Siempre es él gritándole al olvido que todo tiempo pasado fue mujer.
Siempres, Gabo Ferro
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Siempre es él gritándole al olvido que todo tiempo pasado fue mujer.
Siempres, Gabo Ferro
¿Es vuelo de escape o libertad?
Detenido y andando, Gabo Ferro
Como un motivo
Me decís que te puedo salvar, que te puedo sacar de donde estás, que te puedo sanar, que te puedo besar, que te puedo soltar, que te puedo volar. Me decís que yo te sé mirar, que yo te sé tratar, que yo te sé tocar, que te puedo aclarar, que te sé hacer brillar, que te puedo calmar, que te puedo soñar. Y acá yo… de piedra, como un detalle, como un motivo para que vos te salves, te saques, te sanes, te beses, te sueltes, te vueles, te mires, te trates, te toques, te aclares, te brilles, te calmes, te llores, te rompas, te cuides, te abrigues, te enseñes, te muestres, te llenes, te abrigues conmigo, pero sin mí, como un motivo, conmigo… pero sin mí.
- Gabo Ferro
Mirarte a los ojos y tal vez recordarte que antes de rendirnos fuimos eternos.
Ismael Serrano. Recuerdo.
Aquí te amo y en vano te oculta el horizonte.
Pablo Neruda. Poema XVIII.
Viente poemas de amor y una canción desesperada (1924)
Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío.
Luis Cernuda.
Eterno amor, te espero todavía...
Gabriela Mistral. Las canciones de Solveig.
Doctor, póngale que no se preocupe por mí. Que mientras ella viva, yo nunca moriré. Que cuando me falta el aire, respiro por su boca.
Manuel Rivas. El lápiz del carpintero (1998)
Pero si me paro un momento, si consigo cerrar los ojos, los siento a mi lado de nuevo, aquellos que he amado: viven conmigo.
Antero de Quental
Destacaba como una dueña entre el ramillete de las otras chicas, que parecían acompañarla solo para que la señalasen con el dedo y dijesen esa es la reina. Y él soñaba que el marrano era un cordero, y que ella se acercaba y le peinaba los rizos con sus dedos. Habría que venderte a ti, y no al cerdo, murmuraba su padre. Si es que alguien te quisiera. Y él nunca tuvo un cordero para ver si ella se acercaba a peinarle los rizos de lana.
Manuel Rivas. El lápiz del carpintero (1998)
También yo quiero dejarte si pienso como se piensa. Pero voy donde tú vas. Tú también. Da un paso. Prueba. Clavos de luna nos funden mi cintura y tus caderas.
Federico García Lorca. Bodas de sangre (1931)
Porque yo quise olvidar y puse un muro de piedra entre tu casa y la mía. Es verdad. ¿No lo recuerdas? Y cuando te vi de lejos me eché en los ojos arena. Pero montaba a caballo y el caballo iba a tu puerta
Federico García Lorca. Bodas de sangre (1931)
Y sé que estoy loca y sé que tengo el pecho podrido de aguantar, y aquí estoy quieta por oírlo, por verlo menear los brazos
Federico García Lorca. Bodas de sangre (1931)
Callar y quemarse es el castigo más grande que nos podemos echar encima. ¿De qué me sirvió a mí el orgullo y el no mirarte y dejarte despierta noches y noches? ¡De nada! ¡Sirvió para echarme fuego encima! Porque tú crees que el tiempo cura y que las paredes tapan, y no es verdad, no es verdad. ¡Cuando las cosas llegan a los centros no hay quien las arranque!
Federico García Lorca. Bodas de sangre (1931)
¿Por qué ese recordar tan intenso? ¿Por qué no simplemente la muerte y no esa música tierna del pasado?
Juan Rulfo. Pedro Páramo (1955)
Volví yo. Volvería siempre.
Juan Rulfo. Pedro Páramo (1955)
Este mundo que lo aprieta a uno por todos lados, que va vaciando puños de nuestro polvo aquí y allá, deshaciéndose en pedazos como si rociara la tierra con nuestra sangre.
Juan Rulfo. Pedro Páramo (1955)