Un último mensaje enviado y no tenía idea de lo que estaba por venir. En cualquer momento la morena atravesaría la puerta y todo se vendría abajo, pero por otro lado existía la posibilidad de que el tono empleado en su último texto hubiese sido suficiente para no tener más su visita. La duda lo angustiaba, pero esta vez el orgullo era más grande que él y aunque el corazón le pesara dentro del pecho, su mirada se mantenía fija en el ventanal de la habitación en espera de una respuesta. Fue cuestión de minutos para que la puerta detrá de él se abriera y escuchara no cualquier voz, sino esa misma que le había sido imposible sacarse de la cabeza durante estos días, e incluso desde antes. Cerró sus ojos por unos segundos, dándose la fuerza para voltear finalmente y encararla. La vida entera se le puso de cabeza, cierto rencor acumulándose en su pecho, y éste mezclándose con el amor que aún sentía por ella. “Me está aburriendo esta mentira de la libertad, Sofía.” Admitió, como primer punto. “No importa con cuantas mujeres me vaya a acostar, ni con cuanta creas que te sea infiel. Vos sos la única que siempre va a tener mi corazón.” Y a pesar del odio que sentía, en su mente comenzaba a bailar una bandera blanca en lo más alto del cielo. No quería hacer de esto una pelea más, quería acabar las que habían quedado inconclusas y saber definitivamente lo que iba a suceder entre ellos. Para ello, debía ser sincero hasta más no poder, sin importar el precio a pagar o el resultado de toda aquella honestidad que tenía atorada en la garganta. “Me fui, como dije, porque mis razones para quedarme no fueron nunca suficientes para vos. Sabías que te amaba, que lo daba todo por tenerte conmigo, hasta que llegué a sospechar si la realidad era que me querías, o que solo disfrutabas hacerme sufrir.” Se encogió de hombros, tomando una bocanada de aire. “Y hasta la fecha sigo sin saber lo que es verdad, pero una cosa es real y es que cuando me fui no te deje de pensar. Pude seguir mi camino y nunca volver a ver hacia atrás, pero no lo hice, porque estás esperando un hijo mío.” Pasó la mano por aquella corta barba que había crecido en su rostro durante las semanas de su ausencia. “Y no regreso por lástima, o porque me estés amarrando al estar embarazada, porque no es así. Es porque a donde sea que vaya, me cagaría la culpa de saber que pude tener una familia con el amor de mi vida y la dejé ir.” Cerró sus ojos por un instante, manteniéndose fuerte, aunque sentía como su interior se derrumbaba con solo tenerla una vez más frente a él, como si no se hubiese preparado para ello desde el día en que se marchó. “Yo también te amo, Sofía y lo sabes, pero tenes que aceptar que no todo ha sido mi culpa, que entre mis errores y tus mentiras, los dos nos estamos jodiendo. Estás aquí pero te extraño, porque estos no somos nosotros. Yo no me enamoré de vos por saber exactamente cómo destruirme el alma, yo te escogí porque me dabas más vida de la que creía poder llegar a tener. “ Y con ello el dolor más puro y sincero se refléjó en la mirada del guatemalteco. “Qué lindo arruinase con vos, pero ya fue suficiente, quedemos empate, no quiero seguir.” Se aproximó un par de pasos hasta donde estaba ella. “No importa lo que me hayas dicho, yo no me arrepiento de ser el padre de ese niño y si vos lo hiciste estabas en tu derecho. Mucho menos me arrepiento de amarte como lo hago. Si vos aún me amas y me extrañas, no lo entiendo. Dejemos el orgullo, Sofía, yo siempre fui tuyo.”