Lila Alelí cayó dentro del pozo. Para ella, auscultar en las bagatelas de la naturaleza le parecía ridículo. Oscilaba sin enredarse en las raíces de árboles viejos y sin toparse con flores caídas de las jacarandas.
Si ahora la observamos, nos daremos cuenta que tropezó con un ceibo. Imponente, inexorable, imposible no admirar el granate de sus flores, que conmovió sus sentidos. Se acercó a las lindes a conocer más de cerca sus ramas. Sin embargo, puede que haya pronunciado a otra alelí, que no entraría dentro de sus estaciones. Tampoco se preguntaría si le parecen lindos los colores de sus ínfimos pétalos.
Empero, de vez en cuando se cuestionaba los pequeños tratos que acontecían. La remembranza casual de las letras de su nombre, la búsqueda sutil del roce de sus manos, el recuerdo de sus palabras dichas con anterioridad. Ah, pero ella no se mantuvo ilusa a estos detalles.
Decía: "Qué complejo me sienta conocerte, si tu mirada la desconozco y no sé interpretar tus ojos, aunque me trae sin cuidado tu rostro y me causa simpatía el distinto sonido de tus vientos ligeros. No puedo merodear por las lindes de lo que me es ajeno, ni descifrar la sonrisa intermitente. Qué complejo entenderte ".
Entonces, sabemos que ella intentó rodearlo y por supuesto, como se mencionó en la primera línea, cayó en el pozo, como cualquier otra alelí. Cada día sentía menos la lluvia y paró de preguntarse por qué las flores granate no cayeron con ella. Intentó, pues, evitar escuchar los vientos de la desidia y entregarse al olvido del ceibo. Que, por lo menos, se alejó para que rediviva lo que arrancó su acento.
Está desolada, flotando entre el reflejo de la luna en el agua y el rayo de luz del sol. Le pide que se acerque y aviente una cuerda, pero sabe que está mejor así. El nivel del agua subirá en el tiempo de lluvias y saldrá de ahí.
Ahora que pisa afuera, es precavida al no toparse con pétalos rojos, sabe que si los encuentra, tal vez le mencione una tregua.
Así, Lila Alelí paseó por otros rumbos. Varias veces evocó sobre el desliz que tuvo y que ahora duele en menor medida que la estación pasada. —Me voy de donde no me quieren —pensó en voz alta ya que no le importa escucharse ahora— y si mi cariño es un dilema, que lo dejen morir, porque yo no quiero amor a medias y mucho menos fútil.
(Los textos subrayados son porque no me convencen, los cambiaré en un futuro. Por ahora es el primer cuento que escribo, así que lo explicaré para recordarme después qué es lo quería decir. Alelí es una planta con flores de varios colores y con muchas ramificaciones. Aquí conoce al ceibo, un árbol grandísimo con flores rojas, y monumental en comparación a la pequeña alelí, —haciendo referencia a que él es mayor que ella— por lo cual, Lila Alelí no puede descifrar si los tratos que recibe de éste puedan ser porque le gustan sus flores o porque es su personalidad en sí o porque así trata a todas las alelís, —es decir, que ilusiona a todas las alelís por igual— ya que esta planta tiene gran cantidad de flores. A pesar de que está en plena conciencia de que puede ser la segunda o tercera opción, aun así se tropieza con él y cae al pozo, por lo que se ilusionó perdidamente. Entonces pasa sus días llorando en el pozo día y noche, esperando el tiempo de lluvias para que inunde el pozo y pueda salir flotando de ahí. En este lapso de tiempo piensa en cuestionarle al ceibo por qué no la quiso como ella a él, ya que él no se decidía si quererla o no, entonces mejor el ceibo se alejó. Ella quería que la ayudara a salir de ahí, aunque llegó a la conclusión que era un sentimiento inútil y mejor decidió salir por su cuenta. Al salir, ella sabe que aún quiere que él siga en su vida, a pesar de que no debería y mejor trata de no caminar dentro de los rumbos que solía frecuentar. De vez en cuando sigue pensando en esta relación, pero ahora sabe que no desea estar de nuevo con alguien que no sabe lo que quiere con ella, y lo dice en voz alta haciendo alusión a que esta vez sí escuchará a sus propios presentimientos.)