El Moro y el Chontaduro: O la historia de Cómo pudo eregirse la Torre Mudéjar
Capilla la Inmaculada y la torre Mudéjar, en el centro de la ciudad de Cali
Santiago de Cali se luce de ser una ciudad multicultural. Ser habitada tempranamente por bravías tribus aborígenes con sus propios lenguajes, ser un lugar privilegiado entre la llanura y las montañas, y luego ser conquistada y dominada por españoles con sed de emancipación, es allí donde comienza nuestra historia de hoy.
El complejo religioso de San Francisco es uno de los centros históricos arquitectónicos más importantes de la ciudad. Ubicado en pleno centro de la ciudad, ha sobrevivido a guerras, terremotos y el progreso (suerte que no tuvo su vecino edificio de la gobernación, que se ubicaba donde hoy está la plazoleta). Se compone de la Catedral, el convento, la capilla de la Inmaculada y la torre mudéjar. Éste último elemento, cautiva y fascina a los arquitectos e historiadores por su belleza.
Algunos la han catalogado como "La torre mudéjar más bonita de todo el continente". El mudejarismo es un estilo de arte que destaca elementos como mosaicos y baldosas de colores llamativos, finamente empatados con colores tierra propios de las construcciones, y un estilo de adornos que evocan las mil y una noches árabes. Así, se logra lo mejor de dos continentes, algo propio de la invasión Mora (árabe) a la península Ibérica justo antes de que los últimos llegaran al nuevo mundo.
La torre Mudéjar destaca como la única de su estilo en muchísimos kilómetros a la redonda. Y siempre será una pregunta obligada para los estudiosos: ¿Cómo rayos llegó algo de tal estilo a una ciudad como Cali?
Entre las muchas teorías que se estudian, figura una muy simpática. Habla sobre un Moro, descendiente de árabes que invadieron la península Ibérica, quien queriendo escapar de las autoridades españolas (algo similar a lo de Don Sebastián, si se perdió la historia, revívala haciendo click aquí). Siendo Cali un pequeño pueblo de comerciantes, militares y religiosos, encontró refugio en el convento de San Francisco, en donde los monjes y padres franciscanos le tendieron una mano. Cuenta la leyenda, que a cambio de la amabilidad y hospitalidad que comenzaba a caracterizar a los de Cali desde años tempranos, el moro les prometió construir un campanario a cambio. Y fue así como pudo haber pasado.
La gesta fue todo, menos fácil. Finalmente en 1772 sus 23 metros de altura y una campana original que al sonar podía escucharse a 10 kilómetros a la redonda, finalmente comenzaron a adornar el cielo y la rutina de los caleños.
Es una visita obligada para propios y extranjeros, deleitarse con su imponencia, estilo único, remate de una cruz en su cúpula en lo más alto, los mosaicos evocando tapices árabes, y en fin, su presencia en una ciudad infinita, con muchas historias por contar.
A modo de chisme, les dejo con la última imagen, una de las puertas de la catedral de San Francisco que da con la plaza del mismo nombre. Muy pocos notan su similitud con las puertas de estilo árabe. ¿Coincidencia o realidad?











