La bolsa de papel de sus compras cubre su visión, pero igual su mirada estaba en su palma separando la llave del apartamento de las otras que compartía en su llavero. El golpe lo sorprendió, y con unos pasos hacia atrás y un leve jadeó le fue suficiente para volver a la normalidad, mientras unas naranjas rodaron de su bolsa. Eduardo bajó su bolsa, negando hacia la contraria, pero ya de rodillas junto a ella logró reconocer el casi palpable nudo de garganta en la rubia. — No te preocupes, no me has hecho nada. —resumió evitando mirarla para no molestarla, tomando la ultima naranja del suelo y extendiéndole la bola para que pusiera alli las que ella recogió. Asintió, dejando que termine de contarle lo siguiente. —Entiendo. Si te ayuda, puedes olerlas. —apretujó suavemente la fruta que él tenia en la mano, cerrando los ojos aun hincado, aspirando la cascara de la anaranjada naranja, sintiendo el cítrico relajar su interior en una exhalación profunda. —Inténtalo. —abrió sus ojos lentamente, animándola a imitarlo con una pequeña sonrisa.
Al principio logra percibir la molestia del contrario, por lo que de inmediato se apresura a recoger las frutas que cayeron fuera de la bolsa. Sintió un poco de alivio al momento de escuchar la voz del chico tratando de tranquilizarla, dedicándole apenas una suave sonrisa mientras devolvía las naranjas a su lugar. “¿Olerlas?” Frunce el ceño, extrañada y sorprendida ante lo que el masculino proponía como una solución. Sin embargo, no se cierra a las posibilidades y acerca la fruta hasta su nariz, sintiendo cómo aquel aroma cítrico comienza a liberar sus pulmones de alguna forma y a otorgarle cierta sensación de relajación a la rubia. Su semblante es más relajado ahora, mientras alza sus cejas para admitir la sorpresa de que aquello había funcionado. “Vaya, no sabía que una simple naranja podía hacerme sentir mejor.” El reciente descubrimiento la animaba un poco, esta vez sin tener que esforzarse tanto para sonreír al extraño. “Gracias. Al parecer nuestro accidente sí fue un tanto oportuno. Sin embargo, sigo un poco apenada por haberme metido en tu camino. ¿Utilizarás todo eso para cocinar o solo para olerlas?” Decide bromear un poco, queriendo distraerse a sí misma y el posible enojo del hombre. ”Cualquiera que sea, podría ayudarte si quieres. Para compensar el retraso.”










