Día 1: Descubrir el anhelo
En la búsqueda de mi anhelo tuve que ir pelándome de a poco, rasgando cada capa, como a cebolla, hasta llegar al centro donde reverdece la planta. Me encontré con muchos anhelos, pensé que tal vez sean demasiados, no pude elegir uno solo. Cebolla estaba deshecha, miraba cada una de las capas taslúcidas buscando alguna señal que ayudara a decidir, pero en cada capa encontraba algo más. ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀
Me sentí abrumada de tanta información y encima mis manos hedían cebolla, me quise alejar, lavar, abandonar. En la confusión noté algo: con las rasgaduras había roto las células de cebolla llenando el aire de ácido, lo podía sentir en mi cuerpo, se me irritaron los ojos, se me aguó la nariz, pero ni una sola lágrima se asomó. ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀
Ni una. ⠀⠀
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Me recordé niña, con la cara inundada de agua salada. Entonces lloraba por cada experiencia intensa, sin quererlo, sin pensarlo, sin anhelarlo. Simplemente se derramaban las lágrimas cuando me atravesaban las vibraciones. Recién formada, cebolla todavía no tenía tantas capas y con sólo sentir, los ojos se hacían agua. ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀
Mi edad podría establecerse de acuerdo a la cantidad de milímetros cúbicos de lágrimas derramadas. Es una relación inversamente proporcional. ⠀
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Mi anhelo no es profundo, está en la superficie de mis ojos cuando de ellos brota el agua.