Sabía lo que iba a ocurrir, jamás había escuchado la radio ángel tan activa como aquella noche mientras subía al cielo. Sabía que iban a castigarla y era plenamente consciente de las cosas que iban a hacerle, sin embargo, no creyó pasar por tal dolor físico y emocional. Había escuchado historias acerca de ángeles que perdían su gracia, la caída de varios compañeros e inclusive, los horribles casos de ángeles que se convirtieron en demonios, pero nada pudo haberla preparado para lo que sintió habían sido días de dolor.
Abrió los ojos, encontrándose rodeada de árboles y el sol a través de las ramas, su último recuerdo era el rostro de sus superiores a su alrededor, observándola gritar de dolor ante la sensación de su piel ardiendo. Se sentía diferente, un tanto vacía y por supuesto… Cansada. Se observó por un momento, encontrándose con su piel desnuda sin un solo indicio de quemaduras, “Con que así se siente perder tu gracia” murmuró para sí antes de observar a su alrededor. ¿Qué hacer ahora? ¿A dónde ir?, vagó por la naturaleza por lo que le pareció ser varias horas hasta orientarse en la cima de un acantilado, dandole una preciosa vista panorámica a una ciudad “…Janieck”. No tenía idea de cómo, pero era lo único que Amelia conocía en la tierra, la única vida que deseaba proteger y por quien había perdido todo, así que se decidió a buscarlo.
Viéndose obligada a robar prendas de una tienda de souvenirs a orilla de la carretera, Amelia consiguió vestirse para continuar su camino, observando el mundo a su alrededor con nuevos ojos, ojos humanos, aquella parte de la ciudad que tan bien conocía en aquel momento le pareció completamente ajena, sin embargo, aunque le tomase una eternidad, se había dado a la tarea de buscar a Janieck.
El constante zumbido dentro de la cabeza de Janieck era insoportable a cada segundo que pasaba. Trata de recordar lo que paso noche después de salir del bar. Se acomodó como pudo en el sofá, antes de soltar un profundo suspiro frotándose los ojos. Algo raro estaba pasando. No sentía la presencia que siempre había sentido. Se incorporó del sofá y camino con lentitud al baño, y frunció levemente el ceño con cierta confusión al ver marcas de golpes en su rostro. “¿Qué mierda..?”Seguidamente se permitió dar una larga y tranquila ducha, permitiendo que la mala sensación producida por la gran ingesta de alcohol que tomo la otra noche fuese desapareciendo poco a poco. Ese día no tenía que ir a trabajar, por lo que iría a dar una vuelta con su libreta de bocetos y se dedicaría a perder el tiempo dibujando cosas que llamasen su atención. Su teléfono no dejaba de sonar, y cada vez que lo miraba veía en la pantalla el nombre de la novia de su hermano o el nombre de su hermano, ignorándolos por completo. Le dejó claro la última vez que no quería saber nada de él hasta que no le devolviese el dinero que le debía.
Y tras tomar algo de desayuno, agarró su bicicleta y su mochila con su libreta junto con un par de lapiceros y bolígrafos y salió de casa. En esos momentos comenzó a cuestionarse porque no notaba aquella presencia femenina que lo acompañaba a todos sitios. La calma que aquella joven conseguía transmitirle muchas veces era inexplicable para Janieck. Siempre soñó con que ella fuese real, porque parecía comprender el dolor que sentía, y sintió durante esos últimos años, parecía ser la única que lo comprendía y lo aceptaba como era. Deseaba saber quién era y porque estaba siempre junto a él. Deseaba poder tenerla frente a él y agradecerle todo lo que había hecho por él. Muchos de sus cuadernos de bocetos estaban llenos de retratos de ella, sin saber porque siempre aparecía en sus pensamientos. Pero todo se quedaba en eso, en un sueño o deseo.
Disfrutó del paseo en bici mientras se dirigía a un parque cercano al bar que solía frecuentar por las noches. Y una vez llegó allí, aparcó su bicicleta y se sentó en el césped, sacando su libreta y comenzando a observar que podría dibujar. Y en ese momento la volvió a ver. Tan real como en sus sueños y en sus pensamientos. Janieck se aseguró de que era real y no un producto de su imaginación como otras veces había ocurrido. Rápidamente se incorporó con su libreta en la mano y se dirigió casi corriendo hacia la contraria, la cual se encontraba en la otra parte del parque, esperando que realmente fuera ella y no una alucinación. Sus bocetos le servirían para saber si era realmente ella o no. “Eh tú espera, por favor” Gritó mientras se acercaba a donde se encontraba la muchacha