La Mirada y el Caos
Él era simple, directo al grano. Con sólo una mirada le contaba la historia de su vida. Ella era todo lo contrario, complicada, errática e impredecible. Y, aún así, entre ellos, las palabras sobraban.
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@abelmendozag128
La Mirada y el Caos
Él era simple, directo al grano. Con sólo una mirada le contaba la historia de su vida. Ella era todo lo contrario, complicada, errática e impredecible. Y, aún así, entre ellos, las palabras sobraban.
El gato que hablaba con la luna
Había una vez un gato de ojos como monedas antiguas que vivía en el tejado más alto del barrio. Cada noche, antes de estirarse y acurrucarse, subía a su cornisa y miraba la luna como quien mira a un viejo amor: con devoción y con miedo.
La luna, pálida y paciente, le devolvía la luz desde su distancia perfecta. No hablaban con palabras; sus conversaciones eran hilos de silencio y destellos: el gato maullaba versos torcidos y la luna respondía con reflejos en charcos y en ventanas. Ambos sabían que aquello era amor, aunque el mundo entero lo llamara imposible.
El gato tenía una personalidad complicada: era orgulloso hasta la arrogancia, celoso de las sombras y propenso a desaparecer cuando alguien intentaba acercarse. A veces, después de un arranque de ternura, se marchaba a vagar por calles vacías, dejando la cornisa fría y la luna esperando. Otras noches, se acercaba tanto al borde que sus patas temblaban, y la luna, con su calma de siempre, parecía inclinarse un poco más.
Los vecinos decían que era un gato extraño: ronroneaba con rabia, se negaba a comer si no le servían en un plato azul, y se enfadaba con las farolas por iluminarle la noche. Pero cuando la luna aparecía, todas sus aristas se suavizaban. Se volvía poeta torpe, contaba historias a las tejas y limpiaba con la lengua las lágrimas que nadie veía.
La luna también tenía su complejidad: era distante por necesidad, guardaba secretos de mares y de noches que el gato no podía comprender. Aun así, en su silencio, le ofrecía al gato la certeza de que no estaba solo. A veces, en noches de eclipse o de nubes, la luna se escondía y el gato se quedaba en vela, con la cola enroscada alrededor de la nostalgia.
Hubo una noche en que el gato, cansado de su propia contradicción, decidió demostrar su amor. Saltó más alto que nunca, impulsado por un deseo que dolía, y alcanzó una rama que rozó la luz lunar. Fue un roce breve, un latido compartido. La luna brilló con un fulgor que parecía decir: te veo. El gato, sin embargo, se asustó de su propia valentía y bajó corriendo, avergonzado por haber sido tan humano.
Aceptaron, sin decirlo, que su amor sería un pacto de pequeñas ceremonias: el gato vigilando la cornisa, la luna devolviendo su mirada cada noche. No cambiaron el mundo ni las leyes del cielo, pero aprendieron a habitar la imposibilidad con ternura. El gato siguió siendo complicado; la luna siguió siendo inalcanzable. Y en esa tensión, encontraron una forma de compañía que bastaba.
Cuando la madrugada se acercaba y la ciudad bostezaba, el gato se acurrucaba en su rincón favorito, con la luna aún colgando en su memoria. Soñaba con lunas que bajaban a jugar y con gatos que aprendían a volar, pero al despertar se conformaba con lo que tenía: una luz que lo miraba desde lejos y un corazón que, a pesar de todo, sabía esperar.
“Los más valientes son aquellos que tienen la visión más clara de lo que tienen delante y sin embargo, salen a buscarlo.” Tucídides (‘Guerra del Peloponeso’)
Quiero abrazarte hasta que desconozcas el frío, quedarme junto a ti hasta que empieces a creer en un para siempre, porque a veces lo único que necesito es correr a tu lado.
Y en ese abrazo susurrarte al oído:
Amo verte abrir los ojos.
Amo tomarnos de la mano.
Amo reír juntos.
Amo abrazarte.
Amo encontrarte en mis sueños.
Amo festejar tus logros.
Amo planear un futuro.
Amo tomarnos fotos.
Amo conocerte y que me sorprendas cada día más.
Amo la luz que enciendes en mí.
Amo verte feliz.
Amo jugar juntos.
Amo compartir nuestro tiempo.
Tengo para ti abrazos que te hagan sentir que siempre van a estar cuando los necesites, abrazos que te hagan olvidar los malos momentos a pesar del tiempo y la distancia, que siempre te den calor; abrazos que acarician tu alma y te ayudan a ser mejor cada día.
Que pienses que mis brazos son tu lugar favorito del mundo, ya que en ellos puedes descansar y recargar todas tus fuerzas. Cuando estás feliz o cuando estás triste, ahí voy a estar, y podré darte un abrazo. Recargas tu cabeza sobre mi hombro y pensarás que soy todo lo que no sabías que existía, que no quieres alejarte de mí jamás, que todo lo que necesitas lo tengo en estos brazos flacuchos míos. Te abrazaré cuando me veas, cuando me vaya, cuando estés feliz y cuando estés triste. Cuando lo necesites, ahí van a estar mis brazos también. Solo recárgate en ellos y no digas nada, demostremos lo mucho que nos amamos solo con un abrazo.
Cada día voy descubriendo algo nuevo de ti y me agrada. Quisiera pasar más tiempo contigo. Invitarte a cenar a sitios que no conozcamos; invitarte a bailar, aunque sea malo; invitarte a conocer algún sitio nuevo; invitarte a salir a correr; invitarte a hacer el amor como si fuéramos actores porno; invitarte a pasar el resto de la vida juntos y conocernos cada día más.
No soy bueno hablando, pero soy bueno escuchando y sé que guardas muchas cosas en ti. Quiero ayudarte a cargar el peso de las cosas. Que entiendas que no soy perfecto, pero que puedas contar conmigo siempre que lo necesites. Cuando tu mundo se derrumbe, estaré para ti, para darte una mano y salir adelante.
¡Te quiero mucho!
Cuando sonríes, aparecen unos gestos perfectos, donde me escondería sin ningún pretexto. Donde me sentiría dueño absoluto de tu risita y guardián de tu belleza, que no puede ser circunscrita. Quiero hacerte reír y hacerte feliz, y lo único que consigo, cuando lo haces, es no dejarte escapar y tenerte conmigo.
Quiero dibujar en tu rostro un montón de sonrisas y hacer de tus lunares mis galaxias y constelaciones preferidas.
Quiero conocer más allá de tu nombre o tu color favorito. Quiero saber lo que piensas, descubrir ese mundo que hay en tu mente. Qué secretos guardas y qué es lo que más anhelas. Quiero saber de tus manías y lo que expresan tus gestos.
Lo que conseguí es que me enamoré de tu sonrisa coqueta y de los pequeños hoyuelos que se forman como dos comillas de mi cita favorita. Me vuelves demente con esos gestos que iluminan tu sonrisa.
No he de negar que te la pasas merodeando por mi cabeza. Y lo único que puedo hacer es permitirte caminar por mi corteza, y cómo no hacerlo si me embelesas con tu rareza.
Me miras fijo, intentando explicarme algo que no escucho. Me señalas, me sonríes otra vez y te deslizas alejándote unos metros.
No puedo sacarte los ojos de encima, y cuando lo hago, ¿qué hago con el alma? Si sigo escuchando tu voz profunda y no puedo evitar sonreírle a la nada y mentir al explicar mi cara de felicidad extrema.
Eres hermosa y tal vez eres consciente de ello, deberías serlo.
¿Sabías que cuando te tengo a unos centímetros se me da vuelta el mundo y las palabras no me salen y simplemente puedo responderte que sí a todo? Porque ya nada me importa; porque te ríes y me estremezco.
Te quiero con todo tu universo. Te quiero en todas tus estaciones. Te quiero por esas constelaciones tan espectaculares que forman tu sonrisa. Te quiero cuando te sientes perdida y eres una tormenta. Te quiero en tus días soleados y más en tus días grises. Te quiero cuando estás decaída y después demuestras que puedes irradiar felicidad. Te quiero con tus sonrisas y llantos. Te quiero porque me encanta verte en cada uno de mis sueños y pesadillas, porque ahí también me das la mano y llenas de color mi vida. Te quiero con tus partes rotas y sensibles al tacto. Te quiero estando cansada, vulnerable o nostálgica. Te quiero porque me sigues cuando no quiero que ni la sombra me persigue, cuando me vuelvo un caos y tú estás ahí. Te quiero aún conociendo la peor versión de ti. Te quiero tal cual eres y al final del día te quiero.
La muchacha de lentes, aquella que su estancia en mi mente suele ser recurrente, la que hace que escriba, la muchacha de los ojos bonitos y de corazón valiente, se mantiene presente siempre en todos mis escritos…
Hay personas con las que encuentras todos los sentimientos a la vez. Por ejemplo, te miro; y veo el mar. Te escucho; y siento que me están arropando una noche de frío. Me abrazas y lo que es invierno lo convierten en primavera. Y entiendo que hay mil sentimientos; como colores. Por eso, sueño con ser algún día el beso que te despierte. Y sueño con ser beso, pequeño, como un lunar para estar en todo tu cuerpo. O ser el beso que sueñas entre tus piernas, o el que recorre tu cuello, o el que te cierra los ojos, o el que pasa lento entre comisura y comisura de tus labios.
Sí, eres demasiado hermosa, tan tierna y perfecta, rompes los esquemas siempre siendo tú.
Enamoras continentes y dejas poesía en cada rincón y tienes los ojos claritos para adornar cada habitación.
Tu piel de seda conquista mucho más que solo miradas, todos la ven, pero tengo el privilegio de amar.
Las estrellitas brillan cada que tú las miras, nadie puede creer que tanta belleza en este mundo exista.
Que toda la grandeza cabe en tu pecho, que todo lo que amas es eterno, y tú eres amor, mi amor.
Recuerda cada noche que te quiero hasta los huesos y que lo sientas en el fondo de tu corazón, hasta el último rincón de su alma, que mi calor te abrace sellando las dudas.
Quiero saber amarte cuando sientas que todo se te cae, que sepas que tienes todo mi amor y asegurarlo con cada abrazo, caricia y beso.
Quiero saber mirarte desde lo más profundo de mi alma, pudiendo descifrar cuándo necesites mi calor y el dulce de mis palabras. Quiero saber valorarte, llevarte a tus lugares favoritos, acompañarte en tus logros, ser cura para tus tristezas, estar cuando te sientas enferma, regalarte estas letras que en ti se inspiran.
Quiero hacerlo bien, quiero hacernos bien, quiero entregarte completamente mi corazón.
Y pienso en tu amor de colores (chiquito y aplastante).
Pienso en que cada día te esmeras para sorprenderme con los más bellos cielos.
Pienso que tocarte sería como un abrazo de sol en una tormenta.
Pienso en tu mano suave, como los pétalos de las flores.
Pienso en bailar contigo, donde la música se escucha como agua corriendo.
Pienso en dormir contigo, en aquellas canciones y en aquellas caricias en tu cabello.
En la comisura de tus hoyuelos
Cuando sonríes, aparecen unos hoyuelos perfectos en donde me escondería sin ningún pretexto,en donde me sentiría dueño absoluto de tu risita y guardián de tu belleza que no puede ser circunscrita.
Quiero hacerte reír y hacerte feliz, y lo único que consigo cuando lo haces es no dejarte escapar y tenerte conmigo. Quiero dibujar en tu rostro un montón de sonrisas y hacer de tus lunares mis galaxias y constelaciones preferidas. Quiero conocer más allá de tu nombre o tu color favorito, quiero saber lo que piensas, descubrir ese mundo que hay en tu mente, qué secretos guardas y qué es lo que más anhelas. Quiero saber de tus manías y lo que expresan tus gestos. Lo que conseguí es que me enamoré de tu sonrisa coqueta, y de los pequeños hoyuelos que se forman como dos comillas de mi cita favorita. Me vuelves demente con ese par de hoyuelos que iluminan tu sonrisa.
No he de negar que te la pasas merodeando por mi cabeza, y lo único que puedo hacer es permitirte caminar por mi corteza, y cómo no hacerlo si me embelesas con tu rareza. Me miras fijo, intentando explicarme algo que no escucho, me señalas, me sonríes otra vez y te deslizas alejándote unos metros.
No puedo sacarte los ojos de encima, y cuando lo hago, ¿qué hago con el alma? Si sigo escuchando tu voz profunda y no puedo evitar sonreírle a la nada y mentir al explicar mi cara de felicidad extrema. Eres hermosa y tal vez eres consciente de ello, deberías serlo.
¿Sabías que cuando te tengo a unos centímetros se me da vuelta el mundo y las palabras no me salen y simplemente puedo responderte que sí a todo? Porque ya nada me importa; porque te ríes y me estremezco. Me estremezco con tus ojos achinados y tus hermosos hoyuelos.