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Mentiría si dijera que la reacción de su interlocutor no le sorprendió, pues en este tiempo era difícil que alguien aceptara un gato con la facilidad que le fue presentada. Humedeció sutilmente su labio inferior, buscando las palabras adecuadas para expresar las ideas que revoloteaban dentro de su cabeza— Sí, imagino que debe tener un mes de nacido o algo así. —propuso sin siquiera saberlo, experto en animales no era, simplemente sentía una amena empatía por ellos— Puedo transferirte dinero para todos los cuidados de estos primeros meses, no hay problema. —aseguró entregándole el gato a su nuevo dueño, permitiendo que una sonrisa se instalara en sus labios.
Afirmó con la cabeza varias veces antes de recibir al pequeño minino que pareció encontrar un lugar cómodo entre sus brazos e inmediatamente comenzó a cerrar los ojitos, optó por hacerle suaves caricias en la cabeza mientras hablaba con aquel desconocido - Oh, el dinero no es problema, estoy seguro que puedo costearle un par de lujos gatunos al pequeñajo - hizo un gesto con la mano para restarle importancia al asunto - Aunque ¿no se supone que deberían estar con la madre hasta los 3 meses o algo así?
Al ver de quién se trataba, no pudo más que suspirar aliviada. Al fin y al cabo no era un asesino en serie… que ella supiera. “Eres tú” casi sonó con satisfacción, con un alivio que no pudo ocultar. No tardó en acercar sus pasos a donde se encontraba el pelirrojo, acortando distancias. “En realidad sí, planeaba encontrarme con mi amante pero me ha dejado tirada. ¿Quieres ocupar su puesto?” Bromeó, colgando mejor el bolso a su hombro. “Volvía a casa a pie, sola, del trabajo. Culpable.”
- ¿Feliz de verme? - Le dedicó una sonrisa de medio lado a la morena - Oh, una lastima y que poca seriedad de parte de tu amante, deberíamos ir a golpearle, en una ciudad donde por lo visto la criminalidad es creciente una joven guapa no debería andar sola - Dijo cruzando sus brazos sobre su pecho - Eres una valiente de la vida, pero lamentablemente para tu valentía no te dejaré ir por ahí sola, ver que te llevo a tu casa antes de irme al ancianato.
Caminaba con temor de vuelta a casa. Era de noche, había perdido el bus y ese día su coche estaba en el taller, por lo que le tocaba ir andando si quería regresar desde el trabajo hasta su confortable hogar. Desde que había escuchado del asesinato no estaba tan segura por las calles, así que iba abrazando bien su bolso y caminando casi con un poco de prisa, mirando a su alrededor preocupada. Rezó mil y una veces internamente para llegar sin problemas a casa, con la tensión en su cuerpo vigente. Clementine normalmente no era una mujer miedosa, pero la idea de encontrarse con un asesino no era muy atrayente. Un ruido le hizo alertar al instante. “¿Quién hay ahí?” Qué estupidez de pregunta, ni que un asesino fuera a decir: oh sí soy yo, vengo a matarte. Bah.
- Sabes que es un peligro andar por ahí a estas horas de la noche ¿no? - Comentó antes de recostarse en la puerta de su carro a unos pasos de distancia de Clem, había salido a encontrarse con unas personas pero por lo visto las noticias de los asesinatos habían llegado a muchas partes de la ciudad y lo habían dejado botado, cuando decidió que era momento de irse a casa, vio pasar una figura que se le hacía peculiarmente familiar - Voy a creer que estabas planeando encontrarte con alguien y no que decidiste ir a donde sea a pie y sola.
Dentro de esa gruesa armadura invisible que al alemán le fascinaba presumir, existía un ser humano capaz de sentir empatía por otro, así como también sentir cariño y compasión por determinadas personas o, en este caso, un animal. Entre sus brazos yacía un pequeño minino aparentemente malherido y demasiado delgado para el gusto de cualquiera; sin embargo, se aproximó a la primera persona que vio con el único objetivo de buscarle un buen hogar al felino— Hey. —saludó, fijando sus ojos en el gato— Uh, me encontré este gato hace un par de días. No puedo tenerlo en mi casa por… Cuestiones personales. ¿De casualidad no lo quieres? O si conoces a alguien que lo quiera también sirve. —expresó, ahora trasladando su mirada hasta la contraria— Después de los últimos eventos… —que, en realidad, no les tomó demasiada importancia— no quiero dejarlo por ahí solo. —humedeció sus labios, admitiendo implícitamente que su preocupación radicaba más en el animal que en el recién fallecido.
Ric se había caracterizado toda su vida por ser una persona llena de energía y buenas vibras, decir que lo ultimo que había sucedido en la ciudad lo habían sacado de su zona de confort era poco, caminaba con cierta cautela en las prácticamente calles vacías de la ciudad, por lo visto las noticias corrían rápido y la gente solo saldría de sus casas en casos extremos - Me pregunto si la cafetería estará abierta - Murmuró para si mismo justo antes de que un total desconocido se le acercase ofreciéndole un gato - Uhm... Claro, está muy pequeño ¿no? tendría que llevarlo al veterinario primero y ver si no tiene nada grave y si necesita vacunas y todas esas cosas.
Kai no entiende de música, solo entiende de música que le gusta y la que no, así que ni siquiera comprende porque debería disculparse, no ha dicho nada malo, al menos a sus ojos.
-Pues entonces ganas dinero por apenas hacer nadie, yo podría hacerlo.
Pero no tiene ritmo alguno ni talento para la música, solo le faltaba.
Le dedicó una sonrisa de medio lado al chico - ¿Puedes hacerlo? ¿Quieres probar si gano dinero por hacer nada? - Estaba fastidiando a su primo, realmente sabía que lo decía sin mala intención - Cuando quieras te puedo llevar y probamos si de verdad es tan sencillo
Otra carcajada. Lo cierto es que aquella situación se estaba volviendo cada vez más interesante, más divertida. “Quiero que me lo enseñe todo, soy su joven padawan” aseguró con una mano en el pecho y su típico gesto teatral. “Ya está, he superado el cupo de drama en el día de hoy. Dos hombres peleándose por mi. Perfecto. ¿Puedo comprar palomitas mientras presencio la escena?” Bromeó, extendiendo su mano hacia él. “Clementine.”
Enarcó una de sus cejas al escuchar las palabras de la chica - ¿Todo?... Picarona - No pudo contener la sonrisa que llevaba rato amenazando con aparecer en sus labios - Déjame creer que sería la primera vez que ves a dos personas pelearse por tu atención - Estrechó su mano con la de la joven - Ric Andersen a sus servicios señorita.
Al darse cuenta que la música había cesado, dejó de bailar y se giró para encararle, sonriendo ampliamente. “Deberías, quizá tenga que acompañarte al asilo, ¿qué me dices?” Continuó la broma, a sabiendas que él se lo tomaba por el mismo camino. “O se ha enamorado de mi y no quiere verme bailar contigo por si tiene competencia, ya sabes. Todo puede ser.”
- No sé si estas preparada para descubrir el secreto mejor guardado en el asilo... Las fiestas que nos montamos dejan en pena a tu generación - Hizo una mueca con los labios - Como si fuese competencia para mi, siempre puedo buscar el bastón y darle con el, lleva todas las de perder el chiquillo.
Aunque la oferta de su primo era muy buena no tenía ganas de aceptarla, él quería estar con su hermana y a no ser que ella lo echase no se iría de su lado.
-Si tocas como bailas no creo que seas muy bueno -bromeó.
No iba a malas es que aun recordaba el bailecito que antes se había marcado en mitad de la calle pero que raro era que no se dedicase al cine o quizás sí, sabía que había gente que componía música para películas y series de televisión.
Afirmó con la cabeza entendiendo claramente que el chico no aceptaría su oferta, pero lo restó importancia al asunto - Deberías disculparte por eso que acabas de decir soy uno de los mejores productores y dj del mundo mundial - Fingió que se limpiaba el polvo de su hombro - Lo bueno es que ser Dj simplemente requiere un paso de baile, mover el puño hacía arriba y todo solucionado.
“Esa es, definitivamente, la respuesta de un caballero” acordó, con una leve reverencia de la cabeza. “Pero, como la de todo caballero, tiene que ser evaluada con cuidado” sonrió. Ese prejuicio no tenía nada que ver con el hombre con quien sostenía la conversación desde un instante atrás, sino más bien a los integrantes del genero masculino en general y su afán de convertirse en Don Juan de la gran mayoría de ellos: para encantar, no escatimaban en palabras bonitas. “Así y todo, voy a decirte que… te faltaron, ya sabes, un par de años” carraspeó, al final, intentando ocultar esas últimas cuatro palabras que no le hubiese gustado pronunciar ni en broma.
Levantó su mano libre en forma de rendición - No he pretendido ofenderte, incomodarte ni cualquier otra cosa de ese estilo lo juro por mi cactus, pero seriamente creo que tu compañera te tiene envidia - Afirmó con la cabeza un par de veces, seguramente se vería raro que estuviese dedicandole palabras de halagos a una desconocida, pero su madre le había enseñado a decir siempre la verdad, y a pedir disculpas cuando debía - ¿Tienes 26 añitos? pero que joven que eres, y si definitivamente te tiene envidia - Respondió con dulzura, había notado que a la mujer no le gustaba hablar de su edad.
Evgeniya no tenía por costumbre tomar con demasiada seriedad los juicios apreciativos de nadie, ya fuera conocido o un ser completamente ajeno a ella; sin embargo, el que su compañera de trabajo había deslizado casualmente esta mañana había, en cierto modo, tocado una fibra sensible de la germana. “Una de mis compañeras dijo que el cabello suelto me hace lucir mayor de lo que soy” inició, quebrantando su política de no molestar (a menos que fuese en extremo necesario) a ningún viandante. “Sin preguntar cuántos años tengo, ¿tú que dirías?” indagó, alejando la vista del reflejo en la pantalla apagada de su celular para observar a quien se hallaba junto a ella.
Levantó una de sus cejas a la chica que acababa de hablarle realmente no estaba muy atento sobre que le preguntaba pero estaba un cuarenta por ciento seguro que era algo sobre la edad - Te diría que te ves increíblemente preciosa y que tu compañera te tiene envidia, pero como lo anterior queda un poco acosador diré que te ves como de 24 - Se encogió de hombros antes de darle un sorbo a su café.
– No sería capaz de mentirte, mucho menos cuando bailaste la mejor canción del mundo a la mitad de la calle. – sonrió, dando un par de pasos para quitarse de en medio de la acera. – Valiente es mi segundo nombre. – añadió, riendo un poco. – Aunque estoy algo oxidada en cuanto a bailes de ese tipo.
- Más te vale, ¿Sabes que es malo mentirle a los adultos mayores no? nuestros pobres corazones ya no están para emociones fuertes - Comentó en tono de broma - ¿Eres como la de la película de Disney? esa que era pelirroja y con un cabello indomable - chasqueó los dedos intentado acordarse de más detalles de la película, la había visto una vez y porque la tenían puesta cuando fue a comprar un TV - Que va, si sirve de algo mi opinión creo que lo hiciste de maravilla
-Yo…vengo a trabajar -le contestó- y Hedda quiere que viva con ella y con Kol.
Eso último lo dijo con desagrado, prefería estar sin su hermano cerca pero también sabía que su hermana no dejaría abandonado a ninguno de los dos.
-¿Y de qué trabajas?
Aunque era bastante lento ya había supuesto que su primo no estaría allí viviendo por gusto a la ciudad, algo tendría que hacer.
Alzó una de sus cejas al ver como el chico mencionaba a sus hermanos, estaba seguro que aquello no era por Hedda así que supuso que eran imaginaciones suyas - Siempre puedes quedarte en mi casa, puedes tener tu propio baño y todo - Comentó con cierta gracia intentando restarle importancia - Trabajo en el mundo de la música, depende de que día me busques puedo estar ayudando a producir un disco o tocando en algún lado soy un hombre polifacético
“A la final no difiere mucho de ahora” razonó, teniendo como base que no importaba mucho si hacías el ridículo, sino que mantuvieses la cabeza en alto tras hacerlo. “Supongo que después de todo, lo que de verdad cuenta es la actitud que traigas al moverte, ¿no?” replicó antes de encogerse de hombros con una pequeña sonrisa. “¿Me enseñas ese paso que hacías hace un momento?”.
- Pero debes admitir que antes se tenía más estilo a la hora de bailar y conquistar gente, esos pelos, esos copetes, las plataformas y los pantalones muy anchos, aún no sé como sobrevivió la moda a tal cosa los 90′s fueron épocas oscuras para el mundo fashionista - Afirmó con la cabeza recostándose de una de las paredes de ahí cerca, la verdad luego de hacer el ridículo por tanto tiempo era bueno descansar, tuvo que afirmar la cabeza ante las palabras de la chica, después de todo la determinación era lo que movía al ser humano - ¿Cual de tantos? Porque si soy sincero tengo un movimiento con los brazos que serían la envidia en cualquier fiesta.
Queriendo expandir su colección de CDs, la rubia partió aquella mañana esperando que su tienda de discos favorita estuviera abierta. Por fortuna así fue, y con la suerte de conocer, además de ser buena amiga de los dueños, paso todo su día libre tonteando con la música que era reproducida en el lugar. La lista iba desde Guns and Roses y Madonna, a canciones de The Police o Sting, que era de las que justamente se estaba reproduciendo cuando fue testigo del espectáculo que se estaba llevando a cabo afuera. “Nada mal” se anunció aplaudiendo. “¿Es así como se bailaba esto antes?” quiso bromear, aunque sentía una genuina curiosidad ante la respuesta.
Paró de bailar momentáneamente para mirar a la chica que le hablaba - Antes no se bailaba, se movían los brazos y la cabeza como mejor te saliera y con mucha confianza en ti mismo ya te podías creer el mejor de la pista, el que mejor lo hiciera y mayor confianza tuviese, como es obvio se quedaba con todas las conquistas - Comentó con una sonrisa en los labios
Caminaba hacia la tienda de su madre para ir a almorzar con ella como habían acordado cuando miro a un joven bailando fuera de la tienda de música como si nada, lo que le causo gracia y sin pensarlo empezó a mover la cabeza al ritmo de la música mientras se acercaba. — Yo tampoco —dijo divertida. — Por cierto buenos movimientos.
- Gracias gracias, los aprendí de un dinosaurio morado que se usa como método de tortura para los niños - Comentó divertido a una chica que había aparecido de la nada - Hace mucho que no se hace música como esta - Dijo una vez había parado la música - Aunque creo que es culpa nuestra, nos hemos acostumbrado tanto al ritmo fácil que ya la letra nos da igual
La gente empezaba a volver a sus actividades, algunos con una pequeña mirada de extrañeza y algunos otros con una sonrisa. — Ya veo, creo que fue un espectáculo entretenido para la gente alrededor. — El hombre se veía como alguno de los amigos de su padre y verlo en una situación así la dejaba algo confundida. — ¿Volverá a hacerlo cuando una canción de los noventa empiece nuevamente?
- Posiblemente - Se encogió de hombros restandole importancia a aquello - Digo hice feliz a un montón de personas, creo que es lo más importante de la música, lograr ser un reflejo de las emociones de las personas - Comentó creyendo totalmente en sus palabras - Por lo menos tendrán algo que contarle a sus hijos sobre el loco de la tienda musical