iskandar.
Casi se reprende a sí mismo, ante lo inadecuada de su propia distracción, cuando su acompañante se presenta como uno de sus vecinos. —Una disculpa, señor Doskas,— responde con una sonrisa que posee un tinte a dispensa, sus intenciones no siendo las de incomodar al mayor. Recuerda vagamente que el tratamiento más familiar había sido permitido, más con un error semejante, prefiere mantener la formalidad un momento más. —Las desventajas de querer tener la primera palabra,— se acusa a sí mismo, negando lentamente con la cabeza, antes de señalar el sillón a un costado del propio, en una persistente invitación a que tome asiento. —Usted debe saberlo mejor que yo: debemos tener uno que otro mal día o nos iríamos con la impresión de que todo es fácil,— porque últimamente había tenido mucha suerte con su oferta de empleo que podría considerar un buen upgrade, su cambio de residencia, un sueldo envidiable… Sí, definitivamente había tenido unos buenos meses. Las únicas complicaciones se habían dado de manera reciente, y ni siquiera podría llamarle de esa forma a alguna preocupación que generaba sus pesadillas o extraños pensamientos de los que parecía no tener control. —Oh, no, está bien. De hecho, creo que me vendría bien un poco de compañía, si no está muy ocupado. Hace bastante que no lo veía. ¿Todo en orden?—
No lo duda mucho cuando el otro le ofrece asiento a su mesa, deja el café sobre esta y se dedica a escuchar al Doctor. Comprende, ha elegido un mal momento para acercarse, es todo, esas cosas pasan, nadie mejor que él para entenderlo, por eso hace un ademán con la mano y niega levemente con la cabeza, las disculpas son innecesarias, pero puede reocnocer que si hubiese sido él, también insistiría. — No pasa nada, Doctor. - dice para tranquilizarlo. Sin embargo la aseveración del otro hace que ría de buena gana, ´prque en eso son parecidos y sería mentira si no dijera que aquello también le ha sucedido. — Si no hay un mal día tendemos a propiciarlo sólo para no acostumbrarnos. - completa aún divertido con esa idea. — Dentro de lo que cabe, sí. - responde someramente, sin embargo cae en cuenta de que ello es contrario a la intención con la que se ha acercado al hombre. — La empresa va bien, los numeros son buenos, mi esposa no se ha hartado de mi. - ríe. — Sin embargo, a veces a mi eddad resulta un tanto complicado descansar en paz. - comenta, sin más. Tratando de justificar sus malas rachas de sueño.













