Decía que estaba incompleta, con esa hartura de ser juguete de conciencias ajenas. El estrés de querer encajar (que no pertenecer) en una utopía igual y diferente para todos, al mismo tiempo que querer ser condescendiente con su propia esencia, era lo que dinamitaba cada grano de felicidad que intentaba agarrar entre los dedos. Todo enfocaba en una aprobación o negación, en un abrazo o beso al menos políticamente sentido, en un volcán en el ártico o un glaciar en el desierto, quería el sol en medio de una lluvia de estrellas y bailar bajo la luna de mediodía. Clamaba al cosmos que deseaba una pareja, una compañía para que sacara su sendero de la incertidumbre, pero viéndolo desde fuera... no, no está buscando una pareja, esta buscando un saco de emociones. ~Iván Naranjo~
















