Oliver venía de regreso con una caja repleta de adornos para el salón en dónde se realizaría la cena de Navidad. Siempre le había gustado esa época del año, por lo que al escuchar los villancicos tarareados por su compañero, no pudo evitar el contagiarse y empezó a silbar la melodía de la canción hasta que la voz de Dylan le interrumpió.— ¿Qué? Oh sí, claro… Es la mejor de todas —respondió orgulloso, dedicándole una sonrisa amigable a la pequeña niña, dejando luego la caja en el suelo para continuar con el arreglo de la decoración.— ¿Ya todos le escribieron su carta a Santa?
La niña soltó un gritito, escondiéndose en los brazos de Dylan mientras este se reía levemente—Eh, deja de intimidarla—bromeó, levantando a Veronica con un brazo y empujando con suavidad—Y claro, de hecho, las cartas ya se las llevaron los ayudantes—dijo en voz baja, como si estuviera diciendo un gran secreto—¿Qué quieres de navidad, Oliver?—le preguntó al chico, pues la niña aún sentía vergüenza para hablarle.

















