A veces no queremos acostarnos. Simplemente por no enfrentarnos a nuestros demonios. Salir de Twitter, bloquear el móvil y sumergirnos en nuestras pesadillas antes de conciliar el sueño es algo que hacemos a diario, pero no es algo placentero.
Debe de ser el único momento del día que no estamos pendientes de estímulos externos y que sólo nos quedamos con nosotros mismos, es muy triste este miedo que le tenemos a la soledad. Aunque más que a la soledad diría que es a la realidad, a enfrentarnos a nosotros mismos, a no poder evadirnos en entretenimientos vacíos y banales. A decirnos lo que realmente pensamos de nosotros mismos.











