Escribo porque me hace sentir libre. Ahora estamos en cuarentena y tengo tiempo para lo que realmente me gusta, pero antes de esto me hallaba atrapada en un trabajo que dejó de apasionarme hace tiempo; ha tenido que suceder algo tan horrible como una pandemia para empezar a darme cuenta de que escribir es lo que quiero hacer, para siempre.
Escribo porque me hace sentir entendida y escuchada. A veces no me abro del todo con la gente de mi entorno, aparte de mi familia (mi pareja y sus dos hijos), así que el lápiz y papel son la perfección, combinados con mi mente despierta, inquieta, nunca aburrida.
Escribo (ahora) porque no quiero perder el hábito ni las habilidades que mi cuerpo, tan humano, está en riesgo de perder... Ay, esta cultura, contradictoria, dañina para el libre pensamiento. Fiestas, falsos amigos, trabajos que nos quitan más de lo que nos dan, alcohol... Todos ellos simulaciones de experiencias efímeras, que sin duda sólo me veo capaz de alcanzar ahora, cuando parece que todo está perdido.
Escribo porque no me conformo con vivir mi día a día como una persona más (y perdónenme si alguna vez pensé que esta pudiera ser una posibilidad). Me saca de mi mundo, de mi estrés, me hace controlar lo que es importante y merece la pena mencionar; me hace enfocarme en lo que más quiero, pues siempre me tendré a mí misma.
Escribo aunque sea caca, porque es mi autenticidad de la que proviene. No quiero irma a dormir una sola noche para darme cuenta de que no he escrito nada durante el día.
Escribo mi diario; mi plan de cada día; listas de agradecimientos, de gente a la que entrevistar, a la que admiro, o de lugares favoritos. Escribo, con guías, poesía libre. Escribo en español o en inglés, en uno de mis diarios o en uno de mis blogs (porque no me conformo con sólo uno, en ninguno de los casos), por la mañana antes de desayunar, o ya en la cama, expresando mi casi último pensamiento.
Escribo tristeza, estrés, melancolía, o planes, viajes, alegrías y amor; aunque también observaciones de sentimientos aún sin esclarecer.
Escribo desde peque, porque no quería olvidar ni una página de mi vida, y espero seguir así hasta el último día de estar compartiéndola, para el que, espero, quede mucho tiempo aún.
Escribo porque es mi esencia, sin lugar a dudas. No me encuentro a mí misma, sino que expreso en el papel lo que soy, quién soy. Si no escribo, no soy.
Escribo porque me hace rica sin dinero, sin más inversión que mi muñeca más y más cansada con cada renglón. Con un cuaderno (o muchos, cuantos más mejor) lleno de mis propios escritos, ¿cómo voy a ser pobre? ¡Qué locura pensar eso!
Escribo porque es la mejor manera, la única manera, de enseñarme a mí misma todas las lecciones que necesito. Todo aquello que vendrá algún día, para lo cual no estoy preparada, es incertidumbre, y plasmar mi miedo por ella es la única manera de sobrellevarla. Perdón, quería decir de disfrutarla.
Escribo porque no me olvido de mis mejores recuerdos, en los que sólo quería... ¡escribir! Mis amigos, mis amores, mis viajes... Aquellas primeras experiencias con/de la vida misma me llevaban y aún me llevan siempre a escribir.
Cuando escribo, soy mejor, más feliz, menos apática y más positiva. Tomo mejores decisiones y mi intuición como mujer se ve más desarrollada. Al leer lo que escribí en el pasado, me encuentro maravillada conmigo misma, pues normalmente no tengo la suficiente seguridad en mí misma para aceptar y desenvolver mis habilidades.
Ojalá hubiera tiempo de escribir más. Sin oficina, o casa que limpiar. O poder escribir mientras duermo, acerca de mis sueños.
Escribir es vida, es lo que quiero no parar de hacer, no morir nunca, o hacer que mis años de consciencia merezcan la pena. Escribir es la expresión eterna del autor, su espíritu, sus enseñanzas, su amor por aprender y hablar consigo mismo.
Escribir nunca es en vano.
(Propuesta de Aniko Villalba para fomentar la escritura)