tiene las mejillas enrojecidas y los ojos comienzan a escocer, las lĂĄgrimas se acumulan en sus pĂĄrpados y la respiraciĂłn se le agita. su mandĂbula se tensa tanto para reprimir un grito de dolor, que cree que va a quebrarse los dientes. âmierda,â alargando Ășltima vocal, cierra los ojos con fuerza y se escurren un par de lĂĄgrimas por sus mejillas. apenas puede escuchar la voz de su hermana, lo Ășnico que retumba en su cabeza son sirenas de ambulancia y los fuertes latidos de su corazĂłn, como si fuese a estallar. recuerdos. cristales rotos, el estruendo de un impacto, el crujir de sus huesos. ya, basta, detente, es suficiente. por favor, basta. puede sentir la pierna entera ardiĂ©ndole como si la hubiesen prendido en fuego, o como si hubiese sido arrastrada por un largo trayecto de pavimento. âme estĂĄ quemando, joder, quĂtamela, quĂtamelaâ ruega por ayuda en medio de crisis, y a pesar de que siente extremidad fantasma, no puede moverla. un gruñido escapa entre dientes, las lĂĄgrimas siguen cayendo y echa la cabeza hacia atrĂĄs, golpeĂĄndose en el proceso; pero es tanto el dolor en inexistente zona, que ni siquiera siente el impacto. âââ estoy roto,â pronuncia con la voz entrecortada ahora que se ha quebrado en llanto. âestoy roto, zelda. no puedoâ su labio inferior tiembla al igual que su cuerpo, y los ojos enrojecidos buscan los ajenos. âno puedo. me duele todo. no puedoâ y con pensamientos y culpa ahogĂĄndolo, añade: âperdĂłname. todo es mi culpa, por favor perdĂłnameâÂ
se queda congelada en su lugar y sin saber quĂ© hacer. lo Ășnico que quiere es que su hermano deje de gritar, no solo por el pequeño que juega en habitaciĂłn cercana sino porque no soporta verlo asĂ. no entiende en principio quĂ© le pasa, pero no sabe cĂłmo expresarlo en palabras. en realidad duda que la estĂ© escuchando siquiera, parece hipnotizado, como si estuviera soñando despierto. âÂżquĂ© quieres que haga?â eleva la voz ella tambiĂ©n, presa del pĂĄnico y la desesperaciĂłn. âeverett, estoy aquĂâ estĂĄ ahĂ pero no sabe quĂ© hacer, y no ayuda que se disculpe, pero por fin entiende quĂ© es lo que estĂĄ pasando. estĂĄ reviviendo el accidente. joder, una cosa era echarle la culpa cuando estaba molesta y no sabĂa quĂ© hacer con su propia vida, pero oĂrlo de sus propios labios... pero se lo ha dicho tantas veces que ya prĂĄcticamente se le habĂa olvidado que en realidad lo ama. su hermano es todo lo que tiene, y no puede ver un segundo mĂĄs de su sufrimiento. âno es real, mierda, no es realâ en un ataque de racionalidad la idea aparece como por arte de magia en su mente: se pone de pie y escanea la habitaciĂłn en busca de algo filoso, encontrando una aguja de tejer como mejor opciĂłn. tendrĂĄ que servir. tiene que recurrir a todas sus fuerzas para clavarla en pierna ortopĂ©dica, aunque lo Ășnico que busca demostrarle es que no hay mĂșsculo ahĂ. incluso repite la acciĂłn un par de veces para estar segura. âÂżlo ves? no es real. estĂĄs en tu casa. no es realâ