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Aqua Utopia|海の底で記憶を紡ぐ
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—Oh, entiendo. Creo que, al parecer, lo tomé demasiado literal —bromeó la castaña, dejando caer su peso en una pierna. Si algo le cansaba últimamente, eso era estar demasiado tiempo de pie—. ¿Las has visto en plena acción? Quiero decir, se mueren por tocar al famoso que sea… Y, uh, se vuelven totalmente locas. Aunque, repito, algunas son tiernas y te dan comida. La comida es lo mejor.
Desvió su mirada levemente hacia la barriga de la joven, confirmando sus sospechas--. Totalmente locas, dan miedo en algunos momentos. Pero ustedes deben acostumbrarse, de otro modo no sé cómo podrían salir a la calle --acordó dándole otro vistazo--. O bien eres Sansa o Maddie...por la panza, digo.
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Sus manos acariciaron con algo de cautela la cintura de la chica, sin saber muy bien cómo actuar en tal circunstancia. Cerró sus ojos y aguardo a que finalmente la besara, correspondiendo sus acciones. Llevaba tiempo sin besar a una chica y casi había olvidado lo bien que se sentía. Una de sus manos se coló por debajo de la tela de su blusa para acariciar su piel desnuda con cierto fervor, deseosa de llevar las cosas más lejos. Lo último que le agradaba era la parsimonia y lentitud a la hora del sexo, y sospechaba que eso se aplicaba tanto en hombres como en mujeres.
Entornó los ojos y decidió no discutir, claramente la muchacha estaba cerrada en su idea y no sería ella quien la hiciera cambiar de parecer. Se incorporó un poco y estudió sin ningún tipo de disimulo a la joven, pensando en su propuesta. No era como si tuviera demasiado para pensar, de todas formas—. ¿Por qué no? —replicó, alzando un hombro como si no fuera la gran cosa. Esbozó una ligera sonrisa y se acomodó mejor para quedar frente a ella, observando sus labios con cierta timidez.
Encontraba ciertamente atractivo que la joven no supiese cómo tratar a una mujer en el ámbito sexual. Después de todo lo único que le tocaba eran hombres experimentados y esposas completamente abstenidas de cualquier placer marital. Se inclinó para acotar el espacio entre ambas y posando delicadamente su mano en el vientre de la joven buscó su rostro deseosa de hacerle notar lo tentativos que lograban ser los labios femeninos. Besó su mejilla con delicadeza para luego ir de lleno a su boca y con finura relatar una historia a partir de besos. Mordió su labio inferior y luego el otro, jugueteando vaga y lentamente. No tenía ningún tiempo límite ni mucho menos y le agradaba la idea de hacerle perder los estribos a la jovencita.
—Pero eso no significa que no puedas encontrar a alguien que te quiera y toda esa basura —insistió, sin comprender demasiado qué tenían que ver los reyes antiguos en su conversación—. Me parece que estás acostándote con los hombres equivocados. Yo personalmente nunca estuve con una chica, y la pasé más que bien. Además, mi mejor amiga jamás haría algo así por mí —dijo, encogiendo un hombro mientras jugaba con la tela de su camiseta de forma distraída.
¿No lo comprendes, verdad? Puedes entregarte a un hombre, pero el jamás te devolverá lo mismo...no en plenitud --musitó con desdén, cansada de intentar explicarse. Abrió los ojos de par en par y rió ligeramente ante tal confesión--. Eso es porque no tienes con qué compararlo --murmuró desviando su mirada para echarle una mirada a la joven con más curiosidad. Minuciosamente recorrió su cuerpo y verifico que no estaba del todo mal--. ¿Quieres probar? ¿Estás lo suficientemente borracha para eso?
Puso los ojos en blanco ante el pesimismo de la chica, sin poder creer que tuviera tal pensamiento—. Si existe, no seas tan amargada. ¿Qué se supone que tengo que hacer, ignorar a todos los hombres sobre la tierra y comprarme un bonito consolador? —ironizó, acomodándose mejor con cierta torpeza en sus movimientos.
No soy amargada...soy realista. Nos ven como un objeto. Y nuestra posición en sociedad lo ha demostrado. ¿Sabías que en la antiguedad los reyes podían hacer oficiales a sus amantes? Y la reina debía aceptarlo. Porque siempre hemos sido el género dependiente y sumiso --esbozó alzando el rostro, intentando acomodarse mejor en la cama--. Un consolador...una mejor amiga o las manos. Se sabe que tenemos mejores orgasmos que ellos. Y te aseguro que la mayoría son causados por nuestros deditos o alguna mujer, nada de hombres.
—Meh Alex está casado con la fotográfa de todas formas, sólo que él no lo sabe. Cuando llegó al tour juraba que se iba a casar con una de las fans —rodó los ojos recordando los ridículo que era su mejor amigo antes de conocer a su actual novia—. Veamos que tienes bajo la manga… —Se quedó petrificado ante los movimientos repentinos de la contraria más lo estaba disfrutando ya que después de todo, las fans le estaban gritando de todo por el ventanal. Sus manos se colaron por debajo de la blusa de la chica tocando su espalda sólo para darle un mejor espectáculo a las fans. Cuando la chica se retiró tocó su cuello, eso definitivamente dejaría marca—. Joder que estás loca, hiciste que se fueran como unas cuarenta y ahí hay como diez llorando —soltó una carcajada por la reacción de las jóvenes—. Te iba a dar los mil dolares, eso fue lo más divertido que he visto en semanas.
¿No sabe que está casado o que en un futuro lo hará? --preguntó divertida. Sonrió complacida ante las quejicas de las fanáticas, quienes no dejaban de gritar y aunque el vidrio opacase sus voces el barullo era igual de insoportable--. Pensé que habría más llorando, quizás no te quieren tantas como pensaban --bromeó al mismo tiempo que encendía la colilla de un cigarro--. Entonces tu vida debe ser de lo más aburrida --apuntó con naturalidad dando una efímera calada. Recorrió el lugar una vez más con la mirada, sin saber con exactitud que se suponía que tendría que hacer allí si Aaron no se dignaba a aparecer--.
En realidad las palabras de la chica no tenían ningún impacto, así que se limitó a echarse sobre el colchón a su lado puesto que no tenía nada mejor que hacer—. ¿Y por qué no lo haría? Pensé que era el indicado, y finalmente me aleja… Aunque todavía no entendí por qué, pero da igual —relató, estirándose un poco y dirigiendo su vista a ella.
¿El indicado? Por dios, ¿acaso te escuchas? No existe tal persona. Jamás ha existido. Lo cuentos de hadas puedes dejarlos para disney, en ninguna época encontrarás a un hombre que le rindiese completa atención a su mujer. Es una farsa --musitó con desprecio--. No los necesitamos.
—¡Gracias! —exclamó, dedicándole una sonrisa. Tomó el teléfono celular entre sus manos y se inclinó para besar los labios ajenos a modo de agradecimiento, apenas manteniendo el contacto por unos segundos. Pensó la pregunta, mas no se le ocurría demasiado—. En realidad no. No vas a hacer que Jay vuelva conmigo y tampoco vas a hacer que me olvide de él —encogió uno de sus hombros, dirigiéndole una mirada apenada.
No se inmutó ante el gesto, suspiró ligeramente al escuchar la mención del guitarrista y negó con su cabeza--. ¿Llorarás como una cretina por un hombre? Creo que puedes ser lo suficientemente inteligente para no caer tan bajo --espetó duramente mientras daba unos pasos atrás, consiguiendo llegar al colchón y sentarse en él--.
Intentó formular la excusa más creíble de todas, aunque sus neuronas se dignaban a cooperar—. Tengo una cobaya y… No sé como cuidarla, y Aaron sabe de eso —mintió, recordando la existencia del animal precisamente en aquel momento. No sabía exactamente cuánto tiempo llevaba sin cuidar de ella, había tenido demasiado tratando de cuidar de sí misma—. Solo anótalo, ¿sí? Lo necesito.
Frunció el ceño al escucharla, le resultaba demasiado extraño mas la joven estaba en un estado decadente y probablemente sus palabras se confundían--. Vale, lo anotaré --acordó tecleando el número que quizás más recordaba en su móvil--. ¿Acaso no lo tenías ya? --preguntó con fastidio mientras le devolvía el celular--. ¿Necesitas algo más?
—Soy afortunado de que esas niñas me encuentren atractivo, pero nada que ver con ellas. Lo mío son las groopies, las fáciles… Pero las que se quieren casar ¿qué está mal con ellas? Tal vez eso sirva con Alex que cree en el amor eterno y en las almas gemelas, en toda esa mierda. Pero yo no —le comentó. Le daba igual saber que estaba siendo malo con las fans, pero si algo se sabía de Freddie era que no quería a nadie más que a si mismo—. Te doy mil dólares si haces algo que espante a esas chicas ahora mismo —se cruzó de piernas mirandola divertido—. Me siento halagado.
Me alegra saber entonces que hay alguien que tiene la inteligencia suficiente para mantenerse alejado. No sirven ni siquiera para Alex, son desquiciadas --murmuró volviendo su vista al joven, deteniéndose para observar sus gestos--. No creo poder espantarlas, pero puedo hacer algo que las cabree muchísimo --aseguró omitiendo lo próximo dicho. Procuró que desde la ventana sus cuerpos se vieran y luego de enviarle una sonrisita a las jovenes alteradas de afuera se acercó a Freddie, enterrando su rostro en su cuello, comenzando a dejar un chupón en su piel. Movió su mano agilmente por su abdomen y bajo hasta llegar a sus partes bajas, sin tocar demasiado. Al sentir el barullo que sus acciones generaban se alejó del joven y del ventanal--. No te preocupes, no quiero mis mil dólares, el placer de verlas perder la cabeza es suficiente --concretó buscando uno de sus cigarros en su bolsillo--.
Hizo una mueca al escuchar la negativa de la chica, intentando pensar en algo para quitar ese horrible gusto de su boca, mas nada venía a su mente. Una pequeña carcajada escapó de sus labios a tiempo que negaba con la cabeza—. Nop, linda. Esto que ves es lo que realmente soy. Lo del otro día era una mentira, alimentada de más mentiras. ¡Muchas mentiras! —exclamó, fuera de sí, enseñándole una enorme sonrisa. Al recordar realmente quien era, desbloqueó su teléfono celular y se lo tendió—. ¿Puedes anotar el número de Aaron? Necesito hablar con él y es… digamos, importante —pidió, absteniéndose de revelar sus verdaderas intenciones por temor a que Alexia no cediera.
No se sorprendió de su estado, había escuchado lo sucedido con el guitarrista y estaba al tanto de las posibilidades que habían generado la ruptura gracias a las especulaciones de los medios. La contempló reacia a hacer lo que le pedía, mas agarro el móvil a regañadientes--. ¿Se puede saber para qué necesitas a mi primo? --inquirió entrecerrando los ojos--.
—Oh vamos, tampoco es taaaaaan así… Sería bueno darles un escarmiento por ser tan pesadas, pero no uno de tal forma. Quiero decir, muchas de ellas son medianamente soportables, incluso tiernas.
Fue ironía, que me fastidien cada partícula del cuerpo no significa que les desee la muerte, mucho menos el deseo de querer provocar la misma. Sólo son eso...un grano en el culo.