caeliuris:
– ¿Medidas…? – una ligera risa nerviosa salió de sus labios, seguido de corto un suspiro. Su personalidad siempre había sido una de sus grandes debilidades, pero aquello no era su culpa. A veces podía parecer bastante sencillo intentar coquetear con una chica, aunque eran pocas las ocasiones en las que recibía aquel gesto de vuelta. No obstante, ahora todo era distinto, sobre todo por aquellos sentimientos que apenas había comenzado a reconocer por el rubio. Su cabeza y su corazón ya eran un desastre, y estar a lado de Sun solo lo confundía más y más.
No obstante, para su propia suerte, el golpe del contrario lo trajo de vuelta la realidad. Seguramente el más bajo solo bromeaba un poco, no debía ver más allá de eso, ¿cierto? – Hah, igual no creo que eso sea necesario – contestó un poco más tranquilo, aunque todavía estaba algo preocupado por el rubio. Por suerte, la propuesta del otro le había dado una idea. – Y claro. Es más, si quieres yo invito esta vez para animarte un poco – agregó con una sonrisa. – No me gusta verte tan molesto, Sun, sobre todo por unos cuantos rumores. No sabía que eras tan celoso conmigo – bromeó, aunque igual una parte de él esperaba que ese fuera el caso.
En ese momento lo mejor para sí mismo era no cuestionarse los sentimientos que despertaban la idea de que en cualquier momento el contrario apareciera con una inminente novia. Por lo que procuró preocuparse más sobre qué podría comer, considerando que iba a ser gratis la vuelta. –Que mala decisión, sabes que te saldrá muy caro.– rió brevemente casi atorándose ante la mención de ser celoso. Ridículo, ni que fuera una chica para sentirse así. Lo mejor era convencerse de que en realidad le preocupaba que le rompieran el corazón al otro, claro… era ¿eso?. No hay nada mejor que mentirse a uno mismo, en algún momento se convierte en verdad.
–Hah… si no te cuido yo, ¿quién lo va a hacer? Para eso están los… amigos.– Vaya, esa última palabra le causó una puntada en el estómago, al parecer el hambre era más grave de lo que pensaba.
–¿A dónde me piensas llevar? Tienes a favor que el lugar para mí es lo de menos, siempre importa más la compañía.– le dio unas palmadas en la espalda antes de cruzar los dedos de ambas manos detrás de su cabeza para que la situación no fuera más rara. –No sé cuánto aguante…– simplemente añadió antes de comenzar a caminar. Lo poco específico de sus palabras quitaba un poco el peso de encima de sus hombros.













