Carta de desamor
A lo mejor, siempre he visto el amor como aquel folleto que te dan por la calle la misma mujer casi muerta de calor, con la sonrisa fingida de siempre, el “gracias” con la mirada perdida y el salario que nunca alcanza para alimentar a sus hijos.
Ese folleto que tomas sólo por educación, por apuro, por rutina, por no querer negarte, por pena, y finges que observas interesado hasta que puedes tirarlo en la basura sin que te vea, a la vuelta de la esquina.
Mi propósito de cada día es poder callarme todas las cosas que debería decir para ser feliz.
Calla y conduce, me dice el corazón.
Anda, tráete ya, que te voy a decir un par de cosas al odio. No te lo tomes a mar si esperas que no cure cuando te hablen de mí. Me estoy dejando querer en defensa propia, que para mí, ya es bastante.
No esperes que te desespere ni que te espere, no ahora, después de haber dejado abierta la salida de emergencia de tu vida. Me voy por la puerta ancha pero dejo la ventana entreabierta por si decides regresar.
Esto no es un adiós, es sólo hasta que el olvido me olvide de ti. De recordarnos. Que por qué nosotros y no el resto.
No me parece justo utilizar el mismo verbo para huir que para pedirle a alguien que se quede.
Que te vayas bien.















