú no lo culparas, le agradaba que no hayas mostrado fastidio al tener que cuidarlo. Le agradó que a pesar de que sea una carga tú no lo hacías de lado.
Ya no se sentía tan solitario e incomprendido como se había sentido toda su vida.
Quitó la venda de tu hombro con suavidad para poner el ungüento en la herida. Tu cuerpo tuvo un ligero espasmo y te quejaste cuando esta vez solo un poco de sangre salió. Volvió a cubrir tu hombro con cuidado y finalmente te dejó descansar, pues tu cuerpo aún estaba caliente debido a la fiebre.
Cuando tu respiración se volvió tranquila y tu rostro mostraba un expresión relajada Lo'ak se recostó justo a tu lado. Su iris se concentraron en tu expresión tranquila, tu respiración empañaba la máscara y a pesar de que podía percibir el olor de la sangre exudar de ti lo ignoró. Sus manos se atrevieron a tomar un mechón de tu cabello llevándolo con suavidad a su nariz para concentrarse en el aroma de tu pelo y después hizo lo de cada noche, hacer que tu mano tome su dedo para poder dejarlo dormir.
Cuando cerró sus ojos Lo'ak no vio aquellos ojos azules, de hecho no vio nada en sus sueños sino que... Solo percibía la caricia de tu olor contra su nariz.
Tsireya era su lugar seguro, pero tú... Tú eras la compañía que lo ayudaba a llegar a ella.
Al día siguiente repitió los cuidados y una vez que todo estaba listo siguió caminando contigo en su espalda. Tu sueño era profundo y tranquilo, no te removías y tampoco te quejabas... Lo único que aseguraba a Lo'ak que seguías con vida era el sonido de tu respiración captado por su oído.
Al cuarto día cuando ya había preparado todo para dormir volviste a intercambiar palabras con él.
Esperaba con paciencia mientras comía a escuchar una respiración tranquila de tu parte para poder recostarse a tu lado, sin embargo, tu voz lo distrajo de su cena y su atención volvió a ti notando tus ojos adormilados en una expresión cansada.
---¿A dónde nos llevas, Lo'ak? ---- preguntaste mientras te recostabas de lado.
Tragó el bocado que tenía en su boca, volviendo su mirada al fuego que tanto te distraía. Se encogió de hombros porque realmente no tenía idea de a dónde se dirigían.
----No lo sé... Nunca dejamos en claro a dónde vamos.
No tenía nada que perder por ser sincero. Sus ojos volvieron a ti, notando cómo asentías mientras te encogías debajo de la hoja que cubría tu cuerpo del frío.
---Siempre quize una casa en el bosque...— confesaste de repente — Es solitario y tranquilo.
Sus orejas se movieron con la curiosidad floreciendo en su pecho debido a tus extraños delirios.
----- Si, las casas en el bosque son lindas ----. Señaló mientras se acercaba a sentarse cerca de ti, quería hablar... Hace tiempo que no te escuchaba ---- aunque prefiero una en la playa.
Una pequeña risa cansada escapó de tus labios.
---¿Por qué no me sorprende? ----- sonrío ante tus palabras, aunque eso no duró mucho pues tu entrecejo se había arrugado----. Odio el mar.
Su ceño se frunció al pensar que alguien podía odiar algo que él tanto amaba. La sonrisa de Tsireya apareció en sus recuerdos y él sonrió de forma inconsciente.
----¿Por qué? — cuestionó curioso — El mar es... — los recuerdos llegaron a su cabeza como un mantra que le brindaba paz. — Libertad.
Notó cómo tus párpados se cerraron con fuerza, mientras tus manos se abrazaban a tus propios hombros.
----Si... Se lleva cosas para ya nunca devolverlas.
Tus palabras fueron extrañas para él pues no entendía a qué te refererías, entonces lo único que atinó a soltar fue una broma para alejar tu repentina seriedad.
----¿Qué? ¿Se llevó tu juguete favorito?---- bromeó mirándote con atención.
Guardaste silencio por largos segundos, lo cual llegó a hacerlo sentir nervioso. Tus manos tomaron la hoja que cubría tu cuerpo ocultando tu rostro debajo de ella.
---- Sé llevó a mi mamá.
Lo'ak no sonrió más.
La culpa llenó su pecho mientras se insultaba a sí mismo por ser tan cruel. Quería destaparte y dejarte en claro que no fue su intención herirte, quería asegurarse que no te habías enojado con él, sin embargo, se contuvo y se obligó a ser paciente mientras esperaba.
---Lo siento — murmuró con sinceridad.
No contestaste. En cambio, Lo'ak pudo oír pequeños jadeos que se volvían pesados. Sus manos se movieron sin pensarlo, quitando la hoja de encima tuyo para ver como tu boca estaba abierta y tu rostro comenzaba a volverse morado. Su corazón latió contra su pecho de forma brusca, sus manos se movieron con rapidez sacando de la bolsa uno de los tanques. Cuando regresó a ti miró el pequeño compartimiento debajo del mentón de la máscara y sus dedos buscaron un botón qué abrió un pequeño seguro. Tomó uno de los pequeños tanques y abrió la valvula al conectarlo a la máscara. Tomaste una gran bocanada de aire provocando que Lo'ak soltara un suspiro de alivio.
--- ¡Skxáwng! — insultó al sentir sus manos temblar — ¡debes decirme cuando el oxígeno este por acabarse! ---- gritó el muchacho alterado.
Inhalaste y exhalaste con una mueca.
— N-no sabía que le quedaba tan poca pinche reserva... — admitiste sin abrir los ojos — seguro que a quien se la quite llevaba tiempo con ella.
Lo'ak suspiró notando como poco a poco tu respiración se calmaba y volvías a caer dormida. Lo'ak no descansó bien esa noche, pues a cada hora se despertaba para asegurarse de que tú siguieras respirando.
En el sexto día despertaste y volviste a hablar con él mientras caminaba.
---- ¿Ya llegamos?
Él negó sin saber a donde dirigirse más que avanzar en línea recta.
-----No tenemos a dónde ir — señaló esquivando las rocas grandes bajo sus pies.
Sus brazos cansados levantaron tu cuerpo al sentir que se resbalaba. Tus brazos pasaron de estar en sus hombros a abrazar su cuello y esta vez solo sintió un pequeño cosquilleo cómodo.
Llevarte tanto tiempo cargando comenzaba a acostumbrarlo a tu contacto físico.
— Claro que si ---- murmuraste, él sintió tu mentón recargarse en su hombro ---- bueno, no — Lo'ak sonrió divertido — pero... Sabes, podemos hacer una casa lejos, muy lejos de todo el pinche mundo.
Lo'ak giró su rostro para observarte sin borrar su sonrisa.
---- ¿No vas a volver a casa? ---- preguntó con un toque de juego.
Tú negaste y aquello lo llenó de curiosidad.
----Na, que se chinguen.
Rió ante tus graciosas y extrañas palabras.
Decidió que tal vez podía seguirte el juego e ignorar las preocupaciones que deberían estar llenando su cabeza.
-----Te gustan los bosques ---- recordó mientras volvía su vista al frente, al extenso bosque que había frente a ustedes ----. Tal vez... La casa puede estar en el bosque y el mar estará cerca de ella.
Te escuchó soltar una pequeña risa y él no pudo evitar hacerlo ante la tonta idea de un hogar.
---- Comerías cien pescados al día y yo comería miles de las frutas rojas — bromeaste con diversión — gran idea para pasar nuestros días, eh.
Aceptó tu idea con una risa.
---- Te enseñaré a nadar ---- soltó después de unos segundos en silencio.
Te quejaste y eso lo hizo volver su rostro hacia ti.
-----¿Para qué? ---- preguntaste con una mueca de fastidio.
Lo'ak tragó sintiéndose un poco incómodo, sin embargo, se sinceró con su pensar.
---- Cuando el mar intente llevarse otra cosa tuya tú podrás detenerlo.
Tus pupilas volvieron a él en segundos encontrándose con sus iris dorados los cuales te miraban con sinceridad. Sus ojos brillaban gracias a los rayos del sol y tal vez él no lo sabía, pero esas palabras y aquellos ojos que vieron los pesares más profundos de tu alma causaron estragos en tu corazón. Tus manos comenzaron a cosquillear y tu corazón se aceleró ante esa íntima promesa .
Desviaste la mirada lejos de su vista al sentir cómo tus orejas se volvían calientes ante el recuerdo de sus palabras.
-----Si... Bueno, gracias... ---- murmuraste avergonzada.
Pasaron dos días más cuando finalmente ambos decidieron que ya podías caminar por tu cuenta.
Cuando el arroyo se volvió más grande decidieron descansar, así que mientras tú lavabas tu ropa interior manchada, él fue a cazar para que ambos pudieran alimentarse. Tu fiebre se había ido, tu cuerpo se sentía ligero y en la comodidad del silencio las palabras que habían escapado de su boca como una promesa llegaban a tu cabeza para abrumarte y causar confusión en tu sentir.
Maldices a tu vida solitaria por obligarte a pensar mucho en palabras las sinceras de cualquier persona.
Había pasado lo mismo con tu hermana. Te aferraste a ella porque fue la primera en mostrarte amabilidad y amor incondicional.
---Solo ignoralas, chingada madre ----. Murmuraste por quinta vez tallando con fuerza tu ropa interior para ignorar todo.
Cuando acabaste de lavarlas la pusiste a secar cerca de la fogata que Lo'ak había hecho antes de irse.
Te quitaste toda la ropa para adentrarte en el agua y comenzar a lavar tu sucio cuerpo que no había sido bañado desde que se adentraron en la selva. Tú misma eras capaz de percibir que olías horrible y no entendías cómo el na'vi pudo soportar tu aroma en todo el camino. Cuando tus manos pasaron por encima de la cicatriz de tu hombro tus ojos se centraron en ella. Los bordes irregulares y costras estaban en las puntadas, sin embargo, estaba curada. La infección había desaparecido y solo llegaba a sentirse incomoda si hacías movimientos bruscos.
Al parecer aquel ungüento si era mágico.
Cuando estabas lavando tu cabello Lo'ak llegó con un ciervo azul arrastrando.
Sus ojos amarillos se encontraron con los tuyos y recordando la promesa de hace días desviaste tu atención a su boca la cual estaba manchada de sangre al igual que sus manos.
Se había dado un festín antes de llegar contigo.
El muchacho carraspeó mientras se dejaba caer en el suelo para comenzar a desollar al animal. Tus ojos volvieron a encontrarse con los suyos y cuando su promesa volvió a torturar tu cabeza lo miraste a la defensiva al sentirte vulnerable.
--- ¿Qué? ---- preguntaste con fastidio.
----- Al fin te bañas.
Aquella frase logró tranquilizarte pues te gustaba llevarte así con la gente así que fue inevitable que una sonrisa divertida apareciera en tu rostro. Tus manos le lanzaron agua haciéndolo reír.
----Hijo de puta.
Cuando la piel del animal ya estaba despegada de la carne, Lo'ak se levantó acercándose al arroyo para darte la espalda y desnudarse. Tus ojos se desviaron para no incomodarlo y cuando oíste el sonido de agua cayendo volviste tu mirada a él . Sus manos limpiaban con calma su propio cuerpo, sentado en las rocas para que el agua cubriera por encima de su ombligo.
----Ay míralo, si conoces el agua ---- bromeaste provocando que él te lanzará agua a la cara.
---Ja, ja chistosita.
Te quedaste mirando de forma inconsciente, la curiosidad a sus acciones te volvían imprudente y Lo'ak te lo hizo ver cuando te comenzó a enviar miradas que expresaban su incomodidad.
---No pensé que te adentrarías conmigo cerca. ----- confesaste saliendo del agua mientras tus manos se concentraba en exprimir tu cabello.
Tus manos tomaron tu blusa para comenzar a secar las gotas que recorrían tu piel. Tomaste tus pantalones que estuvieron guardados en la bolsa donde estaban los tanques de oxígeno y te los colcaste para cubrir tu desnudez. Después solo te pusiste tu top para dejar tu blusa secarse.
No esperabas que Lo'ak contestara, así que comenzaste a cortar al animal para lanzar los trozos de carne al fuego.
Hasta que lo hizo.
----Tus ojos... — tus movimienros se detuvieron y tu mirada volvió a él —Son sinceros ---- murmuró con sus orejas agachadas ----. No miran con malicia, al menos... No como los que siempre me miraban.
Tus ojos se abrieron al entender, tu atención volvió al animal para evitar abordar este tema y hacerlo sentir mal.
Siempre es bueno aligerar el ambiente con una broma.
---- Entiendo... Bueno, apúrate que hasta acá me llega el olorcito.
Él volvió a lanzarte agua haciéndote reír.
----¿Crees que nos estén buscando? ---- preguntó Lo'ak desde el caudal.
-----Bueno, destruí toda su instalación y mataste a su grupito ----. Señalaste sacando las brochetas ya hechas ----. Yo creo que si... O tal vez no valgamos tanto la pena para ellos.
Su mirada pesada encima tuyo te obligó a mirarlo, su expresión incrédula te hizo sentir atacada y sin dudarlo levantaste tu dedo de en medio lentamente.
Lo'ak sonrió imitando tu acción.
-----Sabes... Eres bastante sanguinaria.
Alzaste los hombros sin negarte, pues tenía razón.
Tu hermana lo recalcaba cada que se presentaba la oportunidad.
---- Mejor ellos que nosotros ---- señalaste restándole importancia para meterte un pedazo de carne a la boca.
No lo sabías... No eras consciente, pero la mención de aquella palabra provocó que en Lo'ak se formara una nueva posibilidad ante sus ojos. Su corazón bombeó de forma incontrolable y su cola se curvó expresando la alegría que se formaba con el pasar de los segundos.
"Nosotros"
No fue un "yo" fue un "nosotros". Admitiste una unión cuando de tu boca solo salían palabras que se referían a ti. Tomaste su existencia y la uniste a ti sin dudarlo. Fue inevitable que la sonrisa se formara en su cara al pensar que finalmente no estaba solo. Su mirada miró nuevamente a la lejanía, donde un futuro que había estado ignorando se formaba frente a sus ojos.
Una casa en el bosque no sonaba mal y más si podía tener a una amiga para formar un futuro qué no había podido ver en el pasado.
Salió del agua para volver a amarrarse aquella prenda vieja alrededor de su cadera y cuando estaba vestido te miró. Tú ya estabas estirando una brocheta en su dirección y Lo'ak no dudó en acercarse a ti sin borrar la sonrisa tranquila en su rostro.
Cuando estaban preparándose para seguir avanzando te miró por largos segundos y con una gran bocanada de aire tomó una decisión.
— Sam... — te llamó mientras colgabas el arma en tus hombro, tus ojos miraron sus iris y Lo'ak tragó saliva para brindarse valentía — Podrías... ¿podrías ayudarme?
Alzaste una ceja sin entender, sin embargo, diste un paso al frente mientras asentías.
— ¿Qué ocupas, tigresito? — aceptaste sin dudar.
El na'vi miró sus propias manos, las cuales se movían con nervios ante el siguiente paso que daría.
— Puedes... ¿puedes ayudarme a quitar la máscara?
Sus ojos volvieron a los tuyos.
La sorpresa adornaba tu rostro y aquello le provocó vergüenza. Te escuchó carraspear mientras que el sonido del arma moviéndose lo hizo alzar la mirada. Habías dejado todo lo que estabas cargando en el suelo mientras asentías con una sonrisa de orgullo y aquello lo hizo hizo sentir cálido porque era la primera vez que alguien lo miraba de esa forma o al menos eso recordaba.
— Vamos, siéntate que no alcanzo.
Lo'ak obedeció. Poniéndose en cuclillas mientras tomaba una gran bocanada de aire. Sus manos apretaron la tela que rodeaba sus caderas y sus ojos miraban de forma ansiosa cómo te acercabas.
— Voy a cortar los tubos que salen de tu nariz, así no tendré que tocar tu nuca — explicaste mientras sacabas la navaja de tu bolsillo.
Lo'ak se llenó de sorpresa asintiendo mientras el alivio comenzaba invadirlo. Eras atenta y recordabas sus peticiones.
— E-está bien.
Cuando estabas a escasos centímetros de él le sonreíste para brindarle tranquilidad y él se atrevió a aferrarse de la tela de tu pantalón.
— Voy a acercar mis manos a tu cara, ¿bien? — asintió mientras cerrabas sus ojos con fuerza — tal vez la navaja roce tu piel. Mis dedos van a tomar uno de los tubos.
Su nariz se sintió incómoda al sentir un pequeño jalón. Tus fríos dedos rozaron con su mejilla y la tensión se presentó en su nariz. Las correas que rodeaban su cabeza se tensaron y después de unos segundos su cabeza fue hacia atrás en un pequeño empuje. Se repitió lo mismo en el tubo contrario y una vez que sus mejillas dejaron de sentirse apretadas y el plástico en su nariz pesaba abrió los ojos encontrándose de nuevo con una sonrisa llena de orgullo.
— Lo hiciste bien, solo falta quitarlo de tu cara — Lo'ak te miró con inseguridad, sus dedos temblorosos apretaron la tela de tu pantalón — Solo debes jalar el pequeño tanque detrás de tu cabeza.
Su mano fue con cuidado a su nuca y cuando sus dedos rozaron el artefacto frío jaló con cuidado. Los tubos se deslizarse por sus orejas, las correas se deslizarse por su cabello y finalmente el peso detrás de su nuca desapareció.
Solo quedaba lo que estaba incrustado en su nariz.
Te miró expectante. Tus dedos tomaron con cuidado el triángulo que rodeaba su nariz y sin despegar sus ojos de los tuyos ambos comenzaron a contar en voz alta.
— Uno... Dos... tres.
Lo'ak sintió como todo su tabique comenzaba a arder y cosquillear. Los tubos incrustados en su nariz rozaron las paredes de sus orificios nasales al deslizarse y a pesar de que quizo estornudar lo retuvo cerrando sus ojos con fuerza. Su mano se aferró con desesperación a tu muñeca cuando el ardor se extendió por toda su nariz...
Finalmente el aire puro de Pandora comenzó a acariciar sus fosas.
El aire era tan fresco que sus orificios dolían al inhalar. Sus ojos se llenaron de lágrimas al oler el bosque con total libertad, su rostro dejó de sentirse restringido y su pecho se apretó ante la calidez que comenzaba a llenarlo.
Sus iris dorados volvieron a ti.
Lo mirabas con tranquilidad, esperando con paciencia a que pudiera disfrutar del momento de la libertad.
Una vez que se recuperó de los repentinos sentimientos que lo abrumaron, le estiraste tu mano para que la tomara y así ayudarlo a levantarse. Lo'ak miró unos segundos tu rostro ignorando las dudas que querían fluir a través de él acerca de ti. Mordió el interior de su mejilla y obligando a su cuerpo a moverse su mano se elevó y sin dudarlo aceptó la ayuda que le brindaba tu pequeña mano.
Cuando se levantó y tu cabeza llegó encima de su ombligo finalmente comenzaron a avanzar sin mirar atrás.
Después de unas horas donde Lo'ak no soltó tu mano decidiste que lo mejor para ustedes dos era conversar y así poder ignorar sus manos sudorosas y relajar la tensión de sus dedos contra tu agarre.
--- Entonces, — lo sentiste brincar por el sonido de tu voz, sin embargo, no mencionaste nada — ¿ya te sientes mejor con el arco?
El agarre de Lo'ak se relajó a los pocos segundos. Escuchaste la madera del arco moverse y aquello provocó que giraras tu cabeza para prestarle atención.
— Es... Melancólico, pero me agrada la sensación de la madera en la mano — al menos hasta que sus ojos fueron hacia el arma que colgaba en tu brazo, su mano qué tomaba la tuya se levantó sin alejarse de tu agarre y apuntó con su dedo ----prefiriría una de esas.
Tu ceja se alzó mientras tus manos apretaban la correa del arma.
----¿La has usado? ---- preguntaste curiosa.
--- Bueno, lo intenté — su ceño se frunció minetras desviaba la mirada — no salió cómo esperaba.
Reíste ante eso.
--- Bueno, no es fácil manejar una de ellas. Y por tus brazos del tamaño de una ramita es más difícil.
Sus caderas te empujaron de forma juguetona provocando que te tambalearas. Hiciste lo mismo con él, empujando el costado de su cuerpo con toda la fuerza de tu hombro. Su mano te soltó y su dedo picó tus costillas haciéndote saltar, lo imitaste y Lo'ak solo abrió su boca con indignación.
Levantaste tus manos para rendirte y cuando Lo'ak pasó por tu lado sentiste algo golpear tu nuca. Tu mano sobó tu cabeza mirando al muchacho quien caminaba frente a ti moviendo su cola de un lado a otro, giró su rostro para sonreírte con burla
— Pendejo.
— Skxáwng.
Rodaste los ojos para después acelerar tus pasos y quedar justo a su lado. En el camino llenaste tus bolsillos de las frutas rojas, arrancabas hojas y las destrozabas en tus dedos para no aburrirte.
— Hay que jugar a algo, me estoy aburriendoooo — te quejaste lanzando las hojas lejos de ti.
Lo'ak te miró con una pequeña sonrisa.
— No se me ocurre ningún juego — guardó silencio, sin embargo, luego de unos segundos volvió a hablar — . ¿Cómo se divierten los humanos?
— Una carrera. De aquí a... Aquel árbol que tiene flores amarillas subiendo por todo su tronco.
Lo'ak dudó, sus iris amarillos volvieron a tus ojos que expresaban absoluta emoción y de forma inevitable se unió a tu juego.
— Bien. A la cuenta de tres.
Asentiste, poniéndote en posición mientras ambos observaban al frente. Contaron del tres al uno con la emoción subiendo por sus cuerpos y cuando de sus bocas escapó el uno ambos comenzaron a correr con toda la velocidad hacia la meta. Lo'ak era grande, pero tú tenías más condición física que el muchacho logrando estar a la par, incluso llegando a tener más ventaja.
Su respiración agitada estaba detrás tuyo, sus enormes pasos corriendo te seguían de cerca y los tanques de oxígeno chocando dentro de la bolsa entre ellos te llenaba de adrenalina. Tus pies esquivaban las rocas y saltaban troncos caídos, ignorabas los animales que corrían asustados de ustedes dos y cuando sentías que estabas por ganar miraste hacia atrás para ver al na'vi que te seguía de cerca con una enorme sonrisa.
Te reíste de su expresión y el rió contigo sin detenerse.
La frescura en sus expresiones, su cabello ondeado junto al viento y sus enormes ojos color ámbar brillando ante el sabor de la libertad te hicieron creer que realmente no era tan tonto simplemente quedarte en el bosque a vivir y dejar que cumpla su promesa de enseñarte a nadar.
Podrían buscar la manera de sobrevivir.
Encontrarían la manera de vivir en el bosque de este extraño mundo si se mantenían unidos.
Cuanto tus manos chocaron con brusquedad contra el tronco, te giraste con una sonrisa llena de victoria.
— ¡Yo gano! — festejaste con una sonrisa presumida — me la pelas, Tigresito~.
Lo'ak te levantó su dedo medio con una sonrisa fingida. Tomó grandes bocanadas de aire mientras sus manos se recargaban en sus rodillas para brindarse la fuerza que necesitaba. Te alejaste del tronco comenzando a regular tu pesada respiración mientras tragabas de tu propia saliva para humedecer tu lengua y aligerar el dolor de tu garganta por la falta de aire.
— Eres una presumida — se quejó Lo'ak comenzando a avanzar hacia a ti con una sonrisa divertida.
Diste pasos hacia atrás, moviendo tus hombros con un pequeño y ridículo baile para bromear.
— No es mi culpa que seas tan leeeeeento.
— Estuve cargándote por una semana, tu peso me quito la fuerza — te lo regresó Lo'ak.
Estabas a punto de responder de no ser porque de forma repentina tu pie dejó de tocar tierra firme y tu cuerpo se dejó caer hacia atrás provocando un vuelco en tu pecho. Una mano firme tomó tu muñeca manteniendo tu cuerpo a flote.
Cuando miraste hacia atrás para averiguar que ocurría te encontraste con el camino cuesta abajo. Habrías rodado, pero por ser empinado sería peligroso no ver por donde bajabas. Tus ojos regresaron a Lo'ak quien te miraba con ojos bien abiertos debido al susto. Su pecho subía y bajaba de forma brusca y sus dedos comenzaban a lastimar tu muñeca.
----Wow, eso estuvo cerca — susurraste — Ya puedes levantarme.
En su cara lograste ver cómo una micro sonrisa se formó y ya sabías que esto de estar colgada tardaría un rato.
—Hmm... — exclamó fingiendo estar dudoso — No lo sé, tal vez si me dices "gracias por salvarme la vida, haré todo lo que me pidas como agredecimiento" lo piense un poco.
Hiciste una pedorreta con tu boca al ver su sonrisa presumida.
— Uy si, ni soñando, Tigresito — le seguiste el juego con diversión — ya levántame, pitufo gigante.
Su ceño se frunció extrañado ante tu nueva palabra haciéndote reír.
— ¿Qué es un-
Tus ojos se abrieron cuando el agarre en tu muñeca se aflojó, el sonido de algo siendo golpeado te preocupó porque lo único que lograste notar es que comenzaba a caer hacia atrás, voces de otras personas comenzaron a llenar el lugar y ahí fue cuando fuiste consciente de los pasos que los rodeaban. Mientras caías solo podías ver los ojos de Lo'ak ponerse blancos dejándote en claro que había caído en la inconsciencia mientras su cuerpo se tambaleaba hacia adelante...
Aunque unas manos evitaron que su cuerpo viniera a ti y por más que tus brazos se estiraron para intentar llevarlo contigo ni siquiera pudiste rozar su piel con tus dedos.
----¡Lo'ak! ---- gritaste desesperada por alcanzarlo.
Tu cuerpo comenzó a rodar colina abajo y a pesar de que tus manos intentaron aferrarse a lo que sea no lograste dejar de rodar. Un dolor inmenso se extendió por tu nuca, todo tu alrededor giró y el mareo se apoderó de tu cabeza y finalmente perdiste el conocimiento.
Se habían llevado a Lo'ak y tú no pudiste hacer nada para evitarlo.
•|•|•|•|•|•|•|•|•|•|•|•|•|• A D V E R T E N C I A •|•|•|•||•|•|•|•|•|•|•|•|•
Canibalismo, ab/uso se/ual, tortura, sangre, mención de suici/io, adicción.
_________________
Capitulo 1
https://www.tumblr.com/yuzuyom/771055584661422080/a-d-v-e-r-t-e-n-c-i-a?source=share
Capitulo 7
https://www.tumblr.com/yuzuyom/779561218464727040/advertencia?source=share
__________________
8. LÍNEA.
Cuando abriste los ojos Lo'ak ya no estaba dormido a tu lado.
Te levantaste con cuidado, intentando no hacer movimientos bruscos con tu mano. Un bostezo se escapó de tu boca mientras tu mirada se encontraba con Lo'ak quien ponía brochetas al fuego para merendar.
Al parecer aprovechó limpiarse mientras dormías, porque ya no había sangre en su cuerpo después de su ataque de ayer.
Te levantaste de donde estabas sentada caminando hacia el chico de forma ruidosa para que no se sorprendiera. Tu cuerpo se estiró provocando que todos tus huesos tronaron y relajaron tu cuerpo.
Él se giró al oírte. Su mano te saludó con una pequeña sonrisa en su rostro.
----Hey.
----¿Qué tal?
Tus ojos fueron al ciervo el cuál tenía marcas de mordidas. Tú apuntaste a él provocando que los iris amarillos se llenaran de vergüenza.
---- Te levantaste con hambre — bromeaste con voz tranquila.
Asintió limpiando el sudor de su frente con su antebrazo.
----Y con mucha calor ---- murmuró limpiando el sudor de sus mejillas.
Tus pupilas lo miraron con atención. Todo su cuerpo estaba bañado en sudor, se veía cansado a pesar de haber dormido y las ojeras que ya adornaban su rostro se veían mucho más pronunciadas.
Te acercaste con cuidado sin despegar tus ojos de él. Te agachaste en cuclillas y estudiaste su rostro. Lo'ak no apartó ni un segundo su mirada de ti y eso era extraño porque siempre intentaba evitar tu mirada.
----¿Puedo tocar tu frente? ---- preguntaste notando ligeros temblores en sus manos.
Sus ojos estudiaron todo tu rostro, moviendo sus iris en todas tus facciones, guardando silencio mientras tragaba saliva de forma constante.
— Lo'ak — llamaste sacándolo de su cabeza.
Asintió comenzando a respirar con la boca abierta.
Tu mano sana fue con lentitud a su frente la cual estaba caliente y mojada debido al sudor. Sus manos temblorosas te dejaban en claro que los síntomas de la abstinencia ya se estaban haciendo más notorios.
---- Debes tomar una ducha, ven vamos — exclamaste mientras te levantabas — Voy a tocar tu mano.
Tomaste su mano con movimientos lentos. Tus dedos rozaron sus muñecas y su cuerpo sufrió un escalofrío que decidiste ignorar. Lo ayudaste a ponerse de pie para llevarlo al lago que tenían enfrente. Soltaste su mano comenzando a quitarte la ropa al igual que tus botas porque si volvías a sentir la ropa mojada pegada a tu piel te darías un tiro.
Miraste a el na'vi quién estaba quieto mirándote de forma fija.
----Vamos, necesito que te quites la ropa.
Su cuerpo brincó ante tus palabras, sus orejas se agacharon y sus pies comenzaron a alejarse de ti de forma torpe.
----No ---- negó con expresión aterrada ---- no, no, aléjate de mi ¡No me toques! ---- te siseó mientras se abrazaba a sí mismo.
Levantaste ambas manos alejándote varios pasos de él para que no se sintiera incómodo.
-----Está bien, está bien... No voy a tocarte, pero necesito que entres al lago. Eso puede ayudar con el calor.
Él negó tembloroso.
----¿No vas a tocarme? ---- preguntó inseguro.
----No, voy a quedarme aquí, lo prometo ----- aseguraste sin moverte.
Sus ojos te miraron con inseguridad.
En tus ojos no había malicia, pero las voces y experiencia le habían enseñado a no confiar.
Te quedaste quieta en tu sitio, no te le acercaste, tampoco insististe con palabras y habías dejado de mirarlo para no alterarlo más de lo que ya estaba.
Eras distinta. No eras igual a ellos.
Tu no eras él.
Sus dedos temblorosos fueron al trozo de tela que protegía sus partes íntimas. Mientras se desvestía sus ojos no dejaban de observarte con temor y una vez que estuvo desnudo sus débiles piernas se movieron lentamente hacia el lago. Sus pies se mojaron, sus manos cubrían su desnudez y sin alejar sus ojos de ti se sentó en una piedra dejando que su torso se mojara.
Lo'ak te vio hacer lo mismo, tus manos tallaron todo tu cuerpo para quitar la suciedad que llevabas acumulando por días. Copió tus acciones sin dejar de observarte, sus manos tallaron con fuerza su cuerpo quitando cualquier rastro de suciedad y sangre que estuviera en su piel.
Talló y talló sin poder dejar de sentirse sucio.
Era como si la mugre estuviera debajo de su piel. Tapaba sus poros y se escondía entre sus costillas. El olor a podrido emanaba desde dentro y no podía hacerlo desaparecer por más que tallara, era como si todo estuviera incrustrado muy dentro de él y le aterraba la idea de vivir con esta suciedad por el resto de su vida.
Necesitaba dejar de estar sucio, pero no encontraba la forma de limpiarse por completo.
----- N-necesito.. y-yo en verdad necesito ---- sollozó comenzando a sentirse desesperado. Sus uñas ya estaban rascando sus brazos ---- necesito- ¡N-no sé!, ¡haz que pare!
Tu mirada volvió a Lo'ak cuando comenzó a gritar preso del pánico rascando y tallando su cuerpo con desesperación.
Aquello hizo que volvieras a tener cinco años y tu padre te gritaba que se quemaba.
Te preocupaste al ver que sus brazos ya estaban sangrando gracias a sus propias uñas y si eras sincera, no sabías qué hacer.
Nunca supiste qué hacer cuando esto pasaba.
Fue inconsciente e imprudente el caminar hacia él y tomar sus manos con fuerza para evitar que siguiera haciéndose daño. Tu mandíbula se apretó con fuerza evitando gritar cuando tu mano palpitó debido al dolor. Sin embargo, Lo'ak se había aferrado a tu agarre y había dejado de hacerse daño a si mismo.
----Necesito que respires lento ---- inhalaste y exhalaste de forma pausada.
No tardó mucho tiempo cuando comenzó a imitarte.
Estabas segura que duraste más de una hora intentando que se calmara y aún así no estabas tan segura de que estuviera del todo tranquilo.
Tus manos intentaron alejarse siendo apretadas por sus manos.
Te lastimó, más no te atreviste a quejarte. Tus ojos miraron sus pupilas dilatadas, las cuales seguían tus ojos casi sin parpadear.
-----¿Qué haces? — cuestionó.
-----Tenemos que movernos, no podemos quedarnos aquí — explicaste sin dejar de estudiar su mirada.
No parecía él.
-----¿Por qué?---- preguntó ladeando su cabeza.
-----Debemos avanzar para tu droga.
Estabas segura que un su rostro se reflejó por unos segundos el sentimiento de satisfacción.
----¿A dónde iremos?---- preguntó con sus maltratadas orejas apuntando hacia ti.
¿Estaba teniendo un episodio psicótico? ¿Alguna paranoia? No lo sabías, pero estabas segura que los vellos erizados de tu nuca eran una señal de que ahora mismo este alien frente a ti era peligroso, mucho más de lo habitual.
---- A las instalaciones del sur ----. Informaste cuidadosa.
Relamió sus labios y sus ojos se movieron con lentitud a tu cuello y su mirada se quedó ahí, totalmente hipnotizada. Una señal para mantener la distancia. Soltaste sus manos ignorando el dolor al apartarte de sus agarre. Tus manos tomaron una flor que estaba por ahí para meterla a su boca sin pensarlo mucho.
---- Come esto y cállate.
Él obedeció, masticando la flor sin dudarlo. Se quedó quieto sentando mientras te observaba salir del lago y comenzar a vestirte.
Lo distraerías haciéndolo comer en todo el camino. Es la única forma que tenías para mantenerlo entretenido.
Lo miraste unos segundos aliviada al ver que seguía entretenido en la flor pues debías preparar todo para la partida de ambos.
Te acercaste al venado tomando tu navaja para comenzar a cortar las patas con mucho esfuerzo, partiste los huesos a pisotones. Arrancaste una raíz delgada y fuerte, para amarrar las patas del ciervo y te las colgaste encima. Miraste el lago sin saber cómo llevar agua sin gastar más tiempo.
Hacer una cantimplora con piel tardaba mucho.
¿Podrían sobrevivir del agua de las bayas? Lo habían estado haciendo estos días, pero te sentías más segura llevando agua de un lago.
Ibas a arriesgarte.
Tomaste la tela que cubría a Lo'ak mirando al na'vi quién estaba entretenido observando sus manos.
---- Lo'ak — lo llamaste. Sus iris confundidos te miraron — Vamos, debemos avanzar.
El muchacho asintió mientras tragaba con dificultad. Salió del lago con piernas temblorosas con sus ojos atentos al suelo mientras parpadeaba perdido. Tu mano estiró la tela que usaba como prenda y Lo'ak la tomó con dedos temblorosos. La amarró alrededor de sus caderas con dificultad y una vez listo te miró tragando con pesadez.
---- Vamos, todo va a estar bien — tranquilizaste estirando tu mano hacia él.
Lo'ak dudó por unos segundos, sin embargo, su mano se estiró sin dejar de temblar. Su dedos rozaron tu palma y ambos se aferraron al agarre del otro mirándose con ojos decididos.
Tomaste el arco que descansaba en el suelo y finalmente comenzaste a caminar guiándolo con pasos apurados pues debían llegar a las instalaciones lo más rápido posible.
Lo'ak no entendía mucho de lo que estaba sucediendo a su alrededor. Sus piernas temblorosas avanzaban con dificultad mientras todo le daba vueltas, sin embargo, se mantenía en pie gracias al firme agarre que lo guiaba. Su nariz estaba atenta a todos los olores que atravesaban la pequeña mascarilla.
La sangre de tu mano se volvía cada vez más difícil de ignorar.
Tenía tanta hambre que su estomago dolía casi sintiendo cómo estaba comiéndose a si mismo para intentar llenar el vacío que cada vez se hacía más grande hasta que fue imposible de ignorar.
Su mano apretó con fuerza su estómago intentando desaparecer el dolor.
— D-Duele... T-tengo- yo... T-tengo mucha hambre... — murmuró doblando su cuerpo casi a la mitad.
Cuando tu mirada observó su rostro lo viste lleno de dolor, el sudor goteaba por su barbilla y sus labios estaban secos. Soltaste su mano desatando una de las patas del venado para entregársela y Lo'ak casi se lanzó a ella con desesperación. Sus dientes arrancaban la carne, mientras que sus uñas se encajaba en la piel aferrándose con fuerza al trozo de carne.
— Vamos, hay que avanzar.
Lo'ak no te prestó atención, sin embargo, no podían perder tiempo.
Tocar a un tigre cuando comía era una muerte inminente, pero no podías dudar cuando necesitaban avanzar, así que cumpliendo con las palabras de tu coronel acerca de que eras imprudente tomaste su brazo jalándolo para que siguiera caminando. Escuchaste el gruñido emanar de su pecho, las alarmas se encendieron, pero contra todo pronóstico no lo soltaste. Tus ojos se encontraron con los amenazantes iris dorados, no apartaste la mirada con tu ceño fruncido.
Él no mandaba.
— Avanza, ya — ordenaste con voz firme, el tono alto provocó que las orejas de Lo'ak te prestaran toda su atención.
Sus ojos que habían sido amenazantes se volvieron mansos y el gruñido que había estado saliendo de su pecho se volvió bajo. Desapareciendo por completo con el pasar de los segundos.
— Es tu comida. No te la voy a quitar, pero debes seguir avanzando — no dejaron de mirarse — ¿lo entiendes, Lo'ak?
Sus ojos parpadearon varias veces y un rastro de lucidez apareció en sus pupilas. El na'vi asintió poniéndose derecho mientras sus dedos volvían a aferrarse a tu mano.
— S-si... Entiendo.
Finalmente asentiste dándote media vuelta para seguir avanzando tomados de la mano.
Lo'ak siguió mordiendo la pata de venado.
Llegó un punto donde ya no pudo concentrarse en lo que le rodeaba. Su cabeza ignoró el dolor en sus piernas, no le dio importancia a los espasmos de su cuerpo y mucho menos en el sudor que bajaba por su frente. Él estaba concentrado en la picazón de su nariz, en la hinchazón de sus encías, en su boca seca que siempre estaba salivando. Lo'ak estaba tan sumido en su mente que se sentía parecido a cuando tomaba la droga rosa. Solo que había una gran diferencia.
Él podía ver esos grandes e inocentes ojos azules.
Lo'ak deseaba tanto su tacto, deseaba que le cantara mientras sus suaves manos acariciaban su cabeza. Deseaba tanto verla y sentir sus suaves rizos en sus dedos. Necesitaba acariciar su piel tigreña para calmar la ansiedad que recorría todo su cuerpo.
Pasaron cuatro días avanzando donde no se detuvo ni un segundo.
No notó nada hasta que su cuerpo colapsó. Las ansias de probar bocado lo estaban consumiendo. Sus uñas rasguñaban su piel deseando sentir un pinchazón, necesitaba sentir aquel líquido rosa recorrer sus venas y llenar el vacío de su pecho y estómago, aunque sea por dos segundos.
Lo miraste preocupada.
Caminaste varios días obligándote a alimentarlo. Se había acabado las patas de venado y sus momentos de lucidez se habían perdido al tercer día. Murmuraba en su idioma natal repitiendo una palabra que no entendías del todo. Obligaste a su cuerpo a avanzar hasta que ya no lo soportó más y sus piernas dejaron de moverse.
Escuchar cómo su cuerpo se desplomó detrás tuyo te asustó, porque cuando te giraste te encontraste con un Lo'ak echo ovillo en suelo. Todo su cuerpo temblaba mientras el sudor mojaba toda su piel.
— ¡Lo'ak! — exclamaste mientras te agachabas junto a él — vamos, debes levantarte, debemos seguir.
Él no contestó. Se abrazó a si mismo tembloroso mientras negaba.
— S-sed...
Tus manos se movieron con rapidez yendo a tus bolsillos de donde sacaste frutas de tamaño mediano. En el camino las habías encontrado y descubriste que eran bastante jugosas. Mordiste la fruta dejando que algunas gotas se derramaran, tus dedos tocaron su mejilla con suavidad ayudándolo a girar su rostro. El muchacho se quejó, cerrando sus ojos con fuerza.
— Abre la boca, voy a darte agua — pediste con voz baja.
Dejó escapar un sollozo, pero obedeció. Tu mano apretó la fruta y una gran cantidad de agua salió de ella. Lo'ak tragó con dificultad, girando su rostro cuando estuvo satisfecho. Su cuerpo seguía temblando, acompañado de fuertes espasmos.
No iba a poder seguir avanzando por su cuenta.
Tus ojos buscaron alguna planta con hojas enormes y cuando la encontraron no dudaste en ir y arrancarle las hojas. Colocaste seis hojas en el suelo a un lado de Lo'ak una encima de la otra y con cuidado lo hiciste girar encima de ellas. Arrancaste una raíz fácil de manejar, pero gruesa y larga, arrancaste enredaderas de un tronco y con ellas te aseguraste de que las hojas estuvieran bien envueltas alrededor del na'vi.
Para tu suerte la pasta había ayudado y tu mano herida ya estaba llena de costras. Seguía morada e hinchada, pero las heridas estaban cerradas.
Usaste lo restante de las enredaderas como una cuerda y con eso lo arrastraste por tres días más.
Tres días donde no descansaste ni un segundo, mas que para darle frutas. Comiste mientras avanzabas, tomabas las frutas que encontrabas en el camino y las comías, atrapabas pequeñas largartijas con tu navaja y se las dabas a Lo'ak para mantenerlo alimentado. Tres días enteros donde no te detuviste a dormir, dos noches enteras donde debías estar alerta a los peligros que podrían acecharlos y atacarlos.
Cada vez que mirabas hacia atrás te encontrabas con un Lo'ak tembloroso. Sus ojos estaban cerrados con fuerza y su frente siempre estaba empapada en sudor.
Finalmente, luego de avanzar por días la vida te lo recompensó con las instalaciones a lo lejos. Tus manos dejaron ir la cuerda y tu cuerpo se ocultó entre los arbustos.
Aún debías avanzar un largo tramo, pero no querías arriesgarte a que alguien estuviera explorando y te viera.
Te acercaste a Lo'ak con pasos cuidadosos, el na'vi seguía temblando y sus ojos estaban cerrados con fuerza evitando la luz del sol.
Debías ocultarlo para que nadie lo encontrara.
Miraste a tu alrededor buscando algún hueco donde pudieras meterlo. A unos cuantos metros de ti había un árbol que dejaba escapar enormes raíces del suelo creando un pequeño refugio improvisado. Te levantaste sin perder tiempo, tus cansados brazos arrastraron a Lo'ak hacia aquel lugar y con cuidado lo metiste entre aquellas enormes raíces. Buscaste más hojas cubriéndolo con ellas para ocultarlo de los ojos de cualquiera que pasara por ahí.
Desataste las enredaderas que ataban las hojas de su cuerpo por si en algún momento se veía obligado a huir, aunque por su condición dudabas que pudiera hacerlo, aún así le dejarías el arco por si de repente encontraba lucidez.
Tus manos tocaron su frente con cuidado, sentiste cómo tus dedos quemaron al toque de su piel y tus ojos preocupados miraron su pecho que subía y bajaba de forma brusca.
---- Lo'ak, escúchame ---- llamaste intentando centrar su atención ----- Necesito que te quedes aquí — sus manos se movieron, aferrándose a tu muñeca. En su rostro se formó una mueca de miedo — volveré en poco tiempo.
----No, no ----- murmuró entre temblores — n-no me dejes.
-----Está bien — intentaste tranquilizar con una tono bajo — voy a volver, tranquilo ---- sus manos no te soltaron y seguía negando — No voy a dejarte...
— No... T-todos me dejan — sollozó aferrándose a tus manos —. N-no me dejes.
Fue... Una punzada golpeó tu pecho.
Sus manos jalaban la tuya hacia su pecho, intentando mantenerte con su débil agarre a su lado y debes admitir que te hizo sentir culpa... Tristeza.
Era como verte a ti misma.
Tu pulgar acarició el dorso de su mano para brindarle tranquilidad. Tu rostro se acercó al suyo y a pesar de que la máscara estorbaba en el contacto, intentaste juntar tu frente con la de él.
— No voy a dejarte, Lo'ak — aseguraste observando cómo sus ojos apenas y se abrían. Unas cuantas lágrimas bajaron por sus mejillas — Voy a volver y podremos seguir nuestro camino. Hago esto para ayudarte. — y a ti también — y para ayudarte debes soltarme.
Sus ojos parpadearon de forma constante sin apartar de tus iris y lentamente su agarre te dejó ir.
Tus manos tomaron otra hoja y lo cubrieron con suavidad. Cuando te aseguraste que no estaba a la vista avanzaste hacia las instalaciones.
Iba a ser complicado.
Tú no eras la primera opción en misiones de sigilo, de hecho, para tu teniente siempre eras la última opción.
La paciencia era una virtud que olvidabas en batalla y preferías ir y reventar todo en miles de pedazos para acabar rápido con el problema. Si querías que todo esto saliera bien, debías usar otra estrategia.
Salir de tu cabeza y pensar con criterio.
Adoptar el pensar de alguien más para triunfar y tu único ejemplo fue tu hermana mayor. Aquella con la cual siempre te ponían de dúo para que te mantuviera a raya.
¿Qué haría ella?
Primero, idear un plan y ver de lejos cómo actúa el enemigo.
Tus pies se movieron comenzando a trepar un árbol para poder moverte con mayor libertad entre las ramas que se entrelazaban. Conforme te acercabas a la enorme edificación. El sonido de maquinaria se escuchaba a la lejanía y si prestabas atención podías oír autos en movimiento.
¿Sería bueno robar uno?
¿Siquiera tendrías tiempo?
Conforme te acercabas podías ver que estabas en la zona frontal, la entrada principal de este lugar. Tus ojos buscaron en el suelo intentando encontrar algún científico recolectando muestras, estaba vacío, pero podías ver una zona acordonada. Caminaste por encima de ella bajando por las lianas para dejarte caer.
Te ocultaste entre un arbusto y con la paciencia que no tenías esperaste.
La noche cayó y no había rastros de nada.
Hasta que llegó el amanecer y finalmente voces fueron percibidas por tu oído.
"Paciencia, Sam. Debes ser paciente"
— ¿Por qué los cerebritos siempre tienen la necesidad de madrugar? — cuestionó uno en medio de un bostezo.
— Quiero terminar el trabajo temprano. Así podré descansar más tiempo hoy — respondió el otro.
— Hmm, ¿alguna razón en particular? — cuestionó el soldado con voz melosa.
Una mueca incómoda apareció en tu rostro. Que no tengan sexo frente a ti pediste al cielo.
— No empieces.
— Ash, bien. Voy a orinar.
— No te alejes tanto, recuerda que me estas cuidando.
— Siempre, bebé.
Te moviste cuando los pasos se alejaron. Tus pasos se volvieron ligeros y tu mano se aferró al mango del cuchillo, caminaste con lentitud hacia el soldado que orinaba con tranquilidad.
Eran ustedes o ellos.
Cuando estabas a escazos centimetros de él tu pie golpeó detrás de su rodilla, tu mano jaló su hombro y la hoja de la navaja se clavó en su garganta. Sus manos intentaban apartar tus dedos, mientras sus ojos se clavaban en tus pupilas. La sangre lo hacía gorgojear y tu apuñalaste su garganta varias veces hasta que dejó de moverse. Recostaste su cuerpo con suavidad en el suelo.
— ¿Josh? — te quedaste quieta ante la voz preocupada del científico — Josh, ¿dónde estás? Sabes que no me gustan estas bromas.
Sus pasos se acercaron lentamente a donde estabas y cuando su voz volvió a llamar aquel nombre notaste que ya estaba demasiado cerca. Saltaste de entre los arbustos, lanzándote directo hacia el hombre quien cayó al suelo debido a la sorpresa. Sus manos intentaban mantener alejado la hoja de la navaja, el pánico impregnaba su rostro y las lágrimas de desesperación comenzaban a mojar su cara. No dijiste nada, no dejaste de mirar sus ojos y tus manos no dejaron de empujar hacia abajo, el vidrio de su máscara comenzó a tronar, finalmente el hombre perdió su fuerza debido al pánico, el vidrio tronó y el cuchillo atravesó su ojo.
Te quedaste quieta aún encima suyo, observando cómo la sangre comenzaba a mojar el césped debajo de su cabeza.
Te levantaste con cuidado mirando el rostro del hombre por unos segundos. Después te moviste tomando sus tobillos para esconderlo junto a su amante.
Con tranquilidad tus manos se concentraron en el soldado quitando toda su ropa y chaleco antibalas. Cambiaste tus pantalones y te pusiste la camisa de botones que estaba llena de sangre, pero iba con el reglamento, finalmente ajustaste el chaleco antibalas a tu cuerpo.
Tus manos quitaron su mascara de oxígeno, la dejaste en el suelo para desabrochar el seguro de la tuya, tus dedos la mantuvieron ahí y finalmente hiciste el cambio. Tomaste una gran bocanada de aire, sintiéndote más segura ante una máscara nueva y limpia. Acomodaste la radio en tu cinturón, tomaste su navaja y te aseguraste de tener la tarjeta de acceso, también robaste la del científico.
Luego llegaste al momento que más habías estado esperando.
Tus manos tomaron el arma. Las cosquillas burbujearon en tu estómago mientras la emoción te llenó. Comenzaste a sentir adrenalina y el peso del arma te brindó la confianza que necesitabas.
Al fin te sentías tú.
Cuando estuviste lista caminaste con pasos seguros hacia las instalaciones.
Había varios soldados en la entrada, todos descargando algo de un camión. No detuviste tu andar al salir del bosque simulando qué subías el cierre de tu pantalón intentando convencer de que habías ido a orinar, te acercaste a donde estaban todos ellos. Cuando estuviste frente ale hombre wue descargaba el camiom estiraste los brazos para que te entregaran una caja pesada. No levantaste la mirada y tampoco dudaste en seguir a quienes ya tenían una caja en sus manos.
Todo el camino tenías la mirada gacha, caminando detrás de los demás y cuando dejaron las cajas en un almacén te desviaste sin mirar atrás. Yendo directo a las instalaciones centrales.
Lo importante para una infiltración exitosa era jamás mostrar duda.
"Y no llamar la atención"
Ignoraste la voz de tu hermana. Sacando la tarjeta de tu bolsillo para ponerla en el escaner. La luz roja pasó de arriba hacia abajo en el plástico y después de unos segundos se volvió verde abriendo sus compuertas para ti.
Las puertas se cerraron detrás tuyo y cuando el oxígeno era seguro colgaste la máscara en tu cadera.
Avanzaste sin dudar mientras tus ojos buscaban y leían las señalizaciones sin que tus pies se detuvieran. Tu cuerpo se movía buscando el camino a los laboratorios, a pesar de que soldados pasaban por tu lado no te hablaban y tampoco te miraban, simplemente cada uno seguía por su camino hasta que giraste en una esquina y tu cuerpo chocó con uno mucho más grande.
Diste unos cuantos pasos hacia atras mientras sentías tu nariz picar por el dolor. Tu mirada se elevó y tus ojos se encontraron con unos iris dorados.
Un avatar.
----Wow, cuidado, soldado — exclamó con una sonrisa, sus cejas se alzaron mientras sus ojos se quedaban fijos en tus pupilas — Vas a tirar a alguien.
----Lo siento, señor ---- te disculpaste firme con el pelón ---- Voy a prestar atención.
-----¿A dónde vas con tanta prisa?---- preguntó sin apartarse. Pudiste ver cómo sus ojos se desviaron apenas unos segundos al cuello de la camisa.
Seguro la sangre lo puso en alerta, pero... Que te retrasara te estaba sacando de quicio.
"Calmate, Sam."
----Al laboratorio, señor ---- el hombre no dejaba de mirarte y si no fueras una desertora ya habrías rodado los ojos ----. Voy a hacer guardia a un científico, quiere tomar muestras de Pandora.
----¿Llena de sangre? ----- volvió a cuestionar.
Sonreíste sin dejar de ver sus ojos.
----Acabo de llegar de una misión donde implicaba la exterminación de los na'vi.
El avatar asintió fingiendo interés.
---- Ah, esos demonios. Salen de dónde sea.
Asentiste, ya harta de la presencia de este tipo que simplente no te dejaba ir. ¿Qué quería de todos modos?, ¿habías actuado sospechosa?
----¡Coronel Quaritch!
— Oh, me llaman — tu corazon dio un vuelco -----Bueno, buen viaje soldado.
Tu mano subió a tu frente, despidiéndote del coronel para alejarte con pasos rápidos.
Mierda. Mierda, mierda, mierda, mierda.
¡Un puto coronel!
Ni siquiera lo saludaste, ni siquiera sabías quién mierda era y eso es bastante sospechoso para cualquiera.
Por eso el hijo de puta no te dejaba ir.
Ignoraste las preocupaciones que te impedían concentrarte, apresurando tu paso para adelantarte a aquel hombre por si se le ocurría investigar.
Cuando llegaste a las puertas que te adentraban a los laboratorios sentiste un poco de calma. Colocaste la tarjeta de acceso del científico y las puertas se abrieron en segundos, caminaste por los pasillos mirando a través de las ventanas buscando cualquier cosa rosa que llame tu atención.
Cuando viste a través del vidrio un refrigerador lleno de frascos con líquido rosa te acercaste a la puerta. El escaner aceptó tu entrada y tus pasos se metieron a la habitación que estaba llena de material, podías ver el escritorio lleno de hojas, había un pizarrón lleno de ecuaciones y mierdas científicas qué tu no entendías y tampoco querías entender.
Lo único que te importaba era aquella droga rosa resguardada.
Para tu suerte Mark era un idiota reconocido y sus metodos eran aprobados por el gobierno. Así que las otras instalaciones de la RDA también debían crear la droga que les ayudaría a controlar a los nativos de Pandora.
Tus ojos fueron al científico en el cuarto, el cual ya te estaba mirando de arriba a abajo con una mueca de disgusto.
---Ay, por favor que asco ---- se quejó observándote ----. Antes de entrar aquí procura venir limpia.
Tú asentiste ignorando al idiota engreído quien también había decidido ignorarte y centrarse en el microscopio que tenía frente a él.
----- Estaba en una misión.
Cuando divisaste una pequeña hielera te dirigiste a ella con tranquilidad tomándola en tus manos para meter jeringas que estaban por ahí.
----- No toques nada, arruinaras mis muestras — habló el hombre.
Tu mirada volvió hacia él, seguía concentrado en sus cosas.
-----Si, si, tú tomate tu tiempo.
Tus manos abrieron con movimientos cuidadosos el refrigerador, sin dejar que ningún sonido llenara la habitación.
Tus manos fueron silenciosas mientras sacaban las muestras y las metías en la hielera evitando que hagan ruido al colocarlas dentro. Un vez llena la cerraste con suavidad, volteando tu rostro al científico quien ya te estaba mirando fijamente. La alarma se activó en el área y lo que era una misión de sigilo se fue a la mierda.
Soltaste un suspiro irritado casi escuchando los regaños de tu coronel ante tu estupidez. Tu arma se levantó sin dudar atravesando el pecho del hombre con dos balas.
Su cuerpo cayó inerte al suelo din darle tiempo a negociar.
Caminaste a la puerta dispuesta a irte de una vez por todas de no ser porque una voz hizo eco en tu cabeza provocando que las plantas de tus pies se clavaran en el suelo.
"Entonces estás de acuerdo con lo que le hacían a los na'vi adulto"
Si la voz de tu hermana no era suficiente tortura ahora tenías la voz de Lo'ak en tu cabeza.
Maldejiste a tu cabeza por recordar palabras que traerían problemas. Sin embargo, tu mano levantó el arma abriendo fuego para destruir toda muestra resguardada. Los frascos reventaron, líquidos se derramaron en el suelo y los computadores hicieron corto circuito junto con los paneles.
Te aseguraste que toda cosa en la habitación tuviera un agujero.
---- Espero que sirva de algo.
Esta vez comenzaste a correr sin detenerte.
La radio en tu cintura comenzó a hacer acto de presencia. La voz de un soldado se presentó dando aviso para toda la instalación.
"Un soldado con una hielera está siendo buscado"
Aquello no era bueno y por más que quisieras ocultarte no podías dejar la hielera y meter los frascos a tus bolsillos. No si querías que llegaran sanos y salvos a Lo'ak.
Entonces fuiste por el plan b, uno que era totalmente tu estilo.
Disparar a cualquier persona que se atravesara en tu camino.
¿Estúpido? Si. ¿Tenías más opciones? Probablemente. ¿Pensarías en ellas? No.
Podías oír la voz de tu hermana regañarte cada vez que tu arma abría fuego y disparaba a las personas que se te atravesaban. No podías dejar a nadie atrás por si llegaban a atar los hilos y darse cuenta que tú eras al soldado que buscaban. Si antes solo iban a atraparte ahora estabas segura que dispararían a matar. De todos modos, esto era mucho más sencillo para ti que el sigilo.
Tu siguiente parada era el almacén donde estaban los tanques de oxígeno. Las instalaciones que se habían puesto en Pandora eran casi idénticas, así que estabas segura que lo que buscabas estarían en el mismo lugar que en las otras instalaciones.
Cuando llegaste al cuarto de oxigenación abriste la puerta de golpe disparando a las personas que estaban dentro con el factor sorpresa de tu lado. Cayeron al suelo inertes, evitaste pisar sus cadaveres teniendo clemencia por sus almas. Te acercaste a las cajas tomando una de las mochilas que ayudaban a transportarlos. Tus manos comenzaron a meter varios tanques de oxígeno tomando cinco en total. Una vez que acabaste de abastecerte saliste rápidamente del lugar, dispuesta a salir de las instalacioes de una vez por todas.
Tu arma seguía disparando a cualquier persona que se encontrara contigo. Por donde avanzabas dejabas cadáveres de personas que no conocías, no te habían hecho nada, pero tampoco ibas a arriesgarte a que lo hicieran. Para tu suerte, podías cambiar de arma con la de los soldados que caían al suelo y robabas su munición si tenías tiempo.
Cuando encontraste una salida distinta a la principal, la cual estaba más centrado en los científicos para sus investigaciones no dudaste en abrirla. La cámara antes de salir limpió tu cuerpo y tus manos pusieron la máscara de oxígeno en tu rostro.
Las puertas que te separaban al exterior se abrieron y tus pies comenzaron a correr hacia el bosque, escuchando voces de soldados y armas abriendo fuego detrás de ti.
Apretaste los dientes mientras te preparabas mentalmente para lo que se avecinaba.
Ellos te superaban en número y fácilmente podían darte caza.
Cuando llegaste con Lo'ak te deslizaste entre las raíces quitando las hojas de encima suyo. Tus manos lo movieron con desesperación recibiendo nada más que un quejido por su parte.
----Vamos Lo'ak, debemos correr, levántate ---- moviste su cuerpo con brusquedad — Lo'ak, levántate, vamos.
Negó abrazando su propio cuerpo mientras tiritaba. Tus ojos iban de su rostro a tus alrededores escuchando cómo las voces lejanas se estaban volviendo cercanas. La duda llenó tu cabeza mientras la adrenalina no te dejaba pensar de forma racional, escuchar el peligro cerca te estaba alterando y ver a Lo'ak tan débil te llenaba de desesperación. Aunque él llegara a levantarse no podría huir de todos ellos y ambos terminarían muertos.
La única forma en la que él pueda recuperar fuerzas es-
Tu mirada fue lentamente a la hielera. Volviste tu mirada a tu amigo y tus manos se movieron sin dudarlo. Abriste una jeringa y sacaste uno de los frascos, tus ojos miraban hacia atrás mientras vaciabas el líquido rosa. Una vez que el frasco estuvo vacío tomaste el brazo de Lo'ak y la aguja se enterró en su vena. El líquido entró a su sistema con rapidez y sin saber cómo actuaba esta droga en él lo volviste a cubrir con las hojas.
Dejaste la hielera y la bosa a su lado.
Te alejaste unos pasos y una vez que él estaba oculto de la vista de todos escalaste uno de los arboles para ocultarte entre las hojas de las copas. Caminaste por las ramas alejándote de Lo'ak para que no estuviera en medio del fuego cruzado, esperando que nadie pudiera encontrarlo, rogando a lo que sea que te escuchara que Lo'ak no fuera ruidoso mientras estaba bajo los efectos de la droga.
Tus manos recargaron el arma en tus manos, tomaste bocanadas de aire y cuando las voces ya estaban debajo tuyo elevaste el arma de forma cuidadosa. Tu ojo se centró en la mira y cuando uno de ellos estaba en tu punto de vista tu dedo no dudó en jalar el gatillo dando directo a su cabeza matándolo al instante. Te moviste enseguida yendo a otra rama para ocultarte.
---- ¡Cuidado, compañeros! — dio aviso uno de ellos — ¡Nos está cazando!---- exclamó con tono divertido.
Dios, te cayó tan de la verga que no dudaste en apuntarle y jalar el gatillo para atravesar su cráneo con una bala.
----Pendejo — murmuraste para ti misma.
-----¡Sal muñequita, hablemos!
Tu ceño se frunció con molestia al reconocer ese tono de voz.
El tal "Quaritch".
----¿Por qué arriesgar tu vida por algo de droga, ah? ---- cuestionó el coronel --- ¿Eres una especie de adicta?
Disparaste al tipo que estaba a su lado observando cómo caía al suelo en cuestión de segundos.
Quaritch disparó en tu dirección, tú apenas y alcanzaste a ocultarte. Un roce de bala fue lo que ganaste en el vidrio de la máscara. Respiraste de forma pesada mientras tus dientes se apretaban con molestia cambiando de rama de forma silenciosa.
-----¡Coronel! ---- llamó uno de sus soldados ---- ¡Mire lo que hay aquí! ¡Un demonio azul!
Tu corazón dio un vuelco.
----Mierda... ---- soltaste recargando tu arma con manos temblorosas.
Tu mirada desesperada intentaba ver a Lo'ak.
----¡Ah, así que es por él!---- murmuró el avatar calvo ---- dime, ¿es tu novio?
Él se acercó a Lo'ak.
De repente eras consciente de que estaban rodeando a Lo'ak y eso te estaba alterando al punto de nublar tu cabeza.
----¡Sino sales le volaré la cabeza! ---- amenazó Quaritch sin una pizca de duda en su tono de voz.
Tú ya estabas a punto de disparar de no ser porque de forma repentina Lo'ak se despertó saltando a uno de ellos, tomando por sorpresa a quienes lo rodeaban.
No dudaste en aprovechar el disturbio para abrir fuego desde tu rama dándole a dos de los soldados.
----¿¡A dónde fue!? — escuchaste gritar a uno.
----¡No sé!
-----¡Mierda, le arrancó el cuello a Wainfleet! ---- escuchaste gritar a uno horrorizado.
Un escalofrío subió por toda tu espina dorsal al oír aquellas palabras. Tus ojos buscaron de forma desesperada cualquier rastro del na'vi, ya sea por el miedo o preocupación. Estabas volviendo a alterarte al no encontrar nada de él... Hasta que el sonido de algo siendo masticado paralizó todo tu cuerpo.
Tus pupilas se movieron lentamente hacia enfrente tuyo.
En una rama alejada a unos cuantos metros de ti estaba Lo'ak.
Sus ojos amarillos te miraban fijamente sin parpadear mientras que su boca manchada de sangre se movía conforme masticaba el pedazo de piel que le había arrancado al soldado. Sus grandes manos se aferraban con fuerza a la corteza del árbol, provocando que la propia madera crujiera bajo sus uñas causando que tus oídos se sintieran incómodos ante el sonido chirriante.
Sin embargo...
Lo que más te preocupaba eran sus ojos. Esos enormes ojos que no dejaban de mirarte mientras masticaba, llevándote a los momentos que compartieron en la celda donde tenías que pelear por tu vida.
Acomodaste el arma con lentitud apuntando en su dirección, lista para disparar si fuese necesario.
Las voces debajo de ti te hicieron bajar la guardia. Fue solo un segundo donde miraste hacia abajo intentando asegurarte que no te vieran, solo un segundo cuando apartaste los ojos de Lo'ak.
Te diste cuenta que el error fue grande porque cuando levantaste la mirada Lo'ak ya estaba saltando hacia ti para arrancarte la cara de un mordisco.
Tu corazon se aceleró lleno de pavor. Tu cuerpo se movió de forma inconsciente al buscar la supervivencia. Te dejaste caer hacia atrás sin dudarlo, lograste ver cómo sus dedos rozaron el vidrio de tu máscara y sus ojos con matices rosas no se apartaron de tus iris.
Lo'ak cayó al suelo mientras tu torso quedaba colgando de la rama sosteniendo tu peso con las piernas que se aferraban a la vida. Rápidamente te levantaste para saltar a otro árbol y alejarte lo más que podías del peligro que ahora representaba Lo'ak.
Intentaste ignorar el recuerdo de su mirada, centrando a tu cabeza en acabar con todos los soldados que los habían seguido. Recargaste tu arma ocultando tu cuerpo detrás del tronco. Disparaste a dos soldados que caminaban debajo tuyo que estaban concentrados en buscar al mayor peligro que era Lo'ak.
Podías oír los gritos de ayuda debajo de ti, había disparos que no le daban a nada y luego el sonido de huesos tronando.
Lo'ak cazaba debajo tuyo.
Podías oír la carne desgarrándose a dónde Lo'ak avanzara y tú lo único que podías hacer era cubrir su espalda disparando a quien intentara detenerlo.
----¡Maten a esa cosa! ---- gritó el coronel.
E iban a hacerlo, porque Lo'ak estaba entretenido mordiendo la cara de un avatar que tenía debajo suyo.
Tus ojos buscaron el árbol donde habías ocultado a Lo'ak y cuando lo encontraste te acercaste para tomar las cosas y colocarlas encima tuyo de forma apresurada.
Una vez que tenías todo listo miraste a Lo'ak y contra tu buen juicio lo llamaste.
----¡Lo'ak! ---- gritaste llamando su atención.
Cuando sus ojos amarillos se encontraron con los tuyos no dudaste en comenzar a correr asegurándote de que él te estuviera siguiendo para alejarlo del coronel.
-----¡Alto, no disparen! ---- escuchaste a lo lejos sin detenerte ---- ¡Es el hijo de Sully! ¡Lo quiero con vida!
Ignoraste todo porque ahora lo que más importaba era alejar a Lo'ak de estos idiotas y evitar que te comiera.
No paraste de correr ni por un segundo, no cuando podías oírlo cerca de ti.
De repente dejó de hacer ruido y tú tomaste eso como una señal de que lo habías perdido.
Te metiste debajo de las raíces de un árbol siendo paciente. Tu arma apuntaba hacia afuera dispuesta a disparar si fuese necesario. Estuviste más de tres horas oculta, exactamente el tiempo que Mark había dicho que duraba el efecto.
En tu cabeza contaste los segundos intentando no volverte loca debido a la incertidumbre.
Saliste lentamente con tu arma en alto, lista para disparar a Lo'ak si debías inmovilizarlo. Caminaste por el bosque en estado de alerta. Tus ojos estaban atentos a tu alrededor por si alguien seguía cerca.
Fue calmo durante la hora que estuviste caminando sola, pero aquello comenzaba a causarte ansiedad.
No lo encontrabas y eso te causaba pánico, pues no tenías ninguna idea de si ellos habían atrapado a Lo'ak, si el na'vi se había encontrado con algo mucho más grande y acabó con la vida de tu amigo.
¿Y si era una trampa de ellos?, ¿que tal si te estaban vigilando entre los arboles para atraparte?
Estabas sola con una hielera al tope de drogas y una mochila llena de tanques de oxigeno.
No querías hacerlo, pero entre más avanzabas más te abrumaba la necesidad de gritar su nombre para que apareciera.
Hasta que el sonido de una rama quebrándose te hizo mirar a un costado.
Tu arma estaba en alto cuando detrás de un arbusto salió Lo'ak.
Su rostro y manos estaban llenas de sangre mientras que sus ojos amarillos te observaban fijamente. Su cola se movía de un lado a otro curioso por tu presencia.
---- Lo'ak ---- llamaste en voz baja observando cómo sus orejas se movían.
Estaba en trance aún, podías notarlo en la forma que te miraba y eso significaba que tal vez estabas jodida.
Cuando te moviste de tu lugar solo un poco el na'vi siseó acercándose poco a poco a ti mientras olfateaba el aire. Tú lo permitiste observando con ojos atentos cómo el muchacho comenzaba a caminar a tu alrededor.
Esperaste con atención.
Soltaste un ligero suspiro de nervios cuando el na'vi acercó su nariz por debajo de tu mentón. Sabías que era una mala idea, que si él deseaba podía arrancarte el cuello de un mordisco, pero no querías dispararle, no te sentías bien con la idea de acabar con su vida y era estúpido porque hace unos momentos habías asegurado que le dispararías si era necesario.
Dejaste salir un suspiro de alivio cuando se alejó, viendo como iba de nuevo detrás del arbusto para seguidamente oír cómo se desgarraba carne.
Te dejaste caer en el suelo en un sentón, ocultando a tu persona detrás de una roca para dejar que se alimente. Oíste los huesos quebrarse y la piel siendo separada de la carne llenando tu cabeza de la imagen de Lo'ak acechándote en las copas de los arboles, una imagen que probablemente jamás saldría de tu cabeza, una imagen que comenzaba a alterarte pues de repente todo te estaba apretando. Tus manos temblaban y sentías como era difícil respirar, tu pecho se apretaba y sentías que todo comenzaba a sofocarte fue de forma inconsciente cuando tus dedos buscaron las correas del chaleco antibalas abriéndola para sacarlo de encima tuyo.
Lo lanzaste lejos de ti, cerrando tus ojos con fuerza mientras tu respiración comenzaba a tranquilizarse al sentirte con más movilidad.
Estuviste por más de dos horas oculta detrás de la roca.
Horas en la que ellos pudieron avanzar y encontrarlos, más no lo hicieron... cómo si se hubieran rendido con ustedes lo cual te daba mala espina.
No hubo otro sonido más que Lo'ak comiendo.
A los minutos el ambiente se llenó de un suave llanto qué expresaba desesperación y a pesar de los sollozos la carne no había dejado de ser rasgada causando que tus vellos se pusieran de punta.
Te levantaste de donde estabas con cuidado, intentando hacer el menor ruido posible. Tus pasos fueron con lentitud hacia Lo'ak quien estaba detrás de los arbustos dándote la espalda. Cuando estabas a unos metros de él te asomaste por encima de las hojas, los vellos de tu piel se erizaron al notar cómo debajo de Lo'ak había un avatar lleno de mordiscos, su rostro ya no estaba y los huesos de sus brazos y cuello se asomaban.
Desviaste la mirada a otro lado, dando pasos hacia atrás ante la imagen frente a tus ojos.
Ibas a regresar a tu escondite de no ser por las pequeñas súplicas que comenzó a soltar el na'vi.
— P-por favor... B-basta. Basta, p-por favor.
La duda llenó tu cabeza, incapaz de moverte y alejarte de Lo'ak quien lloraba y pedía quién sabe qué.
----¿Lo'ak? — llamaste insegura, con un tono suave sin saber si se alteraría— ¿Todo bien?
El muchacho se giró rápidamente, sus iris dorados se encontraron con los tuyos y una vez que su persona fue consciente de ti no dudó en saltarte encima. Tu arma se levantó llena de pavor, la duda te hizo apuntar a sus piernas sin atreverte a disparar a su pecho y matarlo. Las balas atravesaron sus muslos, sin embargo, él no se detuvo.
De forma inevitable su mandíbula atrapó tu hombro y sus colmillos perforaron tu piel llenándote de un inmeso dolor. Tus dientes se apretaron intenado evitar gritar para no encender algo en él. Tus manos habían soltado tu arma para agarrar con fuerza su cara y empujar su rostro para alejarlo de ti. Cuando pensabas que iba a arrancar tu hombro su cuerpo comenzó a temblar y los sollozos volvieron a escapar de su boca.
Ambos se paralizaron.
Sus dientes habían dejado de jalar y simplemente se quedaron quietos perforando tu piel. Las lágrimas que salían de sus ojos comenzaron a caer en tu piel llenándote confusión.
Lentamente y sin entender qué estaba pasando tus manos dejaron de aplicar fuerza.
Él no se alejó, en cambio su llanto se volvió desesperado.
Tus manos que aún se mantenían en sus mejillas poco a poco comenzaron a rodearlo, lo abrazaste con fuerza intentando brindarle calma. Tus manos sobaron con suavidad su espalda y con voz baja comenzaste a tararear la misma canción que te cantaban de niña a la hora de dormir.
Él siguió llorando y sus dientes no abandonaron tus hombro en ningún momento, pero aquello no te importó.
Intentaste ignorar el dolor de tu hombro a cada movimiento de sus sollozos esperando con paciencia que llegara tranquilizarse porque sentías que era la única forma en la que ambos saldrían de esta situación.
Lo'ak estaba mal.
Todo a su alrededor estaba lleno de colores, sus sentidos estaban en el punto más alto donde podía oír hasta el más pequeño insecto, podía oler a la persona más lejana y sus papilas gustativas se llenaban de éxtasis al sabor de lo que masticaba. Su cuerpo estaba lleno de felicidad y placer mientras comía hasta que el avatar que devoraba se transformó en alguien que conocía bien.
Kiri le rogaba que parara.
Sus manos intentaban apartarlo con desesperación, sus ojos suplicaban por piedad y a pesar de que la voz de su hermana estaba llena de terror él no se detuvo.
Fue la misma historia de siempre.
No pudo detenerse. No sabía cómo hacerlo... Hace tiempo que había olvidado cómo hacerlo.
Una voz lo llamó en el acto y eso lo alteró por que verían a su pobre hermana siendo despedazada por él. Verían al monstruo en el que se había convertido con el pasar de los años, sabrían los deseos que llenaban su cabeza y volverían a abandonarlo para dejarlo a su suerte . Su desesperación lo hizo atacar a quien sea que se estuviera acercando, ignorando el vuelco en su estómago ante el terror de ser abandonado.
Lo'ak mordió y estaba dispuesto a arrancar su piel de no ser porque el olor que tanto adoraba llenó su mente y nubló sus miedos. Su olor y su tacto llegaron a él con suavidad, extendiéndose por todo su cuerpo como una marea pacífica y aquello lo hizo entender que ella era la persona debajo de él.
Sus suaves manos intentaban apartarlo. Las súplicas que se escapaban de su boca con voz suave lograron que su corazón se apretara.
Lo'ak se forzó a controlar el impulso de morder.
Fue complicado ignorar las ansias de devorar cuando tu aroma llegaba a sus fosas nasales, sin embargo, aquellos ojos azules lo miraban fijamente.
Lo'ak no sabía qué era real.
Si era ella, si eras tú. Si aquellos ojos azules se encontraban con él, si tu aroma era el verdadero. Si ella eras tú o tú eras ella.
Si él realmente deseaba que tú fueras ella.
Deseaba tanto comerte, pero odiaba la idea de perderla.
Lo'ak sintió cómo unos brazos lo rodearon brindando consuelo a sus pesares. Su corazón, anhelante a contacto cariñoso se derritió. De repente volvió a ser un niño pequeño en los brazos de su madre, siendo amado y querido.
Los sollozos volvieron a escapar de su boca cual lluvia torrencial, la necesidad de quedarse ocultó entre los brazos de su madre lo abrumó. Su corazón buscó con desesperación el consuelo que necesitaba. Su cuerpo cosquilleaba ante las caricias amorosas que había olvidado cómo apreciar.
A esta sensación se le unió un suave tarareo llevándolo a donde necesitaba llegar. Su cuerpo flotó entre el mar tranquilo y el dolor de su pecho fue arrebatado con cariño. Su corazón fue besado con amor y toda su persona se sintió protegida entre los brazos del recuerdo de su infancia. Todo a su alrededor comenzó a volverse nítido y él pudo reconocer dónde se encontraba. Tu voz y olor se volvieron claros.
Por primera vez pudo decir que se sintió aliviado de que estuvieras ahí.
Su mandibula se abrió. Ignoró el sabor de tu sangre para centrar su atención en la herida que había dejado en tu hombro.
Cientos de emociones volvieron a abrumarlo. La duda e incertidumbre de tu pensar comenzaron a agobiarlo. El temor de volver a ser dejado atrás nubló cualquier pensamiento racional y la idea de volver a estar solo lo destrozó.
----Perdón... Y-yo- perdón ---- sollozó con manos temblorosas.
Se alejó de ti en segundos, intentando demostrarte que no volvería a hacerlo. Que a pesar de que a veces deseara comerte, él realmente no quería hacerlo y podía evitarlo.
-----Está bien, tranquilo ---- exclamó tu voz sin dejarle en claro qué es lo que pensabas ---- voy a estar bien.
El negó desesperado, deseando que entendieras, que supieras que lo había hecho sin pensar.
Que él no era así.
-----N-no quería... Yo- ¡es verdad! — aseguró sin dejar de sollozar — ¡y-yo-! ¡yo no quería!
Él no deseaba ser así.
----No pasa nada, Lo'ak ----- intentaste apaciguar su crisis ----. Enserio.
A él no le gustaba ser así.
----¡N-no, es que yo-!
Tus manos tomaron su rostro y sus ojos fueron obligados a encontrarse con tus pupilas.
-----¡Hey! ¡Te dije que no pasa nada!
Su cuerpo se paralizó cuando tu rostro estaba a escazos centimetros del suyo y el vidrio de la mascara chocaba con su frente. Sus pupilas se quedaron quietos en tus iris y la calma fue llenando poco a poco su corazón. Fue consciente de la calidez de tus manos, fue consciente de las caricias que tu pulgar le brindaba a sus mejillas y por un momento llegó a sentir lo que los ojos azules le hacían sentir.
----Bien... — murmuró en un balbuceo, sus manos se aferraron a tus muñecas — Y-ya estoy mejor, ya pasó.
Asentiste alejando tus manos de sus mejillas con cuidado. Tu hombro cosquilleba por la herida abierta y la sensación de entumecido comenzó a carcomer tu brazo.
Tus ojos miraron a tu alrededor, alerta a los sonidos del bosque ante la duda de si los soldados ya habían decidido volver a seguirlos.
-----Debemos avanzar, no sé si ellos nos están buscando.
Lo'ak asintió levantándose del suelo mientras una mueca de dolor aparecía en su rostro. Ambos miraron sus muslos, los cuales estaban perforados por un agujero del cual salía sangre. Se quejó mientras daba un paso más cerca de ti.
Tus ojos fueron a tu propio cuerpo lleno de suciedad y sangre.
Estaban hechos mierda.
----Joder, espero que esa savia haga milagros. ----- bromeaste haciéndolo reír.
Lo'ak revisó su cuerpo, sobando sus hombros con una mueca de dolor.
----¿Con qué peleamos? — cuestionó extrañado, intentando estirar su cuerpo — ¿Con un thanator? Me duele el cuerpo.
Tus ojos miraron al soldado que había estado comiendo y luego a su rostro el cual seguía con una mueca de dolor.
-----Bueno, tú con muchos soldados ---- te alejaste de él yendo detrás de la roca donde habías dejado todo lo que robaste — Yo con un tigre.
Sus orejas apuntaron hacia a ti, para seguidamente agacaharse al entender a qué te referías. Le restaste importancia, tomando con cuidado la hielera para colgarla intentando no mover tu hombro herido. Acomodaste el arma como si fuera un bolso y finalmente te giraste a Lo'ak quien caminaba con pasos cuidadosos hacia ti.
----- Oye, toma esa mochila y el arco.
Se acercó con lentitud, agachándose mientras aguantaba una mueca de dolor. Colgó el enorme bolso negro en su hombro, cruzó el arco en su pecho y luego te miró con curiosidad.
----¿Qué hay aquí?---- cuestionó moviendo el bolso para escuchar lo que había en el interior.
El metal de los tanques chocó entre ellos tu mano tomó su muñeca para evitar que siguiera moviéndolos de esa forma.
---- Tanques de oxígeno, me va ayudar con la máscara.
----¿Tanques de oxígeno? ---- asintiste mientras sus ojos miraban la pequeña hielera qué colgaba en tu cadera ---- ¿Y eso?
Guardaste silencio, dudando si decirle o no lo que contenía el pequeño contenedor. Soltaste un suspiro mirando directo a sus iris.
----Tu droga.
Sus cejas se alzaron demostrando su sorpresa ante tus palabras. Sus orejas se agacharon y su cola se enrrolló en su muslo mientras sus ojos evitaban los tuyos lleno de timidez. Se encogió de hombros parpadeando con rapidez, sus dedos fueron al lóbulo de su oreja comenzando a jugar con el sin atreverse a mirarte.
----Gracias...
— De nada.
Sin más seguiste caminando.
Lo'ak no podía entender del todo tus acciones y por qué llegar tan lejos por él. Era consciente de que debías ir a las instalaciones por tu oxígeno, pero no tendrías una razón para ir por la droga. Arriesgar tu vida de esa forma por él... De hecho, podías simplemente dejarlo atrás y tener una carga menos.
Probablemente Lo'ak sabía la respuesta de tu actuar, pero se negaba a verla para no sentirse usado una vez más.
-----¿A dónde iremos? ---- cuestionó caminando con lentitud detrás tuyo.
Sus muslos dolían.
— Solo quiero alejarme de las instalaciones.
No dejaron de caminar hasta que la noche cayó.
Lo'ak jadeaba detrás tuyo sus piernas temblaban y el sudor bajaba por su frente. Su respiración era pesada conforme pasaba el tiempo y su rostro ya era incapaz de esconder el dolor que le estaban causando sus heridas.
Tomaste una bocanada de aire cuando tu hombro volvió a punzar, si seguías de esta forma y no trataban sus heridas probablemente se infectarían.
--- C-creo que ya no puedo caminar ---- soltó Lo'ak mientras sus dedos se aferraban a sus caderas ---- mis muslos me están matando.
Asentiste quitando con movimientos temblorosos la hielera y el arma de encima tuyo. La máscara se empañó gracias a tu suspiro cansado.
— Necesitamos la flor — Señalaste, incómoda por el sudor que bajaba de tu frente sin poder limpiarlo — dime cómo encontrarla e iré por ella.
Lo'ak negó, dejando el bolso negro en el suelo mientras se ponía derecho.
— La oí hace rato, yo iré por ella.
— Ni siquiera puedes caminar, solo dime cómo encontrala.
— Yo puedo, enserio. Tú busca un refugio.
El na'vi comenzó a alejarse de ti y a pesar de que seguías pensando que debería descansar no seguiste discutiendo porque también estabas agotada.
---- No te alejes tanto ----. Te recordó dándote una última mirada.
Asentiste quedándote quieta en medio del lugar para intentar tranquilizar el dolor que recorría todo tu cuerpo. Cerraste tus ojos con fuerza y cuando tu cerebro envió señales a tu cerebro tus pies comenzaron a moverse mientras tus ojos buscaban el lugar que los mantendría a salvo.
Debías olvidarte de la copa de los arboles, pues ninguno podía escalar en las condiciones que habían quedado.
Después de una larga caminata donde comenzabas a sentirte demasiado cansada tus ojos encontraron un gran hueco debajo de un árbol, las raíces se enredaban casi haciéndolo ver como una cueva donde tú y Lo'ak cabían perfectamente. Tus manos tomaron la hielera con movimientos lentos, empujándola dentro del hueco con tu mano sana. Arrastraste la mochila, empujando el bolso y el arma en el refugio improvisado.
Pensar que tu mano ya estaba sana y ahora volver a estar herida en la misma mano era tan frustrante.
Dejaste de lado tus lamentos levantando tu trasero del suelo para ir a arrancar hojas de las plantas que había a tu alrededor colocándolas como paredes para amarrarlas con enredaderas a las raíces. Tomaste otras para usarlas como cama y cobija para Lo'ak y para ti. Cuando terminaste todo te metiste al escondite respirando agitada, tu hombro punzaba por el esfuerzo y tus parpados se cerraban por si solos debido al agotamiento que invadía todo tu cuerpo. A pesar de todo eso, no te permitiste descansar y tus manos se movieron para hacer una pequeña fogata para mantenerlos cálidos.
Sacaste el encendedor de tu bolsillo, intentando encender la llama a pesar de que tu hombro punzara. Cuando la llama se formó miraste fijamente en el baile del fuego, te concentraste en ella ignorando el dolor de la mordida de Lo'ak.
Ni siquiera sabías como habías sobrevivido a eso.
---- ¡Ey! — saliste de tu trance — ¿Dónde estás?
Tomaste una hoja para prenderle fuego y luego lanzarlo a la fogata. Cuando las ramitas se prendieron hiciste un esfuerzo para salir del refugio.
— ¡Acá!
Unos pasos se acercaron con rapidez y luego Lo'ak estaba en tu campo de visión. El muchacho soltó una pequeña risa cuando te vio asomarte del hueco.
----¿Qué haces ahí?---- preguntó sentándose con movimientos lentos.
Sus dedos masajearon encima de los orificios, formando una mueca al sentir el dolor punzante.
---- Este es el refugio, no te burles.
Mordió su labio inferior evitando reírse.
----Bien, bien, no me burlo.
Volviste a entrar en el hueco y Lo'ak se arrastró detrás tuyo con dificultad. Una vez que estuvo sentado comenzó a arrancar los pétalos de la flor, poniéndola encima de una roca plana y comenzar a triturarla con otra roca.
Sus ojos te miraron cuando la pasta comenzó a exudar el liquido rojo con olor agrio.
— ¿Lista? — preguntó tomando la pasta con sus dedos.
Te miró tomar aire, tus dedos desabotonaron la camisa que habías robado, quitandotela con cuidado para solo quedar con tu blusa de tirantes. Tus dedos apartaron la tela de tu manga de la herida con una mueca de dolor. Cerraste los ojos con fuerza y miraste a otro lado esperando sentir el ardor.
No pudo evitar sonreír divertido ante tus muecas. Sus dedos limpios tomaron tu muñeca y finalmente puso la pasta encima de tu enorme herida. Tu cuerpo saltó y tus manos apretaron con fuerza la tela de tu pantalón.
----¡T-tu puta madre! ---- te quejaste comenzando a temblar mientras apretabas tus labios --- verga, ahora sí lo sentí hasta los huesos.
Lo'ak comenzó a sentirse culpable conforme las quejas salían de tu boca observando cómo tus manos temblaban debido al ardor.
----Lo siento ---- volvió a disculparse con sus orejas gachas.
Le brindaste una sonrisa calmada, poniendo un pedazo de hoja encima del ungüento. Pusiste el tirante de la manga en su lugar y con cuidado recargaste tu espalda en una de las raíces.
-----Está bien, ya te dije que no pasa nada.
Lo'ak miró los agujeros en sus muslos, los cuales había tapado con hojas que había encontrado. Sus dedos sacaron con cuidado las hojas causando que un escalofrío subió por toda su espina dorsal, las heridas punzaron y sangre empezó a salir de ellas. Sus dedos tomaron la pasta y sin darle tiempo a su cabeza a pensar metió la pasta en las heridas. Sus piernas temblaban mientras el ardor se acrecentaba. La sangre se detuvo y los orificios fueron cubiertos. Lo'ak limpió las lágrimas que se habían acumulado en sus ojos debido al dolor.
Sus ojos buscaron tu mirada, encontrándose con una sonrisa divertida ante sus quejas.
-----Estamos a mano ---- murmuró mientras masajeaba sus muslos — ¿quién me disparó?
Desviaste tu mirada a otro lado.
----Creo que debemos suturar la herida ---- murmuraste viendo de reojo la mordida en tu hombro.
Aunque la herida de tu mano también estaba fea y no hizo falta suturarla. No querías que la herida de tu hombro se viera tan fea. Así que unir la piel con un hilo te haría sentir mucho más segura que mantenerla al aire libre.
Lo'ak se movió, quitando de la tela que le cubría un pequeño palito.
----Traigo esto, así lo hacíamos en donde vivía ---- comenzando a atar una pequeña raíz en una astilla de hueso — estará bien por la pasta.
---- Ni siquiera esta desinfectado. ¿De dónde sacaste esa cosa? — cuestionaste sin estar del todo segura.
Sus iris te miraron un segundo volviendo su atención a la pequeña astilla en sus manos.
---- Te va a doler, no tanto con el ungüento, pero si, va a doler.
Te ignoró.
No te daba miedo el que deban suturar tu brazo, sino, el hecho de que no sabías de donde había sacado la aguja y la raíz. ¿Si se te infectaba? Eso no estaba higiénico.
Tus ojos miraron sus manos y luego bajaron a sus muslos los cuales tenían pasta acumulada en la heridas de bala. Entonces la idea se formó en tu cabeza y si ibas a perder un brazo por infección él perdería sus piernas.
-----Bueno, tú primero.
Sus ojos te miraron enseguida, negando rápidamente.
---- ¡No! Yo no quiero coserme.
Tu ceño se frunció y tus manos apuntaron a los agujeros de sus muslos.
— Eso debe cerrarse y sacar las balas que están dentro.
Su cola se erizó minetras sus hombros se encogían intentando ocultarse de tu mirada.
— P-puedo vivir así.
Tu ceño se frunció mientras mirabas fijamente al na'vi quien aún seguía evitando tu mirada.
----Piedra, papel o tijera ---- dijiste estirando tu brazo.
Sus iris dorados te miraron sin entender. Sus manos habían dejado de moverse mientras se concentraba en tu persona.
----¿Y eso qué es?
Rodaste los ojos, explicaste el juego de la forma más simple posible para que él lograra entenderlo. Una vez que asintió se quedó quieto mirándote.
— ¿Y esto para qué?
— Para ver quien va a ser cosido primero.
Sus hombros se tensaron y con rapidez comenzó a negar.
— No quiero.
— Lo'ak.
De repente comenzó a sollozar intentando cubrir sus heridas de tu mirada.
— Me va a doler... — Se quejó entre llantos — n-no quiero coserme.
— Te prometo que solo será una puntada. Lo haré rápido.
Limpió las lágrimas de sus mejillas y sorbio sus mocos sin dejar de mirar el suelo.
— Tú primero...
Hiciste una mueca inconforme, porque no sabías si podrías evitar gritar y no asustarlo.
— ¿No quieres ser tu primero para que sea más rápido? Tus heridas son más pequeñas.
Su ceño se frunció contrariado. Sus ojos se desviaron y con inseguridad asintió. Se acercó temblando y llorando a tu persona. Sus enormes dedos te entregaron la aguja del hueso con la pequeña raíz ya atada a él. Tus dedos la tomaron con cuidado, dándole a Lo'ak la correa de la bolsa para que la mordiera.
Sus mejillas estaban empapadas de sus lágrimas, sin embargo, dejó que te acercaras lo suficiente para coser sus heridas.
---- Voy a comenzar ---- avisaste tocando su muslo.
Cuando la aguja atravesó su piel, un alarido de dolor fue retenido por sus dientes apretados. Su cola golpeó con fuerza el suelo y sus piernas comenzaron a temblar, aunque no estabas segura si por el miedo o el dolor.
Sus uñas rascaron el suelo y su espalda se dobló intentado evitar mover sus pies. Fuiste rápida cuando hiciste el nudo, no dejaste que pensara cuando ya estabas cerrando el otro orificio. Volvió a removerse y gritar, sin embargo, no le diste descanso hasta que las dos heridas estaban cerradas.
Te apartaste de él con rapidez, levantando tus manos mientras lo veías recostarse por completo en el suelo. Su cuerpo sufría de espasmos y los sollozos aún escapaban de sus labios.
----- Me duele ---- se quejó.
Asentiste sin dejar de mirarlo.
— Es normal... — consolaste sin desviar tu mirada — ¿Quieres seguir descansando?
Guardó silencio. Sus manos temblorosas limpiaron sus mejillas y con dificultad se sentó. Sus dedos tomaron la aguja que le entregabas y con respiración más tranquila tocó tu hombro.
Tomaste una gran bocanada de aire para luego poner la correa de la bolsa en tu boca, tus manos se aferraron a la tierra y cuando el pequeño hueso atravesó tu piel gritaste con los dientes apretados. La tierra debajo tuyo se metió entre tus uñas y el sudor volvió a bajar por tu frente mientras las punzadas de dolor entumían todo tu brazo.
Era mucho menos doloroso de lo que sería, pero aún seguía doliendo.
---- ¡Puta madre! ---- balbuceaste cuando volviste a sentir cómo perforaba tu piel.
-----Está bien, está bien, ya casi ---- consoló haciendo muecas cada vez que gritabas.
Cuando el martirio terminó todo tu cuerpo temblaba debido a el dolor que habías pasado.
Tus ojos fueron a la herida la cual tenía puntadas irregulares, seis puntadas recorrían tu hombro manteniendo las aberturas cerradas. Tragaste con dificultad para arrancar la parte de abajo de toda tu camisa, dejándola encima de tu ombligo. Ignoraste el frío y con manos temblorosas intentaste amarrarla a tu hombro. Lo'ak te ayudó al ver tus pobres intentos de vendaje, asegurando una hoja encima de la herida para después envolver la tela.
Una vez que terminó ambos se miraron sin decir palabra alguna. Estaban agotados y adoloridos.
Tu hombro estaba caliente y sentías cómo la herida palpitaba a cada movimiento que hacías. Lentamente fuiste recostándote en las hojas que habías metido como una cama improvisada, tu cuerpo se quedó cerca del fuego intentando calmar los escalofríos que sufrías.
Lo'ak te siguió rápidamente, recostándose a tu lado atento a cómo regulabas tu respiración y caías en un profundo sueño.
Esperó con paciencia sin dejar de observarte moviendo sus orejas a cada sonido que oía del exterior. Una vez que estaba seguro de que nada te despertaría gracias a tus ronquidos decidió que ya podía tomar tu mano. El muchacho juntó sus manos suavemente, separando y juntando tus dedos a modo de juego intentando evitar hacer movimientos bruscos para no lastimarte.
Ahí fue cuando centró sus ojos en la herida de tu hombro.
Seguía sin entender por qué arriesgar tanto por él.
Lo'ak sabía que la droga había estado en su sistema. Él sabía que la tranquilidad que recorría todo su cuerpo no era porque haya superado los años de tortura. Él conocía muy bien cómo llegaba a sentirse su cuerpo después de su dosis del mes y también sabía cómo llegaba a comportarse cuando estaba bajo los efectos del líquido rosa.
Eso significaba que tú habías visto su lado más bajo y aún así habías decidido mantenerlo a tu lado.
Cerró sus ojos recordando el sabor de tu sangre en su boca provocando que su estómago gruñera. Su nariz se arrugó conforme más se acercaba a ti, tu aroma a bosque invadió sus fosas nasales grabándose en su pecho, llevándolo a la línea de la calma y la ansiedad. Cuando comenzó a sentir que se ahogaba en tu aroma de bosque y pólvora cambió de forma repentina a un mar calmo y conchas preciosas.
Lo'ak sonrió entre sueños cuando aquella voz suave llamó su nombre.
Tsireya era su recuerdo más preciado.
___________________
●|●|●|●|●|●|●|●|●|●|● ADVERTENCIA. ●|●|●|●|●|●|●|●|●|●|
Contenido sexual, suic/dio, adicciones, maltrato psicológico, sangre, mención de abuso se/ual.
~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
Capitulo 1.
https://www.tumblr.com/yuzuyom/771055584661422080/a-d-v-e-r-t-e-n-c-i-a?source=share
Capitulo 6.
https://www.tumblr.com/yuzuyom/778842425250709504/post-by-yuzuyom-1-image?source=share
~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
7. Convivencia.
----No mames, hablas inglés----. Fue lo primero que salió de tu boca.
El Na'vi asintió evitando tu mirada llena de sorpresa.
Todo comenzó a ser claro para ti como si una puerta se hubiera abierto ante tus ojos... Era obvio. ¡era tan puto claro!
¿Cómo habías sido tan estúpida? ¡Siempre entendía todo lo que decías! No respondía, pero obedecía y se molestaba cuando te burlabas de él.
La molestia creció y si antes tuviste la fuerza para controlar tus impulsos, esta vez te fue imposible retenerte. Tus manos apretaron la arena y en un acto de mero impulso le lanzaste la arena a los ojos ganándote un siseó por su parte.
----¡Por cabrón! — te quejaste mientras lo mirabas tallar sus ojos.
---- ¿¡Por qué hiciste eso!? ----- exclamó incómodo, intentando aclarar su vista. Después de unos segundos su mirada confusa te observó fijamente ---- ¿y eso qué quiere decir?
Apretaste los labios con rabia, controlando tus deseos de golpearlo por el coraje que te abrumaba.
-----¡No hablaste conmigo hasta que casi desaparezco en el mar! — recriminaste con rabia — ¿¡Quién hace eso!? ¡Pinche mamón!
Guardó silencio mirándote con expresión arrepentida. Sus brazos abrazaron sus rodillas y su cola se envolvió en su propia pierna, tal vez para brindarse protección.
----- Txoa... ---- murmuró con su atención en la arena y sus orejas agachadas.
----¿Qué? No te entiendo ----. Lo miraste con el entrecejo fruncido.
En su rostro podías ver el esfuerzo que estaba haciendo por pronunciar las palabras.
---- Lo siento.
Tus iris estudiaron su mirada la cual parecía llena ansiedad, como si el solo hecho de hablar lo estuviera matando. Soltaste un suspiro mientras aceptabas la situación... Tampoco debías culparlo, tienes que tener en cuenta su situación.
Tus ojos se desviaron a las profundidades del bosque.
----Bien, lo acepto.
Te miró sorprendido con su boca entreabierta debido a tus palabras. Te pareció extraño, más no lo mencionaste para no hacerlo sentir incómodo.
Te levantaste del suelo mientras tus manos intentaban sacudir la arena de tu pantalón mojado sintiéndote incómoda cuando tu cerebro fue consciente de la tela pegándose a tu piel.
— Debemos seguir avanzando ---- avisaste mientras esperabas con paciencia a que hiciera lo mismo que tú.
No tardó mucho en hacerlo y en un silencio extraño ambos siguieron su camino.
Saber que podrías comunicarte con él sin ninguna barrera te parecía como un extraño sueño. Fueron meses donde él nunca habló y ahora que podías mantener una conversación tu cerebro estaba en blanco. Tal vez, sería el momento perfecto para conversar acerca de a dónde se dirigían.
El sonido de piel seca te hizo mirarlo. Tu nariz se arrugó incómoda ante la imagen de él rascando su brazo con ansiedad. Volviste a mirar al frente llevando tu mano al mango de la navaja para comenzar a jugar con él.
— ¿Cómo te sientes? — cuestionaste mirando de reojo en su dirección.
Podías notar la confusión en su rostro debido a la repentina pregunta. Soltaste un suspiro mientras tu mirada se giraba para verlo de forma directa y con un poco de duda tu dedo apuntó a su brazo el cuál ya se veía rojo debido al maltrato de sus uñas.
Dieg-... Lo'ak.
Lo'ak abrió sus ojos con terror. Dio unos cuantos pasos hacia atrás mientras la ansiedad se apoderó de sus facciones. Sus hombros comenzaron a subir y bajar dejándote en claro que comenzaba a alterarse ante un tema que no quería tocar.
Podías sentir tus vellos erizarse ante su reacción. Te detuviste en seco, levantando tus manos para hacerle ver qué no pasaba nada.
----- Tranquilo —. soltaste sin acercarte — Debes respirar ----. intentaste calmarlo siendo inútil pues sus ojos ya se habían desviado al suelo----. Mírame, solo debes respirar.
Intentaste buscar su mirada mientras él negaba y se alejaba de ti cada vez más y más, de repente el agua había llegado a sus rodillas y tu corazón martilló contra tu pecho debido a los nervios.
El muchacho estaba más centrado en entrar en pánico que en hacerte caso.
Sus ojos vagaban por toda la playa menos en ti y sus brazos comenzaban a ser mucho más bruscos con su propia piel.
Era un ataque de ansiedad y la única forma de detener esto era haciendo que su mente se distrajera en cualquier otra cosa.
¿Qué debías hacer?, ¿Cómo podrías regular las emociones de este chico? Primero debías de llamar su atención y tu voz no estaba funcionando en él.
Apretaste los labios mientras dabas un paso decidido al frente.
----Bien, escucha. Voy a acercarme ¿Me oyes? ---- informaste mientras dabas pequeños pasos hacia él. No pareció alejarse, pero tampoco entender lo que estabas diciendo. Estiraste tu mano con lentitud para hacerle ver que no ibas a hacerle daño ---- voy a tocar tus manos, no te haré daño -----. Él seguía sin mirarte. Respiraba agitado mientras sus uñas rascaban con más fuerza sus brazos ----. Lo'ak, concéntrate en mi voz.
Cuando tus dedos rozaron sus manos su cuerpo saltó debido a la sorpresa y finalmente sus ojos te miraron.
Sus iris dorados mostraban pánico, sin embargo, no se apartó de tu toque. Lo tomaste como una señal de que podías tomar sus manos. Sus dedos se aferraron a tu agarre y sin desviar tu concentración comenzaste a inhalar y exhalar despacio, intentando que imite tus acciones. Después de largos minutos donde no te detuviste comenzó a imitarte.
Tus dedos acariciaron el dorso de su mano.
----Sé lo que te está pasando ---- hablaste con voz suave ----- y sé que sino hacemos algo al respecto va a empeorar, por eso debemos ir a esa instalación.
Él negó, intentando alejarse de tu toque.
----- Está bien, está bien... ---- inhalaste y exhalaste volviendo a llamar su atención ---- yo iré. Necesito tu droga y también mi tanque de oxígeno. Pero debemos ir porque ambos necesitamos cosas de ahí — explicaste sin dejar de mirarlo a los ojos — Tú me esperarás en la selva y yo entraré en las instalaciones, ¿Entendido?
No dijo nada y por alguna razón tampoco esperabas que lo hiciera.
Un suspiro lleno de pesadez abandonó sus labios y con sus ojos invadidos en la duda asintió apretando tu agarre para brindarse fuerza.
----Tesur telen, ¿Recuerdas?
----Txur txe'len ---- murmuró de vuelta.
Una vez que su respiración parecía por completo regulada comenzaste a soltar sus manos con lentitud. Tu mirada pudo notar sus manos abrirse y cerrarse en un puño mientras su pesasa mirada seguía encima tuyo.
Carraspeaste mientras dabas pasos hacia atrás fuera del mar yendo a tu lugar seguro que era la arena. Esperaste paciente a qué él se alejara de ti para sentirse más cómodo... No lo hizo.
Él no se movió de dónde lo dejaste más que para caminar hacia adelante, jugando con sus dedos mientras miraba al suelo.
La travesía continuó.
Ambos siguieron en su caminata en un silencio que habías decidido formar. Las palabras se te habían borrado de la cabeza y ahora solo estabas en blanco. Al parecer a tu cerebro lo confundió el hecho de que podrías tener una conversación amena con... Lo'ak.
Lo que pensabas sería un alivio para él parecía ser más un problema. Pues las miradas insistentes que te enviaba comenzaban a confundirte.
No querías abrumarlo con preguntas, pero él parecía más abrumado con tu silencio.
Tu mirada se encontró con la suya de forma repentina y aquello pareció asustarlo pues notaste como dio un pequeño brinco aunque sus ojos no se desviaron de los tuyos.
Suponías que eso era un visto bueno para iniciar una conversación.
----¿Qué piensas hacer cuando vuelvas a casa? — preguntaste sin pensarlo mucho.
Cuando sus orejas se agacharon y sus ojos miraron el suelo entendiste que tal vez no haya sido una buena pregunta.
— No voy a ir a casa.
Apretaste los labios ante su respuesta.
Sus ojos miraron al mar de forma melancólica. No se atrevió a mirarte, pero podías saber que esa pregunta le había afectado por el lento movimiento de su cola y sus orejas bajas. Maldijiste a tu cabeza por no pensar bien las cosas y abrir tu boca sin pensar.
Era una pregunta difícil de responder para alguien que fue arrebatado de su hogar.
Él negó aún con su mirada en el mar y tú volviste la vista al frente sintiendo un poco de culpa.
A la lejanía una enorme colina se levantaba bloqueando el camino. Una clara señal para decirle adiós a la playa y peces.
Volviste a mirarlo notando la nube de tristeza que lo había rodeado. ¿Cómo lo consolabas en esto? Tal vez... Solo debías empatizar con su situación.
----Bueno, ya somos dos.
El Na'vi se giró en segundos. Sus iris dorados demostraban la más pura curiosidad y eso te causó un poco de gracia.
Tus manos se escondieron en tus bolsillos y con una sonrisa divertida no dudaste en bromear acerca de la situación.
----No pensaste que me encerraron contigo por bonita, ¿O si?
Él sonrió divertido mirando sus pies que no habían dejado de avanzar. No dijiste nada pensando que la conversación había terminado, de notar ser porque sus ojos volvieron a mirarte esperando a que continuaras.
Bueno... Ninguno de los dos eran santos, entonces no veías porque no ser sincera con él.
----Le volé la cabeza a mi escuadrón ----. Confesaste ganándote una mirada llena de sorpresa y confusión ----. Hicieron cosas que no me agradan, entonces me moví sin pensarlo ----. Guardaste silencio sin saber cómo decirlo — No niños. Él sobrevivió, pero yo fui confinada a tu celda.
De repente todo en él comenzó a emanar rabia. Su cola, la cuál era bastante expresiva se movía de un lado a otro como la de un gato enojado, sus orejas estaban hacia atrás y sus labio mostraron sus colmillos.
Tu mano fue a la navaja de forma inconsciente atenta a sus acciones.
Él se detuvo y tú lo imitaste girando tu cuerpo para mantenerte preparada a un ataque.
---- Estabas de acuerdo con lo que hacían en Na'vis adultos —. Recriminó apretando los puños.
----No.
----No hiciste nada para detenerlo. ---- acusó mostrando los dientes.
Tiene razón. Eras egoísta, pues eras humana después de todo.
----Porque era yo o ellos, Lo'ak ---- fuiste sincera sin pensarlo, por supuesto, tu respuesta no le agradó ----. No tengo nada en contra de tu gente, pero tampoco les tengo un cariño para arriesgar mi vida.
Su entrecejo pareció dudar y algo como dolor se mostró por un segundo en sus pupilas.
----Lo hiciste por el niño ----. Señaló mirando al suelo.
----Hmm, si, supongo que si ---- aceptaste alzando los hombros — era un niño. Los niños no pueden defenderse solos.
No tolerabas ver a los niños sufrir.
Hubo silencio. Un silencio tenso que te obligaba a mirarlo y gracias a eso pudiste notar como la duda inundó sus facciones. Su boca se abrió y cerró inseguro ante las palabras que querían escapar de sus labios.
---- T-también a mi... — murmuró mientras sus ojos miraban el mar con duda — me liberaste ---- recordó volviendo su vista a la tuya.
Asentiste sin desviar tus pupilas de las suyas.
----- El confinamiento hizo que te tomara cariño ---- . Confesaste sin dudar en tus palabras causando que sus facciones se llenen de sorpresa ----. Aunque al principio intentaste matarme luego fuiste amable... Creo que es algo que tiene el cerebro humano, lo llamamos empatía o estupidez, como quieras verlo.
Casi cae.
Lo viste tropezar con su propio pie y eso te hizo retener la carcajada que querías soltar. Se estabilizó en segundos agachando sus orejas mientras la vergüenza coloreaba su rostro. Mordiste tu mejilla interna para evitar reír extrañada ante sus ojos incrédulos que te miraban de forma fija.
—Tú... — pareció dudar unos segundos, sin embargo, se forzó a soltar la duda que lo abrumaba — t-tú ¿me tienes cariño...?
Alzaste los hombros intentando restarle importancia, sin embargo, su mirada comenzaba a hacerte sentir pena y con dificultad asentiste.
---- No creo que tú me hayas llevado nadando por amor a ayudar ---- sus iris huyeron de los tuyos ---. Me tienes cariño... Ya sea por la situación o por el tiempo.
Guardaste silencio observando su figura sin saber qué más decir alguna respecto. Tus labios se quedaron sellados y de forma repentina una necesidad abrumó tu cabeza.
Fue inconsciente cuando la palabra se escapó de tu boca.
---- Lo'ak.
Su atención volvió a ti en menos de un segundo. Su mirada esperaba con paciencia a que algo saliera de tu boca y sus orejas estaban atentas a captar cada palabra que formes.
Miraste al frente intentando ignorar la vergüenza que creció en tu estómago.
----Nada. Solo quería decir tu nombre — ambos se callaron, siendo acompañados por el sonido del agua moverse — "Tigresito"
---- No me digas así ---- se quejó luego de unos segundos.
Sonreíste ante su respuesta tardía.
----- Ni siquiera sabes qué es.
El silencio volvió a extenderse entre ambos y después de unos segundos su voz volvió a interrumpir.
----¿Y qué es? — cuestionó con un tono dudoso.
Frunciste tu ceño mientras lo mirabas pensando en cómo describir a este animal para que él lograra entenderlo.
---- Se podría decir que es como la cosa con la que peleamos cuando caímos al pozo — pensaste con cuidado, aunque esa cosa te recordaba más a una pantera — solo que el tigre tiene franjas negras y su cuerpo es color naranja. Como tú.
Asintió mientras lo imaginaba, una pequeña sonrisa se formaba en sus labios.
----Genial ---- murmuró orgulloso.
Rodaste los ojos con una sonrisa en tu cara ante su modestia. Observando cómo comenzaba a mirar sus propias franjas.
Cuando una enorme sombra cubrió el sol tu vista volvió al frente observando aquel enorme precipicio que se levantaba delante de ustedes obstaculizando el camino. En la arena había montones de rocas variando en tamaño como una señal de que era suficiente. Suspiraste con fastidio desviando tu mirada a las profundidades de la selva donde la acosadora mirada aún los acechaba y esperaba con paciencia.
----Bueno... — comenzaste a hablar mirando en su dirección — Es hora de despedirnos de los peces y decir hola a las bayas.
El na'vi dio una ultima mirada a las profundidades del océano y después de unos segundos donde parecía despedirse forzadamente se giró dando pasos seguros hacia la selva sin mirarte.
Tú lo seguiste de cerca.
Ramitas bajo tus botas crujieron conforme más se adentraban. El sonido de las olas desaparecía y el pequeño rastro de miedo que vivía en tu pecho se iba conforme se alejaban de la playa. Lo'ak quitó hojas del camino sosteniéndolas hasta que tú las tomaras para evitar que te golpearan y eso fue un notable cambio hasta hace días.
Tus oídos estaban atentos a los alrededores esperando a que finalmente aquella criatura que los observaba se presentara aunque eso no pasó. Tu mano jugaba con el mango de tu navaja por si algo llegaba a atacarlos.
Después de un silencio que te pareció eterno decidiste hablar para hacer el recorrido ameno.
----¿Cómo vamos a hacer con la comida? ---- la sola mención de "comida" provocó que su estómago gruñera ansioso -----. Tu apetito es demasiado y los pescados ayudaban a mantenerlo a raya.
No dijo nada hasta que suspiraste frustrada por su silencio.
Su cuerpo se giró con lentitud y sus ojos te miraron desde arriba causando que tu ego se viera amenazado, pues su mirada no era nada amable.
---- Aquí también podemos cazar ---- murmuró observándote de arriba a abajo causando que una mueca de disgusto apareciera en tu rostro ----. Usarás un arco.
---- Prefiero un arma con balas, gracias.
Lo viste rodar los ojos ante tus palabras, su manos rascaron sin pensar sus brazos.
---- Haré un arco — aseguró sin esperar a que respondieras.
Lo'ak volvió a avanzar sin mirarte otra vez. Lo seguiste de cerca sin poner objeción, pues tenía razón y no veías por qué seguir con tu berrinche.
En el largo camino que recorrieron no hicieron nada más que avanzar sin detenerse ni por un segundo, centrados en el objetivo de llegar a donde necesitaban pues el tiempo era oro en esta situación.
Lo'ak no hablaba mucho, por no decir nada.
Desde atrás podías ver como su cabeza giraba de un lado a otro, alerta a los sonidos que se percibía entre los árboles. Sus orejas maltratadas se movían con pequeños tic intentando concentrarse en los sonidos y asegurarse de que ninguno representara un peligro.
También...
De vez en cuando te volteaba a mirar para asegurarse de que siguieras ahí. Tú le enviabas un "hey" cada que sus ojos se encontraban, sacándole una pequeña sonrisa que intentaba ocultar, porque al parecer veía esta acción muy divertida y tú lo repetías porque parecía divertirse.
El eclipse llegó despues de unas horas y el cielo se llenó de oscuridad y el bosque se iluminó gracias a las plantas de sus alrededores . Tus ojos notaron cómo el suelo bajo tus pies se iluminaba a cada paso que dabas y eso de alguna forma despertó tu curiosidad.
----Oye... ---- llamaste después de horas sin desviar tus ojos de tus pies que avanzaban a paso constante ----. ¿Por qué brilla el suelo?
Levantaste la mirada esperando ver alguna reacción ya que no contestaba. Notaste sus hombros tensos y su cola de forma repentina se había enredado en su muslo. Tu mano fue al cuchillo con lentitud atenta a su tono de voz por si corrías peligro.
--- Eywa.
Murmuró sin explicar nada más.
Tu entrecejo se frunció. Si, sabías de Eywa, pero eso no explicaba por qué el suelo se iluminaba.
----¿Eso qué tiene que ver?
Él soltó un suspiro frustrado rascando su nuca con ansias. Su cuerpo se giró y tú diste un paso hacia atrás. Su mirada expresaba incomodidad y ahora entendías que tal vez hablar de " Eywa" no era agradable para él.
----- S-solo... Así lo hizo ella.
Miraste sus manos que habían comenzando a rascar sus brazos de forma inconsciente.
----¿Te incómoda hablar de ella...? ---- preguntaste cuidadosa mirando fijamente sus pupilas.
Sus ojos se abrieron con sorpresa mientras sus orejas volvían a agacharse, después su mirada vago por todo el bosque y finalmente volvieron a ti.
---- S-si.
Asentiste mientras tu mano se alejaba de la navaja. Estiraste tus brazos y caminaste como si nada hubiera pasado.
---- Entonces no hablaremos de ella.
No escuchaste pasos detrás tuyo mientras avanzabas hasta después de unos minutos. Lo'ak se adelantó deteniéndose frente a ti sin dejar de observarte. Lo miraste sin entender su actitud al menos hasta que notaste que miraba a su alrededor.
----¿Debemos descansar?---- cuestionaste siguiendo su mirada.
---- Árboles.
Hiciste una mueca de cansancio porque estos árboles eran gigantescos y era seguro que la travesía sería agotadora.
---- Entonces debemos escalar...
Asintió ignorando tus palabras llenas de pereza. Ya se había acercado a un árbol y sin dudarlo comenzó a trepar a través de las enredaderas que rodeaban el enorme tronco. Un suspiro abandonó tus labios caminando hacia él sin dejar de arrastrar los pies.
Tus dedos se aseguraron a las lianas y tus pies se acomodaron mientras comenzabas a escalar. Tu mente se concentró en donde pisabas intentando ignorar el temblar de tus brazos y el sudor que bajaba por tu frente. Por si fuera poco, el vidrio de la máscara comenzaba a empañarse.
---- ¿Va a ser seguro arriba del árbol? — cuestionaste mirando a tu alrededor. Notando cómo las ramas se enredaba entre ellas en la copa.
---- Es más seguro que el suelo —. Soltó después de unos minutos.
Podías oír cómo se le dificultaba respirar y a veces se detenía cerrandos sus ojos con fuerza. Llegaste antes que él a una rama gruesa qué no se tambaleaba. Te asomaste por la orilla estirando tu mano cuando notaste que su rostro comenzaba a reflejar dolor. Él te miró respirando con pesadez, su mano se estiró temblorosa y cuando la tomaste hiciste un gran esfuerzo para ayudarlo a subir.
Por suerte estaba desnutrido.
Lo'ak se recostó en el suelo respirando con dificultad intentando regular con bocanadas de aire. Sus dedos intenaban mover la pequeña mascara que aún cubría su nariz para ayudar a sus pulmones se tomar oxígeno.
— Deberías quitartelo — señalaste sentada a un metro de él.
Sus ojos fueron hacia a ti llenos de terror, negando con su cabeza mientras abría la boca y respiraba por ella.
— No.
Asentiste sin decir nada más.
Cuando Lo'ak logró estabilizarse se quedó ahí un rato. Levantándose despues de bostezar por tercera vez. Caminó con pasos cuidadoso hacia las hojas arrancándolas para revisarlas, te entregó una sin mirarte alejándose de ti para quedar lo más lejos posible de tu persona. Lo viste recostarse y después solo se cubrió con la hoja sin decir nada más.
----¿No vamos a tomar turnos? ---- preguntaste confusa.
— Duerme.
Después de esas palabras el silencio los rodeó.
Tus ojos miraron con desconfianza a su alrededor. Él podría dormir tan campante, pero tú no. Tu cerebro no te iba a permitir descansar si el peligro acechaba. Aunque si prestabas atención, después de subir el árbol la mirada que los había estado siguiendo se esfumó.
Te recostaste con cuidado, cubriendo tu cuerpo con la enorme hoja. Tus ojos miraban a Lo'ak quien también se había acomodado observándote. La distancia no era tan grande, sin embargo, aún se sentía peligrosa por la incertidumbre.
----Buenas noches ----. soltaste después de un rato, comenzando a tararear para tranquilizar a tu ansiosa cabeza.
Por primera vez en años crees estar soñando algo.
Risas llenaban tus sueños.
Las pequeñas risas se revolvían con el suave tarareo de la voz de tu pasado.
Tu cabeza solo atinó a tomarlo como el inicio de un sueño. Hasta que las risitas aumentaban al punto de ser molestas y cambiar tu perspectiva a que tal vez era una pesadilla.
Eran como hienas. Burlonas y humillantes.
La sensación de tu pie siendo jalado te hizo preocuparte, sin embargo, el sueño era tan profundo que no podías moverte o tal vez estabas teniendo una paralisis del sueño. Maldejiste en tu cabeza cuando tus intentos por alejar tu pie de aquel agarre fue inútil, de repente la sensación de ser observada causó escalofrios en todo tu cuerpo y aquello hizo que detuvieras tus intentos de moverte prestando atención a los sonidos. La risa burlona se transformó en un gruñido y tu tobillo comenzó a punzar presentando un pequeño dolor que poco a poco fue creciendo.
Abriste los ojos encontrándote con una cosa parecida a un perro intentando arrastrarte a quién sabe dónde.
Pateaste a la cosa con fuerza haciéndola chillar.
Tu mano se movió en segundos hacia tu navaja la cual fue mordida con fuerza haciéndote apretar los dientes para no concentrarte en el dolor de tu mano. No podías titubear, así que tu otra mano se movió con la cual tuviste éxito y lograste clavarla en la cara de la maldita hiena.
Ahora que lo pensabas. ¿Dónde está tu maldito compañero?
-----¡Lo'ak! ---- gritaste pateando al que mordía tu pie.
No podías mirarlo porque estabas demasiado ocupada intentando no ser devorada. Cuando lograste levantarte miraste a el na'vi quién pateaba y empujaba a tres de estos perros gigantes. Ibas a correr y ayudarlo de no ser porque una mandíbula volvió a atrapar tu tobillo comenzando a jalarte y provocar que cayeras de golpe al suelo. Cuando miraste hacia atrás observaste como tu pie estaba en la boca de tres de esas cosas, el dolor era soportable porque estaban mordiendo la piel de la bota, estabas segura de que si no tuvieras ese calzado tu pie ya estaría despedazado. Tu navaja intentaba alejarlos, pero eran demasiados y si uno agarraba tu mano podrían inmovilizarte y morder tu cuello.
Estabas cerca de la orilla del tronco, tu única salvación sería lanzar a todos ellos. Con toda la fuerza que tu cuerpo cansado podía formar lanzaste tus piernas hacia el borde llevándote las tres por el precipicio. Las escuchaste aullar mientras caían y al final un golpe sordo que te aseguró que había funcionado. Tus manos se movieron desesperadas intentando aferrarse de la corteza del árbol ignorando el dolor punzante de tu mano herida, tu navaja estaba a metros de ti y por si fuera poco, podías sentir como una de esas criaturas colgaba aferrándose de tu tobillo y esta vez podías sentir sus colmillos rasgar tu piel.
-----¡Hijo de perra! ---- gritaste cuando su cabeza se movió de un lado intentando arrancar tu pie---- ¡Solo sueltame y muere, pinche cabrón!
Lo único que hizo eso fue llamar la atención de los que seguían cerca de ti y uno de esos perros no dudó morder tu mano que ya sangraba provocando que te soltaras de la corteza. Cuando la fuerza de tu única mano sana se estaba acabando te soltaste, el perro que mordía tu mano intentó mantenerte arriba pero por el peso ambos comenzaron a ser arrastrados hacia abajo, ibas a caer de no ser porque sentiste como el perro soltó tu mano y ahora alguien te tomaba con fuerza del brazo. Tu mano herida se aferró a su muñeca y sin perder tiempo comenzaste a patear la cara del perro que aún mordia tu tobillo y finalmente él se soltó comenzando a caer.
----¿¡Estás bien!? — cuestionó lleno de desesperación.
---¡De maravilla! ---- gritaste sarcástica. Sintiendo tus brazos débiles.
----¡Te voy a l-! ----un grito de dolor interrumpió sus palabras.
Tus ojos lo miraron con preocupación pues ahora las hiena que intentaron comérselo estaban de vuelta, al menos está vez solo era uno y no tres, sin embargo, estaba mordiendo y por sus gritos era obvio que dolían.
-----¡Lánzame! ---- gritaste.
----¡N-no puedo! ---- gritó mientras se quejaba.
Podías verlo patear y removerse intentando apartarlo.
----¡Es eso o que esa cosa te coma vivo!---- comenzaste a balancearte logrando ver sus muecas de dolor ----. ¡Solo hazlo!
----¡Agh! ¡Mierda!
Sin dudar un segundo más te lanzó de nuevo hacia arriba del tronco. Caíste de rodillas. Tomaste tu navaja con rapidez dejado y te lanzaste al perro que mordía la espalda de Lo'ak. Con todo tu peso lograste alejarlo del na'vi. Ambos rodaron y tu mano comenzó a clavar la navaja una y otra vez, su sangre comenzó a caer en tu máscara nublando tu vista, más eso no te importó pues podías sentir cómo seguía peleando contra tu agarre.
No te detuviste hasta que ya no hubo movimientos de lucha.
Cuando el cuerpo se dejó caer contra tu pecho lo empujaste intentando recuperar el aire que necesitabas. Te sentaste con cuidado, limpiando la sangre del vidrio de la máscara con manos temblorosas, tus dientes se apretaron con fuerza cuando tu mano herida comenzó a punzar de forma insoportable.
Finalmente miraste a Lo'ak quien estaba hincado intentando ver su espalda con ojos llorosos.
---- El árbol es seguro, eh — fue lo primero que se escapó de tu boca.
Sus movimientos se detuvieron de golpe, sus ojos llenos de cientos de emociones te miraron mientras que sus orejas se agachaba y sus manos se abrían y cerraban. Su rostro reflejó culpa y cansancio mirando a otro lado.
----- Hice lo que pude, ¿Si?
Sus ojos lagrimearon mientras se levantaba con piernas temblorosas. Su cola se movió de un lado a otro demostrando que tus palabras no le habían agradado para nada.
Tal vez habías tocado un nervio que no debía ser tocado.
Soltaste un suspiro ante tu impertinencia, volviendo a limpiar tu máscara sin saber cómo más distraerte.
----Oye, tranquilo ----- comenzaste a hablar mientras te levantabas con cuidado ----. Solo bromeaba, no te estoy reclamando nada... Perdón.
Ante la palabra "perdón" sus orejas se alzaron y sus ojos lentamente volvieron a mirarte.
----¿Esas cosas saben escalar?---- preguntaste con voz cuidadosa intentando distraerlo.
Él negó comenzando a rascar su brazo mientras su pie se movía en pequeños saltitos.
---- No, la única forma es que... Que esté junto a una colina, una rama o algo — tomó una bocanada de aire, cubriendo sus ojos con sus manos — No lo sé.
Diste un paso atrás llevando tu atención a tu mano la cual temblaba ante el dolor. Estaba llena de sangre y podías ver pedazos de piel levantada. Agujeros donde estaban los colmillos y rasgaduras que dejaban ver carne.
Si esta mierda se llega a infectar tú estarías acabada.
Soltaste un suspiro mientras intentabas ignorar el dolor punzante.
Para tu suerte la mordida de tu pie no sería tan grave gracias a la bota.
----¿Cómo está tu mano?---- preguntó un murmullo a lo lejos.
Tus ojos volvieron a él. La culpa se reflejaba en su rostro y sus dedos jugaban entre ellos sin atreverse a mirarte.
----Bueno, he tenido peores heridas ---- intentaste tranquilizar restándole importancia.
Sus iris dorados se encontraron con los tuyos. Ninguno se movió por unos segundos hasta qué él decidió dar el primer paso. Se acercó a tu persona con lentitud y desviando la mirada de tus ojos se centró en tu mano herida. Sus largos y enormes dedos tomaron con cuidado tu muñeca. Cuando sus dedos se mancharon de sangre lo viste sufrir de un escalofrío, sus pupilas se dilataron y de su boca escapó un suspiro anhelante.
Lo miraste con alerta aferrándote al mango de tu navaja por si intentaba devorarte.
Tus dedos se movieron demostrando la incomodidad que su mirada te estaba causando. Pareciera que tuvo que reunir todas las fuerzas de su cuerpo para poder dejarte ir.
---Debemos bajar ----. Señaló mientras se alejaba dos pasos de ti.
— ¿Cómo vamos a bajar?
Preguntaste mientras imitabas su acción de alejarte.
----- Como subimos.
Lo miraste mal al percibir la sonrisa burlesca que se intentó formar en su rostro.
---- Tu espalda está herida, mi mano va a caerse cualquier momento y no tenemos alas para volar -----. Señalaste lo obvio.
Lo'ak asintió mientras te miraba de forma fija. Después de unos segundos notaste cómo sus dedos jugaban entre ellos.
----Hay una savia que ayuda como anestesia ----. El miró tu mano con atención, luego miró su propia mano y con lentitud metió sus dedos a su boca mirando a otro lado mientras saboreaba los restos de tu sangre -----. Viene de una flor, estoy seguro que eso te ayudará y también a mi espalda.
Aceptaste intentando ignorar las alarmas en tu cabeza al oír su estómago gruñir por el sabor de tu sangre.
----- Eso no responde el cómo vamos a bajar.
---- Voy a cargarte.
Te quedaste quieta en tu lugar mientras tu cabeza aseguraba que aquello era una malisima idea. No le gustaba ser tocado y no podías acercarte a su espalda porque estaba herida.
Lo miraste acercarse, quedándose quieto enfrente tuyo mientras sus brazos se extendían y su mirada se desviaba con una expresión que remarcaba su vergüenza. Apretaste los labios intentando no reírte de su pena, tus manos y cuerpo se acercaron y antes de tocarlo avisaste que lo harías. Él se agachó con lentitud, tus brazos se abrazaron a su cuello causando que sus hombros se tensaran y tus piernas saltaron para aferrarse a su cintura.
Lo escuchaste gruñir, más no lo miraste y ambos decidieron ignorar el sonido que escapó de su boca.
Sus manos te acomodaron contra su cuerpo haciéndote sentir avergonzada.
— Eres muy pequeña.
Tus dientes se apretaron e ignoraste el comentario.
Loak se acercó a las raíces y con sumo cuidado comenzó a bajar. Su cabello golpeaba el vidrio de la máscara y su respiración agitada era captada por tu oído.
Si al subir casi no lo logró porqué podría ahora bajar contigo encima y aparte herido.
----¿Podrás soportarlo?
Se detuvo unos segundos, asintiendo mientras tragaba saliva con dificultad.
— ¿Tu mano?
Miraste tu mano la cual temblaba y punzaba, intentaste mover un dedo el cual dolió al hacerlo. Pero aun se movía y eso era una buena señal.
— No moriré — tus ojos notaron cómo su trenza rozaba en su espalda y aquello podría doler — ¿no duele que tu trenza roce con la herida?
Sus hombros brincaron y su rostro se giró en segundos hacia el tuyo.
— ¡No la toqu-
Un vuelco se formó en tu estómago cuando sentiste que comenzabas a caer hacia el vacío. Tus movimientos fueron inconscientes y tus manos lo soltaron para aferrarse a las enredaderas, el dolor subió desde tu mano hasta tu sien provocando que soltaras un grito de dolor. Las lágrimas se acumularon en tus ojos, sin emabargo, no dejaste que se derramara ni una. Tus ojos se abrieron encontrándote con sus iris dorados que te miraban llenos de pánico. Tus piernas jamás se desenredaron por lo que sostuviste al muchacho evitando que cayera al duro suelo.
Desnutrido, pero pesaba.
----Verga... ---- soltaste en un quejido con tu corazón alterado ----. ¿Estás bien? ---- preguntaste ignorando el ardor y punzar de tus heridas. Forzandote a no soltarte.
Él asintió volviendo a tomarse de las enredaderas con rapidez.
----Yo... Yo, bueno perdón es que-
Tus brazos volvieron a su cuello con cansancio y en un intento para consolarlo tu mano sana palmeó su cabeza.
-----Está bien, tranquilo.
Sus ojos volvieron a abrirse con terror, sus orejas se pegaron a su cráneo demostrando su incomodidad y un profundo gruñido comenzó a surgir en su pecho. Alejaste tu mano rápidamente escuchando los gruñidos bajos.
----No vuelvas a hacer eso ----. Advirtió sin mirarte.
----Anotado, Tigresito.
Él rodó los ojos dejando salir un suspiro cansado con apenas una ligera sonrisa en su rostro.
----- Eres insoportable, ¿Lo sabías? ---- se quejó si detener su avanzar.
Reíste ante su expresión lanzándole un guiño mientras notabas sus orejas volverse rojas.
----Me lo dicen seguido.
Después de aquel pequeño incidente guardaron silencio y Lo'ak solo se dedicó a bajar.
Su respiración cada vez era peor, su frente y espalda sudaban y todo su cuerpo temblaba del esfuerzo. A pesar de que pareciera que estaba en sus últimas no se rindió y no se atrevió a soltar las lianas hasta que sus pies tocaron el suelo firme, y cuando lo hicieron se dejó caer. Su mano se aferró a su pecho minetras su boca se abría intentado tomar todo el oxígeno que sus pulmones nnecesitaran. Sus dedos intentaban remover los tubos que entraban a su nariz con cuidado.
Si quitaban esa mascara estabas segura que él estaría mejor.
Esperaste con paciencia a que se calmara revisando tu mano la cual ya estaba hinchada y más sangre se había derramado gracias a la casi caída que habían tenido.
Pasó un largo rato donde solo examinabas tu mano y él intentaba recuperar el aire.
— Debes quitarte esa cosa, probablemente eso te dificulte respirar. No la necesitas, estás fuera de aquel lugar.
No contestó, tampoco te miró y tú no insistente con el tema. Después de unos segundos se levantó del suelo y sin mirarte comenzó a avanzar.
---- Vamos, busquemos esa flor.
Soltaste un suspiro sin dar un paso, miraste su espada alejarse y solo cuando se giró para volver a mirarte comenzaste a avanzar. Cuando llegaste a su lado él te miró inseguro, sus ojos pasaban de tu mano a tu rostro y así sucesivamente. Esperaste con paciencia a que expresara lo que deseaba decir, sin embargo, él no dijo nada y siguió avanzando.
No entendías a Lo'ak y probablemente pasaría mucho tiempo para entenderlo.
El atardecer comenzó a caer y el dolor en tu mano fue imposible de ignorar, el sudor comenzaba a caer por tu frente y la máscara se empañaba gracias a tu pesada respiración, finalmente él se detuvo.
----¿La has encontrado?---- preguntaste asomando tu cabeza para ver en la misma dirección que él.
----No.
Ante su silencio tus ojos buscaron su mirada, sus pupilas estaban atentas los árboles y sus orejas puntiagudas se movían en busca de algo.
Tu mano sana preparó la navaja mientras tus oídos se agudizaban y con atención escuchabas los sonidos de todo tu alrededor. Las hojas de las copas bailaban, los arbustos se movían seguro por algún animal pequeño, había cantos de aves y llamados de monos. Más no había risas. Una buena señal, pues significaba que no habían de aquellas alimañas cerca.
----Puedo oírla ----. Susurró Lo'ak sin dejar de buscar.
Tu entrecejo se arrugó con confusión y tu vista fue hacia él sin entender a qué se refería.
----¿Qué...? ---- preguntaste extrañada ----. ¿Cómo que puedes oírla? ¿Hace ruido?
----Shh.
Guardaste silencio y cuando él comenzó a caminar tú lo seguiste de cerca. Lo'ak se giró tomándote de los hombros para forzarte a sentar, hiciste una mueca de dolor cuando tu trasero golpeó con fuerza la roca.
---- Yo iré por ella.
Te levantaste de golpe, dando pasos seguros hacia él.
----¿Estás loco? Lo peor que puedes hacer es separarte de la única persona que te acompaña ----. Negaste ----. Iré contigo.
Él negó empujando tu pecho con uno de sus dedos para hacerte sentar.
---- Ella escucha y tus pasos son ruidosos, si se siente en peligro va a marchitarse y no nos sirve marchita.
¿Eso era posible? Bueno, no cuestionarías las cosas extrañas de aquí.
---- Pinche flor mamona.
Sus ojos te miraron sin entender. Su boca se movió casi como si quisiera imitar los sonidos que escaparon de tu boca.
----¿Qué?
Soltaste un suspiro, sentándote en la roca mientras mirabas tu mano.
----Nada, solo ve... Si me quieren comer yo grito.
Él rodó los ojos ante tu comentario alejándose lentamente de ti para ir en busca de la flor miedosa.
Tu mirada estaba atenta a todos lados buscando cualquier cosa amenazante entre los arboles, cualquier cosa peligrosa que estuviera dispuesta a atacarte. Tu cuchillo ya estaba en tu mano listo para rebanar a quien sea que intentara acercarse a tu persona.
Ahora que lo analizabas, desde en la mañana no había rastros de la mirada vigilante y si atabas cabos la conclusión era que aquellas hienas era lo que los estaba mirando todo este tiempo.
Y eso te ponía los pelos de punta.
Tus manos comenzaron a jugar con una de las bayas que aún te quedaban mientras intentabas buscar con la mirada lo que sea, comenzando a ponerte impaciente ante la tardanza de Lo'ak y el dolor que agobiaba tu mano. Después de un largo tiempo de espera te levantaste de la roca, lista para ir a buscarlo de no ser porque salió de la nada acercándose con una extraña flor azul en sus manos.
Te volviste a sentar con bajo su atenta mirada mientras tu mano apretaba tu muñeca intentando ignorar el dolor de la herida.
----¿A dónde ibas? ---- cuestionó con mirada sospechosa mientras se sentaba enfrente tuyo.
---- A buscarte. Tardaste mucho ----. Replicaste con el ceño fruncido.
Él tomó una piedra plana colocándola en el suelo frente a él. Sus manos arrancaron los pétalos con cuidado poniéndola encima de la roca. Una encima de la otra y con una piedra distinta comenzó a triturarlas. Estas exudaron un líquido carmín y un olor amargo comenzó a emanar de aquella pasta.
----¿No es venenosa? — cuestionaste ante su extraño color.
Lo'ak te miró con una sonrisa incrédula, negando mientras sus dedos tomaban un poco de la pasta con cuidado.
----No, es anestésico — explicó mientras extendía la mano — va a ayudar a que la herida cicatrice más rápido.
Asentiste mientras estirabas tu mano, sus dedos tomaron tu muñeca con cuidado y por un segundo te miró inseguro.
— Va a doler.
Tus dientes se apretaron y tu cuerpo se retorció cuando la pasta entró en tus heridas. Tu piel comenzó a quemar y las lágrimas bajaron de forma inevitable por tus mejillas, intentaste retener los quejidos, pero fue inútil cuando Lo'ak giró tu mano y esta vez puso en tu palma. Tú mano se había entumecido y los calambres subían por todo tu brazo.
----Aguanta, ya casi termino.
Resoplaste mordiendo tu labio inferior con fuerza.
---- He tenido peores -----. Te echaste porras ---- Puedo con esto. Tú puedes con esto, Sam.
----¿Peores? ---- cuestionó en tono bajo.
Tus ojos lo miraron y aprovechaste esto para distraer a tu mente del punzante ardor. Tu cerebro se concentró en la conversación.
-----Si, hubo una vez que me rompí todo el tobillo ----. Comenzaste a explicar mientras cerrabas los ojos con fuerza ----. También he tenido balas en todo mi cuerpo y aún así debía seguir peleando.
Cuando volviste a abrir tus ojos te encontraste con su ceño fruncido. Sus dedos tomaron una hoja más grande que tu mano, la envolvió con cuidado y después tomó una pequeña raíz para asegurar la venda improvisada.
-----¿Te hacen pelear aunque estés herida? ---- preguntó sin mirar tu rostro.
-----Es parte de ser soldado — explicaste mientras mirabas su expresión dudosa — entregar tu vida por la patria es un "honor"
Él hizo una mueca de desagrado y tú estabas de acuerdo con ello. Te sonaba más a manipulación en masa, de todos modos, lo que una desertora pensara era de poca importancia.
De repente sus dedos tocaron una pequeña cicatriz en tu antebrazo y una mueca de vergüenza apareció en tu rostro. Es una bala perdida de un idiota de tu escuadrón quien aseguraba que podía hacer trucos con su arma y eso acabó con una bala en tu brazo y alguien más herido.
No era una historia épica, era más bien estúpida.
----Esa no tiene una historia genial ---- exclamaste llamando su atención, finalmente sus ojos te miraban con atención----. Mira esta ----. Levantaste tu blusa con tu mano sana enseñando una cicatriz en el abdomen, sus iris dorados se abrieron con sorpresa ----. Fue una pelea con un idiota que se volvió loco, me clavó su navaja al intentar alejarlo de una chica del escuadrón. Le volé la cabeza.
Lo'ak frunció su ceño ante lo último. Sin embargo, pareciera que algo nubló su cabeza pues sus manos se movieron sin pensarlo mucho comenzando a buscar más cicatrices por tu abdomen haciéndote reír. Sus orejas se agacharon con vergüenza y sus manos se apartaron de tu cuerpo mientras jugaba con sus dedos.
Bajaste tu blusa volviendo a cubrir tu estómago. Esta vez estiraste tu brazo con una cicatriz más pequeña.
----- Roce de bala, fue en un una redada en una casa donde preparaban narcóticos
----¿Narco-
---- Es un tema muy extenso ----. Lo interrumpiste sin ganas de explicar.
Sus dedos rozaron por encima de tu codo donde una larga cicatriz decoraba tu piel. Tu atención se perdió en lo recuerdos que traían la herida, aquellos que siempre estabas intentando enterrar.
-----¿Y está? — preguntó cuando no explicaste por tu cuenta.
Apretaste los labios notando como sus dedos trataban con sumo cuidado la cicatriz. Tu cerebro delirante casi pensó que él sabía que pensar en ella dolía y por eso estaba siendo tan cuidadoso.
---- Un idiota quebró una botella de alcohol y me cortó con ella ----. Explicaste perdida en tus pensamientos.
Lo'ak... Para él no era difícil entenderte, tal vez porque le recordabas un poco a él.
Por eso entendió con tan solo tu mirada que había tocado un recuerdo, uno que tal vez no era agradable para ti. El muchacho extendió su brazo hacia a ti y su mano llevó la tuya a su antebrazo. Obligó a tus dedos acariciar una vieja cicatriz. Ante tu contacto las cosquillas comenzaron a formarse en su estómago. La ansiedad de ser tocado siempre estaba presente, pero contigo era extraño porque tus ojos jamás le llegaron a transmitir pensamientos maliciosos.
Eras sincera en toda acción, incluso en tus palabras y Lo'ak agradecía que todo en tu persona fuera tan expresivo. Porque así es más fácil confiar en ti.
---- Esta es una mordida de mi ikran ----. Explicó Lo'ak sin soltar tu mano.
Tus ojos se llenaron de curiosidad.
----¿Ikran...?---- preguntaste extrañada provocando que un lindo recuerdo llegue.
Una pequeña sonrisa se formó en su rostro ante el esfuerzo que tuvo que hacer para conseguir uno.
----Creo que ustedes lo conocen como "Banshee" ---- tus ojos se abrieron con sorpresa ----. Cuando intenté domarlo él me mordió el brazo y me lanzó por un precipicio.
Miraste curiosa la herida, sonriendo burlona al pensar en él siendo lanzado por un Banshee.
----¿Tú? ¿Volando una Banshee? ---- el asintió con su ceño fruncido a tu burla ----. Sé que algunos de ustedes montan un banshee, pero tú no pareces de los que volarían uno.
Sus ojos expresaron indignación.
—Claro que es verdad — resongó mientras soltaba tu brazo.
Reíste ante su berrinche volviendo a llamar su atención ante el timbre de tu risa.
----No, sigo sin creerte — jugaste con una sonrisa divertida.
Su rostro se iluminó en entendimiento, una sonrisa divertida se formó en su rostro.
---- Tú no pareces de las que sepa usar una arma — sintió como tu pequeño pie golpeó su rodilla haciéndolo reír — Puedo enseñar-... — las palabras se le atoraron en la garganta cuando su cabeza fue consciente de que aquello sería imposible. Su mirada evitó la tuya mientras cientos de sentimientos abrumaban su pecho — Olvídalo, no, no puedo...
Ni siquiera sabía si su ikran seguiría vivo... Si aun existía aquella conexión y aunque la hubiera él ya no podría volver a formar una.
----¿Dónde está?---- Cuestionó tu voz en un tono suave, casi como una caricia a su corazón desolado.
Sus uñas rascaron su brazo, ignorando la irritación que ya existía en su piel.
----No lo sé ----- respondió sin mirarte.
----Seguro está esperando por ti -----. Intentaste consolar.
Sus ojos te miraron, una expresión tranquila estaba en tu rostro y eso logró tranquilizarlo un poco.
----Es complicado. Ellos te escogen para que pueda existir una conexión.
-----¿Pueden morir de tristeza?
A veces eras imprudente y tu imprudencia llegaba a lastimarlo. Su pecho se llenó de tristeza y la sola idea de que aquel ikran terminara abandonado y desolado lo llenó de pesar. Ahora era imposible parar la comezón que abrumaba sus brazos.
----Perdón, no quería, yo-... Mejor cambiemos de tema.
Esto era algo que sorprendía a Lo'ak. La facilidad que tenías en admitir algún error y disculparte sin dudarlo.
Lo'ak no recuerda que alguien le pidiera perdón por haberlo lastimado, ya sea con palabras o acciones.
De forma repentina te levantaste y su atención que estaba en sus pensamientos volvió a ti. Tu mano se había estirado en su dirección.
--- Date vuelta, voy a ponerte en la espalda.
Sus alertas se encendieron. El terror subió por todo su cuerpo obligándolo a levantarse y alejarse tres pasos de ti.
----Yo puedo hacerlo — exclamó mientras estiraba su mano para mantener distancia y negaba con la cabeza.
Te detuviste, sin embargo, no dejaste de insistir.
----No, no es cierto, vamos no seas miedoso. No voy a hacerte nada y no puedes ver detrás de tu espalda ---- regañaste mientras te agachabas para llenar tus manos de pasta.
Dudó.
No quería que lo tocaras, no quería que nadie lo tocara, pero el ardor en su espalda era incómodo. Existía la posibilidad que se infectara y si quería cubrirla correctamente alguien más debía hacerlo.
Además... No eras M, no lo harías con malicia. Al menos de eso se intentaba convencer.
Se sentó en el suelo con manos sudorosas. Sus pupilas no se alejaron de ti ni un segundo y cuando sintió tu presencia detrás suyo comenzó a temblar lleno de ansiedad.
— ¿Puedes mover tu trenza? — pediste sin tocarlo.
Lo'ak saltó en su lugar, asintiendo mientras movía su cabello con dedos débiles. De repente un ardor subió por toda su columna, causando que sus caderas se entumieran. Su cuerpo se giró y con rabia agarro tu mano.
— ¡Oye avisa!
Tus ojos abiertos lo miraron directo a sus pupilas haciéndolo sentir pequeño. Sus dedos soltaron tu mano cuando comenzó a sentirse en desventaja.
---- Perdón, lo olvidé — exclamaste sin pensarlo — voy a acercar mis dedos.
Su cuerpo volvió a tensarse y sus dientes se apretaron cuando el ardor volvió a subir por toda su espalda. Sus ojos se cerraron con fuerza mientras gimoteos de dolor escapaban de su boca.
----No estoy llorando ---- murmuró para si mismo.
Tus oídos escucharon el murmullo, sin embargo, decidiste ignorarlo y concentrarte en tu trabajo. Estabas bastante sorprendida por el aguante del dolor porque la herida en la espalda de Lo'ak se veía horrible. Había agujeros y rasgaduras que perforaron su piel, sangre seca y su piel estaba mucho más oscura dejándote en claro que estaba llenándose de moretones.
La tortura debió haber sido dura si ya puede tolerar este tipo de cosas.
Tus manos fueron cuidadosas cuando pasaron por encima evitando rozar lo más posible con su herida abierta.
El toque de algo en tu pierna te distrajo provocando que tus ojos miraran hacia abajo encontrándose con su cola, la cual se balanceaba de un lado a otro con suavidad dejando la punta arqueada. Cual gato dando bienvenida.
Sonreíste ante la comparación acertada.
Parecía que a pesar de su rechazo al contacto físico le agradaba... Lo necesitaba.
Probablemente había algo que encendía el rechazo.
Lo'ak sentía su cuerpo rodeado de una extraña calma. Un sentimiento que llegaba a agobiarlo por la incertidumbre de cuándo sería el momento donde desaparecería. El contacto de tus manos contra su espalda era suave y cuidadoso, casi imperceptible sino prestabas atención. Gracias a tus amables manos el recuerdo de unos ojos azules invadió su mente llenándolo de anhelo por su voz, por su olor, por ella en si mismo. Era suave y agradable, lo cual provocaba que todo su cuerpo deseara ronronear. Lo'ak recordaba que ella siempre fue amable con sus palabras, sincera con sus miradas y amorosa con su tacto. Aquello provocaba que el corazón de Lo'ak se acelere de deseo.
Con ella se volvía blando, sincero y débil.
Cuando estaba a su alrededor se sentía desnudo y eso nunca llegó a incomodarlo, de alguna forma Lo'ak siempre encontraba una forma de sentirse protegido cuando se trataba de ella. Sus ojos nunca lo juzgaron y eso provocaba que él deseara mantenerse a su lado por todo el tiempo que le restara en vida. Ella calmaba cualquier sentimiento malo con tan solo el recuerdo de su voz. La sensación de hambre desaparecía y todo se volvía como el agua... Tranquilo y libre.
Lo'ak casi comenzaba a ronronear de no ser porque el tacto desapareció. Sus ojos se abrieron y cuando se dio media vuelta para encontrarse con los ojos azules que tanto adoraba se encontró con los tuyos. Su cuerpo sintió cosquillas y un escalofrío recorrió su espina dorsal.
La sensación de hambre comenzó a arremolinarse en su estómago.
----¿Ya estás mejor? ----- preguntaste con una sonrisa.
Lo'ak asintió sin entender realmente por qué cuando se trataba de tu persona sentía está enorme necesidad de comer, pero siempre lograba controlar el impulso, la respuesta era tan obvia que era inútil negarla.
Eras una caminante del cielo, pero también fuiste el único ser vivo con el cual convivió que no le hizo daño por simples deseos.
Sus manos abrazaron sus hombros mientras alejaba su mirada de tus ojos. Se levantó para mirarte intentando desaparecer la sensación de cosquilleo en su espalda.
----- Voy a hacer el arco, tengo hambre — informó mientras caminaba — servirá para cuando te infiltres.
----- Ya te dije que no sé usar un arco.
Te ignoró y siguió avanzando.
Por el camino tomó todos los materiales que iba a necesitar para el arma y cuando el eclipse llegó el Na'vi señaló que era mejor detenerse y ocultarse de los peligros de la noche. Encontró una pequeña cueva donde ambos se metieron para pasar la noche.
Tú encendiste el fuego mirando la llama del encendedor un rato y cuando te cansaste encendiste las hojas secas.
-----¿Por qué haces eso? ---- preguntó Lo'ak mientras sus manos armaban el arco.
-----¿Qué? ---- cuestionaste sin mirarlo.
Tu mano afilaba puntas de hueso para las flechas.
----Mirar el fuego ----. Señaló él.
----Me relaja.
-----¿Por qué?
Alzaste los hombros sin saber cómo explicarlo.
----¿A ti por qué te gusta tanto el mar?
----- Me tienes ---- señaló con una pequeña sonrisa. El momento se vio intrrrumpido por su estómago el cual gruñó exigiendo comida -----. Tengo hambre.
---- Pude oírlo -----. Revisaste tus bolsillos sacando todas las bayas que acumulaste al caminar por la selva ---- toma, son todas las que tengo.
-----Quiero carne.
----Mañana cazaremos y podrás comer carne, ahora solo podrás comer eso.
Él resopló molesto comenzando a comer las bayas con mordidas bruscas, dándote ha saber que esa comida no le agradaba y a ti te quedaba más que claro que era un gato grande y enojón.
Mientras tus manos intentaban de forma torpe hacer las flechas tus ojos miraban con atención cómo el Na'vi comía una baya tras otra. Por los costados de su boca caía el jugo carmesí de la fruta y sus manos azules comenzaba a mancharse gracias al líquido.
Él no se detuvo ni un segundo.
Metía las pequeñas frutas en su boca una tras otra y cuando terminó todas las que habías sacado de tus bolsillos, te miró. Sus iris dorados observaron atentos los tuyos y su mirada claramente expresaba que necesitaba más, que su estómago aún no estaba satisfecho.
------Te comiste más de cincuenta bayas.
Su ceño se frunció ante tus palabras.
-----No eran tantas bayas.
---- Si lo eran.
Lo'ak apretó los labios sintiéndose expuesto.
Tus ojos no se apartaron de él en ningún momento y aquello causaba que su apetito incrementara.
Mientras comía recordaba el sabor de tu sangre.
Lo cual envolvía todos sus sentidos. Recordaba la sensación contra su lengua, el sabor en su paladar, todo.
El jugo de la fruta resbalaba por toda su barbilla y aquello hacía creer a Lo'ak que era tu sangre. Su mente deliraba que al fin estaba comiendo tu cuerpo, tu carne tronaba en sus dientes y eso lo llenaba de plenitud.
Cuando ya no hubo más de tu cuerpo su estómago gruñía pidiendo por ser alimentado de nuevo.
-----Oye — tu voz lo devolvió a la realidad y sus iris dorados no abandonaron tus pupilas. --- Ya debemos dormir, mañana será un día pesado.
Asintió recostándose justo donde estaba dispuesto a dormir de no ser porque su cuerpo sufría de espasmos cada que estaba por caer dormido, pues las manos de M llegaban acariciarlo mientras dormía.
Lo'ak recordó que cuando salieron a la playa él pudo dormir profundamente cuando tu mano tomó la suya.
Sus sueños se llenaron solo de ella y todo se volvió pacífico mientras nadaban en la costa de Awatlu.
Se sentó de golpe, pudo ver tu cuerpo hacer lo mismo mientras lo mirabas con alerta. Tu mano estaba cerca de tu cuchillo, pero Lo'ak lo ignoró.
-----Debemos dormir cerca ---- aseguró sin atreverse a mirarte ----. No queremos que se repita lo del otro día.
----- O... Podemos tomar turnos ----- soltaste con tono obvio.
A Lo'ak eso no le sirve.
----No ----. Se negó sin pensarlo, esperando a que tú no pusieras más peros a su idea.
-----Entonces... ¿Quieres que duerma junto a ti? ----- preguntaste con extrañeza.
De repente se dio cuenta de lo que implicaban tus palabras y no pudo evitar sentir vergüenza. Pero si, quería dormir y lo único que lo dejó dormir fue sostener tu mano. Sus ojos miraron por toda la cueva intentando no encontrarse con tu fija mirada para que está situación no se volviera mucho más incómoda de lo que ya era.
-----Es solo para no estar desprotegidos ----- aseguró sin mirarte.
Lo'ak era horrible mintiendo.
No creíste ni una de las palabras que salieron de su boca, pero tampoco querías objetar y en contra de tu buen juicio hiciste caso
Te acercaste a Lo'ak con pasos tranquilos, ninguno de los dos apartaron la mirada del otro, si iba a comerte lo haría mientras dormías. ¿Qué era peor? Que Lo'ak te comiera o que aquellos perros te comieran.
Probablemente Lo'ak te de una muerte rápida por su tamaño. Aquellas cosas no.
Te recostaste a su lado sin pensarlo mucho, un metro de distancia los separaba. Una frente al otro mirándose fijamente. Cerraste tus ojos intentando ignorar el sentimiento de peligro y obligaste a tu cabeza a apagarse, debías dormir para reponer fuerzas.
Estabas roncando.
Lo'ak se entretuvo en tus pequeños ronquidos que le aseguraban que tú estabas completamente dormida. Se dedicó a mirar fijamente tus facciones tranquilas. Hace tiempo que había roto la distancia quedando a unos escasos centimetros de tu pequeño cuerpo. A pesar de que la máscara estuviera sucia, aún podía ver a través de ella.
Había pequeñas cicatrices esparcidas en todo tu rostro, tus labios se veían carnosos y eso provocaba que sus dedos quisieran tocar, que sus dientes quisieran morder.
Sus orejas se movieron ante los ruidos de la selva, su cola golpeaba el suelo juguetón y sus manos picaban ansiosas por querer tocarte.
Deseaba apretar tu cuerpo y devorarte.
Sus ojos fueron a tu mano herida, la cual descansaba contra el suelo sin moverse. El olor a sangre aún emanaba de ella y Lo'ak hacía lo posible por ignorarla.
Su mano tomó tu mano sana suavemente para llevarla a su pecho. Tus dedos tuvieron un ligero espasmo ante su toque provocando que Lo'ak se quedara quieto unos segundos para no despertarte. Una vez que no vio nada más que calma en tu rostro forzó a que tus dedos tomarán su meñique en un fuerte agarre, finalmente dejó que su imaginación fluyera y aquellos ojos azules invadieran cada rincón de su cabeza.
Recordó su toque suave y amable llevándolo a la serenidad total. Recordó su suave voz, aquella que siempre lo consolaba cuando su corazón lloraba. El tarareo de su tranquila voz invadió sus oídos brindando un sueño pacífico.
El primero en despertar fue él.
Sus ojos se encontraron con las hebras de tu cabello, el olor de tu piel invadió sus fosas nasales causando que su boca se hiciera agua, la necesidad de pegarte a su cuerpo y mantenerte ahí lo invadió más se contuvo. Bostezó bajando su pie de encima tuyo para sentarse y tallar uno de sus ojos. Su estómago gruñó dando aviso del hambre que comenzaba a invadirlo, cuando se giró para despertarte tus ojos se encontraron con los de él haciéndolo brincar del susto.
Bostezaste revolviendo tu cabello para mirarlo con una mueca.
------Te odio.
Lo'ak abrió sus ojos soprendido, sus manos se movieron a su estómago e inevitablemente las mariposas revolotearon ante tus palabras y su boca se sintió repentinamente seca.
-----Tengo hambre.
Soltaste un suspiro provocando que su ceño se frunciera ante tu mal humor mañanero. Se levantó moviendo su cola de una lado a otro provocando que está golpeara tu el vidrio de tu mascara con fuerza. Tú la apartaste dando manotazos quejándote al mover tu mano herida bruscamente.
Lo cual hizo reír a Lo'ak.
— Hoy vamos a cazar ----. Recordó mientras tomaba el arco y las flechas improvisadas que habías intentando hacer con esfuerzo.
No te culpa, pues estabas herida.
-----¿Y qué hay en el menu?---- preguntaste intentando bromear.
Lo'ak sonrió divertido.
----- Lo que sea que cazemos.
Ambos caminaron en silencio, concentrados en los sonidos de alrededor. Lo'ak lideraba moviendo sus orejas de un lado a otro en busca de cualquier animal cercano. Su cola estaba levantada demostrando su concentración mientras el arco estaba preparado para lanzar una flecha por si veían algún animal frente a ustedes.
Se detuvo.
Se puso de cuclillas lentamente y tú lo imitaste. Ambos miraron a través de los arbustos para encontrarte con algo que parecía un ciervo con seis patas tan largas que lo hacían ver enorme, su color era azul con cuernos verdes en los cuales volaban pequeños insectos. Tus ojos miraron de reojo a Lo'ak quien estiraba la cuerda del arco y cuando dejó ir la flecha el animal corrió con su pata herida.
---- Mierda — se quejó mientras respiraba con dificultad.
----No tuvo que haber ido lejos ---- confortaste en voz baja.
Él asintió con su ceño fruncido.
Abría y cerraba su mano tal vez entumida por el esfuerzo, movió su hombro con cuidado y sus dedos intentaron mover los tubos que entraban por su nariz.
Ambos se levantaron siguiendo el rastro que el ciervo había dejado. Después de seguir caminando por más de media hora buscando a su caza finalmente la encontraron.
El muchacho te miró con ojos suplicantes intentando entregarte el arco para que tú dieras el tira de gracia. Levantaste tu mano herida ganándote una mirada agobiada.
---- Dependemos de ti, vamos, confío en que incluso sin mi herida tú eres mejor que yo con un arco---- susurraste mirando al ciervo.
Él rascó su frente.
-----Hace años que no uso uno -----. Confesó mirando con melancolía el arma en sus manos.
-----Puedes usarlo como práctica ----. Señalaste mirando fijamente a la criatura.
---- Si fallo nos quedaremos sin comida y yo tengo mucha hambre — sus labios se apretaron con desconfianza — No me quiero arriesgar ----. Murmuró de vuelta.
Sus orejas gachas fueron la clara señal de que no estaba teniendo la confianza en si mismo y que temía arruinarlo.
¿El encierro también había causado esto o ya venía de antes esta desconfianza en si mismo?
Te acercaste a él con cuidado llamando su atención. La tensión apreció en sus hombros debido a tu cercanía.
---- Vamos, levanta el arco ----. Obligaste golpeando su brazo con tu codo.
El muchacho te miró sin entender.
----¿Qué?
----Levanta el arco, vamos ----. Repetiste moviendo las manos del muchacho para que se pusiera en posición -----. Mirada al frente y barbilla en alto.
Él te hizo caso, se puso en posición mordiendo su labio ansioso deseoso a negarse.
-----Voy a tocarte ----. Informaste antes de ponerle un dedo encima.
Tu mano sana levantó más su brazo, enderezaste sus hombros y con cuidado dirigiste la mano qué sostenía la flecha debajo de su barbilla, su pulgar apoyándose de su mentón.
Su brazo temblaba y el sudor bajaba por su frente, pero no soltó la flecha y tampoco quito la mirada del ciervo.
----Respira profundo. Inhala ----- imitaste haciendo que él te siguiera ----. Y suelta.
La flecha fue liberada y dio justo en el blanco. La criatura corrió intentando huir de ustedes.
----¡Si! — festejaste con un salto, una mueca de dolor apareció en tu rostro cuando tu mano punzó.
----¡Vamos!---- festejó Lo'ak con una sonrisa.
Su mano tomó tu brazo obligándote a correr junto a él.
Ambos corrieron por la extensa selva esquivando árboles y moviendo plantas. Cuando la criatura estuvo a su vista miraste al chico azul el cuál tenía una enorme sonrisa plasmada en su rostro mientras corría.
Reíste ante su felicidad sin entender por qué estás pequeñas cosas llegaban a ponerlo tan contento.
Lo'ak estaba con la confianza por cielos pues habían pasado años desde que usó un arco, años desde la última vez que cazó para la cena y lo había hecho bien, gracias a que lo habías ayudado a confiar en él.
Lo guiaste sin tono molesto, tranquilizaste su inseguridad con voz pacífica y festejaste junto a él cuando obtuvo un logro.
Como siempre deseó que alguien lo hiciera.
Eras extraña.
Tan distinta a los humanos que había conocido a lo largo de su encierro. Eras como una tormenta después de una sequía, una caricia en un mal día... Eras tan parecida a ella, pero a la vez tan distinta.
Tus palabras duras se podían clavar en lo más profundo del corazón, pero tu mirada suave era el confort que alejaba el dolor.
Una pequeña llovizna que confundía a Lo'ak.
Aún tenía hambre, tu tacto aún le provocaba escalofríos, pero se sentía cómodo. Podía dormir a tu lado, podía convivir y mantenerse a raya.
La sensación de querer comerte ahí estaba, pero él podía controlarse.
Eras... Una amiga.
Lo'ak podía decir que te habías vuelto una extraña definición de amistad.
Aquí mientras corrían entre los árboles Lo'ak podía reír y no pensar en su encierro, podía sentir el viento a los costados de su rostro, podía sentir la tierra mojada debajo de sus pies, podía saborear la libertad que causaba que su corazón llorara de felicidad. Sus manos podían tocar las plantas y sus ojos podían ver más que el estúpido color blanco de las instalaciones. Podía recordar cuando corría por el bosque de Pandora junto con sus hermanos, podía recordar los juegos de niños con su padre, podía recordar todos los buenos momentos que pasó con su familia y agradecía tanto eso.
Agradecía que no solo fuera él comiendo a su familia entera... Agradecía que lo hayas liberado.
Cuando el ciervo cayó al suelo ambos se acercaron rápidamente.
El muchacho levantó el arco y le dio el tiro de gracia para que ya no sufriera más y a pesar de que Lo'ak pensaba que sería una buena idea cocinarlo la picazón en sus manos comenzó a atormentarlo y el pensamiento de carne desgarrándose en su boca se repitió una y otra vez en su cabeza. Cuando menos lo esperó sus dientes ya estaban en el animal y sus uñas rasguñaban con fuerza el pelaje esperando arrancar la piel.
----¡Ey, Ey no, no, no!---- te escuchó intentar detenerlo ----. ¡Ay, porfavor que asco!
Lo'ak mordía y mordía.
Sus dientes rasgaban la carne y podía sentir la sangre bajar por su barbilla. En su mente estaba la imagen de todos aquellos soldados que comió. Deseaba volver a encontrar ese sabor, deseó oír los gritos de ayuda que eran como cánticos para sus oídos. Podía recordar el olor de su sangre, podía oír los huesos quebrándose entre sus manos, podía oír sus llantos por toda la celda.
Lo'ak podía oír las súplicas de sus hermanas.
Y aquello provocó que mientras comiera deseara llorar.
Sus ojos dejaban que las lágrimas salieran en descontrol y su corazón se apretaba conforme los gritos de sus hermanas hacían eco en sus oídos. Podía oír sus huesos quebrarse, podía oír sus voces pidiendo que se detuviera y eso lo estaba lastimando al punto que su garganta se cerraba y la carne se atoraba en su garganta.
Por más que lo intentara no podría detenerse.
Ya no podría hacerlo por más que lo deseara.
Pasó un largo tiempo cuando él se dio por satisfecho.
Se levantó del suelo mientras arrastraba al animal por la pata esperando encontrarte cerca. Cuando sus ojos se encontraron con tu figura su estómago volvió a hacer cosquillas, más lo ignoró.
Ignoró cualquier sentimiento de hambre cuando estaba cerca tuyo.
Tú estabas preparando el fuego cuando el sonido de algo arrastrándose llamó tu atención y cuando tu rostro se giró te encontraste con un Lo'ak bañado en sangre.
Fue una suerte encontrar un lago.
----Ah, acabaste ---- murmuraste observando sus manos y boca llenas de sangre.
El muchacho te entregó la caza dejándola a un lado de la fogata. Tú comenzaste a despellejar al animal con dificultad pues solo podrías hacer fuerza con una mano. Tomaste pedazos de carne encajándolos en un palo y azarlos al fuego.
Cuando tus ojos volvieron a mirar al muchacho su estómago gruñó logrando que se te escapara una risa.
----Toma, pruébalo -----. Le extendiste el palo, el muchacho lo tomó masticando rápidamente -----. Tranquilo, intenta masticar lento.
Él siseó cuando levantaste tu mano.
Alejaste tu mano, alzándola para asegurarle qué no le quitarías la comida. Hiciste otra brocheta para ti.
----Es mejor cuando saboreas la comida — intentaste conversar.
Para tu suerte, Lo'ak estaba dispuesto a seguir conversando.
----No tengo tiempo para eso ---- exclamó sin mirarte.
Guardaste silencio, sin embargo, había una duda que siempre habías querido resolver.
----¿Qué es lo que sientes? ----- preguntaste curiosa.
Pusiste al fuego otra brocheta, sacando la que ya estaba para mentalizarte a comer.
----¿De qué?
----Para comer de esa forma ----. El muchacho desvió la mirada y su cola golpeó el suelo demostrando que está conversación no era de su agrado ----- no respondas si te molesta.
Lo'ak se levantó de su lugar poniéndose a tu lado con lentitud. Cuando por fin llegó al ciervo se sentó frente a él, comenzando a cortar pedazos de carne para lanzarlos al fuego.
----- Es como... Cómo si mi estómago estuviera comiéndose a si mismo ---- limpió el sudor de su frente para después seguir cortando pedazos de carne ----- Mis manos pican y las encías palpitan y la única forma de pararlo es... Comiendo.
Tú asentiste mientras dejabas tu brocheta encima del pantalón. Tu mano sana desabrochó el seguro de la máscara y ahora sabías que sería un suplicio meter la comida a tu boca con la mano herida. Contaste hasta tres y con rapidez apartaste la máscara, tu mano herida tomó el pedazo de carne sintiéndola palpitar por el dolor, la metiste a tu boca y con rapidez regresaste la máscara a su lugar. Respiraste por la nariz sin dejar de morder la carne, tu vista fue a Lo'ak quien te miraba sin entender qué estabas haciendo.
Masticaste con tranquilidad, sacando la otra brocheta sin prestarle mucha atención.
---- En realidad, es un síntoma normal.
— ¿Normal...? — murmuró con rostro contrariada.
----Debido a la abstinencia te llega esta necesidad de comer, tu cuerpo debe llenar el vacío de cualquier forma ----- explicaste con el poco conocimiento que tenías — también pueden influir otro traumas que te hacen sentir eso, pero estoy segura que tu adicción es la principal razón.
----¿Cómo lo sabes? ---- te cuestionó sin creer.
Tus movimientos dudaron, sin embargo, te concentraste en el dolor de tu mano herida en movimiento.
----Mi padre era un drogadicto ---- contestaste sacando un pedazo de carne del fuego ----. Siempre estaba quejándose del hambre que tenía y todo lo que podía comer era impresionante.
----¿Era...?
Preparaste otra carne para metertela a tu boca.
----Murió de una sobredosis.
Tu mano sana volvió a alejar la máscara de tu rostro y tu mano herida metió el pedazo de carne a tu boca. En segundos el oxígeno volvió y tus ojos fueron a Lo'ak quien rascaba su brazo sin mirarte.
---- lo lamento — se disculpó con las orejas gachas.
A pesar de que tu pecho se sintió incómodo lo ignoraste.
----Fue algo que él decidió, no te disculpes por eso ----. Le entregaste otra brocheta, sonriendo cuando la tomó sin dudar ---- era un pendejo, se lo merecía.
----¿Pendejou?
Reiste ante su mala pronunciación.
---Pen-de-jo
----Pen... Pen-de-jo ---- repitió con cuidado.
Casi. Pero te hizo sonreír de orgullo.
----¿Qué significa? ----- preguntó curioso al ver tu sonrisa.
----Es como decir que eres idiota.
----Ah, skxáwng
----¿Skaung?
Ahora el que rió por tu pronunciación fue él. Sus dientes se mostraron por completo mientras sus ojos se achicaban y sus mejillas se levantaban.
Imitaste su sonrisa admitiendo que este chico azul era lindo cuando sonreía.
---- Skxáwng ---- repitió con lentitud.
---- Skxáwng ----- repetiste imitando los movimientos de sus labios.
Él asintió con la misma sonrisa orgullosa que tú pusiste cuando él dijo la mala palabra.
----¿De dónde eres exactamente?---- preguntó con curiosidad.
---- México ---- soltaste con simpleza, lanzando más carne al fuego.
---- ¿Mexi...co?
Tú asentiste haciendo lo mismo de hace rato para poder comer.
----Es bonito, tiene lugares como aquí, mágicos, además la fruta es espectacular.
Él no dejó de mirarte mientras contabas como era tu hogar aún cuando llegó la hora de dormir. Ambos se recostaron una al lado del otro, mas no cerraron sus ojos y tú seguiste hablando sin parar.
Lo'ak se dejó llevar por tu voz. Dejó que su mente imaginara un tono más suave, tú ya no olías a bosque, sino al mar con ligeros toques de conchas marinas.
Esos ojos azul estuvieron en sus sueños toda la noche guiándolo en las profundidades del cálido océano.
Y cuando tu voz dejó de hablar su mano se aferró a la tuya y no la dejó ir en toda la noche.
•|•|•|•|•|•|• A D V E R T E N C I A •|•|•|•|•|•|
•Violencia, ab/uso sexual, mención de suic/dio, canibalismo, tortura, secuestro.
No romantic3z nada de lo que veas aquí.
|||||||||||||||||||||||||
Capitulo 1
•\•\•\•\•\•\•\•\• A D V E R T E N C I A. •|•|•|•|•|•|•|•|•||• Historia con temas sensibles, mención: •canibalismo •abu/o se/ual •mención
Capitulo 5
Yuzuyom •●•●•●•●•●•●•●•●•●• A D V E R T E N C I A •●•●•●•●•●•●•●•●•●• ▪︎Canibalismo. •Muerte, sangre. •Su/ci/io, enfermedad mental. • Ab
••••••••••••••
6. Desconocidos.
Diego no dejó de llorar ni un segundo hasta que el cansancio lo hizo caer dormido.
Su mano, la cual se aferraba con fuerza a la tuya sufría de pequeños espasmos. Sus hombros temblaban y su entrecejo se arrugaba de vez en cuando dando a entender que su sueño era perturbado por una pesadilla y al parecer esta pesadilla le abría el apetito pues podías oír a su estómago gruñendo cada poco tiempo.
Soltaste un suspiro agotada debido a todo los acontecimientos del día. Tu mano fue a tu cuello masajeando para intentar aliviar el estrés. Tus ojos se centraron en el cielo que se coloreaba en tonos rosados intentando ignorar el sonido de la olas rompiendo contra la orilla de mar.
Después de un rato donde no hiciste absolutamente nada volviste a mirar a tu compañero dormido, prestando atención a los siseos que escapaban de su boca un tras otro mientras sus dedos apretaban tu mano con fuerza. Cuando te cansaste de verlo no dudaste en intentar separar su mano de la tuya con cuidado. Tus oídos aún escuchaban a su estómago exigir alimento distrayéndote un poco de los sonidos de tu alrededor. Cuando fuiste libre de su agarre, caminaste directo al mar sin levantar la vista para no concentrarte en las profundidades. Sacaste tu cuchillo para intentar ganar una gran pesca o al menos lo que sea que te permitiera tu agotado cuerpo. Tu vista se centró en el agua debajo tuya y cuando un pez estuvo en tu línea de visión tu cuerpo se lanzó hacia adelante encajando el cuchillo a la mitad del cuerpo.
Esto sería más fácil si tuvieras un arma.
Estuviste en ese lugar unas largas horas, volteando de vez en cuando a donde descansaba Diego quien seguía profundamente dormido. Cuando todo se oscureció y los peces comenzaban a brillar decidiste que ya era suficiente. Seis peces de buen tamaño habían sido atrapados, era un buen número para solo ser dos personas. Si eran repartidos bien podrían desayunar y hasta cenar el día siguiente sin necesidad de cazar.
Saliste del agua sin mirar atrás, ignorando la voz que te llamaba en las profundidades. Dejaste la comida encima de una hoja gigante que estaba en en la arena, avanzaste con cuidado intentando no despertar al alienígena qué descansaba plácidamente en la fresca arena. Tus ojos le echaron un vistazo notandocómo Diego aún tenía ligeros espasmos, sin embargo, seguía dormido. Tan dormido que te causaba un poco de envidia, o tal vez no, porque si pensabas en las circunstancias sabías que su profunudo sueño era debido al desgaste mental que aquel lugar le había causado. No podías cerrar los ojos si querías vivir, no cuando en aquel lugar experimentan de las formas más crueles con los Na'vi o con cualquier cosa de este mundo.
Lo dejaste descansar porque realmente no veías la necesidad de despertarlo. Tus pies avanzaron pasando de él yendo hacia la selva que había detrás de ustedes. Tus manos tomaron ramas y hojas secas del suelo, además de algunas rocas para crear una fogata. Cuando reuniste todo lo necesario volviste a tu lugar, donde Diego seguía dormido.
Tus manos se movieron inconscientes recordando las misiones donde debías sobrevivir en la interperie.
Sola, sin ninguna compañía.
Tus manos sacaron el encendedor que tomaste del soldado idiota pelirrojo rezaste a Dios para que éste funcionara después de haberse mojado. Al tercer intento fue cuando una chispa salió y la pequeña llama se encendió. Estabas a punto de celebrarlo de no ser porque un enorme pie lo alejó de golpe de tu mano. Te lanzaste hacia atrás sacando el cuchillo dispuesta a atacar encontrándote con unos ojos dorados. Diego te siseó por lo bajo con su cola levantada en señal de alerta, una clara advertencia para tu persona.
Con una clara desconfianza comenzaste a bajar tu cuchillo sin alejar tus ojos de los suyos, para demostrarle que no eras una amenaza. Tu mano devolvió la navaja a su lugar y con lentitud te sentaste en la arena. Diego seguía atento a cada uno de tus movimientos y aquello te erizaba cada uno de tus vellos. Una vez que estabas en una posición mas cómoda te estiraste con cuidado para tomar el encendedor que había caído de tus manos. Una vez que el objeto fue tomado por tus dedos escuchaste a la criatura azul gruñir. Te acomodaste con suavidad en tu lugar mientras tu otra mano tomaba una hoja seca sin despegar tu mirada de la suya lanzaste la hoja a la fogata preparada la cual poco a poco fue encendiéndose quemando las demas hojas y ramas.
El calor que brindó fue reconfortante.
Diego se había distraído con el danzar del fuego y con eso como una señal, guardaste el encendedor. Haciendo como que nada había ocurrido en estos momentos.
Tomaste uno de los pescados para comenzar a quitarle las escamas con el cuchillo.
De forma repentina Diego se acercó, tomando un pescado para comenzar a imitar tus acciones.
Tal vez este era un buen momento para una conversación.
---- Quién diría que eres un buen compañero ----- intentaste empezar una conversación con broma, tus manos encajaron un palo en el pescado. No hubo respuesta ----. Por cierto, no sabía que podías hablar.
Tus ojos lo miraron por un segundobuscando alguna reacción en su rostro. Diego era callado y a veces inexpresivo, loúnico que delataba que si teestaba prestando atencion era el movimiento de sus orejas.
----"Tesur tejelen" ¿Qué significa? ---- preguntaste curiosa.
Su respuesta fue un siseo de molestia y un claro entrecejo fruncido. Él negó cuando sus ojos se encontraron.
Por supuesto, te sentiste un poco indignada ante su negativa y como era habitual viniendo de ti, solo atinaste a dar una respuesta infantil. Imitaste su actitud devolviendo el siseo lo cual provocó que sus ojos se abrieran con sorpresa y sus orejas apuntarán hacia ti atentas.
Le hiciste una mueca demostrando tu fastidio, tus manos metieron el pescado con brusquedad al fuego.
---- Si, que pinche hueva que solo se comuniquen así, ¿verdad? ---- soltaste como molestia.
Ignoraste su mirada. Te concentraste en sacar el pescado del fuego cuando suestómago volvió a exigir alimento. Lo extendiste hacia él con tranquilidad ignorando sus ojos que pasaban del pescado a tus ojos.
---- Vamos, come — señalaste dejando el pescado en sus manos — Mañana debemos ver a dónde iremos.
Ni sus manos y rostro hicieron algún movimiento, simplemente se quedó quieto mirando el gran pez en sus manos, al menos hasta que su estómago volvió a hacer acto de presencia. No tardó ni dos segundos en llevar el pescado a su boca. Sus mordidas eran desesperadas, podías ver sus dientes arrancando la piel y carne del animal, a veces llevándose espinas entre sus dientes que parecía ignorar. Mientras todo aquello ocurría su estómago seguía gruñendo como si no hubiera comido en días.
Su actitud era cual la de un perro callejero.
Tomaste otro pescado comenzando a pellizcarlo para intentar entretener tus manos en algo. Aunque tus ojos aún lo miraban pues te llenaba de curiosidad no entender por qué razón siempre estaba comiendo como si nunca más volvería a comer bocado. Era tal como si toda su vida dependiera de este preciso momento, supones que es lo que se le enseñó mientras estuvo confinado.
Aprovechar cualquier oportunidad y tomarla como si fuera la última.
Cuando tus ojos se encontraron con sus ojos dorados te diste cuenta que el pescado que había estado comiendo ya había desaparecido por completo de sus manos. Su mirada pasaba de tu propio pescado a tu rostro una y otra vez. Entendiste el mensaje y cumpliendo su capricho le entregaste tu comida. Esta vez no vaciló, sus manos lo arrebataron de las tuyas y en cuestión de segundos volvió a morder una y otra vez sin tirar ni una pequeña miga a la fría arena.
Era grotesco.
Una escena que simplemente no podías dejar de ver porque te causaba morbo, la cual se revolvía con una sensación extraña de pena.
Volviste tu mirada al frente cuando te diste cuenta que estabas siendo demasiado metiche.
Tus acciones volvieron a asar un pescado para ti. Ya estabas ideando en cómo dividir los restantes para los demás días de no ser porque él ya había terminado el pescado que le habías dado y su mirada insistente atravesaba tu sien. Tus ojos volvieron a él mientras tu ceño se fruncía con extrañeza. Su mano se extendió pidiendo más con una mirada llena de exigencia y por supuesto tú te negaste.
-----Ya no más, te va a doler la panza.
Él siseó con molestia demostrando que tu negativa no le había agradado para nada. Sus manos intentaron tomar tu pescado y aquello te hizo enojar porque ni siquiera habías probado bocado y él ya estaba pensando en arrebatarte el que tenías en tus manos. Por inercia alejaste el pescado de sus intenciones y esta acción provocó que Diego siseara para lanzarse encima tuyo en cuestión de segundos. Tus movimientos fueron por inercia, tu sentido de autoproteccion se encendió y tus dedos tomaron la navaja en menos de un segundo cubriendo tu rostro para atacar de no ser porque Diego simplemente pasó de ti y tomó los últimos pescados crudos que quedaban.
Se alejó con los dos en la mano sin siquiera mirar hacia atrás.
----¡Hey cabron, eso está crudo! ---- gristaste con fastidio. Una mueca de asco apareció al verlo morder desesperado mientras que su cola se movía de un lado a otro demostrando su enojo, cuál gato grande enojado ---- ¡ni siquiera le quité las escamas! ---- rodaste los ojos ante su terquedad ----. Pues cortate la pinche lengua si quieres.
Guardaste la navaja en tu bota sin dejar de observar cómo comía con ansias sin dejar de mirarte. Lo ignoraste dejando escapar un suspiro cansado, tu vista volvió al fuego de la fogata que bailaban en un vaivén tranquilo. Sacaste tu comida y finalmente habías decidido comenzar a comer.
Hasta que fuiste consciente de algo... ¿Cómo mierda ibas a comer sin morir? La mascara estaba ahí y no había forma de meter los dedos por ningún lado. Maldejiste mientras tu sien punzaba por el estrés. Si querías comer tendrías que quitar la mascara, dar una mordida y volver a poner la mascara. Diste un grito de frustración, tomando aire para intentar calmar tu frustración ante la situación.
Arrancaste trozos de tu pescado colocándolos con cuidado encima de una hoja cualquiera y finalmente al tener todo listo desabrochando el seguro de la mascara. Tu mano la mantuvo ahí y tomando una gran bocanada de aire hiciste todo lo más rápido que pudiste. La apartaste de tu cara y metiste un pedazo de pescado a tu boca para volver a ponerla y tomar una gran bocanada de aire. Saboreaste la carne del pescado con gusto pues después de tanto tiempo habías probado bocado de una comida real en lugar de esa asquerosa pasta de la prisión.
repetiste la misma acción hasta terminar tu cena.
No sabías en qué concentrarte. Podías oír las llamas del fuego chispear, el sonido de las ramitas secas quebrandose ante el fuego, sin embargo, este cada vez se volvía más lejano y tu cerebro no podía evitar centrarse en las cosas que le aterraban, en aquello que encendía su estado de alerta ante un peligro aprendido. Las olas rompiendo en la orilla eran campanas que acaparaban toda tu atención y a pesar de evitar mirar hacia ella el volumen cada vez se volvía más alto causando que todos tus vellos se erizaran ante el recuerdo del pasado que asaltaba tus tranquilos pensamientos llevándote a la profunda melancolía.
De repente había gritos a tu alrededor y el mar se acercaba cada vez más y más aferrado a llevarte a las profundidades y acabar con lo que alguna vez habían empezado.
Tus ojos se cerraron con fuerza y en tu desesperación volviste tu atención a Diego quien seguía comiendo ansioso. Eso te distrajo de tu cabeza, sacándote de los recuerdos que con tanto trabajo siempre estabas ignorando. Finalmente te acostaste en la arena para ver el cielo estrellado, el suave tarareo que siempre te tranquilizaba llegó a tu mente y aquello provocó que lograras calmarte y la calma te ayudó a descansar, cayendo en el profundo sueño que tanto llevabas esperando.
No soñaste nada.
Nunca podías formar sueños alegres ni pesadillas atemorizantes y eso volvía la acción de dormir en algo aburrido, sin anécdotas por las cuales compartir, aunque también era un alivio para tu agotada cabeza.
Arrugaste la nariz cuando sentiste como algo rozaba la punta de esta misma causándote cosquillas y entonces tu cerebro se preguntó si incluso las molestas moscas pueden existir en este extraño mundo. Abriste los ojos de golpe sentándote en la arena para asegurarte que nada estuviera cerca tuyo. Tu vista miró a tu alrededor mientras el sonido de las olas golpeaba tus tapados oídos, para tu suerte no había ningún peligro. Miraste al cielo con ojos incómodos donde un brillante sol quemaba tu piel en forma de saludo. Maldejiste esperando no requemar tu delicada piel gracias a los rayos ultravioleta si es que eso funcionaba de la misma forma que en la tierra... Ni siquiera estabas segura de eso.
Finalmente te dignaste en mirar al otro lado de la fogata apagada encontrándote con un Diego echo bolita dando la espalda al mar. A pesar de la lejania aún podías notar su rostro con expresiones incómodas, probablemente a las pesadillas que lo invadían.
Te estiraste en tu lugar sintiendo todos los huesos de tu espalda tronar, un bostezo escapó de tu boca mientras mirabas al cielo y cuando volviste a mirar hacia abajo te encontraste con unos ojos dorados que te miraban fijamente.
----Dios, eres como un fantasma raro, ¿Lo sabías?
Él frunció su ceño, levantándose rápidamente de la arena para mirar al mar mientras su mano estaba sobando su estómago. Lo miraste incrédula, revolviendo tu cabello frustrada para mirarlo con una sonrisa forzada.
----¿Tienes hambre? ----- él te miró ----. Podríamos haber comido si ALGUIEN no se hubiera atascado todos los pescados.
Te mostró los dientes y eso te hizo sonreír porque te recordaba a un gatito malhumorado.
---- Si, si "hisss" para ti también ----. Le respondiste levantándo tu trasero de dónde estabas.
Tus manos sacudieron la arena de tu pantalón y con pasos seguros avanzaste hacia él. El chico de cabello negro no se movió ni un centímetro, sus ojos dorados no se despegaron de ti mientras avanzabas y sus orejas puntiagudas apuntaron hacia ti en todo momento.
---- Vamos por tu comida, grandullón ----- indicaste sobando tus cansados hombros.
No te importó si te estaba siguiendo, así que no te giraste a asegurarte. Simplemente avanzaste mirando hacia abajo en todo momento para no ver al mar e intentando no pensar mucho en la situación no dudaste ni un segundo en adentrar tus pies descalzos en el mar y con absoluta calma esperaste paciente a qué algún pez se acercara a ti.
Te repetías en tu cabeza que estarías bien siempre y cuando no miraras hacia las profundidades. No serías arrastrada por el mar y no tendrías preocuparte de ahogarte si simplemente no levantabas la mirada.
Tomaste una gran bocanada de aire y tu vista se centró solo en lo más cercano a tus pies, no a la lejanía.
Por el rabillo del ojo podías ver cómo una figura azul se colocaba encima de una roca esperando con tranquilidad. No tardó mucho en que su mirada comenzara a pesar en tus hombros.
Estabas segura de que si él lo deseara podría atravesar tu cara con su pesada mirada.
---- Sabes... — comenzaste a hablar notando como sus hombros brincaban ante tu repentina platica — en lugar de mirarme podrías ayudar.
Cómo era de esperarse, solo recibiste el más cálido silencio por parte de tu enorme amigo y eso te fastidió.
----¿Al menos puedo saber tu nombre? — volviste a cuestionar — Es incómodo llamarte chico azul en mis pensamientos ¿sabes?---- está vez lo miraste y lo único que encontraste fue una cara inexpresiva que te dejaba en claro que no le importaba en lo más mínimo ----. O puedo ponerte un nombre. Ya sabes, cómo cuando estábamos en la cueva.
Est vez obtuviste algo.
Una mirada llena de fastidio y luego Diego giró su rostro concentrando su atención en la lejanía para simplemente ignorarte. Acción que te hizo soltar un suspiro frustrado.
-----O no.
Cuando tus ojos captaron un pez dejaste de hablar. Tu navaja se elevó y con lentitud moviste tu pie acercándote sigilosa. Cuando la criatura ya estaba lo suficiente cerca te lanzaste hacia él atravesando el pez con tu cuchillo. sonreíste victoriosa mientras tus manos se esforzaban en sacar al pez del agua, el cual aún se movía lleno de desesperación salpicando a ambos. De forma inevitable miraste a Diego con una sonrisa levantando tus manos con esfuerzo, acercando el pez para que te ayudará a sacarlo.
---- Vamos, ayúdame a sacarlo de ahí.
El na'vi te miró con su ceño fruncido llevando sus enormes manos al pez para sacarlo de la navaja. Sonreíste orgullosa volviendo tu atención al agua haciendo una mueca cuando oíste cómo masticaba a tu recién pesca.
---- Enserio, eso va a ponerte malo del estómago. Debes esperar a que lo cocine ----. Regañaste sin mirarlo ganándote nada más que un siseó que te hizo sonreír. Te acostumbrabas fácil----. O enfermate tú escoge.
Volviste tu atención a los peces, estuviste ahí más de una hora mientras el estómago de Diego era el constante recordatorio de que un solo pez no sería suficiente. Por supuesto, su atenta mirada era otra señal de que aún no estaba satisfecho y por si fuera poco tú tampoco habías comido.
Entonces, hubo un momento donde el sonido del pez siendo devorado ya no volvió a escucharse.
Cuando tu rostro volvió a girarse notaste que en sus manos tenía dos peces sin comer y sus ojos amarillos seguían encima tuyo atentos a cualquier movimiento que hicieras. Asentiste teniendo suficiente por hoy, porque estabas segura que si se tratara de tener a este muchacho satisfecho no terminarías hasta que todos los peces de tu alrededor se acabaran.
----- Pudiste haberme dicho que dejara de pescar, sabes ----- señalaste comenzando a caminar hacia la orilla. El chico se levantó siguiéndote desde atrás con los pescados en mano -----. Deberíamos buscar algunas frutas para el agua y para ya no tener que usar toda mi energía en sacar pescados para ti.
Él dejó los peces en la hoja de palma con sus ojos atentos a ti sin decir alguna palabra.
---- Deberías ir tú — tenías que hacer que coopere de alguna forma — tú conoces qué fruta se puede comer y qué no.
Él no habló. Ningún sonido escapó de su boca y aquello comenzaba a desesperarte. Ya estabas por explotar, dispuesta a golpearlo y hacerlo hablar de no ser porque pensaste... Recordaste que este chico estuvo confinado por mucho tiempo con contacto cero y bajo tortura. Obligarlo a hablar es egoísta simplemente porque no estabas cómoda con el silencio.
Debes respetar las decisiones de los demás y no pasar por encima de ellos.
Así que tranquilizaste tu furia y tomando grandes respiraciones volviste a mirarlo.
---- O vamos los dos, da igual. Solo quiero algo con agua.
Caminaste hacia la selva sin pensarlo mucho y ahí fue cuando notaste que la criatura de ojos amarillos caminaba detrás tuyo sin decir alguna palabra. Ambos se adentraron al bosque donde las plantas bajo tus pies se iluminaron en un azul brillante. Tal cual una bienvenida a un cuento de hadas. Sin embargo, esto en lugar de maravillarte te puso de los nervios y tu mente te obligó a evitar tocar cualquier rama ante el desconocimiento del peligro de estas mismas.
Tus ojos buscaron con atención cualquier cosa que parezca una jugosa fruta en este enorme bosque. Después de un rato donde ya no oías los pasos detrás tuyo miraste hacia atrás. Diego estaba lejos de ti, agachado en sus rodillas mientras sus dedos arrancaban pequeñas bolitas rojas parecidas a las fresas.
Te acercaste mientras suspirabas, ganándote una rápida mirada de él. Imitaste su posición cuidando de no tocar, ni rozar su piel con la tuya.
----¿Saben ricas? ---- preguntaste mirando cómo se llevaba una a la boca.
Diego te miró.
Sus acciones no titubearon cuando una de sus manos tomó la tuya y la otra colocó una de esas pequeñas frutas en la palma de tu mano.
A pesar de que no querías hacerlo sentir incómodo a veces te era imposible detener tus imprudentes acciones. Tus iris no se despegaron de su persona, intetando entender sus acciones y extraño actuar. Tus pupilas se concentraron en sus ojos y en ese momento notaste que estos mismos tenían tonos verdosos que se combinaba con el brillante e inusual dorado. Tu mirada recorrió su rostro, el cual era adornado por puntos blancos que llamarías pecas, las franjas en su rostro eran de un azul oscuro algunas deformadas por cicatrices que decoraban su piel, seguro de las torturas que había pasado en ese lugar, tambien aquella mascara que le brindabaocigeno en la celda seguía en su rostro. De alguna forma este chico te hacía recordar a un tigre.
Un tigre tan majestuoso que venció a tantos por un poco de territorio y luego fue encarcelado y sacado de tpsu reino para destruirlo.
Era terco, malhumorado y su cuerpo lleno de cicatrices eran recuerdos de todo lo que vivió... De todos lo que perdió.
----Eres como un tigre ----. Tus labios mordieron la fruta, era jugosa y el líquido rojo bajó por tu mentón mientras tu garganta se refrescaba ante su dulce sabor ----. Hermoso y peligroso a la vez.
Su mano se pegó a tu frente y con fuerza te empujó lejos de él haciéndote caer de sentón contra el suelo. Tus ojos volvieron a él llenos de indignación, por supuesto, a Diego poco le importó si te habías hecho daño y lo demostró levatándose del suelo y alejarse de ti sin mirar atrás.
Tus puños se apretaron con rabia.
----¡Oye cabron, qué te pasa!
Te levantaste rápidamente, tomando varias frutas para ponerlas en tu blusa como una bolsa y comenzar a caminar hacia él.
----¡Eso fue grosero, pendejo! ---- exclamaste esquivando todas las plantas que él quitaba del camino -----. ¡No debes tratar así a una persona! ¿No te enseñaron modales o qué?
Una gran hoja golpeó tu cara y eso demostró que claramente no le enseñaron a ser amable con nadie.
----- Hijo de tu chingada madre.
Avanzaste con tu ceño fruncido saliendo de la selva para acercarte a la fogata y sentarte furiosa. Alagabas a alguien y este te lo agradecía con golpes, típico.
Tomaste los pescados qué habías dejado a la deriva y con rapidez los limpiaste para ponerlos al fuego. Tu estómago gruñía debido al hambre y tal vez eso te ponía de más mal humor.
Y Diego.
Uhhh, Diego.
Diego decidió que ahora era el momento perfecto para ponerse a revisar la navaja que le habías entregado y hacer quién sabe qué.
Rodaste los ojos con fastidio intentando ignorarlo de no ser porque se fue de paso, acercándose a la orilla del mar sin una pizca de temor comenzando a mojar sus pies en el agua bajo los brillantes rayos del sol. Él simplemente se sentó ahí mismo y supones que observó las olas romperse y volver a formarse. Con ese pensamieto asumiste que le gustaba el mar y aquel pensar provocó que un escalofrio recorriera tu espalda.
Era increíble cómo las personas podían amar algo que era aterrador.
Tomaste tu comida y lo comenzaste a morder con calma.
El viento de la playa hacía ondear tu cabello y la arena se pegaba a tu piel mientras el sol incomodaba tus ojos.
No sabías qué hacer ahora.
Eran libres, si, pero ahora qué.
Tú debías volver a un lugar que fuera seguro para ti pues el oxígeno no duraría tanto, de eso cualquier persona estaría segura. Debían ir a un laboratorio pronto y robar suministros de oxígeno para que pudieras sobrevivir en este lugar.
Rascaste tu frente frustrada dándote cuenta que ni siquiera habías pensado en cómo es que afrontarías los ataques de abstinencia que este tipo tendría. ¿Cómo vas a controlarlos? Necesitabas por lo menos las dosis para ir quitando su adicción poco a poco... Quitarlas de golpe nunca era conveniente para el adicto. Tus dedos fueron a tu labio y con cuidado comenzaste a jugar con él mientras pensabas en qué es lo que harían a continuación. Debían ir a otra sección donde ellos no sepan de dónde son... Un lugar donde puedas infiltrarte. Recordabas que al norte de tu brigada había otro sector, uno que venía con fines distintos.
Si venían de atrás significaba a que debían ir hacia la izquierda... Ni siquiera sabías qué estabas diciendo.
Pero lo harías, por qué era mejor que no hacer nada.
Tigresito iría a su hogar y tú robarías una nave para volver a casa o a lo que supone debías llamar casa.
----Bien, de nuevo lo resolviste... Eres chingona, eres una chingona -----. Murmuraste para ti misma.
Masticaste tu pescado mientras mirabas al frente donde ahora Diego estaba pescando.
Sonreíste divertida, esperando que esto significara por lo menos un poco de avance.
Cuando llegó al día siguiente empezó a su pequeña exploración.
El primero en levantarse fue él, quien ya estaba pescando en la orilla del mar cuando tú apenas estabas despertando. Volvió con siete pescados y estás segura de que te sonrió presumido, como si ver quién pescaba más fuera una competencia...por supuesto eras boba y caíste en el juego. De todos modos no servía de nada presumirle, pues así cómo llegaron no duraron nada. Él comió cinco en poco tiempo y tú solo comiste uno mirándolo ya sin expresión alguna porque comenzabas a acostumbrarte a su enorme apetito en el poco tiempo que llevaban conviviendo.
También estaba su situación con las drogas que abría el apetito.
Cuando su merienda acabó tú te levantaste de la arena estirando tus adoloridas extremidades para que tus huesos se acomodaran. Moviste tus tobillos intentando disfrutar por un segundo el descanso que tuvieron. Cuando por fin te sentiste cómoda destruiste con los pies la pequeña fogata con la que habían estado brindándose calor por las noches . Tu atención fue a Diego quien estaba en la orilla del mar y simplemente se sentaba disfrutando de la vista.
Eso es todo lo que hizo en todo el día de ayer.
-----¡Hey, Tigresito! ---- llamate risueña notando que cada vez que lo llamabas por este apodo él te miraba molesto.
Esta vez hubo un clara diferencia con las otras veces, pues había decidido que no voltearía a verte, probablemente debido al apodo. De todos modos, no sabías su nombre y parecía no querer decírtelo o hablarte en todo caso.
Te acercaste a él sin mirar el mar, centrando tu mirada en su gran espalda llena de cicatrices. Cuando estabas a unos metros de él tu bota se enterró en la arena y con cuidado pateaste la arena intentando lanzarsela.
Diego se giró molesto, siseándote mientras se sacudía la arena de los hombros que le lanzaste.
----- Hora de irnos — avisaste poniéndote en cuclillas para que su cuerpo tapara tu vista.
Su rostro expresó una total confusión sin entender realmente lo que tus palabras trataban de decir, aunque fuera lo más simple del mundo.
----¿Qué? ¿Pensabas que nos íbamos a quedar eternamente aquí? ---- soltaste con una sonrisa, rascando tu mejillas gracias a la arena que comenzaba a picarte ----. Debemos seguir. No sabemos si ellos nos siguen buscando. Además, los dos queremos ir a distintos lugares, ¿No es así?
Diego se levantó al suelo sin decir ni una palabra, como siempre.
Sus pies no se alejaron del mar y con tranquilidad comenzó a avanzar sin mirar hacia atrás haciéndote soltar un suspirar agotada. Te levantaste del suelo sacudiendo tu pantalones para intentar relajar tu enojo.
Dios, era como convivir con un maldito adolescente.
Tal vez... Tal vez lo era... ¿como sabes cual es la edad de un na'vi? Todos eran gigantes y para ti lucían exactamente iguales. ¿Tal vez sus expresiones?, ¿su rostro? Habías escuchado por el enfermo de Mark que podías saber la edad de un Na'vi debido al tamaño de sus colmillos y quién sabe qué otras mierdas. Pero... También sabías que Diego se veía mucho mas pequeño que un nativo adulto. Probablemente debido a la forma que vivió en los últimos años. La falta de alimentación podía haber afectado su forma de desarrollarse.
Tus ojos volvieron a él notando su mirada perdida en la lejanía, casi como si tratara de ignorarte.
----- Oye, Tigresito. ¿Cuántos años tienes? ---- Diego te miró mal, porque realmente odiaba ese apodo -----. Bueno, supongo que tendré que adivinar... Mmm, ¿27..?
Su rostro se mostró indignado cosa que te hizo reír debido a su reacción exagerada. A pesar de que Diego no hablara era bastante expresivo cuando lo tomabas con la guardia baja.
Carraspeaste intentando tranquilizar tu diversión. Tus iris se concentraron en su persona mirando de arriba a abajo intentando encontrar algo que te dijera cuánta edad podría tener tu compañero de aventura. Tal vez, la respuesta estaría en su rostro malhumorado que te miraba con atención.
----¿24...?
Rodó los ojos con molestia y eso te hizo fruncir el ceño frustrada porque él no te estaba ayudando a saber más de él. La única que hablaba eras tú intentando hacer mas ameno el viaje y siempre eras recibida por su exasperante y molesta actitud.
Cuando ya estabas dispuesta a ignorarlo hubo movimiento de su parte que logró retener tu atencion. Sus manos se elevaron estirando sus cuatro dedos. tus ojos miraron con atención las enormes cicatrices que descansaban donde se suponía debía estar un meñique. Su expresión serena titubeó por un momento emanando un segundo de dolor y sufrimiento, aunque Diego rápidamente lo ocultó. Hiciste como si no notaste nada y prestaste atención a cómo sus manos empujaban hacia ti dos veces y luego simplemente elevaba dos de su dedos.
Lo miraste extrañada ante sus acciones, intentando encontrar algún signifcado hasta que tu cabeza encontró la respuesta provocando que tus ojos expresaran sorpresa, pues... Era lo primero que sabías de él por su parte.
----¿20...? — murmuraste con suavidad.
Era menor que tú... por tres años, pero seguía siendo menor.
Hubo un silencio que parecía eterno, tus labios se sellaron y sus miradas no se alejaron de la otra. Comenzaste a ser consciente de que todo se estaba volviendo incómodo cuando sus orejas se agacharon y sus iris dorados intentaban mirar a otra parte avergonzado. Miraste al frente formando una sonrisa relajada.
— Que raro, juraba que por tu humor tendrías como unos cuarenta.
Su repuesto iba a ser obvia así que no dudaste en imitar su siseo, el cual se sincronizó con el suyo, saliendo en el mismo momento. Tus ojos lograron ver su expresión llena de sorpresa haciéndote reír. Levantaste tus hombros con indiferencia mientras tronabas tus dedos con una pequeña sonrisa presumida.
----- Qué te puedo decir, me he vuelto buena leyéndote.
Tal vez te estabas volviendo loca o tu vista te estaba fallando, pero estabas segura de que pudiste percibir una pequeña sonrisa que se formó en su rostro. Una llena de diversión debido a tu tonta imitación y aquello te hizo sentirte orgullosa, pues eras humana y traumada. Una pequeña muestra de aprobación sería suficiente para tu solitario corazon.
Para tortura de Diego aquella acción desencadenó una reacción y un mundo de posibilidades se abrió cuando decidiste seguir haciendo preguntas.
Ninguna fue contestada, pero ahora el muchacho se permitía sonreír de vez en cuando ante las propias respuestas que dabas.
Por el camino era inevitable que tus ojos buscaran sus reacciones con curiosidad, casi con desesperación por una conviviencia sana. Pudiste ver distintas acciones, como por ejemplo su cola la cual se movía de un lado a otro mientras que sus orejas se movían en tu dirección con pequeños tics. No estabas segura de si era por los sonidos que creabas con tu risa o una secuela de su adicción.
Cuando la noche cayó no se detuvieron.
Caminaron bajo la noche estrellada y el extraño eclipse que simulaba la luna en este mundo.
En todo el recorrido tú no paraste de hablar ni por un segundo. Así que cuando tu garganta había comenzado a doler habías decidido que sería bueno un momento de silencio. Tu ojos se concentraron en los alrededores que estaban tranquilos y sin ninguna señal de peligro, lo único curioso que había a su alredeor eran las pequeñas luciernagas de este mundo que volaban por enicma de la arena saliendo de las profundidades del bosque o selva.
El ligero sonido de chapoteo te hizo volver tu mirada a tu compañero el cual seguía caminando sobre la orilla del agua jugando a petear la espuma mientras sus pies se mojaban. Parecía tranquilo y su vista estaba concentrada en el brillo que emanaba el agua en sus pies.
El aire fresco de la noche acariciaba tu cuerpo y provocaba que tú pelo volara junto con el viento causando que los vellos de tu nuca se erizarán debido a la desnudez de tu cuello. A él parecía no molestarle el frío a pesar de que su única vestimenta fuera aquella prenda pequeña y rasgada que se había amarrado alrededor de la cadera.
Siguieron.
Caminaron y caminaron sin detenerse ni por un segundo.
Tú de vez en cuando sacabas una pequeña fruta y la metías en tu boca distrayéndote con el dulce sabor de esta misma. Al menos hasta que llegó el amanecer y tu estómago comenzó a gruñir por probar algún bocado, habías notado que se había vueto exigente desde que escaparon y ahora buscabas mucha más comida de la que se te ofreció por tanto tiempo.
Tus pies se detuvieron y tu mirada fue a Diego quien estaba concentrado en el agua que mojaba sus pies.
Te acercaste a él haciendo ruido con tus pies para no tomarlo por sopresa. Sus orejas se movieron y en segundos sus pupilas ya estaban atentas a ti.
---- Creo que es hora de pescar, Tigresito ----. Avisaste mientras te detenías a su lado.
Como siempre él no dijo nada, pero tampoco esperabas una respuesta de su parte.
Te agachaste con una quejido, sintiendo tus rodillas doler para comenzar a desatar tus agujetas. Lanzaste las botas y quitaste tus calcetas para evitar que estas se mojaran. Comenzaste a doblar el pantalón y finalmente te adentraste en la orilla para buscar qué comer. Tus ojos miraron con atención a los curiosos pececillos que nadaban con calma a tu alrededor, como sino fueras a comertelos en cualquier momento. Buscaste a uno grande y que se viera apetecible, preparándote con la navaja en mano cuando uno logró captar tu atención. Te lanzaste hacia la comida atravesando al pesacado con tu navaja, lo sacaste del agua con esfuerzo y miraste a Diego con una sonrisa presumida el cual solo rodó los ojos ante tu actitud.
De repente algo inesperado sucedió. El na'vi que te había estado mirando desde la orilla estaba a tu lado con su propia navaja en mano. Fue inevitable observar sus acciones con sorpresa, más a él pareció importarle poco pues ni siquiera te miró. Solo se concentró en buscar la presa perfecta. No querías arruinar el momento así que no dijiste nada y lo dejaste ser, esperaste atenta a sus acciones el cual ya se había lanzado a un pez y sacarlo con una sonrisa victoriosa haciéndote reír ante su cara orgullosa.
Te giraste a seguir con lo tuyo, siguiendo con la mirada a un pez amarillo y grande. Inclinaste ligeramente las rodillas lista para atraparlos de no ser porque una enorme criatura azul saltó enfrente tuyo robándote tu presa y todavía se atrevió a mirarte con una cara llena de altanería. Sus manos levantaron la presa sin esfuerzo pasándolo frente a tu cara en forma de burla encendiendo una llama ante la burla a tu orgullo.
---- Ohhhh, bueno, bueno, te vas a arrepentir ---- advertiste lanzándote al siguiente pez más cercano pinchándolo con tu navaja para lanzarlo a la arena ---- ¡Llevo dos!
Él se levantó de golpe elevando un pescado con victoria.
----¡Pxey! ----- festejó lanzandolo a la arena.
Lo miraste incrédula dejando salir una carcajada cuando lo escuchaste volver a hablar. No en un lenguaje que conocieras, pero a fin de cuentas estaba hablando y todo por un juego bobo de ver quién atrapaba más peces.
Sacudiste tu cabeza para salir de tu estupor intentando atrapar al siguiente pez sin pensarlo mucho maldiciendo cuando este escapó de tus manos. Te levantaste rápidamente a punto de lanzarte a otro de no ser porque una cola lanzó agua a tu cara cayendo en tus ojos y nublando tu vista. Después de tallar tus ojos miraste a Diego indignada quien tallaba tenía una sonrisa burlona en su rostro. Le lanzaste agua a su cara para enseguida golpear el pez en su mano causando que este lo soltara y el animal huyera a toda velocidad de ambos. Sus iris amarillos te miraron mal mostrando sus dientes en forma de advertencia, por supuesto, tú no tardaste ni un segundo en imitar su expresión con una sonrisa divertida.
Diego sonrió.
Volvió a lanzarse por otro pez y tú lo imitaste atrapando otro.
----¡Llevo tres!
----¡Tsìng! ---- exclamó con alegria, lanzando su propio premio.
Lo miraste un momento notando cómo ya estaba a punto de tomar otro pez y eso lo pondría mucho más cerca de la victoria que a ti, así que hiciste un poco de trampa y metiste tu pie en su camino para que cayera contra la arena. Te giraste a otro lado lanzándote a otro pez para al fin empatar esta competencia porque definitivamente no permitirías que este muchacho te ganara.
----¡Cuatro! ---- cantaste burlona.
---- ¡Skxáwng! ---- gritó tomando tu tobillo para hacerte caer ---- ¡Jajaja!
Te levantaste del agua de golpe limpiando las gotas de agua de la mascara. Una vez que la limpiaste lo miraste fijamente salpicando agua a su cara sin dudarlo provocando que te mire indignado para después sonreír y también comenzar a lanzarte agua.
Lo minutos pasaron donde no dejaron de jugar y reír hasta que sus brazos se entumieron y sus respiraciones se volvieron agitadas.
Fue un empate.
Ambos terminaron cansados en la orilla del mar y totalmente empadados de pies a cabeza, el fuego fue encendido por ti mientras Diego quitaba las escamas de los pescados.
Fuiste cuidadosa cuando tus manos tomaron el encendedor, intentando que Diego no se sintiera bajo amenaza por el pequeño objeto. Tus ojos se concentraron en la pequeña danza de la llama, el viento golpeaba tu cuerpo haciéndote sentir frío debido a que el atardecer comenzaba a caer. Tus dedos tomaron una hoja seca y con cuidado permitiste que esta se prendiera fuego. Tus hombros se relajaron al ver cómo poco a poco la hoja en tus manos se volvía cenizas y el fuego se avivaba conforme más avanzaba. Cuando tus dedos estaban a punto de quemarse lanzaste la hoja al montón de hojas de secas las cuales no tardaron ni diez segundos en prenderse en llamas.
Soltaste un suspiro para caminar hacia Diego y sentarte a su lado, alejada exactamente por un metro de distancia para no hacerlo sentir incómodo. Tus manos tomaron los pescados que ya estaban limpios y con calma comenzaste a encajar los palos en ellos para después ponerlos al fuego para que se preparen.
Te preguntabas si en algún momento llegarías a cansarte de tanto pescado o tal vez, correrías con la suerte de que se volvería tu comida favorita, no sabias cuál opción tenía más probabilidad.
Cuando el olor hizo agua tu boca no dudaste en sacar la comida del fuego para estirarla a Diego quien no dudó en tomarlo para comenzar a comer. Mientras lo hacía su estómago gruñía una y otra vez provocando que una sonrisa divertida se formara en tu rostro, pues era gracioso ver como a pesar de tomar kilos de comida su delgado y flaco vientre no dejaría de exigir comida.
---- Sabes, creo que comes demasiado — iniciaste la conversación.
Aunque tu comentario fue grosero, no lo decías con esa intención.
Diego ya te estaba mirando con la boca llena. Sus mejillas se encontraban hinchadas debido al alimento como si estuvieea acumulándolo lo cual te hizo reír con diversión, pues te recordaba a un hamster gordo. Mordiste tu propio pescado asíntiendo mientras notabas que sus iris amarillos seguían atentos a tu persona.
----- Si y aún así siempre tienes más hambre, es sorprendente ----. Diego te miró unos cuantos segundos sin hacer ningún movimiento. Luego simplemente alzó los hombros y volvió a comer como si nada ---- es increíble tu elección de momentos para hablar.
Volviste a morder tu comida, tomando otro pescado para entregarlo a Diego quien no tardó en tomarlo y volver a comer con su vista atenta al basto océano frente a ustedes. No lo pensaste mucho cuando seguiste la dirección de su vista sintiendo un vuelco en tu pecho cuando tus pupilas se encontraron con las enormes olas rompiendo contra la orilla. Tu cerebro se volvió consciente de que aquel mar era capaz de arrastrar a cualquier persona a sus profundidades sin posibilidad de salir, un escalofrío recorrió tu columna cuando recordaste la sensación del agua rodeándote. Decidiste que la mejor opción era alejar tu vista de ahí y centrar tu mirada en el fuego de la fogata. Sintiste cómo poco a poco la calma invadía todos tus pensamientos.
Fue una hora de descanso, uno donde solo se dedicaron a comer y centrarse en sus pensamientos. Eso hasta que empezó a anochecer.
---- Bueno, iré por fruta — avisaste un tanto aburrida de no hacer nada — Tú puedes ir a ver el mar o lo que siempre haces, volveré en poco tiempo -----. Avisaste levantándote de tu lugar para adentrarte a la selva.
No lograbas entender la extraña plantación que había en este planeta. Realmente nunca le habías prestado atención porque siempre estabas cuidando el culo del idiota de Mark y ese estúpido siempre estaba encerrado en su maldito laboratorio. La única vez que saliste de las instalaciones te llevaron a mantenerte encerrada.
No era tu culpa, tú habías advertido que era lo que no permitirías y ellos no te escucharon. Tu líder de escuadrón te diría que eres demasiado cabeza hueca y que siempre haces lo que quieres y si, pero, son ventajas de ser una de las mejores y tener conexiones. Tal vez todo había salido mal porque estabas lejos de ellos y por tu cuenta realmente no valías nada.
Estabas segura de que tu hermana te regañaría si te escuchara decir aquello acerca de ti.
Ignoraste tus pesares concentrando tu mirada en la vegetación para encontrar a unos escazos centimetros de ti lo que buscabas. La fruta roja brillante con sabor jugoso brillaba entre los arbustos llamándote cual dulce prohibido, estabas segura de que se volvería tu favorita en pocos días. No dudaste en ir a por ella y con rapidez metiste varias en tu bolsillo hasta que estos se inflaron cual mejillas de ardillas. Estabas tranquila hasta que todo se erizó y tu cerebro envió señales donde te advertían que algo andaba mal.
Alguien te miraba.
Había algo que te vigilaba en las profundidades de la selva preparándose para atacarte o tal vez intentaba ver si eras un peligro.
Si tuvieras un arma sería mucho más fácil para ti y te sentirías mucho más segura de lo que ahora te sientes, pero la vida era injusta y ahora solo contabas con un estúpido cuchillo que no sabías si podría protegerte de lo que sea que te estuviera acechando. Dejaste de arrancar las bayas y sin hacer ningún movimiento brusco te levantaste de tu lugar comenzando a caminar a la salida de la selva con pasos cuidadosos intentando hacer el menor ruido posible, aquella pesada mirada jamás dejó de estar encima tuyo. Cuando saliste a la playa miraste directo a la orilla donde Diego se encontraba sentado, sin hacer nada, como siempre hacía después de comer. Tus ojos volvieron al fuego que ya había sido apagado y el esqueleto de cinco peces descansaban en la arena. Tu vista volvió al chico quien te daba la espalda con su vista fija en el mar. Caminaste hacia él con pasos tranquilos, lista para seguir avanzando por el largo camino que les quedaba.
Hiciste sonidos cuando ya estabas a unos cuantos metros de él para no tomarlo por sorpresa.
----Hey, hora de seguir ---- avisaste alejado a un metro de él.
Se giró de golpe casi saltando de su lugar cosa que a ti también te asustó pues habías hecho el suficiente ruido para no asustarlo y al parecer no sirvió de nada. Fuiste capaz de notar la ansiedad que llenaba su mirada. Pero eso no duró mucho pues sus ojos se volvieron dolidos, como si hubieras interrumpido una ensoñación que él necesitaba.
Tal vez...
Tal vez era su abstinencia volviendo a atacar.
----¿Todo bien? ---- preguntaste cuidadosa, mentalizando a tu cabeza a reaccionar por si de repente se volvía irracional.
Lo que tanto sospechabas se confirmó con una pequeña acción que te hizo sentir incómoda.
Su mano se levantó y sus dedos rascaron el dobles de su brazo, justo donde estaba lleno de cicatrices de piquetes pasados. Te cruzaste de brazos mirando fijamente sus ojos mientras su respiración comenzaba a volverse inestable. Él asintió mientras se levantaba del suelo en segundos para alejarse unos cuantos pasos de ti, casi tropezando con sus propios pies por su urgencia. Hiciste lo mismo para hacerlo sentir cómodo intentando evitar una crisis nerviosa de su parte.
De repente fuiste consciente de que lo que habían avanzando en este corto lapso de tiempo se deslizaba de entre tus dedos. Era como ver arena suave cayendo y siendo llevada por el viento, lo cual dejaste que sucediera.
Realmente no se conocían de nada.
Solo se estaban usando para saborear la libertad y sobrevivir en este basto mundo. Llegaría un momento en el futuro donde él volvería con su gente y tú volverías a donde pertenecías.
Lo que sucedió después de ese día fue la consecuencia de quién sabe qué. El silencio los rodeaba y la rutina se vio envuelta en la nula convivencia amistosa.
Ahora simplemente se centraban en caminar por la orilla de la playa.
Él caminaba dentro del agua y tú avanzabas por la dorada arena sin detenerse ni por un segundo. Lo unico que no había cambiado y asegurabas que se había vuelto constante era aquella mirada insistente que siempre estaba encima tuyo. Advirtiendo a tu cerebro que los estaba estudiando para poder atacar cuando menos lo esperes y eso te estaba volviendo paranoica. Porque no era la única preocupación que agobiaba a tu cabeza sino también la insistente mirada que te dirigían desde la orilla del mar.
Ambos te estaban volviendo loca.
Eran dos sensaciones de peligro que no dejaban de sobreestimular a tu cerebro y aquello te estaba comenzando a alterar.
Por si fuera poco podías notar como el raciocinio de Diego se iba deteroriando con las horas. Sus tics se volvían cada vez más difíciles de ignorar, podías ver cómo comenzaba a rascar sus brazos, sus manos jalaban su cabello en un intento de control y a veces cuando nada de eso era suficiente mordía sus uñas con desesperación.
Y todo debido a la abstinencia.
En este tiempo él ya tendría su dosis del mes y su cuerpo lo sabía perfectamente.
Seguramente aquello influyó en la distancia que ahora mismo mantenían. Su propio cuerpo haciéndolo sentir desesperado por la necesidad de calmar su adicción y por supuesto la situación de la última vez que realmente no entendías. Sabías que habías hecho algo mal por la mirada que invadió su rostro. Algo que se salía por completo de tus manos y tal vez también de las de él.
Intentabas sentirte satisfecha con el solo hecho de estar segura de que no era tu culpa, porque realmente no habías hecho nada malo. Al menos no intencionalmente. Así que no vas a intentar resolver el problema y tampoco cuestionarías para ver qué lo acongobaja.
Decidiste fingir que nada pasaba.
Fingir que todo estaba bien era algo que habías aprendido desde niña y tal vez por eso tu madre te amaba demasiado.
Tu mirada volvió al na'vi causando que sus ojos se encontraran.
No sentías ningún peligro emanando de él, pero era incómodo el pensar que tal vez en un momento llegaría a acercarse y hablar. Así que para brindarte seguridad tu mano fue al cuchillo e intentaste engañar a tu cabeza de que lo que te preocupaba era que te atacara.
Por supuesto eso no pasó.
Y se miraron... Se miraron por segundos qué parecían eternos con un clara y enorme distancia. Él en la orilla y tú en la arena.
Era extraño saber que podrías mirarlo por horas. Tal vez porque aquello se había vuelto parte de tu rutina en aquella celda en la cual se vieron obligados a convivir. Con el pasar del tiempo entender el sentir de tu compañero y empatizar con su situación se volvió facil. Por eso mismo eras capaz de percibir la gran nube de tristeza y melancolía que lo rodeaba, así como fue fácil tener empatía por él también fue difícil ignorarlo.
El na'vi se había uelto algo dificil de ignorar...
Tal vez porque te recordaba al pasado o porque estuviste confinado con él por largos meses e inevitablemente formaste un extraño vínculo.
Después de todo eras un humano y a veces necesitabas no sentirte sola pra vivir.
Así que te obligaste a ignorar el vacío de tu pecho por cuanto tiempo pudieras. Fingirías ser ignorante a las miradas insistentes y verías el vaso desbordarse. No harías nada hasta que comenzaras a ahogarte en la situación...
Eso es lo que mejor sabías hacer.
Cuando llegó la hora de comer no se acercó y tú no lo llamaste para compartir el momento de comida.
Parecía que cada uno tomó un papel sin decir alguna palabra. Mientras él pescaba tú te adentraste al bosque para buscar las cosas para la fogata y cuando volviste de tu pequeño viaje ya había un pez en una hoja de palma.
Apretaste la mandíbula intentando ignorar la incomodidad en tu pecho y simplemente te obligaste a ignorar el sentir. Le quitaste las escamas con tranquilidad y una vez que estuvo limpio comenzaste a preparar la fogata.
Cuando la llama del encendedor surgió tus ojos se distrajeron en esta misma, imaginando que los problemas se convirtían en cenizas y eran llevadas por el viento lejos de tu cabeza. La insistente mirada del bosque desaparecía, la voz de tu hermana se alejaba, el mar se evaporada y Diego...
No sabías si hacerlo desaparecer te tranquilizaba o te ponía más de los nervios.
Cerraste tus ojos con fuerza intentando dejarte llevar por la calma.
Te obligaste a estar en tu habitación de la instalación, aquella habitación que te entregaron en tu primer día de llegar a Pandora. La música surgía a través de los audífonos mientras la luz cálida del foco iluminaba la habitación y ese estúpido incienso de lavanda qué adoraba tu hermana llenaba tu nariz calmando a tus hombros.
Cuando terminaste el pescado dejaste el fuego encendido adentrándote al bosque.
Tus sentidos se concentraron en los alrededores un tanto nerviosa por aquella mirada que te vigilaba en las profundidades. Así hasta que aquellos frutos rojos fueron encontrados por tus pupilas, te acercaste con un pequeña pizca de alegría comenzando a arrancar varios del arbusto con aparente calma y cuando tenías los bolsillos llenos al igual que tus manos te sentaste en el suelo recargando tu espalda en un tronco de un enorme árbol buscando cualquier cosa que intentara hacerte daño, intentando no agobiar a tu cabeza con aquel vigilante entre los árboles.
Ibas a estar ahí un buen rato. Al menos para darle tiempo a Diego para que terminara de comer.
Sacaste tu navaja para ponerla encima de tu muslo mientras comías las bayas. Escuchaste sonidos lejanos de animales, entreteniendo tus sentidos en el sonido de las hojas bailar. Mirando insectos volar por ahí.
Decidiste volver después de dos horas donde nada apareció.
Cuando saliste de la selva el muchacho ya estaba sentado en la orilla del mar y el esqueleto de siete peces estaba en la arena junto al fuego apagado.
Soltaste un suspiro cansado ante la situacion. No estabas segura cómo decirle que era momento de seguir, si era correcto hablarle o no.
Decidiste tomar una rama y lanzarla hacia al mar. Funcionó porque él no tardó en girarse y a pesar de que ambos tenían expresiones abatidas ninguno dijo nada.
Tú le diste una señal con la cabeza y él se levantó para comenzar a caminar.
Esta vez te alejaste unos cuantos metros de él pateando la arena mientras caminabas para entretenerte en algo y no concentrarte en tu pensar.
De repente a tu cabeza llegó el recuerdo de tus días en la celda... Tus labios comenzaron a moverse cantando en un suave murmullo cualquier canción que te llagara a la cabeza. Te entretuviste de esa forma a lo largo de esta pequeña travesía ignorando las dos insistentes miradas. Aquella que venía del océano azul y la que venía de las profundidades del bosque.
La rutina siguió por tres días.
Tú te adentrabas al bosque, él se acercaba a comer cuando te ibas y cuando volvías él se encontraba a la orilla del mar mirando a la nada.
No entendías su fascinación por él. Tampoco entendías esta repentina lejanía... O tal vez si, pero no querías prestarle atención.
No querías centrarte en el na'vi cuando podías sentir cómo tus vellos se erizaban cada vez que rascaba su brazo.
Te sentías segura intentando evitar encariñarte más de lo que ya lo había hecho tu cerebro por superviviencia.
Iba a ser más fácil hacerle daño si él llegara a atacar.
Ser cercanos y hablar haría mucho más difíciles las cosas para ambos en un futuro cuando deban separarse. Además no eras buena hablando, no sin sentirte vulnerable y ser vulnerable te haría cercana a alguien que en algún momento llegará a irse.
Fue así una semana más.
Los pescados ya estaban a tu lado y los preparabas con calma mientras él, como era habitual, estaba en la orilla.
Aunque esta vez algo fue diferente.
De forma repentina notaste cómo se levantaba de su lugar y sin mirar atrás se adentró al mar con calma. Tus manos titubearon un segundo, sin embargo, te obligaste a restarle importancia y concentrarte en preparar los pescados. Fue inevitable para ti que tus ojos se levantaran cada pocos segundos hacia él intentando no perderlo de vista. Fue así hasta que tu cabeza fue consciente que no se había detenido y aquello provocó que toda tu atención se centrara en él. Fue exasperante ver cómo cada vez llegaba a lo más profundo del océano. Llegó a tal punto donde solo podías ver encima de sus hombros y aquello accionó recuerdos en los cuales no querías pensar.
Fueron unos pocos segundos donde apartaste tu mirada para sacar los pescados del fuego, estabas segura de que no fue tanto tiempo, tal vez ni siquiera dos segundos. Pero cuando tus ojos volvieron al mar él ya no estaba por niguna parte y aquello provocó que te levantaras de golpe con tu corazón martillando contra tu pecho. Tus pies no dudaron en correr hacia la orilla, no pensaste mucho cuando seguiste avanzando al menos hasta que el agua llegó a tus caderas y eso te paralizó.
No te ahogarías.
No lo harías porquetenías la máscara del oxígeno, pero el temor estaba ahí.
El terror de qué pasará estaba ahí.
Tomaste grandes bocanadas y con un inmenso miedo diste un ligero paso al frente. El mar reventó una ola y por alguna razón el sonido de está fue demasiado ruidoso hasta el punto de hacer doler tus tímpanos.
Tus manos habían cubierto tus oídos y de repente te diste cuenta que ni siquiera sabías su verdadero nombre.
No podrías llamarlo.
No podrías hacerlo volver porque no sabías su maldito nombre.
Tampoco podrías ir a salvarlo porque estabas tan aterrada que no podías moverte.
Una ola volvió reventando contra tu cuerpo y eso desencadenó un reecuerdo que tratabas de ignorar. La situación te estaba llevando al pasado y eso era aterrador. Eras valiente cuando se trataba de armas, cuando se trataba de alzar los puños eras increíble, pero no esto, no podías enfrentar algo que te aterró de niña, no ahora.
¿Entonces qué debías hacer?
Mordiste tus labios con fuerza y encajaste las uñas en las palmas de tus manos intentando forzarte a avanzar dentro del inmenso mar al que tanto pavor le tenías.
Las voces de aquel día volvieron a llenar toda la playa, las personas gritando por ayuda retumbaban en tus oídos y el frío de la tarde te provocaban escalofríos.
De repente tenías cinco años y estabas siendo llevada a las profundidades del mar.
Podías oír gritos pidiendo que se detuviera y a pesar de que en ese momento personas intentaron ayudar está vez no hubo nadie. Te dejaron entrar a la boca del mar mientras tu cuerpo temblaba y tu cabeza te gritaba que volvieras a la orilla donde estarías a salvo. Tu corazón se aceleraba con ansiedad y estabas segura de que saldría de tu pecho en cualquier momento sino te detenías. Conforme te adentrabas tu ropa se iba empapando dejándote en claro dónde estabas y aquello provocaba que tu cerebro entendiera que te estabas adentrando más y más. Enviando señales de advertencia que comenzaban a agobiar a tus sentidos.
Necesitabas volver a la orilla, pero si regresabas él ya no estaría y tú quedarías sola... Otra vez.
----- ¡Oye! ----- gritaste sintiendo como el mar comenzaba a tragarte ----. ¿¡Dónde estás!? ¡S-sal!
Tu vista comenzaba a cubrise con el agua y aquello te obligó a dar saltos para que tu cabeza pudiera sobresalir.
No te ahogarías. No hasta que el oxígeno se acabará en la mascara. Aún así el pánico de que pronto tus pulmones se llenarían de agua no se iba de tu cerebro. Finalmente comenzaste a hundirte y esta vez ni siquiera tus dedos que se estiraban a la superficie pudieron sentir el viento en ellos. La oscuridad a tu alrededor te llenó de terror y a pesar de que sabías que había plantas que brillaban no podías verlas... Lo único que lograste percibir fue esa mano que te arrastraba dentro del mar.
----¡Volvamos a la orilla! ---- gritaste intentando empujarte a la superficie ---- ¡V-vamos a la orilla!
Tus pies dejaron de tocar el suelo y tus manoteos fueron inútiles cuando solo podías sentir agua y más agua. Tus ojos se abrieron aterrados cuando ya no veías más el cielo y solo veías un azul oscuro que te rodeaba.
Comenzaste a llorar desesperada cerrando tus ojos con fuerza mientras cubría tus oídos con fuerza.
----- P-por favor... P-por favor mamá... V-volvamos a la orilla... Por favor, mamá ---- susurrabas mientras ignorabas todo lo demás.
Tu cintura fue tomada con fuerza y tu cuerpo fue expulsado hacia la superficie sacándote de golpe del mar. El viento frío golpeó contra tus hombros y tus manos se aferraron con fuerza a lo que sea que te estuviera sacando. Cuando entendiste que alguien te había salvado abriste tus ojos encontrando unos iris amarillos llenos de furia.
----¿¡Fípo keye!? ---- gritó en un idioma que definitivamente no entendías para nada ----. ¡Ke omu'm kayna! ¿¡Peyfa pelun!?
La impotencia burbujeo en tu pecho y tu entrecejo comenzó a doler debido al llanto que intentabas detener. Tu frustración explotó y tus manos golpearon su pecho con fuerza haciendo callar cualquier sonido que saliera de su boca.
----¿¡Qué te pasa!? — reclamaste con voz rota — ¡N-no puedes simplemente hundirte y desaparecer!---- gritaste mientras el enojo se instalaba en tu pecho sin dejar de golpearlo porque no sabías cómo regularte o qué reclamar----. ¡N-ni siquiera sé tu nombre para gritarlo! — algo que salió sin pensar — ¡N-no podía llamarte!
Mordiste tus labios soportando las lágrimas para que no bajaran más por tus mejillas y te pusieran en una situación mucho más vulnerable de lo que ya estabas.
---- N-no podía llamarte porque... — ¿tiene tanta importancia? — N-no sé tu nombre...
Tal vez solo querías volver a hablar y buscar cualquier cosa por reclamar... porque había cosas mucho más importantes que saber su nombre.
Por supuesto, él guardó silencio. Nadó hacia la orilla sin decir alguna palabra haciéndote sentir estúpida por romperte. Así que cuando tu ya podías tocar arena no dudaste en alejarte de él para calmar tus nervios. Saliste del agua y te sentaste en la orilla para cubrir tu rostro y evitar sus insistentes ojos amarillos.
El muchacho salió del agua y podías sentir cómo se había sentado cerca de ti. La vergüenza comenzó a invadirte y luego te llenaste de enojo interno porque si lo pensabas bien te veías estúpida. No había razón para querer llorar por esto, no había razón para reclamarle el no saber su nombre. Pudiste haberte enojado por otras cosas, pudiste haber esperado a que saliera del agua en lugar de haberte lanzado al mar y buscarlo con desesperación. Tal vez fue todo el estrés acumulado que llevabas cargando a lo largo de estos meses que explotó en este momento debido a situaciones similares.
Eran dos desconocidos abandonados acompañándose en este mundo solitario y no veías por qué desquitarte con él de tus traumas.
Estabas a punto de decir que tiene que olvidar todo lo que ocurrió y pedir que ambos actúen como si nada pasó hasta que una voz interrumpió tus palabras.
— Lo'ak.
Tu corazón se detuvo unos instantes. Tus pupilas miraron a tu costado con un semblante aturdido encontrándote con sus brillantes iris dorados.
----¿Qué...?
----Mi nombre es Lo'ak.
•●•●•●•●•●•●•●•●•●• A D V E R T E N C I A •●•●•●•●•●•●•●•●•●•
▪︎Canibalismo.
•Muerte, sangre.
•Su/ci/io, enfermedad mental.
• Ab/so se/ual.
•Uso de drogas.
•●•●•●•●••●•●•●••●•●•●•●●•●•●•●•●••●•●••●•●•●•●•
Capitulo 4
A D V E R T E N C I A. • Canib/lism/ • Ab/so se/ual •Mención de suici/io, enfermedades mentales. • Mu/rte, tortura, s/ngre. □ no romá
Capitulo 1
•\•\•\•\•\•\•\•\• A D V E R T E N C I A. •|•|•|•|•|•|•|•|•||• Historia con temas sensibles, mención: •canibalismo •abu/o se/ual •mención
•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●••●•●•●•●●•●•●•
5. Silencio.
Mientras avanzaban, tus ojos vagaron por cada rincón de aquella oscura caverna bucando algún indicio de peligro, pues aún seguías un poco paranoica con que la criatura de hace un momento haya decidido bajar y seguirlos. A pesar de que tu estado fuera de alerta máxima, lo único que tus oídos escuchaban eran las pequeñas gotas de agua que golpeaban contra las húmedas rocas creando un eco que de forma lenta te volvía loca, pues la tranquilidad era demasiada después de todo lo que habían pasado. Era probable que tu cabeza aún no procesara del todo que ya eras libre y no estabas encerrada en una celda peleando por tu supervivencia, sino en el bosque de este mundo del cual sabías poco. Avanzando junto al alien que intentó matarte varias veces.
Ahí fue cuando decidiste dirigir tu mirada hacia aquella criatura, encontrando su enorme espalda y sus hebras negras que caían por debajo de sus hombros. Aún podías ver el dispositivo amarrado a su rostro para brindarle oxígeno de su mundo, aunque ya no lo necesitará pues ya estaba fuera. Ignoraste ese hecho para centrar tus ojos en su espalda la cual se iluminaba en la oscuridad observando aquellos lunares iridiscentes que recorrían toda su piel. Además, si prestabas suficiente atención podías notar pequeñas cicatricez en su espalda.
No eran muy comunes. Enormes líneas cual rasguños y algunas marcas de pequeños dientes bajando por su columna.
Tus ojos fueron atraídos por los movimientos de su cola, la cual se veía mucho peor que su espalda. Pues esta tenía bordes irregulares, pedazos faltantes gracias a, lo que asumes, son mordidas. Aunque también había líneas rectas cual cortes de algún bisturí.
Podías asegurar que era un regalo de Mark. Todo este na'vi tenía marcas que gritaban "Mark".
Lanzaste un suspiro agotada al pensar en toda esta situación, cada vez más consciente del dolor que recorría cada extremidad de tu cuerpo, al igual del dolor ante las probables balas que te rozaron y aún no estabas segura de si alguna te había atrevesado. Ambos necesitaban revisarse, porque a pesar de tener chalecos antibalas estos no hacían milagros y te volvían inmune a todo.
Cuando tus ojos volvieron a mirarlo tu mente fue capaz de entender qué estaba sucediendo y a pesar de ya no estar cautiva ahora tenías un problema mucho más grande. Este tipo que te tomaba de la mano te superaba en altura y fuerza y hace meses había tratado de devorarte. Sin embargo, aquí estaba él, tomando tu mano mientras caminaban por esta oscura y mágica caverna y tú le estabas permitiendo hacerlo en lugar de mantener distancia por el peligro que representaba. Tu garganta carraspeó intentando llamar su atención mientras que tu mano libre se aferró al arma que ahora cuidaban con tanto cariño, porque definitivamente ya era parte de ti...
Por suerte lo de la RDA era armamento avanzado y estas cosas podían mojarse.
-----¿ A dónde iremos? ---- preguntaste sin detenerte, buscando con la mirada a dónde irías por si tu amigo decidía atacar ----. ¿Tienes planeado ir a algún lugar o solo vagaremos?
El alien frente a ti no te miró en ningún momento, pero sí siseó por lo bajo cual gato arisco provocando que tus hombros se tensaran ante la pequeña imagen de él lanzándose contra ti para morderte.
---- ¿Eso es un no sé? ---- preguntaste con el ceño fruncido apretando la culata de tu arma -----. Sabes, no entiendo tu idioma "hisss", tal vez podemos empezar a ser más comunicativos.
Lo que te ganaste fue una mirada de la cual no entendías muy bien lo que quería decirte.
---- Tomaré eso como que eres mudo o algo así, sabes en verdad necesitamos saber qué es lo que haremos por-
Lo que tus ojos vieron fue una enorme criatura darse media vuelta para avalancerse contra ti, tus ojos miraron fijamente aquellos enormes colmillos que se asomaran sin pudor. Sus manos, las cuales, tenían unas uñas largas y sucias se acercaron a ti y a pesar de que tus sentidos te gritaron para que le dispararas no lograste moverte a tiempo y su mano ya estaba encima de tu boca mientras que su cuerpo te empujaba con fuerza contra la húmeda pared de roca. Tu ceño se frunció mientras te obligabas a quedarte quieta por el simple hecho de que al mirar su rostro se veía ansioso, mirando a quien sabe qué con sus orejas moviéndose desesperadas en busca de cualquier sonido. Removiste su mano con cuidado moviéndote para dar un pequeño vistazo y ver de qué se estaban escondiendo.
Tu rostro formó una mueca de fastidio al ver lo que parecía un ciempiés gigante color blanco con tonos azules luminiscente.
Sus patas se movían con lentitud por una de las paredes, camiando con cuidado entre las rocas acompañado de un pequeño chasquido que asumes eran de sus dientes.
Volviste a mirar al na'vi quién aún te sostenía contra su cuerpo. Sus iris amarillos ya estaban encima de tu persona y por su entrecejo arrugado asumías que no estaba para nada feliz. Tus dedos apretaron el arma contra ti y sin apartar tus ojos de sus pupilas levantaste aquel artefacto apuntando hacia el ciempiés gigante. Diego no hizo nada por lo que tomaste su silencio como visto bueno para disparar. No tardaron ni dos segundos cuando el sonido de las balas hicieron eco por toda la caverna. La criatura lanzó un chillido provocando que tus tímpanos doliera ante el agudo sonido. Palpitaron al punto que llegaste a estar segura de que explotarían en cualquier momento si aquella cosa seguía chillando. Tu cuerpo fue lanzado a un costado causando que tu espalda fuera golpeada de forma brusca contra las rocas. Abriste los ojos mientras que tu boca dejaba salir un quejido ante el dolor. Restándole importancia, dirigiste tus ojos hacia aquel gusano gigante. Entendiendo que diego te había empujado lo más lejos posible de aquel animal para que él pudiera pelear con aquella cosa.
No podías observar nada más que la enorme espalda de aquel ciempiés.
Te levantaste de forma inmediata ignorando el agudo y molesto sonido de pitido en tus oídos para ir a defender a tu acompañante, esperando que siguiera vivo y que los movimientos que veías no se deban a que aquella cosa ya se lo estaba comiendo. Decidiste que no gastarías balas aquí, no cuando solo les quedaba esta arma y mas adelante podrían necesitarla. Tus manos tomaron la navaja que habías robado, regalo del primer soldado muerto. Corriste hacia la criatura con el arma en mano saltando para clavarla con fuerza en su espalda haciéndola chillar. No te alejaste por mas que aquella cosa se removiera, no cuando podías oír los bufidos de esfuerzo del na'vi debajo del ciempiés. No te separaste bajaste de encima de la criatura aunque tus oídos estuvieran punzando debido al volumen del chillido. Tus piernas se obligaron a dejarte caer contra el suelo para ayudar a tus manos con la fuerza y hacer a la navaja bajar por el peso de tu propio cuerpo. La carcasa del ciempiés se abrió por la mitad mientras los dentros de la criatura se desparramaron en el suelo y el líquido carmesí manchó tus botas y ropa.
Tus iris prestaron atención a sus patas, las cuales poco a poco se dejaban de mover dándote a entender que habían acabado con ella. Cuando sus patas quedaron rectas y el chillido desapareció te alejaste unos cuantos pasos observando cómo Diego lo dejaba caer al suelo envolviendo a ambos en un silencio, pues toda su atención estaba en la criatura, tal vez, esperando a que volviera a levantarse.
Después de que tu paranoica mente lograra relajarse llevaste tus manos a tus oídos con una mueca de dolor ante las pequeñas punzaciones molestas dentro de tus oídos. El líquido en tus dedos te dejó en claro que no habías salido ilesa y probablemente ya estabas mucho mas sorda que antes cosa a la que le restaste importancia. Intentando que tu cerebro se concentrara en limpiar los restos de sangre con cuidado. Al menos era así hasta que tus vellos comenzaron a erizarse debido a una sensación de peligro, tus pupilas miraron a Diego quien tenía toda su atención en tus dedos, más específico en la sangre que pintaba las yemas de estos.
---- Se dice gracias -----. Bromeaste intentando desviar su atención de lo que sea que estuviera formulando su cabeza dañada.
Como era de esperarse aquello no sirvió de nada pues sus iris dorados seguían hipnotizados por el color carmín que manchaba tus dedos. No se movió ni un milímetro de su lugar y el único movimiento que había era el de sus hombros a causa de su pesada respiración y finalmente su mano comenzó a moverse en dirección a tus propios dedos. No te moviste por el simple hecho de que habías aprendido a no hacer movimientos bruscos cuando se trataban de depredadores. Permitiste que sus dedos tocaran los tuyos con suavidad, comenzando a entrelazarlos. Tu mano desocupada fue a la navaja que habías guardado lista para sacarla y clavarla en su garganta si Diego decidía que era momento de la merienda.
Cuando menos lo esperaste Diego jaló tu mano de forma brusca causando que te movieras en consecuencia sacando la navaja para ponerla contra el rostro de tu compañero quien no se inmutó ante la amenaza o no se dio cuenta de esta al estar demasiado fascinado ante el sabor que invadía su boca, pues tus dedos ya estaban dentro de esta. Una mueca de desagrado apareció en tu rostro al sentir cómo su lengua recorría con cuidado tus dedos con una mirada que demostraba lo extasiado que estaba ante el sabor del hierro. Podías sentir sus dientes rozar con la piel de tus yemas provocando que imagenes de cadáveres desparramados en el suelo de la celda llegaran a tu cabeza, la cruel idea de que este alien decidiera arrancarte los dedos de un mordisco enviaron escalofríos por toda tu espalda. Prestaste atención al cómo sus pupilas se dilataban, sus iris amarillos te miraron fascinados mientras por el rabillo del ojo podías notar cómo su cola se movía con entusiasmo detrás de su cuerpo. Su respiración se volvía mas errática con cada segundo que pasaba. Tomaste eso como una clara señal de que era suficiente.
Alejaste tu mano de su agarre poniéndole fin a su degustación.
Guardaste la navaja después de alejarla de su rostro y con cuidado diste un paso hacia atrás notando la molestia en su expresión.
----Eres bien rarito -----. Murmuraste intentando relajar la tensión de tus hombros comenzando a alejarte sin despegar tus ojos de los de él.
Cuando sentiste que estabas a una distancia segura te diste media vuelta, deteniendo tu cuerpo ante el repentino sonido de carne siendo rasgada.
Tus ojos miraron hacia atrás con intriga encontrando la escena de Diego rasgando al ciempiés para llevar lo que arrancaba del cadáver a su boca, sus dientes mordieron con desesperación mientras que sus manos se llenaban de la sangre de aquel animal. Una mueca de disgusto se presentó en tu cara, te diste media vuelta ignorando su actitud y brindarle la privacidad que necesitaba. Comenzaste a explorar la caverna por tu cuenta, aunque no te alejarías tanto para no separarte de Diego, pues aún existe esa posibilidad de que estas criaturas estuvieran en cualquier parte escondidas, esperando a atacar y comerte.
Conforme avanzabas tu mente fue capaz de prestar más atención a todo lo que te rodeaba, por ejemplo, el brillo bajo tus pies a cada paso que dabas, las flores brillantes que decoraban las paredes y las gotas luminscentes que caen del techo formando pequeños charcos en el camino. Frunciste el ceño ante tu imprudencia levantando tu arma para apuntar al frente tuyo lista para defenderte de cualquier peligro siendo ayudada por la vegetación brillante. Entre más te adentrabas por el pasillo tus oídos eran capacez de oír un eco mucho más fuerte y el sonido de la calma comenzaba a invadir cada rincón de las paredes y finalmente ante tus ojos una luz azul brillante comenzaba a crecer en el fondo. Tus pies fueron con lentitud hacia allá, evitando pizar las enormes raíces que salían del suelo, subiendo por las paredes cual venas irisdiscentes. Cuando prestaste más atencion a estas mismas fue inevitables que tu curiosidad entrara en juego y tus dedos rozaron con suavidad aquellas raíces, alejando tu mano con sorpresa al notar cómo éstas se movían al ritmo de tu propia respiración, como si fueran conscientes.
Seguiste avanzando sintiendo tu cuerpo mucho más ligero, tu alrededor se volvía fresco y el extraño susurro de las paredes te obligaba a no detener tu avanzar notando el crecimiento de las raíces, las cuales se volvían mucho más gruesas conforme el pasillo se volvía angosto.
Finalmente el tesoro se presentó ante tus ojos al salir de quel lugar.
Ante tus ojos un enorme claro de agua se extendía.
Ahora la cueva que era angosta se volvió una enorme habitación donde el techo estaba demasiado alejado del suelo, podías ver pequeñas criaturas brillantes volar por encima tuyo para colgarse en las raíces que caían del techo, podías notar cómo delgados rayos de sol entraban por los pequeños agujeros en el techo reflejándose en la laguna de la cueva, sin embargo, lo que se robaba por completo la atención en este lugar era el enorme árbol brillante. Un azul tan puro que era seguro podrías confundirlo con la plata.
Era imponente, irreal y fantasioso.
La calma que llenaba este lugar era tan irreal que la desconfianza se presentó en tu pecho obligándote a levantar tu arma sin poder confiar en la tranquilidad que este lugar simulaba brindar.
Tus pies se adentraron en el agua con cuidado notando como pequeños pecesillos rodeaban tus pies con curiosidad.
Les apuntabas mientras avanzabas hacia el centro mientras el agua sin movimiento cada vez se hacia más profunda hasta que se detuvo a la altura de tu cintura. Aquellas apenas visibles criaturas marinas seguían rodeándote golpeando tu cuerpo con curiosidad. Cuando las clasificas en "inofensivas" miraste al frente concentrando a tu cabeza en llegar al árbol, el cual, parecía llamarte. Sus poderosas raíces se asomaran por debajo del agua, haciendo figuras dentro del agua que te llenaban de incertidumbre, tus manos se levantaron rozando con tus dedos las hojas que caían como una cascada formando un pequeño refugio a tu alrededor con las flores haciéndote sentir extraña, pues aún estabas llena de desconfianza ante la bella naturaleza que te rodeaba.
Sin embargo, eso no te detuvo en jugar un poco con las ramas que caían con elegancia a tu alrededor.
Si lo comparabas con algo de la tierra podías decir que era un sauce, un sauce brillante que te concedería deseos. Justo como los que te gustaba imaginar de niña, esos que tu madre siempre mencionaba en sus cuentos para dormir cuando estabas segura que algún monstruo aparecería debajo de tu cama.
Tus ojos miraron hacia arriba notando pequeñas criaturas flotantes que avanzaban con cuidado por encima del árbol.
No recordabas haberlas visto cuando entraste, pero ahora estaban ahí. Eran como medusas y eso te hizo ser incrédula ante la escena, era como un cuento, una fantasía que nunca creíste ver alguna vez.
Estabas a punto de seguir avanzando, sin embargo, te detuviste de golpe. Obligando a tu cuerpo a girar de forma brusca apuntando con tu arma a lo que sea que estuviera detrás tuyo encontrándote con unos iris dorados profundos que te miraban con atención.
Sus miradas se quedaron encima del otro llenando a tu cuerpo de adrenalina que erizaba los vellos de tu cuerpo. Tus pupilas observaron de forma atenta su boca, la cual se encontraba manchada de la sangre de aquel animal brindándote la menor de laa confianzas, más era mejor que otra criatura extraña.
-----Eres tú ----. Señalaste bajando tu arma con cuidado.
Acomodaste el arma en tu espalda volviendo tu vista a Diego quien tomaba una de las ramas del árbol brillante sin dejar de mirarte. Su mano se extendió hacia a ti con suavidad casi como si fueras una criatura asustadiza. Tus ojos lo observaron extrañada, notando las heridas que decoraban su mano, tus iris volvieron a los suyos y con desconfianza, tal vez un poco de estupidez, tomaste su mano dejando que él la llevara a la rama que él mismo tomaba. Tus ojos miraron atenta cómo el árbol comenzaba a moverse ligeramente dejándote en claro que realmente respiraba o al menos es de lo que tu fantasiosa mente intentaba convencerte.
Un ligero apretón en tu mano te distrajo y tu mirada volvió a él en segundos asintiendo cuando notaste su insistencia, ¿en qué? Quién sabe.
-----Si, está cosa respira, ¿qué con eso?
Él rodó los ojos, soltando tu mano para comenzar a caminar y dejarte atrás.
Frunciste tu ceño ante su insufrible actuar, sin embargo, no tardaste en imitar su acción. Comenzando a avanzar detrás suyo mientras mirabas a tu alrededor, intentando distraer a tu cabeza del incómodo silencio.
El resto del camino estuvo lleno de agua y silencio. A pesar de que ambas cosas te incomodaban tu cabeza se centró en lo pesadas que se estaban volviendo tus botas debido al agua que los rodeaba. La tela de tu pantalón comenzaba a pegarse a tu piel y en poco tiempo te habías vuelto consciente que el nivel del agua comenzaba a subir conforme avanzaban. Llegó al punto donde ya estaba en tu cuello y el bombeo nervioso en tu pecho te obligó a abrir la boca.
-----Oye — Llamaste a tu compañero el cuál no se dignó en mirar hacia atrás.
Cuando ya estabas caminando en puntitas y tu cabeza fue incapaz de ignorar la ansiedad, tu mano se movió sin pensarlo demasiado y tomó lo primero que alcanzaste de él, que fue exactamente su cola. Por supuesto, esa fue una estúpida y desesperada decisión, pues en cuanto tus dedos apretaron aquella parte de su cuerpo él se giró de golpe. Su mano tomó con fuerza tu cuello y eso te hizo reaccionar. Tus manos tomaron el arma con rapidez, recargándola en segundos y enseguida apuntar a su frente.
Se miraron fijamente sin despegar sus ojos del otro.
Su expresión iracunda y desquiciada solo provocaba que tus ojos lo miraran expectantes, esperando cualquier ataque de su parte para dispararle sin dudar. Podías sentir cómo eras incapaz de tomar el oxígeno que la máscara te brindaba.
A pesar de que podías sentir cómo la inconsciencia comenzaba a invadir tu mente no bajaste el arma y tampoco apartaste tus pupilas de sus iris dorados.
Decidida a ganar esta batalla de poder.
Su agarre se alejó de golpe, tu boca tomó una gran bocanada de aire y de forma inevitable comenzaste a toser mientras masajeabas tu cuello. Tus ojos miraron a Diego quien tallaba su mano contra la pared con desesperación, mirándote enojado mientras dejaba salir un siseó de amenaza y extraños murmullos comenzaron a salir de su boca los cuales no eran para nada entendibles.
De todos modos, esa acción te caló en lo más profundo de tu orgullo.
-----Pendejo, ni que estuviera envuelta en mierda -----. Murmuraste indignada mirando a otro lado mientras rodabas los ojos.
Luego recordaste que llevabas meses sin tomar baño, así que lo dejarías pasar.
Tus ojos miraron con atención las acciones que de forma repentina comenzaban a surgir de Diego, quien ya estaba rasguñando su piel con desesperación, casi como si esta le estuviera ardiendo en llamas. De tu boca no salió ni una palabra, porque a tu cabeza llegaron los recuerdos que en algún momento viviste en el pasado por lo que ya tenías en claro el significado.
Lo habías visto en muchas personas que pasaron alguna situación traumática, más en soldados que vivieron torturas físicas y no toleraban ser tocadas. Seguramente ser tocado por los científicos dejó secuelas que jamás podría olvidar y era seguro que el alien requeriría demasiados años por tratar.
Te giraste intentando ignorar la situación, esperando a que terminara su rutina de limpieza para no hacerlo sentir incómodo. Te quedaste en tus pensamientos maldiciendo en tu cabeza cuando tus ojos se concentraron en tu arma notando que las balas se habían terminado y ahora no era nada más que un objeto vacío y obsoleto. Aquello significaba que lo único que te quedaba era el cuchillo para defenderte de los depredadores de este peligroso y extraño planeta.
Después de esperar por unos largos minutos y que tus hombros comenzaran a sentirse tensos decidiste girarte. Te encontraste con sus ojos amarillos los cuales te miraban con atención, sus cejas se elevaban preguntando con su mirada por qué lo habías hecho pasar por este calvario de ser tocado, cuál fue la razón para torturarlo con esta repentina acción.
Tus ojos incrédulos lo miraron de forma fija estirando tus brazos ante lo cuestionado.
----No sé nadar y mi nariz ya está por hundirse en el agua ---- explicaste sin apartar la mirada.
Sus ojos no se apartaron ni un segundo de los tuyos.
Sus iris se movían de un lado a otro expresando la desconfianza y el pavor que lo invadía ante la idea. Notaste cómo su mandíbula se apretaba y sus hombros que estaban tensos comenzaron a subir y bajar de forma brusca. Él soltó un suspiro mientras sus ojos se apartaban de tu persona y se giraba para darte la espalda agachándose permitiendo que te acercaras . Tú lo entendiste sin que soltara alguna palabra. Tus manos se movieron con cuidado hacia sus hombros apenas rozando con las yemas de tus dedos, gracias a esto su cuerpo se exaltó y un profundo sonido de advertencia se formó desde su pecho.
— Voy a subir, no te haré nada — intentaste tranquilizar acercándote con lentitud mientras el agua que los rodeaba se removía ante tus movimientos.
Esta vez, tus manos tocaron por completo sus hombros y tus dedos apretaron estos mismos para brindarte seguridad, también para dejarle en claro que no le harías nada malo.
Finalmente tuviste que enredar tus brazos alrededor de estos porque el pánico te dejó en claro que poco a poco el agua comenzaba a ser demasiado alta incluso para él. Tú estarías bien, al menos, de forma física pues la máscara de oxígeno te permitiría respirar debajo del agua, lo que te preocupaba era que no sabías si él estaría bien y si resultaba que no, tú estarías perdida. Pues la ansiedad era probable que te afectaría y te dejaría imposibilitada para poder salir por tu propia cuenta. Conforme más se adentraban en las profundidades de la caverna el agua empezaba a cubrirlos a una velocidad que te ponía los vellos de punta. Tus labios se apretaron cuando sentiste el agua en tus hombros, tus ojos se cerraron con fuerza y ante la ansiedad del agua que te rodeaba decidiste concentrarte en algo más.
El sonido de Diego tomando grandes respiraciones fue lo que te distrajo.
Obligaste a que tus ojos se abrieran para ver su mano, la cual subía y bajaba conforme el ritmo de su propia respiración. Cuando menos lo pensaste ambos se vieron debajo del agua, la frialdad de esta misma rodeó todo tu cuerpo y tus oídos se envolvieron en el silencio de la oscuridad, una estática que te abrumaba y te obligaba a recordar cosas que deseabas olvidar. Tus brazos se apretaron y tus ojos se cerraron con fuerza intentando concentrarte en algún otro recuerdo, forzando a tu cabeza a llenarse de cualquier canción de cuna que tu hermana te cantó en el pasado.
Diego no dejó de nadar, la corriente golpeaba con tu piel y tu cuerpo se movía junto con su brusco nadar. Tus rodillas de vez en cuando golpeaban sus muslos ante sus movimientos provocando que su cuerpo se tensara ante el tacto repentino.
De todos modos, tú te dejabas llevar.
La incertidumbre de cuánto faltaba para salir de aquel lugar te obligó a abrir tus ojos observando a tu alrededor y contrario a la oscuridad que esperabas encontrar lo que te rodeaba eran algas brillantes, flora acuática que brillaba como todo lo que habitaba en este planeta. Los colores brillaban orgullosas por debajo del agua, iluminando las oscuras paredes que los rodeaban. Además de las criaturas doradas que nadaban a su alrededor brindándoles compañía.
No era habitual en ti dejarte llevar por tu curiosidad, sin embargo, estabas en una situacion crítica y la necesidad de olvidar te abrumaba. De forma inconsciente estiraste tu mano tocando uno de estos pecesillos provocando que estos mismos nadaran desesperados alrededor de ambos.
Una pequeña risa escapó de tus labios.
Tus brazos se desenredaron con cuidado aún insegura de la oscuridad.
Esta vez lo único que se aferraba a sus hombros eran tus dedos, mientras que de forma inútil tus pies daban pequeños pataleos intentando ayudarle y no hacerlo llevar todo tu peso encima. Pero, gracias a tu movimientos sentiste que un criatura alargada tocó tu muslo de forma repentina. Tu cabeza pensó en una serpiente que los acechaba listo para envenenarlos.
Tus manos apretaron con fuerza a sus hombros y sin dudarlo moviste tu mano con rapidez yendo a tu cadera donde descansaba la navaja que habías robado. Cuando tus dedos rodearon el mango de esta misma miraste hacia aquella serpiente, deteniendo tus acciones al ver como lo que pensabas era una serpiente en realidad se trataba de la cola de Diego que se movía junto a la corriente y con suvaidad comenzó a enrrollarse en tu muslo.
Alzaste una ceja confundida, con el pensamiento claro de que le incomodaba el contacto físico y sin embargo, aún así parecía que buscaba de forma inconsciente el consuelo del tacto.
Tus ojos miraron el costado de su rostro, notando sus orejas agachados ante la incomodidad de tu persona. Tomaste una gran bocanada de aire, desviando la mirada a otro lado para no incomodar aún más al pobre de Diego.
-----Debería ponerte un nombre ----- comenzaste a conversar para desviar la ansiedad de ambos ----. ¿Qué te parece "Carlos"?
Su rostro se contorsionó en una mueca de disgusto y aquello provocó que una pequeña carcajada abandonara tu boca. Carraspeaste volviendo a poner tu atención en alguna planta por ahí.
-----Bueno, lo admito es un nombre horrible.
Una sonrisa burlesca apareció en tu rostro y con un rostro lleno de diversión abriste la boca
----¿Michi...? Qué te parece.
Su mirada de desagrado volvió a golpearte lo cual, por supuesto, volvió a hacerte reír. Estabas a punto de volver a abrir la boca de no ser porque viste una luz a lo lejos y no habías captado cuánto tiempo llevaban debajo del agua.
Suponías que la máscara lo ayudaba.
Tus ojos lo observaron con curiosidad.
----¿Eres inmortal?, ¿tus papás eran peces? -----. Preguntaste burlona -----. Es increíble que aún puedas nadar, seguro tienes branquias por ahí, eh.
Diego te ignoró por completo dando a entender que por más que siguieras hablando no te prestaría atención por nada del mundo.
Decidiste llevar tu atención a cualquier otra cosa que no fuera la oscuridad que te rodeaba.
Tus ojos se distrajeron en los puntitos blancos que recorrían por toda la espalda del alien, incluso brillaban bajo el agua. Tus pensamientos impulsivos te decían que debías tocarlos y terminar con la curiosidad que te invadía acerca de entender si eran parecidos a los lunares o la varicela. Te obligaste a mantener tus manos quietas, porque tenías muy en claro que Diego no va a volver a dejar pasar la situación si volvías a tocarlo de forma inesperada y sin consentimiento. Cuando estabas por molestarlo de nuevo para distraerte te diste cuenta que ya habían salido de la oscuridad de la caverna y tus ojos lograron percibir la extensión del mar frente a ustedes. Por encima de sus cabezas la iluminación de un azul más claro que los llamaba a la libertad.
Sus largos brazos se movieron con mucha más brusquedad y desesperación hacia la superficie.
De forma inevitable moviste tus pies junto con él.
Tus manos se seguían aferrando a sus hombros y su cola aún seguía envuelta en tu muslo para brindarse compañía. Las burbujas comenzaban a escapar de su boca y cuando la luz del cielo ya estaba a unos escasos centímetros tu mano se estiró saliendo del mar y sintiendo la frescura del aire. Cuando fueron expulsados de las profundidades los rayos del sol golpearon tu cara o la mascarilla y aquello te hizo sonreír.
Al fin.
Después de tanto la ansiedad que te invadía por todo este tiempo desaparecía, pues el sonido de personas siguiendolas o el peligro de cualquier criatura se había alejado y ahora solo los rodeaba el sonido de la marea.
La libertad se sintió como un golpe de tranquilidad, una felicidad salvaje que te llenaba y esperabas expulsar. Cuando estabas a punto de festejar tu voz se quedó en tu garganta y tu atención fue al alien que te acompañaba, pues... Podías sentir cómo sus hombros estaban llenos de tensión y su cuerpo comenzaba a temblar bajo tu toque. Tu mirada intentó encontrar su rostro esperando que no estuviera convulsionando de estrés o algo por el estilo, sin embargo, eras incapaz de ver su expresión. Así que de forma impulsiva tu mano tomó su mentón obligando a su rostro a girarse y poder ver su cara.
Tus ojos lograron ver su expresión que exclamaba el más puro dolor.
De sus ojos escapaban lágrimas y sus ojeras se habían vuelto rojas.
Cuando sus pupilas se encontraron con tus iris, sollozos llenos de angustia escaparon de su boca provocando que tu corazón diera un vuelco, porque odiabas oír a la gente llorar. Apretaste los labios al entender que esta criatura gigante se quebraba entre tus brazos, estaba llorando en medio del inmenso mar mientras los rayos del sol le daban la bienvenida.
Si eres sincera no habías analizado la situación, no lo habías pensado, pero... Tú llevabas unos meses encerrada.
Él llevaba ahí años.
Podías notarlo en sus cicatrices, podías verlo en las manchas del suelo que ya eran parte de la celda, podías notarlo por su incomodidad a la presencia ajena.
Tus manos se movieron con lentitud, abrazándolo entre tus brazos con cuidado recargando tu cabeza en su nuca. Sentiste cómo sus dedos se aferraban con fuerza a tus antebrazos, podías oír como gorgojeaba contra el agua mientras sollozaba.
Tus piernas se movieron intentando ayudarlo a mantenerse a flote mientras él descargaba los sentimientos que estuvo guardando por todo ese tiempo que estuvo en confinamiento.
----Vamos, chico... Aún no acabamos ----- murmuraste suave ----. Debemos de ir a tierra firme, ¿Me entiendes? No te rompas aquí, solo un poco más.
Él negó mientras sus sollozos seguían saliendo sin reparo y en poco tiempo fuiste consciente de que su estado mental le estaba evitando mantenerse a flote y aquello los estaba hundiendo a ambos.
----Por favor, vamos. Aún no, no puedo mantenerte a flote por mi cuenta — intentaste hacerlo entrar en razón — aún no te rompas, solo un poco más —. Pediste mientras te aferrabas a su cuerpo, pataleando para mantenerte en la superficie. Tus manos lo obligaron a mirarte y tus pupilas se encontraron con esos iris dorados, obligando a tu tono de voz a ser firme ----. Te prometo que después estarás bien y podrás llorar y soltar todo, pero NO ahora. Te necesito fuerte, muy fuerte.
Abrió y cerró su boca sin dejar de lagrimear mientras su labio era mordido esperando retener los sollozos. Él asintió limpiando sus lágrimas con sus dedos temblorosos, comenzando a patalear en alguna dirección para llegar a un lugar seguro.
----Txur txe'lan ----- murmuró provocando que lo miraras extrañada.
Él volvió a asentir sin dejar de murmurar aquella frase por lo bajo como un mantra de apoyo.
Tú asentiste sin entender realmente lo que quieren decir aquella palabras que salen de forma repetitiva de su boca.
Además aún tenías la sorpresa de que este mencionara palabras claras que podías oír.
-----Si, si "tujur selan" ----- aprobaste repitiendo lo que él decía -----. Así es, no te rindas. Vamos, tujur selan.
Él asintió comenzando a nadar mientras que de su boca salían palabras que no entendías.
---Txur txe'lan.
Tú hiciste una mueca de frustración porque realmente estaban a la deriva y no sabías dónde habría tierra firme, hasta que recordaste que salieron de una caverna.
-----¡Espera!— exclamaste mientras movías su cuerpo de forma brusca — ¡Atrás, vayamos atrás! ¡puede haber tierra firme y de ahí será más fácil!
El na'vi escuchó.
Realmente oyó tus palabras y nadó de dónde vinieron.
Después de un largo tiempo donde no estabas segura de si encontrarían algo o si él resistiría nadar por tantas horas encontraron algo.
Tal vez fue un milagro de Dios o el destino que ya estaba teniendo clemencia por el pobre Diego y le brindaba paz mostrando a la distancia un trozo de tierra firme. De forma inevitable reíste meneando sus hombros para que el alien nadara más rápido y cuando finalmente tus pies tocaron la orilla, casi besabas la arena. Festejaste en grande casi dispuesta a bailar de no ser porque escuchaste esos sollozos de antes, sollozos llenos de dolor y toda la angustia que acumuló todos estos años.
Tus iris se concentraron en tu antiguo compañero de celda.
Reía.
Reía mientras lloraba desconsolado.
Sus manos apretaban la arena debajo suyo y sus lágrimas humedecían la arena bajo sus rodillas.
Sin dejar de mirarlo te sentaste a su lado con suavidad intentando no asustarlo con tu presencia.
Recargaste tus codos en tus rodillas esperando a que él lograra tranquilizarse. Tus ojos se concentraron en la arena porque el sonido del mar no te agrada. Además del sonido de las olas, lo acompañaban los sollozos desgarradores de Diego, quien parecía querer rasgar su garganta para olvidar el dolor en su pecho.
Lo dejaste ser.
Hiciste figuras en la arena con uno de tus dedos para distraerte, estuviste así por unos segundos hasta que de forma repentina su mano estaba tomando con fuerza la tuya.
Tu rostro se giró encontrándose con su figura encorvada. Su rostro estaba oculto entre sus piernas y su cola se enredaba con fuerza su propio muslo, tus ojos lograron percibir con mayor claridad todas su cicatricez en la espalda.
Todos los años de sufrimientos acumulados en cicatrices.
Sus hombros temblaban mientras que lo único que escapaba de aquel pequeño refugio que él mismo había creado con su cuerpo era su mano, que se estiraba en tu dirección aferrándose a lo único que podia sostenerlo... Lo que casualmente, eras tú.
Nunca fuiste buena consolando a las personas. No estabas segura de cómo reaccionar o que palabras expresar. Aunque con él era claro... Solo guarda silencio y deja que se rompa sin ser juzgado.
Así que... A pesar de tu desconfianza lo dejaste brindarse apoyo en tu tacto. Sus manos temblorosas se aferraban a tu pequeña mano. Apretaste el agarre intentando expresar que no te molestaba.
Despues lo único que hiciste fue girar tu rostro para brindarle privacidad .
Él siguió llorando y estabas segura de que pasaría toda la noche llorando.
Más no hiciste nada por apresuralo.
Te quedaste ahí... Esperando paciente.
•●•●•●•●•●●•●●•
A D V E R T E N C I A.
• Canib/lism/
• Ab/so se/ual
•Mención de suici/io, enfermedades mentales.
• Mu/rte, tortura, s/ngre.
□ no románticas nada de lo escrito aquí□
••••••••••••••••••••••••••••••••••
Capitulo 1.
•\•\•\•\•\•\•\•\• A D V E R T E N C I A. •|•|•|•|•|•|•|•|•||• Historia con temas sensibles, mención: •canibalismo •abu/o se/ual •mención
Capitulo 3.
●~●~●~●~●~●~●~~●~●~ A D V E R T E N C I A ●~●~●~●~●~●~●~●~●~●~●~● • Ab/s/ se/ual. • Canibalismo. • Mención de drogas. • Secuestro.
•••••••••••••••••••••••••••••••••••
Capitulo 4. Ella.
Lo'ak recuerda la rutina que formó a lo largo de los años en aquel lugar. Sus días se basaban en dormir, comer, pensar y volver a dormir. Acciones tan consistentes e inevitables que si llegaba a saltar alguna o lo hacía en un orden distinto su mente se encerraba en la ansiedad que el cambio le provocaba. De forma cruel... era lo único que apreciaba de su nueva vida, la rutina que para muchos sería considerada aburrida para él era un soplo de paz que siempre buscaba.
Porque estaba el otro lado de su encierro, aquella parte que lo llevaba al borde donde su mente era torturada para quién sabe qué...
Recordaba las enormes agujas atravesando su piel, recuerda los tratamientos intrusivos a los que fue sometido una y otra vez sin una finalidad en específico o al menos nunca se le fue dicha. Nunca le dieron una razón para someterlo a aquellas cosas y eso volvía un desastre a su dañada cabeza.
Recuerda aquellas manos... La sensación de la piel fría y sudorosa recorriendo cada rincón de su maltratado cuerpo intentando encontrar nada... Solo la satisfacción de poderle hacer todo lo que quisieran sin que Lo'ak pusiera objeción.
Lo odió.
Odiaba el contacto físico, odiaba las manos vagando por su cuerpo, odiaba esos malditos labios tocando su piel.
Lo'ak no era nada más que un objeto usado para llenar la curiosidad de un humano, era el placer, la necesidad de un hombre enfermo.
Siempre se trataba de eso.
Se volvió tan cotidiano que de forma inevitable se volvió una necesidad. Se volvió adicto a ser inyectado, esperaba ansioso la sensación del líquido recorriendo sus venas, necesitaba obtener la adrenalina que aquella droga rosa le brindaba.
Lo'ak dejó de luchar para llenar el vuelco que a veces aparecía en su estómago y pecho. Se volvió tan obediente que él mismo se asqueaba de su propia persona, pero para su mala suerte para ellos eso no era necesario. No les funcionaba que fuera una muñeca sin vida que cumplía su voluntad sin objeciones... Ellos necesitaban reacciones para satisfacer su enferma curiosidad.
Lo torturaron dejándolo sin alimento.
Lo'ak llegó a pensar que moriría de hambre hasta que encerraron a una persona junto a él. Él no quería hacerlo. Realmente no tenía la intención de hacerlo, pero tenía tanta hambre que a los días se lanzó a comer al pobre hombre. Aún recuerda sus alaridos de dolor. El sonido de su carne siendo rasgada aparece en sus sueños como un recordatorio del monstruo en el que se convirtió. Sus gritos pidiéndole que pare le hacían lagrimear cada noche hundiéndolo en la culpa, al menos hasta que se volvió común. Con el transcurso del tiempo terminaron lanzando más y más personas esperando a que él las desapareciera y Lo'ak no pudo nergarse si lo dejaban sin alimento.
Se volvió un hábito, un gusto culposo que lo hacía tener pesadillas.
Todas sus víctimas gritaban llorando y suplicando que se detenga, pero loak nunca lo hacía. Aunque su estómago se revolviera, aunque llorara y deseara detenerse él no podía dejar de hacerlo... Porque nunca sabía cuánto tardarían en volver a alimentarlo.
Entonces sucedió.
Una nueva víctima atravesó esa puerta metálica para ser devorada y desaparecer cualquier rastro de su existencia.
Lo'ak te asechó en la oscuridad con sus ojos amarillos mirando atentos cada uno de tus movimientos. Su mente estaba concentrada en una sola cosa... Arrancar tu carne y llenar el vacío de su estómago.
Cuando pretendía atacarte y estar encima tuyo no contó con que tu pie golpearía su rostro haciéndolo tropezar, de repente su piel comenzó a cosquillear al sentirse indefenso. Por supuesto tampoco esperaba sentír cómo tus pies golpearon con fuerza su estómago sacándole todo el aire. No tardó en levantarse y correr hacia a ti intentando alcanzarte y terminar con todo de no ser porque la cadena lo llevó hacia atrás de forma brusca ahorcándolo un poco en el proceso. La ira se creció en su pecho, más lo único que pudo hacer fue mirar fijamente a tus ojos. Con lentitud fue arrastrándose hacia atrás sin despegar su mirada de la tuya y finalmente se quedó quieto en su lado de la celda observando cada una de tus acciones.
Morirás de hambre o en sus manos solo era cuestión de tiempo.
Tal vez fue la sensación de soledad o la pelea que diste o el golpe en su nuca, pero Lo'ak te observó.
Pasó noches donde lo único que hacía era mirarte fijamente y para su consternación tú lo imitabas. Eran dos criaturas esperando el movimiento ajeno para pelear, para lanzarse a morder directo a la yugular y aquello llamaba a Lo'ak provocando que se mantuviera atento a tu persona por días.
No caíste dormida hasta que tu cuerpo te obligó a hacerlo debido al cansancio.
Lo'ak intentó acercarse a ti en tu lecho de sueño de no ser porque a cada ruido que la cadena hacía tú abrías tus ojos encontrándote con sus pupilas causando que su cola se moviera detrás de él expresando su desesperación por compañía. Si era sincero, aquello le provocaba repelús, culpabilidad y frustración ante su interés en una especie que tanto daño le había hecho.
Aunque tampoco debía ser tan cruel consigo mismo pues esta era su primera interacción tranquila con un ser vivo después de tanto tiempo.
Dos personas confinadas sin posibilidad de libertad viviendo una al lado del otro.
Lo'ak se permitió dormir aún con tu presencia y aunque los vellos de su cuerpo se erizaban por ti no permitió que su periodo de sueño se viera afectado.
Pero... La comida dejó de llegar.
Su estómago gruñía ansioso por probar bocado. Podía pasar horas soñando con sus dientes rasgar tu piel, podría hacer que su cerebro pensara en tu suave carne siendo masticada por su boca, podía saborear la sangre bajar por su garganta y manchar sus manos de tonos carmesí mientras el vacio de su estomago desaparecía ante la exquisitez de su propia fantasía donde su gula encontraba la satisfacción. Lo'ak repasaba en su mente una y otra vez como tronaban tus huesos en sus manos para ser masticados por sus dientes arrebatando cada pequeño trozo de carne... Aquello estaba causando estragos en su cabeza, la ansia lo invadía y llenaba de tanta hambre que estaba seguro que su estómago se estaba comiendo a si mismo con tan solo el pensamiento de tu pequeño cuerpo siendo devorado por él
Cuando la bandeja de esa avena pasó por debajo de la rejilla supo que había pasado tiempo desde que él había llenado su estómago y se sorprendió de si mismo por su aguante al no lanzarse hacia a ti en ningún momento. Sus ojos fueron hacia ti, tu atenta mirada estaba penetrando a su persona y sus iris amarillos no se atrevierona a apartar de los tuyos hundiéndose en tu persona e intentando no pensar en el dolor de su estómago. Al menos, fue así hasta que notó cómo tus ojos pasaban de él a la bandeja y de forma inevitable Lo'ak relamió sus labios cuando el recuerdo del sabor humano apareció en sus papilas gustativas con un suave susurró pecaminoso provocando que su estómago exigiera alimento.
Sus orejas se movieron cuando escuchó el movimiento de tu parte y sin dudar se lanzó hacia la bandeja.
Lo'ak podía sentir sus colmillos picar cuando sus dedos tomaron tu mano mientras la imagen de él mordiendo tu piel invadió cada rincón de su mente, lo cual, ayudó a ignorar las patadas que diste en su estómago.
Su cabeza hizo lo habitual cuando se trataba de estos encuentros. Se centró en el poder que surgía, su mente y cuerpo se volvían consciente de la diferencia de tamaño que habia entre ustedes, llenándolo de un orgullo que pocas veces se presentaba. Finalmente Lo'ak se volvía consciente del terror en los ojos de su víctima lo cual lo llenaba de tanta satisfaccion y plenitud.
El saber que él tenia el poder en esa oscura celda y que esta vez él no es la víctima lo llenaba de orgullo. Siempre era de esa forma, sin embargo, su ilusión se quebró gracias a un doloroso golpe que dio de lleno contra el costado de su nuca nublando por segundos su vista, su cabeza dio vueltas y su sien palpitaba del dolor que iba desde su nuca hasta el final de su columna. Lo'ak se vio aturdido por unos segundos, confuso ante tu valentía en su territorio, al menos fue asi hasta que una voz venenosa susurró en su oído con suavidad.
"Tú eres la única víctima aquí"
La frustración comenzó a llenar su cabeza gracias al terror de perder la superioridad en el único lugar donde se había convencido que lo tenía, sus manos temblaron recordando las crueles palabras de aquel científico repitiendo una y otra vez en su cabeza toturándose a si mismo para alejar cualquier sentimiento de seguridad. De forma desesperada sus manos se estiraron intentando alcanzarte para demostrarle a aquella voz que lo que salía de sus labios eran una mentira, más fue inútil... Por más que intentara alcanzarte él no era capaz de llegar. Dio pasos hacia atrás alejándose de tu persona para tomar lo que restaba de la bandeja, sus dedos temblorosos comenzaron a meter con ansiedad la comida en su boca esperando poder desaparecer aquella sensación de vacío que siempre lo invadía cuando algo salía mal. Sus ojos evitaban derramar lágrimas para convercerse a sí mismo que nada malo estaba pasando y que todo seguía de la misma forma. Que él seguía mandando en esa fría habitación llena de restos humanos. Por más que intentara creer que tenía el control sus iris amarillos no podían evitar quedarse quietos encima tuyo intentando ignorar la voz que se burlaba de él. Lo que más le frustraba era que actuaras como si realmente él no existiera en la habitación, no había tensión en tu cuerpoy pareciera que estabas mucho más ocupada en tu cabeza que en el peligro que Lo'ak ofrecía... Era como si él no fuera nadie.
Su existencia era tan mísera que los humanos podían herir una y otra vez su cuerpo sin sentir culpa ante sus súplicas.
Tu indiferencia era un claro ejemplo de lo que él representaba para esta vida.
Nada.
"Eres mio... A nadie le importas lo suficiente como para ser consciente de tus existencia"
La bruma y ansiedad comenzó a repetir en su cabeza que no valía nada. Los recuerdos de las torturas llegaron como una gran ola dispuesta a destrozar todo a su paso y cuando Lo'ak pensó que estaba por golpear su cabeza contra la pared para callarlo, una suave melodía llegó a sus oídos paralizando a su cuerpo ante el tono bajo del tarareo que invadía cada rincón de la sucia celda, el temblor de tu voz lo relajó al punto de desaparecer su ansiedad y con lentitud Lo'ak se atrevió a mirar en tu dirección. Ni siquiera lo estabas mirando, solo estabas ahí en la esquina mirando al techo, dejabas salir tu voz sin importarte nada de lo que pasara a tu alrededor y aquello... Aquel suave y relajante canto le recordó lo que hace mucho tiempo había perdido.
Una suave caricia se presentó en sus hombros. Fue tan dulce y delicada que lo relajó por completo mientras llenaba su corazón de la paz que tanto buscaba y necesitaba. Una tranquila respiración acarició su oreja y él solo cerró sus ojos disfrutando y añorando el contacto físico de aquello que había perdido.
"Lo'ak..."
Susurró con suavidad.
Apreció tanto cómo se le permitió disfrutar aquella nueva sensación.
Al menos fue así hasta que su cola comenzó a moverse demostrando que este momento no le molestaba y al parecer tú lograste oír aquellos sonidos que él hacía pues escuchó como un risueño sonido salía de tu boca tomándolo por sorpresa.
Se frustró pensando que te estabas burlando de él como todos lo hacían aquí. Tomó su cola entre sus dedos evitando que siguiera demostrando su verdadero sentir y con pesar se dio media vuelta para también ignorar tu existencia.
Por primera vez Lo'ak te daba la espalda esperando que te esfumaras de aquel lugar aunque de vez en cuando te miraba de reojo para asegurarse que siguieras ahí.
Si era sincero consigo mismo se volvió curioso conforme pasaban los días y su pensar se acostumbraba a tu persona. Tu presencia se volvió una incógnita en su cabeza. Cada día se despertaba con la necesidad de mantener su mirada puesta en ti y aprender algún patrón en tu actuar esperando encontrarse con la crueldad que los humanos le habían demostrado con el pasar de los años. Sus ojos siempre buscaban encontrar la confirmación de la verdadera personalidad de tu especie, una sádica y monstruosa donde no era nada más que sufrimiento para lo ajeno y nuevo. Sin embargo, en el tiempo donde ambos compartieron un pequeño lugar tú no habías hecho nada en su contra más que pelear por comida y agua. Aquello lo hizo sufrir en silencio, hundiéndolo en su propio malestar ante la situación que la vida le había impuesto. Tu actuar significaba que simplemente él había caído en las manos de alguien malo y que Eywa había permitido que personas malas lo llevaran a vivir cosas que nadie debería sufrir.
De entre todos los que pudieron haber sido... Fue él.
Siempre se trataba de él.
Mordió su mejilla interna intentando ignorar el sentimiento de abandono al que hace tiempo se había acostumbrado, pero esta vez llegó para destrozarlo y confundirlo. Su mente regresó a los primeros dias donde gritó, lloró y suplicó por libertad. Donde cuestionaba a Eywa por qué lo había abandonado y cómo nadie venía a rescatarlo.
Por qué valía tan poco para las personas que se supone debían amarlo.
Como un analgésico a sus heridas tu voz comenzó a tararear llenando la oscura celda de vida, sus oídos se envolvieron en la dulzura de la ilusión y lentamente la imagen eterea de alguien que había perdido hace tiempo se formó frente a sus ojos como una luz. Su suave voz acarició sus sentidos provocando que su corazón se llenara de dicha ante la presencia reconfortante y finalmente su cabeza fue capaz de ignorar todas aquellas cuestiones tortuosas que él mismo había formado. Cuando aquellas delicadas manos acariciaron sus hombros Lo'ak tuvo que soportar las inmensas ganas de suspirar, en cambio, expresó su comodidad con su cola la cual se movía al ritmo de la melodía que escapaba de tu boca.
Fue así por todos los siguientes días donde él se acostumbraba a tu compañía.
Por supuesto, no solo se trataba del sentimiento de culpa o curiosidad lo que llegaba a invadirlo gracias a ti. Si era sincero, el momento que más esperaba era la pelea por la comida. Él no estaba bien, entonces sentir un poco de ventaja por sobre ti lo llenaba de una dicha que siempre había estado buscando, la comodidad de sentir que al fin tenía el control sobre algo en este lugar lo emocionaba. También se encontraba sus deseos más oscuros, pues siempre llegaban aquellas cuestiones donde necesitaba averiguar si ese día tomaría un bocado de tu piel, sintiéndose un poco ansioso por saber si probaría un poco de tu sangre.
Cuando en una de sus peleas gritaste que no te rendirás contra él hizo que su estómago hiciera cosquillas ante el recuerdo de su yo del pasado, donde estuvo dispuesto a pelear con uñas y dientes por su vida. Su corazón palpitaba emocionado cada que sus miradas se encontraban, ansioso por romper aquella determinación que alguna vez él tambien tuvo, desesperado por tomar lo que alguna vez protegió con tanto esmero... Probarle a alguien que él aún podía pelear. Entonces... Aunque su cuerpo se sintiera sucio ante el contacto físico él siempre estaba esperándolo ansioso para cumplir con un venganza injusta.
Fue así hasta que ya no peleaste más.
Lo'ak te había herido, si, pero aún podías pelear, aún podías moverte y demostrarle que eras más de lo que él creía. Y sabía que tú también pensabas lo mismo pues tus ojos aún demostraban esa ferocidad que mostraste el primer día que se enfrentaron.
No lo entendía.
¿Por qué dejar de persistir?, ¿por qué rendirse ante una pequeña herida?... ¿y por qué el deseaba que siguieras peleando...?
No te moviste de tu lugar por mucho tiempo, no lo miraste en ningún segundo, ni siquiera te moviste cuando el sonido de la bandeja arrastrándose por el suelo se presentó. Lo'ak se obligó a ser paciente. Esperó que te movieras dispuesta a pelear, más aquello no pasó y eso lo molestó. Porque eso te volvía débil, te volvía como uno de ellos y te volvía una imagen de su pasado que él no quería recordar.
Por eso mismo decidió que esta vez daría su brazo a torcer y ser piadoso con aquel Lo'ak que tanto sufrió. Sus dedos rozaron el metal de la bandeja y aunque su estómago gruñó y su boca salivó miró en otra dirección mientras forzaba a su mano a empujar aquella cosa en tu dirección. El objeto golpeó con suavidad tu mano provocando que tus ojos se abrieran con lentitud. Lo'ak pudo ver una pequeña sonrisa formarse en tu rostro y con cuidado te levantaste de tu sitio comenzando a comer con movimientos cuidadosos. Su estómago gruñó y la necesidad de mostrarte los dientes comenzó a invadirlo así que decidió darte la espalda para ignorar sus deseos y concentrarse más en la ilusión de un Lo'ak joven volviendo a la vida.
La dulce voz volvió. Halagando su amabilidad llenando a su corazón de calidez y una alegría que había olvidado cómo sentir.
Sus días cambiaron en cuestión de segundos, el frío y la soledad desaparecieron dando bienvenida a una extraña rutina donde los protagonistas eran ustedes dos. Él repartió la comida entre ambos para que tú poco a poco volvieras a recuperar la fuerza que habías perdido.
De repente ya estabas tarareando y en poco tiempo te convertiste en una humana parlanchina que hablaba por los dos confundiendo un poco a su cabeza, distrayéndolo de la propia tortura mental que él llegaba a imponerse. Tu habladuría provocó que sus ojos estuvieran atentos a tu persona a cada segundo intentando comprender cada tema que salía de tu boca, sin embargo, pareciera que aquello lo habías vuelto un juego, un juego tonto donde lamentablemente él se había vuelto participe sin notarlo. Tu mirada se quedaba fija en sus ojos y cuando él parpadeaba tú festejabas ante la victoria provocando que su cola se moviera irritada por la derrota.
Esto fue así por días.
Una rutina que no llegó a cansarlo. Fue un cambio por completo donde el juego más simple podría distraerlo de todo lo malo que pasaba a su alrededor... Hasta que notó un pequeño cambio en tu personalidad y rutina, pues habías comenzado a ejercitar tu cuerpo una vez que dejaste de estar cansada. Seguías cantando, seguías jugando con él, sin embargo, ahora tomabas un poco de tiempo para hacer sentadillas, lagartijas, a veces golpeabas los muros y Lo'ak presintió algo. Supo que estabas planeando algo cuando analizabas a los soldados que entraban a llevarlo con el enfermo humano... Alguien a quien no le había prestado tanta atención desde que llegaste a la celda.
Lo'ak odiaba pensar en él.
Odiaba aquellas manos en su cuerpo... Despreciaba cuando su lengua recorría su pecho y no se detenía a pesar de que Lo'ak suplicara entre llantos. Provocando que ansiara volver a su celda donde a pesar de ser solitario y oscuro se sentía mucho más seguro que en una habitación brillante.
Nunca en todos estos años logró entender cómo alguien podía hacerlo sentir tan pequeño cuando Lo'ak lo superaba en altura y fuerza... Cómo fue capaz de doblegar su actitud rebelde y desafiante, casi suicida por sus actitudes imprudentes debido a su orgullo y volverlo nada... Un ser lleno de miedo y llanto que suplicaba por piedad.
Cada que él llegaba se volvía irracional. Su mente y cuerpo se separaban hundiéndolo en una culpa e impotencia qué no lograba ignorar.
Por mas que su boca gritara que parara y su mente deseara alejarse del terror que el humano le provocaba su cuerpo se negaba a aceptarlo. Pidiendo más y más haciéndolo sentir enfermo... Tan sucio y acabado que lo único que quería era estar en los brazos de su mamá y dormir para no pensar en nada más.
Y aunque todo llegara a terminar él sabía que seguiría sintiéndose sucio.
Por más que los años pasaran e intentara acostumbrarse a la situación de su vida no lograba que la sensación de incomodidad desapareciera de su sistema. Su cordura se dividía y su mente era llevado al borde de un abismo donde siempre se estaba ahogando. El hombre jugaba con su cabeza y lo trataba de convencer que Lo'ak amaba aquello dándole ganas de vomitar y negarlo una y otra vez para también convercerse de que aquellas palabras eran una mentira. Hasta que inyectaban el líquido rosa que cambiaba su pensar de forma drástica o simplemente lo hacía sentir una verdad que tanto se negaba aceptar. De repente deseaba que todos lo tocaran, añoraba que lo mordieran, ansiaba de forma desesperada llenar el vacío de su estómago con aquella especie que lo hizo sufrir...Todo mientras se ahogaba en el líquido rosa que lo llevaba a la cima del éxtasis y lo dejaba caer de golpe haciéndolo sentir enfermo. Su cabeza se perdía y de repente era un maldito obsesionado necesitado que adoraba a la persona que más daño le provocó.
Siempre terminaba temblando y soñando que comía y comía y lo disfrutaba tanto en un principio...
Hasta que comenzó a ver qué devoraba a sus hermanas.
Lo'ak gritó y lloró la primera vez que pasó por aquello. Talló su cuerpo bruscamente esperando quitar la sensación de la sangre de ellas provocando que su piel sangrara, intentó de forma desesperada alejar la sensación de los dedos de sus hermanas rasguñando su piel para que las deje ir. Ese día quiso arrancarse los colmillos esperando que la sensación y el sabor desapareciera por completo.
Lo'ak no pudo dormir en días, escuchando las voces de sus hermanas diciéndole que parara mientras hacían eco por cada rincón de la celda carcomiendo su dañada mente.
Lo'ak deseó tanto morir para ya no escucharlo más.
La segunda vez Lo'ak tapó sus oídos y sus hermanas estaban en el suelo de la celda pidiéndole que las ayudara, que se detuviera y él simplemente no pudo, él siguió comiendo y comiendo mientras lloraba porque el hambre era insaciable. No podía detenerse por más que él lo intentará... Se estaba ahogando, sentía que devolvía toda su comida y que sus hermanas lo llevaban a lo más profundo del infierno por los pecados que había cometido.
Lo'ak lloró y suplicó perdón intentando explicar que no sabía cómo detenerse, que no podía por más que lo intentara. Sentía que le faltaba el aire conforme se ahogaba entre la sangre de sus hermanas quienes seguían gritándole y cuando pensó que finalmente todo iba a acabar el aire volvió a sus pulmones y la sangre salió de su garganta. De pronto un ligero toque en su espalda lo estaba consolando y provocó que su ansiedad se tranquilizara como hace mucho no lo hacía. Lo comparó con la calma que lo invadía cada que se conectaba al árbol de los espiritus.
Su corazón, por primera vez después de tanto tiempo se sintió absolutamente tranquilo... Sin una pizca de ansiedad o temor, solo la más pura paz. Su mano se aferró a ese suave toque con desesperación, sollozando con suavidad esperando y deseando que siempre sea de esa forma. Rogaba que siempre obtuviera ese suave consuelo que tanto necesitaba cuando lo deseara.
Cuando Lo'ak se vio arrastrado de nuevo a la realidad fue consciente de las suaves palmadas en su espalda, las cuales eran lentas y tranquilas. A pesar de que podían calmar a su corazón herido también le asustó cuánto poder tenían sobre él y eso lo obligó a no moverse porque le aterraba la idea de que repentinamente le hicieran daño. Le aterraba volver a ser consciente del toque y que su cuerpo dejara de de disfrutar el cariño, para empezar a quemar y sentirse sucio. Se dio cuenta conforme pasaba el tiempo que aquel tacto que lo consolaba eras tú... Aquel olor peculiar que tenías se volvió cercano e invadió su olfato. Lo'ak no tuvo hambre, no. Lo que sintió fue la necesidad de mantener esa tranquilidad que casi nunca podía llegar a sentir. Quedarse con aquel suave toque que le recordaba a su mamá.
Fue así hasta que su mente comenzó a torturarse a si mismo y decidió comenzar a comparar ese toque con el de aquel hombre, lo cual llegó a asquearlo. Lo obligó a abrir sus ojos y buscar alejarse de ti. Tú comprendiste sus deseos y te alejaste. Lo'ak agradeció que no buscaras contacto físico, más bien te alejaste lo más posible de él y te pegaste a tu lado de la celda.
Después de ese día algo cambio dentro de él, su pensar se volvió distinto y el tacto que tanto le aterraba comenzó a esperarlo ansioso. Deseaba sentir tu piel contra la suya, necesitaba aquella calma que fuiste capaz de brindarle, necesitaba sentirse pleno y tranquilo por lo menos unos segundos... Quería sentirse de nuevo en casa.
Entonces Lo'ak esperó paciente a que los días pasaran y tú seguías entrenando bajo su atenta mirada, tus ojos de vez en cuando veían a la puerta ansiosa y eso lo ponía nervioso, porque la urgencia de mirar a la puerta también lo llegaba a abrumar. Sus iris estaban atentos a cualquier movimiento y cuando el sonido del metal invadió la habitación no dudó en ponerse a la defensiva, gruñendo a aquellos que siempre lo llevaban a aquel hombre, los cuales conversaban con naturalidad acerca de las torturas que sufría. No pudo mirarte, no cuando estaba demasiado ocupado cubriendo su cuerpo de la dolorosa paliza que siempre le brindaban.
Apretó lo dientes y aguantó los punzantes dolores qué llegaban a sus costillas y rostro.
Maldiciendo a su fisonomia por hacerlo vivir todo esto.
Porque era especial... Algo nunca antes visto por aquel científico, algo que debía ser estudiado para el conocimiento humano.
Cuando Lo'ak descubrió por qué aquel hombre estaba tan obsesionado con él persistió en desaparecer cualquier rastro distinto a los na'vi... Intentó arrancar el quinto dedo con desesperación pues siempre había sido el problema. Con su propia gente y con los humanos. Perdió sus meñiques y ahora era parecido a lo que eran sus hermanos. Tenía cuatro dedos como siempre debió haber sido. Gracias a eso ganó el collar de choque para evitar que siguiera haciendose daño a si mismo o que los atacara cuando intentaran acercarse... fue una semana de "regulización" donde lo llevaron a otra celda y fui vigilado 24/7 electrocutando su cuello cuando intentaba matarse a si mismo o dañar a los que querían acercarse... Así fue adoctrinado y cuando lograron hacerlo obediente lo regresaron a su celda y él dejo de pelear.
Al menos fue así hasta que tú llegaste y aquel Lo'ak terco comenzó a surgir de entre las cenizas.
O eso pensaba pues ahora mismo no estaba haciendo nada para defenderse, sin embargo, la golpiza se detuvo y lo único que invadió la habitación fue tu voz llena de odio.
Cuando Lo'ak miró hacia arriba se encontró con tu mirada enojada la cual susurraba en el oído del guardia palabras que él no lograba entender. El hombre cayó al suelo y él se alejó del cuerpo observando sus ojos sin vida mirando a la nada haciéndolo sentir extraño... Pues todo se había acabado de forma repentina. Sus oídos dejaron de oír y su olfato solo podía concentrarse en el olor que desprendió la sangre de aquellos dos cadáveres. Te vio comenzar a revisar a los dos y él no pudo despegar la mirada de encima tuyo, atento a cómo te estabas preparando a ti misma con un chaleco antibalas mientras que tus manos trabajaban en desarmar el cadáver y meter a tus bolsillos todo lo que necesitarás. A pesar de que Lo'ak entendiera lo que estaba pasando era incapaz de moverse, pues su cuerpo había comenzado a sentirse demasiado pesado para actuar. Fue así hasta que vio cómo dabas pasos hacia atrás, alejándote cada vez más de él y aquello lo asustó... Su cuerpo se movió provocando que las cadenas se movieron obligándote a mirarlo, la desesperación comenzó a llenar su cabeza ante la idea de que lo dejaras atrás y lo abandonaras en este lugar.
Le aterraba que realmente no valiera nada para nadie... Por eso mismo cuando te diste media vuelta no pudo evitar sollozar dolido, intentando ocultarlo con la rabia que se supone debería sentir.
¿Por qué debías abandonarlo?, ¿por qué no le ayudabas y le demostrabas qué no fue una estupidez confiar en ti?
Estaba rompiéndose... Iba a volver a tener un colapso mental de no ser porque regresaste y comenzaste a tomar de entre los cadáveres más cosas. Lo'ak observó cómo fuiste al panel y colocaste una de las tarjetas.
Los grilletes cayeron de sus muñecas y por primera vez después de tanto tiempo fue capaz de poder sentir un poco de libertad...
Sus iris amarillos miraron incrédulos sus muñecas dañadas, girándolas con cuidado al sentirlas ligeras.
No... No sabía cómo reaccionar.
Su mente estaba tan confundida qué lo único que hizo fue mirarte... Sus manos temblaban y tú solo lo mirabas cautelosa sin acercarte a él, estiraste uno de los chalecos en su dirección y él lo tomó con cuidado. Después de toda la situación una advertencia que lo hizo enojar un poco salió de tus labios, más fue capaz de ignorarlo por el simple hecho de que después de tantos años dio por primera vez un paso fuera de la celda que llamó hogar... Esta vez fue él quien salió.
Cuando sus dedos rozaron el frío del arma de aquellos que custodiaban la puerta miró a tus ojos esperando a que estuviera listo y a pesar de que sentía sus piernas y manos temblar por haber desobedecido se obligó a ignorar el miedo y moverse. En todo momento observó tu espalda delante suyo, la determinación que emanabas llenaba a Lo'ak de adrenalina y el deseo de salir de este lugar invadía cada rincón de su cabeza, entonces aceptó que tu seas la guía y que debía protegerte de lo que no alcanzaras a ver.
Sus ojos observaban a todos lados siendo consciente de cuántos soldados y científicos caían al suelo por tus balas y por sus balas. Su corazón bombeaba ansioso, sus colmillos picaban y la necesidad de gritarles invadía su cabeza. El arma estaba tan ligera en sus manos que se sentía con toda la libertad de disparar a quien sea.
Su boca salivaba conforme veía la sangre manchar suelo y paredes.
Sus pensamientos se centraban en imaginarse morder la piel de quien se atrevió a hacerle tanto daño al punto de ya no tener retorno.
Cuando volvió a mirarte fue capaz de notar el rencor en tus ojos. La rabia de haber estado cautiva bajo la manos de todos ellos... Lo'ak sintió que alguien la comprendía a pesar de que sus vivencias en este lugar hayan sido distintas por completo. Comenzaste a destruir los laboratorios y hacer pedazos cada papel que ellos habían guardado con esmero, destrozaste computadoras y rompiste tableros.
"Puedes vengarte, hazles pagar todo lo que te hicieron sufrir"
Fue como si hubieras abierto un puerta que había sido cerrada hace tiempo.
La rabia e impotencia comenzó a burbujear desde su estómago, subiendo por su columna y estallando en su corazón llevando un sentimiento de adrenalina a cada rincón de su cuerpo. Su mente viajó al pasado y los días de tortura llegaron como un mar que abrumó todo su sentir. Las imagenes de él siendo rasgado y lastimado una y otra vez llenaron su cabeza. Recordó todas las veces que vivió el mismo proceso... Manos tocando su cuerpo, acariciando y lastimando lugares donde se supone nadie debe tocar sin su consentimiento.
Lo'ak no tuvo clemencia.
No pensó en detenerse porque ellos jamás lo hicieron cuando él lo suplicó.
Por eso mismo no sintió nada cuando se lanzó a uno de ellos y despedazó su piel con sus propios dientes, no le importó golpear contra el suelo su rostro y tampoco se detuvo cuando ellos rogaron por piedad.
Él solo quería hacerles sentir lo que vivió.
Necesitaba que sufrieran tanto como él lo hizo. Necesitaba que tuvieran en mente todo lo que le causaron y que tuvieran en claro que lo pagarían con su propia vida. No se los perdonaría nunca, jamás olvidaría lo que este lugar le hizo, jamás podría reparar lo que ahora es. Entonces tenía todo el derecho de vengarse, podía hacerlos vivir lo que él sufrió, podría desgastar toda la furia que albergaba en su dañada cabeza por tantos años y nadie podría detenerlo.
Tomaría justicia por mano propia gracias a ti.
Gracias a que lograste sacarlo de su encierro él podría hacerlos pagar y eso provocaba que su estómago sintiera mariposas, mariposas que lo llenaban de una necesidad de comer y lo haría saciar con todos ellos.
Al menos ese fue su pensar hasta que llegaron con la persona que menos quería ver.
Su cuerpo se paralizó y las arcadas llegaron a su garganta cuando te vio conversar con él y aquel hombre lo llamó suyo. La necesidad de regresar y volver a encerrarse para no vivir con las consecuencias le abrumaron y cuando estaba a punto de correr y huir cual cobarde tú tomaste su muñeca y lo obligaste a correr haciéndolo tropezar.
— ¡No dejes de correr! ¡Directo a la salida!
Ordenaste sin soltarlo. Lo'ak apretó sus dientes obligándose a si mismo a tomar valentía y disparar a los soldados que venían detrás suyo intentando atraparlos. La salida a la libertad estaba a poca distancia y él no podía acobardarse a último momento, no ahora.
Por eso, cuando alguien estaba por matarte no dudó en saltar y levantarlo en el aire para dejarlo caer con fuerza contra el suelo.
Cuando llegaron a la puerta tú gritaste intentando tranquilizarte para tomar la tarjeta y abrir. Lo'ak miró detrás de ustedes disparando mientras esperaba a que tú abrieras.
El terror evitó que se moviera cuando se encontró con aquellos ojos que tanto tiempo estuvieron atormentando a su cabeza... Aquel que le arrebató sus costumbres y personalidad para moldear todo lo que Lo'ak era a su gusto.
Las ganas de gritar invadieron su cabeza y la urgencia de arrancarse la piel llenó todo su sistema con tal de dejar de tener la sensación de esas asquerosas manos en su cuerpo. Sin embargo, tu mano volvió a tocarlo y la sensación desapareció haciéndolo ver que ahora una gran puerta los separaba.
Sus ojos miraron el bosque y cuando el aire de Pandora acarició su rostro corrió.
corrió y corrió sin mirar hacia atrás.
Esto era el territorio de Lo'ak... Aquí es dónde él se crió así que esta vez él tomó tu mano y dirigió el camino. Saltó raíces de árboles y esquivo ramas, respiró el aroma y quitó flora de Pandora de su camino. No se detuvo aunque sus pantorrillas dolieran, aunque piedras rasgaran las plantas de sus pies, aunque ramas rasguñaran sus brazos y piernas, no se detuvo aunque sus pulmones dolieran debido a la falta de aire.
Sus ojos se concentraron en el camino porque conocía su hogar y sabía que debía tener cuidado de no caer en un pozo o colina abajo.
Cuando Lo'ak notó que tropezabas de forma constante se dio cuenta que eras demasiado pequeña para empatar con él. Sin embargo, podías seguirle el paso. Tus pies saltaban y daban pasos largos intentando no quedarte atrás. Lo'ak casi estaba seguro de que los alcanzarían pues podía oír los helicópteros, los malditos robots siguiéndoles el paso, las balas pasando por su lado. Comenzaba a preocuparse de que la poca libertad que apenas estaba saboreando se le fuera arrebatada de golpe.
Fue así hasta que escuchó la cascada y supo que estarían bien... Que este podía ser su boleto de escape y estar libres de la persecución.
Su mano dio un apretón a la tuya cuando comenzaste a forcejear, intentando alejarte, lo cual, arruinaría el plan de escape y a pesar de que hiciste un gran esfuerzo en protestar él te ignoró y te lanzó directo al canal de agua sin dudarlo.
----- ¡No sé nadar! ---- gritaste mientras caías haciendo que Lo'ak entrara en panico.
¿Cómo era posible que no supieras nadar? ¡eres un soldado! Eso era primordial... Lo que era más importante ¿Qué tal si Lo'ak había olvidado cómo hacerlo?, ¿Podría ayudarte a ti con su escaso recuerdo? Todas esas preguntas le abrumaban en medio de su caída. La incertidumbre de saber si seguirían con vida le carcomía.
Cuando el agua tocó su piel sintió que todas las preocupaciones escapaban de su sistema...
Su corazón se aceleró ante la sensación fresca que le brindaba el agua trayendo a su memoria recuerdos que había protegido en un rincón de su corazón con tanto esmero...Y por un momento, deseó simplemente quedarse ahí y dormir con aquella sensación rodeando su cuerpo llevándolo al pasado donde unos ojos azules lo miraban con amor.
Al menos hasta que sintió como tu mano apretó la suya y todo su cuerpo podía sentir como te aferrabas a sus hombros e intentabas llegar a la superficie. Él reaccionó abandonando su fantasía para comenzar a mover sus pies para ir a la superficie. Sus manos se aferraron a tu cintura comenzando a llevarte hacia arriba.
Cuando volvió a tomar aire y tocaron el suelo no dudaron en correr.
Corrieron y corrieron mientras él trataba de olvidar lo que vio en el agua.
Tal vez por la necesidad de olvidar sus memorias para seguir adelante, olvidó por completo que el bosque de Pandora no era tan seguro como para bajar la guardia y que crituras peligrosas abundaban en este lugar, por eso mismo cuando el oído de Lo'ak captó el sonido que le aterraba de niño se detuvo de golpe. Sus iris amarillos miraron con cuidado a la criatura frente a ustedes, ya se estaba preparando para huir porque sabía que el palulukan no tendría piedad. Sus manos te tomaron con fuerza cuando tuvo que lanzarte a un costado para evitar el ataque del animal. Lo'ak tuvo que tomarte en brazos para comenzar a correr escuchando cómo la criatura poco a poco se acercaba a ustedes.
A pesar de seguir concentrado en huir de aquella criatura aún fue consciente de tus piernas enredandose alrededor de su pecho provocando que la incomodidad llegara a él confundiendo a su cabeza. Sus manos picaron cuando él abrazó con fuerza tu cuerpo, intentando no dejarte caer al suelo cuando el sonido de tu arma lastimó sus oídos. Sentía que la situación era eterna, que simplemente la criatura no se alejaba y cada vez se acercaba más. Miró hacia atrás sin pensarlo mucho ignorando la caída frente a ustedes por la cual no tardaron en caer de lleno provocando que rodaran hacia abajo golpeando contra piedras y ramas. Sus manos cubrieron tu nuca esperando poder protegerla a todos los golpes que podían llegar. También fue consciente de que tus brazos hicieron lo mismo con la suya provocando que sus colmillos picaran ansiosos ante el contacto físico.
Cayeron en una grieta que daba entrada a una cueva natural. El suelo lastimó de forma horrible su espalda porque giró su cuerpo con tal de no caer encima tuyo y lastimarte. Él fue el primero en levantarse comenzando a buscar a su alrededor alguna señal de peligro más no encontró nada.
El sonido de las gotas de agua cayendo y golpeando contra el suelo lo distraía de toda la tensión que había estado llenando su cuerpo. Lo'ak volvió hacia a ti observando que ya estabas de pie mientras mirabas la grieta encima de ustedes, justo por la cual habían caído. Podía ver que el palulukan seguía acechando.
A pesar de ser un lugar desconocido y silencioso seguía tranquilo porque ya estaba acostumbrado a la oscuridad. Le gustaba el sonido calmo que le brindaba el lugar y por sobretodo le gustaba sentir el calor contra la palma de su mano. Aunque sintiera que su cuerpo se estaba erizando lentamente y la incomodidad se mantenía en un nivel bajo. Podía sentir las pequeñas cosquillas que el contacto físico le generaba, no era aterrador, era... De alguna forma agradable. El sentimiento que su pecho creaba se sentía como cuando su madre le hacía su comida favorita o cuando Neteyam acariciaba su cabeza con cariño, cuando Kiri de repente curaba sus heridas o Tuk lo abrazaba de forma repentina, cuando su padre lo miraba con una sonrisa... Le recordaba a casa.
Tenía tantas ganas de ir a casa... Pero aquello no podía ser poible. No ahora, no cuando él ya no era el mismo Lo'ak del pasado. No cuando sus hermanas pueden estar en peligro al estar cerca de él pues la desesperación de devorar su carne aún seguía recorriendo su cuerpo aunque su mente siguiera asqueada ante esa necesidad.
Ignoró sus propias lamentaciones concentrando a su cabeza en los alrededores del lugar, pues sus oídos fueron conscientes de un chasquido repetitivo que invadía las profundidades, uno que no le agradaba para nada y que alertaba a cada fibra de su ser. Podía notar un horrible aroma, uno que le revolvía el estómago cada que se adentraba en sus fosas nasales.
Su mano evitó que te movieras, jaló de tu brazo mientras cubría tu boca para que no emitieras ningún sonido que pudiera llamar la atención de la criatura. Aquella acción probablemente fue una mala idea pues podía sentir tu suave respiración contra la palma de su mano, su cola se movía ansiosa y sus orejas se movían de atrás hacia adelante sin saber en qué concentrarse, si en el maldito Up'ang o en ti y la sensación de tu respiración cálida contra la palma de su mano. Aunque le costara admitirlo, lo que iba ganando eran sus pensamientos acerca de ti pues la calidez de tu pequeño cuerpo contra el suyo lo llenaba de ansia y la necesidad de masticar tu piel comenzaba a florecer gracias al vacío de su estómago. La sensación de tu sangre en su boca lo llenaba de una desesperación a la cual le era difícil ignorar, podía oler, podía oír tu sangre recorriendo todo tu cuerpo. De repente su cabeza ya estaba alucinando y estaba seguro de que podía sentir tu cuerpo desgarrándose en sus propias manos. Oía tu carne siendo masticada por sus colmillos y el sabor bajaba por su garganta para quedarse en su estómago. Sus iris amarillos te observaron fijamente intentando quedarse con la imagen de tu cuello destrozado por sus dientes provocando que su estómago gruñera.
Tenía tanta hambre que estaba seguro de no tardar en morder tu piel en cualquier segundo.
Al menos hasta que lo miraste y sus ojos se concentraron en tu rostro. Una belleza tan extraña que solo aumentaba las ganas de devorarte, de morder cada centímetro de tu piel y disfrutar de la calidez que emanabas.
Relamió sus labios dispuesto a comerte ahí mismo de no ser porque el sonido de tu arma recargándose lo alarmó.
Escuchó el chillido del Up'ang y sus oídos casi explotaban al oír el horrible grito de la criatura. Sus manos te empujaron fuera de dónde estaban mientras que él se preparaba para tomar aquellas largas patas del bicho evitando que sus enormes colmillos llegarán a su cara. Las orejas de Lo'ak se pegaron a su cráneo intentando evitar que el sonido reventara sus tímpanos pues podía sentir como estos estaban a punto de explotar, provocando que su cabeza doliera y comenzara a sentirse débil. Incluso llegó a sentir al Up'ang mucho más pesado que antes.
Lo'ak siseó esperando poder intimidar a la criatura y que esta decidiera alejarse para poder cubrir sus oídos del doloroso e irritante sonido. Aquella cosa dejó de pelear, sus patas dejaron de moverse y finalmente cayó al suelo mientras el sonido del chillido se detenía.
Lo'ak te miró notando tus manos manchadas de sangre con navaja en mano mientras respirabas con agitación mirando al U'pang alerta.
Aquella imagen provocó que su cola se moviera con interés, sus ojos miraron atentos cómo tus manos apretaban el arma guardándola al costado de tu cadera, para después llevar con lentitud tus manos a tus orejas. Lo'ak observó atento cómo tus dedos se coloreaban de un tono carmesí alertando a sus sentidos. Su mano se movió sin pensarlo mucho tomando tu muñeca con fuerza mientras sus latidos se aceleraban conforme sus labios estaban a punto de tocar tus dedos y cuando sus papilas gustativas pudieron degustar aquel líquido carmín sus pupilas se agrandaron demostrando el éxtasis al cuál sus sentidos se vieron invadidos debido a tu dulce y metálico sabor. Su lengua recorrió de forma cuidadosa tus dedos intentando que no se desperdiciara ni una gota, deseando que no se acabara la hora de la comida.
Hasta que alejaste tu mano de su boca con una mueca de disgusto.
----- Rarito.
Lo'ak siseó por lo bajo ante la perdida, mirando de reojo a la criatura mientras comenzaba a sentirse frustrado a la desaparición de tu sabor.
Por la rabia sus manos tocaron la carcasa del Up'ang arrancando un pedazo de su cuerpo para meterlo a su boca y comenzar a comer desesperado fantaseando en tu suave piel. Sus dientes desgarraron con vigor anhelando poder comerte entera. La fantasía de que fueras por completo su presa nubló su juicio y la necesidad de tener el honor de comerte fluyó por todo su sistema.
La ilusión de tener tu carne entre su colmillos...
Debía demostrarlo... Debía probar a Eywa que él ya no era una víctima.
Debía demostrar a los humanos que no estaba bajo el poder de nadie.
●~●~●~●~●~●~●~~●~●~ A D V E R T E N C I A ●~●~●~●~●~●~●~●~●~●~●~●
• Ab/s/ se/ual.
• Canibalismo.
• Mención de drogas.
• Secuestro.
• Enfermedades mentales/ suic/di/.
~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•
Capitulo anterior:
•|•|•|•|•|•|•|•|•|••| A D V E R T E N C I A. •|•|•|••|•|•|•|•|••||•|•|••| contenido sensible. • canibalismo •ab/so sex/al •Uso de dro
•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~••~•~•~•~•~•
3. Caminos.
No estabas segura de cuánto tiempo pasó... ¿un mes?, ¿Tres meses? Era lo mas probable. La única forma de contar el tiempo era conforme se llevaban a Diego para experimentar con él, en eso se basaba al principio. Sin embargo, parecía que Mark estaba volviéndose loco o algo por el estilo porque podías notar cómo cada vez aumentaban las desapariciones de tu compañero. A causa de esto te llegó la paranoia, asumiendo que estaba sucediendo algo importante. Tu rodilla, la cual había sido quebrada sanó de forma natural de alguna manera o al menos es lo que deseabas imaginar. Así que habías decidido comenzar a ejercitar para volver a tomar la condición física que habías perdido por el encierro y tus heridas.
Cuando él volvía lo que hacían era seguir con su juego de guerra de miradas, cuando se aburrían de aquello su siguiente actividad conaistencia en tu cantar y él menear su cola al ritmo de tu tarareo lo cual siempre te hacía reír y así fue por los largos de los días. Al menos hasta que comenzaste a notar que tu compañero era inútil cuando lo devolvían, como si estuviera demasiado hundido en su mente para reaccionar a cualquier estímulo del exterior. Incluso llegó a un punto donde cada vez que lo devolvían a la celda y lo dejaban tirado en el suelo tú tenías que girar de costado su cuerpo por si llegaba a vomitar y de esa forma evitar que se ahogara en su propio deshecho, después de estos constantes sucesos fue que decidiste que debías repasar una y otra vez un plan y pulirlo para que todo saliera perfecto.
Habías decidido que el mejor momento era cuando estaban a punto de llevarse a Diego.
Debías noquear a uno del dúo estúpido y como era claro debía ser aquel que siempre entraba al último y para tu buena suerte habías notado que esta persona siempre llevaba el control para electrochoques que decoraba el cuello de Diego. La puerta no se cerraba a menos que ellos dos salieran por seguridad y porque se supone que el espécimen estaba encadenado, por lo que no tendría oportunidad de huir por más que lo intentara. Para defensa personal tendrías que robar el arma de los cadáveres del dúo pendejo y así poder atacar a los dos guardias que protegían la entrada y después... ¿Qué camino tomarías? Conocías la base y sabías que la ruta más fácil y menos habitada por militares eran los laboratorios en el cual solo se encontraban los nerds y los soldados que son "castigados" como lo fuiste tú en su momento. De todos modos, si seguías por aquellos pasillos sabías que tenían una salida especial para salir directamente al bosque de Pandora y poder obtener sus muestras de flora y fauna... O humanoide, si eras un enfermo mental.
Y cuando salieras al bosque... no sabrías qué más hacer. Pero, por eso se preocuparía la tú del futuro.
Ahora solo quedaba él.
Llevarlo era con seguridad una pésima idea, pues era claro que era dependiente a esta vida y que ya había estado demasiados años en cautiverio, sería una carga. Tendrías que arrastrarlo y estaba esa pequeña adicción a las drogas que aquí le inyectaban... Sin embargo, era un na'vi. Conocía el bosque de Pandora mucho mejor que tú. Sabía qué era venenoso, qué era un peligro y qué definitivamente no debías tocar por nada del mundo.
A ustedes solo les habían enseñado una cosa.
No toquen nada.
No servía de nada romperse la cabeza con una decision qué tendrías que tomar a futuro, así que decidiste ignorar por el momento aquel tema y no decirle nada al alien enfrente tuyo. Preferías tomar aquella decisión el mismo día de tu escape, cuando tu cabeza estuviera más estresada y agobiada.
Lo único que te quedó fue esperar a que el gran día llegara y la espera fue horrible.
Fue una tortura estar atenta a la puerta esperando oír un pequeño sonido que te dejara en claro que ya era el momento, fue horrible devorar la avena esperando a que te diera todas las fuerzas necesarias para pelear con todo lo que tenías. Fue una miseria ver esos ojos amarillos sin sentirte culpable debido a tu futuro escape. Lo que te ponía los pelos de punta, era que parecía que él ya lo sabía todo o por lo menos sospechaba, pues sus ojos miraban atentos a la puerta y luego a ti. Podías notar cómo su cola se meneaba detrás de él ansioso por saber qué estabas tramando, sus iris dorados se clavaban en los tuyos intentando leer cada pensamiento que llegaba a tu cabeza o tal vez convencerte de que soltaras de una vez por todas lo que tanto evitabas decirle.
Tal vez fue el reflejo de tus propios sentimientos que emanaban de tu cuerpo lo que provocaba su actuar. Podías notar con el pasar de los días cómo la ansiedad se reflejaba en sus ojos los cuales pasaban de la comida a ti cada vez que repasabas el plan en tu cabeza. El na'vi miraba atento cómo te ejercitabas en la esquina de la habitación, observaba curioso cómo hacías estiramientos y cómo volvías a murmurar en tu idioma natal el plan que habías ideado. La sensación de sus iris amarillos persiguiendo tus movimientos se clavaban tanto en tu cerebro que comenzabas a sentir cómo la culpa llenaba cada rincón de tu pecho. Sin embargo, no dejabas que nublara tu mente, te centrabas en ti y nada más que en ti porque sabías que él sería una gran carga, aunque conforme lo pensabas tu cabeza deformaba aquello creando un hueco en tu mente provocando que una pequeña y apenas perceptible voz susurrara lo necesario que era.
Negaste con la cabeza intentando eliminiar ese pensar dejando de ejercitarte por ese día debido a lo insistente que era aquella molesta voz. El dorso de tu mano limpió el sudor de tu frente mientras que tu mirada estaba atenta al na'vi, el cuál no había apartado ni un segundo sus pupilas de tu persona. Intentaste distraerlo sonriendo divertida, levantando tus brazos para mostrar tus músculos de forma presumida provocando que él rodara los ojos con molestia y por un momento estabas segura de que lo oíste murmurar algo, algo en un idioma que no entendías para nada, por lo que estabas segura de que se trataba de el lenguaje de Pandora.
-----Oye gatito ¿qué fue eso?---- te burlaste levantando tu camisa para limpiar el sudor de tu bigote -----. No sabía que podías hablar.
Cuando volviste a mirarlo sus ojos estaban atentos a tu figura recorriendo tu estómago descubierto, lo cual te hizo mirarlo curiosa. Sin entender qué era lo que había llamado su atención, ¿acaso ellos no tenían ombligo?.
Estabas dispuesta a averiguarlo de no ser por el sonido, un sonido que estabas ansiosa por escuchar. La puerta comenzó a abrirse lo cual te hizo tragarte tus palabras y mirar atenta el ambiente que comenzaba a crearse. No dejaste de mirar en aquella dirección cuando tus manos aseguraron con fuerza las agujetas de tus botas, tal vez por el nerviosismo te quedaste totalmente quieta, volviéndote una con la oscuridad de tu esquina para evitar que ellos lograran verte.
---- ¿Qué crees que tenga esta vez en su mente el enfermo aquel? Parecía realmente ansioso-----. Exclamó uno de ellos mirando directo a tu amigo azul.
---- Y yo que sé, tal vez finalmente decida casarse con él o hacerlo procrear con otra navi. Ya sabes que se rehúsa por completo a que otros lo tocaran.
Tu estómago se revolvió ante sus palabras y estabas dispuesta a terminar con la conversación de no ser por el siseó que lanzó Diego.
---- Quién mierda diría que una bestia conseguiría una pareja antes que yo ----. Murmuró con molestia estúpido número uno.
Sin dudarlo, sin pensarlo ni un segundo su pie se elevó y pateó la mandíbula de Diego logrando que tu compañero girara su rostro por el impacto.
----Es obvio, la verdad es que das un poco de asco -----. Se burló pendejo dos sin titubear -----. Apúrate, Mark odia esperar cuando se trata de su "tesoro"
Entonces cuando el soldado de cabellos rojos comenzó a golpear a tu compañero azul, el otro simplemente se quedó quieto mirando fijamente el espectáculo con el control en mano.
Era la oportunidad de oro.
Tus oídos se agudizaron y tus manos comenzaron a temblar debido a la expectativa, la adrenalina te hizo sonreír impaciente mientras que tus pies caminaban sigilosos hacia pendejo dos, más específico, al que llevaba el control del cuello de Diego. Las suelas de tus botas apenas hicieron ruido y si lo hicieron fue silenciado por los golpes que recibía el alien. Tu mirada estaba atenta a la nuca de aquel soldado, tu cuerpo cada vez estaba más cerca causando que tus manos temblaran ante la anticipación.
"Paciencia, Sam"
Intentó advertir la voz de tu hermana.
Y una mierda, habías esperado demasiado.
No esperaste ni un segundo cuando ya habías girado en tu propio eje para patear con toda tu fuerza la nuca de aquel hombre, su cuerpo golpeó con fuerza el suelo de la celda y en esos momentos no podías dudar debido al peligro de muerte. Por esa misma razón no sentiste nada cuando robaste la navaja de su tobillera y lo clavaste tres veces en su garganta para evitar que se levantara.
-----¿Qué demonios...?---- oíste soltar al que quedaba. Cuando tu cuerpo se giró a mirarlo saltaste en su espalda cubriendo su boca para evitar que gritara.
Tus piernas se enredaron en sus caderas y la navaja qué le habías robado a su besti se clavó en el costado de su cuello. Lo dejaste ahí evitando que comenzara a desangrarse por el simple hecho de que querías que te mirara. Sus ojos aterrados se encontraron con los tuyos y tú no pudiste evitar sonreír en grande, recordando cada una de las palabras que salieron de su boca acerca de ti.
---- Recuérdame maldito pendejo, recuerda muy bien mi rostro ----- susurraste contra su oreja sin dejar de mirar sus ojos ----. ¿Vas a llorar?, me gustaría verte llorar.
Tu mano jaló con fuerza la navaja, la sangre cayó a gorgotones y el hombre comenzó a ahogarse en tus manos. Te aseguraste de no dejarlo vivo volviendo a clavar la cuchilla de la navaja en su ojo observando que fuera lo más profundo posible para que no volviera a despertar. Lo sostuviste con cuidado evitando hacer demasiado ruido para no llamar la atención. Tus ojos se quedaron quietos en los dos cadáveres y sin dudar más de lo necesario comenzaste a tomar todo lo que te era servible de los cadáveres. Te colocaste el chaleco antibalas en pocos segundos, no te importó que fuera un poco grande, solo aseguraste las correas para que no se moviera de forma incómoda. Tus manos tomaron el cinturón y la navaja, la pequeña arma fue puesto en tu cadera y la munición se vio envuelta en tu pecho, la tarjeta que te daría entrada libre a todos lados fue escondida en tu bolsillo y finalmente cuando ya habías terminado de prepararte recordaste un pequeño detalle que habías ignorado por estar en trance. Cuando tu mirada se levantó te encontraste con unos profundos y raros iris dorados los cuales no dejaron de mirarte en ningún segundo. El muchacho tenía la camisura de su boca llena de sangre, su rostro recién golpeado se veía hinchado y gracias a la cercanía podías ver que habían reventado la piel de su ceja por los golpes. Notaste cómo su pecho subía y bajaba de forma acelerada debido a la adrenalina de la situación mientras que sus enormes ojos seguían acaparando toda tu atención, esperando algún movimiento de tu parte. Tus ojos se apretaron con fuerza intentando ignorar la extraña sensación que se formaba en tu pecho gracias a aquella mirada desesperada. Te erguiste en tu lugar aún sintiendo su pesada mirada encima tuyo, diste un paso hacia atrás escuchando aquellas cadenas moverse provocando que tus ojos se abrieran preparada para cualquier ataque.
Lo que encontraste fue a una criatura arrodillada de tres metros con una mirada que expresaba el dolor de la traición. Podías notar cómo sus ojos se volvían llorosos ante la idea de que lo abandonaras en aquel lugar y aquello te hizo dudar. Te obligaste a dar un paso hacia atrás sintiendo tu estómago resvolverse cuando oíste un pequeño sollozo que se intentó ocultar con un siseó tratando de fingir una rabia que no existía. Eso fue lo que te detuvo, volver a mirarlo y ver a un ser solitario que gritaba por ayuda, maldijiste por lo bajo volviendo a acercarte a los cadáveres para tomar el control de electrochoques y tomar otro chaleco y arma. Rodeaste a la criatura acercándote al panel para poner el código y así liberarlo de las cadenas. El sonido de los grilletes te hizo girarte a mirarlo con tus manos encima de la pequeña arma por si debías usarla como defensa para tu enorme compañero, el chaleco y el arma estaban en tus manos mientras tu mirada estaba atenta a la criatura que se había quedado quieta con su vista fija en sus propias muñecas girando sus brazos con lentitud, como sino estuviera seguro de lo que estaba pasando.
Después de unos segundos donde ninguno se movió sus ojos te miraron.
Si eras sincera su mirada no te brindó ni un sentimiento bueno.
Tus pies dieron un pequeño paso hacia atrás conforme el na'vi se levantaba de su lugar con lentitud sin despegar ni un segundo sus pupilas de tu persona. De repente, estabas siendo demasiado consciente de su altura y la gran ventaja que tenía sobre ti si decidía atacar. Tu entrecejo se arrugó en advertencia, intentando darle la cara mientras dejabas a la vista el control de su cuello intentando informar que no dudarías en usarlo si cometía una estupidez.
El na'vi estiró su mano sin moverse de su lugar, sus ojos aún seguían encima de los tuyos. Tú imitaste su acción brindándole el pequeño chaleco para que se lo pusiera encima. Diego lo tomó con cuidado, comenzando a ponerselo sin hacer ningún movimiento brusco como si tú fueras la pequeña bestia encarcelada.
Lo gracioso es que ninguno de los dos apartaba la mirada, como una de las habituales pequeñas guerra de poder que tenían cuando estaban aburridos.
Cuando estuvo listo era obvio que el chaleco era demasiado pequeño para él lo cual te hizo intentar reír pues apenas lograba cubrir sus pectorales, ahí fue cuando notaste que Diego estaba por completo desnudo. Desviaste tu mirada a otro lado cuándo él se giró con su cuerpo tenso e incómodo comenzando a sacar una de las camisas de los soldados para romperla y ponerla alrededor de su cintura. Cuando volvió a mirarte tú ya estabas estirando el arma que te sobraba hacia él. Sus dedos la tomaron con un ligero temblor lo cual te hizo dudar de si había sido una buena idea llevarlo contigo. Diego se quedó quieto en su lugar esperando alguna orden o señal tuya para comenzar a moverse.
No podías mentir... No le tenías confianza.
Tu mente no permitía que tu cuerpo le diera la espalda porque tenía duda, tu sentido racional lo veía como una amenaza, un claro depredador que era capaz de comerte si perdía la cabeza, pero estaba esa pequeña y estúpida voz que simplemente no te permitía abandonarlo a su suerte. Solo te quedó una opción, una de la cual no estabas muy segura de poder cumplir si se presentaba la ocasión.
Tomaste una gran bocanada de aire y con voz firme aseguraste.
----Un error, una simple señal de que me harás daño y te volaré la cabeza, ¿Entiendes? ----. Murmuraste con ceño fruncido.
Él no contestó. No hizo nada más que una simple mueca de disgusto ante tus bruscas palabras y tu cabeza enferma decidió tomarlo como un sí. Te giraste hacia la puerta aún reacia a confiar en él, más decidiste ignorar aquel sentimiento porque ahora había algo mucho mas importante que desconfiar.
Tomaste una gran bocanada de aire para finalmente abrir la puerta metálica de la celda. Ninguno de los dos guardias que custodiaba la puerta te miró, tal vez pensando que se trataba de sus compañeros muertos en el suelo. Su indiferencia y poco profesionalimso te hizo sentir una emoción que se expresó en una sonrisa triunfante, tus manos cosquilleantes tomaron el arma elevándola a la altura de tu ojos. Una bala atravesó el cráneo de uno de ellos haciéndolo caer al suelo en segundos, no tardaste nada en girar y volarle los sesos al segundo quien solo alcanzó a mirarte con ojos sorprendidos con sus dedos apenas rozando la radio para informar de tu persona.
Colocaste tu pistola en la cadera y tomaste las armas largas que tenían estos guardias, entregándole una a Diego.
Cuando tus ojos miraron a tu compañero notaste que tenía una expresión nerviosa en su rostro, dando pasos inseguros fuera de su carcel. Sus pupilas miraron tu cara expresando su ansiedad, tú no dijiste nada, simplemente lo miraste esperando que se calmara. Diego cerró con fuerza sus ojos tardando unos segundos en regular su respiración que no habías notado estaba acelerada. Después de tragar con dificultad asintió en tu dirección dándote el visto bueno para continuar.
Tus pies se movieron sin dudarlo hacia la siguiente puerta, la tarjeta de acceso fue puesta en el escáner y finalmente la puerta se abrió de par en par dejándote a la vista a los soldados que estaban en esa zona. Sus ojos no expresaban nada más que la absoluta confusión. Probablemente a la enorme compañía que venía detrás tuyo.
---- Buenas tardes, pendejos.
Tus manos apretaron el gatillo y las balas de la ametralladora atravesaron cada cuerpo de los guardias sin darles tiempo a reaccionar. Corriste junto con tu compañero, el cual se mantenía unos pasos detrás de tu persona disparando en cuanto veía que tú disparabas. La alarma comenzó a sonar advirtiendo a la base que había una enorme emergencia desarrollándose y aquello te hizo maldecir, hubieras preferido salir de forma limpia pero con tu personalidad aquello era imposible.
Tus ojos se encadilaron cuando todo el pasillo se volvió rojo debido a la luz de alerta, parpadeando y soltando un sonido molesto que solo provocaba que te pusieras de malas. Sin embargo, detenerse era estúpido. Tenías el tiempo encima y no tardarían en mandar a cientos de soldados en tu búsqueda para acriballarte, lo mejor era ir directo a la salida y no entretenerte en tus delirios de venganza, al menos eso era lo que tenías en mente de no ser porque un científico salió de la nada, la punta del arma golpeó su rostro tirándolo al suelo para dispararle en la cara. Tus ojos miraron fijamente aquella tarjeta qué tenía en su posesión y tu orgullo herido susurró como una serpiente que envenena tu alma y te hace cometer estupideces con enormes consecuencias.
¿Qué mejor venganza que destruir todo lo que han intentado proteger? Una pequeña sonrisa apareció en tu rostro cuando tus manos tomaron aquel trozo de plástico plano. Por eso mismo cuando el pasillo se dividió en dos uno que llevaba al ala química y otro directo a la salida la voz de un estúpido hombre resonó en tu cabeza.
"Tu orgullo será tu muerte"
Si, pero que chingue a su madre si huías cual cobarde, debías asegurarte de que en su puta vida se olvidaran de ti.
Reíste con emoción al sentir cada poro de tu piel exudar adrenalina importándote poco si por tu estúpida decisión llegabas a morir. Cuando la puerta del ala química se abrió casi podías carcajear al ver las miradas asustadas. Saludaste con disparos a cada científico o militar que se te cruzara por enfrente, recargando una y otra vez el arma en tus manos, sonriendo cuando la persona que te seguía de cerca no te regañaba y solo te seguía la corriente.
-----¡Vamos, pinches pendejos! ---- festejas en un grito de adrenalina sin dejar de disparar a cualquiera que intentara huir ---- ¿¡No que muy chingones, cabrones de mierda!?
Saltaste el mostrador tirando todos los frascos llenos de químicos que sabías que eran importantes para la RDA. Tu arma destruyó cada zona de cristal, cada frasco, cada avance, cada material que ellos habían guardado con tanto esmero.
Porque estos hijos de puta te habían encerrado y arrebatado la libertad que tanto adorabas. Entonces tú les quitarías en lo que más habían trabajado en conseguir, en lo que más había gastado todo su dinero que eran sus investigaciones acerca de Pandora para crear el plan perfecto.
Entonces recordaste.
Un gran alien que también te acompañaba.
----¡Vamos, grandote! ---- llamaste al chico azul con una sonrisa ----. Es tu momento de cobrar todo lo que te hicieron y destruir a todo aquel que te dañó.
Su cola comenzó a moverse detrás suyo y sus ojos que estaban demasiado atentos a ti brillaron. Su rostro comenzó a arrugarse en una mueca de impotencia mientras sus hombros se tensaban y su respiración se volvía irregular conforme pasaban los segundos. Finalmente, la rabia, frustracion y toda la sed de venganza que había guardado en todos estos años se liberó.
Cuando sus ojos encontraron a alguien con bata su mandíbula se extendió dejando a la vista sus enormes colmillos, el siseó salió desde lo más profundo de su pecho y sin dudar saltó hacia el pequeño hombre, su enorme mano tomó el cráneo y con fuerza comenzó a golpear una y otra vez su cabeza contra el suelo volviéndola nada entre sus dedos los cuales ya estaban manchados de carmesí. Diego no se detuvo, sino que se levantó en busca de más y tú lo seguiste de cerca, cubriendo su espalda de los refuerzos que llegaban para detenerlos. Tus sentidos ignoraban las balas que atravesaban o rozaban tu piel, tu mente solo estaba centrada en huir de este estúpido lugar, mientras seguías destruyendo cualquier rastro de investigación, destrozando computadores, derramando líquidos. Tomando granadas que encontrabas de soldados para lanzarlas a los laboratorios importándote poco si de repente todos volaban en pedazos por algún podructo flamante.
Llegaron a la ultima habitación.
La principal zona de investigación de la base. Aquella donde el idiota de Mark se escondía y vivía como una pequeña rata.
Cuando las compuertas se abrieron tus ojos miraron perplejos cómo el idiota estaba abriendo por la mitad a un niño na'vi ya inconsciente. La rabia se aglomeró en tu pecho y sintiendo la presencia de Diego detrás tuyo levantaste el arma.
----Ey, pinche enfermo de mierda ----. Llamaste a Mark con voz rabiosa.
El hombre apenas y mostró preocupación cuando se giró. Una pequeña y suave sonrisa decoraba su pulcro rostro.
----Oh, hola Samanta ---- sus ojos miraron unos segundos tu arma y luego viajaron a tu compañero y por primera vez lograste ver una mueca distinta a la habitual ----. ¿Por qué mi pequeño tesoro está acompañándote?
Ah... Celos.
Sonreíste con emoción, gustosa ante el nerviosismo que estabas causando en alguien tan impertubable como él.
-----Ya ves, venimos a volar cabezas.
----Ja, si. Siempre tan impulsiva. Deberías dejar ir a mi pequeño, es un espécimen especial, ¿sabes? ----- murmuró alejándose lentamente del niño ----. Es el primer híbrido entre un avatar y un na'vi puro.
Rodaste los ojos levantando el arma.
----Me importa una mierda, yo solo vengo aquí a volarte la cabeza.
Él estaba a punto de hablar de no ser por el dolor que se presentó en tu costado, te giraste rápidamente disparando hacia el pasillo de la derecha donde ya se estaban acercando los refuerzos.
----¡No dejen que se lleve al na'vi! ---- escuchaste a gritar a Mark.
Sonreíste con diversión, porque ahora era lo que ibas a hacer.
Tu mano tomó el brazo de tu compañero el cuál saltó en su lugar para comenzar a correr detrás tuyo, siguiendo cada uno de tus pasos mientras disparaba a los que seguían por detrás.
----¡No dejes de correr! ¿¡Me entiendes!? ---- gritaste levantando tu arma disparando a los que aparecían por delante ---- ¡Directo a la salida en zigzag!
Recordaste algo importante, algo pequeño que para tu amigo sería muy necesario. La maldita droga que le estaban inyectando en este lugar, era importante para un adicto ir quitando poco a poco no de golpe. maldijiste en voz baja, apretando la tarjeta de acceso en tu mano pensando en que tal vez esté idiota necesitaría la droga y volvería por su cuenta.
Ibas a disparar de no ser porque finalmente tus municiones y cargadores ya se habían acabado. Otra maldición salió de tu boca porque el estúpido de Mark te había distraído demasiado y también tu ego. Comenzaste a usar el arma para golpear el rostro de cualquier persona que estuviera delante de ti dejándolo inconsciente en cuestión de segundos. Cuando él de arriba te bendijo con el cadáver de un soldado robaste su arma sintiéndote más segura con algo que llegaba a matar si dabas en el blanco. Podías ver científicos caer al suelo, soldados morir luego de que una bala se clavara en medio de sus cejas y todo esto no te causaba más que una pura satisfacción. Se lo merecen, lo merecen todo por mantenerte encerrada.
Tal vez el encierro te dejó mucho más jodida de la cabeza de lo que pensabas.
-----¡La salida está a la derecha! ---- exclamaste a Diego. Concentrada en golpear el rostro de un guardia -----. ¡Es la libertad, Dieguito!
Cuando giraste en una esquina no notaste a la persona con la que estabas apunto de chocar. Tu corazón dio una palpitación nerviosa debido a la cercanía sorpresiva y estabas segura de que morirías de no ser porque el na'vi saltó por encima tuyo, tomando la punta del arma con fuerza del enemigo empujándola hacia arriba provocando que el techo se llenara de agujeros. Tus ojos miraron atentos cómo su mano libre tomó con fuerza el cuello del tipo y sin dudarlo lo levantó para dejarlo caer con toda la fuerza contra el suelo metálico. Escuchaste el sonido de algo romperse contra el suelo y sabías que aquello era una enorme fisura craneal.
Ignoraste aquello concentrando a tu cabeza en lo que estaba sucediendo a tu alrededor. Tus manos lanzaron el arma que tenías tomando las del reciente soldado muerto, recargándola para seguir corriendo junto con los pesados pasos de el alien.
Finalmente después de tomar armas, derribar personas y recargar para más balas tus ojos divisaron la salida causando que tus pies se movieron con mucha más desesperación.
Disparaste a los que cuidaban la entrada quienes no dudaron en recibirte con balas que si llegaron a atreversarte no lograbas sentirlas. Cuando estaban en el suelo y tú chocaste de lleno con la puerta te agachaste quitando las mascaras de sus caras colocando una en tu rostro mientras la otra la ponías debajo de tu brazo. Buscaste con desesperación una de las tarjetas entre sus bolsillos para poder salir de aquel maldito lugar.
Tus dedos tomaron la tarjeta con un temblor que no podías detener y volvían inútil a tus movimientos.
— ¡ No tiembles, pendeja! ¡muévete! — Te gritaste a ti misma con frustración.
Colocaste la tarjeta en el escáner y la puerta se abrió para dejarte entrar a la pequeña cabina de limpieza, al otro lado se encontraba la puerta que te llevaba a la libertad. Tu mano tomó con fuerza la de Diego jalándolo dentro del cubículo quien temblaba con respiración agitada.
Miraste una última vez hacía dentro encontrándote con la mirada de un Mark ahogándose en la desesperación y rabia debido a que te llevabas uno de sus mas grandes tesoros, tal vez el único por el cual él pelearía con uñas y dientes. Sonreíste con sorna, divertida ante la idea de verlo hundirse en su propia rabia tal como tú lo habías hecho. Tu dedo medio se levantó mientras el humo los rodeaba. La persona que había sido tu superior apareció y con más razon sonreíste al verlo gritar en la radio.
La persona que ellos habían considerado débil había escapado de sus manos destruyendo todo en lo que habían trabajado .
-----¡Traigan al na'vi! ---- gritó Mark colérico ----- ¡Vale millones, más que todas sus cabezas juntas!
Cuando las compuertas se abrieron ambos comenzaron a correr sin mirar atrás. Esta vez él se convirtio en el guía adentrándose en el enorme y peligroso bosque sin dudarlo.
Era rápido. Su enorme altura y sus pies largos te sacaban ventaja por mucho, sin embargo, aún podías seguirle el ritmo pues eras un soldado y fuiste entrenada para correr horas si fuera necesario.
El sonido de las naves comenzaron a llegar a tus oídos haciéndote chasquear la lengua con fastidio. Sabías que estos hijos de puta los buscarían por cielo y tierra así que iba a ser una miseria escapar de todos estos malditos soldados entrenados. Podías oírlos adentrarse al bosque, podías sentir como todos ellos estaban detrás de ustedes. Y aún así, aún así, no dejaste de correr ni un segundo esperando que estos pendejos no te alcanzaran.
Tus ojos se centraron en Diego quien se veía tenso desde atrás. podías notar pequeñas gotas de sudor recorrer todo su espalda, sus manos temblaban a pesar de estar en movimiento y su cola estaba tensa, sin moverse ni un milímetro a pesar de estar corriendo, además sus orejas tenían ligeros tics. De repente, el muchacho miró hacia atrás encontrándose con tu mirada, su gran mano tomó con fuerza tu muñeca corriendo tan rápido como sus pies largos se lo permitían obligando a tu pequeño cuerpo a acelerar el paso para intentar dejar a todos atrás. Ahí fue cuando tus ojos lograron notar cómo la flora comenzaba a moverse a su alrededor, las enormes hojas que obstaculizan su camino se abrían y luego se cerraban detrás de ustedes como si los ocultara de los soldados.
Aquello te hizo mirar a Diego extrañada quien parecía no prestarle atención.
-----¡Están por acá! ¡los tengo en la mira! ----- escuchaste a lo lejos.
Un dolor atravesó tu muslo y aquello te hizo apretar los dientes.
"Habías recibido más daño antes" te repetiste una y otra vez.
Esto no era nada para ti y debías seguir corriendo para asegurar tu supervivencia te convencías para evitar concentrarte en el dolor que anteriormente no habías sido consciente.
Como un milagro de algo divino el sonido de una cascada acarició tus oídos llenándote de un pavor, tus ojos captaron un río y te obligaste a morderte la lengua porque sabías lo que esté idiota tenía pensado hacer. Tu mano se apretó con fuerza y Diego aceleró el paso conforme los oía venir. Te siseó, jalando tu brazo para que fueras más rápida haciendote tropezar ligeramente.
Tu ojos finalmente lograron ver lo que tanto temias encontrarte. Ambos se acercaban a un barranco y el alien parecía dispuesto a saltar para así escapar de los militares que no se rendían.
Tus dientes se apretaron intentando retener el sentimiento de pánico, mas era inútil, siempre era inútil cuando se trataba de esto. Los nervios vencieron al raciocinio y tus pies se volvieron torpes conforme se acercaban a la orilla.
----¡Espera! — llamaste intentando sacarte de su agarre —¡oye! ----- volviste llamarlo siendo inútil -----. ¡Detente, pinche pendejo!
Cuando su mano te lanzó al vacío te aferraste con todas tu fuerzas a lo primero que tuviste cerca que fue exactamente su estúpida trenza. Sus ojos se abrieron llenos de terror mas no te importó y no te atreviste a soltarlo mientras un enorme agujero se producía en tu estómago. El na'vi cayó inmediatamente detrás de ti con una mueca de dolor decorando su dañado rostro. Sus ojos amarillos te miraban expresando todo su dolor además del pánico que lo estaba invadiendo.
No te importó, tú estabas mucho más aterrada que él.
-----¡No sé nadar! ---- gritaste mientras caías.
No sabías si te había entendido, no eras capaz de comprender si él habia logrado escucharte, por eso cuando la frialdad rodeó tu cuerpo tu mente se puso en blanco y la inercia comenzó a surgir desde lo profundo de su estómago. Lo único que tú hacías era apretar con fuerza los ojos mientras tus pies pateaban en un inútil intento de nadar. Algo enorme y ancho tomó con fuerza tu cintura haciéndote gritar ante la idea de que alguna criatura enorme ya te había atrapado de no ser por que el frío viento golpeó tus hombros obligándote a abrir los ojos para notar que estabas en la superficie. Por inercia tomaste una gran bocanada de aire. Tu cuerpo temblaba a la pequeña idea de tu cuerpo debajo del agua en una profunda oscuridad, aún podías sentir el agua fría rodeando tu torso y piernas por lo que tus brazos rodeaban con fuerza a la criatura que te acompañaba. Cuando tocaron tierra firme te levantaste de golpe intentando desacherte de la sensacion de náuseas en tu estómago de no ser porque él volvió a tomar tu muñeca y de nuevo estaban corriendo intentando alejarse de todos los que lo perseguían lo más rápido posible.
Tus ojos miraban hacia atrás de forma constante asegurándote de que nadie los siguiera y una bala los atravesara de forma repentina. Aunque tu tarea fue interrumpida porque tu pequeño cuerpo chocó de golpe contra la espalda baja de Diego. El na'vi se había detenido y su cola estaba levantada en señal de alerta dandote una mala sensación. Te asomaste de detrás de su espalda mirando hacia dónde él lo hacía. Tus ojos se encontraron con una enorme criatura negra que los miraba fijamente sin moverse... Como si esperara cualquier señal para atacar y cazarlos. La criatura comenzó a moverse con lentitud, sus patas pisaban el suelo de forma sigilosa, casi elegante y lo único que te recordó fue a una pantera.
Frunciste tu ceño dejando de lado la voz de tu cabeza.
Levantaste tu arma con lentitud apuntando para cuando esta decidiera avalanzarse. Diego, quien estaba delante tuyo comenzó a dar ligeros pasos para rodear aquella cosa. Tú lo seguiste de cerca sin dejar de apuntar. No supiste qué lo alteró, pero en cuestión de segundos aquella cosa se avalanzó hacia ustedes y tú sin dudar disparaste en su dirección intentando espantarla o matarla. El na'vi te tomó con fuerza rodando a un costado para levantarse y tomarte en sus brazos haciéndotelo soltar un pequeño quejido ante el dolor de tu costado. Te obligaste a ignorar eso, moviendo tus piernas para enredarlas alrededor de su pecho y sin dudar disparaste hacia la criatura mientras el na'vi corría contigo en brazos, al menos fue así hasta que sentíste un vuelco en tu estómago cuando te diste cuenta que habían comenzado a rodar colina abajo. Tu nuca fue cubierta por la enorme mano de Diego protegiendo a tu cabeza de cualquier golpe. Sentiste piedras golpear tu cuerpo mientras rodaban hasta que de forma repentina cayeron por un enorme agujero en el suelo.
Tu espalda golpeó con fuerza contra la tierra mientras que el aire se escapaba de tus pulmones debido al impacto. Tomaste bocanadas de aire intentando regular tu respiración e ignorar el dolor de todo tu cuerpo comenzando a abrir los ojos con cuidado. Tu mirada se encontró con unos enormes iris amarillos y unas pupilas tan negras que penetraban tu alma.
----Dios, es como si un caballo haya bailado encima mío — Te quejaste, intentando ignorar la incomodidad debido a su cercanía.
Diego solo ladeó la cabeza con extrañeza ante tu rara elección de palabras.
Te levantaste con lentitud, intentando evitar el crujir de tus huesos mientras te concentrabas en mirar a tu alrededor notando que habían caído en una enorme caverna. Tus ojos miraron al cielo viendo por el el enorme agujero por el cual cayeron esperando que ambos pudieran escalar eso por los bordes. Esa era tu idea, al menos hasta que viste a esa maldita criatura mirando hacia abajo tal vez esperando a que ustedes salieran para así devorarlos como cena.
-----Puta madre.
Cuando estuviste por completo de pie comenzaste a sobar tu espalda adolorida mientras que tus ojos buscaban cualquier otro camino para salir de este lugar.
----Entonces... — comenzaste a hablar sin dejar de mirar a tu alrededor — ¿Cómo salimos de aquí?---- preguntaste a tu compañero.
Diego solo te miró y con tranquilidad se giró para comenzar a hacer ruidos raros.
----No me digas que así hablas — señalaste intentando no reírte — Pareces gato en celo, dios.
El muchacho te siseó haciendo que una sonrisa divertida apareciera en tu rostro.
Después de un rato donde sus orejas se movieron de un lado a otro y tú sobabas tu espalda adolorida él decidió moverse.
Su mano tomó tu muñeca y tú frunciste el ceño ante la cercanía innecesaria. Sin embargo, no dijiste nada. Él era más grande que tú y tenía cuatro colmillos y había comido personas, no querías arriesgarte.
Diego caminó hacia una grieta y en silencio ambos comenzaron el recorrido por esa sucia y oscura caverna.