emerson-carbry:
Su mirada desciende por un momento cuando la obviedad es clara, labios rosáceos se aprietan mientras contiene algún otro comentario respecto a la vestimenta del príncipe extranjero. No la más cómoda ni la más seca. —No sé qué decirle, Alteza. ¿”Lamento que no seamos capaces de controlar el clima aún” funciona?— porque parecía ser que, debido a los últimos hechos, lo único que podían hacer con la realeza extranjera era disculparse. Definitivamente no habían sido los mejores anfitriones. Al menos no servía a alguno de ellos, que podían ser no del todo comprensivos, según había escuchado de algunas de sus compañeras de profesión. —Lo estoy. Tuve la misma suerte que usted hace un momento, pero escapé unos minutos de mis deberes para ir a cambiarme,— asegura, ladeando ligeramente la vela que sostenía en la mano para que el resto de cera cayera sobre el cartoncillo que tenía debajo. —¿Quiere que lo guíe a su habitación?— inquiere después de un momento, señalando la caja de velas que sostiene en su otra mano. —Podemos adecuar su habitación para que no esté en penumbra.—
"No es necesario que digas nada” se encogió de hombros, sus ojos ahora recorriendo sus prendas mojadas “Debería disculparme yo, que siempre que me ves estoy en atravesando algún tipo de desgracias” y es que desde que llegó a Illéa su mala suerte no dejaba de aparecerse a cada rato, convirtiendo su estadía en una de sus peores experiencias. El inglés sonrió genuinamente, alegre de que no todos estaban corriendo la misma suerte que él “Por favor. No tengo idea de a donde ir, si te soy sincero, y dudo tener algo para alumbrar mi habitación”





