Intentó controlar el temblor del labio, causado por los nervios que llevaba sintiendo durante los últimos días y sobre todo acentuados en aquel momento, mientras miraba al hombre intentar limpiarse (mal) la cara. Acabó por morderse el labio para después decir en voz baja—. Lo siento de veras… —ni siquiera sabía por qué se estaba poniendo tan nerviosa si el hombre no parecía dispuesto a hacerle ningún tipo de daño, pero se descubrió a sí misma frotándose el ojo al notar que se le aguaban. Aún hablando en un tono bajo, casi asustadizo, añadió—. P-por favor, déjame ayudarte con eso. Tengo paños y agua caliente en la pastelería… p-puedo limpiarte la cara si quieres. —se mordió el interior de la mejilla con fuerza para obligarse a mantener la compostura y acabó por alzar la vista para mirarlo, aún sintiéndose avergonzada no, lo siguiente.
Negó con la cabeza otra vez; aunque le hubiera molestado, no iba a ponerse a reprocharle nada a la mujer... Bueno, quizá preguntarle qué demonios le había pasado por la cabeza para ponerse a lanzarle una tarta a una persona aleatoria por la calle, pero tampoco se veía con aquella responsabilidad--. No pasa nada, en serio. --suspiró, negando otra vez con la cabeza, como si estuviera empeñado en que no le ayudara nadie; no sabía si por orgullo o por qué. Aunque al ver a la chica así de descompuesta no hizo más que sorprenderlo aún más, de modo que acabó por resignarse y asentir. A tomar por saco el orgullo y todo--. Bueno, de acuerdo, vamos a la pastelería.















