Tus manos son capaces de recorrer el camino al que nadie es capaz de llegar, del que tú te olvidas. Hablando de mi cuerpo nunca has necesitado mapas. Eres el morador que tanto esperaban mis noches y el guía que mis días siempre necesitaron. Abordas con firmeza el reto del deseo. Olvidándote del sabor a óxido que dejó el vacío. No hay nada que tenga cabida cuando mis anhelos se enfrentan con tu piel. El empuje será sincero y nuestras bocas hablarán una misma lengua. La espera no será más que una oportunidad y el instante cubrirá toda magnitud. El vacío quedará conforme en su propia esencia, confuso ante la posibilidad de no existir entre dos personas que luchan por conformar una sola. Acercarse ya no es un eufemismo, sentirte cerca no es más que una falsa imagen de tu presencia en mi vida. Estás aquí, conmigo. Cada una de estas letras lucha por escapar y escribir tu nombre en mis días. Pero yo las fuerzo a quedarse conmigo para celebrarte, conmigo mismo en silencio una y otra vez.