Look in a girls iphone notes, it’ll tell you everything you need to know.
Claire Keane

@theartofmadeline
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Kiana Khansmith
i don't do bad sauce passes
seen from Hong Kong SAR China

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@astraldivinity
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Resist
If I were to have children ( which won’t ever happen), here are all the weird ass English names I’d give them:
Piper
Jasper
Harper
Finn
Spotted at a pizza joint in Luigi Mangione’s hometown.
Alfonso Simonetti - And she never returned (19e siècle)
Death of Sappho, by Miguel Carbonell Selva
The Penitent Magdalene (detail, 1598) Lodovico Cardi
Octave Tassaert, Heaven and hell
The Source of Life (2024) by Clayshaper — bases on “The Eclipse of the Sun in Venice” (circa 1842) by Ippolito Caffi
Flood Destroying the World (1866)
— by Gustave Doré
holy shit
‘Sketch for Eros and Psyche’ by John Singer Sargent, c. 1917-21.
Pietro Tenerani, 1789-1869
Psyche in a Feint, 1869, marble
National Gallery of Modern Art in Rome, Italy
Tuscan sculptor Pietro Tenerani captured Psyche fainting in this marble work of art… but it is not the only version of it that Tenerani represented. In fact, a purist at heart, Tenerani had so much compassion for Psyche in a Faint at the hand of Venus’ jealousy that he represented it in much of his work.
Detail of “The Man of Sorrows” by Hans Memling, edited by Robin Isely.
16: ecce ego mitto vos sicut oves in medio luporum estote ergo prudentes sicut serpentes et simplices sicut columbae
“Be wise as serpents and innocent as doves”
The Death of Icarus, by Alexandre Cabanel
DEBERÍA ESTAR PROHIBIDO
Tendría que estar prohibido haberte querido como te quise. Sí, lo digo yo, que siempre he renegado de las prohibiciones, que he defendido con uñas y dientes la libertad de cada ser, la posibilidad de amar sin ataduras y vivir sin cadenas. Pero hoy, mientras las sombras se alargan en el ocaso de lo que fue, me descubro queriendo prohibir lo imposible.
Debería estar prohibida la muerte, esa ladrona silenciosa que arrebata sin compasión lo que amamos, dejándonos con un vacío que nunca podrá ser llenado. Prohibida la enfermedad, que arrastra cuerpos y almas al dolor y a la desesperanza, tiñendo de gris los días que alguna vez fueron luminosos.
Quisiera prohibir el olvido, esa niebla que se instala en la memoria, borrando los rostros, las voces, los momentos que nos dieron vida. Que se prohibiera, con toda la fuerza de la ley, el desamor, el desencuentro, el abandono. Que nunca más se permitiera la traición, esa puñalada que duele más que cualquier herida física, y que deja cicatrices en lo más profundo del ser.
Y sin embargo, en mi contradictoria sinceridad, sé que prohibir todo eso no haría más que traicionarme a mí mismo. Porque en esa prohibición estaría negando la esencia misma de lo que somos: seres frágiles, errantes, que aman, sufren y caen, solo para levantarse de nuevo, a veces más fuertes, a veces más heridos.
Pero hoy, en esta amarga reflexión, no puedo evitar desear que hubiese sido diferente. Que hubiese existido un decreto, una ley, un edicto que me hubiera impedido quererte como te quise. Porque ese amor, tan profundo, tan verdadero, me dejó desarmado frente al abismo de tu ausencia. Tendría que haber estado prohibido quererte así, con tanta intensidad, con tanta entrega, como si no existiera un mañana.
Y tal vez, solo tal vez, en un mundo donde esas prohibiciones absurdas fueran realidad, el dolor no me quemaría como lo hace ahora, el vacío no sería tan insoportable, y mis días no estarían teñidos de esta tristeza que se resiste a desvanecerse.
Pero mientras los absurdos sueños de prohibiciones imposibles se desvanecen con la última luz del día, me queda solo la amarga verdad de que te quise más allá de toda razón, más allá de cualquier prohibición. Y eso, aunque me destruya, es lo único que aún me sostiene.