No niego que en alguna ocasión quizás necesité apoyo pero, el "yo puedo" lo tengo atorado desde pequeña.
PUT YOUR BEARD IN MY MOUTH
cherry valley forever
trying on a metaphor
NASA

No title available
YOU ARE THE REASON
Peter Solarz

Love Begins

JBB: An Artblog!
h
Show & Tell
AnasAbdin
One Nice Bug Per Day

pixel skylines
Jules of Nature

PR's Tumblrdome
Game of Thrones Daily

★
Sweet Seals For You, Always

Discoholic 🪩

seen from United States
seen from United States

seen from Malaysia

seen from Malaysia

seen from France
seen from Maldives

seen from Germany

seen from India

seen from Türkiye

seen from Malaysia

seen from Malaysia
seen from United States
seen from Malaysia
seen from United States
seen from Spain
seen from United States
seen from United States

seen from United States
seen from Netherlands
seen from United States
@amorhdz
No niego que en alguna ocasión quizás necesité apoyo pero, el "yo puedo" lo tengo atorado desde pequeña.
Llorar, porque te sientes sola es otro nivel de como todo se está desmoronando.
Quizá la tristeza se enamoró de mí y siempre me trató con ternura esperando ser correspondida.
Jhomaes
Una promesa.
Perdoname
Quería tanto que fueras tu, que nunca te pregunté si tú querías que fuera yo
No me leas por el título….
Una vida como la mía… no se la deseo a nadie. No fueron solo días que pasaban ni un calendario que se doblaba, sino una biografía pesada, salpicada de repetidas decepciones y recuerdos tan secos como hojas de otoño.
He soportado todo tipo de tormentos, he probado la amargura del dolor en silencio y he vivido con la decepción hasta que ya no pude distinguir entre la seguridad y la ilusión.
Mi vida era como un libro cerrado, que no revela nada, que sólo se puede leer su título, ese título que el espectador piensa que es una historia tranquila, mientras sus pliegues esconden miles de páginas en blanco… no porque estén vacías, sino porque no fueron escritas con tinta, sino con dolor, y las lágrimas lo borraron.
Cada momento que viví no fue un momento pasajero, sino un doloroso paso por heridas que nunca sanaron y batallas en las que no se declaró ninguna victoria.
Sonreía en público y me desplomaba en privado. Estaba presente en mi cuerpo, pero ausente en mi alma, que había envejecido prematuramente.
Mi vida no fue una serie de decisiones, sino de concesiones. Renuncié a mi sueño de sobrevivir, a mi amor por la supervivencia y a mí mismo por alguien que no apreciaba mi valor.
Pero ahora, después de todo esto, me doy cuenta que esos papeles blancos que yo creía que eran nuestro ayuno, llevaban mensajes silenciosos que la vida me escribió en su propio idioma.
Mensajes que dicen: “A pesar del dolor, no caíste”, “A pesar de la decepción, todavía crees en la honestidad”, “A pesar de la oscuridad, todavía hay algo de luz en ti”.
Y ese dolor no mata, madura, nos moldea desde dentro y crea desde nuestra fragilidad una piel que nadie ve, pero que nos sostiene cuando nadie puede sostenernos. Esta es mi vida… aunque duela, me formó. ¿Crees que de verdad me lees con solo ver el título?
Tenemos el resto del otoño para descubrir si queremos conocernos el resto de nuestras vidas.
Recuerdo haberte soñado.
Fue hace tiempo. Parece lejano ya, pero tampoco fue hace mucho. Se quedó en mí como una sensación más que como un recuerdo. Recuerdo más el despertar y sentir eso: que había sido muy feliz. Como nunca. Como con nadie.
Fue muy extraño. Jamás me había pasado. Y entre el abismo en que estaba mi vida, ese sueño fue algo lindo a lo que aferrarme durante un tiempo. Durante el tiempo en que tardé en encontrarte. Recuerdo haberte buscado más por impulso que por certeza. Sabía que eras tú. Siempre olvido los rostros en mis sueños, pero el tuyo era tan claro. Sabía que eras tú. Que habías sido tú el que me hizo tan feliz.
En ese sueño se sentía tan real. Así que te busqué. Por todos lados. Como una persona que se aferra a un sueño, a una idea. Y así fue. Dentro de todo lo malo que sucedía en mi vida y en mi mente durante esos días, buscarte me parecía una linda tarea. Una tarea desafiante.
Qué casualidad que desaparecieras justo cuando todo lo sentía y lo veía tan claro. Y no te encontraba. Hasta que sucedió: te vi ahí, en línea, en esos lugares tan sombríos como lo son las redes sociales. Me decidí a hablarte. A decírtelo.
Ya había pasado cerca de un mes de ese sueño. Era para que lo hubiera dejado pasar como tantos otros. Como a tantas otras personas. Pero no sé por qué, contigo no podía. Simplemente no podía.
Así que te lo dije, directo, sin miedo, sin nada más que perder: "Soñé contigo. Vas a pensar que es una tontería, pero soñé que eras el amor de mi vida y que éramos muy felices."
Pero los sueños solo son eso. Y me lo hiciste ver pronto. Me dijiste que no estabas listo. Que no creías en eso. Pero que igual era lindo que lo hubiera soñado. Aún no entendía el valor que le dabas a cada palabra que salía de tus manos, pero en ese momento, aun con la indiferencia y con el rechazo, te dije que te esperaría. Que no me importaba. Te dejé mi número porque quería conocerte.
Y eso parecía ser algo raro. Nos escribimos un par de días. Y después, un silencio sepulcral. Dos años pasaron. Y con ellos, mil cosas.
Pero justo un día, lleno de cotidianidad, vi algo tuyo. Ya no estabas en redes sociales. A veces cruzabas mi pensamiento como quien vuelve a lugares que le hacen sonreír. Pero encontrarte justo cuando nadie habitaba ni mi mente ni mis días fue algo extraño.
Podría decir destino, pero tú me has enseñado a ser menos soñadora y un poco más realista. Así que diremos que fue una casualidad.
Te deseé un buen día como quien es feliz solo por hacerlo. De verdad no pensé que pasaría más. No tenía intención de nada. Probablemente por el estado de mi mente en ese momento. Me encontraba transitando un lugar de calma, sin sentir nada verdadero por nadie. En ese espacio que me vi obligada a vivir desde la superficialidad.
Poco a poco la conversación se volvió más constante. Pasamos de hablar un par de mensajes al día a hablar prácticamente todo el tiempo. Como si, en un contrato silencioso, nos hubiéramos aceptado completamente. Con nuestras rarezas. Con nuestra intensidad extraña. Tú desde tu filosofía y tu practicidad a la hora de vivir. Y yo desde mi desborde de emociones. Desde mi práctica. Desde todo lo que soy.
Porque no puedo ser nadie más cuando hablo contigo. No me sale, aunque quisiera.
Al principio pensé que, si dejábamos de hablar, no me importaría tanto. Sentiría feo, pero al final, el destino ya me había demostrado muchas veces que ser una soñadora no estaba bien. Que terminaba idealizando a todo aquel que me prestaba un poco de atención.
Pero contigo se siente diferente. Me preguntas. Me cuentas. Me ves. Y eso es todo: me ves.
No me importa mucho cómo lo hagas. Porque yo tampoco tengo idea de cómo te veo a ti. No tengo la urgencia ni la prisa de correr detrás de los sentimientos. Ni la necesidad de demostrarte que soy la mejor opción que podrías tener. Porque hoy sé quién soy.
Y sé cómo me hace sentir reír contigo. Reírme de ti. Reírme de mí. Platicar contigo como si me acompañaras, aún sin estar cerca. Estás cerca.
No tengo la necesidad de hacerme pequeña para caber en ti. Porque no siento esa urgencia. Contigo puedo ser yo. Y eso es algo que no había podido ser con nadie más. Con mis rarezas, con mi intensidad, con mis miedos, mis inseguridades, mis anécdotas de esos años de tristeza y locura. Con todo eso, me siento en un lugar seguro cuando hablo contigo.
Siento que no me juzgas. Que me entiendes. Que no te burlas. Que me ayudas. Y me enseñas a reírme de cosas que a veces me tomo muy en serio, y ni siquiera valen la pena. Me haces reír. Y querer seguir disfrutando la vida para seguir platicándotela. Y seguir riéndonos.
Con todo este tiempo, he aprendido a ver a alguien que no es la misma persona con la que soñé aquella vez. O quizá sí. No lo sé.
Pero es muy curiosa la forma en que la vida te ha colocado cerca de mí. Porque, aun así, enseñándote mis heridas y las partes que me han dolido, no te has ido.
Y eso habla más de ti que tú mismo. Y probablemente esto habla más de mí que yo. Y de la idea que tenía de mí cuando te conocí. Cuando te soñé.
Claro que me asusta. Me da miedo volver a equivocarme. Pero no sé por qué, dentro de ese miedo, siempre apareces tú con un mensaje, un sticker, o lo que sea… como sabiéndolo sin saber. Y diciéndome en voz baja: "Tranquila. Estás pensándolo demasiado."
Y es cierto. A veces corro detrás de las ideas que tengo, espantada de que me alcancen. Pero esta vez no estoy corriendo. Estoy caminando. Respirando. Confiando. Y siendo solamente yo, contigo. Esperando que sigas decidiéndote a quedar. Porque ese sueño… estoy segura de que se sentía un poco a como me siento ahora.
Amor Hdz. (Mayo,2025)
¿Por qué quedarme?
¿Por qué quedarme a ver lo que me duele? ¿Por qué observar, una vez más, cómo no fui yo, cómo nunca lo fui? Cómo tus domingos no fueron conmigo, cómo tu cama eligió otros cuerpos, otros abrazos que no son los míos.
¿Por qué querría mirar lo que no fue? Si ya lo he hecho tantas veces, si ya he sentido el filo de esas dagas atravesando mi alma, lastimando mi corazón una y otra vez, como si en el dolor hubiera respuestas que nunca llegan.
Dicen que es fácil salir de este abismo, que basta con decir adiós. Pero ni es fácil, ni quiero hacerlo. ¿Por qué habría de quererlo? Si aún queda en mí un eco de lo que soñé, aunque tú no quisiste quedarte, aunque nunca fue conmigo.
Hoy me pregunto, ¿por qué sigo buscando razones para sostener lo insostenible, para amar donde no hay raíces, donde no crece nada?
No, no voy a quedarme. No voy a seguir viendo cómo no me eliges, cómo no soy suficiente para ti, pero sí para mí.
Decir adiós no es una huida, es un acto de amor, es darme la libertad de soltar lo que nunca quiso ser mío. Es cerrar la puerta sin mirar atrás, y abrirme a un nuevo comienzo.
Hoy elijo despedirme, no de lo que fui, sino de lo que nunca seremos.
-- Amor Hdz, 2024. (Para ti, para él, para ellos, para todos)
Me acostumbraste a esperar tus historias cada día, ojalá podamos brindarle un minuto de silencio a cada cuento que se quedó sin final.
Una parte de mi estará eternamente triste, aunque no llore, aunque no lo diga, aunque no parezca, aunque lo niegue.
Alex G.
Fotolibro: Seguen Oríah. [Autor texto: Avelar el 04 de Febrero de 2022 a las 10: 29 Pm.]
Jamás sabrás lo mucho que te amé. No llegaste a entender ese tipo de amor, y por eso no conocerás el amor verdadero, hasta que coexistas con tu propio ser.
-chipnervous.