Echo de menos tu manera de acariciar mis días, tu manera de nombrarme, tu carcajada batiente y nuestras frases al mismo tiempo. Extraño tu plática incesante y tu risa espontánea, tu alegría contagiosa y nuestra magia. Echo de menos imaginar tu barba rasposa y tu olor, tus mensajes a deshoras y tu "quiero oír tu voz". Extraño escuchar la rutina de tus días y saber aquello que te hizo recordarme. Echo de menos tu vehemencia ante mi ausencia, tu miedo de perderme, escuchar tus anhelos, tus sueños y tus quimeras. Extraño tus silencios cortitos, nuestras pláticas nocturnas y la sombra de aquel árbol. Echo de menos nuestro vínculo, nuestra complicidad y tu manera tan bonita de existir.












