...Además, no se trata solamente de representar una cara, sino de pintar la energía en la que habita, el paso del tiempo, el cúmulo de experiencias que hay dentro de ella, sus opciones más cobardes y también las más osadas. Porque la vida se nos va haciendo rostro, y tanto nuestra debilidad más vergonzosa como nuestra sobreabundancia de fuerza van quedando reflejadas en el brillo de los ojos, en la manera de torcer los labios para sonreír, en los pliegues diminutos que forma la piel en el centro de la frente, en la luz que ilumina las mejillas o en la opacidad que ensombrece la manera siniestra todo el conjunto.
Satanás, Mario Mendoza.














