Un día desperté y ya no quise ir a los mismos lugares, ni comer lo de siempre, ni dormir en mi cama. Un día solo dejé de querer habitar espacios y me trasladé a mi consciencia. Me volví una máquina de pensamientos que terminó por odiar el terreno material que coexiste con ella. Hoy solo estoy recorriendo el mismo camino sin pretensiones, buscando algo que me llene ese agujero negro que creé sin aviso
—Mel, escribiendo una antología.















