María de Jesús Patricio Martínez
Aunque no fue transmitido en cadena nacional, con toda certeza el acontecimiento político más importante de este 28 de mayo fue el anuncio de que el Concejo Indígena de Gobierno eligió a María de Jesús Patricio Martínez, Marichuy, como vocera de dicho concejo y, por añadidura, como la persona que buscará la candidatura presidencial por la vía independiente.
El pasado mes de abril en Chiapas, en el CIDECI-Unitierra, escuché a María de Jesús en la sesión de cierre del seminario “Los muros del capital, las grietas de la izquierda” convocado por el EZLN. Su voz tiene algo balsámico, en su discurso hizo un recuento de las geografías de la lucha en México donde las mujeres están al frente de los procesos, Ostula, Cherán, la lucha contra las eólicas en Oaxaca, en Yucatán, etc. Estas batallas tienen que ver con la recuperación de tierras, la insurrección política, la toma de gobiernos autonómicos y la resistencia frente a las fuerzas del capital “más que mencionar que la mujer es oprimida, me toca decir que, a pesar de esa opresión, la mujer ha participado en la reconstrucción de nuestras comunidades” . María de Jesús reconoció también la lucha de las madres que buscan a sus hijos y la de las feministas que “luchan por los derechos de las mujeres, sobre todo contra la violencia”.
Habló también de la importancia de que sea una mujer quien represente al Concejo Indígena de Gobierno, “va a ser pensar en todos los demás, con un fin organizativo. Lograr la unidad abajo, la unidad entre los pueblos y con los demás sectores que están cansados de toda esta estructura que se tiene y que tenemos que hacer una nueva estructura desde abajo, conjunta hombres y mujeres. ¿Por qué será la vocera una mujer? Porque se tiene que escuchar la voz de la mujer, no solamente va a ser la voz de ella, va a ser la voz de los pueblos, va a ser la voz del Concejo Indígena y ella va a llevar esa palabra para que se escuche ante esta estructura que se tiene en este país pensada sin la mujer”.
No sé hasta dónde llegue la candidatura, si la burocracia y obstáculos del poder podrán ser sorteados por María y el Concejo. También reconozco que el romanticismo zapatista a veces nos ciega. Pero estoy seguro de que es ese proceso el que merece toda nuestra atención. Su agenda es abiertamente anticapitalista y, por lo tanto, siempre a favor de la vida y en contra de la opresión. Son (uso a Tiqqun) la política que viene. Política de la insurrección contra la gestión global. De la presencia recobrada sobre la ausencia de sí. Sobre la extrañeza ciudadana, imperial. Es la oposición a las fuerzas del capital.
Y es que ¿qué alternativas quedan en este país? Si estamos dispuestos al autoengaño, quedan bastantes que se ven hasta diversas. Si no lo estamos, el panorama es desolador. No hay forma neoliberal que ayude a recuperar las tierras arrasadas, no hay gestión que devuelva las decenas de miles de desaparecidos o brinde justicia a los cientos de miles de asesinados. No hay Estado que garantice casi nada para tantos, acaso pueda solamente cambiar de grupo de privilegiados y frenar las condiciones que facilitan la barbarie pero no acabar con ellas.
Por eso es una buena noticia la posible candidatura de María de Jesús y la renovada fuerza del Congreso Nacional Indígena (CNI). Su voz y presencia enseñarán que la salida está allí mediante la elaboración de modos de vida que sean también modos de lucha. Política del tener-lugar. El planteamiento del CNI ya desbordó el raciclasismo sexista nacional y en particular de los políticos. Pero la desestabilización indígena no es de ayer. La centralidad de las mujeres tampoco. Recupero un fragmento de una carta que escribió el subcomandante Galeano en el que plantea con claridad el asunto de la mujer en la cosmovisión zapatista:
Imaginar lo que, por necesario y urgente, parece imposible: una mujer que crezca sin miedo.
Claro que cada geografía y calendario agrega sus cadenas: indígena, migrante, trabajadora, huérfana, desplazada, ilegal, desaparecida, violentada sutil o explícitamente, violada, asesinada, condenada siempre a agregar pesos y condenas a su condición de mujer.
¿Qué mundo sería parido por una mujer que pudiera nacer y crecer sin el miedo a la violencia, al acoso, a la persecución, al desprecio, a la explotación?
¿No sería terrible y maravilloso ese mundo?
Así que si alguna vez me pidieran a mí, sombra fantasmal de nariz impertinente, que definiera el objetivo del zapatismo, diría: “hacer un mundo donde la mujer nazca y crezca sin miedo”.
Ojo: no estoy diciendo que en ese mundo ya no habría esas violencias acechándola (sobre todo porque igual se puede acabar varias veces el planeta, pero no lo peor de nuestra condición de varones).
Tampoco digo que no haya ya mujeres sin miedo. Que su empeño rebelde les haya conseguido esa victoria en la batalla cotidiana, y que sepan que ganan batallas. Pero no la guerra. No, hasta que cualquier mujer en cualquier rincón de las geografías y calendarios mundiales crezca sin miedo.
Hablo de la tendencia. ¿Podríamos afirmar que la mayoría de las mujeres nacen y crecen sin miedo? Creo que no, y probablemente me equivoque y es seguro que arribarán cifras, estadísticas y muestras de que estoy equivocado.
Pero, en nuestro limitado horizonte, percibimos el miedo, miedo porque pequeña, miedo porque grande, miedo porque delgada, miedo porque gorda, miedo porque bonita, miedo porque fea, miedo porque embarazada, miedo porque no embarazada, miedo porque niña, miedo porque joven, miedo porque madura, miedo porque anciana.
¿Vale la pena empeñar el paso, la vida y la muerte en tal quimera?
Nosotras, nosotros, zapatistas, decimos que sí, que vale la pena.
Y en ello ponemos la vida que, aunque es poco, es todo lo que tenemos.
Así que usando su propia visión han puesto a la más vulnerable del país: una mujer indígena a llevar la voz de reconstrucción comunitaria-nacional. Y eso es una buena noticia si pensamos en todo el sentido que tiene el discurso anticapitalista, ante el incontestable fracaso del modelo neoliberal.
Las posibilidades políticas que abre esa voz, las grietas que puede generar debemos escucharlas, colarnos por ahí. Sigo con Tiqqun, más que nuevas críticas, son nuevas cartografías lo que necesitamos. Cartografías no del Imperio, sino de las líneas de fuga fuera de él. ¿Cómo hacer? Necesitamos mapas. No mapas de lo que está fuera del mapa. Sino mapas de navegación. Mapas marítimos. Herramientas de orientación. Que no buscan decir, representar, lo que hay en el interior de los diferentes archipiélagos de la deserción, sino que nos indican cómo llegar a ello. María de Jesús traza ya esa nueva cartografía.












