Nunca te dicen que el miedo es el camino a los arrepentimientos. Y yo que he sido muy ingenuo -quizá muy pero muy ingenuo- nunca me dijeron que amar sin ello era tal vez el camino más seguro. Y si de arrepentimientos he de hablar, no quiero contar las ganas que omití al querer probar el cerezo de tu boca y me quedé con la inquietud de saber si tus labios eran la cura de todos los corazones rotos. Si hacerte el amor se sentía lo mismo a lo que el universo sintió cuando nos dijo al oído que éramos el uno para el otro. Las ganas de que cigarrillos se encendieran por arte de magia mientras tú te pones una de los Artic Monkeys. Esas ganas de que sientas miedo de perderme. Quizá muy tarde -pero muy tarde- entendí que nunca debí despedirme cuando te veía, si no más bien, darte el encuentro para vernos algún día.
Erlyn Abanto.
















