Oh tranquila, igual no creo que éstas cosas den golpes duros. —Respondió entre carcajadas, intentando persuadir a la chica.— ¡Vamos! No vas a dejarme con las manos extendidas… —Formó un puchero y le suplicó con los ojos.—
—Frunció los labios, tratando de mantener su postura y no aceptar por ningún motivo los objetos. En cambio, al ver sus gestos no soportó más— Eres un tramposo... uno muy, muy grande —murmuró, recriminándole, tomando las pelotas entre sus manos. Balanceándolas un poco, sin llegar a lanzarlas, le miró interrogante— ¿Qué hago? ¿Lanzo una primero y luego la otra, o todas al mismo tiempo?











