Return // Sebafton.
Se estremeció bajo sus caricias, sintiendo su cuerpo relajarse contra el colchón de manera tranquila mientras el muchacho continuaba con su camino de roces en su pierna. Sabía lo que significaban sus palabras para ambos, pero para él tenía que ser así o no estaría tranquilo. Quería tenerlo todo del contrario, absolutamente todo. Por eso, simplemente, esperó a que la primera impresión por su petición pasara, viéndose sorprendido y agradecido cuando de manera decidida, el castaño unió sus labios en un beso frenético, beso que correspondió de buen grado. Por momentos quiso invertir las cosas y tomar el control como estaba acostumbrado hacer, pero se repetía internamente que no debía, que le había dado luz verde a su compañero para que éste se hiciera con la situación sin interrupciones; tenía que mantener el control y le estaba resultando imposible. — E-estoy seguro —susurró de manera entrecortada contra sus labios, dejando al descubierto así lo nervioso que se sentía por aquella decisión. Sin embargo, esas emociones se vieron dispersas cuando el ojiverde subió a su cuerpo, haciéndolo reír desde el fondo de su garganta a la vez que acariciaba la espalda contraria y continuaba el beso, manteniendo la intensidad del mismo.
Estaba disfrutando del beso, embelesado completamente por el otro chico y las sensaciones que se hacían presentes en todo su cuerpo. Juraría que podría besarlo una y otra vez, y no iba a cansarse de hacerlo. Una de sus manos se deslizó por el torso ajeno hasta llegar a la única prenda que el contrario poseía, introduciéndola dentro sin más preámbulos, tomando con ésta firmemente el miembro erecto y moviéndola posteriormente para comenzar a masturbarlo. Creando distancia entre sus bocas, se dispuso a besarle el cuello, cada parte de éste del que gozaba de acceso; tenía el control de la situación en esos instantes e iba aprovechar lo más que pudiese. Sin embargo, el dolor que empezaba a crearse en su entrepierna era imposible de ignorar, por lo que, de mala gana, se alejó. Tomó un momento para apreciar lo rosados que los labios de su compañía lucían, imaginándose que los propios tendrían el mismo aspecto, pero no tardó demasiado en volver en sí, prosiguiendo a soltar el glande para poder retirar la prenda que ya salía de sobra—. Ponte en cuatro —indicó con voz rasposa y agitada, arrodillándose sobre la cama en espera del chico, devorando entretanto su figura con la mirada.













