mansaae:
Cerró los ojos apenas sintió el contacto de aquellos largos dedos jugueteando con las hebras de su cabello. Un suspiro placentero escapó de sus labios, sin disimulo alguno, otorgándole la falsa confianza de tener permitido acurrucarse aún más contra el hombro de Eunho. Tal vez aún no sentía el peso del sueño cernirse sobre él, pero si el mayor planeaba continuar con esa clase de gestos, acabaría de forma muy probable en los brazos de morfeo ❝ Puede que sea eso ❞ concedió al fin de cuentas, sólo porque no tenía ganas de seguir dando explicaciones, no al menos cuando Eunho jugaba así con su cabello y el mundo parecía —incluso con los ojos cerrados— un sitio mucho más amable y cálido ❝ Sobre lo demás… no te preocupes anciano, no es algo que me preocupe ahora ❞ una mentira a medias, puesto que Eunho no necesitaba los detalles respecto a estúpido corazón ❝ Pero tampoco quiero terminar coleccionando figuritas y… ❞ un bostezo cómodo y largo lo interrumpió, a tiempo para escuchar como alguien parecía incorporarse de su asiento. La voz de Junseo llegó poco después, anunciando su partida. Francamente poco le importaba, no era cercano a Junseo y tampoco se aborrecían, sencillamente coexistían en la misma habitación sin más interacción que algún saludo. Además, algo le decía a Bennett que ese “estúpido ensayo” tenía nombre; no podía culpar a Junseo, si él tuviese a alguien con quien mensajearse y pasar la noche lejos de allí, lo haría. Su burbuja de comodidad estalló casi al instante, cuando escuchó a Junseo preguntar por Eunho. Temeroso de abrir siquiera los ojos, se quedó en su posición lo mejor que pudo, procurando mantener el aura relajada y somnolienta de la que ya carecía. ¿Lo dejaría ahí el mayor?, ¿Pensaría esperar un poco más?
James habló luego de minutos — o por lo menos, algo más largo que eso le había parecido—, por primera vez siendo de mediana utilidad “¿No es así Eunho?, no me digas que tienes algún otro plan… deberías al menos quedarte hasta que se duerma. ¡Míralo! , aún con los ojos cerrados, logró sentir la mirada de James posarse sobre su cuerpo al menos por unos breves segundos. No necesitaba abrir los parpados para saber qué ocurría. Seguramente James se encontraba señalándolo con su mano aún en el mando, con una de aquellas expresiones tan estúpidamente James, como probando un punto. El elfo no tardó en proseguir “Ya está más dormido si a esas vamos, y sólo tú sabes como hacer eso… lidiar con él, me refiero. Eres al que menos detesta” El sonido de unas manos chocando con fuerza lo asustó, casi al punto de romper su fachada y delatarse. Intuyó que se trataba de su primo, seguramente suplicando a Eunho que se quedara otro rato. Bennett odiaba estar de acuerdo con él, pero esta vez debía concordar, no deseaba que Eunho se fuera tan pronto. No cuando seguía irradiando tan cómoda calidez y su mano —aunque ya no mimando su cabello— posada sobre su cabeza. Estaba feliz, a sus anchas, merecía disfrutar de algo bueno como aquello por lo menos unos minutos más.
Dispuesto a no perder tan pronto aquello, se deshizo momentáneamente de su fachada, ajustándose en su sitio como quien acaba de despertar y no planea hacerlo por completo. Descarado, se aferró con ambos brazos a la cintura del mayor, buscando enterrar su rostro más cerca, en su pecho ❝ Eunho… ❞ gimoteó un poco, sin importarle si James o alguien más lo veía, daba igual si pasaba por un malcriado. Se negaba a desistir tan pronto ❝ No te muevas, trato de dormir… ❞ atinó a decir, aunque no fuese precisamente algo del todo educado. ¡Qué interesaba! El punto era mantenerlo ahí, y aparentemente había funcionado, puesto que escuchó el suspiro de James desatendiéndose del asunto “Perdona hermano, pero es todo tuyo”.
Era casi irreal el estar presenciando una escena que lo involucraba a sí mismo jugueteando con el fino y sedoso cabello del menor como si un lazo más fuerte los uniese y las demostraciones de afecto ya fuesen parte de ambos; ¿De ambos? No hacía menos de un mes que Eunho y el pequeño se miraban distantes o simplemente se saludaban con una mirada condescendiente tan solo por tener de por medio alguien en común, James. Un acto tan simple como acariciar la cabeza de quien se aferraba a él como a una almohada se transformaba en una razón de peso para sentir cómo un leve calor sudoroso lo golpeaba al igual que una ráfaga de viento imaginaria. No porque la situación se viese incómoda con otros ojos, sino porque él era quien maquinaba un centenar de ideas y pensamientos que torcían el curso normal de su vida. Sus ojos, alerta a cualquier movimiento, daban vuelta la sala de estar como quien quiere ocultar un crimen y espera fervientemente no ser descubierto por nadie. Probablemente la mente de James estaba ocupada en un cien por ciento por el videojuego proyectado en la televisión, y Junseo, como el ser humano discreto que era no tenía intenciones de hacer sus conjeturas en voz alta, solo observaba y actuaba cuando era necesario, en este caso, en beneficio de Eunho. Este no tardó en despedirse y marcharse luego de intercambiar miradas que señalaban un «Hablaremos luego sobre esto»; el abrazo y consiguiente golpeteo en la espalda fue lo que lo obligó a presionar sus labios e ignorar todo atisbo en los ojos contrarios, pero una vez la audiencia se redujo a solo tres personas un peso se libró de su pecho para permitirle respirar y despojarse de los nervios. “Yo…uh…”, tragó saliva mirando a Bennett de reojo antes de sentenciarse con una afirmación, “Sí, no tengo que irme, tampoco tengo que hacer algo mañana”, recalcó cuestionándose el por qué accedió tan rápido a una petición de esa índole. ¿Adoptaría el título del nuevo babysitter cuando James quisiese deshacerse del problema?
Actuar normal, mantener un semblante tranquilo y admitir que sencillamente lo que le hacía sonreír en demasía era lo manso que se comportaba alguien que en tiempo pasado solo lanzaba desprecio o indiferencia. Los dos brazos lo tomaron por sorpresa, envolviendo su cintura en un abrir y cerrar de ojos; el mayor se quedó casi petrificado en su posición, con las pupilas en el horizonte y la boca cerrada. Quiso añadir palabras a la súplica de la adormilada voz que llamó a su nombre de una manera tan particular, tan especial que algo entre sus costillas provocó una sensación de vacío y cosquilleo simultáneamente. “Si quieres te traigo un oso de felpa o lo que uses para quedarte dormido, y una manta”, asintió con los dedos crispados y agitados por el mal manejo de sus emociones, “No creo que puedas seguir cómodo conmigo aquí”. Intentó convencerse de eso, de no entrar al inmaduro juego que él mismo había creado para perder los estribos y poner en duda a su persona; Bennett siquiera estaba tan angustiado como él, solo dormitaba y se apegaba a él porque era un niño con la necesidad de descansar, pero Eunho era un adulto, un adulto que pensaba demasiado en base a uno que otro detalle.
Al cerciorarse de que James no estaba atento a ellos dejó reposar su mano en la cintura de quien yacía a punto de entregarse al sueño. Tenía miedo de rozar los brazos ajenos con la yema de sus dedos, pero ignoró sus temores e inconscientemente comenzó a hacerlo con suavidad. Fue tan placentero que incluso su cabeza fue descendiendo hacia uno de sus propios hombros mientras iba cerrando los ojos y luego se detenía a parpadear para vigilar a James. “¿Qué hago si se duerme? ¿Lo dejo aquí, en el sofá?”, preguntó deteniendo sus caricias y escondiendo la mano por si su amigo se fijaba en ellos nuevamente. “Ah…tu primo realmente se transforma cuando tiene sueño, míralo, parece un gato pequeño”, una leve carcajada se escapó por entre sus dientes, forzándose a no pincharle las mejillas.

















