¿Nos estamos divirtiendo mientras creamos?
Es una pregunta que me hago todos los días.
¿De dónde vienen las ideas, la inspiración? Al menos para mí vienen de los momentos en los que no estoy haciendo absolutamente nada, cuando lavo los trastes, cuando barro o cuando me baño, especialmente cuando me baño.
Son esos momentos de tranquilidad absoluta en los que no piensas en nada, tu cuerpo está en piloto automático, se mueve mecánicamente y el cerebro se relaja. A mí me gusta tomar un baño caliente por las noches; dejas que tu cuerpo se relaje con el agua corriendo y todo lo que traes en la cabeza fluye hacia afuera con la velocidad de las gotas al caer.
Es en esos momentos en los que el cerebro está en un estado de quietud, hay silencio afuera y adentro. Y se descubre algo que a mi me gusta llamarle: “El mundo de las ideas”, sí, así como el de Platón. Todo el conocimiento que una persona posee, todas las buenas ideas, toda la inspiración y todo aquello que estamos a punto de crear… ya existe en nuestro cerebro. Ha estado ahí recopilando información del mundo por todo el tiempo que llevamos vivos. Y solo en ese estado de meditación, de quietud, es cuando las ideas empiezan a flotar, empiezan a moverse porque tienen espacio libre de pensamientos intrusivos, porque se han ido. Estas ideas conforman absolutamente todo lo que hemos vivido, todo lo que hemos escuchado, todo lo que hemos visto, todo está ahí en nuestro cerebro, listo para encontrarse unos con otros. Una idea se junta con otra idea como una neurona con otra y bum! Sinapsis. Y entonces, esas ideas se juntan con un sentimiento que ya hemos experimentado, o una situación actual en nuestra vida y esos elementos son los que crean las buenas ideas, o lo que a veces llamamos: “llegó la inspiración”.
No es de la nada porque todo ese conocimiento siempre existió ahí. Desde la primera exposición sobre dinosaurios a la que fuí, hasta el dato científico más random que leí en twitter sin buscarlo. Al menos en mi cerebro así se siente que pasa.
Es un estado muy parecido al de la meditación, no pensar en nada, estar en el presente apagando los estímulos externos. No es necesario estar sentado en posición de mariposa y siendo consciente de tu respiración. Son los pequeños momentos en los que podemos poner en piloto automático nuestro cerebro dejando ir los pensamientos intrusivos con el correr del agua, al ritmo de la escoba moviéndose de un lado a otro, escuchando tus pasos en una caminata tranquila. Ese estado de quietud de la mente es en realidad una actividad que permite mover la energía física del cuerpo que ayuda a transformar los malos pensamientos hasta que desaparecen, y eso, es la inspiración.

















