Escobero | 1 de Septiembre
La primera cena en el castillo siempre era la mejor y más abundante, por lo que Lysander siempre acababa tan saciado que ni siquiera el postre más rico le entraba. Por esa razón se dedicó a juguetear con Pascal mientras su gemelo terminaba, escuchando las historias de sus compañeros de mesa con aire distraído. Fue entonces cuando, tras pincharle en uno de los dedos, el erizo decidió escapar de sus manos. Los primeros días siempre estaba más revoltoso, quizá porque no se habituaba al cambio, al encierro, y se asustaba con facilidad ante cualquier cosa. Aquella vez habían sido los fantasmas. —¡Pascal!—. Exclamó el rubio, levantándose para corretear tras él. Le perdió la pista cerca del escobero del vestíbulo, por lo que decidió probar suerte y buscarle en el interior. Pero la puerta se cerró a sus espaldas y cuando quiso abrirla para que entrase algo de luz se dio cuenta de que había quedado atascada. Y como de costumbre había dejado su varita sobre la mesa del Gran Comedor. El erizo salió entonces de debajo de una estantería y cuando se acostumbró a la oscuridad lo pudo tomar. —Mira la que has liado… ¿ahora cómo salimos de aquí?—.
la escena no tardó en llamar su atención, lo cierto era que, después de habérselos encontrado en el bazar el día anterior, la idea de que los rubios gemelos Scamander tramaban algo no dejaba de rondar su cabeza. en el momento en el que uno abandonó escenario, no dudó en realizar el mismo recorrido, rodando los ojos ante la visión de lo que parecía un absurdo desenlace a la más lamentable escena del día. “ alohomora ” la mención del hechizo fue suficiente para que la puerta se abriera, mostrándose las facciones del mayor con un ceño fruncido difícil de eliminar. “ ¿tiene una buena razón para que no le quite puntos a Hufflepuff, Scamander? parece ser que, de nuevo, el ingenio no abunda en tal casa ”















