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—Luego de tallarse las manos hasta que estuvieron libres de chocolate, se giró hacia el chico—. ¿En serio? ¿Juegas a las escondidas y te escondes en un baño? ¡Es el primer lugar donde buscan! —exclamó, casi echándose a reír, olvidándose de hablar bajo para no llamar la atención—. Nah, me tocó limpiar el desastre que hicieron.
—Pusimos una regla en la que no estaba permitido esconderse en los baños, así que digamos que estoy a salvo —dijo, encogiendo sus hombros—. Pero cierra la boca, o van a venir aquí —frunció el ceño ante lo cerca que había estado de romper a reír y delatarlo—. Lo que sea que hagas, hay un niño llamado Cooker... No juegues con él.
—Gracias.— murmuró, alargando la última letra mientras cerraba la puerta. Ayudo a la pequeña a ir al baño y cuando estaba terminando de cambiarla la pequeña le habló, “¿Podemos jugar con él?” preguntó entre medio de un casi imposible de entender balbuceo, era pequeña y muy tímida como para hablar bien. —Oh, ¿Quieres que juguemos con Andrew?— preguntó con una pequeña sonrisa, luego la niña dijo “Si, es mi novio”, lo que provocó que riera. La tomó en brazos y salió de allí, él efectivamente seguía al lado de la puerta, —Andrew, Lola dice que es tu novia.— dijo señalando a a rubia que ahora escondía su rostro en el hombro de Fiona, —Y que quiere que juguemos contigo. ¿Podemos? Yo, a decir verdad, no quiero jugar, pero soy su hada madrina y no la puedo dejar sola, ¿No?— preguntó, mirando a la pequeña que asentía.
Aguardó de brazos cruzados, observando a ambos lados y listo para salir corriendo en caso de que alguno de los niños con quienes estaba jugando apareciera por allí. Por suerte, Lola y Fiona salieron del baño antes de que lo encontraran. Rió suavemente ante aquello, y asintió—. Claro que podemos, ¿a qué quieres jugar, pequeña? —inquirió, acercándose más para poder observarla, aunque no tuvo mucho éxito ya que la niña estaba prácticamente escondida en el hombro de la castaña.
—¡Lo siento mucho! —pronunció desesperada mientras observaba al castaño escondido en aquel baño. Había encendido la luz previamente así que con la intención de ayudarlo a no ser hallado, corrió a apagar esta nuevamente y se metió junto a él al baño, cerrando la puerta. —Ahora no digas nada, que también me estoy escondiendo. —susurró, llevando una de sus manos a la boca del contrario.
Observó las acciones de Natalie con el ceño fruncido, esperando que no lo descubrieran por su culpa. Dio un paso atrás, evitando todo contacto con la castaña—. Yo me estaba escondiendo aquí primero, encuentra otro lugar —protestó, cual niño pequeño, manteniendo su tono de voz bajo.
Rió con suavidad al ver que estaba un tanto estresado por los niños y asintió. — Primera y última vez que te ayudo — le quedó mirando y salió con cuidado, al ver que estaban los niños esperando se les acercó. — ¿Están buscando a alguien? Porque aquí no hay nadie. — hizo una mueca y se arrodilló — ¿Pero les digo algo? Creo que vi al chico corriendo por allá, cerca de la cocina — apuntó hacía el otro lado y ellos sin problemas se fueron para allá. Se levantó y mirando que no volvieran tocó la puerta del baño. — Ya no están, estás a salvo — bromeó.
Permaneció en el baño, en silencio y apenas respirando, mientras escuchaba como del otro lado la castaña los convencía de que no estaba allí. Abrió la puerta y se asomó unos centímetros—. Gracias. Si gano, puedes quedarte con el premio. De todas formas son solo caramelos.
Recibió el regaño que Andrew tenía para él después de todo, se los merecía todos y cada uno de ellos por haber hecho eso, sólo lograba mirar sus manos ya que de la nada el hambre había desaparecido y los cupcakes no eran más parte de su atención. Sólo el tono molesto de Andrew hacia él, cosa a la que no estaba acostumbrado. —Haré lo que tú quieras, Andrew… ¿Todos se enteraron de eso?—. Tragó saliva, algo preocupado por su futuro en la banda. —Maldita sea—. Golpeó el piso en reflejo a su propio enojo consigo mismo.
Negó con lentitud—. No aún, pero ¿cuánto crees que tardarán en hacerlo? Pondrán precio a nuestras cabezas solo porque no puedes controlarte y debes follarte a la primera chica que te mire por más de tres segundos —espetó, manteniendo su vista fija en su amigo. Con un suspiro, pasó sus manos por su cabello, en señal de nerviosismo—. No te quiero cerca de Anna, ni de ninguna de ellas. Ni siquiera quiero que las trates de forma hostil, simplemente no lo hagas. Dudo mucho que vayas a la fiesta de Navidad luego de esto —decidió. Sabía que debería ser más duro con él, pero no podía—. Mierda, Alec, eras uno de los pocos en los que podía confiar —se lamentó, en un susurro.
— La moda de ”ya jugué todos los juegos que se con estos niños vamos a distraerlos con lo primero que se me ocurra” esa moda —rió suavemente, haciendo las comillas con sus dedos en el aire—. ¡Si sabía esconderme! Detrás de una planta es un increíble escondite —murmuró a si misma frunciendo el ceño, algo nostálgica por el repentino viaje al pasado que hizo en su cabeza—. Si, lo sé. Estoy enojada con ella, podría cortar su maldita cabeza en este momento. pero creo que eso no sería muy bonito para los niños, ya encontraré un momento para hablar con ella… Maldita puta —susurró chasqueando su lengua—. ¿En serio quieres hablar de eso? ¿En serio? —lre preguntó con los ojos entrecerrados—.
—Me refería a esto —tocó las orejas que llevaba la chica, provocando que cayeran ligeramente hacia atrás. Entornó sus ojos al escucharla y negó varias veces—. Eras terrible, hasta un ciego te habría encontrado —bromeó, con una pequeña sonrisa alzándose en las comisuras de sus labios, la primera en mucho tiempo. Suspiró con cierto fastidio ante la situación de Anna y Alec, completamente de acuerdo con las palabras de Hazel—. Él no se queda atrás, tiene esa estúpida obsesión con ustedes que me dan ganas de cortársela en trozos —comentó, apretando ligeramente la mandíbula—. En realidad no, pero no sé que más decir...
Se atragantó con su propio muffin al escuchar su pregunta, se aguantó para no responderle de forma egocéntrica porque sabía que lo que había hecho estuvo mal. —Yo… eh… ¿Un buen polvo?—. Hizo una mueca de terror con su cara sin atreverse a mirar a Andrew directamente a los ojos. —Lo siento.
Su expresión se endureció al escuchar aquello, si había algo que odiaba era que jugaran con él, y más en un momento así—. Oh, así que lo sientes. Genial, Alec, estás perdonado, vamos a fingir que no tuviste sexo con una de las chicas de la banda contraria —ironizó, con un gélido tono de voz que jamás había empleado para dirigirse al moreno—. ¿Acaso te das cuenta de lo que hiciste? Dime, ¿qué te parece que tenga que hacer yo al respecto? Porque, por si no sabías. Mi puesto está muy cuestionado, y si tomo una mala decisión probablemente me arranquen la cabeza. También a ti, por si te lo preguntas —espetó, sin molestarse en disimular su enojo.
La repentina luz en el baño hizo que la castaña entrecerrara los ojos y mirara a Andrew con los ojos achinados. —Le dije a unos niños que si me encontraban les iba a dar otro juguete, los demonios me ven y me arrancarán hasta las orejitas—,Tocó su diadema de orejitas de gato para que supiera de que hablaba. —Porque hacías trampa, Andy. Siempre me veías y por eso sabías donde estaba, o al menos esa es mi conclusión—. Se defendió cruzándose de brazos aún sin alzar mucho la voz.
Una sonrisa quiso aparecer en sus labios al ver la expresión de Hazel, algo cegada por la luz, mas se mantuvo serio—. ¿Qué estúpida moda es esa? —inquirió, observando aquellas rejas de gato con el ceño fruncido. Puso los ojos en blanco y negó con la cabeza—. Nunca hice trampa, simplemente no sabías esconderte —insistió, en un tono bajo. Aquel tema provocaba un torrente de recuerdos en él, así que decidió cambiar el foco de la conversación con rapidez—. Ah, y por si no lo sabías, Alec y Annalies tuvieron sexo el otro día.
Miró como Andrew se escondía dentro de uno de los baños del lugar y con ganas de molestarlo, tomó dos cupcakes y mientras comía uno entró al baño donde estaba el ruloso. Se sentó contra la puerta asegurándose de que nadie pudiera entrar o salir. —Andy, shh, que si hablas los vas a llamar—. Susurró con la boca llena de cupcakes. —Además son tan idiotas que se fueron corriendo al otro lado—.
Arqueó las cejas al ver a su amigo, con quien deseaba mantener una conversación desde hacía algunos días—. Son niños, Alec —replicó, poniendo los ojos en blanco, mientras tapaba el inodoro y se sentaba sobre este—. De hecho quería hablar contigo —sus ojos verdes se clavaron en los ajenos con cierta dureza—. ¿Puedes decirme qué mierda te pasaba por la cabeza cuando te follaste a Anna Wilson? —inquirió, sin ganas de dar vueltas sobre el asunto, yendo directamente al grano.
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Los niños se encontraban persiguiéndola ya que les había dicho que el que la encontrara le daría un juguete más, con diez segundos de antelación que Hazel tuvo de ventaja para que más de diez niños salieran tras su búsqueda. Entró a uno de los baños que parecía perfecto para que ella se escondiera, se escondió en el cuando escuchó en un susurro que si no fuese porque se estuviera escondiendo hubiese pegado el grito de su vida. —Mierda Andrew, casi me matas del susto. Cállate que yo también necesito esconderme, me estoy quedando sin juegos y necesito el mejor lugar que pueda—. Le susurró de vuelta.
Suspiró al escuchar la voz de Hazel, y con rapidez sacó su teléfono celular, activando la linterna. No quería cometer ninguna estupidez simplemente por encontrarse a oscuras con ella. La observó unos minutos, sin saber que más agregar—. ¿De qué te escondes? Tú no estabas jugando a las escondidas con nosotros —fue todo lo que se le ocurrió, y al instante se maldijo por hacer un comentario tan estúpido—. Además, eres pésima en ese juego. Siempre te ganaba —agregó, solo para darse el lujo de presumir un poco.
—¿Andrew?— murmuró mientras alumbraba con su teléfono, allí logró distinguir los rulos del muchacho. Bufó y prendió la linterna de su teléfono, apuntando al medio de su rostro, —¿Y a dónde demonios quieres que vaya? Es el baño de chicas y Lola quiere ir al baño.— le explicó, alumbrando a la pequeña rubia que tenía cogida de la mano.
—¡Baja eso! —exclamó, cubriendo su rostro para evitar que la luz le diera de lleno en la cara—. Bien, lo lamento, ya salgo —accedió, abandonando la pequeña habitación no sin antes encender luz del baño, simplemente para que Fiona dejara de utilizar esa molesta linterna.
¡Hey, hey! —se quejó cuando Andrew intentó sacarlo, peleando por quedarse dentro. Al escucharlo hablar tan bajo, calló con las exclamaciones e imitó su acción, sin entender muy bien el porqué el contrario lo hacía—. Yo sólo quiero lavarme las manos, esos niños hacen un desastre con el chocolate —bufó, pasando de largo para meter las manos bajo el grifo—. Por cierto, ¿quiénes van a encontrarte?
—Bien, lo que sea, solo no enciendas la luz —pidió, en un tono bajo, colocándose donde nadie pudiera verlo desde afuera—. Estoy jugando a las escondidas con unos niños —explicó, cruzándose de brazos y descansado su cuerpo sobre la pared—. ¿Y tú? ¿Les estás dando de comer?
—Lo siento Andy, debiste elegir un lugar mejor que el baño—le respondió divertido, encendiendo la luz—Necesito usarlo y de verdad no creo aguantar hasta el otro—mientras hablaba, empezó a desabrocharse los jeans y se paró frente al inodoro—Puedes elegir entre salir o darte vuelta.
—¿Qué demonios...? ¡Dylan, no! —exclamó, al ver las intenciones del contrario. Mas no podía hacer nada para detenerlo debido a que ya se encontraba dentro. Con rapidez, se dio vuelta y cubrió sus ojos, solo por si acaso—. ¿Ya terminaste? —preguntó, luego de unos segundos.
No se había percatado en lo absoluto que estaban jugando, por lo que con total normalidad fue hacía el baño. Al tratar de abrir la puerta esta se encontraba trancada y sin pensarlo dos veces ejerció un poco de fuerza. Ahí fue cuando escuchó a Andrew — Estás en el baño de mujeres, inteligente — le dijo mientras rodaba los ojos, pero al ver que los niños venían simplemente entró sin permiso. — En mi defensa, están ahí afuera — le comentó mientras tapaba su boca con la mano.
Observó a su alrededor para constatar que, efectivamente, estaba en el baño de mujeres. Se insultó por aquel estúpido error y permitió que la castaña entrara—. Sal y diles que no estoy aquí, me están volviendo loco —pidió, haciendo una mueca con sus labios.
Se encontraba jugando con algunos niños a las escondidas, así que había decidido ocultarse en uno de los baños para no ser descubierto. Aguardaba con la luz apagada, sin hacer ruido y apenas respirando, cuando alguien intentó abrir la puerta. Se colocó detrás de esta, esperando que no sea uno de los niños. Y, por suerte, no lo era—. Sal de aquí o van a encontrarme —susurró, intentando sacar fuera de la pequeña habitación al intruso.
—Idiota, solo me tropecé.— refunfuñó mientras se agachaba a su lado para terminar de limpiar la tierra en sus rodillas. —Yo no me emborracho.— agregó con seguridad pero después entrecerró sus ojo, —No a ésta hora.— murmuró antes de volver a beber, —¿Quieres?
—Ya, lo que digas —replicó, quitándole importancia mediante un movimiento de su mano. Negó ante su propuesta, realmente no deseaba perder la cordura, solo necesitaba relajarse. Dio otra calada a su cigarro—. ¿Tú? No voy a cobrártelo.