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@davmxffet
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Se encontraba sentada en la misma banca en que la chica se sentó, aunque del otro extremo. No la conocía y no sabía si pertenecía al programa, así que en un comienzo no le presto mucha atención y siguió con la cabeza metida en el libro que estaba leyendo. Giró rápidamente al oír a la chica. Estaba sorprendida y algo confusa por lo que decía. —Wow —fue lo único que pudo decir, acercándose más a ella para escuchar el resto de sus historia. — Eso sí está loco —dijo entre risas, mientras asentía. —Pero bueno, lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas, a menos que seas una borracha que se casa…Eso sí está difícil de ocultar —hizo una mueca divertida, volviendo a reír.
¡Lo fue!--Exclamó, casi que gritando. Ni bien notó que se estaba exaltando luego de pasar la perturbación, buscó serenarse a si misma--. Tampoco fue un casamiento griego, quiero decir, yo era la única allí además del padrino--Se detuvo un segundo y corrió la mirada, pensativa--. Si, definitivamente era atractivo. El padrino, no el novio, ese estaba demasiado borracho. De cualquier forma el padrino se espantó cuando le dije que era menor de edad--La pelirroja se encogió de hombros y prosiguió con su historia--. Pensé que sería más deprimente, pero fue divertido, además me gané un ramo y fichas de casino--Con una sonrisa le mostró a la muchacha las cosas que llevaba en su mano--. Sobretodo si olvidas que lo hiciste y años después, cuando te quieres casar de verdad descubres que te habías casado en Las Vegas.
—Después de caminar unas cuantas calles decidió descansar sus cansadas piernas, así que se sentó en una banca aleatoria que divisó rápidamente, con el objetivo de no ser molestado. Pero su ensimismamiento se vio interrumpido por alguien que se sentaba, o se lanzaba al mismo banco que él, y que luego comenzaba a hablar. Escuchó toda la historia, al empezar con una expresión malhumorada, pero después estalló en carcajadas al asimilar la situación ajena.— ¿Estás hablando en serio? Pobre chica, pero bueno. Tienes el ramo, te vas a casar… —Dijo, señalando las flores con la mano.—
¡Sí! Aunque no se veía como una chica muy pobre--Afirmó con una mueca en el rostro que resultaba divertida de ver--. Quiero decir, se veía muy alegre respecto a su matrimonio y, te seré sincera, el novio no estaba nada mal--Asintió un par de veces para si misma y comenzó a deshojar una de las tantas flores del ramo--. Oh, dudo que cuente, era la única mujer en el lugar, a menos que tengamos en cuenta al travesti que trabaja en la recepción. Aunque tampoco se presentó al lanzamiento del ramo, así que no lo tendremos en cuenta.
¿Dama de honor? —inquirió con curiosidad, mirando a la desconocida— ¿Cómo pasó eso? —volvió a preguntar, carcajeando después.
Una risita se escapó de sus labios---. Estaba en aquél supermercado--Señaló el local que se encontraba en la esquina frente a ellos-- algunas cosas para mi estadía y entró esta chica morocha y muy borracha diciendo, o mejor dicho--aclaró elevando su dedo índice--, gritó, que estaba a punto de casarse, pero que no podía hacerlo sin una dama honor bonita. Claro está que fui la primera elección--La pelirroja corrió su cabello hacia atrás, fingiendo un gesto de egocentrismo--. Sólo bromeaba, eligió a la chica que estaba al lado mío, pero le dijo que no, por lo que terminó arrastrándome hasta la capillita.
Terminó de escuchar la historia de la pelirroja, miró a su alrededor —Si te hace sentir mejor, yo no tengo ni la menor idea de cómo he llegado aquí— contestó a todo, sin preocupación pero con curiosidad.
¿Estás ebrio?--El rostro de la muchacha se convirtió en un evidentemente fingido gesto de desagrado--. ¡Vergüenza debería darle, señor ...---Su labios se movieron de forma que mostraba que la pelirroja había comenzado a dudar--. Bueno, vale, no me sé tu nombre, ya perdí el derecho de retarte--Finalizo, resignada, pensando que había perdido la oportunidad perfecta para molestar a un borracho, cosa que le encantaba hacer--.
Suena divertido —dijo, un poco dubitativa, puesto que no sabía si la chica compartía su anécdota en general o para sí misma. De todas formas, sonrió al imaginarse la escena, dirigiendo brevemente su mirada hacia la capilla—. Yo no podría decirte cuántas parejas casi cayéndose he visto salir de ahí, supongo que estaban más que borrachas. Y, como dices, se arrepentirán, tal vez mañana… o tal vez ésta misma noche —negó en señal de desaprobación, virando sus ojos en conjunto—.
¡O tal vez no lo hagan!--Exclamó --. Bueno, lo más probable es que si lo hagan--Soltó, luego de razonarlo un segundo--Como sea, fue en extremo divertido--Aseguró para la morocha mientras su sonrisa se extendía y el ramo de flores bailaba entre sus manos, de una a otra--.Si no fuera porque no creo en el matrimonio, creo que hasta lo haría---Ladeó la cabeza, analizando con cuidado la expresión de la morocha--. Oh, ¡vamos! No es tan malo, sólo una travesura de borrachos. Podrían hacerse cosas mucho peores.
Aún algo perturbada, la escocesa se dejó caer en un banco en el medio de la calle. Miraba al horizonte con el entrecejo fruncido, sin entender mucho lo que acababa de suceder. Sus ojos viajaron a la capilla que se encontraba a unos metros y de la cual acababa de salir--. Creo que acabo de convertirme en dama de honor--Sonaba poco segura, pero sabía qué había sucedido y su rostro no mudaba de forma--. Ni siquiera sé de quién. En fin, estoy muy segura que aquella chica se va a arrepentir, estaba demasiado borracha--Comentó mientras movía su mano derecha y con esta el ramo de rosas baratas de la novia--. Al menos me quedé con su ramo, y me dieron fichas de casino en forma de agradecimiento.
—Paseaba con los audífonos puestos por los pasillos del hotel, llevaba una bolsa con manzanas en la mano izquierda, las llaves en la otra mano. Volteó un segundo, distraído por una persona que pasaba; solo es bastó para que tropezara, dejando caer todas sus cosas al suelo— Mis manzanitas… —Exclamó viendo como las frutas rodaban por todo el pasillo, hasta quedarse quietas pero dispersas por todo el lugar— Oye… —Dijo a la primera persona que vio— Ayúdame, ¿si?
Como de costumbre, la pelirroja iba encerrada en ese mundo propio que contenía dentro de su cabeza. ¿En qué pensaba? Nada relevante como para ser mencionado, probablemente en cómo haría para ocultar las manchas de colores en sus sábanas, o qué habría para comer en el restaurante del hotel, o que quería conocer una de esas capillas donde la gente se casa borracha, y hasta que se vería preciosa en un vestido rosa de madrina. Una voz la sacó de sus pensamientos y la su mirada viajó hacia el muchacho-- ...oh, si, claro, claro--Contestó con rapidez y se agachó a ayudar al muchacho a recoger sus manzanas. Una vez que termino de juntar las casi cuatro manzanas que vio a su alrededor se acercó al muchacho para entregárselas--. ¿Están todas? ¿Tú estás bien?
—¿De verdad que quieres? Quiero decir, tampoco quiero que sufras o algo parecido allí arriba. Mas bien quiero que lo pases bien, y así yo también lo paso bien —esbozó con sinceridad—. ¡Encantada Davina! Yo soy Savannah.
--¡Claro que quiero! Tranquila. no sufro de vértigo, sólo le tengo fobia a grandes espacios llenos de agua--Aseguró con una sonrisa--. En serio, si quiere subir. El placer es mío, Savannah.
La mirada del castaño contorneó sin pudor la mancha que invadía la frente de la desconocida. La misma era color violeta y, si bien no tenía un tamaño imponente, resultaba difícil de ignorar inclusive si hubiese sido juzgada a los ojos de un daltónico. Antes de dar una respuesta, el castaño batalló para detener el ‘no’ que amenazaba con salir— … Sí. Violeta, en realidad. Pero no te queda mal, en lo absoluto —le aseguró con un tono jocoso entre palabra y palabra—. ¿Intentaste maquillarte con los ojos cerrados…? —quiso saber, para calmar la pequeña curiosidad que lo colmaba. Estaba al tanto de que había muy pocas probabilidades de recibir una respuesta afirmativa ante aquella idea, pero el joven no era del tipo de personas que preguntaba cosas que no le competían, por más pequeñas que fuesen. Y menos aún, si acababan de conocerse.
Su rostro se transformó en una mueca de disconformidad y sus ojos subieron hacia arriba, como si realmente pudiera mirarse aquella parte del cuerpo sin la necesidad de un reflejo. Con su mano derecha se frotó la frente buscando quitar la mancha, ignorando la presencia del morocho. Sin tener suerte, soltó un suspiro decepcionado y sus orbes volvieron al muchacho--. ¿Me creerías si te digo que en realidad estuve pintando con témperas en mi habitación de hotel? Y antes de que preguntes: no, no tenía lienzo, y sí, manché las sábanas de la cama--Así como las palabras, sus ojos viajaban de un lado a otra a la vez que hablaba. Cuando terminó. volvió a centrarse en el chico y una sonrisa se dibujó en su rostro--. Al menos me alegra saber que el violeta sea un color que me siente bien sin la necesidad de que esté al borde de la muerte por causa de asfixia--Ahí aparecía de nuevo el humor negro tan característico de la pelirroja, hablando de muerte y cadáveres con esa sonrisa pícara y alegre intacta en su rostro.
El viento encontraba su camino a través del cuello de su camisa, por lo que el castaño juntaba los extremos de la campera con el propósito de impedir que esto sucediera y lograr así, conservar el calor de su cuerpo. Su abrigo tenía descocido los botones y a menos que lo arreglara no le restaba otra forma de cerrarla más que llevada a cabo. Si bien consideraba que aquella falta no le molestaba lo suficiente como para hacer algo al respecto, en ese momento se cuestionó esa decisión— Lo siento, ¿Dijiste algo? —preguntó a la persona posicionada a unos metros de él, a pesar de que no estaba seguro si el sonido que lo sacó de sus pensamientos había sido originado de la misma.
--Hmmm, si...--Respondió la pregunta del muchacho sin mucha atención. Estaba muy ocupada con su reflejo en la ventana polarizada de un auto. Había pasado la tarde jugando con sus témperas y, como era de esperarse, la mayoría de ellas había terminado en su cara (y en las sábanas blancas de un hotel de lujo). Al terminar su obra de arte, sus dedos, su cara y su cabello habían terminados lleno de rojo, celeste, verde y violeta. Pudo solucionar la mayoría de las cosas, pero al salir del hotel, noto que su cara seguía manchada. No es que a ella le importara mucho, pero sabía que se encontraba en un lugar muy lujoso y que quizás así no la dejen entrar a algún lado. Fue por eso que comenzó a utilizar aquél auto como un espejo, sin embargo, este no le dejaba ver con claridad si aún seguía manchada, y menos con qué color. Segundos después se volteó y, señanalando su frente, preguntó:-- ¿Tengo una mancha azul ahí?
Volteándose ante el toque de la pelirroja, algo confundida ante dicha acción, asintió en su dirección. Y, al momento de observar a la otra persona, le sonrió con suavidad—. No te preocupes, entonces. Me lo hubieses dicho antes y ya está —con una suave sonrisa, dejó que dicha persona se alejase. Un poco más emocionada por la afirmación de la pelirroja, le sonrió de oreja a oreja a dicha chica—. Entonces… ¿Vas a subir conmigo? —con sus ojos iluminados, intentó no demostrar la tanta emoción contenida.
Le dedicó una sonrisa a la muchacha que ahora se alejaba y se volteó hacia la morocha--. De acuerdo ...--Sonaba muy poco segura. Sus ojos viajaron para mirar la altura del edifico, no culpaba a la chica por sentir vértigo. Soltó un suspiro y, ahora con seguridad, dijo:--Hagámoslo. Oh, por cierto, soy Davina.
—Aunque lo único que buscaba era una explicación a la repentina muestra de afecto, lo que consiguió fue casi la autobiografía de aquella chica a la que jamás había visto. El exceso de información lo tomó por sorpresa de igual manera, pero no le molestó ni nada por el estilo. Esbozó una amplia sonrisa y le devolvió el abrazo, ésta vez un poco más corto.— ¿En serio? Ay que bueno por ella, la felicito. Y lo siento por lo de tu padre y eso… —Sin tener mucho que agregar, se dedicó a compartir la alegría ajena.— Y tranquila, tampoco regulo lo que digo a veces.
--¡Sí! Estoy muy contenta, de verdad. Oh, no te preocupes por eso. Uno aprende a superar esas cosas, sabemos que no va a volver. Cosa que agradezco, ya que les tengo un miedo terrible a los zombies y no quiero andar recolectando brazos o piernas de un padre zombie por la casa--Suspiró, como si dijera eso muy en serio--. Soy muy habladora, lo siento.
—Exactamente— asintió con la cabeza. Sonrió escuchando lo que dijo después la pelirroja y no pudo evitar morder su labio inferior al ver su sonrisa, soltando luego una pequeña risa. —Estoy diciendo que podrías desarmar la maleta aquí mismo y escaparte conmigo— bromeó. —No, claro que no, nos bañaremos juntas. —Un gusto, Davina. Que lindo nombre. No es problema, te ayudaré con gusto.
Oh ... Es una propuesta muy interesante, querida .. ¡No sé tu nombre!--Exclamó algo sorprendida--. Oh Dios, que horror. Mi padre me dijo que jamás debía coquetear con alguien que no supiera su nombre. Aunque ahora que lo pienso, no tenía mucho sentido--Al escuchar lo siguiente, cerró los ojos un momento para luego hacer una mueca--. En serio no creo que sea buena idea. Soy genial haciendo apoyo moral. En preparatoria todos decían que tenía que ser porrista--Siempre buscaba evitar aquél tema, ¿por qué mierda había aceptado desde un primer momento? sabía que por más valiente que fuera en algunas cosas, había miedos que no podía superar--. Te amaría si lo hicieras, tdavía ni siquiera me registré en el hotel. ¡Tengo una idea! Me acompañas a registrarme, a mi habitación, y allí evaluaremos si la piscina es realmente una buena idea.
Eh… espera ¿Qué? —Exclamó al sentir el peso de una persona sobre el suyo, que lo envolvía en un abrazo. O tal vez no era un abrazo y sólo se había tropezado y necesitaba sostenerse. O alguien lo había empujado..— Ok… —Siguió, sin deshacerse de el anónimo abrazador a quien no había reconocido.— ¿A que se debió eso? —Carcajeó.—
Era tan extraño para la escocesa recibir un e-mail en su propio celular. El aparato había sigo un presente de su madre antes de unirse al reality, pero previo a eso, los celulares de la ojiazul jamás habían pasado de un cuadrado con tapa casi irrompible (aunque ella siempre terminaba por romperlo). El correo hablaba de que la más pequeña de las Moffet había logrado entrar a un conservatorio de música muy reconocido en la ciudad. Y así era Davina, la felicidad de los otros le hacía feliz a ella, y más si se trataba de su pequeña familia. La alegría era tal que no se pudo resistir de abrazar a la primer persona que se cruzó por su camino, aún con el teléfono en la mano--. Oh, lo siento, lo siento--Se disculpó a la vez que se alejaba, luego de escuchar al morocho--. Es sólo que aceptaron a mi hermana en un conservatorio de flauta y está muy feliz, lo cual me hace muy feliz a mi también, ¿sabes?. Nada exactamente bueno le ha sucedido desde la muerte de mi padre. Entre esas cosas está el que yo sea su hermana y encima de eso me fui de casa, ¿puedes creerlo?. No he ayudado en nada a la felicidad de la pobre chica--Las últimas palabras no salían con un tono deprimente de su voz, por el contrario, sólo formaron entrecejo fruncido y unos vasos en jarras demostrando que la pelirroja no hacía más que auto criticarse, quizás de forma constructiva--. Lo siento, probablemente no te interesaba en absoluto. Suelo hacer esas cosas.