Hay una cierta imposibilidad en todo esto que me lleva a no dormir de noche.
A que mis ojos incansables busquen destellos aún en la noche cerrada que no es tal, y que esconde de la luz de las farolas las persianas que nunca fueron capaces de tapar aquello que no debías de ver.
Dónde está... tal vez probaré en mi boca; con mi mano agarro los dientes e intento tirar buscando algo, una muestra, sensación que me aleje del hecho de no poder dejar de pensar en todo aquello que nunca te dije.
Es un juego en el que siempre tengo las de perder, y de mi boca no sale otra cosa que un aire hastiado, con el aroma del que divaga y se aburre, se excita y decae en intervalos tan ridículamente repetitivos que todo parece una ilusión barata de bazar de dos duros.
Dos duros.
Y sigo despierto.
Almacenando un reproche en mi piel. Me tiño de un reproche que realmente es contra mi mismo.
¿Cómo puede olvidarse uno de aquello que le recubre?
Esto es como la piel que mudan las serpientes, solo que esta es un uróboro que me lleva una y otra vez a tus ojos, tus labios sellados y cientos de palabras atascadas en mi garganta, mi boca, escondidas en los recovecos de mis dientes o simplemente adheridas a esta piel que palidece bajo tanta vergüenza, tanta pena, y tanto olvido.
Art by Christopher Hohler