GUSANO DE MAR
Casi inmortal nunca deja de crecer. El fin de sus días llega por la agresión o la catástrofe. Gusano cinta lo llaman en Medio Oriente. Es una paradoja viva: prolonga su faz hacia el futuro en actitud de finalista de fotografía; hacia atrás carga su pasado a cuestas. Se trata de la proyección de un yo y también de una retaguardia que se impulsa: todos los que ha sido están juntos para impelerlo a la vez. Sin embargo, el gusano se experimenta a sí mismo como una potencia final. No es consciente de la cauda total de sus años; en ningún espejo puede formarse una idea veraz de su horario y volumen.
Pero ¿qué nos enseña esta soga animal?
Pues cómo prolongarse en capas de tiempo; sobre su consciencia atrofiada que despierta cuando la muerte cierra la vida en un único círculo posible. Los yos alineados del gusano coinciden mientras mira hacia atrás y contempla atónito su historia.
Aunque se ha dado por hecho que recuerda lo ocurrido y especula sobre el porvenir, también se sospecha que el tiempo acontecería de manera inversa en su memoria: recordaría el futuro y olvidaría el presente a cada momento. El gusano se adelantaría a una experiencia que todo lo existente vivirá. Tan pronto como el universo deje de expandirse, empezará a encogerse. Los vectores totales del cosmos se invertirán; el tiempo se repetirá en sentido contrario; antes que nosotros nuestros hijos llegarán al mundo; como Benjamin Button moriremos inmaculados y sin recuerdos; el humo se precipitará sobre el cigarro; el polluelo se emparedará en su huevo, y el gusano de mar volverá a su nacimiento, como todo lo que muere.













